Todo es uno uno uno

No podemos evitarlo: somos egoistas.

Quizás por ahí deberíamos empezar al aprender.

Vernos como somos. Asumiendo nuestras mierdas. Eso sería lo justo y necesario. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias, a tí, oh Nou Nou del Poble Nou Nou nits seguides d’un nou mon: NEW.

Cinc nous i un NEW.

NEW es la marca del valor a relucir. Estoy en medio de una campaña. I’m too gonna play a role. This guys here are my finest crew. My oceans 9. I have some back up. Ladies, gentlemen, please be so kind to fasten your seat bealts. You are going to flip out.

We are here to give you collective joy of upskilling system design.

Rule number one: let serindipity play along and follow closesly until you seize the opportunity: score. Gol………

MAN

GOL

MAN

Allow me to introduce my self, I’m Golman, and you are gonna blown away: sooner than later.

My poetry takes place in a phrase in a way we connect to each other to play the game we like to play. And then lie ourselves the other half of the time. Throwing everything that’s really worth living for away. Which end of the world are you on? There’s no wrong answer. There’s just a movement flow. A place to belong, from day one when we trully connected to a new urban flow. That’s when you grow outside sad shitty little town high school history. Whatchagat?

Common. No disrispect. Commons.

There: I said it.

I won’t disgrace the figure of our major, Ada. Why? Why be like some of you? Who of you would I drop. That’s the facist question you are dying to answer yourself.

Oh, man… that hurts.

You just called me facist.

To my face.

And you know what…… maybe I am.

Boom.

Written confession.

Double boom.

Wasted.

Trumped out.

That’s my new Américan expression. A new language I’ve just invented, out of the blue. Whatyagat?

Whatyagat, myboy!

Whatyagat, mygal!

Whatyagat, señoras!

Whatyagat, señores!

Whatyagat, adulta mayor en plenas condiciones de sus facultades mentales se extravió por la zona de las nieves de Coyacán, si acaso está en la Cantina, otra vez, díganle al canijo que nomás no me vaya a roncar cuando llegue todo borracho desgraciado esta noche… mira nomás. ¿Tú te crees que esto es normal?

Quizás la normalidad no sea un atributo que queramos. Quizás ese no es el problema. Quizás no estamos sabiendo ver bien el problema. La cuestión nunca se ha probado antes. Un sistema que lo resolvamos piramidalmente. Y la responsabilidad esté en el orden en el que nos vamos afirmando hacia la cúspide de la pirámide: el nuevo ascensor social. Esta vez, vas a caminar.

Preventive care: sube a la montaña sagrada, coño.

Unas juezas y unas cuantas abogadas interpusieron un juicio sumarísimo en el juzgado número nueve de la capital castiza de lo que un día fue eso que llamaban España.

La muerte de España.

España partiá.

España Partiá. Mi Perdita Durango. No soy Rodriguez. Ni adicto a la violencia. Eso qué. Ustedes. Cúrense ustedes. A mi ustedes no me contagiaron. Nosotros venimos aquí, otra vez, con la pipita de la paz. Cada vez que subimos agarramos su pinche muro y lo convertimos en algo reciclado que tenga sentído, lógica y humanidad. Si no lo ves así, si crees que el muro te protege, podemos francamente identificar que estamos justamente en los polos opuestos desde dónde nos podríamos acostumbrar a odiar. El némesis es el nuevo santo de la religión. Reconcilia la pura idea del Diablo que Dios padre introdujo con sus pinches cuentos. El odio al diablo es pecado. Nueva actualización de los mandamientos. Algunos han caído. Otros se han adaptado a los tiempos. Si el Papa lee español, ya chingamos. Si el pendejo no entiende, están chingando a su pinche madre. Qué tal cómo nos metemos con algunos estados que a final de cuéntas pus cuál. Si nomás ora. Y ora. Y ora. Y ora. Y ora. Y ora. Y ora. Y ora. Y ora. Y yo que bien pinche rebelde: hora. Y hora. Y hora. Y hora. Y hora. Y hora. Y hora. Y hora. Y hora.

Ahí ya gané nueve horas. Surrealistas cuentas de la vieja. Y toda España transformada se sueña capaz de ser lo que .

Taller de distopia. La propuesta del profe es que vayamos al ritmo que vayamos avanzando. Acabar Orwell y empezamos Huxley.

La lectura en cuatro ejes. Pautas de lectura. Novela comparada. Ver las cosas en relación de las diferentes distopias. La primera categoría: literaria. Trama, estilo narrativo, personajes, técnicas metaliterarias, meter un libro dentro de otro libro, el diario. La segunda: principal materia de las distopías, las liturgias de lo negro. La trama no es lo principal. En Huxley más que en Orwell. La transformación del personaje no es lo importante. Sino el mundo que nos están ofreciendo. Y los dispositivos de ese mundo. Los escritores de distopías estamos contando sin que sea aburrido. Son novelas. No son ensayos. No nos están advirtiendo. La dificultad propia del género para que estos dispositivos no sera una mera descripción. El diario de Winston. El libro prohibido. Cuando Winston tiene el diario. Justo en esa sociedad no tendría con quién hablar. Orwell lo habría podido escribir él. El diario es más interesante y conciso. En esa sociedad ya no saben escribir. No es así como escribe el narrador. El apéndice de la neolengua. Si nos echara un rollo teórico del lenguaje, hueva. Y tiene formas de resolverlo como escritor. El diario como un único sitio para describir ciertos pensamientos. Cuando tiene chava, cuando conoce a Julia, ya no necesita el diario. Sus pensamientos íntimos los cuenta a través de Julia. Dispositivos. La segunda categoría.

La tercera parte. Los efectos de esos dispositivos en el pensamiento, en el lenguaje, en elos cuerpos. POder sobre la mente y sobre los cuerpos. Se orientan a controlarnos.

En una última categoría: el recorrido del héroe. Casi siempre el climax de una distopía con la antagonista. La tensión de la trama no es tanto, como en otros géneroes. La trama en las distopias es secundaria. Se produce el enfrentamiento con el poderoso. El protagonista pregunta por qué están haciendo todo esto. Orwell y Huxley. Poco menos de 20 años. Y concepción totalmente distinta. Es una pregunta que tiene que ver con filosofía política y con el poder. Por qué un grupo de personas quieren tener el poder. Las sociedades están siempre gobernadas por uan élite. Y siempre depende de la noción de esa élite. Por qué quieren que las cosas sean así. Eso se produce en el enfrentamiento final. Debe haber un estado opresor a derrochar. La revoución se da. TOdo esto por qué es así. Ustedes, casta dominante proponen este tipo de sociedad.

Ayer sólo alcanzamos a ver las dos primeras. Vamos viendo los distintos elementos.

La tercera de estas categorías. El pensamiento y el lenguaje. Orwell postura de manera muy clara, y lo dice en estos fragentos teóricos en el libro dentro del libro. El pensamiento tiene una relación absolutamente directa con el lenguaje. Dependiendo de las palabras que tenemos lo podemos utilizar en nuestro hablar. Lo ví por primera vez en los Simpson. Lisa parendiendo alemán. Shrodenfaden. Alegría ante el dolor ajeno. Los alemanes tienen una palabra para todos. No tenemos una palabra para nombrar la alegría sobre el dolor ajeno. Ustedes son uns sádicos. Ustedes son unos hipócritas. El hecho de que en alemán y el sueco tengan una palabra para describir eso nos lleva a que exista la emoción. Es lo que postula Orwell. Por eso en Oceanía se reducía el lenguaje y se crea uno nuevo: Newspeak. Un diccionario en la décima edición. Un proceso gradual. El lenguaje en el fondo es un proceso de pensamiento. Si cortas todas las palabras de tajo no funciona. Es minar los hábitos de pensamiento. El mismo principio de la censura. Por qué una poder censura. Por qué la iglesia tiene una lista de libros prohibidos. No, porque esas ideas antentan contra lo que ellos entiendes que debe ser el sistema. Se toman un gran trabajo para negarlo. Cancelación. Hay un gran empeño de los centros de poder por limiar el acceso a ciertas ideas. Eso es lo que plantea Orwell. Por eso es tan importante reducir el número de palabras. Se van quedando cojos. No quieren que la gente piense en esas palabras. Reducir el número de sinónimos y antónimos. Si tenemos persona. No necesitamos no persona. Un antónimo no es una cosa muy subversiva, pero la meta última al ser cambiar los procesos de pensamiento se quieren minar. Eliminar. El entusiasmo y fervor político. Como actos de fe. Los personajes en 1984 están ahí para desempañar una función. Es como en el teatro. Llegan a decir su parlamento. El tema de la lengua lo introduce con Sime y llega con Winston y se da cuenta que no está entusiasmado con los temas de la neolengua. El objetivo de esto es que ya no tengamos pensamientos heréticos. ¿Por qué el gobierno totalitario para esto, o aquél fervor? Estupidez exaltada más allá de este razgo de consciencia. Las procesiones. El odio al enemigo. Confluyen dos elementos importantes d ela novela. Cuando se produce el encuentro de que… O Brian es un conspirador político. Y nada. Está cazando el momento para tener el encuentro con Obrien. Cuando hablan. OBrian es un funcionario de mayor rango. Del partido interior. Te felicito por tu artúculo. Tienes un buen manejo. Por cierto ya tienes la décima edición del diccionario. Me gustaría darte un ejemplar, vente a mi casa. Cuando van a su casa hablan de la conspiración política. La hermandad. Lo invita a ver el diccionario. El pretexto para establecer un contacto político. El diccionario que va reduciendo el pensamiento. Te va ayudar. Te va a reducir tu lenguaje. Cuando lo tiene hecho una piltrafa. Le redujo el vocabulario y el pensamiento. Lo eliminó en toda forma. Simbólicamente la forma en la que lo invita es lo que va a hacer. Destruír su lenguaje. Rebajarlo a nada. Y ceder. Tiene un apéndice dentro del libro que forma parte del libro, un documento en donde el partido postula su visión de ir creando una neolengua, con una especie de ensayo teórico sobre las consecuencias de reducción de lenguaje y pensar en sloganes. Orwell lo muestra con los personajes de Winston y Julia, una mujer de los nuevos tiempos. Winston quiere aferrarse al pasado. No hay registros. No hay libros de historias. Ella ya no. Nació en esta nueva época. EStá más educada a estos principios de la neolengua. No tiene estos pensamientos heréticos que sufre Winston.

