Morir de nuevo

Morir a punto.

Morir y resistir.

Morir de un susto.

Despertar de la muerte.

Apretar: rescate.

Y el cuerpo aguanta.

Revive.

Vivo.

Milagro.

Otra vez.

¿Qué fue eso?

Un aviso.

Un síncope.

Un día así.

Un disgusto.

Una cena demasiado abundante.

Mala elección.

Sobresalto.

Músculo maestro.

Mueca de resistencia.

Respuesta física.

Cortar el sueño.

¿Estás aquí?

Estoy.

A punto.

¿Qué fue eso?

Eso.

Esto.

Aquí.

Otra vez.

Puta madre.

Un día no…

Ni lo digas.

Otra vez.

Moriré.

Ya está.

Es así.

No hay remedio.

Aquello es así.

Para todos.

Para todo Dios.

Para cada uno.

Para bien.

Para mal.

Para no armarla de pedo.

Por cualquier pendejada.

Se nos va la vida.

En un disgusto tonto.

En un suspiro.

Mi último suspiro.

Como Buñuel.

Pero sin obra.

Sin fe.

Con júbilo.

Perdido.

Salvo ese último momento.

Ese final.

Desgraciado.

Vete.

Ven.

Paz.

Fin.

ALLS

McFly vs Biff

Se trata de un tema sensible, y a la vez, de una mentada de madre. Casi todo lo que representa la sociedad se encuentra en este gesto, en estos intérpretes y en esta pequeña historia que estoy a punto de contarles. Es una historia que me toca de cerca, que involucra amigos, y que también, de alguna forma, involucra a némesis. No especialmente a un némesis personal, aunque perfectamente podría ser el caso. Lo único que tengo que asegurarles es que no existen culpables en esa historia. Ni uno. Aunque si existen agresores y agredidos. Víctimas y victimarios. Y quizás eso es lo que más nos cuesta asumir: haber sido una cosa y la otra. Algún día. Alguna vez. Sin entender del todo el daño que pudimos haber ejercido sobre alguien en el pasado. Algo que todavía se puede verbalizar 30 años después al reencontrarnos una vez más en el entorno tóxico de nuestra infancia. Y tras unos jijijís y unos jajajás, de repente, chin… vas y chingas a tu madre.

Una mentada de madre en México no es cualquier cosa. No señores. No. No en México. Es meterse con la madrecita santa, lo único más preciado que la virgencita de Guadalupe. Esto vale para cada mexicano. Especialmente si es bien macho. Aunque no sea mucho. Por ahí no. Podrían haber volado las ofensas más descarandas, la violencia más desgarradora y gratuita, la humillación más vil y montonera, si en cualquier momento de la historia, la víctima se levanta y se le ocurre mentarle la madre al victimario… verga… verga… se para el tiempo. Ahí sí no, papacito. Te pasaste de la verga. La ofensa de los victimarios es de las los problemas más inútiles de nuestra sociedad, y quizás la verdadera pandemia que nos corroe a todos por igual, en un mecanismo interno del cual no podemos desligarnos a no ser que hagamos un ejercicio especial de introspección y de asunción de su autoria.

Aunque no lo parezca esto no es una cuestión de buenos y de malos. Estamos muy ligados a una narrativa en la que existen tan sólo dos bandos y bebemos tomar partido por uno de los lados. La dicotomía de la confrontación nos lleva a escalas insospechadas de victimización de nuestra propia situación, de manera que el ofendido soy yo, como si los dedos de todas las feministas reunidas en el zócalo me estuvieran apuntando hacia mi. Y es así. Yo soy el culpable de esta historia. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por algo somos catálicos. O catélicos, para ser más inclusivo, por fin. O más bien guadalupanes.

No se me vayan a venir encima todavía. Pérenme tantito. Todavía no les acabo de contar ni la primera mordidita de la historia. O podría decir, la primera mordidita de la quesadilla, la más preciada de todas las mordidas, si acaso competida nomás con la última. Ahí también, en el tema quesadilla, podemos encontrar dos bandos muy bien definidos. Los unos y los otros. No hay historia sin dicotomía. Al menos no de confontación. Anhelamos estar de un lado de la historia para poder apuntar claramente el dardo hacia nuestro adversario. Y al darle rienda suelta a nuestro estímulo primario apretamos el gatillo. Y la bala, sin darnos cuenta, nos perfora la nuca por detrás. Como la explicación en la clase de física de bala que dipara un tipo en la cima de una montaña, y cuya velocidad y masa consiguen de alguna manera mantener la órbita para darle la vuelta al mundo y repentinamente tras dar la vuelta, zas: perfora un orificio letal en la nuca del que apretó el gatillo en la cima.

Pero de vuelta a los verdugos y a las víctimas. A los nazis y a los represaliados por el holocausto. A los fachas y la resistencia. ¿De qué lado de la historia queremos estar? Esta es la historia de nuestro mundo. Esta es la historia de nuestra actualidad. Esta es la historia de nuestra dicotómica sociedad. Y no estamos llegando a ningún sitio que no sea el origen de todas nuestras disputas: la primera línea de fuego. Solventar la disputa que tenemos pendiente con nuestro victimario. Ahora sí: qué pedo. Pues qué, o qué. No pus nada. Ah, yo decía. Sabes qué: vas y chingas a tu madre.

Se para el tiempo. Ha dicho las palabras mágicas. El tono de una mentada es la madre del cordero. Ahí se encuentra la magnitud de la ofensa. Y desata al macho que llevamos dentro. Que lo primero que está dispuesto a hacer es jugárselo todo por la afronta al honor que acaba de recibir. Debe asumir la contienda. Se levanta y monta, pecho erguido, una pose de pichón enrrabietado. La puesta en escena debe permitir que alguno de los amigos de uno y otro bando salgan a detenerlos, ante de que sea demasiado tarde. Y entonces el honor está casi resarcido. Ha habido contestación. La tensión se ha disipado. El honor ha vuelto a su curso. Todos somos testigos. Y la cosa vuelve a la cotidiana violencia que asumimos como normal.

El cuerpo no dice que algo no está bien. Algo se torció en ese últimos gesto de valentía masculina. La toxicidad del heteropatriarcado está en una mentada de madre. Y la manera de resolverlo no nos queda del todo clara. Los amigos que saltan son una barrera de contención para que no se toque a los nuestros. El otro debe saber que su afrenta nos ha dolido a todos. Y por tanto montamos un guardia pretoriana que rodea al que tiene cobertura. Se escucha la música de Enio Morricone.

