Silencio

Para mi el silencio no es una amenaza: es una virtud.

Hay que saber todo lo que le debemos al silencio. Mi hija de nueve años, Mile, me lo pide. Ella es adorable y será lo que decida ser. Es un privilegio de los que pueden soñar. Y yo se lo quiero dar.

Yo lo tuve. A mí me lo dieron. Mi familia. Mis papás. Pero todos primos, mis tías, mis tíos, mis abuelos, hasta los que nunca conocí, y la parte de la familia que nunca conocí. La familia que no nos enseñan. La familia de las andanzas del abuelo. A ver si vamos a entender lo que es el heteropatriarcado con una historia familiar. Por qué no. Aquí les va mía.

Cuando yo tenía la edad de Mila me llevaron a conocer a la hermana de mi papá, de la otra mujer de mi abuelo. Era algo que en la familia no se hablaba. Tanto que más de la mitad de mis hermanos nunca la visitaron, ni la conocieron. Mi padre, en cambio, sí. Y fuimos a su casa a visitarla, en una zona humilde de San José. O sería Alajuela. O sería Heredia. O sería Cartgo. Pare de contar. Ya no hay más urbanidá.

Salta Escazú con sus nueve brujas celestiales, encabezadas por nuestra luz constante: Lita. Vanessa le siguió al vuelo. María se deslizó en su escoba equipada con sprays para graffitear la sombras de esta ciudad.

This is the end.

There is no story. I could have gone that way. But you are not telling this story. Not anyone else. It’s been a long time since I was recognized with what I meant. But I never win. Because what I want they tell I can’t have. It was fair competition. Someone much better than me won. A team that developed a blockchain way of keeping you connected with any hospital you encounter while you are migrating. Indian, malasyan and trully remarkable minds of our time. This one guy only had his bearded photograph in his videoconference thingy. The webinar, I mean. No disrespect. Especially not to the organizers. They did a great job. I am made for those things. I nailed it. I just didn’t show you guys what it was. Because also, you wouldn’t care, common. You’ve never cared. My shit just doesn’t reach the massive amount of emmergence a complex system needs. So it starts with a spark. And I know that triggers a smyle. But common, isn’t that the only way.

I believe in the emmergence of the social complex system so I went for that. That is always my call. I always dream one day will happen. I am just keeping quite, you know. That Elizondo I am. Only Elizondo people know how to go about life with such a pace. The pace of your heart staring at water passing you down from the bridge. They are troubled; not me.

I am totally fine. I’m pretty darn happy that we won 2nd runner up. I mean common. It was a hackaton that had people from all over the world competing with ideas that were already in place. And I was called in this week with an email, as they now do, and invited me and my most antique collegue in AQUAS, at the Innovation and Futurism Center, as we are now called. This is learning institution as I know it. The system must look like what happens inside this place. I can tell. I been in places. I only like being and playing with these fellow that I can now proudly call: COLEGAS.

Mi colega Uxío estaba sentado en la sala de espera del edificio público de Roc Boronat. Llevaba una mascarilla negra, o quizás era su camisa de manga corta la que era negra, y la mascarilla convencional. También estaba Esther, pero al llegar le pregunté –¿Tü eres María– a lo que dijo extrañada –Fue lo mismo que me preguntó él. Él rió para sus adentros una risa libre de juicio al estar protegida por su mascarilla de tres capas. Tricapa, le dicen. Su nombre: Uxío.

Uxío es el primer miembro de nuestro equipo. No tuve más tiempo de rellenar el campo en que nos habíamos de presentar. Habría explicado esta historia porque entramos a la agencia el mismo día: el uno de septiembre de 2020. En medio de la pandemia, tanto él como yo, encontramos un curro. En realidad se trata de un curro abierto a concurso y que nos presentamos no sé cuántos. No te dicen. Pero ahí estábamos unos cuantos que buscamos curro en estos día de pandemia.

María llegó más tarde. Le explicamos nuestra equivocación con Esther. Ella estaba entrando este mismo día, a la unidad de Gestión del Talento de la empresa, lo que antes se conocía como recursos humanos. Su trabajo era para mejorar las condiciones de la empresa. El nuestro para liderar unos proyectos en el participábamos desde el área de Innovación y Prospectiva. Aún me tienen me tienen que explicar lo que significa «Prospectiva». Pero yo estoy encantado. Se traba de volver a trabajar. Recuperar la dignidad de ser algo. Algo que además recibe un cheque a final de mes. No es trivial. Yo lo sé. No había tenido uno así desde 2010. Diez años duran las vacas flacas. Eso me duró a mí. Y ahora saco la cabez por primera vez. Respiro fuera del agua. Como aquellos primeros ancestros. ¿Lo entiendes?

—¿Qué?

—La metafora, pendejo.

—¿Cuál?

—No te hagas g:uey.

—¿Eso que pinche es?

—¿Qué g:uey?

—¿No te hagas pendejo?

—¿QUÉ g:uey?

—Mira cabrón…

—¿Qué traes?

—Ya párale a tu mamada…

—Bien que te gusta…

—Encima, puto…

—Pero mira cómo tentra.

—Ay, no… mámes… pares…

—No qué no, puto…

—Cállate y sigue cogiéndome, desgraciado…

—Ay que sí te gusta, sucia…

—Qué rico, neta…

—Ah sí, pendejo… ¿así pendejo?

—ASÏ

—Oh, hijo, nomames, ahora sí vas a ver…

—Ya veo el cielo rojo…

—Cielo rojo…

Los mariachis se arrancaron. No había sido fácil llegar a la esquina habiendo de burlar todas la normas para grabar en la ciudad. Pero resulta que era mi profesión. A mí me tienen para esto. Ser feedbackloopper es lo que tiene. Pero yo no estaba ahí representado tan sólo a mi oficina. Representaba el proyecto que llevamos y nuestro mood para asumir en cambio del sistema en nuestra sociedad. Hemos venido proponiendo cosas de este estilo en el pasado, y ahora nos presentamos a asumir el reto de cambiarlo todo de una vez. Así sin más. Participando en el teatrito. Todos estos eventos son teatritos que se deben amenizar con la correcta mezcla de personas. Y en este caso, el destino me trajo aquí. Y me rifé con mi banda hasta el final. Y contestamos la pregunta.

El otro secuás al que recluté para este show se trata de nada y nada menos que el más ilustre compañero con el que he cabalgado por los confines del pensamiento para darle vuelta a la tortilla. La vuelta de la tortilla es el gesto más sublime de este país, y se realiza sobre todo, en las cocinas de pisos en la ciudad, y en los pueblos de todo el estado, desde Gibraltar hasta Elizondo.

Reto: dibuja una pinche línea más chingona que Elizondo-Gibraltar en el mapa de nuestro país.

Nomás ganarán las nueve propuestas más chidas.

España respondió.

De alguna manera siempre lo hace.

Pese a todo.

Sabemos muy bien de dónde venimos.

Todos fuimos franquistas mientras Franco vivió.

Piénselo.

I’d like to solve the riddle, I said.

La vida es exactamente como tú lo ves, y todo lo contraro. Las antípodas no existirían si tu polaridad opuesta. No habría rayos magnéticos.

El sexismo subterráneo.

La omisión de la voces de las voces de las mujeres no llegan. Tabús para los machos. La crítica machista.

La autoficción es una cosa vieja. La autoreferencialidad se vuelve el contexto fundamental de lo que está haciendo. Aniel Naoug. Cosas de su infancia, de la relación de sus padres, sus peleas con sus padres, sus primeras relaciones sexuales. Los sitios en los que me convertían en objetos sexuales. Manoseado. Virgenes nos gustan. Las mujeres en los años sesanta tenían que llegar vírgenes al matrimonio. La píldora llegó a finales de los 70’s. El aborto era prohibido. A las mujeres las metían a la cárcel. Le tiene terror a su padre. A lo que pueda decir. Consigue que una mujer le haga el aborto, que acaba en el hospital. En el hospital la tratan como una degenerada por haber tenido un aborto. Franceas: Simon de Beuvoir, Jean Bobo, política, arte, cine, la religión… tenemos derecho a abortar. Yo me hice abortar. Simone Vile: ministra de la salud pública. Decreto que permitiera el aborto. Francia liderando la revolución.

En USA se persigue el aborto. Se mata a los médicos y enfermeras que lo tratan. Ginsburg sustituida por una mujer que no acepta ni el aborto ni el matrimonio homosexual. Puede obligar a que el aborto se retroceda. Bolivia, Argentina, Chile, estados de la República Mexicana. El aborto inmoral y castigado por la ley. Hay que seguir peleando. ¿Por qué nos siguen matando? Por violarlas y torturarlas. Violencia real. El miedo de que las mujeres adquieran la carta de igualdad. El género masculino. Los hombres que no lo aceptan. Ay, es una afrenta. Pobres hombres ofendidos.

Intolerancia de las mujeres hacia lo que piensa el feminismo. Ningún tipo de fanatismo es valioso. Nos lleva al facismo. Entiendo la cólera femenina. No permitir que nos dejen ser iguales. En todo tipo de derechos. Entiendo los destrozos, las palabras groceras, las pintas. No las justifico, pero las entiendo. Mi generación, las de Margo, fuimos pioneras. Ahora se ha llegado aquí.

¿Cómo los hombres han propiciado las guerras?

