Ganamos el mundial

Política uno de mi programa; imagínese las otras 99.

Y así, tras un juego de palabras ensimismadas, la propuesta política más literaria de la historia de los tiempos NEW, apesta por querer resolverlo todo de un plumazo. Eso qué, está bien de la verga. A poco todo tiene que ser así, pim, pam, pum. Nel. Me niego. Así te la pongo. Mi voz es olmeca; yo sé que me entiendes.

Yo vengo de una raza anterior. A ver si nos vamos a entender. No quiero que haya confusiones. Porque mi obsesión es entendernos. Resaltar la huida por el polo de la bondad. Por rebajar los humos de las señales de guerra. Los pueblos originarios tienen la historia de sus terriotorios silenciadas por las narrativas colonizadoras de nuestro gran YO contemporáneo: la idea nacional. Nos ponemos cachondos con las mentiras que nos cuentan en el cuento oficial. El cuento incluye la narrativa de nuestra religión. La que nos explica qué debemos creer. Aquí, ya, duda. Así va la cosa. No importa si quieres o no creer en Cristo. Deberás entender su biografía. Y en un relativismo que encabrona a la extrema derecha católica apostólica y romana por dar entrada al entender y leer la vida de nueve otros profetas de otras religiones que nunca se nos había ocurrido entender de qué iba la historia que calma la angustia existencial de esas otras culturas. Respeto a la cosmogonía de los otros. Entendemos que debe ser así. Desde el inicio de los tiempos, en nuestro continente, teníamos una manera de vivir. Coexistíamos en armonía con el territorio que cohabitabamos como ecosistema de una cordialidad y contundencia en absoluta armonía con Dios Padre Nuestro Señor de lo invisible y lo visible, de lo imaginado por las inteligencias artificiales creando las alternativas a la creencia oficial vigente en la comunidad humana interconectada con el más allá, a partir del más acá, como un soliloquio en punta cometa mientras el sol da sus últimos giros en nuestro espectral viaje al día del otro lado. Ustedes y nosotras estábamos en polos opuestos. Y un día os distéis una vuelta por nuestra casa. Llevábamos una eternidad viviendo así. Juntos entendíamos que la tierra de dónde veníamos era esta extensión de sur a norte. Piensa en la historia de nuestros ecosistemas sin nosotros. Lo que tenemos aquí todavía en algunos sitios que conservamos como de ello dependiera nuestro proceso de curación de nuestra gilipollés macho-ibérico, Josemari Abascal meets Harvey Epstein.

chapter dos: NEWENG

I have a narrative for the NEW commons. I know «you» came up with the concept of the commons. As commoner thing regarding what’s to belong the whole. The entirity. The greater good of our collective society as armonios joy to flowing outside our own little kingdom. If I offer you commones a NEW commons, do you think they will take it, or stick to a decision of anticonsume: the don’t opt in. They don’t buy into the marketing. For once. The revise the source of their fake news antispam algorithm. Something’s fucked up. It’s a book; it’s supposed to be fucked up at some point. To deliver a new direction. Like time going off. Mental. I can easily win an election against Boris any day of next 99 days. I’m a big mouth trash talker on the basketball court. I could take Boris and nine of his friends to play me for fictional surreal cup. Something like Dali buttfucking everyone of the Monty Python cast deepfaken into exact shit written in the script. To rebolt against the infamous saints. The lords of the land. The conquerors of laughter. And high end culture we are entitled to brag with character given the privilege to rule over the planer wankers who are just in for the booze, the coke, the partys with low pigment loaded lords of the dorks. 99 arguments pro Novak. On that end of the spectrum.

No ofense.

You islander can take a joke.

You are not going to destroy our armada again, will you?

Oh, common. Don’t be like that. I’m pulling your dick. And………


El giro

Las niñas de nueve años ya saben de la historia del cine todo lo que sus padres han sido capaces de hacerles entender del séptimo arte. Kurosawa para arriba. Nueve directores introductorios. Para que empiecen un recorrido clásico antes de que comiencen a aprenderse nombres de directores comerciales. Hollywood tiene sus garras puestas en el cuerpo de sus hijos. Ellos optarán por creer lo que ven en la gran pantalla. Y nos están explicando el fin del mundo. A ver si vamos a tener que tomarlos en cuenta. El fin se aproxima. Nos estalla la cabeza del miedo que nos da estar aquí prendidos a la incertidumbre. No me toquéis los cojones. Vamos a espabilar un poquito. Empecemos por unir nuestro canto en un himno nacional que por fin saque de nosotros algo más que un puto lolololó. Somos más que dos putas letras de nuestro abecedario. Podemos demostrar al mundo que nuestros poetas nos permiten reinventarnos en un verso que nos transforma. Oh prosa, no te pongas a versear. El sonido del silencio apabulla a los errantes. No vagues por aquí que la productividad de la inteligencia artificial puede entender que te estás quedando con ella y los afectivos a la violencia se inventarán una manera en someterte a su gesto de opresión.

La violencia es Dios. Es el mundo al que decimos creerle. Fíjate. Deja de creer. A ver si puedes.

Da el puto paso contrario.

Por darle la vuelta al péndulo.

La punta intención de Shopenhauer.

Vamos a enceder la vida en la dirección opuesta.

Por ir en sentido opuesto.

Como un gran juego que se ponde de moda.

Como un reward system que lo pete.

Porque partimos de un diseño que compartimos entre todas.

Y nos damos a la labor más sublime de nuestro porvenir.

Decidir nosotras mismas sobre el futuro del procomún. Como un acto de presencia. Como una conexión estable con el sentir compartido más noble: la comunión con santidad. Si todos sentimos eso al mismo tiempo, entramos entonces en el tiempo nuevo. El tiempo saciado de nuestra necesidad de sabernos dignos de estar ya no sólo en su presencia, sino palpitar del unísono latir de nuestra totalidad: ALLS.

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