Volver del futuro

Quizás sea más bien regresar del pasado. No estoy seguro del todo. Mi camino tiene esa bidireccionalidad temporal que a veces me confunde hasta a mi. Y sin embargo, no me asusta.

Tenemos la tendencia a querer abarcarlo todo. Y sin duda alguna no llegamos. Pero ahí estamos dale que dale. Como si la cuestión sobre la que construimos nuestra existencia se fundamentara sobre unos pilares inamovibles que sin embargo deben caminar sobre el agua con la pericia que Jesús se fue por las piedritas. Quizás simplemente estaba en Es Grau.

La cuestión es tener claro a dónde quiere uno llegar. Mentira. Qué tal que no sabemos. No pasa nada. Vamos tirando. La pulsión de existir es pura constatación del tiempo. Y estamos aquí. Vivos. Respiramos sin darnos cuenta. Seguimos el camino que nos lleva a crear una comunidad que existe con un sentido posterior a nuestra inmediatez. Inclusive si visualizamos que nuestros intereses se conjugan en un mismo plano existencial. Inclusive pragmático. ¿Cómo nos retroalimentamos? ¿Por qué?

Si tuviéramos que vivir continuamente pensando en la manera que nos tocara establecer un mecanismo de convivencia…

De pronto un pausa larga me invadió. Perdí el hilo conductor de este espacio. