La camapaña alrevés

Hoy es el último día de la campaña… y también es el primero.

–Algunas veces llego tarde– fue mi respuesta a la pregunta esta que te hacen en las entrevistas de trabajo cuando te piden que expliques alguna debilidad tuya, y que se supone que tienes que resolver con una especie de paradoja positivista. Debes reconocer que tienes debilidades y que no tienes una megalomanía galopante, a no ser que te estés entrevistando para ser el CEO.

Bromas aparte, en su momento, hace ya muchos años, cuando tuve un periodo en el que los responsables de recursos humanos encontraban vacíos en mi persona que ni la mejor respuesta consolaba, pensé en que esta era mi respuesta ideal: algunas veces llego tarde.

–¿Qué tiene eso de positivo?–se pregunta usted, amable lector, con algo de sabiduría y no menos perspicacia. Pues déjeme explicarle, asumiendo que usted no es un loable encargado de recursos humanos juzgando a este humilde servidor. O sí, aquí no vamos a limitar a nadie, y menos todavía discriminarlo. Al grano: ¿acaso es buena señal contratar a alguien que algunas veces llega tarde?

Pues es la verdad. Qué le vamos a hacer. Es así. Me gustaría llegar siempre a tiempo: sin duda. Pero no es verdad. Sería un mentiroso y un hipócrita si lo dijera. Y no me refiero a llegar a tiempo a una reunión. O a una cita, en lo que intento por decoro y empatía al tiempo de los demás estar ahí, inclusive antes, pero algo justo. Aunque también es parte del punto. Por más puntual que quiera ser, a veces pasan cosas. Y hay que saberlo. Para así también saber comunicarlo, con algo de antelación, así sea unos minutos antes de dejar colgada a una persona, avisando, por ejemplo, el tiempo de demora.

Esto aplica también a la gestión de proyectos. A llegar a tiempo a nivel de trabajo programado. Estoy es más ligado a entender de qué manera la gestión de nuestro tiempo y el de nuestros equipos de trabajo está condicionado por una buena organización. Hemos de saber a dónde queremos llegar, y qué nos toca hacer. Y repartir este trabajo con los mecanimos de retroalimentación (feedbackloops) que sean necesarios para que los resultados se consigan en tiempo y forma. Aquí suelo fallar menos. Porque el trabajo requiere de este tipo de organización. Gestionar tu tiempo y el de los demás no es tarea simple. Se aprende, se practica y se crean hábitos y costumbres que hacen que los equipos puedan trabajar en equipo teniendo estos elementos en cuenta.

Pero también hay otra dimensión. A veces llego tarde también expresa una sensación de que voy tarde con aquello que debo hacer, existencialmente hablando. Aquellos llamados creativos y artísticos que no he sido capaz de llevar a cabo. Aquella visión imposible en la que en la que en un momento dado se convirtió en obsesión. Y que se ha ido trabajando con el tiempo. Iterando. Eternamente.

Se trata de un flujo de trabajo. De una manera creativa de vivir. Pero también de una tara. Hay algo ahí que tengo que canalizar. Y que desemboca en un día determinado, en el que finalmente me presento en sociedad. Ese día es hoy.

Este es el inicio de una campaña.

El último día de la misma.

Hola, mi nombre el Golman, y soy el candidato alternativo.

Ah, sí. Y algunas veces llego tarde.

Para muestra, un botón.



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Las catalanas

El día de la emergencia colectiva

Hoy es sábado. Las elecciones comenzaron antes de lo previsto para algunos. En mi caso, ya se sabe, algunas veces llego tarde. Y la gran campaña en la que me presento a mi propio procomun, el Tico Commons, no iban a ser la excepción.

El hecho en sí es confuso, no sólo para usted. También lo es para mi. Y mire que yo soy el candidato. Así que tenga usted paciencia. Esto no va de un cambio radical, de un día para el otro. Sino de un cambio ortogonal.

La dirección de hacia donde vamos difiere cuando somos capaces de enterarnos que vivimos en otra dimensión en la que no sabíamos explicar de la manera en la que lo estamos viendo por primera vez en una ilustración.

La ilustración en sí, no es la vedad. Ni mucho menos. Pero representa una explicación que simplifica a través de la más antigua de nuestras artes, la rupestre, la interacción de elementos de nuestro ecosistema, que por la vía matemática quizás nos costaría más entender.