El fascismo ha sido propiciado por los hombres.

El feminismo intentando que Inglaterra no entrara a la guerra. Imposible con el avance del fascismo. Era imposible no hacer un contrataque. Las mujeres deberían hacer lo que dicen Virgina Wolf para evitar ir a la guerra. Flush.

Tomar clases secundarias. No las oficiales.

La importancia de mis mujeres.

Mi madre. Mis tres hermanas.

Jacob. El hermano mayor.

Orlando. Mujer que cambia de sexo. Cambia de épocas. De edad media a siglo XX. Tiempos, climas, sexos.

Sus diarios son increibles. Las cartas son increibles. Se suicidó en 1941. Su marido, Leonard Wolf, se dedicó los 25 años de su vida a juntar todo el material que Virgina Woolf había dejado en su habitación. Libros enteros de correspondencia. La prodigalidad aluscinante.

Leerla ahora es muy importante y útil. Amena y deliciosa. Y muy profunda.

Ya me perdí. Otra vez. Y no seguí por el camino adecuado.

Me fui a otro sitio. El audio me guió.

Seguí la pista por el sur del Bronx. Y por Yucatán con Zoe Robledo. Escuché a Margo hablar de feminismo en México. Y me dio risa los hombres que sienten atacos por el feminismo. Como si les cuestionaran su virilidad. Y pasé por el Movimiento de Juventudes Cristianas. Y también por Black Sabbath mezcaldo con the Doors. Y funciona cabrón. Y tras eso acabé.

Soy un personaje ruso de Dostoievski

Golman pues

Si acaso rojo.

Si a caso, rojo.

Sí, ¿acaso rojo?

Si cazo rojos.

Sí, cazo rojos.

Rojos riman con hogueras.

La izquierda no supo si armarla de pedo.

¿Nos ofendemos?

Ahora sí.

Esto sí.

¿Ahora sí?

¿Esto? ¿Sí?

La lengua española es un gusto que bebe en copa. El latinito poco refinado toma guaro es vaso. ¿Qué pasa? Algún pedo. ¿Algún pedo?

La literatura más satelital se coció en el corazón de Copilco. Una escena de Golman volviendo a Copilco 300 y la banda entera nos rifamos un Bollywood de algo más que coyoacanenses: copilqueños. Antes que nada.

Antes que nada

No les digo. Sí les digo. ¿Qué creén? Can, kan, can, kan, can, kan.

La ortografía mexicana te salpica en los ojos. Da rabia. Es como nos enseñaron, en buena onda, a leer. Leemos los que podemos. La neta. Esa es la meritita verdad. Por esta. Ira. Ésta. Está. Estate. Date.

Un dait.

Yo soy muy newchilango; dispensenme.

Yo aprendí a ser / y estar en esta dualidad mexicana multiversal. En buen pedo, hay otro camino. Ustedes me lo enseñaron. Lo nuestro es primero, dicen allá. No ma-mes. No ma-men qué pedo los gringos? ¿De poca madre no? ¿De poca madre: no? ¡De pocamadre! ¡NO!

Ya te metiste en un pedo. El pedo ya se fue a la verga. Ahora todos somos gringos. Gringos nuevos. Gringos viejos. ¿Qué, pendejo? ¿Qué pendejo? ¿Qué? ¡Pendejo!

No es lo mismo. Nada es igual.

Todo tiene su qué, y es per se, cosa aparte. Cosa propia. La cosa en sí. Lo que los pinches alemanes no se ponen de acuerdo. La escuela de Einseinstein de postcinematografía. ¿Por qué apetecían más lo rusos? ¿Por qué siguen apeteciendo que son nuestros camaradas? Las risas rusas subidas de tono en un debate universal. ¿Qué digo universal? ¡Qué chingaos! ¡Multiversal! La nueva librería-editorial-sitio en la nube-alaverga, despegamos a su puta madre y nos lleva la santa chingada hasta la mamada que nos venga en gana nos teletransporta al espacio sublimado. El sitio en el que provocaremos el colapso total de todos los canales de comunicación. La visagra de la historia. ¿Por qué matarla? ¿Por qué acabarla? Esa es la pulsión de muerte malentendida; matar. ¿Pa qué matar? ¿Piensa? Pulsión la muerte del otro: cobarde. Para. Piensa. Baja el arma.

Fundámoslas.

Todas.

Al mismo tiempo.

Toma ya, utopía.

Toma ya Utopía.

Toma, ya utopía.

¿Toma…ya? utopía.

¿Toma? Ya. Utopía.

Historias de amor. Literatura mínima. Soy un poeta como Hugol gol; Golman, gol.

Pero me tuve que presentar al pueblo. Y el pueblo libre ascenderme al primer equipo.

La vuelta de Golman se hizo inminente: nuestro último cartucho.

No lo íbamos a gastar en un artículo para caballero.

Un artículo para dama. Mira los pinches pelos que traes. Eso es de puto. Y a mis hermanas, de paso, les llamó cartuchos vacíos. El mejor chiste de la historia. Fui testigo. Como Jesús en mercado a punto de arremeter con mala hostia a los pinches mercaderes. La furia de Jesús rebelde es la bondad más indispensable de la biografía de nuestra idealización del tiempo a partir de un gesto revolucionario. Piénselo, camaradas.

No hay meeting más dificil que el de la plaza pública. Y ahí estuve yo. Y dije lo que tenía que decir al respecto. Y sabemos que puede funcionar de una manera distinta. Yo estoy aquí para cambiar el bounce back. ¿Por qué habrían de ser los pinches gringos los que nos llevan a las antípodas de esta pinche mierda gringa? ¿Quiubo?

Híjole. Te pasaste.

Así piensa mi vieja. Es gachupina, se tiene que entender. Ser así de mexicano con esta intensidad de vecindad es un sin vivir. Y nuestro pedo aquí está cabrón. Y la neta, puro pendejo. Ni uno se salva. Bueno sí, uno: Mario Padilla Padilla.

Mario fue una de las contadas personas con la que me puse en guardia y luché por alguna causa que aquél momento sólo funcionó como defensa personal. La utilización de los gestos del karateca en el salón de clase a los nueve años. El dominio del espacio como un shaolín en el imaginario de un pinche niño del DF que nunca ha visto a un chino en su vida. Ever. Te lo juro; por esta. ¿Está? ¿Se puede? ¿Nomás la puntita?

La mujer nunca alburea. Es lo más heteropatriarcal que puede haber. Negar a la mujer el arte de la jiribilla. Siendo ellas la neta suprema del sentido más cachondo de la palabra exacta. El romanceo de urbanidad eterna de un newchilango son palabras mayores que superan el pinche cuento del sarape de San Juan Diego. No se alebresten. Conténganse. Estensen. Aquí no va haber ninguna revuelta de Iztapalapa. Es lo que tiene Nezahualtcoyotl. Que siguen viviendo en la urbanidad que funciona aquí desde que ya eran un millón nomás ellos solos, mi capitán. ¿Qué hay que hacer? ¿Qué dice su manual de conquistador?

Nomás Perez Reverte no sabía dónde arguir que la conquista no requería manual. Se trataba de la obra transformadora de nuestra monarca que muy sabiamente supo alinear los intereses de las grandes familias nobles que correspondían a la gallardía de la lucha de la prominencia de nuestra obseción heteropatriarcal machista de la voluntad de invadir desde Polonía hasta New México. La última novela del primer novelista olmeca que vuelve a la vida desde el mundo de los muertos. No les dije que era una pinche visagra.

Ahora se aguantan. Ahí les va la historia de cómo les metieron la pinche verga enterita por el Chicharito Hernández.

La capital se derrumbó otra vez.

De risa.

De risa, con acento mamón.

Los fresas.

Los fifís.

Los fesas vs los fifis.

Los nacos vs los chidos.

Los bullys de la primaria vs los bullys de una clase arriba.

Esa vecindad cuenta. A los nueve años los de dies se empiezan a poner salsitas. Ojito. Aquí no se toca a nadie. Y quien quiera sufrir las consecuencias de asumirse como un macho machista trumpista epsteiniano: un hombre blanco de buena estampa. Los chicos blanco del poder y la gloria, los éxitos abrumadores de nuestro estilo de vida, nuestra literatura, nuestros genios, nuestros padres fundadores, nuestras madres fundadoras… wait… wait… wait… wait… wait… and you keep waiting until one day it happens. It solves itself. Through pain. The suffering of the blind folded minds who didn’t speak out against unjustice. The judge is you. As you, the macho.

As macho, then, you are doom.

You are scum.

Don’t need to feel too hurt.

Your masculinity is not only approved. You still get the girls. Either you are loaded with dollars, enough to pretend you are worth that rest competing to be valued through those standards. Trump América. The rich kids, their high school years, the narratives of the great story told by exclusivibly white tellers. So much principy. They are so cute. Ask any venezuelan. Venezuelan girls aim for two cities, nowadays. Miami or Madrid. They call it the MM choice of a venezuelan free soul of the latin center of one side of feministical ways, being others, and yet, one other pole in the antipodes of the system. De dual simplicity theorem.

I will present theorems without proper proof. Because if Donny Trump is taken seriously when he uses childish interpretation of the so seeked Real Reality Real Estate Truth. Reareareaest. REAREAREAEST.