Tiene en algún artículo periodistico de la utilización de la palabra fascismo y democracia. El últimos mes he escuchado la palabra fascismo de todas estas formas. Acaba de convertir el pensamiento en un acto de fe. Eso está pasando marcadamente en la actualidad. El otro gran elemento es el genial témino del doublethink. Capacidad para tener en la mente dos ideas que puedan ser contradictorias. Tren de pensamiento lógico, contradicción. Coexistir sin problemas. La actualidad: no hay una realidad políticamente objetiva en la que todos podamos estar de acuerdo. Los hechos de Donald Trump y su inauguración. ¿Dónde hay más gente? Hecho político medible. Podríamos estar de acuerdo. Yo tengo otros datos, AMLO. Hay más llamadas. Hay más denuncias. No. Yo tengo otros datos. Hay una realidad política distinta a los hechos verificables.

Orwell vincula todo con todo. Todo tenía que ver. Está muy interconectado. Sientes que no puedes respirar. Así se siente el protagonísta. La guerra perpetua: doublethink. La guerra contra las drogas. Violencia. Militarización. Invertir en armas. Invertir en inteligencia. Todo ese despliegue está condenado a algo que no va ocurrir. El año pasado consumismo más drogas que nunca. Todo saben que no se va a solucionar. El doublethink orwelliano. Dos creencias que si se siguen a su extensión lógica llegas a una contradicción. Te permite hacerte pendejo. Negar la realidad. Seguir existiendo sin poder hacer algo al respecto.

Resolver esa contradicción.

O lo que consigue Orwell; nuestra contradicción navega libre por el caos.

Todo es una gran mentira que se va recontando. La única forma de poder vivir sin volverte loca es con este tipo de de mecanismos. Está vinculado a dos conceptos al thoughtcrime, en el fondo el único verdadero crimen es el crimen del pensamiento. Si pensamos que ese es el real crimen, lo que más considera el partido que es una amenaza, es donde reducir la lengua tenga una utilidad. Alentar un dispositivo mental que permitan que las contradicciones existan. Dos dispositivos diseñados para evitar que hubiera estos crímenes mentales: hábitos de pensamiento y espacios donde entran más temas de fe, de dogma. Que no racional.

Para no poner sólo ejemplos de Donald Trump. Yo el año pasado di una charla. Un poquito multimedia. Orwell, Radioheal y las compañias multinacionales. Facebook, Google, los grandes actores económicos y políticos de la realidad. Los elemenos orwellianos. El culto a la personaalidad de los dueños. Van por la vida vacunando a niños con un discurso de gran bondad. Causan un gran daño por no pagar impuestos. Les da orgullo. Larry Page: maniobras fiscales para no pagar impuestos: pues sí, se llama capitalismo. Facebook. Libre intercambio de ideas. Facebook como brazo político de Rusia y Donald Trump. Google tiene un proyecto de Islas google. Comprar unas islas en el Pacífico para poder poner en práctica métodos laborales de producción de trabajo que no tengan que pasar por ningún estado. Los trabajos, los sindicatos, coartan su posibiidad de creación. Se rumora que Zuckenberg tien ambiciones políticas. Seguramente ganaría. Es muy popular.

Orwell advirtiéndonos de lo qeu pasaba si Hitler gobernaba, pero no era sólo eso. El doble pensar. No admitir la contracción. Pasa en las sociedades. No sólo en las noveleas. Mucha gente saca beneficio político de estas cosas.

La cuestión de la vida propia. Own life. Muy mal visto. Son sociedades, como la Huxley, la idea de que la vida interior y el pensamiento puedan ser subversivos, se propone que la gente pase lo menos posible sola, siempre hay show, la liga antisexo, la marcha, el chachachá, la pacheca, muchas veces cuando estás sólo, se te va un poco la cabeza. La soledad te lleva a estados más extremos. El lenguaje y el doble pensar. No permitas que tus pensamientos se conviertan en un crimen. Mejor detenlo. Antes de que caigas en un crimen del pensamiento. Lo que pasa en el ciberespacio. El pavor de decir lo que piensas. Te lincharán en 9 segundos. Las redes tienen que ver con la vida propia. Si todos los días están en las redes, todo el día están ahí. Es un gran atentado a la vida interior y a las posibilidades del pensamiento. Subversivas para la sociedades de sus libros.

El culto a la figura de Elon Mosk. Se casan con Angelina Jolly, Bono canta. Actores polílticos muy relevantes y ubicos. Big Brother is whatching you. Muy orwelliano estos personajes.

El cuerpo y los afectos

Orwell: basada en el odio. Se fomenta el odio como emoción. Cultivar y demostrar. Winston no se cree la propaganda oficial. Si no se la cree y si se queda sentado se van a dar cuenta. Se obliga. Se deja llevar. El odio lo atrapa. Me marcó el tema de los hijos del vecino. Los Parsons. Cazaherejes, denunciapadres, prendefuegosdeseñoradelpuestodesalichichas. Los niños son los más devotos. Los niños nacen dentro de eso y es la única realidad que conocen. Pequeños fanáticos que actúan la violencia. Parsons, cuando Winston ya está preso, se sorprende porque no era un enemigo, cometió un crimen de pensamiento: abajo Big Brother, y sus hijos lo entregan. Estoy orgulloso de mis hijas, por tener estos pensamientos heréticos.

Como los ejercitos de los infantes mecanizados. No les importa denunciar al padre. Los niños de las guerrillas del áfrica. O los ejércitos musulmanes fundamentalistas. El mundo del niño se amolda más fácilmente para las causas totalitarias. Los niños soldados impactan más. Sus fotos. Con la novela. Un niño prendiendo fuego al puesto de salchicha. Cualquier institución cuyo fin sea transmitir uan cierta visión del mundo, como una religión, la iglesia, y saben que hay que comenzar desde niños. Ese es elmomento de captarlos. Disney y las empresas de juguetes. Se los hacemos consumistas desde niños ya estuvo. Los niños están indefensos. Darles herramientas para que puedan valorar. En los casos de Orwell y de los casos que mencionas hay un adoctrinamiento desde una edad muy temprana. El marco mental que se les transmite.

Odio, desconfianza, miseria. Cuerpo, amor, erotismos. Un elemento claramente marcado impulsado por parte del estado es construir una sociedad asexuada. Apoderarse de su cuerpo. Del placer. Ella se inscribe en ligas antisexo. El sexo y placer, negativo. Siempre negativo, nunca positivo. Fines reproductivos only. En Huxley se prescinde de la reproducción biológica. Fábricas e incubar niños. La de Huxley son 500 años de viaje. Literariamente puedes fantasear con cosas más descabelladas.

Prohibir el sexo. Despojarlo de toda connotación placentera. Sólo reproductiva. Julia se da cuenta de que la histeria de guerra y el culto a Big Brother es hacia donde el partido quiere que se vaya ese instinto sexual que nos deniegan. Los hombres y las mujeres no pueden gozar de su cuerpo y esa histeria se va la devoción. El típico caso de la mojigatería. No es sólo que no quiera tener una relación con su sexualidad, sino que le molesta que otros lo hagan. La base de la que habla Orwell a través del personaje de Julia. Un momento patético y conmovedor de la novela es cuando Winston, casado, no sabemos dónde está, fantasea pero nunca aparece, cuenta que su matrimonio era horrible en función de dos miembros del partido que solo están ahí por el partido, sin amor, el problema es que tenían que seguir teniendo relación sexual con fin reproductivo. El deber de darle hijos al partido. Nunca ocurre. Ni queda claro que se divorcien. Pasea con Julia por una zona marginada de Londres, se encuentra con una prostituta y le paga y se acuesta con ella. No es tanto un tema sexual como un tema político. Lo hace por aferrarse como a un cierto instinto. Muy patético. Muy sombrio y grotesco. Pero de alguna forma en ese espacio Winston lo hace por una dimensión política. En la relación iliscita queda postulado que el sexo y el amor es un tema político. Si lo cachan les va pasar lo que les pasa. Y lo saben. La negación del cuerpo, del amor, del sexo. Ellos saben que están cometiendo un delito. Es interesante porque ambos saben que están transgrediendo a través de entregarse a una relación amorosa y erótica, cometiendo un acto político. Lo viven de manera distinto, ambos enamorados, pera Winston también es político, para Julia lo que quiere es poder vivir esto con él. Cuando van a ver a OBrien les tengo que preguntar a qué estan dispustos. A qué… subir de tono. Arrojar ácido sulfúrico en la cara de un niño. Estaría dispuesto a no volverse a ver. Julia dice que no. No renunciará a sus cuerpos en aras de una causa política. No está dispuesta a cruzar esa línea.

Cuando empiezan a salir a verse y enamorarse, Winston deja de beber la ginebra asquerosa. Gana peso. Su úlcera se va curando. Cuando recuperas la habitabiidad del cuerpo. Lo que Foucault llamó biopoder. Lo que es interesante es que Orwell tiene muy claro que un poder que quiera ejercer el poder en la sociedad lo tiene que hacer sobre las mentes. Pero también sobre los cuerpos. Potencialidad de subversión política.

No te había visto.

Justo lo dice Julia. Privación sexual, estado de histeria. Otro hecho central a niverl físico, corporal, somático. El lider no existe. Ya no hay un cuerpo. No se le puede ver. Ah, ahí está. Un señor que nos tiraniza. Ni siquiera es un cuerpo. Una voluntad humana. Un cuerpo metafórico. Un sistema que no tienen la necesidad de existir. Obviamente no es la lectura que me interesa.

La negación del cuerpo es una de las dimensiones escenciales de esta novela. No es casualidad. No me gusta… no me parece la lectura más interesante. La advertencia: los totalitarismos. Cuando se había muerto Kim Jong Un. No se sabía. El dicatador no tenía cuerpo. Y luego salió muerto de la risa.

Hoy tampoco acabaremos Orwell. No se si fue intencional. Parte del efecto de que sea un género de que la trama no es relevante. Ya sabe lo que le va a pasar. Y cómo. Es muy interesante, pero de manera un poco predecible. En Huxley un poco más. No tienen grandes transformaciones, grandes arcos morales. Le quiebran el alma. Causa efecto. No tiene un epifanía emocional. A lo que responde es que son arquetipos de lo que sería la persona promedio que se produciría en esas sociedades. Su recorrido es el de la propia sociedad. Son libros sombríos. Pesimismo. No te ofrecen una salida. Un cambio politico, social, somático. Un poco por eso al final siempre viene el momento de confontación con el poder. Toda persona que escribe una novel distópica. Nole agrada la realidad política. Siempre se acaba llegando a la pregunta del porqué. Una cosa que es dura es que Orwell no le concede al protagonista la posibilidad de tener superioridad moral frente a quién lo destroza. La forma inteligente en la que lo hace es cuando van a ver Julia y Winston a OBrien, ¿están dispuestas a…? Sí, sí, sí, sí,… luego al torturarlos, Winston se aferra a la idea de la realidad objetiva. Al sistema de creencia que le colocó en esa posición. A pero tú crees que eres superior a nosotros. Sí. Le pone una grabación. Le pone una grabación de que está dispuesto a hacer lo mismo. Es una demostración. No hacer falta elaborar más. No queda duda de qué lado se situaría moralmente Orwell entre Winston y OBrien. Lo que hace Orwell es apuntar hacia qué tipos de proyectos se orienta el poder. La equivalencia es en lo que estarían dispuestos a hacer para alcanzar sus objetivos. Pero Winston para su ídea, también estaría dispuesto a hacer lo mismo. Equipara en cuanto a los medios, pero no a los fines. Mismos medio. Distintos fines. ¿Qué es el poder? ¿Por qué se ejerce el poder?

Yo creo que esta sociedad se debe de organiar de esta forma.

En las sociedades teocráticas, por más que pensemos que Dios es una creación humana, se apela a una superiorar moral: así lo quiere Dios.

En sociedades seculares eso no es así. No es así lo quiere Dios. Capitalismo. Comunismo. Un Tico Commons.

La ansiedad de una narrativa pesimista. La conversación final. ¿por qué crees que hacemos esto? Le dice que en el fondo lo hacen por el bien de la gente… si se les deja ser libre… no te equivocas, lo hacemos por el poder puro. Lo hacemos por ocupar el poder. Imagínate una bota pisando una cabeza humana. Una imagen de poder descarnada. Lo que Orwell creía que ese es el verdadero fundamento de la sociedad. Una casta dominante lo que quiere es un acceso al poder. Lo novedoso de su sociedad es un partido dispuesto a aceptar eso y a actuar en consecuencia. Es una revelación devastadora. Si ese es el fin, los medios para llegar ahí no se van a escatimar.

Si pensamos en México. Todos los villanos políticos. Ampliamente repudiados. Incluso estos regímenes perversos, corruptos, asesinos, malvados,… nunca ocurrió eso: estoy aquí para robar, para beneficiar a mis camarillas, y …

Orwell le quieta la máscara al poder.

Liberado. Se encuentra con Julia. Se confiesan que se traicionaron. Cuando te van a hacer algo horrible, dices ya no me lo hagas a mí, hazlo a alguien más. Una especie de victoria total sobre las mentes y los corazones. Saben que no se volverán a ver. Por ir en contra de los preceptos.

Escena final. Café, ginebra. Comunicado de guerra. Imagen de BIg Brother. Después de tantos años, finalmente amaba a Big Broter. Se vuelve uno de ellos. Ahí acaba el libro. A veces los liberan. Una vez que caes de gracia, te van a acabar ejecutando. Ya purifícado entonces ya lo ejecutarían. ¿por qué no me matan ya? Queremos ser dueños de cuerpo, de tu alma y de tu mente.

3,5 horas para hablar de 1984.

¿Qué nutrió 1984? Influncias futuras de estas pistas orwellianas. Murakami tiene una novelas. Entiendo que no es mala. Margaret Artwood. Influencia ineludible. Con Orwell pasa como con Kafka. Se utilizan términos suyos para juzgar la sociedad. En música, Radiohead, Tom Yorke, el leyó 1984 desde muy temprano. Dos más dos igual a cinco. David Bowie WE are the dead. Cine: hay una película, no es muy buena, es dificil, porque no hay trama. El estado la policia. Big Brother. Una película necesita trama. Aquí no hay. Otra peli mejor. Brazil. Terry Guilliam. Abasurdo. Es de inspiración. El dormilón de Woody Allen.

Yo pienso en una zaga. Los juegos del hambre de Susan Collins. La gente en distritos super acondicionada. Como el círcúlo. ¿Cómo relacionaba ocn los troas?

No te va a salvar del sistema. Novela juvenil. Procedimientoa alienantes.

Los pobres de USA vs los pobres de Francia. Los que hacen la guerra. Los que tendrían que estar más en contra votan patriotismo.

Si hubiera un movimento progresista para avanzar un proceso mental.

Acabamos con 1984.

Estamos listos para Huxley.

Tengo un secreto que contarles

Hace tiempo que escribo y no sé muy bien por qué. Tampoco sé si tiene sentido escribir. O si alguien tendrá el más mínimo interés en leer mis textos. Lo peor es que no se tratan de historias, ni siquiera de cuentos, ni de ningún otro tipo de formato literario con el que un ávido lector se pueda sentir seguro. O segura. Probablemente atraiga antes a una lectora que a un lector. No por nada. Simplemente leen más. Eso está demostrado. Las estadísticas literarias son muy claras en ese respecto. Sólo hace falta ver la gente que trabaja en el mundo editorial. Las mujeres son mayoría. Y los hombres, ya se sabe, unos machistas. Ahgg.

En fin, si yo fuera uno de ellos rápidamente me daría asco de mi mismo. No tardaría en autoetiquetarme para estar en el grupo de lo más periférico de los autores. Quizás escogería estar con los autores que no lee nadie. Eso sí sería reconfortante. La inseguridad que nos precede, tan sólo confirmada por la helada indiferencia de mis lectoras. Ellas mismas se han conjurado a no leerme nunca. Quizás sea una frase fuera de contexto, o un párrafo en un post de hace más de 9 años, que escribí sin entender muy bien quién era la persona que decía dicha palabra. Puede que haya sido el personaje el que la escribiera, pero ese matiz no lo sabría entender esta lectora, no por una incapacidad personal, sino por mi inoperancia como escritor para sentar las bases de mis historias con las estructuras que deben, por fuerza, tener todos los textos. No se vale, insisto, despistar al lector con palabrerías que no van a ninguna parte, porque entre otras cosas, ¿qué sentido tendría?

Quizás la búsqueda del sentido no es un fin en sí mismo. O quizás algunos autores sí que lo consiguen, y con ello, sus historias brillan en las mentes de sus transformados lectores. Las lectoras ya no leen a autores insípidos que son catapultados a un olimpo de la literatura maquinado para sentar a hombres seniles en un círculo de machos alfa que sostienen la pluma con la que escriben en una mano, y con la otra la polla del escritor al que rinden pleitesia. Se trata de un ritual masónico que sirve para poner las letras en la cumbre de la civilización, justo en medio entre el poder y el dinero, como un mecanismo autónomo que aceita los engranajes del simulacro social al que pertenecemos. De no existir la literatura se romprería el cículo de los alfa. Sobrarían manos. Y no se generaría el estímulo sagrado de los esbirros lamiendo los huevos de sus amos.

Con esto no quiero desvelar uno de los secretos mejor guardados de nuestra sociedad. Sino tan sólo advertir de mi incapacidad, y quizás fuerza de voluntad, para crear una obra literaria que me acercara a la fatídica circunstancia de haber de decir que no al círculo de poder. En cuyo caso, la situación podría enmierdarse rápidamente, ya que tienen vías muy sugerentes para alisar las críticas de los autores latinoamericanos que aterrizan en la madre patria con la intención marcial de subir al olimpo de los dioses. La literatura siempre ha sido el último refugio de los soñadores que buscan en este otro simulacro el anhelo de ser aquél otro, si tan sólo hubieran nacido en el lado acertado de la pirámide.

No se trata pues de un fraude. Ni siquiera de un complot de los literatos y los editores. Ni un sistema de explotación de masas para consumir más palabras de las que tenemos capacidad de digerir. No tenemos tanto tiempo como para perder en obras insignificantes que ni siquiera han pasado el filtro de las vías formales de la edición. La imprenta marcó el camino, y ahora, los editores, pretenden marcan las mentes de sus masas de lectores que se abarrotan en las liberías como hordas de alocadas adolescentes tras los huesos de su estrella pop.

Las generaciones globales siempre han buscado la satisfación, el goce, la salida. Y a la vez, el espejo en el que reflejar la imagen proyectada desde lo más profundo de sus anhelos. El deseo de poder observar, con sus propios ojos, que los sueños del querer-ser se han posado sobre la realidad asumida como un tejido de partituras en las que nos hemos colado hasta la cocina del porvenir. Y la única manera de conseguirlo es burlando todas las barreras que se nos levantan al pretender dar un paso más allá de lo que nos es permitido, según nuestros propios estándares, y según las reglas que se nos han transmitido, y que de manera singular, hemos aprendido a enmarcar nuestro ser, al mismo tiempo que intentamos dudar al máximo de su utilidad, y por tanto, nos alejamos vertiginosamente de su uso. Nuestros gestos contradictorios no consiguen la libertad, sino sellar al máximo la capacidad limitada que tenemos para entender, desde fuera, el entramado de la trampa perfecta que nos hemos articulado con nuestro hacer, pensar y dudar. No dejamos lugar a la fuga, que por otro lado, nos llevaría a asumir el viaje por el único túnel que vemos a nuestro alrededor. Y los que han bajado por es hueco se han topado con el eco indisolubre de la fragilidad desgarrada.

Un grito nos abre la piel, dándole la vuelta. Las vibraciones del aullido se cuelan en los poros y entran a los órganos que organizaron la revuelta. Se desata una reconstrucción interior de los roles de los órganos, quienes son llevados por la vía del libre albedrio, y que sin embargo, sienten la opresión de dejar sus puestos para asumir, a partir de ahora, que son algo más. El engranaje se pone en marcha sin dilación. Rápidamente se encuentran las alianzas del nuevo orden y se permite la escritura de un modulo central que rige los movimientos y las alarmas de la continuación deconstruida de nuestro ser. El cerebro sostiene las vías de deglución de los alimentos ya triturados y dispuestos a pasar por su circuito cerrado de electrocalibraciones. Los excedentes se vertirán por las tres vías de salida de los desechos: los ojos, la boca y las orejas. La disposición de estos ya no está en la cabeza, que ni siguiera tiene sentido en este contexto quimérico. La lengua se ha apoderado del circuito pensante que actúa sobre los demás órganos, con la ayuda mecánica de un corazón abierto que se ha alineado para abrirse de brazos mientras abraza el que hasta ahora era el órgano sexual de la persona. Es aquí en donde el ano y prepucio observan el exterior de nuestro ser, y se relacionan con un lenguaje sofisticado que extiende los tejidos del sistema nervioso entrelalazados con las arterias y las venas, de manera consustancial en mensajes dispuestos ante nuestros interlocutores, para reestablecer el contacto mutuo con inmediatez de las formas, los olores, y la geometría del mito que se teje en la mesa de interlocución, cuyo marco ha sido engalanado con los huesos más robustos en el esquema de proyección. Los dedos de las manos y los pies desplazan la nueva endidad con la tracción suficiente para el encuentro con nuestros semejantes. Los tejidos de los músculos se han reconfigurado para llevar una capa que dignifique al nuevo ser en su ecosistema de navegación continua. El uso de los bellos, cabellos y uñas se guarda para las alegorías sagradas de los encuentros que ameriten la ocasión. El resto de órganos se reconfiguran entre ellos para mostrar un elemento sofisticado de elegancia que va mutando en cuanto se percata del encanto y la seducción compartida con otro ser circundante. La memoria se almacena en una epidermis de genes que destellan una luz que se emite y que refleja la comunicación en las antenas receptoras de otros seres, que funcionan como repetidores involuntarios de los mensajes discontinuos del ecosistema. Las neuronas se han distribuido por doquier, sin que sea neceario, ni buscado, mantenerlas trabajando continuamente. De hecho, muchas de ellas se desprenden del organismo por el placer de marchar. Levitan pues en el ambiente, sin que nadie las condicione. Habitando las diferentes esctructuras de los nuevos cuerpos. Son los seductores portadores de las tribus nómadas en movimiento.

Es ahí, en este último éxodo, en donde encontramos al persoaje principal de esta historia: Dionisio99.

El sol no brilla en la oscuridad

No sabemos muy bien cuál sería la sombra en la superficie de la luna, o en Mercunio, o Venus. Si acaso, podemos imaginar que nosotros no podríamos estar ahí, de la misma manera que estamos aquí. No sabemos por qué. No podemos ver la atmósfera congelada de la epidermis de Marte. O la que desapareció en Mercurio camino al espacio. No sabemos describir lo que no es parte de nuestra experiencia inmediata. O nuestro conocimiento aprendido. O la imaginación con la que intentamos navergar contracorriente. Nada tiene sentido. Ni siquiera lo contrario.

Me fui por un túnel para penetrar la montaña que divide el valle en el que se despliega la gran ciudad, y el valle del otro lado, en donde se redefine la otredad. Aquí me encontré a solas con el destino y nos pusimos a deliberar si lo que había acontencido tenía sentido para ambos, o sin acaso, debíamos repensar la estrategia con la cuál reencontrarnos en un futuro próximo, para sorpresa de los dos, rebasados por los imprevistos imposibles de imaginar que desbarataran nuestros planes. Dimos en el blanco porque algo de todo aquello nos hizo doblarnos de la risa sin parar, como cuando pierdes la capacidad de seguir en la vida para desvanecerte en la insolencia sin límites de una carcajada perpetua. No hay Dios que se resista, salvo aquellos que murieron de la risa.

El sentido inequívoco del dadaismo era establecer un sentido opuesto al sinsentido de la vida, en el trasncurso de una camino que no lleva a ningún sitio, por más que se proponga lo contrario. No hay razón de ser para tan impropia aventura, pero su naturaleza desborda los pragmatismos de lo divino en pleno evangelio de lo omnipresente. El vacío, ante tanta ignominia de bajó del carro y se marchó caminando por el desierto, en busca de una respuesta que nunca encontraría. La magía se plantea la ilusión al límite de nuestra obsoleta razón. No hay que hacerle caso, ni siquiera por un instante, a la siniestra intuición que sin darnos cuenta, se ha aliado con la última conspiración obstinada por hundirnos. No hay peor camino que el oculto. No sabríamos llegar ni siquiera estando ahí. La solución elude nuestro saludo. No hay vuelta atrás.