Todo esto ocurrió en un chat del grupo de mi escuela primaria de una escuela de Coyoacán, el Héroes de la Libertad. El grupo se montó a raíz de la pandemia, gracias a un recuerdo entre dos excompañeros. De pronto, al cabo de unos días, estábamos conectados todos de nuevo. Y se dieron varios intercambios que nos permitieron ponernos al día de lo que había sido nuestra vida. Y todos volvimos a la infancia. Algunas heridas habían sido sanadas de la manera más respetuosa. Se habían desvelado secretos de infancia. Viejos reconres. Todo se había sabido llevar de la manera más políticamente correcta.

Éramos unos 70 excompañeros. Resistiendo. Acompañándonos. Hasta que se invitó a Mario a entrar. Mejor así. Vamos a poner los nombres de nuestros personajes. O quizás deberíamos usar sus alias. Mario McFly y Biff Santos. Así no entramos en descalificaciones o apodos que puedan desviar el tono de nuestra historia. Pero quizás justo por no venir cuento, ese sea el sitio por que voy a comenzar. El verdadero apellido de Mario McFly no es McFly, de hecho es un apellido que rima con quesadilla. Y el segundo apellido también rima con quesadilla, porque es el mismo. Eso puede marcar la infancia de cualquier infante en una urbanidad mexicana acostumbrada a la carilla. Verso sin esfuerzo.

La carrilla a la quesadilla por la peculiar rima de sus apellidos fue centro de no pocas inspiraciones poéticas en los años en los que en las clases de español te enseñan la lengua como una serie de estructuras que se manejan en los textos más sobrios de la historia de nuestra lengua. Quizás es por eso que parte de nuestro humor no se desarrolla más que con la pretención que encontremos las gracias en las aventuras del Lazarillo de Tormes o en las desaventuras de Sancho Panza, sin pretender con eso poner a todos los españoles en el mismo saco, sabiendo lo que esto podría ocurrir y lo mucho que mis análisis literarios sobre el humor podría ocasionar poniendo a estos dos personajes, o a sus autores, en el mismo saco. Sería como poner a Valle Inclán y Góngora al mismo nivel de desparpajo existencial cuando tan sólo valdría mirarlos a la cara para saber si compartirían risas sobre los mismos guiños a la insignificancia de nuestra existencia.

File:Luis de Góngora y Argote (Museo del Prado).jpg - Wikimedia Commons
Retratos de Valle-Inclán - Cátedra Valle-Inclán

Puede que me equivoque, pero igual no reirían de lo mismo. Y España, en general, no está acostumbrada a reir de lo mismo. No al mismo tiempo. No sin antes escoger trinchera a la que asumirse soldado. Y desde ahí, entonces sí, elegir desprecio ante un némesis indiscutido.

Rehusamos que seamos nosotros los violentos. La violencia viene hacia nosotros. Y nosotros somos las víctimas. Buscamos ser más víctimas que victimarios. Tememos más ue nuestros hijos sean más víctimas a que sean victimarios. Y tenemos más o menos las mismas probabilidades de serlo. No sabemos de qué manera nuestra intervención, por simple que pueda ser, pueda tener un impacto sentido en una persona. Sobre todo, tampoco sabemos si lo que puede ser un chiste se convierta en una humillación, y si de alguna manera, esta misma fórmula pudiese revertirse sobre uno mismo, injustamente entonces, en una circunstancia inhabilitante que nos dejara fuera de control, ninguneados y foco de la risa descontrolada y afilada del resto de los presentes. Estos presentes, puediendo ser, en todo caso, toda la red. La enorme humillación de estar desnudo, indefenso, sólo, mientras en resto de los dedos me apuntan a la cara, rodeando mi martirio con un sonoro efecto catártico de las carcajadas de los masa desatada.

En todo acto colectivo aparecen unos y otros. Dar la cara. El momento de la verdad. El silencio es una acción pasiva que también cuenta. Y a veces tiene más significación. También observar es un acto de reflexión. Quizás decir lo primero que nos viene a la cabeza es un instinto incontrolado de la verdad. Lo que la piel emana. Nuestro acto animal. Como el improperio.

Mario McFly fue invitado al grupo. Esmeralda lo había encontrado en facebook y lo había contactado para explicarle que nos habíamos encontrado todos en un grupo y que viniera. El tuvo sus dudas de entrar. Y ante la insistencia entró. Fue recibido con saludos. La cortesía inicial. En un momento dado alguien mencionó que era cumpleaños de otro de los compañeros, Ismael, a quién en su momento algunos llamaban Chistín. Biff Santos lo felicitó, y como otros, lo hizo utilizando aquél mote de primaria, y Mario McFly volvió a ver, 33 años después, la acción del que había sido su bully de la infancia, a quién recordaba en ese momento con rencor y a quién había esperado mucho tiempo, pensando cómo le diría lo siguiente: chinga tu puta madre.

El chat se quedó frío. Mario McFly se posicionó del lado de las víctimas. Él bien sabía el rol que las cosas tenían en la historia, especialmente doloroso que le fue la infancia a manos del que en ese momento centraba la culpa de todas las humillaciones que pudo haber recibido Mario en esa primaria coyoacanense, en una única persona: Biff Santos. Quizás había más Biff Santos que Mario todavía no había identificado en el chat. Quizás habría habido más mentadas dirigidas a otros que también en su día le habrían acompañado las rimas que Biff Santos se inventaría para molestar a la Quesadilla, como recordaban algunos que se le llamaba a Mario. Quizás Mario recordaba todo aquello como un acoso continuo en el que él era la víctima de todas las bromas pesadas que se vertieron por aquél entonces. Lo cierto es que Mario recordó otro compañero que también recibió en su momento una buena dosis de carilla. No se lo recordó a Biff Santos, sino a otro compañero, al que Mario McFly exoneró de su calvario ya que en primero se hicieron amigos, según él recuerda.