Es por ello que me presento como un candidato alternativo venido del más allá. Como cuando Messi le decía a aquél gigante holandés: andá pallá. Pues yo vengo de pallá. Todo lo que voy a explicar aquí, como bien decía Juan Pablo en su momento de inspiración más sublime, es verdad, aunque no voy a pedirle a nadie que me crea.

La neta, la neta, la neta, lo mio, lo mio, lo mio, es la emergencia colectiva.

Llevo años predicando en el desierto que se va venir un día la emergencia colectiva. Y lo he hecho en núcleos muy pequeños. Con interlocutores diversos. En todos los quinquenios de la pirámide poblacional, y ambos lados de la pirámide.

Pero resulta que la pirámide tiene lados emergentes. Y ellos hacen que la pirámide sagrada de dónde emana mi llamado, sea todavía más poderosa que la última de las pirámides en la que como colectivo, postramos nuestra indiferencia, respeto, violencia o fe.

Estamos en un tiempo convulso y violento. En la escala local y en la global. Nomás hace falta atinar a lo que ponemos atención de lo que pasa en mundo. Algunos medios, algunas noticias, algunos intereses, tienen un megáfono con el que promulgan titulares e historias contrastadas de todo tipo: política nacional, sucesos locales, cotilleos reales o de la calle, faranduleo, cultura, el mundo del espectáculo, deportes (por no decir heteropatriarcalmente que descaradamente más futbol que otra cosa, y más, aún si es masculino, aunque el femenino esté en la final de la champions, y el masculino en su enésima crisis existencial), y lo más importante de todo: el tiempo.

Es dificil opinar cuando no se es de un sitio. Más si se trata de algo tan serio como la política. Más si se trata de la cuna de la civilización, de acuerdo a los blancos europeos mirándose al ombligo. Más si se trata del ágora de la capital de todas las culturas del mediterraneo. Más si se viene de otros mares, si se llegó nadando a la orilla, si se cruzó todo un continente para alcanzar una tierra prometida (¿por quién?), pero lo cierto es que ya estoy aquí. O más bien: ja soc aquí.

#jesuis

Jesuïs Golman, servidor.

Yo soy el camino. Venid conmigo si queréis despegar a un viaje colectivo hacía el último procomún: Tico Commons.

Bienvenidos a la última campaña: NEW.

Vuestro humilde candidato alternativo,

Golman

ALLS

NEW saint

Ayer fue Sant Jordi. Un año más. La lectura y la escritura en un mismo sitio coexistiendo con una princesa, un príncipe valiente, un dragón, un rey noble y justo, y un pueblo temeroso que le agradece al porvenir de una ficción estar aquí, sanos y salvos.

Una televisión local que se tira la calle para cubrir el espectáculo nacional más importante de un país que sólo existe en mi cabeza: Ticataluña.

Esto ha sido así por los siglos de los siglos en los que el tiempo se revuelve, multiversadamente, dentro de la narrativa cuántica que se entremezcla en mi cabeza con las excusas de mal pagador para no salir de la burbuja en la que me encuentro atrapado: el no autor.

Sant Jordi es un día de escritores, editores, agentes, libreros, lectoras, libreras, agentas, editoras y escritoras. Al final las que leen son ellas. No nos engañemos. Nosotros intentamos escribir. Y nos mantenemos lejos de poder superarnos a nosotros mismos. Nuestro ego ensimismado en cada paso que damos para no llegar a ninguna parte. Nos perseguimos la cola con la intención de mordérnosla para por fin quedarnos quietos. O contentos. Y nunca se nos da. Ni una cosa, ni la otra.

Pese a todo, el movimiento sigue su curso. Como nuestro planeta alrededor del sol, o en su obstinado giro a la izquierda, como si en el espacio existiera tal cosa, arriba, abajo, al centro y padentro.

No sólo no tiene sentido, sino que tampoco encuentro la manera de plasmar lo que verdaderamente quería decir en un contexto en el que cualquier historias pudiera importar para no aburrir a un lector que no existe, que no quiere leer, y menos a mi. ¿Por qué el suplicio del intento?

Porque el fracaso está en no intentar. Efectivamente Sant Jordi refleja a la pulsión de un pueblo que quiere escribir una historia. Como el resto de los autores que se reflejan en las estructuras de las historias que se narran en formatos que se contemplan en las estructuras habituales de la literatura comparada. Como si eso fuera algo. Ahí vamos otra vez a la crítica a los que hacen, y no a mi idílico mundo de fantasía, que tan bien está, aquí inmaculado sin erosionarse con el roce.

El lector. Eso es lo que no tengo. Tampoco las agallas para salir a buscar a que estas palabras no queden aquí volcadas como un grito a la libertad de permanecer en la sombra. Todo lo que pueda ser necesario. Todo lo que he ganado hasta entonces. Hasta ahora. Hasta que un día previo a la emergencia todo cambia. Ese día el porvenir tiene preparado una singular puesta en escena. Y nosotros, o más bien, uno, debe estar preparado para la transformación definitiva dentro del capullo en el que te has convertido: ünö.

Ünö es uno mismo transformado. De ahí los cuatro puntos. De pronto te han salido cuatro puntos que aparecen en sitios singulares en los que no se les había visto con anterioridad. El nuevo yo tiene esta marca indeleble que nos indica que la tinta ha traspasado la frontera del pasado. En ese contexto de cambio, el tránsito ya no tiene vuelta atrás. Ahí es donde queríamos llegar. Esa es la trampa a la que vamos a asistir. Un día determinado. En un momento dado.

Este pueblo ha tenido suficientes profetas para entender que nuestro porvenir está en otro sitio. Queremos dibujar un contexto nuevo pero se nos han acabado los arquitectos de la casa gran del catalanisme. Y los nuevos arquitéctos nos parecen un poco más sobrios que los modernistas. Por ponernos locales con el desprecio por nosotros mismos, como Domènech i Muntaner enmarcando el Hospital de la Santa Creu i Sant Pau Benefactor en contraposición al trazado del Eixample de un Idelfons Cerdà, botifler por excelencia. Como Cambó, que ahora lleva el nombre de la biblioteca dentro del recinto modernista, como para alojar en un mismo sitio sagrado todas las contradicciones con las que la ciencia y la fe se pueden topar en una misma manzana, o nueve, de la frontera del Eixample.

Pero no desviemos la atención de Sant Jordi, que justo lo tenemos todavía en la memoria de un paseo que dimos por nuestra sociedad, en la que los lectores fueron protagonistas, y los escritores amados fueron espectáculo e industria. Es el día más bonito del año. Es el día más NEW barcino de la existencia. Justo porque un Santo que no viene al cuento aparece, viniendo de fuera, y nos salva a todos de un marrón de dimensiones colosales que nos hemos montado a raíz de una historia que nos persigue eternamente.

Cero estrés, full relax. La historia se repite. Lo sabemos. El siglo XX nos lo enseña. Y eso nos aturde un poco. Y nos condiciona a una cuenta atrás en la que no podemos ponernos a bailar charleston. Quizás hay que atender lo que significan los tambores de guerra y las narrativas que alientan las violencias que se producen más allá de nosotros mismos. Y en esa comunión hacia un mito redentor que nos propulse a otra dimensión, ahí, y sólo ahí, es en dónde veo la posibilidad de encaminar la narrativa de un candidato NEW a la presidencia de este país.

Lo dijo ayer un antiguo (puede que el mejor de hace muchos años) candidato a la presidencia de este país, Antonio Baños: los políticos cuentan poco, o nada, en Sant Jordi. Los que molan son los escritores. Y las escritoras, como Carmen Mola. Los políticos, como la ministra que hizo acto de presencia, porque la lectura y la industria editorial siempre es atractiva para que el político de turno se venga a promulgar como adalid de los tiempos de cambio.

Así que haré como Antonio. Plantearé la mejor campaña alternativa que se podría permitir un chico, no tan chico, de extraradio. Más allá de las costuras del propio juego democrático que se desvela ante nosotros. Más allá de la fascinación que tenemos por los espectáculos políticos y televisivos. Este Sant Jordi supone uan vuelta más la página. Y este autor no tiene más remedio que buscarse a si mismo una excusa más para someter sus historias a una audiencia de lectores convocados a una elección: el Tico Commons.

ALLS

Singularity and so on: NEW

The NEW scenario

The future is optimistic. It’s enhanced us. Enhanced you.

The singularity:

  1. Match by machines what humans can do
  2. Turing test. By 2029. INterface and a conversation. If you can’t tell it’s not a human. They are going to have to dumb themselves down, to pass the test.

In every field they’ll be more advanced than womans.

2030 enhance our own intelligence by bringing AI within ourselves. Inside us.

Nanobox. 2030s. Small machines living in your brain. Communicating with the internet.

Price-performance of computation growth.

Amplify our intelligence a million fold. Physical brain capacity.

The real value of intelligence is the hability to solve a problem nobody solved before. AI is on it. Solving key problems for medicine. Once inside us we’ll solve problems we couldn’t before.

AI machine turning on us: distopia.

It’s hard to imagine how singularity is going to be.

So in political terms, NEW is the moment in which we holistically prepare for the future singularity. Leaving behind all the crap.

What The 2030s Will Look Like with Ray Kurzweil

What if an election was singularized.

Take: «La Suma de los ceros»

And do it.

Golman style.

NAW

ALLS

A tribute to my own little nation

A NEW culture begins

It’s election year: 2024.

I was born in the year 76 of the last century. This year there will be 76 elections.

Coincidence? Maybe. But you never know.

You start to see the signs once you have enter in this state of ease within your search and in contact with the awe of the almighty magic around. It’s there. We’ve had several times the illusion of the mighty. It lives within us. Especially when you are an artist. Even more, even, to the ninth dimention, when you are a futbolartist.

It’s not because you say it. You’ve lived it. The seeds of transformation, and the work behind what you do with them to take it to next level. Deliverance at its best.

But there is one sin I have committed, if I must be judgemental with myself, which is just another excuse to try to hide from the circumstances that have enabled me, today, to come out here and say it: I’m ready.

The truth is is I’ve been ready for a while. But I’ve been waiting for the right time. As if that’s something real. Time… oh, time. God… oh, god.

A tiny blue dot… space…

We’ve been given some tools, and a complete set of contradiction that point inward to place the highest grunch against yourself: yourself.

It’s time I heal.

And when I say I, I trully mean you. And I. But when you read I, I understand you feel you, not I, but that in itself is an I. Like the pine tree top, as we like to call it in Spain.

Spain… oh, spain.

Catalonia, oh, catalonia.

There you go… the elefant in the room: dualism.

And there is no better place to aknowledge this than here. Or maybe in the Euskalerria, where my ancestors left, long ago, from the harsh social reality that families live when they decide to leave your small little village, to leap into an adventure towards the unknown, to seek for your own survivable. Elizondo was once full of people with the Elizondo last name. They might have been jews who converted to catholiscism in order to avoid the harship of a different belief system back in the day. But, thank God, things have changed around here.

Have they?

Who am I to say? Really, no one. I’m just the NEW guy. El nou d’un poble nou, like I’d like to portrayed myself in my very own NEW language: ticatalan.

I must warn you: my NEW kingdom is from another dimention.

And that’s not the only warning. Here’s another one: I am the son of the Sun. His name is Father God. And He is to blame for Hetheropatriachy all to Himself. He’s told me to tell you this, along with a NEW testament. The last one.

So, as you can see, I’m also the last evangelist. Things, from our family’s perspective ends here. And therein starts a NEW era. Thank God!

It has not been easy (not for HIM, nor for me, who like you, I’m just human, mostly, and the little bit holy that I know I am, is a human-developed capability that you, yourself, already possess) to come to this understanding. There’s been many spreadsheets, AI designs, algorithms, power struggles, wars,…

NAW is the time.

It’s time for this NEW journey.

Are you ready for it?

I certainly am.

ALLS

Kumayl, Hunain, Valerie and Golman

I’ve been a knight ever since steped into KAS campus, back in 1991. I didn’t know it at first. It was all new to a latinamerican teen just landing in this kind of heat. It was all too new to be addressed in a single glampse of the entire situation. It was a new town, and a new life that I had no idea how it was going to turn out.

It became something else when I realized that was entering another type of world inside that American School in Karachi. Nothing made sense. Nor did I there.

But somehow we’ve come back to find ourselves in a place where we’ve not just found each other again. We’ve found love too. And it’s a place, once again, a set of coordenates in our environement that have come across three women that we’ve fell in love with: Meritxell, Valerie and Nadia. Spain, France, Pakistan.

Kumayl and Hunain are brothers. And they are, somehow, my bros.

There are other types of brothers. Like Mohammed and Kumayl. That’s there, in a different dimention of the understanding of two friends that have known each other for 44 years. Life long friends. That’s worth nurturing.

