El día dos del movimiento

Han pasado minutos del nuevo día; seis, a penas. Y ya siento que todo cambió. Quizás es una situación muy personal. No cabe hablar de un cambio global, y mucho menos, de una emergencia colectiva. Menos todavía si no he sido capaz de publicar mi post del primer día. ¿Por qué sigo en la sombra? Porque sigo en la sombra. Lo se, no lo discuto, pero no lo entiendo. O peor, me rebasa, sin que pueda responder a dicha contradicción. Mi acción y mi voluntad parecen estar alineadas al movimiento, pero algo me ata, todavía, a la inmovilidad del no-ser.

¿Ser o no ser? La pregunta es válida. Inclusive si no eres hijo de rey. Inclusive si tu padre conspiró para matar a su hermano. Inclusive sin te sientes en medio de una pantomima tan grande que ya has sido juzgado, una y casi mil veces, por el pueblo que debe apoyarte en tu ascenso a los cielos. Cielos que por otra parte, están limpios, o nublados, en este mismo instante, descargando con furia la poca agua que caerá este mes de septiembre.

Septiembre es un mes triplemente patrio. Es muy extraño. Mis tres patrias celebran su día en septiembre. Costa Rica, el 15 de septiembre. Ese mismo día, a la media noche, entre el 15 y el 16 se consagra el grito de la independencia de México. Hidalgo, contigo empezó todo. Un cura, quién se iba a decir a Rouco Varela, empezaría la revuelta que valdría para una independencia de gran parte de las colonias en la Nueva España. Las Américas, según la visión peninsular de lo que representa el colonialismo de un pueblo de blancos hablantes de español. Nada de gallego, euskera o catalán. En la colonía lo que se exportó fue la lengua y la cruz. Y con eso valió. Y de vuelta, como nos recuerda VOX, se trajo la patata y se dio de comer a Europa, muerta de hambre, todavía flipando con la edad media, la peste y el oscurantismo que se vendría después, cuando la gran institución española por autonomasia llegara a su cuota más alta de poder celestial: la sagrada Inquisición Española.

Poco se le hace fiesta a las tradiciones abortadas en el pasado. Como si un día se abolieran los toros y nadie más nunca se acordara de aquellos días de fiesta en las Ventas, chulapos por dorquier, o por la Maestranza, con señoritos andaluces engalanando la corrida de una manada que no peca, nunca, de falta de bravura. Quizás los españoles requieran otro tipo de alegorías para poder ensalzar sus egos marchitos por la escasez sexual de su condición de alfa. El hueco del que sale un español besando a la muerte mientras escucha la cabra dictar su próxima faena, como un verso de trap que se cuela en el extrarrio de un pensamiento sincero de la última masculinidad que quedó libre de tirar aquella piedra. Lo cierto es que Jesús se presentó entonces, ante el pobre chaval, sobrecogido por las dudas, las mismas que tentaron a su hombre en el desierto, y como hermano, le tomó de la mano y juntos desatoraron una contractura interior que finalmente se relajó con el soplo divino de un milagro. La sexualidad española necesita un poco más de homoherotismo para dejar al macho alfa depilado ante el espejo, seguro de sí mismo, de su grandeza como bestia, para el deleite de sus colegas, que ya no tienen miedo, ni apremio, de mostrar libres en público sus erecciones.

—Pero… ¿esto qué es?

—¿Sabes lo que te quiero decir?

—Más claro, azucar.

—¿Comor?

—Lo que has oido. No te hagas el mustio. Que bien que habías esperado este momento, tonturrón.

—Pero ¿de qué me estás hablando?

—Anda,… no te hagas el estrecho… no te va.

—Como me toques…

—Anda… ¿pero qué tenemos aquí?

—…¿qué me has hecho?

—¿Yo? Nada… si parece que tiene vida propia…

—Me has hechizado… ¡comunista!

—Si esto te canto un cara al sol…

—Pero ¿qué haces, joder?…

—…

—…

—…

—…no pares…anda que…oh…

—…

—Jo-der…sigue…

—…

—…sigue

—…

—…no pares…

—…

—Sigue…sigue

—…

ALLS

Mi primera obra en euskera: Golman, papá.