Mario se encontró de pronto en un terreno hostil. Tuvo tiempo también de desvelar con corazón en la mano a su crush de toda la primaria. Tuvo, de pronto, las agallas de atreverse a decirle a la niña que le gustaba lo que siempre había querido decirle, que le encantaba y que soñaba con ella. Y a su victimario, Biff Santos, que fuera a chingar a su madre. Mario McFly había entrado en palenque y se había hecho de manera un poco bronca y atolondrada, con la plaza. Los gallos estaban espoleados, se respiraba ambiente etílico y los humos caldeados del ambiente nos habían hecho pasar de las felicitacioes cumpleañeras al ruido de las sillas que se partan para liberar el espacio para el cara a cara de dos gallos. El palenque espectánte ante la contienda. Algunos preferían retirar la mirada. Otros veían con morbo y entusiasmo lo que este tipo de careos suele ocasionar. Las historias viven de resentimientos añejados con el tiempo, y ninguno añeja mejor que un resentimiento escolar infantil, según me recordó mi amigo Quique cuando le expliqué los pormenores de la historía. Como el buen vino.

Llegados a este punto, Marío había conseguido reunir a unos cuantos espectadores a este espectáculo de martes 21 octubre de 2020. Chistín nunca olvidará este cumpleaños. Y Mario McFly nunca olvidará el día en que tuvo el desparpajo, finalmente, de desmelenarse para enfrentar a sus demonios y saltar a bailar en la pista. Una declaración de amor y una menta de madre. La historia estudiantil completa. Back to the Future. Ni el más sagaz de los guionistas habría visto el deslence de lo que Mario McFly iba a conseguir en el futuro. En medio de la pista de baile, peleando por su amor infantil, McFly apretó el puñito y le dio un golpe al send: chingas a tu puta madre. La carga emocional de pronto quedó liberada tras años de acompañarle. Efectivamente descargó de manera catártica todo lo que hasta entonces se le había atravesado. En su vida adulta ya había olvidado todos aquellos momentos de humillación y carilla que la Quesadilla McFly fue llenando en su mochila de rencor.

Eventualmente, Mario McFly salió adelante. Quizás la universidad le ayudó a cambiar de aires. Quizás todos tenemos derecho a empezar en otro contexto en el que nadie nos puede juzgar por lo que fuimos. Quizás tenemos derecho al olvido y tirar hacia delante con un futuro sin rencores. Quizás la posiblidad de sanar está en haberse encontrado, Biff y McFly, y haberse dicho las cosas a la cara. La idea de Mario McFly es que ahora había regresado el mal que en su infancia vivio a su victimario. La victima empoderada encontró su momento de redención en la forma de una mentada.

Los matices son muchos y muy sutiles. Mario McFly tomó con cierto desparpajo el recuerdo de las rimas de su apellido. Quizás eso lo puso a la defensiva. Decidió saldar sus cuentas rápido con el pasado, quizás sin darse cuenta de quién estaba ahí presente, y de cómo serían recibidas sus mentadas. No sabía si era el primero o si era la tradición. No lo penso. Le salió. Y le pareció normal. Una mentada de madre en México es una cosa de adultos. Todo mexicano patriota lo sabe. México puede ser muchas cosas. Y una de ellas es la afiliación que tenemos a nuestras propias chingaderas. Ahora, no metan otras chingaderas, porque ahí sí no mames. El macho mexicano tiene sentimientos muy frágiles. La fragilidad del macho mexicano es un tema poco trabajado por la literatura, aunque no he hecho el ejercicio de encontrar sus referentes, que sin duda los hay. La carrilla ha dado suficiente munición a todos los mexicanos para burlarse de absolutamente todo lo imaginable. No hay quién se salve. Salvo algunos que pasan de puntitas ante la amenaza constante de que puedan convertirse en un momento dado en el centro de las humillaciones colectivas que retumban en las carcajadas de los hilarantes victimarios.

La burla en México no tiene fronteras. No es esto lo que lleva a las víctimas a buscar de pronto un sentido en la venganza. Mario McFly no quería organizar una vendetta. Pero sintió oportuno hacer público la revuelta en el estómago que le ocasionó estar en la presencia de Biff Santos. Y lo soltó. La honorabilidad de Mario McFly está es su transparencia.

Ante el conflicto saltan los resortes. La banda saltó. Todo el mundo quietos. Mario McFly estaba desatado y su atolondrado show desató la indignación del insulto presente. La corrección política mandaba sobre la irreverenca de la sanación de una mentada por escrito. Un corrillo virtual con su sana distancia. Tambores de guerra. Mas si osare un extraño enemigo profanar con su planta la tierra…

La profanación de Marty McFly incendió la parroquia. El tono bronco nunca se había vivido así antes en este feliz reencuentro. De pronto no pudimos aguantar que esto nos estuviera pasando. El último reducto de paz del 2020 se desmoronaba frente a nosotros. El tono iba subiendo. Se le marcaron las límites de la decencia en este protocolario espacio de memoria. Mario McFly se estaba despiendiendo, y justo antes de salirse por su propio pie, alguien le dio al botón rojo. Bomba nuclear. Expulsión. Se borró del grupo, dejando caer la trampilla bajo los pies de Mario McFly, una vez más. Quizás el gesto más injusto de toda esta historia.

Así lo vio Mariana, que fue la primera que levantó la voz en defensa de Mario McFly y de su derecho de mentarle la madre a quien él consideraba que había sido su bully de refencia, Biff Santos. Y peor que se le echara. ¿Quién decide a qué se le expulsa de un grupo abierto? Es un tema sensible. Quizás todos los grupos tienen este tipo de dinámicas, sobre todo cuando se suman individualidades. En nuestro caso se habían tejido complicidades de reparación de los recuerdos compartidos. Nos habíamos ayudado a sanar. Algunos se había ido. Alguna nos había dejado tragicamente. Con Milly en el recuerdo de nuestra última catarsis, Mario McFly nos abocó de pronto a una corrido de veganza en medio de un palenque. Algo demasiado rudo para un grupo de chilangos clasemedieros como nosotros.

Tras exponer su opinión Mariana dejó del grupo. Le siguieron otras tres o cuatro personas más. La historia vivida les había sobrecogido. Quizás se vieron representadas en las trincheras que se habían marcado con el incidente entre Mario McFly y Biff Santos. Quizás ellas también habían sentido esa humillación y ese sufrimiento del que Mario McFly hablaba. No lo se. No quisieron estar más ahí. Y se fueron.

Irse siempre es una opción. Callar también. En una sociedad compleja y polarizada lo mejor que podemos hacer es retener la capacidad de entendernos con el otro que no comparte nuestra perspectiva. Debatirlo. Controntrarlo. Y seguir adelante. Confluir a partir de la empatía que podemos generar poniéndonos en el lugar del otro. Y estuvimos a punto de conseguirlo. Pero Mario McFly, y unas cuantas personas más se fueron antes de que hubiéramos podido sanarnos todas. Es una lástima. Habría sido un grandísima oportunidad para conseguir una gesta que tenemos pendiente para arreglar esta división que se activa de manera espontánea en nuestros contextos sociales y políticos con la liturgia de la violencia, y la asunción de los roles de victima o victimario. Nunca ambas.

