Adoradores de satán

Es curioso cómo los gringos tienen pánico de que sus líderes sean en realidad una secta de adoradores de satán que comes bebés en el desayuno. Fetos recién abortados envueltos en una tortilla. Quizás los mexicanos también forman parte (secundaria) de la trama. No están mandando precisamente sus personas más chidas. El blanco americano lo flipa. Lo flipa en colores. O más bien, lo flipa en un color: blanco.

Su color de piel no es exactamente blanca. Pero en resto de las tonalidades de piel no le importan. No es verdad. Es parte de lo que somos. Pero no es TODO lo que somos. No podría escribir un ensayo antigringo nomás por lo culeros que son los gringos culeros. Pero es cierto que parte de la cancioncita de su hipersaturación de nuestras vías de atención nos ha llevado al mundo entero a seguirles la pista. Ya sea porque nos gusta su entretenimiento basura, porque creemos que sus empresas son la polla, o porque doblamos las manos ante la incapacidad de otros contendientes a describir una narrativa que funcione, para toda equis.

Es aquí dónde veo yo que hay una necesidad. La necesidad de otra narrativa complementaria a todo el ruido que genera nuestro modelo social actual. A toda la bulla de haber de estar al día de lo que pasa en el mundo. Y la pandemia nos ha abierto los ojos en muchos sentidos. De muchas maneras. ¿Quién NO cree hoy en una conspiración? Esa es la gran epidemia.

Algunos le llaman fodemia. O infodemia. Demasiada información. Nos están tirando toneladas de información por la cara. Y nosotros no ponemos atención a nada. Sólo a aquello que nos sirve. O a las modas. Oh, no. Las modas nos llevan por ahí por dónde la raza se entretiene a ver. De pronto estás viendo peleas callejeras de suburbios del tercer mundo en el que el chavo más pequeñín se descuenta al culero que le hacía bulling. Y el asedio acabó. La presión social está sujeta a un directo que de pronto se nos va de las manos. Y todos estamos en esas pequeñas burbujas de acontecimientos diarios. Y vivimos nuestra vida en una comunidad más amorosa y resiliente. Y nos despertamos con el espíritu colectivo de una sociedad que aguanta unida para vencer un virus que lo puso todo en su sitio. La salud arriba de todo.

La innovación ha quedado en un sitio privilegiado. Desde aquí se tienen que levantar varias patrias. La patria del sentido común respecto a los grandes retos de nuestros tiempos. La salud, los hospitales, la prevención, la anticipación, los sistemas de navegación y de recomendación. Existe una metaestructura que podemos utilizar de manera participativa para elaborar los proyectos de las grandes necesidades no satisfechas de varios sistemas públicos al mismo tiempo.

Latinoamérica tiene estas voces diversas y hermanadas. También tiene de vecino, en el norte, a dos referentes mundiales anglosajones. Y nosotros, latinos, somos parte de ese conglomerado. Pero debemos sentarnos a hablar claro de la política de intervención militar que en su día algunos de nuestro líderes definieron con los suyos. Quizás es momento de que comencemos otro camino. Don T y su muro no ayudaron a entender la manera en la que nos acabaríamos entendiendo. ¿Eso se entiende? No para quién quiere el muro. La MAGA fan.

Las cartas están sobre la mesa. Parece que la pulsión de la violencia está siempre a punto de tomar partido por las viejas glorias de la extrema derecha. Guerra civil. Ya se sabe. Los confederados y le épica del militarismo. Los modelos sociales de la hacienda. La hiperproductividad de los esclavistas más astutos. ¿Cómo maximizar la inversión de mano de obra «barata»? El esclavismo moderno. Las tiranías comerciales. El «trabajo» liberal.

El pobre y sus circunstancias. El hombre blanco lo mira como si fuera una cuestión de querer. Y en parte, el discurso del esfuerzo personal de los americanos resuenta en la cultura de la globalización empeñada en el reconocimiento personal de mi proesa. Es un sueño infantil. Como ser deportista profesional. Tener una estampita con tu foto y tus estadísticas. Hoy en día todos tenemos algo así. Como los gamers. O los youtubers. Es la conclusión de la fama como objeto de deseo. Que sepan que existo. Que mi persona represente algo más de lo que yo, como individuo, represento. ¿Qué vale, hoy en día, mi existencia?

Lo que soy y lo que pienso no importa mucho. Lo que escriba puede que un poco más. Quizás pueda escribir historias que sean útiles. O mejor: pordría escribir literatura. Entonces conseguiría que mis historias tuvieran un hilo conductor que guiara a mi idealizado lector. A vos. Qué confianza tengo que creo en la magia. La magia de un libro. Que lo que yo escriba hoy pueda sostenerse en el tiempo. En un tiempo más allá. En un futuro más lejano. Más allá de donde llegará mi cuerpo. Como ejemplo de lo que podemos contruir en las afueras de nosotros mismos. El foco claramente está en las antipodas. En lo que no es como yo. En lo que son justo los habitantes del sitio opuesto al que habito. Mis némesis.

Nunca nadie piensa que un némesis tiene utilidad. Lo cierto es que nuestro desprecio por nuestros némesis nos llevan a quererlos tener a tomar por culo. No queremos gilipollas en nuestra vida. Y nos repelemos mutuamente. Llegado el momento un némesis te querrá dar por el culo. Qué mejor si pudiéramos segmentar el mundo en dos visiones antagónicas. Y unos y otros pudiéramos tomar partido. El famoso bipartidismo. El mundo ya es así. Ese mundo ya existe. En UK los brexiters ganaron. En USA los partidarios de Don T quieren tomar la vía rápida de las armas. El levantamiento de las milicias durmientes. Los ejercitos han preparado a su sociedad, con su entretenimiento militar en el que la ciencia ficción ya nos adelantó toda la mecánica del poder y la violencia como si fueran una misma cosa. ¿Qué podría aportar Wakanda en estos momentos a planeta?

No hay latinos en Marvel. Todos somos hijos del heteropatriarcado blanco. El mundo neoliberal así nos lo ha hecho ver. Y todos queríamos ir a New América a demostrar que nuestro show tiene vigencia. Que estamos en la cima. Lo ven. Llegué hasta aquí. Sí se puede.

Fin del cuento del indio que subió a la cima de la montaña.