I’ve made up a literary format. A unique way of looking at writing while just, you know, hand out in the highest aspirations of the soul: to be aware of once luck to be here. Alive. Today. As is. Thank god, we are. Thank god, this. The connection is there to gained in a strive to understand the stories from fragile souls of our generation. Forget starting with the succesful white dominant stories of great family succes. How much of that can we pin in your own heart struggle to elevate yourself in the current social estate of affairs. How is life possible without our little spec of dust. Your sprayed spore than took of to life as a vessel of a microscopial organism that would reak havoc in the host system of another human being no yet in the room.

I could go on with the narrative in an immediate manner. To evolve what I’ve raised as an expectation. It was going good. Or well, sorry. English is not my native Language. Yet I’m playing the role of using it as such with my daughter, Vera. She is the truth. I know. Meritxell knows. We are a happy couple. How? We are white. That’s enough. You make it. Even if you fake it. Especially if you faked it. No one can top you allin. You let it loose one day in mystical night back in San José. One of those Texas holdem nights in Shamú’s place. It was the nicest table to properly play against the best eight poker players in the city. I landed a table who’s seat were reserved and there was a queu expecting to be let in. The put money. Everybody does. That’s the taking in any poker story. Any gambling movie. It’s all real stories from people who’ve been a played in Casinos. As if they could beat the odds. O bring the lucky moment. Trust I do sometimes. I have, I mean. I don’t mean to bragg about that night. Or the night I touched a breast in Monaco because my mom ordered me to do so, and I always listen to my mother, Ito. My dad was there. Somewhere. They couldn’t get in. Meri and I did. And I was going to bring down the house. As I had touched a golded boob.

Boobs could be issue of this script. This book. What I am. What am I? The language has its significants. A new word for a new language: Ticatalán.

I started a language 9 years ago. It’s timing frame. It comes from the past. It will always do. Jesus tought of that. Legacy. What we will be remembered for. Writing about it. Somewhere. For you to read. A reading quest. A text to study. At which age? Nine. Nou.

Nou. Temps és ara. I ara la meva filla está preparat. El temps corre. I fa el compte enrere. La direcció és tan important en el aprenentatge de les matemátiques que hem de comenzar a estudiar les metáfores del limit que ens apropa a la entesa del càlcul diferencial. Perdoneu si de tant en tant us perdo per alguna cosa que considereu fora de lloc, o que mai us havien explicat. Normal. No sou matemàtics. Pero aquí tothom fa veure que és matemàtic. Només perque les matemátiques son més lliures que els matemàtics. Es a dir, els matemàtics poden ser lo lliures que ells mateixos creguin, o siguin, com vulguin. Com ells i elles vulguin. Les matemàtiques són més fines. Son millors. Pero el millor, gairabé sempre, es un home. Això, evidentment, potser masclista. I de fet ho és. Pero la meva experiencia és que havia uns homes que eren molt clavats d’una manera desorbitada, i quelcom neceari, tot i que no va ser el meu cas. La resta dels matemátiques hem d’aprendre a correr tant com els que entenen tot el que segueix.

La absurd afició a la màgia, lo fantàstic, lo sobrenatural, lo de fora d’aquí, es una barrera de fum que els hi hem comprat als americans com l’última veritat. Els hi xuclem la tita. No ens enganyem. O millor: enganyem-nos.

Amb aquest lema puc guanyar unes eleccions a Ticatalunya.

Aixó és cert. Perque aquesta terra només existeix cap enrera. Cap a l’altra direcció. Oposat de la narrativa que pugui fer el meu némesis, el meu veí, el meu estimat monstre de Sant Jordi. I aquell día, quelcom pensa en el drac, pero alguns li posan cara al monstre, i així, tot ho simbólic es fa part interior de la nostra interior lluita per no tenir por, i despertar, aquí, al lliço fantástica de dir: estic viu. Tiu. Collons. Qué bé.

I dius aixó, i la gent, alguna, potser no gaires, et voten. A tú. De no ris. De sopte: zazca.

Es diu clatajot.

Hi ha gent insoportable.

Els creuem al llarg de la vida.

Els veiem a l’espai públic. Pero ens coneixem des de l’escola. No voleu que us expliqui tot lo que vaig viure a les nou escoles que tinc a les meves esquenes. Aixó és molt gran. Ens estem cuidant a totes. I volem fer la volta enrera. Ens hem adonat que som la visagra de la pirámide. Mai posem l’ènfasi a la pantxa. No per coses bones. Potser per coses impúdiques. I potser alguns d’aquests pensaments siguis masclistes, o ens emportin irremediablement a fer sexe en aquell mateix moment, sense dubtes ni abussos de subnormals que no s’han enterat de lo que són les relacions igualitaries més súblims entre un cors i un altre que pujen, sense haber-se conegut fins ara, i trobant el moment i la ocasió pels cosos apropar-se, doncs, hmmhmm, in the way african american, the so called negroes in what was once known to be the history of the greates empire in our history of civilization up to now.

You see how americans can be taken to the superior stage of priviledge. The way an european white feels. The way the game board is controlled in any given direction of the succesful building of our community, our governance, our sofistication of public procurement, our digital transformation and education reform. The abolition of private schools. Whaaaaaaaaat?

White priviledge spanish decendants, portuguese decendants, chinesse decendants, olmecan decendants, mixe, capulinos, aztecas, mixtecas, zapotecas, mayas, negros, zambos.

ALLS

Biden won

Flip.

Yesterday’s news.

The future belongs to them: Biden & Harris.

74 million voters: blue.

70 million voters: red.

A nation divided in two. The duality spell. Or society is fully aware of its division. We all want to be on one side. Not the other. Repeat: not the other. Thank God. Goddamit.

It’s a matter of faith. Or lack of.

Don’t get hushed.

Still, life goes on.

Sad or hopefull.

Revenge or peace.

Take a fit or take a pill.

Chill pill.

Chill bitch.

Breath like a true New Américan.

New América First.

MAGA lost.

There’s an indian dancing in Washington. He’s surrounded by kids. They are laughing with joy. Not that laugh. Not that laugh. Country united. United states. The law prevails. Democracy wins again. Election day.

The race is over. AP call it: it’s over. Biden won. Stop the winning, biatch.

Here are the results:

The thirteen colonies voted blue. The people from the Mayflower. That’s something.

What used to be México (somebody has to see this analysis) voted in mixheartedly. The lone star stands tall red. You can see México in the edge our the silloute of Trumps’s imaginary, and real, wall. It’s that white ghost down south. There’s another line, ficticious if you may, but also historical, that marks those seven states. Another red one: Utah. The rest: New México, Colorado, Arizona, Nevada and last, but by no way least, California, are all blue. In the little election played by these symbolic partitions of our neighbourly country, the result places part of the global situation of this divison: blue on top of red.

There is still a flyover state scene. Blue América flies to blue states. Red América stays still. Does not fly. It’s a stay at home state of mind. And no one else’s allowed. Apparently Mexico payed for the wall. And dreamers were placed in cages. Families separated. Concentration camps of our current state of affairs. Let us be reminded of the hideous stains from recent events. And the anguish of the desplaced. Mistreated down south, in their own missery, by our own cultural drive for drugs, our weapons dependency, our war-loving thrill, our violent nature, and our cinical economical stability standards. Markets are up. Let’s run the show. Let’s deal, this time seriously, with the virus. Or was whats his name the virus?

Biden won. Harris, man, as well. A woman. The legacy of comming from India and Jamaica. Ya, man. Oh, whatating. Ommmmmmmmm……….

Mixed Culture Nature. MCN, like it’s now called. By me, at least. The placement of elsewhere, also here. As if we belong together. We need this sort of leadership. We can built bonds with this kind of nation. Yet, we aknowledge what has happened as a curiosity of our days. The rise of entertainment and white power supremacy intentions. And some of that stays put in our hard drives. As we’ve seen shit go on. And this shit is by no means minor, nor over. We are not in a resolved state of affairs. The quest is inmense. But I trust and old man’s leadership. And the tandem of a dancing women in charge of operations, with that leadership white catholic men lack of. Don’t get me wrong. We need this kind of mix symbolisms in our division bell.

Pensilvania, and the bell that stands for democracy, voted blue. And red. There’s red votes everywhere. But there’s more blue hope. And we are feeling blue today. This American donkey feeling. The world assists at yet another entertainment event from the first nation, acording to them, to the narrative of the land of the free and the rockets RED glare. The bombs bursting in air. The flag. The stripes, blue/red. The stars. And Puerto Rico.

Miami is red. No wonder, Eipstein. Nevermind. Latinos in their capitalist capital. Allow them to feel safe. Red away from the red. The ghost of the commies. Grow up, fools.

Georgia blue is dream. A dream of south turning blue. It’s a miracle. A way of looking at the end of division. The deep south finding the explantation workers in the demographic flip that will turn the pages of this nation’s future. Peacefully. White’s chill. Nobody is here to go against your anglican morals bullshit supremacy. Or aren’t they…?

Chill pill. Common. Don’t get angry. Nor even. Stop the hate pattern in your head. Relax. Don’t flex your muscles. Live your war toys in the cabinet. You ain’t at war. Not every day is final combat day. Stop playing fornite. Or killing zombies. Breath. A sigh of relief. Just stop. Hear the music. Sing. As the caged bird longs for freedom. And you still stand in the land of the free. So common.