Mi única aportación en ese debate fue un mísero chiste. El primo de Biff Santos y yo comentamos en paralelo los sucesos. Nos pareció un triste desenlace. El primo de Biff Santos sabía que quizás de haber entrado también le abría tocado recibir una mentada de madre de parte de Mario McFly. Y de manera muy valiente y con su sagaz sabiduría para decir las cosas con una gracia natural, asumió la postura del victimario. Quizás él también se había burlado de Mario en su día, y quizás estaría bien instaurar el martes de mentadas de madre, para aquellos que en su día nos burlamos de alguien, y a manera de compensación, recibieran cada martes su mentadita de madre de las peronas que recibieron sus burlas entonces. Quizás va por ahí la liturgia de la sanación. Y no se vale indignarse ahora los que antes fueron victimarios. Su postura fue compartida y aplaudida por algunas personas. Otros defendieron que las formas de Mario McFly no habían sido las más elegantes. Mario McFly entró como un elefante entra a un anticuario. El gesto instintivo de la trompa en la mentada de madre fue la que ocasionó todo aquél ruido.

Biff Santos es amigo mio. Lo era entonces y lo sigue siendo ahora. Su respuesta vino despues de mi chiste. Mario McFly y Biff Santos el viernes a salida en el callejón del Aguacate. El mítico sitio en el que se citaban las afrentas de honor en el Héroes de la Libertad. En aquél momento el aire era irrespirable. Y fue entonces cuando Biff Santos, un tipo de una bondad absoluta, el envio todo su amor a Marty McFly y le confensó que lo que pasó en la primaria hace treinta años ahí se queda. A esto Marty McFly le pareció curioso: ah, como en Las Vegas. La respuesta de Toño rebajó la tensió y acarreó un fuerte repunte de apoyo y solidaridad de una parte imporante del grupo. Era un camino correcto hacia la reconciliación. Mario McFly no tenía suficiente. Su reparación no tenía un diseño predeterminado. Todo se había precipitado muy rápidamente. Pero no quiso recibir entonces el mensaje de amor, y la congregación estaba lista para llevar el juicio a sentencia. La defensa popular siguió con sus argumentos. La honorabilidad de Biff Santos había sido puesta en duda. Y no se iba a permitir manchar el honor de uno de los nuestros. Así que se le serruchó el piso a Marty McFly, que sin más volvió de vuelta al pasado.

Las salidas y la propuesta levantada por el primo de Biff Santos recuperaron la dignidad del grupo para entender la complejidad que resulta de los rencores pasados y la confrontación entre bandos aparentemente irreconciliables. Todos llevamos una etiqueta que no queremos que se confunda con la de nuestro némesis. Y rehuimos a ser los malos. No queremos ser los victimarios, y siempre es más seguro estar dónde hay más apoyos colectivos. No vaya ser que nos toque ser a nosotros los linchados. Quizás no debamos pensar pues en resarcir los daños con las misms fórmulas que nos han llevado a la violencia. Pero también es una reflexión que debemos saber para entender qué parte de la violencia es nuestra, como sociedad, como individuos imperfectos, y como resultado de las emociones contradictorias qeu se apilan dentro de nosotros para cargar nuestra mochila de sufrimientos con elementos tangibles, reales e imaginarios. Al final, todos llevamos esta mochila encima, y encontrar la manera para aligerarla tendría que ser el camino para nuestra propia redención. Cuanto antes sepamos entender que no hay culpables en esta historia más pronto conseguiremos reencontrar la vía para sabernos parte de la misma sociedad que ahora consieramos que está dividida irremediablemente, y que nosotros, pertenecemos al bando de los buenos.

Mario McFly y yo tuvimos un día un encontronazo en el salón. Yo no recuerdo practicar el arte de la burla, sin que eso me convierta en ningún santo(s). No recuerdo haber reído más veces que con el primo de Biff Santos. Sin duda alguna las gracias que resultan más divertidas tienen siempre alguien como protagonista. La broma es la virtud más sublime que tenemos a nuestra disposición, y los mexicanos practican un humor sumamente superior al del resto de las culturas. También practican una carrilla sumamente pesada, que en una de esas, te puede dejar en el centro de una humillación colectiva que genera las risas de todos, absolutamente todos, los presentes. La única manera de asumir una liturgia de sanción es aceptando nuestra posición en el centro de dicha humillación, y ser la causa de las risas de los demás. Por un tiempo justo. Sin que sea sólo a una única persona. Ni continuada en el tiempo.

Pero volviendo a mi desencuentro con Marty McFly. Mi memoria me recuerda que fue él que hizo alguna cosa, el que se estaba pasando de listo. Era un tipo que tendría sus problemas, pero tenía un caracter particular, y en aquél momento el agraviado, según recuerdo, fui yo. Quizás la memoria de Marty McFly le hubiera llevado también a sentir la necesidad de mentarme la madre. Y lo habría aceptado, no sin antes intentar recordar el por qué de aquella pelea. Lo cierto es que aquella pelea en la que llegamos a las manos, se saldó rápidamente con una llave que mandó a volar a Mario McFly por lo aires, en un automatismo de los aprendizajes de karate que recibí de mi sensei Ángel. El karate que yo aprendí era más de la filosofía de que sólo lo utilizas en caso de defenderte. Y aquél fue el caso. No recuerdo nunca más haber tenido ningún problema con Mario McFly. Me habría gustado haber comentado este recuerdo con él. No por asumirme victimario, que dudo haberlo sido, pero sí para enteder su perspectiva del mismo acto. Quizás me habría llevado otra mentada de madre. Y no tuve tiempo de recibirla. Y eso me duele.

No participé en este show, salvo por mi humilde chiste. Pero como a muchos, me sumió en una reflexión que quise articular de esta manera para poderla compartir. Compartir es un decir. Nade sabe de la existencia de este blog. Quizás sea el momento de quitarme este peso de encima. Y con el privilegio de no tener victimario al que lanzar mi frustración y sufrimiento, dedicarle a todo aquél hijo de puta con el que me crucé en mi vida, una sutil y reconciliadora mentada: vas y chingas a tu madre.

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Some days you find yourself turning the page. Life is full of days, and that should be enough. We only have a few and we don’t ever listen. Not even to ourselves. Life’s about to end. And still, life is just a walk outside your place, somewhere, where you’ll encounter… life. Other people’s life. Full of circumstances, vices and hopes. Life’s what comes out of todays journey. Wherever we go. However we choose to go about it. Life is beginning new projects, even when it seems out of the norm. Specially then. I never know if specially goes with a letter e at the beginning, or if that’s just me being latino all over again.

What am I supposed to do? Who am I supposed to be? Still no answer. Still wondering about something else rather than what I must. I do this unconciously, or maybe, purposedly. I don’t have an answer for that either. I am more of a question guy, I guess.

I have limited time. Sometimes you have to remind yourself. Sometimes you need to hammer the head that’s avoiding to pay attention to your inner «Pepito Grillo» to come to those senses intended to be your landing spot. Why should I go there? Why should there be a place in which by my own deliverance I shake up the world that surrounds what I am supposed to be at the moment? Why would anyone, including me, care?

I don’t… know. I do care. I think.

Life is but a game. This illusion has been there forever. I might be dying inside, as we all are, and there must be a way to accept to take part in this new thing comming up. Today. I turn the page again around the sun. I’ve turned 44 years old. It’s the 20th birthday I celebrate in Barcelona. This city has evolved into something else. The place is ready to give back 1992 and enter right into the 80’s back again. Bring back the wall as we need this new decade facing backwards inside the room. Who’s in the back of the class? Why are they there? What is it they want? That’s where innovation is taking place within the social disruption scene. And in the front rows might be the scientists. They want change to. They have skills, several degrees, a method and a topic they know all about. In the middle, people caught between the poles of the class. Or the classes going about their own path to fulfillment. They are all in the same room. As we are. We belong to the front of the class as much as to the back of it. Only, as Woody Allen played it early on, he only had a chance to go to the back of the class and choose from the options in that side of the board. Who’s making a living out of their own wit? Artists? People creating new narratives. People pushing the boundaries. The Charlie Chaplins. Cinema is entertaining and feeding people with stories that go out of bounce. The gameplay is being leveled by those outsiders. And we, in the middle, get to watch.

Scientists go about the way they got there: excellence. And studying. And observing. And asking the right questions. And making science. All the time. All the time. Until the impact factor hits the roof. Then they’ve made it. If not before, when they have already stablished a role within a lab. Making a difference from the lab bench. Finding new ways to push through the limits of their own view of the world, through the microcrospe. Through their practice.

We are called to make a stand to risk everything in order to be a part of a bigger process. This insurgency meets the needs of a society that is full of resentment towards the other, and where conspiracies are thrown at each other to debunk the fundamental issues that hold each others arguments. But it’s not like fight. It’s not war. We are taken to scenarios of violence because that’s been the case all over history. It’s the norm in our history, according to our storytellers. And we have found it normal. Customary. Was is just around the corner. Again.

New tensions in the middle east. The old commies vs uncle Sam. Nazis taking over. North Korea pushing the button. Trump playing war games. Drones flying to get you. A bullet your way. Paramilitares taking on environmental activists. Minning, the old fashion way. The land being taken from it’s local communities. Deforestation. Devastation. No jobs. No movement. No social non violent uprising. Who’s next? What’s next? Why now?

It seems like life is taking a spin. Pandemia has shown us a way of coping with our priorities. And somehow, we have all noticed how screwed we are/were. But it’s not on us. We avoid to fall into the place where society is being judged. We are coping with illnesses as we go about a dayly routine back to the old days. The new days have no shape yet. They are only real in our imagination. And sometimes, we forsee a bright and prosperous future. Some others, we are gloomed into despair by the blindness of our own.

How to change ? Why change? Why now? Against who? People are choosing to take sides. And two poles are always there colliding. No atraction/repulsion is taking more than two poles. Unless we create a new electromagnetic field. Complexity then play it’s own balancing game. Structural entrophy. Balance. Stability. Or ultimately, a bomb.

We’ve all taken a blow at the head. Sad news have come our ways as we have experience a new way to be caged. The caged bird still sung. And there, within that unfair imprisonment, freedom was casted with the spirit of heirs of dinosaurs. Not a small heritage on their tiny little shoulders. Sing bird. An eagle’s scream. A dove’s coo. I know why the caged bird sings. Freedom.

Are we there yet, mom?

El sol no brilla en la oscuridad

No sabemos muy bien cuál sería la sombra en la superficie de la luna, o en Mercunio, o Venus. Si acaso, podemos imaginar que nosotros no podríamos estar ahí, de la misma manera que estamos aquí. No sabemos por qué. No podemos ver la atmósfera congelada de la epidermis de Marte. O la que desapareció en Mercurio camino al espacio. No sabemos describir lo que no es parte de nuestra experiencia inmediata. O nuestro conocimiento aprendido. O la imaginación con la que intentamos navergar contracorriente. Nada tiene sentido. Ni siquiera lo contrario.

Me fui por un túnel para penetrar la montaña que divide el valle en el que se despliega la gran ciudad, y el valle del otro lado, en donde se redefine la otredad. Aquí me encontré a solas con el destino y nos pusimos a deliberar si lo que había acontencido tenía sentido para ambos, o sin acaso, debíamos repensar la estrategia con la cuál reencontrarnos en un futuro próximo, para sorpresa de los dos, rebasados por los imprevistos imposibles de imaginar que desbarataran nuestros planes. Dimos en el blanco porque algo de todo aquello nos hizo doblarnos de la risa sin parar, como cuando pierdes la capacidad de seguir en la vida para desvanecerte en la insolencia sin límites de una carcajada perpetua. No hay Dios que se resista, salvo aquellos que murieron de la risa.

El sentido inequívoco del dadaismo era establecer un sentido opuesto al sinsentido de la vida, en el trasncurso de una camino que no lleva a ningún sitio, por más que se proponga lo contrario. No hay razón de ser para tan impropia aventura, pero su naturaleza desborda los pragmatismos de lo divino en pleno evangelio de lo omnipresente. El vacío, ante tanta ignominia de bajó del carro y se marchó caminando por el desierto, en busca de una respuesta que nunca encontraría. La magía se plantea la ilusión al límite de nuestra obsoleta razón. No hay que hacerle caso, ni siquiera por un instante, a la siniestra intuición que sin darnos cuenta, se ha aliado con la última conspiración obstinada por hundirnos. No hay peor camino que el oculto. No sabríamos llegar ni siquiera estando ahí. La solución elude nuestro saludo. No hay vuelta atrás.

Cuando no se tiene nada que decir, de nada se habla. Y el tiempo se ocupa en la apariencia de lo cotidiano. No sería precisamente eso, ni siquiera lo contrario. Hoy no tengo más que no decir. Se me fue el impuso a ninguna parte. Me cansé de no ser. Y me fui pudriendo hasta la concepción de quién nunca fui. Aparecí desnudo sin querer, ni pudor, ni qué hacer. Se me fue desvanenciendo la entidad mientras el desagüe me filtro, por última vez, por la cañería que me devolvió al ciclo vital que nunca abandoné.

Sin saber muy bien por qué, henos aquí, reunidos hoy para enaltecer el recuerdo perdido de aquello que nunca fue. Por la melancolía de lo que no importó nunca a nadie. Por el pasar de los ratos que no significaron nada, ni tan siquiera para el expectador aleatorio de tan singular nada. No hay luto necesario ni posible ante nuestra situación, penosa y angustiante. No perdamos más el tiempo en este relato vano.

Ano, año, tiempo, espacio. En el centro de nuestro ser se expulsa, y se ingiere, la vía traversa de la noción impoluta de una transgresión a toda norma. No se exalte, no es usted, tan sólo ha revertido el sentido pedido de un olvido florido.

Ciutadella i Mao… ensō

No puc viure mes entre dues ciutats que recelen de lo que no és s’altre. Una, capital, amb un port únic. S’altre, senyorial. Només que no es volen entendre. Sa dualitat menorquina no acaba aquí, pero potser si hi comença. Hi ha prou tela per fer-ne un vestit estiuenc.

Dues realitats que sembla que no es poden barrejar. No és pas una imposibilitat separada per tant sols 40 minuts en cotxe. Són dos pols oposats. S’est i s’oest. Cadascun amb sa seva peculiaritat. Sa superioritat d’uns envers s’altres.

Només uns són rics. Aixó exclou a s’altre des d’un principi. S’historia és així. Sa festa major. Sant Joan. O bé, la Mare de Déu de Gràcia. Qui és mes important en s’historia global? Joan… quin Joan? Bautista? Evangelista? No hi ha concreció. No es pot saber. O bé, será en la Mare de Déu? Sa verge. Sa gràcia que li dona el protagonisme a una només, encara que sigui en aquest cas, concretament, la de Gràçia (I no pas sa moreneta, o sa verge de Guadalupe,… o cap altre). Sa multiversalitat de ses verges, encara que només aquesta, i sa dualitat d’en Joan, ens obliga a mourens fora sa sobrevaluada unicitat.

Mao com primera ciutat de rebre el sol. Sol que vam veure només arrivar. Just abans de perde’l a la Mola. Mao, es port, que comença amb aquesta ciutat, que va resistir els atacs i bombardejos que d’altres ciutats no pas van poder. A s’historia d’aquesta illa hi ha violencia amb bombes, baixells, mariners, peixos, habaneres, poetes, nobles, cavalls, camins, platjes, militars, sants, un Jesús adal de tot, Joan, Jaume, Josep, un monte Toro, i la mare de Déu de Gràcia. Un brau, al mig de tot, en lo més alt. Espanya, França i el Reigne Unit. I grecs i romans. I ruminats que van arrivar per mar, i que arrivant a bon port, s’han quedat.

Tots morirem un dia. Pero haurem passat per Menorca, i ens haurem sentit que sa vida potser val sa pena, tant com un bany a S’Arenal de Son Saura, amb un mar plantxat, que t’absorveix com es glop d’aigua que tempera sa sed.

Avui he mort sobre sa sorra. Pensant que un dia no hi seré. Que potser aquest és s’ultim cop que em banyarè en aquest mar tranquil, d’un blau preciós, i gloriòs, com una abraçada d’en Jaume amb en Joan. Entre dos arenals trovem sa pau. No cal escollir. Ambdos són sa ilusió de continuitat, encara que mai s’acabin de conectar. O fins i tot, si ho aconsegueixin. No cal que tinguem festa, si es sentit de lo que sóm, trascendeix lo que ens envolta, aquí, a casa nostra.

S’equilibri d’aquest pais està justament en sa realitat que trovem a sa seva illa més eloquent: Menorca. Només cal assumir el que som. I som duals, sense por, com un obstinat ruc que sabent que no pertany al ramat de s’altre banda de s’illa, agafa el camí llarg, pels camins de cavalls, per esdevenir conscient de sa circularitat d’un tressor que no s’exaureix mai. Com un etern retorn. Ensō.

円相

Avui m’he llevat amb la conversa d’una poeta de 87 anys que des del seu mon em va compartir una petita porta cap a seu interior profund i noble. Un noi de Es Castell que va creuar s’illa per trovar-se amb la neta de s’alcalde de Ciutadella. Dos mons que es troven a cada costat de sa taula, amb un cafe, i una ensaimada.

He tornat a Mao. De camí vaig fer el rite de la immersió en les aigues mentals de s’Arenal. Vaig morir, i de cop, vaig tornar a neixer. Aquest cop més conscient. Perque avui, ha estat un dia senser. Complert. Rodó.

ALLS

Imagenes de la muerte

Lee Juan Marsè, en un programa de TV3, en el 2011. Calor bajo los árboles. Voces que gritan nombres. Juan. Joaquina. Más gente viene. Recuerdo correr. Lanzarse al agua. Noches de libertad completa. La nostalgia de puertas secretas. Desnudo y disfraz. Arbitrarias escenas. Viejos sueños eróticos de nuestra adolescencia. Carmina Labra. Asturiana simpatiquísima. Subiendo la escalera con el culo en pompa. El último verano de nuestra juventud. Fue en el coche. No en Barcelona.

Pastillas y alcohol. La muerte de Jaime Gil de Biedma. La sordina romántica de mis poemas. Vengarte de mis sueños, por covardía, corrompiéndolos.

Busco que exista una correspondencia con las imágenes. Como una colección de cromos. Contruir una historia y que construyan algo.

Tu escríbeme una novela en Paris donde tengas una aventura con una mujer moderna.

Una novel sobre París. Algo que explicar. No se puede crear de la nada. Juan Marsé murió hoy. Y ahora le escucho hablar de sus años en Paris. La última tarde con Juan Marsé, desde el barrio del Carmelo, con la noción clara de ser la versión actualizada de un Pijoaparte que vino a esta ciudad a superar sus condicionantes sociales.

Chaval: espavila. De la misa has entendido la mitad.

¿Quién me abre la puerta?

No es moco de pavo.

Lo saco del taller.

Aquél muchacho, esta sombra.

Yo fui aquél muchacho, pero ahora solo tengo sombras. Un día yo también moriré, como hoy Marsé.

La cuina está plena de fums. Olors de refritos. El lector es tafaner, de mena. El tall del ganivet. Els autors a una certa distancia. Llegir-los. Alla està tot.

Últimas tardes con Teresa es el libro con el cual un tipo como yo puede soñar con tener un día la aventura de Manolo, el Pijoaparte, o bien, si se quiere soñar un poco más allá, elegir ser como aquél otro especimen de Barcelona: un escritor de ficción.

Gracias Juan. La literatura de la periferia se abre camino. Me inundan las dudas, pero me alumbra tu literatura.

Tengo la sensación de…

…pertenecer a una oculta raza humana.

…estar en medio de la nada.

…perder una oportunidad invaluable.

…temer por mi propia vida.

…no dar el paso adecuado.

…estar inmovil en el lodo.

…no tener nada que aportar.

…no tener nada que decir.

…no poder más.

…asistir a un triste desenlace.

…formar parte de la nada.

…flotar en medio del espacio.

…silenciar las voces en mi mente.

…escuchar la tierra que me llama.

…hablar con otros espectros inmortales.

…leer justo lo que toca.

…leer menos de lo que debería.

…estar perdiendo el tiempo.

…oler una revuelta.

…estar a punto de llegar.

…sonar un poco cursi.

…repetir ideas ya dichas.

…repetirme más que el ajo.

…soñar más de lo debido.

…romper el molde en cada gesto.

…mamarmela continuamente.

…estar en el sitio en el que debo estar.

…sentirme inutil.

…fracasar continuamente otra vez.

…estirar la cuerda hasta el punto de romperse.

…luchar en vano conmigo mismo.

…esperar algo que nunca llega.

…saber que es imposible lo que quiero.

…arruinar la vida de los que quiero.

…no saber seguir por otro camino.

…todas las puertas se me cierran.

…que no hay camino alternativo.

…que es momento de algo nuevo.

…ya pensé lo que hay que hacer.

…ya lo dije alguna vez.

…perder el tren de aquél anhelo.

…no tener más que decir.

…no saber por dónde ir.

…no poder aguantar un día más.

…trascender a mi voluntad de actuar.

…contradecirme en cada paso que doy.

…acumular sin fin.

…escribir como un gesto simple inevitabe.

…desnudarme en cada texto.

…exhibir un estado que me altera.

…asustar con lo que hago.

…no llegar nunca a ningún sitio.

…no saber qué más hacer.

…no tener ningún sentido.

…no valer la pena.

…no escuchar lo sufiente.

…haberlo oido todo.

…no contender a nada más.

…estar en buen camino.

…estar errado.

…estar aburriendo.

…estar perdiendo.

…estar muriendo.

…estar viviendo.

…estar aislado.

…estar solo.

…estar aquí.

…estar atento.

…estar contento.

…estar consciente.

…estar presente.

…estar ausente.

…estar de vuelta.

…estar en paz.

…estar de más.

…tocar los huevos.

…aburrir con mis discursos.

…repeler a quién un día creyó en mí.

…no saber por donde ir.

…no buscar nada más.

…no tener necesidad.

…no tener validez.

…no poder participar.

…no tener control.

…poder marcar el gol.

…ser pieza clave para el título.

…pertenecer a la revolución.

…saber que es sueño.

…que esto es una ilusión.

…que la ficción es el camino.

…que nosotros somos el destino.

…no hay más allá a dónde ir.

…tan sólo hay que mirarnos al espejo.

…y respirar una vez más sin darnos cuenta.

…mirar adentro de mi cuerpo.

…sentir mis latidos atentamente.

…seguir el camino de mi destino.

…volver al sitio del que partí.

…nacer tras un parto natural.

…respirar por primera vez en la placenta.

…latir sin más.

…sentir la vida.

…sentir el ser.

…sentirme bien.

…escuchar a Dios.

…referirme a Adorno.

…volver atrás.

…fallar de nuevo.

…estar listo.

…volver al centro del campo.

…conseguirlo la próxima vez.

…estar atento al rival.

…saber que esta es la ocasión.

…fintar aquí que voy allá.

…estar de cara a portería.

…tener opciones de marcar.

…voy a ganar este último duelo.

…haber marcado un gol.

…sentir el grito de un estadio.

…fundirme en un todo pleno de gloria.

…ser euforia en un abrazo.

…no necesitar nada más.

…estar aquí tiene sentido.

…presente ante el ritual.

…necesitar el rival que nos contiende.

…aspirar un aire libre de violencia.

…asumir un tránsito a otro discurso.

…vivir en una trampa cíclica del mal.

…que está a punto de caer.

…estar más cerca de ese punto de no retorno.

…ser optimista en nuestra capacidad de realizar el traslado.

…estar a punto de transgredir la norma.

…tocar los huevos al status quo.

…volar a la chingada.

…marchar lo más lejos del presente.

…unir las voces del presente.

…que la masa anhela otra liturgia.

…que sin un juego nuevo no hay cambio.

…no necesitamos nada del pasado.

…que no pretendo dar lecciones.

…no puedo evitar sentir cierto asco hacía mi mismo.

…negarme el hecho de ser libre.

…no ser por temor a algo que no existe.

…saber lo vulnerables que ya somos.

…no tener salida ni perdón.

…no tener un juicio justo.

…adelantarme a los hechos.

…no querer el camino dibujado por mi voluntad.

…no merecer el privilegio..

…no asumirme en ese rol.

…no saber venderme.

…no poder ser un producto.

…no tener otra salida.

…no tener ni idea.

…no saber hacerlo.

…no querer sufrir.

…sufrir en vano.

…vivir bien y mal al mismo tiempo.

…alimentar las contradicciones de mis actos.

…ir en contra de mis palabras.

…boicotear la salida de mi única salida.

…ser un idiota más en la comedia.

…tener más vergüenza que valor.

…no contar en lo más mínimo.

…tener un cierto halo de duda.

…saber que si ya fui lo que había dicho ser.

…no tener más quecir.

…poder vivir bajo mínimos.

…saber estar en cualquier sitio.

…poder subir cualquier montaña.

…saber surfear la próxima ola.

…volver al sitio justo de mi pasado.

…estar cerrando un círculo repleto de familias.

…ser un legado de valientes seres que vivieron en su tiempo.

…sufrir lo mismo que todo Dios.

…que no hay Dios que se precie de ser el único.

…no tiene sentido estar en comunión con el más allá con antagónicos creyentes de otros mitos.

…ser parte del problema.

…pedir perdón cuando no toca.

…estar meando fuera.

…perderme algo de la película.

…no estar al día con lo que vibra.

…estar conectado con Bob Marley.

…haber vibrado con Morrison en Paris.

…poder bailar un tango en París y no violar a nadie.

…que el macho alfa es una bazofia que no concuerda con la especie.

…que el machismo está latiendo por última vez y pone cara de maldito.

…que el heteropatriarcado no tiene todas las culpas.

…caer mal a todo el mundo.

…saberme sentenciado por algo que yo dije.

…estar en medio de un ridículo debate en torno a algo que me incumbe.

…dejarlo todo por el tedio de una cancelación absoluta del resto de puntos de mi obra.

…no tener obra.

…no tener forma.

…no alcanzar a ser.

…no querer pretender.

…no querer estar.

…no querer sobrar.

…no querer molestar.

…no saber más.

…no poder.

…no ser.

…ser.

…ALLS

I don’t need another coffee

I’m fine just like this.

I’m not complying.

Nor complaining.

Hope not mansplaining.

I’m just cruising.

Hopelessly wondering.

I’v come to terms.

And this world is there.

As is, fine and troubled.

Not fine, more trouble.

Fierce and spears.

Tears and gasses.

Opression and slavery.

Hopes down, this is the law.

My knee will show you: God.

God chokes but doesn’t kill.

Cops is another a deal.

Guns give power to the people.

It’s that first amendment deal.

The new deal must add that.

To leave things the way they are.

As we are far from right.

Yet the far right is here.

Right here pointing at you.

It’s gonna bite you in the ass.

Or shame you through that hat.

It’s burnning crosses in your heart.

And confederacy flags and dunces.

As if this great continent was once ours.

Yet the narrative is forgiving and white.

We must aknowledge what was once.

And then let go and keep on our flight.

This struggle is still our fight.

But fate will have us taking another road.

As we must follow and untold fall.

We all find it hard to part and let go.

Yet, as we are, we will behold.

For chances are straight up we must aim.

To fly away from this place.

And land another time and space.

Yet, the statue is still there.

We have not move far from here.

Again we’ll discover in the way.

To move away today in pain.

To leave behind this fine realm.

As it’s not real, nor there.

It’s all inside your head.

A poets wits in threads.

To cluster posters of succes.

A vision largely unseen.

A new way to begin.

A final trace for this ordeal.

As we are glancing at our fears.

Yet power still displays its paws.

To make a stand upon desire.

To clear the throat of virus spread.

To keep the fear still within your skin.

To cancel leaps and strikes and hopes.

To conceal the anger within at once.

As it must not break out of control.

The one thing this system wants.

To keep things ancient and untouched.

To kill revolt as no other world is due.

Because HE said so then and now.

It’s in the scriptures and the sermons.

It’s our faith in infinite growth.

No matter if our Earth can’t breath.

No matter if the climate changes.

No matter if the infamous cinics rule.

It’s all within the scope of affairs.

To leave the masses at the edge.

To feel the joy of goals and gossip.

As you don’t care enough.

It’s not on you.

Keep on.

Still.

Within.

Ill.

Alas.

I…

die…

I died again just now

I swear I did. It happened again. It’s true.

I’ve save the final deed. Cause I woke up just in time.

But I has heading there.

I felt the cold hand from her.

Again in my chest and in my throat.

It’s another day I gain.

I don’t know why.

I’ve been given time.

And I’m so prone to waste.

I’ve just been going round.

Like if it’s not up to me.

To be a thing to care.

I’ve been wondering about a new post.

Maybe I’m given another chance.

A chance to help.

A chance to make a change.

A chance to be on a team.

A chance to score a goal.

A chance to be there.

A chance to make a stand.

A chance to dig my feet on sand.

A chance to dream big.

A chance to sleep.

A chance to die again.

Like I’ve just did.

I’ve just died again.

I trust you know I care.

I’ve been here long.

I’ve taken care of things.

Or really not, but hey.

I’ve got a chance today.

If I wake up again.

From this tilted scafold.

I’ve got just one more thing.

Did I say I had dream?

I’ve just scaped from death again.

I think I have some skills.

Please, note, I’ve been free.

I couldn’t charge your a fee.

But yet, again, I must survive.

Cause I’ve just cheated death.

And she ain’t too happy with me.

As I am sure she’s anxious.

To have that bite she’s been taking.

And one day she will.

But not today she wont.

Cause I’v just scaped her rod.

Still my heart is burning.

Still the beat keeps flowing.

As I’ve just fool her poorly.

Cause nothing scapes her claw.

She’s so delicate and refined.

As well as understanding with my pace.

I’ve just wasted little time.

Wondering if I am worth another life.

Doing something out of wonder.

Like writing freely in the dark.

Or yonder out there in the sky.

In which of those stars to land.

A final stand from where to see.

If you are still looking up.

Asking yourself why we are here.

If it’s not yet this the answer.

Then go and search a little more.

As the night is young before four.

But it is not ethernal.

Not tonight at least.

So keep your spirit on for this adventure.

As you’ve got the night ahead to conquer.

It is only those who wonder.

That get to suck the marrow of this bone.

Once you’ve tasted life out at the edge.

When everyone else still sleep.

You may pick up the pace one bit.

As this night is just for lovers.

Those who love in every awe.

A sigh of relief and hope.

A look into those eyes.

I sip of joy and trust.

A bust into the dancefloor.

A gentle pull around your waist.

A feeling good inside yourself.

A lockdown inside this moment.

That seems to never end again.

At least tonight we didn’t die.

Let’s give ourselves a chance.

Let’s make of this instant life.

As there’s nothing else I rather do.

Than being here.

Closer to you.

I’ve just cheathed death.

To spent this last breath with you.

I close my eyes.

You are gently here.

Within my grasp.

I’ve come to peace.

As here I am.

Out of myself.

In this.

Bliss.