Cuando no se tiene nada que decir, de nada se habla. Y el tiempo se ocupa en la apariencia de lo cotidiano. No sería precisamente eso, ni siquiera lo contrario. Hoy no tengo más que no decir. Se me fue el impuso a ninguna parte. Me cansé de no ser. Y me fui pudriendo hasta la concepción de quién nunca fui. Aparecí desnudo sin querer, ni pudor, ni qué hacer. Se me fue desvanenciendo la entidad mientras el desagüe me filtro, por última vez, por la cañería que me devolvió al ciclo vital que nunca abandoné.

Sin saber muy bien por qué, henos aquí, reunidos hoy para enaltecer el recuerdo perdido de aquello que nunca fue. Por la melancolía de lo que no importó nunca a nadie. Por el pasar de los ratos que no significaron nada, ni tan siquiera para el expectador aleatorio de tan singular nada. No hay luto necesario ni posible ante nuestra situación, penosa y angustiante. No perdamos más el tiempo en este relato vano.

Ano, año, tiempo, espacio. En el centro de nuestro ser se expulsa, y se ingiere, la vía traversa de la noción impoluta de una transgresión a toda norma. No se exalte, no es usted, tan sólo ha revertido el sentido pedido de un olvido florido.

Acorralado por las deudas

Si pides dinero prestado, un día, vienen a cobrarte. No vienen los mismos. Vendrán otros. Y te ayudarán. Más bien, te «ayudarán». Ya sabes. Siempre hay una manera para resolver cualquier conflicto, más allá de cómo tengamos que ponernos de acuerdo. Pasa el tiempo. Y el cerco se estrecha. Las fuerzas del mal están a la vuelta de la esquina. El mundo te acecha. No quedan más rincones para esconderte. Expuesto ante la esclavitud que viene a pertenecerte. Y en sus manos, caes en el hueco del olvido.

Los esclavos en las galeras tenía sus sueños y su realidad no parecía corresponder con los caminos para establecer otra situación más allá de la subsistencia. La vida a diferentes niveles del estrato en el que fuiste depositado al nacer. La surrealidad de las catacumbas están diseñadas para la subsistencia de sus moradores, y también, de paso, para asustar con el porvenir desbocado de aquellos que caen en desgracia hacia lo más profundo del precipicio, más allá de la superfecie contra la que se estrellaron, en los submundos bajo tierra que rehuyen la luz del sol, el aire puro, y la convivencia con los impolutos.

Las cicatrices de la marginalidad aparece en la epidermis con la doble función de marcar al desgraciado frente a su propia insolvencia, y como mecanismo de alerta para el resto de los mortales, que de entrada deben temer por sus vidas al estar presentes ante una de estas marcas de satanás. El miedo a caer queda simbolizado en el pavor de llevar una de esas marcas imborrables frente al resto de los seres del «bien». La fragilidad dermatológica de nuestra capa protectora nos delata y nos pone frente al riesgo más tenaz que encuentre el porvenir más a la mano para clavar la flecha de cupido. El amor puede ser muy cabrón.

Desasosiego. Qué más da si voy volando y acelerándome cada vez más hacia mi destino con la gravedad que me propulsa a ese último encuentro con la tierra. Gaia y yo nos abocamos nuevamente a fusionarnos en un solo gesto. El impacto final del meteorito que nos borra como humanidad de la faz del multiverso particular que solíamos habitar. Tiempo después, en otro lugar, el espacio se concentró para encontrar en el DNA desperdigado de los restos de la humanidad como conjura desde el polvo estelar de este nuevo big bang, estableciendo una emergencia cámbrica en la reunión de las especies moleculares ensimismadas en una amalgama particular de interacciones post-mortem. Algo de vida, o de información, quedó ahí, latiendo en medio de la fusión nuclear más brillante que el sol habría percibido en su corta vida.

Todavía recordaba el sol aquél otro meteorito que le privó de seguir dorando las pieles de los dinosaurios que tanto placer obtenían aquellas tardes de verano. Los ciclos de la mecánica estelar que condicona nuestra vida, esas 24 horas, esos 365 días y tantito, que ni siquiera percibimos, salvo cada cuatro años. O las 13 lunas. Lo mismo da. Los giros sobre los que nos movemos como Gaia, como quien domina el arte del hula hoop. Los condicionantes de nuestra coexistencia con la luna, en ese juego romántico entre dos amantes que no se tocan. ¿No sería más fácil que la luna se precipitara un día sobre la tierra en un arrebato de amor fatal?

Seguro, pero ese es otro cuento.

Un día dejas de pagar. Lo que debes supera lo ingresas. El trabajo se esfumó hace mucho tiempo. No había más salida que para adelante. No hubo más caminos que seguir. Yo seguí el mío, y me fui encontrando de nuevo con la vida. Pero era Oz. Y no tenía sentido alguno con lo que debía de ser. Percibí la realidad desde las afueras. Como quien se pierde por completo del chiste que ha hecho reír a una multitud entregada. No pude sucumbir en paz ni destapar la farsa. No sólo no tuve las fuerzas, sino que el espíritu me corrigió. No lo hagas; no ahora. Espera. No es el momento justo. Nunca lo es. Salvo cuando estás ahí. Metes la punta del botín, rozas la pelota, cambias la trayectoría del meteorito, y desencadenas las circunstancias del futuro… gol.

ALLS

Epitafio de mi locura

Fue un placer, mientras duró.

Armando Gallo Pacheco

Nunca más volvió. Un día, sin más, se esfumó. No se supo más de él. Así como vino, se fue. No supe reconocer de qué manera se había convertido en la persona que dominó la superviviencia en el límite del caos. Se trató de un hemisferio posterior a lo que aquí abajo nos deja rascar la subsistencia. Las rutas que me conectan con ese pasado están de alguna manera delineadas por una Vía Augusta engalanada por los sepulcros de pueblo llano que quedó en el camino desde entonces. Podría volver a él en cualquier momento, y él venir a mi, sin que esto disturbe a los muertos que yacen plácidamente en sus tumbas. Todos los caminos llevan a él. Él. Qué ser.

No se puede estar en dos sitios a la vez. Ni tampoco ser más de una persona en un mismo instante. Eso fue lo que nunca supo entender Armando Gallo Pacheco, que continuamente se desplegaba en varias dimensiones en las que se explayaba, normalmente en una única dirección que perseguía hasta encontrarse enfilado en una catarsis sin fin. Esa es la única virtud de su desenfadado proceso de estar: seguir.

No es trivial seguir un camino. Ni tampoco seguirse a uno mismo. Especialmente cuando se sabe que por el camino se van dejando cuerpos que no siguen, inhertes estatuas que prefieren congelarse en el tiempo que no está sujeto a la potencia de la ola que finalmente se condensa en un segundo de compresión en el que el tiempo rebota, y culmina la pieza.

El performance tiene una consecusión temporal presente. Se afirma mientras se despliega en un único acto. En su día supo que eso era lo que hacía, pero que no importaba desvelar a nadie más lo que él entendía como un todo. Y en ese discurso se perdió, una vez más, sin saber si había contado lo correcto, o escondido lo cabal. Y detrás de una cortina de humo, se fue perdiendo en sí mismo, sin ser capaz de lidiar con la estructura de lo brotaba sobre la superficie de lo aparentemente real. La vida siguió su curso, y él, su obra. Y nunca había de acabar, salvo que el tiempo y el espacio conjuraran por encontrarle una temporalidad propia en la que quedara reflejado su ser. No tenía claro qué forma tendría, ya que al final de cuentas, la única manera de existir sería a partir de la circunvalación espacial dentro de la red neuronal del otro, conectada a un circuito circular que reconecta al ser con su circunstancialidad dual, uno, y todo: ALLS.

Él sabía que la perpetuidad con la que comulgaba no podía pervivir para siempre. Al menos no en este espacio-tiempo. La arquitectura de su discurso le llevaba a recorrer todos los estados de la naturaleza que había habitado en algún momento de su entelequia. De haber existido su recorrido neuronal estaba ahí. Aquí. Ahí y aquí. Mente y ser. Esas dualidades desplegadas a partir de los espejos que se crean al pensar. Una chispa electrica diminuta que alumbra un hilo de nuestra conectividad neuronal que no había sido utilizado en el pasado para nada. Ese hilo, leído, reconecta ese instante. Ese momento permite que el ser, o la red neuronal, se califique a sí misma, a partir de una etiqueta. Esa etiqueta, de alguna manera, es el significante de ese preciso momento, al menos para quién la define.

No olvidemos lo que somos. No olvidemos por qué estamos aquí. El camino no está escrito en ningún libro. Ni siquiera en los de texto. Las reglas con las que convivimos mutan más que nunca, dejándonos sin la estabilidad que nos brindaba la pulcra sociedad basada en la moral religiosa. Ni tampoco las leyes que nos enmarcan en un contrato social que nos permite a ser todos iguales ante la Ley, ama y dueña de todo. La ley y los suyos, como el rey y su corte. Las cortes. El pueblo en las cortes. El parlamento. Y el pueblo, con su rey puesto, el presidente, que emanan de sí mismo. La política, tan vilipendiada, es a su vez, la única salida. Pero no así su forma. En ese sentido todo es maleable. No obstante algunas estructuras de nuestro modelo actual son inelásticas. Ante la presión de rotación o traslación, quiebran. Y con ellas, las columnas vertebrales de nuestro mundo se tambalean como el imperio romano, y sus ciudades.