Look at the map. Check Canada out. Check the Mexico profile. We are a floating image in your mind. Nothing else matters. The world is looking at us. We are in the center of the eternity. Like God intended with our stupid pride. God bless only US. Our own. Our values. Our history. It all stands taller than Tenochtitlan. Or the hills of Montezuma. Look at the Gulf. Our gulf. Even if it’s partly Mexican. We can still drill sideways. Frickingly frackingly. Atlantic coast. East coast. West coast. Pacific. Peace. The square states. Far west. The rush for the land. And the gold. Forget the local dwellers. Indian territories. Respect. Nations within nations. Is that too hard to get?

Loussina, Alabama, Missouri, Arkansas, Oklahoma, Tennesse… surprisingly red. Not. Business as usual. Alrigh, alright. But there’s the blues. There’s a conspirancy of the dunces taking place. Mardi Gras. French in the picture. A flow of an international mixtape. And the swamps we’ve encountered while rading the seas in search for the Spanish vessels that extracted the gold from the mines. Developing nations standing on the shoulders of their colonial days. Prior independence day.

OOOOOOOO-K-lahoma where the wind sweeps, the weaving wheat, and Curly. We get it.

Biden won. He told the nation he’s going to unite them. It’s what all president-elect say. It’s part of the political scenery. Part of the script. So is accepting defeat. If you are trained for that. The man in the seat is going to make it look like a battle. The voice of those supporters are going to be waiting for their leader to show the way. The are standing by. And the boys mean business. But the land of the free has an institution driven main field. And will not allow otherwise to stain the symbols of the legacy. The whole architecture is in place for an outsider to create havoc. We are too old of a nation for that.

Mexico deserves better. And when I say Mexico I mean the whole back patio. Youknowaraimean. Mexicans. Latinos. Potato, potato.

Robinette is in. Not the first one in the family. Incumbent: new word. 46th.

You can find him on those profiles. And everyone. We are all in it. Playing the game. People also search for them. Some are going up. Some are going down. Everyone smiles in their profile. Almost everyone.

The news has spread. The president himself is a news outlet. Just like the one before. Or never again. The media. You know. The media players. Warren. The others. The interest of the markets. Don’t spoil it, kid.

Joe send a written message to the people.

If you want to shop, you may. It’s New América.

A new era.

A new cicle.

A bright future ahead.

May God, if indeed He is watching, look upon the people traveling across the univers chasing the sun, and the rest of the planets, in that chilling expectacle of our solar system dance.

ALLS

Morir de nuevo

Morir a punto.

Morir y resistir.

Morir de un susto.

Despertar de la muerte.

Apretar: rescate.

Y el cuerpo aguanta.

Revive.

Vivo.

Milagro.

Otra vez.

¿Qué fue eso?

Un aviso.

Un síncope.

Un día así.

Un disgusto.

Una cena demasiado abundante.

Mala elección.

Sobresalto.

Músculo maestro.

Mueca de resistencia.

Respuesta física.

Cortar el sueño.

¿Estás aquí?

Estoy.

A punto.

¿Qué fue eso?

Eso.

Esto.

Aquí.

Otra vez.

Puta madre.

Un día no…

Ni lo digas.

Otra vez.

Moriré.

Ya está.

Es así.

No hay remedio.

Aquello es así.

Para todos.

Para todo Dios.

Para cada uno.

Para bien.

Para mal.

Para no armarla de pedo.

Por cualquier pendejada.

Se nos va la vida.

En un disgusto tonto.

En un suspiro.

Mi último suspiro.

Como Buñuel.

Pero sin obra.

Sin fe.

Con júbilo.

Perdido.

Salvo ese último momento.

Ese final.

Desgraciado.

Vete.

Ven.

Paz.

Fin.

ALLS

Trump or Biden

That’s a choice in the USA. Wow. Those people.

Trump’s a hack. And also a virus. And a russian spy.

Biden is not Trump.

That would be all you need to know to make a choice.

Choice matters.

We(you) get to pick.

Dicotomy: a simple choice.

Democracy has led us here: blue or red.

Like the pill we ought to take.

It’s all in the gender dilema.

It’s all in the bible: evil or good?

It’s a simple «Américan» story.

A new nation, says the oldest.

The uttermost respect for the origins.

Except for those who wondered this land.

As we come, in pilgrimage, to a land that shall be Europe.

Eurocentrism travelled across the world.

Far far away in an epic ethernal return to Alexander.

As any white male would portray his quest: warrior-king.

A queen is comming.

She’s 15.

The ruling of another girl, like that catholic one that established morality law.

The king is well prepared to fly a plane, a submarine or a drone.

Let’s compare the dick structure of our noble men.

Line them up in terms of succesory rights: 1,2,3,4,5,6,7,8,9,….

Somewhere in that list: Floiran.

Como Ledezma, un rebelde con la cause abierta y la sandre brotando a borbotones.

Palabras sofisticadas para una mente pueril.

El tío Jacobo me regaló un libro.

O una editorial.

Pero no leo letra pequeña.

A penas interpreto mis sueños… despierto.

No tengo vocación para atender a mi llamado.

Soy un lacayo de mi amo, asilvestrado y mentecato.

No visto así para gustarte.

¿Acaso yo me gusto así?

Los de aquí, los de antaño, los nuestros.

La falacia más sublime de nuestra subnormalidad prescrita.

La vida es nación y naciones sueños son.

La unicidad vence ante las cabezas demoniacas de nuestro perturbado acosador.

Venezuela y Rusia mueven ficha para derrocar al reino elegido por Dios Padre.

Dios hijo hablaba español en la intimidad, salvo con los Pujol.

El azar unió varios capos en una fiesta de primera comunión.

La diversión, el baile, las mujeres, las armas en los coches, y los cantos de sirenas.

El poder emborrachado avalentonado como un giro de guion inesperado.

Las balas de Villa en el imaginario de quién desde abajo representa la toma de Columbia.

Forajidos por el sur penetrando nuestro muro.

Pagado por nosotros y nosotras.

Las armas no se venden solas.

Las drogas no se esnifan solas.

Ya nomás faltaría que la demanda sea imaginada.

Que no exista nada detrás.

Que las almas sin pena se crucifican al compás de la música angelical de cima del poder.

El dj es un presidente que no requere la verdad, ni la razón, ni la voluntad, ni la palabra.

Los consejos de Eipstein sirvieron para congregar las compañías requeridas para la fiesta.

Las elecciones se ganan como la entrada a una fiesta de Eipstein en la que Weinstein baila.

El poder de los titanes se contagia entre los grandes totems sociales del cinismo.

El silencio de los transeuntes que se enfilan a las urnas silenciosos, esta vez para sacarlo.

La otra vez se vieron abocados a un ritual de deseperación y autocomplacencia.

El riesgo de la América blanca que siente el latir café y amarillo de los otros colores.

El negro está en nuestro pecado original, y ya supimos cómo «asimilarlo».

Pero los nuevos otros…

Terrible nuestro destino abotargado en una infinita persecusión de nuestros némesis.

El colapso de nuestro entender anónimo más allá de los slogans.

El marketing es nuestro pastor, todo nos apetecerá.

No falta nada, pero tengo acceso a un capricho más.

Me permito la vívida concepción de un delirio enquistado en la memoria.

El volcán respira hondo en su último anhelo de bondad.

La ciudadanía de la metrópolis se dirige por los senderos de abismos bifurcados.

El espejismos está ahí, y hemos ayudado a alimentar el sentido del bienestar.

Los socios nos siguen atónitos a nuestra penúltima comedia.

Las estrellas de otros tiempos se liman las uñas en el contexto reconstruido de su fama.

La elección es un indicio de fatiga existencial que nos abrirá finalmente la gran puerta.

El desperatar de los pueblos contrapuestos en la elección de lo binario.

Lo que queda excluido es la noción martirizada de la tracción de unos valores revestidos.

Lo que es y la apariencia de serlo.

El sueño americano finalmente se proyecta en cada pantalla de nuestra distopia.

La actividad frenética de los mercados.

La bolsa fluctua.

Los dólares se mueven.

La economía teje dentro de cada ciudadano una especie de país singular hipercapitalista.

La felicidad está en el desprecio por todo lo que no sea el individuo.

El egoismo se vive al máximo al acceder a los niveles más palapables del privilegio.

La pirámide se hace cada vez más exclusiva sin lugar para todos los contendientes.

La vida resurge como un lucha tenaz en la que sólo vale subir.

Y la competencia me permite aplastar a mi rival más próximo.

A la que puedo apoyar mi bota sobre la cabeza del que me sirve de escalera…

Subo, y subo, y no paro de ganar.

Mi despegue es mi porvenir.

El anhelo de la cima.

El suspiro de ganar.

Hasta la victoria.

Siempre…

ALLS

The journey around the sun

The idea we have in our heads about the motion around the sound describes a two-dimentional pathway that is not very accurate, but it is the simplest way of looking at it. We consider a motionless sun standing there, and not a complex system of planets in this celestial dance where we move around the sun, praising to our God, as we shadow the moves from His reflections.

So here’s the thing. Sometimes we are just used to the picture in our minds. And we can’t help it. That’s our truth. And we go no further. But sometimes, if we let our minds free, we may see things in a whole different way. Try this.

It blew my mind. That’s what’s transforming our society looks like. Something that we thing is fixed, may just as well be turned around, letting pass to a new emergent way to stay alive.

This is what innovation looks like to me.