Pasar la noche aquí es mi camino. Que follen a Santiago. Esta es la nueva palabra. Escuchad nuestro último evangelio. Una especie de tercer tiempo de nuestros dos libros sagrados: antiguo testamento y nuevo testamento. Escuchad con atención el NEW testamento.

Yo solo voy aprender a decir estas 99 palabras en euskera. Serán las 99 de Golman Elizondo Pacheco, el último hijo pródigo en volver al pueblo.

Perdonad si me enfilo con una historia que no venga al cuento. Me llamo Golman Elizondo Pacheco, y he vuelto a casa.

Arriba Aurrera.

Es un chiste con doble sentido. Casi todo lo que os voy a contar tiene, al menos, dos sentidos. Y a lo más nueve. Nou, como decimos en mi/nuestra NEW capital: New Barcino.

Sabía que nuestro pueblo requería de mis servicios y por eso he vuelto. Para regresar con la familia que se fue. Y todas nuestras historias. Les estamos en deuda. Somos quienes somos gracias a lo que aquí, en estos montes y estos valles, aprendimos a vivir en simbiosis con la naturaleza, con la noción del valle que sólo los que habitan uno saben interpretar respecto aquellos otros que viven en la montaña.

Son opciones. Alternativas de vida. Maneras de ver la existencia y las posibilidades que nos da para autoreconstruirnos. Eso que nosotros tantas, y tan pocas veces, hemos hecho ya a lo largo de la historia de nuestras familias: las que nos fuimos, y las que nos/os quedastéis.

Bienvenido sea el encontrar de nuestros dos polos. Nuestra dualidad sagrada: New Spain.

En la meseta central este chiste no se va a entender. Ni estas risas. Dejadles ser centralidad. Lo grande y uno tiene su gracia como lema de país. Sólo que no es el nuestro. Y no aguantan que les digan eso. Eso es lo que nunca entenderá alguien que interpreta que la montaña es Sierra Nevada. Y nada más.

Los pueblos libres se autodefinen 99 veces al día. Ni una más, ni una menos.

¿Querías una nueva narrativa?

99 tasas.

Mearos en 8 apellidos vascos porque yo con uno solo, de aquí, nuestro pueblo sagrado, capital de todos los valles, centralidad de todas las montañas, Elizondo les espera para reestablecer el control de tu insípida existencia, hijueputa.

Mae, todo tuanis……… hasta esa última palabra. Acá, por alguna extraña razón no se entendió.

Señores, y sólo señores, en nueve sitios distintos del pueblo, como normalmente se reunen en comunidad ante un evento en el espacio público, en el que esta vez, se topan con un nouvingut: Golman Elizondo Pacheco. Servidor.

Vea, yo vengo de un valle más allá. Es otra centralidad trascendental para lo que vendrá a ser el nuevo modelo. La última sociedad. El despertar de los hombres libres del machismo, y las mujeres que lo celebran, en otros planos, dedicados únicamente a escucharlas a ellas. Sin que ellos tengan acceso.

El mundo nuevo sin machos.

Lo que decidimos dejar atrás.

En algún momento nuestra reconciliación será porque abremos domado a los subnormales.

Los nuestros.

Nuestra propia purga.

Asumir tu subnormalidad superior.

La que cada uno enarbola.

Sin poder escapar.

A nuestra innata estupidez: la proyección de nuestro torpe mal.

Mejor mandar en el Infierno que servir en el cielo.

La dualidad entre los ganadores y los malvivientes.

¿Acaso no es ese el debate?

Tú ya tienes un juicio sesgado del otro. De tu propio vecino.

Cada personaje del pueblo vuelve a ver a su vecino. Y lo (re)conoce. Le hace un gesto. Un aplauso. O un silbido que cruza el pueblo sabiendo. Sin temor. Como el canto de un pájaro local, que si hubiera querido ser nomás el poeta local habría apostado por el tucán, por primera vez aquí en estas coordenadas. Tan nuestras. Tan bien paridas. Joder, que somos la capital de un valle cojonudo. Que tiene la humildad de saberse bendecido por la astucia de los primeros colonizadores que llegaron a los alrededores, pasando por nuestras montañas sagradas, y llegando, río abajo, a la plaza central de un valle como el nuestro. O como uno del Ajusco. O de Valle de Bravo. Donde yo vi las estrellas. Algo mágico: como esto.