Al loro, que no estamos tan mal. Siempre puede volver aquél e intentar de nuevo aquello que un día vivimos. Y eso, tentación y/o desgracia, es nuestra espada de damocles.

Armando Gallo se dio cuenta de todas estas cosas, y por eso, estuvo presente, levantó la voz, escribió 999 caminos, y se fue como el viento que se llevó a Tara. No fue el fuego, sino el viento. El modelo del sur, desvirtuado una vez más, por el pecado nunca redimido de su esclavo pasado. La trampa estaba ahí, en ese agujero negro que yacía delante de él. No era un precipicio, sino un simple agujero negro. Y estaba ahí delante: as su pies. Así que tomó la decisión más dificil de su vida: caminar. Y se fue.

Algunos piensan que ahí sigue. En una paradoja del tiempo y el espacio. Quizás en un gusano temporal que lo conectará de vuelta en otro momento de la historia. Quizás la historia terminó cuando él se fue. No se sabe. Pero algo permanece. Su leyenda. Su presencia. Su ilusión. Quizás tan sólo queda un culto superpuesto sobre lo que él explicó que ya nadie tiene en cuenta, al tener encima una metaestructura posterior que lo ha acaparado todo, sin dejar espacio para el movimiento, justo al contrario de lo que en su día promulgó con su voz.

Hemos perdido un personaje, pero a cambio, ha nacido un mito. Quizás detrás de todo lo que permanece intacto es el ritual con el cual Armando Gallo Pacheco encontró la vía para afirmarse a sí mismo. Quizás ese sea el único camino tangible. Lo inasible está más cerca de lo que pensamos. Un salto al vacío y reconectamos nuestro ser con la presencia continua de un palpitar eterno.

ALLS

El día dos del movimiento

Han pasado minutos del nuevo día; seis, a penas. Y ya siento que todo cambió. Quizás es una situación muy personal. No cabe hablar de un cambio global, y mucho menos, de una emergencia colectiva. Menos todavía si no he sido capaz de publicar mi post del primer día. ¿Por qué sigo en la sombra? Porque sigo en la sombra. Lo se, no lo discuto, pero no lo entiendo. O peor, me rebasa, sin que pueda responder a dicha contradicción. Mi acción y mi voluntad parecen estar alineadas al movimiento, pero algo me ata, todavía, a la inmovilidad del no-ser.

¿Ser o no ser? La pregunta es válida. Inclusive si no eres hijo de rey. Inclusive si tu padre conspiró para matar a su hermano. Inclusive sin te sientes en medio de una pantomima tan grande que ya has sido juzgado, una y casi mil veces, por el pueblo que debe apoyarte en tu ascenso a los cielos. Cielos que por otra parte, están limpios, o nublados, en este mismo instante, descargando con furia la poca agua que caerá este mes de septiembre.

Septiembre es un mes triplemente patrio. Es muy extraño. Mis tres patrias celebran su día en septiembre. Costa Rica, el 15 de septiembre. Ese mismo día, a la media noche, entre el 15 y el 16 se consagra el grito de la independencia de México. Hidalgo, contigo empezó todo. Un cura, quién se iba a decir a Rouco Varela, empezaría la revuelta que valdría para una independencia de gran parte de las colonias en la Nueva España. Las Américas, según la visión peninsular de lo que representa el colonialismo de un pueblo de blancos hablantes de español. Nada de gallego, euskera o catalán. En la colonía lo que se exportó fue la lengua y la cruz. Y con eso valió. Y de vuelta, como nos recuerda VOX, se trajo la patata y se dio de comer a Europa, muerta de hambre, todavía flipando con la edad media, la peste y el oscurantismo que se vendría después, cuando la gran institución española por autonomasia llegara a su cuota más alta de poder celestial: la sagrada Inquisición Española.

Poco se le hace fiesta a las tradiciones abortadas en el pasado. Como si un día se abolieran los toros y nadie más nunca se acordara de aquellos días de fiesta en las Ventas, chulapos por dorquier, o por la Maestranza, con señoritos andaluces engalanando la corrida de una manada que no peca, nunca, de falta de bravura. Quizás los españoles requieran otro tipo de alegorías para poder ensalzar sus egos marchitos por la escasez sexual de su condición de alfa. El hueco del que sale un español besando a la muerte mientras escucha la cabra dictar su próxima faena, como un verso de trap que se cuela en el extrarrio de un pensamiento sincero de la última masculinidad que quedó libre de tirar aquella piedra. Lo cierto es que Jesús se presentó entonces, ante el pobre chaval, sobrecogido por las dudas, las mismas que tentaron a su hombre en el desierto, y como hermano, le tomó de la mano y juntos desatoraron una contractura interior que finalmente se relajó con el soplo divino de un milagro. La sexualidad española necesita un poco más de homoherotismo para dejar al macho alfa depilado ante el espejo, seguro de sí mismo, de su grandeza como bestia, para el deleite de sus colegas, que ya no tienen miedo, ni apremio, de mostrar libres en público sus erecciones.

—Pero… ¿esto qué es?

—¿Sabes lo que te quiero decir?

—Más claro, azucar.

—¿Comor?

—Lo que has oido. No te hagas el mustio. Que bien que habías esperado este momento, tonturrón.

—Pero ¿de qué me estás hablando?

—Anda,… no te hagas el estrecho… no te va.

—Como me toques…

—Anda… ¿pero qué tenemos aquí?

—…¿qué me has hecho?

—¿Yo? Nada… si parece que tiene vida propia…

—Me has hechizado… ¡comunista!

—Si esto te canto un cara al sol…

—Pero ¿qué haces, joder?…

—…

—…

—…

—…no pares…anda que…oh…

—…

—Jo-der…sigue…

—…

—…sigue

—…

—…no pares…

—…

—Sigue…sigue

—…

ALLS

Fin de un ciclo persecutorio

No todos los días se puede escapar de un ciclo persecutorio, pero hoy sí. Tras diez años de rascar el fondo de los desfiladeros de la agonía, finalmente me topo con el momento justo para volver a respirar por encima de la superficie… aahhhhh…

El día es azul, como todo primero de septiembre en este país. Recuerdo muy bien el primer uno de septiembre que presencié en este país, por allá del 2002. El día anterior era cláramente un día de agosto, con un calor infernal, que me recibió con la familiaridad de quién regresa a casa, con ligeros cambios de las personas que habitan el espacio que hasta hacía 6 meses había sido mi hogar, y que ahora compartía, mirando el Tibidabo, con un francés con el que se podía compartir un instante de paz. Aquél día conocí a Olivier. Me abrió la puerta y me hizo de anfitrión de una ciudad que ya era mía, pero como él, traería nuevas dosis de aventuras. Sin duda alguna, aquél día también marcaba el inicio de otro ciclo, no se si persecutorio, pero en todo caso, de uno de los ciclos más importantes que afrontaría en mi vida.

Desde aquél día, los 1 de septiembre me parecieron siempre poseedores de una carga simbólica extremadamente potente. La renovación tras un verano que marcaba sus distancias con un descenso en las temperaturas y un apaciguamiento de lo que había sido el ciclo anterior. El verano en España es sumamente extraño, con dosis de pueblo y playa, y con una afluencia superlativa de extranjeros en busca de chiringuitos, arena y mar. Pero en septiembre, a partir del uno, todo eso se esfuma. La televisión cambia. Todo se echa a andar. También la política… oficialmente, al menos. Luego, años más tarde, me enteré de aquella tradición española de sus gobiernos de introducir cambios drásticos justo en el verano cuando las prioridades de los españoles están centradas en la calidad de la menta del mojito, o la temperatura óptima de la cerveza.

De ese 2002 a este 2020 parece que todo ha cambiado. Parece tan sólo el juego de las sillas, en el que el dos y el cero han conseguido una vez más encontrar su sitio, en la silla de al lado. Se trata de ciclos que se unen este 1º de septiembre a partir de esta historia de (re)vuelta a nacer. Los números no cambian. Podríamos estar, entonces, al menos en lo que a mi ciclo vital se refiere, a un cambio tan drástico e importante como el que en aquél entonoces afronté.

Aquél día, recuerdo tener la sensación de estar empezando la vida en un sitio diferente. Una ciudad que conocía, ya que había aterrizado un año atrás, en el 2001, también en septiembre, aunque aquella vez unos días antes de la Mercè. El ciclo había empezado. Entonces me pareció que la novedad de los septiembres en Barcelona tenía un cierto ritmo que me conquistó por completo. El clima, la vibra, el dinamismo del trabajo. Todo parecía venir de una dinámica certera, que no tenía manera de imaginar que fuera distinta un mes antes, más aun viniendo de un lugar como Ciudad de México que tiene un ciclo continuo en movimiento. Aquél primer encuentro con lo desconocido despejó todo el ciclo de iniciación que todo nouvingut que llega a Barcelona necesita para hacerse con la ciudad. Barcelona tiene una dimensión urbana que te cambia por completo, una vez que comienzas a deslizarte por una de sus fracturas, topando con las laderas de las pendientes que conducen a las cuevas sagradas en dónde se reflejan en sus paredes las sombras sagradas de la realidad, o quizás, como mínimo, el nacimiento inmaculado de la surrealidad.