McFly vs Biff

Se trata de un tema sensible, y a la vez, de una mentada de madre. Casi todo lo que representa la sociedad se encuentra en este gesto, en estos intérpretes y en esta pequeña historia que estoy a punto de contarles. Es una historia que me toca de cerca, que involucra amigos, y que también, de alguna forma, involucra a némesis. No especialmente a un némesis personal, aunque perfectamente podría ser el caso. Lo único que tengo que asegurarles es que no existen culpables en esa historia. Ni uno. Aunque si existen agresores y agredidos. Víctimas y victimarios. Y quizás eso es lo que más nos cuesta asumir: haber sido una cosa y la otra. Algún día. Alguna vez. Sin entender del todo el daño que pudimos haber ejercido sobre alguien en el pasado. Algo que todavía se puede verbalizar 30 años después al reencontrarnos una vez más en el entorno tóxico de nuestra infancia. Y tras unos jijijís y unos jajajás, de repente, chin… vas y chingas a tu madre.

Una mentada de madre en México no es cualquier cosa. No señores. No. No en México. Es meterse con la madrecita santa, lo único más preciado que la virgencita de Guadalupe. Esto vale para cada mexicano. Especialmente si es bien macho. Aunque no sea mucho. Por ahí no. Podrían haber volado las ofensas más descarandas, la violencia más desgarradora y gratuita, la humillación más vil y montonera, si en cualquier momento de la historia, la víctima se levanta y se le ocurre mentarle la madre al victimario… verga… verga… se para el tiempo. Ahí sí no, papacito. Te pasaste de la verga. La ofensa de los victimarios es de las los problemas más inútiles de nuestra sociedad, y quizás la verdadera pandemia que nos corroe a todos por igual, en un mecanismo interno del cual no podemos desligarnos a no ser que hagamos un ejercicio especial de introspección y de asunción de su autoria.

Aunque no lo parezca esto no es una cuestión de buenos y de malos. Estamos muy ligados a una narrativa en la que existen tan sólo dos bandos y bebemos tomar partido por uno de los lados. La dicotomía de la confrontación nos lleva a escalas insospechadas de victimización de nuestra propia situación, de manera que el ofendido soy yo, como si los dedos de todas las feministas reunidas en el zócalo me estuvieran apuntando hacia mi. Y es así. Yo soy el culpable de esta historia. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por algo somos catálicos. O catélicos, para ser más inclusivo, por fin. O más bien guadalupanes.

No se me vayan a venir encima todavía. Pérenme tantito. Todavía no les acabo de contar ni la primera mordidita de la historia. O podría decir, la primera mordidita de la quesadilla, la más preciada de todas las mordidas, si acaso competida nomás con la última. Ahí también, en el tema quesadilla, podemos encontrar dos bandos muy bien definidos. Los unos y los otros. No hay historia sin dicotomía. Al menos no de confontación. Anhelamos estar de un lado de la historia para poder apuntar claramente el dardo hacia nuestro adversario. Y al darle rienda suelta a nuestro estímulo primario apretamos el gatillo. Y la bala, sin darnos cuenta, nos perfora la nuca por detrás. Como la explicación en la clase de física de bala que dipara un tipo en la cima de una montaña, y cuya velocidad y masa consiguen de alguna manera mantener la órbita para darle la vuelta al mundo y repentinamente tras dar la vuelta, zas: perfora un orificio letal en la nuca del que apretó el gatillo en la cima.

Pero de vuelta a los verdugos y a las víctimas. A los nazis y a los represaliados por el holocausto. A los fachas y la resistencia. ¿De qué lado de la historia queremos estar? Esta es la historia de nuestro mundo. Esta es la historia de nuestra actualidad. Esta es la historia de nuestra dicotómica sociedad. Y no estamos llegando a ningún sitio que no sea el origen de todas nuestras disputas: la primera línea de fuego. Solventar la disputa que tenemos pendiente con nuestro victimario. Ahora sí: qué pedo. Pues qué, o qué. No pus nada. Ah, yo decía. Sabes qué: vas y chingas a tu madre.

Se para el tiempo. Ha dicho las palabras mágicas. El tono de una mentada es la madre del cordero. Ahí se encuentra la magnitud de la ofensa. Y desata al macho que llevamos dentro. Que lo primero que está dispuesto a hacer es jugárselo todo por la afronta al honor que acaba de recibir. Debe asumir la contienda. Se levanta y monta, pecho erguido, una pose de pichón enrrabietado. La puesta en escena debe permitir que alguno de los amigos de uno y otro bando salgan a detenerlos, ante de que sea demasiado tarde. Y entonces el honor está casi resarcido. Ha habido contestación. La tensión se ha disipado. El honor ha vuelto a su curso. Todos somos testigos. Y la cosa vuelve a la cotidiana violencia que asumimos como normal.

El cuerpo no dice que algo no está bien. Algo se torció en ese últimos gesto de valentía masculina. La toxicidad del heteropatriarcado está en una mentada de madre. Y la manera de resolverlo no nos queda del todo clara. Los amigos que saltan son una barrera de contención para que no se toque a los nuestros. El otro debe saber que su afrenta nos ha dolido a todos. Y por tanto montamos un guardia pretoriana que rodea al que tiene cobertura. Se escucha la música de Enio Morricone.

Todo esto ocurrió en un chat del grupo de mi escuela primaria de una escuela de Coyoacán, el Héroes de la Libertad. El grupo se montó a raíz de la pandemia, gracias a un recuerdo entre dos excompañeros. De pronto, al cabo de unos días, estábamos conectados todos de nuevo. Y se dieron varios intercambios que nos permitieron ponernos al día de lo que había sido nuestra vida. Y todos volvimos a la infancia. Algunas heridas habían sido sanadas de la manera más respetuosa. Se habían desvelado secretos de infancia. Viejos reconres. Todo se había sabido llevar de la manera más políticamente correcta.

Éramos unos 70 excompañeros. Resistiendo. Acompañándonos. Hasta que se invitó a Mario a entrar. Mejor así. Vamos a poner los nombres de nuestros personajes. O quizás deberíamos usar sus alias. Mario McFly y Biff Santos. Así no entramos en descalificaciones o apodos que puedan desviar el tono de nuestra historia. Pero quizás justo por no venir cuento, ese sea el sitio por que voy a comenzar. El verdadero apellido de Mario McFly no es McFly, de hecho es un apellido que rima con quesadilla. Y el segundo apellido también rima con quesadilla, porque es el mismo. Eso puede marcar la infancia de cualquier infante en una urbanidad mexicana acostumbrada a la carilla. Verso sin esfuerzo.

La carrilla a la quesadilla por la peculiar rima de sus apellidos fue centro de no pocas inspiraciones poéticas en los años en los que en las clases de español te enseñan la lengua como una serie de estructuras que se manejan en los textos más sobrios de la historia de nuestra lengua. Quizás es por eso que parte de nuestro humor no se desarrolla más que con la pretención que encontremos las gracias en las aventuras del Lazarillo de Tormes o en las desaventuras de Sancho Panza, sin pretender con eso poner a todos los españoles en el mismo saco, sabiendo lo que esto podría ocurrir y lo mucho que mis análisis literarios sobre el humor podría ocasionar poniendo a estos dos personajes, o a sus autores, en el mismo saco. Sería como poner a Valle Inclán y Góngora al mismo nivel de desparpajo existencial cuando tan sólo valdría mirarlos a la cara para saber si compartirían risas sobre los mismos guiños a la insignificancia de nuestra existencia.

File:Luis de Góngora y Argote (Museo del Prado).jpg - Wikimedia Commons
Retratos de Valle-Inclán - Cátedra Valle-Inclán

Puede que me equivoque, pero igual no reirían de lo mismo. Y España, en general, no está acostumbrada a reir de lo mismo. No al mismo tiempo. No sin antes escoger trinchera a la que asumirse soldado. Y desde ahí, entonces sí, elegir desprecio ante un némesis indiscutido.

Rehusamos que seamos nosotros los violentos. La violencia viene hacia nosotros. Y nosotros somos las víctimas. Buscamos ser más víctimas que victimarios. Tememos más ue nuestros hijos sean más víctimas a que sean victimarios. Y tenemos más o menos las mismas probabilidades de serlo. No sabemos de qué manera nuestra intervención, por simple que pueda ser, pueda tener un impacto sentido en una persona. Sobre todo, tampoco sabemos si lo que puede ser un chiste se convierta en una humillación, y si de alguna manera, esta misma fórmula pudiese revertirse sobre uno mismo, injustamente entonces, en una circunstancia inhabilitante que nos dejara fuera de control, ninguneados y foco de la risa descontrolada y afilada del resto de los presentes. Estos presentes, puediendo ser, en todo caso, toda la red. La enorme humillación de estar desnudo, indefenso, sólo, mientras en resto de los dedos me apuntan a la cara, rodeando mi martirio con un sonoro efecto catártico de las carcajadas de los masa desatada.

En todo acto colectivo aparecen unos y otros. Dar la cara. El momento de la verdad. El silencio es una acción pasiva que también cuenta. Y a veces tiene más significación. También observar es un acto de reflexión. Quizás decir lo primero que nos viene a la cabeza es un instinto incontrolado de la verdad. Lo que la piel emana. Nuestro acto animal. Como el improperio.