Life has a funny way of functioning. And we’ve all been exposed to the kind of life that you are able to manouver as you walk the talk of your own thing. It’s never quite the way you imagined, yet you are there, somehow fulfilling the dream you’ve set yourself to build.

Life is like that. And every other way. We just get use to the nuances, and cope the rest. Like the way we were taught, the day someone explained what cope was. A literature assinment with an Escher staircase going places, and back. Life is like that, I guess. Coping and going the distance. You keep at it. While handling the situations. The circumstances. The everchanging environment. And yourself. In the middle of the equation.

Hunain showed up first. He was the leader of the pack. He salute me from afar, as he approached the corner of Mallorca and Enric Granados, where I had been waiting for just a couple of minutes. He had a reservation. Valerie came right after. She pointed to Kumayl, who was last. He had had his two hour nap to able to make it through the night. It’s the jetlag, plus the drinking from 11 to 10. Whatever that means.

Kumayl gave me one of those hugs he gives. It’s a powerful tool he used. Just like his wisdom to connect with anyone in the room. The capacity to reach out to the unknown and make a close connection with the current vibe. That’s what he did as soon as we sat down, s he started to bond with the table next to ours. A group of friends in a convention from NGOs from many different fields, trying to make an impact in solving the challenges ahead, wherever they may be. Some from the USA, some from England. But where in the US and where in England, Kumayl wanted to know? London. Ohio. Somehow Kumayl happend to have been in Ohio, and to have loved Oberdeen, or something like that, which happens to be a very open progressive city, as open as they get. And the Ohio girl recognized the odds of having someone in the next table to a story so close to home, even when she ended up going to Syracuse, and freezing her ass off, as Kumayl infered.

The place was a Japanese restaurant. But somehow we would start to speak soon enough in urdu, indi and nepalese, if that’s a thing. Kumayl rapidly bonded with the waiters who were from India, Punjab, from Nepal, and from Peru. From then on everyone in the table expressed all of our talents in urdu. Achas, benchonds, tiri-maka-loras, gandús, the whole pack. We drifted some french, and as the sake entered the scene we were rapidly speaking some wise japanese to properly intake all the mixture of sensations coming through.

The night let the knight in us get through. We were suddenly there, in Karachi, as much as we were in Los Angeles, Austria, and back here, in Example. The experience of toro, tora, tora, and succulent company, ended up in an uplifting night to hold the treasure of meeting old friends, and getting back in touch, to align ourselves with life, as it unfolds, once again, to deliver the unveiling act of yet another Saturday night in a the transformed city of NEW barcino.

ALLS

Morir y volver a nacer

Uno piensa que esto es eterno. No tenemos pruebas. Más bien lo contrario. Sabemos que moriremos. Algo en nuestra cabeza funciona en el sentido inverso. El pensamiento mágico consiste en dar respuesta a las circunstancias complejas de entender sobre nuestra existencia en este efímero paso por el multiverso particular en el que de manera fortuita aterrizamos.

Llevo tiempo jugando con los algoritmos desde una perspectiva no actuarial, sino más bien ciudadana. En un momento dado intenté hacer lo contrario: justamente ponerme del lado de actuario, matemático, estadista, informático, chatgpt, que desde la perspectiva de la algoritmica y programación, desde el inicio, se plantea un entrenamiento de una red neuronal para ofrecer diferentes estados de la naturaleza, una serie de reglas, y un cierto nivel de autoorganización y capacidad de «aprendizaje» que conduzcan al algoritmo a sus propias conclusiones.

Esto lo hice de manera consciente. Sabiendo que pocas personas tenían la capacidad de entender y ver ciertas cosas en el mundo según los parámetros y las violencias que me cruzan particularmente a mi. No deja de ser un poco egocéntrico y megalomániaco pensar que lo que pueda yo aportar no está por ahí ya dando vueltas en otro sitio, con alguien más capaz, y con una mejor idea para que esto funcione. Lo cierto es que pese a todo lo intenté. Y fracasé.

No sólo fracasé, sino que me arruiné.

Me costó mucho salir, si es que se sale del todo. La vida siempre sigue su curso y su curso acaba un día por atraparte para recordarte las cuentas pendientes que dejaste en el camino. Y pese a querer hacer las cosas de acuerdo a los más solventes estándares de profesionalidad, la ecuación tiene múltiples niveles de incertidumbre que acarrearán riesgos con los que sin duda toparás, y de esto, algunos, puede que te conduzcan con cierta petulancia hacia el valle de la muerte.