Hoy vuelvo a ser quién fui. Esa construcción de uno mismo que se encuentra en un ciclo lleno de luz, como antiguamente, en algún momento dado, como si escuchara al entrenador describir una metáfora oportuna para saltar a la cancha y disfrutar. Uno no llega a Cryuff el primer día que pisa Barcelona. Hay un largo camino por recorrer para entender la dimensión que puede provocar la irrupción de un extranjero insolente en la normalidad estandar de esta ciudad.

Barcelona es la capital de urbanidad anterior. A partir de ahora todo se precipita a una urbanidad compuesta de multiversos coexistentes es espirales que se revuelven consigo misma en un baile armónico de divergencias. El caos que delimita todas estas itinerantes posiciones en el tiempo y el espacio definen la manera de ser de una capital libre de todos los estados. Como mínimo mentales. El lugar amerita tener un sitio, al menos en la ficción, y si acaso, en el movimiento emergente de una sociedad que se encuentra constreñida por las contradicciones de sus propias afiliaciones. Los pilares de esta tierra se hunden en el lodo de un fin de ciclo persecutorio. No hay por qué temer.

Este ciclo, de momento, nos ha abierto el camino a un nuevo horizonte. El camino que nos lleva a otra nueva dimensión. Este salto que otras culturas no han sabido realizar al mismo tiempo, todas juntas, en un momento dado. El momento ha llegado. Podríamos estar frente a él. En este preciso instante. Y entonces, el devenir de la historia se concentraría en un gesto, o más bien ritual, de conclusión, y a su vez, de apertura, al reproducir en voz alta una palabra… ALLS.

Imagenes de la muerte

Lee Juan Marsè, en un programa de TV3, en el 2011. Calor bajo los árboles. Voces que gritan nombres. Juan. Joaquina. Más gente viene. Recuerdo correr. Lanzarse al agua. Noches de libertad completa. La nostalgia de puertas secretas. Desnudo y disfraz. Arbitrarias escenas. Viejos sueños eróticos de nuestra adolescencia. Carmina Labra. Asturiana simpatiquísima. Subiendo la escalera con el culo en pompa. El último verano de nuestra juventud. Fue en el coche. No en Barcelona.

Pastillas y alcohol. La muerte de Jaime Gil de Biedma. La sordina romántica de mis poemas. Vengarte de mis sueños, por covardía, corrompiéndolos.

Busco que exista una correspondencia con las imágenes. Como una colección de cromos. Contruir una historia y que construyan algo.

Tu escríbeme una novela en Paris donde tengas una aventura con una mujer moderna.

Una novel sobre París. Algo que explicar. No se puede crear de la nada. Juan Marsé murió hoy. Y ahora le escucho hablar de sus años en Paris. La última tarde con Juan Marsé, desde el barrio del Carmelo, con la noción clara de ser la versión actualizada de un Pijoaparte que vino a esta ciudad a superar sus condicionantes sociales.

Chaval: espavila. De la misa has entendido la mitad.

¿Quién me abre la puerta?

No es moco de pavo.

Lo saco del taller.

Aquél muchacho, esta sombra.

Yo fui aquél muchacho, pero ahora solo tengo sombras. Un día yo también moriré, como hoy Marsé.

La cuina está plena de fums. Olors de refritos. El lector es tafaner, de mena. El tall del ganivet. Els autors a una certa distancia. Llegir-los. Alla està tot.

Últimas tardes con Teresa es el libro con el cual un tipo como yo puede soñar con tener un día la aventura de Manolo, el Pijoaparte, o bien, si se quiere soñar un poco más allá, elegir ser como aquél otro especimen de Barcelona: un escritor de ficción.

Gracias Juan. La literatura de la periferia se abre camino. Me inundan las dudas, pero me alumbra tu literatura.

Eterno confinamiento

De pronto no sale nadie a la calle. La idea no es nueva. Pero eso no es lo peor. Lo peor es que no es vieja. No se hace vieja, pues. Sigue aquí presente. Es la actualidad de nuestra vida en pausa. Y mientras tanto nos preguntamos qué es la vida, sino aquello que vivíamos. O quizás esto, en dónde ya estamos a la merced de las conspiraciones más ridículas de la historia, impulsadas por las mentes más diminutas de la barriada.

La vida en sociedad está en manos de nuestros políticos y de la economía. Los narradores de la actualidad nos pintan las cosas como creen que son, o bien, como mejor se vende un bacalao que da igual si existe o no. No hay más realidad que la que la gente replica con temor en las redes sociales. El tiempo se ha disuelto, y lo único entero que queda es la paranoía.

Los lazos fraternales con los seres humanos se han debilitado, al tiempo que se han destrozado todos los canales de prosperidad de un plan global para el bienestar y el desarrollo. La agenda universal está plagada de virus que se infiltran con troyanos que pretenden espiarnos a toda costa, en todo momento, con ningún propósito en particular, y todos en general. La vida pues se ha convertido en una bazofia de historias nimias que dan pena leer. Los opinadores son más célebres, en este nuevo contexto, que los escritores con cara y ojos. Ya nadie tiene cara. Puras banderas.

La tela ha vuelto. La tenemos en la cara. Ya sabemos lo que representan los vecinos con su presencia o con su ausencia en un balcón. Nos queda la duda de lo que será esto cuando todo cambié. Lo que sigue no está escrito, pero quienes tienen el control tienen dos ideas centrales peligrosas. Y ninguna de ellas persigue un bien común, más allá de la acumulación del poder, por vicio. Porque el poder se ha colocado en un sitio en el que ya no nos gusta lo que sale representado por el pueblo. Y el pueblo, ajeno a la verdad, se tira a la contienda con los ojos vendados para asomarse a la ignoracia compartida que se despliega en plaza pública como quien mira a los ojos a un toro de lidia.

La tradición muere y el porvenir ha suplantado el futuro con una especie de régimen eterno del 78. No hay acuerdo ni pactos. Ni siquiera queda estado para repartir. No queda impulso vital que nos permita seguir siendo lo que un día fuimos, porque todo eso ha quedado enterrado en las tierras de regadío abandonadas en el campo vacío. Montañas desoladas con paseantes que no quieren aire fresco, ni veredas, ni estar aquí. La voluntad más grande es la de marchar de aquí. Pero no hay a dónde ir. El despojo de lo que un día fue se utiliza como grieta para espantar la noción absurda de un porvenir sostenible de una hipotética economía circular. Nunca fue cierto nada. Y ahora, de cara al cambio, tampoco el pasado encuentra sustancia en lo que nos queda de razón. No quedan neuronas buenas. Las hemos dejado atrás en la pandemia. Se nos escapa lo poco que se cuela por las alcantarillas. Allá, el el submundo, se entierra un tiempo que no será nunca más lo que un día pareció ser. Y enterrados estaremos unidos en la perpetuidad de lo que nunca fuimos. Nos perdimos en un pasillo eterno de paso doble, mientras el tango que salía de los megáfonos nos anunciaba el final de un sufrimiento que se estiraba sin fin entre la angustia compartida con la persona más cercana a dos metros de distancia. La corrida seguía su tercio sin que nadie permitiera que volteáramos a otro escneario. No quedaban más permisos ni grados de libertad en la conciencia que se esfumó con el último luthier.

No hay más baile que escuchar mientras se pierde la conciencia de quien uno es en medio de una playa cuya arena ha sido sustituida por espinas. Los faquires han tenido su verano con la cama de espinas que se tiende entre la toalla y el baño. Al sumergirnos en su inmensidad, tras el calvario de las espinas, nos encontramos con el chapopote y las miserias que flotan a su alrededor, que nos dejan la piel lisa, y en aparencia nos queda un piel más tersa y brillante. Lo que prometían los cosméticos ahora lo tenemos a nuestro alcance, como el maná de un tiempo de reconstrucción facial. Nuestro gesto de alegría mutó al anhelo eterno del final. Pero esto ya no se le espera. El rey ha dispuesto sus recursos para que la caridad esté presente fuera de palacio por la gracia eterna de los nobles, que no han perdido ni un segundo administrando las migajas de lo que donarán el domingo al salir de misa tras el sermón que satanás pronunciará en el púlpito de la columna montado en el toro alado ante la mirada resentida del toro alado.