Pasar la noche aquí es mi camino. Que follen a Santiago. Esta es la nueva palabra. Escuchad nuestro último evangelio. Una especie de tercer tiempo de nuestros dos libros sagrados: antiguo testamento y nuevo testamento. Escuchad con atención el NEW testamento.

Insultos sublimes

Corría el año de 2014. El mundial se jugaba en Brasil. Las redes sociales ya habían llegado. Costa Rica no sólo estaba presente, sino que sería protagonista en la contienda. La vida era bella. Como cada cuatro años.

Insultar nunca es un item de los programas de educación. Se enseña lo contrario. A ser respetuoso, inclusive con aquellos que piensan distinto a nosotros. Inclusive cuando se puedan estar refiriendo a uno. O directamente cuando utilizan a tu persona para hacer una metáfora. Un ejemplo común. Siempre es más fácil utilizar una referencia que crear un argumento sin ella. Pega más. Llega más rápido.

Evidentemente esto no es una apología al insulto. O qué cojones… sí lo es. Porque nos encontramos ante el insulto más sublime de todo el milenio. Dos personajes públicos arrancándose el pelo, como si de hermanas Kardashian se tratara, se enfrentan en un coro dialéctico frente a toda una audiencia global. O como mínimo española. Ya se sabe que los españoles entienden que el mundo gira alrededor de ellos. De cada uno. Y de todos juntos. Como si este fuera, todavía, una calavera de Colón, navegando por los mares desconocidos con el alma henchida y la confianza ciega de los patrones: los reyes y las reinas, y por añadidura, y gracias a su enorme fe, de Dios Padre, Nuestro Señor, que controla todo en las alturas; allá donde dichas alturas se ubiquen en el tiempo-espacio surreal.

El surrealismo español es insuperable. Podría competir con aquello que Bretón y Dalí suscribieron respecto a México. Quizás todo viene del mismo origen, si es que podemos descartar que el surrealismo de la Nueva España pudiera recibir influencias locales de los surrealistas indigenas en términos poblacionales, sociodemográficos y artísticos. Pero no se preocupe: nunca un académico se ha posicionado por la cultura previa a la que esta lengua defiende. La cultura, según creen algunos (gran parte) de los españoles, proviene de sus raíces europeas, y de las aportaciones que España, Grande y una, ha hecho a occidente, y sobre todo, a la Iglesia Católica. España se bate a duelo en Europa contra las grandes potencias mundiales: Inglaterra y Francia. No le interesa medirse con nadie más. Con dos vecinos tan poderosos tenemos suficiente en nuestro plato, como para despreciar al vecino del sur, como por corroborar que somos europeos.

Si tenemos una historia común nos sirve para saber cómo os ilustramos. Barbaros. Salvajes. Incultos. Gracias a nuestra empresa, a la Corona, y a la gracia de Dios, sois quien decís ser. Ahora, si os va bien, os presentamos nuestras marcas multinacionales para que sigamos nuestros lazos fraternales de negocios. La vida sigue su curso. Y nuestro cinismo no tiene fronteras. Vamos más allá. Que ahí, estaremos mejor que aquí.

Insultar nunca está bien. Pero llegado un punto en el que no queda alternativa, hay que saber apretar el botón correcto. No por nada. Sino por cultura popular. Y aquí tenemos el ejemplo más sutil de nuestra lengua: Maldini, cómeme los huevos. Es internacional, sabroso, conciso y metafórico. Vemos a un pelón y a un «melenudo» llegar a ese punto de no retorno. Los dos hombres de paz, con carisma y personalidad. Ensalzados por la verborrea flácida de una metáfora inoportuna. O de un juicio fuera de tempo. Como nos sucede a todos. Y ante tal situación: snap. Calentón. Ritmo. Poesía. Cómeme los huevos.

Un canario y un madrileño. Nunca mejor expuesto el centralismo y el extraradio. Rosalía no lo hubiera cantado mejor. Esto es la New Spain. A quién le guste bien. A quién no, ya sabe: cómeme los huevos.