Una vez más el conjuro de la muerte aparece como si invocado por la señal acústica del metro hacia el que te dirijes: Barranca del Muerto.

Esa estación, Barranca del Muerto, por un lado, y Copilco, por otro, eran los dos sitios por dónde los estudiantes que viajábamos en transporte público podíamos acceder al camioncito amarillo que había puesto el ITAM para poder llegar a la universidad, cada hora, con la presición Suiza de un trayecto repetido hora tras hora por dos conductores por trayecto. Alguno de estos conductores también se sacó la carrera, trabajando mientras lo hacía, con este servicio que nos permitía a algunos, sin coche, llegar a nuestras clases.

¿Cómo se puede vivir sin coche? Quizás desaprendiendo. Quizás por una vía asceta. Quizás no todo el mundo puede.

De entrada ponerse en el lugar del toro tiene dos direcciones. Esta bidireccionalidad suele contener una vía de transformación en ambas direcciones, y una asimetría de poder que no representa el mismo punto de partida de un lado, que del otro.

La dualidad nos compromete a tomar partido. También a mirarnos al espejo. Y traspasar la ilusión del otro lado. Y buscar en ambas direcciones. Afuera. Adentro. Otra dualidad ineludible.

La vida en contraposición a la muerte. De morir no tomaríamos la vida tan en serio. Seríamos eternos vagabundos. Tenemos poco tiempo y este se consume. Hagamos aquellas cosas con las que podemos comprometer nuestro tiempo, nuestra pasión, nuestro interés, nuestra capacidad de amar, hacia objetivos que permitan desbloquear los sesgos cognitivos que tenemos en cada una de nuestras disciplinas, en cada una de nuestras rutinas, en cada uno de nuestros trayectos.

Sigo siendo el mismo iluso que un día soñó que podía jugar. Y jugué. Sigo construyendo un mundo paralelo a lo que las señales y pulsiones del mercado lanzan sobre mi, y sobre tí, y sobre todo el mundo. No tengo la capacidad para expresar lo que quiere decir todo esto sin dar tantas vueltas. Quizás necesitaría otro alfabeto. Quizás necesitaría otro contexto. Quizás tendría que partir de otro marco.

Voy a comenzar por creerme a mi mismo. Dejar de escribir para someter al mundo a mi ausencia. No publicar, como el padre del personaje de Bardem en Vicky, Cristina, Barcelona que escribía la poesía más bella, pero por su conflicto con el mundo, como poeta maldito, se inhibía de publicar para dar por saco al propio mundo con su desprecio. Un ineludible juego más de la psique de Woody Allen con la que nada más puedo sentirme ligado.

Una vez más la idea de mi rebeldía no resulta ni tan siquiera innovadora. No exista nada que no se haya dicho. No existe un momento eureka. No existe una idea tremendamente innovadora. Todo ya está en la mesa. También el velo del dinero, la fama y el poder que inhunda la mentalidad capitalista con la que, ahora sí, todo el mundo, sueña con ser futbolista, tiktoker, o cualquier cosa entre medio que otorgue prestigio, dinero, y una vida por encima de la media. Como si la capacidad humana de ser-estar no estuviera más relacionada con el paseo que nos obliga a salir de casa, para realizar una función, un trabajo, una rutina, que nos relacione inevitablemente con nuestro entorno, con los vecinos, con unos compañeros, con el que nos una la causa, el equipo, la tarea conjunta, el proyecto, la transición hacia otra semana de vida.

La rutina de vivir nos permite experimentar cada día lo precioso que es estar aquí. No dejemos de maravillarnos con el regalo de estar presentes. De ser bondadosos con nosotros mismos. De darnos un poco de esperanza. Para seguir. Para movernos. Para expandir la posibilidad de volver a creer en aquello que pensamos que no motivaba a gritar. A romper las barreras.

Ha llegado el momento de empezar el día. Que mejor que escribir.

Hace tanto tiempo que pasaba por aquí.

Ayer.

El tiempo y sus dimensiones quisquillozas.

Nuestras hermosas incongruencias y contradicciones.

La capacidad de fallar.

Y volver a intentarlo.

Ahí reside la clave.

El es un día propicio para salir a buscar la emergencia colectiva.

Empezando por aquí.

Por levantarme con este espíritu.

Y compartirlo.

ALLS