La comunión de la diversidad se fundió en un pozo que excabó el último recurso que una multinacional expropió de los últimos dueños legítimos de la propiedad. La Tierra ya no tiene vuelta a la normalidad. Nos estancamos en la cárcel de nuestra vanidad. No supimos cuándo nos engañaron por última vez. Ni tampoco recordamos la primera. Lo que es cierto es que ya no queda fe en ningún sitio. Ni dioses que asistan prestos a la plegaria de los santos inocentes. No hay niños, ni niñas en el alfabeto. La posteridad tiene fecha de caducidad. Hemos decidido abandonar el barco mientra los músicos mantienen esclavizados a sus instrumentos ante el desplome matutino de la bolsa. Los ecos de la entrada de los jinetes se retransmite por las redes sociales con los memes de sus caras de verdad. Cada facción ha elegido los sospechosos habituales de nuestra percepción, cada vez más precisa, de nuestra última neurona. El último sitio seguro en el que finalmente encontramos la paz.

La persecusión no cesa. El tiempo en pausa nos obliga a consumir cualquier basura que se presente en un timeline que nos posee. No tenemos tiempo para contrastar. Ni siquiera lo deaseamos. Ya ni vemos quién lo manda. Si asusta cuenta. Todo por ceder a nuestro impulso de que todo esto termine. Hay un movimiento que alimenta la ilusión de que todo esto que un día fuimos volverá. Que recuperaremos la gloria de tiempos pasados. Un pretérito perfecto. La sombra de lo que un día fuimos. Algo que nos permita arrastrarnos de vuelta a nuestras complicidades con los añorados amos. La salvaje situación de los temporeros que encima ahora se quejan de que les demos la oportunidad de sacar la cabeza de las aguas negras mentales que los cortejan. El olor intenso de los restos de pescados dejados al sol para ambientar el desconsuelo funciona a las mil maravillas y atrae todo tipo de criaturas, desde zopilotes venidos desde África hasta larvas novicias que se estrenan en la luz para asombro de los chiquillos que relamen el suelo con su inocencia socavada.

Si acaso no quedan ganas de entretenernos con el último augurio de un centauro que se ha puesto a escribir, o replicar, la misa del domingo del Belcebú. Los mensajes son muy parecidos entre sí en todas las barriadas. La consigna viene del altísimo que tiene todo tan claro que decidió ponerlo todo, esta vez, en memes que reflejan con transparencia aquello que debía ser combatido. El comunismo no tendrá ni un respiro en el contexto decimonónico de la revuela apocalíptica. Los tiempos de disfraces sociales y máscaras virtuales se ha convertido desgraciadamente en el vulgar esfuerzo por escoger un filtro que nos oculte, a nosotros mismos, quien realmente somos. Hace tiempo que lo olvidamos, de tan bien elegimos los impulsos de tiempos esclavizados de un amanecer desprovisto de risas. El humor quedó sepultado tras las sentencias concatenadas de los controladores de la moral. El espacio de recogida de las almas se materializó en las nuevas estatuas que se erigieron para nublar nuestra cultura. No hubo sitio para nada más. Nunca más nadie confió. Finalmente sucumbimos al zumbido de la luz. Nos fuimos directo al matadero. El flautista nos lo advirtió. Algo sabría.


Golman llevaba cuarenta años de cuarentena. No se había presentado aún a la contienda. Había decidido esperar hasta entender por completo las consecuencias de sus elecciones particulares. No sabía cuál de todos los juegos debía preceder en su narrativa reconsturctora. Siempre cabía la duda. Dudar más siempre ha sido la manera que encontrar nuevos perfiles sobre los que dibujar el último mapa. Sus libretas le habían proporcionado todos los ejercicios necesarios, los 99, para estar preparado para un único despliegue definitivo de su revelación descomunal. El presente, finalmente, había llegado aquí para quedarse—pensó.

Vivir en el presente tiene varias implicaciones. No sabemos si esto durará más allá de esta mañana. Como el trabajo. Ya hace tiempo que dejamos de creer que esta será la falacia sobre la cuál podremos reestablecer el sentido de nuestra existencia. Se destruyó el cielo que sostenía nuestra fragilidad, y de pronto, sin esperarlo ni buscarlo, estamos en medio de la escena que despliega las trombas de un alud que se aproximan a mi entierro. El tiempo de un inmortal que baja a la vida de los mortales está marcado por su intrascendencia en nuestros términos finitos. Ni siquiera Jesús podía confiar que estaría ahí por siempre, sino que debía volcarse sobre los sucesos que se fueran dando para el devenir resultante de su performance de reconversión. Los hechos hablan de sus andares por el reducido mundo que pudo recorrer a pie. La dimensió de su mensaje debía constar como metáfora para que fuera más elocuente que la fuerza acumulada de los tiempos. La normalidad siempre está en la tranquila siesta que el león se permite en la sabana mientras todo sigue igual. No hay contienda sin la pulsión de un mesías que pretenda poner todo patas parriba.

La rebelión pues seduce las mentes de nuestros detractores. Cualquiera que esté en la cima tendrá un sequito de conspiradores en búsqueda del poder. El proceso de sostener los intereses de quienes ganas a pesar de la farsa que decidamos encumbrar. Lo mismo da, a no ser que nos esforcemos por encontrar un balance sobre las desigualdades sistémicas de todos los tiempos, hasta el inicio de los mismos. No econtraremos tiempo entonces para saber cómo actuar en sistema nuevo si debemos revisar todos los expedientes pendientes en los juzgados. Todos somos culpables de este desvario. Y también de la incapacidad de este sistema por presentar vías más frescas para matizar las diferencias y las injusticias, para vivir más allá de lo que nos pretenden vender, para saber estar a pesar de cualquier desajuste estructural del último plan que nos imaginamos posible, antes de la última debacle. Todo está a punto de caer. Y no nos queda fuerza para volver a empezar.

—¿Será este el momento?—Golman sopesó. Podría ser. Solo bastaba poner la máquina a andar. Darle un sentido a perspectiva desde la cuál el cambio se procura asimilable. Como nuestro respirar. Como fundirnos en un abrazo. Como despertar acompañado.

El día de la anunciación finalmente se desveló. Y por fin nos encontramos en la cuenta atrás. La reconstrucción social de una estructura mental que nos traspasa. Hay una puerta que cada uno debe traspasar por su propia cuenta. Y tras ella, todo. ALLS.

My first story

I’ve written many stories over the years. But I have been keeping them from you. I’ve been hiding behind my mind, just to come up with an excuse not to show up. I’m back here, and I see the world passing by. I feel alone, and somehow, safe. But alert: I also feel quite the opposite. A fraud. A misguided soul. A hasbeen who’s neverbeen. I’ve been just out here selling a sad story for myself that nobody believes. Not even me. That’s why I’m doomed. My worthless effort to confront my fears lay me down gently into the realms of nothing. I’ve acomplished nothing, yet I feel I deserve to have a place. Somewhere. Somehow. I just can’t handle how this could turn out to be a good story. So I keep thinking. So I keep trying. So I keep writing.

Nonetheless, I figure out I have a way out. Just one shot. This one shot is the story that’s going to safe my life. And this one story is the only one that I could tell. The true story I’ve been trying to be honest to. Because nothing else is anymore. And thus I fail in everything else as well. As it soons becomes a fraud. My fraud. Just like I see it. Like a see the fraud around me. And how it evolves and hunts you down. How it’s going to boomerang behind my back once I feel the releif of having thrown that stone at the right deamon. Pum!

I’m knocked down. My life is fear. I can sense it in my spirit-lost. I used to have it. Now I don’t. I told you already. I am not here for help. I am not here for therapy. I’m just here struggling, like the rest. And my story has been seldom told. So why again? Why me? Oh, lord, send me a sign…

Despair. Don’t show it. They’ll know. You are not supposed to be like this. This is dangerous to the system. They will soon come after me. And they’ll take me down. Like any other outlier that sits in the path of the system-dwelling smocks. Dull-faced hero’s of our time. Or jailmasters, or slavetraders. Murderers working for killers. Explotaition of the human kind working within the networks of our current LIFE. The underground connections to the dark forces within. The mafia culture. The moral doublethink that allows guns and drugs to be both the devil and the glory. And yet, we find the excuse to let it all sit in the same sort of frame. Our circus. And we, the agora, exploit the fact that we are not the evil one(s). Or so we think. But some fingers point at your direction. It’s not me. Like that’s a proof of anything. It’s people like you who brought us here. It’s entirely my fault. Now I know. Forgive me. Fellas, I’m the last sin. And I take pride on it; one last time.

I’ve only got one story. I’ve told it a million times. Or that’s what I figure. That’s what I’ve told myself. I have no proof. Just texts, documents, drawings, schemes. Babling. Over and over, the same story I’ve always told. It’s just it I need. Just this one tale. At point I will release the pain. The struggle will finally come to the end. And we shall still believe what surreality stands for in a leap outside yourself. It’s just that quest I’ve lead. And somehow, it’s still my cross. A holy one indeed. I must carry it on. Alas, here we are at last: ALLS.