Mario McFly fue invitado al grupo. Esmeralda lo había encontrado en facebook y lo había contactado para explicarle que nos habíamos encontrado todos en un grupo y que viniera. El tuvo sus dudas de entrar. Y ante la insistencia entró. Fue recibido con saludos. La cortesía inicial. En un momento dado alguien mencionó que era cumpleaños de otro de los compañeros, Ismael, a quién en su momento algunos llamaban Chistín. Biff Santos lo felicitó, y como otros, lo hizo utilizando aquél mote de primaria, y Mario McFly volvió a ver, 33 años después, la acción del que había sido su bully de la infancia, a quién recordaba en ese momento con rencor y a quién había esperado mucho tiempo, pensando cómo le diría lo siguiente: chinga tu puta madre.

El chat se quedó frío. Mario McFly se posicionó del lado de las víctimas. Él bien sabía el rol que las cosas tenían en la historia, especialmente doloroso que le fue la infancia a manos del que en ese momento centraba la culpa de todas las humillaciones que pudo haber recibido Mario en esa primaria coyoacanense, en una única persona: Biff Santos. Quizás había más Biff Santos que Mario todavía no había identificado en el chat. Quizás habría habido más mentadas dirigidas a otros que también en su día le habrían acompañado las rimas que Biff Santos se inventaría para molestar a la Quesadilla, como recordaban algunos que se le llamaba a Mario. Quizás Mario recordaba todo aquello como un acoso continuo en el que él era la víctima de todas las bromas pesadas que se vertieron por aquél entonces. Lo cierto es que Mario recordó otro compañero que también recibió en su momento una buena dosis de carilla. No se lo recordó a Biff Santos, sino a otro compañero, al que Mario McFly exoneró de su calvario ya que en primero se hicieron amigos, según él recuerda.

Mario se encontró de pronto en un terreno hostil. Tuvo tiempo también de desvelar con corazón en la mano a su crush de toda la primaria. Tuvo, de pronto, las agallas de atreverse a decirle a la niña que le gustaba lo que siempre había querido decirle, que le encantaba y que soñaba con ella. Y a su victimario, Biff Santos, que fuera a chingar a su madre. Mario McFly había entrado en palenque y se había hecho de manera un poco bronca y atolondrada, con la plaza. Los gallos estaban espoleados, se respiraba ambiente etílico y los humos caldeados del ambiente nos habían hecho pasar de las felicitacioes cumpleañeras al ruido de las sillas que se partan para liberar el espacio para el cara a cara de dos gallos. El palenque espectánte ante la contienda. Algunos preferían retirar la mirada. Otros veían con morbo y entusiasmo lo que este tipo de careos suele ocasionar. Las historias viven de resentimientos añejados con el tiempo, y ninguno añeja mejor que un resentimiento escolar infantil, según me recordó mi amigo Quique cuando le expliqué los pormenores de la historía. Como el buen vino.

Llegados a este punto, Marío había conseguido reunir a unos cuantos espectadores a este espectáculo de martes 21 octubre de 2020. Chistín nunca olvidará este cumpleaños. Y Mario McFly nunca olvidará el día en que tuvo el desparpajo, finalmente, de desmelenarse para enfrentar a sus demonios y saltar a bailar en la pista. Una declaración de amor y una menta de madre. La historia estudiantil completa. Back to the Future. Ni el más sagaz de los guionistas habría visto el deslence de lo que Mario McFly iba a conseguir en el futuro. En medio de la pista de baile, peleando por su amor infantil, McFly apretó el puñito y le dio un golpe al send: chingas a tu puta madre. La carga emocional de pronto quedó liberada tras años de acompañarle. Efectivamente descargó de manera catártica todo lo que hasta entonces se le había atravesado. En su vida adulta ya había olvidado todos aquellos momentos de humillación y carilla que la Quesadilla McFly fue llenando en su mochila de rencor.

Eventualmente, Mario McFly salió adelante. Quizás la universidad le ayudó a cambiar de aires. Quizás todos tenemos derecho a empezar en otro contexto en el que nadie nos puede juzgar por lo que fuimos. Quizás tenemos derecho al olvido y tirar hacia delante con un futuro sin rencores. Quizás la posiblidad de sanar está en haberse encontrado, Biff y McFly, y haberse dicho las cosas a la cara. La idea de Mario McFly es que ahora había regresado el mal que en su infancia vivio a su victimario. La victima empoderada encontró su momento de redención en la forma de una mentada.

Los matices son muchos y muy sutiles. Mario McFly tomó con cierto desparpajo el recuerdo de las rimas de su apellido. Quizás eso lo puso a la defensiva. Decidió saldar sus cuentas rápido con el pasado, quizás sin darse cuenta de quién estaba ahí presente, y de cómo serían recibidas sus mentadas. No sabía si era el primero o si era la tradición. No lo penso. Le salió. Y le pareció normal. Una mentada de madre en México es una cosa de adultos. Todo mexicano patriota lo sabe. México puede ser muchas cosas. Y una de ellas es la afiliación que tenemos a nuestras propias chingaderas. Ahora, no metan otras chingaderas, porque ahí sí no mames. El macho mexicano tiene sentimientos muy frágiles. La fragilidad del macho mexicano es un tema poco trabajado por la literatura, aunque no he hecho el ejercicio de encontrar sus referentes, que sin duda los hay. La carrilla ha dado suficiente munición a todos los mexicanos para burlarse de absolutamente todo lo imaginable. No hay quién se salve. Salvo algunos que pasan de puntitas ante la amenaza constante de que puedan convertirse en un momento dado en el centro de las humillaciones colectivas que retumban en las carcajadas de los hilarantes victimarios.

La burla en México no tiene fronteras. No es esto lo que lleva a las víctimas a buscar de pronto un sentido en la venganza. Mario McFly no quería organizar una vendetta. Pero sintió oportuno hacer público la revuelta en el estómago que le ocasionó estar en la presencia de Biff Santos. Y lo soltó. La honorabilidad de Mario McFly está es su transparencia.

Ante el conflicto saltan los resortes. La banda saltó. Todo el mundo quietos. Mario McFly estaba desatado y su atolondrado show desató la indignación del insulto presente. La corrección política mandaba sobre la irreverenca de la sanación de una mentada por escrito. Un corrillo virtual con su sana distancia. Tambores de guerra. Mas si osare un extraño enemigo profanar con su planta la tierra…

La profanación de Marty McFly incendió la parroquia. El tono bronco nunca se había vivido así antes en este feliz reencuentro. De pronto no pudimos aguantar que esto nos estuviera pasando. El último reducto de paz del 2020 se desmoronaba frente a nosotros. El tono iba subiendo. Se le marcaron las límites de la decencia en este protocolario espacio de memoria. Mario McFly se estaba despiendiendo, y justo antes de salirse por su propio pie, alguien le dio al botón rojo. Bomba nuclear. Expulsión. Se borró del grupo, dejando caer la trampilla bajo los pies de Mario McFly, una vez más. Quizás el gesto más injusto de toda esta historia.

Así lo vio Mariana, que fue la primera que levantó la voz en defensa de Mario McFly y de su derecho de mentarle la madre a quien él consideraba que había sido su bully de refencia, Biff Santos. Y peor que se le echara. ¿Quién decide a qué se le expulsa de un grupo abierto? Es un tema sensible. Quizás todos los grupos tienen este tipo de dinámicas, sobre todo cuando se suman individualidades. En nuestro caso se habían tejido complicidades de reparación de los recuerdos compartidos. Nos habíamos ayudado a sanar. Algunos se había ido. Alguna nos había dejado tragicamente. Con Milly en el recuerdo de nuestra última catarsis, Mario McFly nos abocó de pronto a una corrido de veganza en medio de un palenque. Algo demasiado rudo para un grupo de chilangos clasemedieros como nosotros.

Tras exponer su opinión Mariana dejó del grupo. Le siguieron otras tres o cuatro personas más. La historia vivida les había sobrecogido. Quizás se vieron representadas en las trincheras que se habían marcado con el incidente entre Mario McFly y Biff Santos. Quizás ellas también habían sentido esa humillación y ese sufrimiento del que Mario McFly hablaba. No lo se. No quisieron estar más ahí. Y se fueron.

Irse siempre es una opción. Callar también. En una sociedad compleja y polarizada lo mejor que podemos hacer es retener la capacidad de entendernos con el otro que no comparte nuestra perspectiva. Debatirlo. Controntrarlo. Y seguir adelante. Confluir a partir de la empatía que podemos generar poniéndonos en el lugar del otro. Y estuvimos a punto de conseguirlo. Pero Mario McFly, y unas cuantas personas más se fueron antes de que hubiéramos podido sanarnos todas. Es una lástima. Habría sido un grandísima oportunidad para conseguir una gesta que tenemos pendiente para arreglar esta división que se activa de manera espontánea en nuestros contextos sociales y políticos con la liturgia de la violencia, y la asunción de los roles de victima o victimario. Nunca ambas.

Mi única aportación en ese debate fue un mísero chiste. El primo de Biff Santos y yo comentamos en paralelo los sucesos. Nos pareció un triste desenlace. El primo de Biff Santos sabía que quizás de haber entrado también le abría tocado recibir una mentada de madre de parte de Mario McFly. Y de manera muy valiente y con su sagaz sabiduría para decir las cosas con una gracia natural, asumió la postura del victimario. Quizás él también se había burlado de Mario en su día, y quizás estaría bien instaurar el martes de mentadas de madre, para aquellos que en su día nos burlamos de alguien, y a manera de compensación, recibieran cada martes su mentadita de madre de las peronas que recibieron sus burlas entonces. Quizás va por ahí la liturgia de la sanación. Y no se vale indignarse ahora los que antes fueron victimarios. Su postura fue compartida y aplaudida por algunas personas. Otros defendieron que las formas de Mario McFly no habían sido las más elegantes. Mario McFly entró como un elefante entra a un anticuario. El gesto instintivo de la trompa en la mentada de madre fue la que ocasionó todo aquél ruido.

Biff Santos es amigo mio. Lo era entonces y lo sigue siendo ahora. Su respuesta vino despues de mi chiste. Mario McFly y Biff Santos el viernes a salida en el callejón del Aguacate. El mítico sitio en el que se citaban las afrentas de honor en el Héroes de la Libertad. En aquél momento el aire era irrespirable. Y fue entonces cuando Biff Santos, un tipo de una bondad absoluta, el envio todo su amor a Marty McFly y le confensó que lo que pasó en la primaria hace treinta años ahí se queda. A esto Marty McFly le pareció curioso: ah, como en Las Vegas. La respuesta de Toño rebajó la tensió y acarreó un fuerte repunte de apoyo y solidaridad de una parte imporante del grupo. Era un camino correcto hacia la reconciliación. Mario McFly no tenía suficiente. Su reparación no tenía un diseño predeterminado. Todo se había precipitado muy rápidamente. Pero no quiso recibir entonces el mensaje de amor, y la congregación estaba lista para llevar el juicio a sentencia. La defensa popular siguió con sus argumentos. La honorabilidad de Biff Santos había sido puesta en duda. Y no se iba a permitir manchar el honor de uno de los nuestros. Así que se le serruchó el piso a Marty McFly, que sin más volvió de vuelta al pasado.

Las salidas y la propuesta levantada por el primo de Biff Santos recuperaron la dignidad del grupo para entender la complejidad que resulta de los rencores pasados y la confrontación entre bandos aparentemente irreconciliables. Todos llevamos una etiqueta que no queremos que se confunda con la de nuestro némesis. Y rehuimos a ser los malos. No queremos ser los victimarios, y siempre es más seguro estar dónde hay más apoyos colectivos. No vaya ser que nos toque ser a nosotros los linchados. Quizás no debamos pensar pues en resarcir los daños con las misms fórmulas que nos han llevado a la violencia. Pero también es una reflexión que debemos saber para entender qué parte de la violencia es nuestra, como sociedad, como individuos imperfectos, y como resultado de las emociones contradictorias qeu se apilan dentro de nosotros para cargar nuestra mochila de sufrimientos con elementos tangibles, reales e imaginarios. Al final, todos llevamos esta mochila encima, y encontrar la manera para aligerarla tendría que ser el camino para nuestra propia redención. Cuanto antes sepamos entender que no hay culpables en esta historia más pronto conseguiremos reencontrar la vía para sabernos parte de la misma sociedad que ahora consieramos que está dividida irremediablemente, y que nosotros, pertenecemos al bando de los buenos.

Mario McFly y yo tuvimos un día un encontronazo en el salón. Yo no recuerdo practicar el arte de la burla, sin que eso me convierta en ningún santo(s). No recuerdo haber reído más veces que con el primo de Biff Santos. Sin duda alguna las gracias que resultan más divertidas tienen siempre alguien como protagonista. La broma es la virtud más sublime que tenemos a nuestra disposición, y los mexicanos practican un humor sumamente superior al del resto de las culturas. También practican una carrilla sumamente pesada, que en una de esas, te puede dejar en el centro de una humillación colectiva que genera las risas de todos, absolutamente todos, los presentes. La única manera de asumir una liturgia de sanción es aceptando nuestra posición en el centro de dicha humillación, y ser la causa de las risas de los demás. Por un tiempo justo. Sin que sea sólo a una única persona. Ni continuada en el tiempo.

Pero volviendo a mi desencuentro con Marty McFly. Mi memoria me recuerda que fue él que hizo alguna cosa, el que se estaba pasando de listo. Era un tipo que tendría sus problemas, pero tenía un caracter particular, y en aquél momento el agraviado, según recuerdo, fui yo. Quizás la memoria de Marty McFly le hubiera llevado también a sentir la necesidad de mentarme la madre. Y lo habría aceptado, no sin antes intentar recordar el por qué de aquella pelea. Lo cierto es que aquella pelea en la que llegamos a las manos, se saldó rápidamente con una llave que mandó a volar a Mario McFly por lo aires, en un automatismo de los aprendizajes de karate que recibí de mi sensei Ángel. El karate que yo aprendí era más de la filosofía de que sólo lo utilizas en caso de defenderte. Y aquél fue el caso. No recuerdo nunca más haber tenido ningún problema con Mario McFly. Me habría gustado haber comentado este recuerdo con él. No por asumirme victimario, que dudo haberlo sido, pero sí para enteder su perspectiva del mismo acto. Quizás me habría llevado otra mentada de madre. Y no tuve tiempo de recibirla. Y eso me duele.

No participé en este show, salvo por mi humilde chiste. Pero como a muchos, me sumió en una reflexión que quise articular de esta manera para poderla compartir. Compartir es un decir. Nade sabe de la existencia de este blog. Quizás sea el momento de quitarme este peso de encima. Y con el privilegio de no tener victimario al que lanzar mi frustración y sufrimiento, dedicarle a todo aquél hijo de puta con el que me crucé en mi vida, una sutil y reconciliadora mentada: vas y chingas a tu madre.

Acorralado por las deudas

Si pides dinero prestado, un día, vienen a cobrarte. No vienen los mismos. Vendrán otros. Y te ayudarán. Más bien, te «ayudarán». Ya sabes. Siempre hay una manera para resolver cualquier conflicto, más allá de cómo tengamos que ponernos de acuerdo. Pasa el tiempo. Y el cerco se estrecha. Las fuerzas del mal están a la vuelta de la esquina. El mundo te acecha. No quedan más rincones para esconderte. Expuesto ante la esclavitud que viene a pertenecerte. Y en sus manos, caes en el hueco del olvido.

Los esclavos en las galeras tenía sus sueños y su realidad no parecía corresponder con los caminos para establecer otra situación más allá de la subsistencia. La vida a diferentes niveles del estrato en el que fuiste depositado al nacer. La surrealidad de las catacumbas están diseñadas para la subsistencia de sus moradores, y también, de paso, para asustar con el porvenir desbocado de aquellos que caen en desgracia hacia lo más profundo del precipicio, más allá de la superfecie contra la que se estrellaron, en los submundos bajo tierra que rehuyen la luz del sol, el aire puro, y la convivencia con los impolutos.

Las cicatrices de la marginalidad aparece en la epidermis con la doble función de marcar al desgraciado frente a su propia insolvencia, y como mecanismo de alerta para el resto de los mortales, que de entrada deben temer por sus vidas al estar presentes ante una de estas marcas de satanás. El miedo a caer queda simbolizado en el pavor de llevar una de esas marcas imborrables frente al resto de los seres del «bien». La fragilidad dermatológica de nuestra capa protectora nos delata y nos pone frente al riesgo más tenaz que encuentre el porvenir más a la mano para clavar la flecha de cupido. El amor puede ser muy cabrón.

Desasosiego. Qué más da si voy volando y acelerándome cada vez más hacia mi destino con la gravedad que me propulsa a ese último encuentro con la tierra. Gaia y yo nos abocamos nuevamente a fusionarnos en un solo gesto. El impacto final del meteorito que nos borra como humanidad de la faz del multiverso particular que solíamos habitar. Tiempo después, en otro lugar, el espacio se concentró para encontrar en el DNA desperdigado de los restos de la humanidad como conjura desde el polvo estelar de este nuevo big bang, estableciendo una emergencia cámbrica en la reunión de las especies moleculares ensimismadas en una amalgama particular de interacciones post-mortem. Algo de vida, o de información, quedó ahí, latiendo en medio de la fusión nuclear más brillante que el sol habría percibido en su corta vida.

Todavía recordaba el sol aquél otro meteorito que le privó de seguir dorando las pieles de los dinosaurios que tanto placer obtenían aquellas tardes de verano. Los ciclos de la mecánica estelar que condicona nuestra vida, esas 24 horas, esos 365 días y tantito, que ni siquiera percibimos, salvo cada cuatro años. O las 13 lunas. Lo mismo da. Los giros sobre los que nos movemos como Gaia, como quien domina el arte del hula hoop. Los condicionantes de nuestra coexistencia con la luna, en ese juego romántico entre dos amantes que no se tocan. ¿No sería más fácil que la luna se precipitara un día sobre la tierra en un arrebato de amor fatal?

Seguro, pero ese es otro cuento.

Un día dejas de pagar. Lo que debes supera lo ingresas. El trabajo se esfumó hace mucho tiempo. No había más salida que para adelante. No hubo más caminos que seguir. Yo seguí el mío, y me fui encontrando de nuevo con la vida. Pero era Oz. Y no tenía sentido alguno con lo que debía de ser. Percibí la realidad desde las afueras. Como quien se pierde por completo del chiste que ha hecho reír a una multitud entregada. No pude sucumbir en paz ni destapar la farsa. No sólo no tuve las fuerzas, sino que el espíritu me corrigió. No lo hagas; no ahora. Espera. No es el momento justo. Nunca lo es. Salvo cuando estás ahí. Metes la punta del botín, rozas la pelota, cambias la trayectoría del meteorito, y desencadenas las circunstancias del futuro… gol.

ALLS

Flatiron, les Punxes & _________

There is something about a building in that specific end of the urban grid that makes it unique. It was on my dream today. Again. A building like that. As if remainding me that I must aknowledge a path in which situations evolve at a certain pace, that eventually end up in that specific space. I know what the dream is trying to do. Huh… I know. It’s convinced, like me, that there is somthing there to chase, to dream for, in a near future development that requires my play to evolve into that.

What’s my job? I’ve got one now. One of those that comes with a pay at the end of the month, and holidays, and your own business time, as if sometimes you need to explore especial situations that require your time-space, and you need to leave your post. You have those kinds of rights. A sort of union job, even if it’s just a temporary thing. The illusion of sustained future. Alas, I’m out of the pit.

I’ve been drawn to this building for a long time. It was one of those things that I spotted on the map the first time I came to this city. As if there was something to do: to walk along the buildings that make up for a local architecture. A place to be, in public space, that allows you to cherish the moment. Explorers tend to do that, and that’s why when you find yourself in the internet the first thing you’ve got to look for is a navigator. To explore. To embark in a safari, or to be a firefox wondering around searching for your own pokemon chrome. To surf the web, as if you are a daring a surfer. The quest of living on the edge. The path of communications. The futurenow.

I’ve come to terms with myself. I’ve accepted the revolution taking place in my head is just myself of feeling outside the box. Like death taking place in this social scenario. Like the pandemic of a social decay, more that a real health issue: the mental one. I’m mental. That’s the deal. A deal I have to cope with. I know. Other mental dwellers know about it, and face it with a dignity of mental people. Have listen to the sound of mental? Mental is the nicest sound in the English language, if you are comming from the island. It’s like Man Island. I’ve somehow hooked to the idea of a singularity happening to me. A man thing. A golman thing. It’s personal. It’s mental.

So… So I’m searching for chimera. Or utopia. Better yet, the dream has taken me here. And I must go about my business. Life is not what happens over the weekend. It’s what happens to people in a Pandemia. Reclusion. Tight spaces. Unsettleness. Uneasyness. Floating in the waters of despair, searching for hope. Hope is my utopia. It’s my driver. My social enabler. I’m hooked to the idea of prosperity in a social environment that has not unleashed quite yet. It is still cooking in my head. Like a possibility to allocate the future in a safe place. The sustainability of the social transformation that requires our mind shift. As a whole. They way complex systems go about.

I am here to do the supporting role of a play I’ve witness out there. I’m just a poet with a pen, writting away in a notebook what ought to be the next delivery of a glimpse into our inwardly rise. A place insde my being is beating with chords of a song that unleashes the shadows of our doubts. It keeps popping in my head. Like a roller coaster within my system. The first one I’m bound to: my body-soul system. Like a chuck box.

A storage dream to take along a mission to explore. The world inside a building that hides the ends of a new entire system. The transformation pattern of our desire. A new city evolving from the dust in which the reborn are awakening at last.

That’s this new building in my dream. This is the dream within my building. The chuck box in my quest. I’m ready to fill in the blanks. I am just connecting the dots. The dream is still on. The quest is just beginning. The vision of the New world is here, in this city, in this building that englobes the entirerity of…

ALLS

Epitafio de mi locura

Fue un placer, mientras duró.

Armando Gallo Pacheco

Nunca más volvió. Un día, sin más, se esfumó. No se supo más de él. Así como vino, se fue. No supe reconocer de qué manera se había convertido en la persona que dominó la superviviencia en el límite del caos. Se trató de un hemisferio posterior a lo que aquí abajo nos deja rascar la subsistencia. Las rutas que me conectan con ese pasado están de alguna manera delineadas por una Vía Augusta engalanada por los sepulcros de pueblo llano que quedó en el camino desde entonces. Podría volver a él en cualquier momento, y él venir a mi, sin que esto disturbe a los muertos que yacen plácidamente en sus tumbas. Todos los caminos llevan a él. Él. Qué ser.

No se puede estar en dos sitios a la vez. Ni tampoco ser más de una persona en un mismo instante. Eso fue lo que nunca supo entender Armando Gallo Pacheco, que continuamente se desplegaba en varias dimensiones en las que se explayaba, normalmente en una única dirección que perseguía hasta encontrarse enfilado en una catarsis sin fin. Esa es la única virtud de su desenfadado proceso de estar: seguir.

No es trivial seguir un camino. Ni tampoco seguirse a uno mismo. Especialmente cuando se sabe que por el camino se van dejando cuerpos que no siguen, inhertes estatuas que prefieren congelarse en el tiempo que no está sujeto a la potencia de la ola que finalmente se condensa en un segundo de compresión en el que el tiempo rebota, y culmina la pieza.

El performance tiene una consecusión temporal presente. Se afirma mientras se despliega en un único acto. En su día supo que eso era lo que hacía, pero que no importaba desvelar a nadie más lo que él entendía como un todo. Y en ese discurso se perdió, una vez más, sin saber si había contado lo correcto, o escondido lo cabal. Y detrás de una cortina de humo, se fue perdiendo en sí mismo, sin ser capaz de lidiar con la estructura de lo brotaba sobre la superficie de lo aparentemente real. La vida siguió su curso, y él, su obra. Y nunca había de acabar, salvo que el tiempo y el espacio conjuraran por encontrarle una temporalidad propia en la que quedara reflejado su ser. No tenía claro qué forma tendría, ya que al final de cuentas, la única manera de existir sería a partir de la circunvalación espacial dentro de la red neuronal del otro, conectada a un circuito circular que reconecta al ser con su circunstancialidad dual, uno, y todo: ALLS.

Él sabía que la perpetuidad con la que comulgaba no podía pervivir para siempre. Al menos no en este espacio-tiempo. La arquitectura de su discurso le llevaba a recorrer todos los estados de la naturaleza que había habitado en algún momento de su entelequia. De haber existido su recorrido neuronal estaba ahí. Aquí. Ahí y aquí. Mente y ser. Esas dualidades desplegadas a partir de los espejos que se crean al pensar. Una chispa electrica diminuta que alumbra un hilo de nuestra conectividad neuronal que no había sido utilizado en el pasado para nada. Ese hilo, leído, reconecta ese instante. Ese momento permite que el ser, o la red neuronal, se califique a sí misma, a partir de una etiqueta. Esa etiqueta, de alguna manera, es el significante de ese preciso momento, al menos para quién la define.

No olvidemos lo que somos. No olvidemos por qué estamos aquí. El camino no está escrito en ningún libro. Ni siquiera en los de texto. Las reglas con las que convivimos mutan más que nunca, dejándonos sin la estabilidad que nos brindaba la pulcra sociedad basada en la moral religiosa. Ni tampoco las leyes que nos enmarcan en un contrato social que nos permite a ser todos iguales ante la Ley, ama y dueña de todo. La ley y los suyos, como el rey y su corte. Las cortes. El pueblo en las cortes. El parlamento. Y el pueblo, con su rey puesto, el presidente, que emanan de sí mismo. La política, tan vilipendiada, es a su vez, la única salida. Pero no así su forma. En ese sentido todo es maleable. No obstante algunas estructuras de nuestro modelo actual son inelásticas. Ante la presión de rotación o traslación, quiebran. Y con ellas, las columnas vertebrales de nuestro mundo se tambalean como el imperio romano, y sus ciudades.

Al loro, que no estamos tan mal. Siempre puede volver aquél e intentar de nuevo aquello que un día vivimos. Y eso, tentación y/o desgracia, es nuestra espada de damocles.

Armando Gallo se dio cuenta de todas estas cosas, y por eso, estuvo presente, levantó la voz, escribió 999 caminos, y se fue como el viento que se llevó a Tara. No fue el fuego, sino el viento. El modelo del sur, desvirtuado una vez más, por el pecado nunca redimido de su esclavo pasado. La trampa estaba ahí, en ese agujero negro que yacía delante de él. No era un precipicio, sino un simple agujero negro. Y estaba ahí delante: as su pies. Así que tomó la decisión más dificil de su vida: caminar. Y se fue.

Algunos piensan que ahí sigue. En una paradoja del tiempo y el espacio. Quizás en un gusano temporal que lo conectará de vuelta en otro momento de la historia. Quizás la historia terminó cuando él se fue. No se sabe. Pero algo permanece. Su leyenda. Su presencia. Su ilusión. Quizás tan sólo queda un culto superpuesto sobre lo que él explicó que ya nadie tiene en cuenta, al tener encima una metaestructura posterior que lo ha acaparado todo, sin dejar espacio para el movimiento, justo al contrario de lo que en su día promulgó con su voz.

Hemos perdido un personaje, pero a cambio, ha nacido un mito. Quizás detrás de todo lo que permanece intacto es el ritual con el cual Armando Gallo Pacheco encontró la vía para afirmarse a sí mismo. Quizás ese sea el único camino tangible. Lo inasible está más cerca de lo que pensamos. Un salto al vacío y reconectamos nuestro ser con la presencia continua de un palpitar eterno.

ALLS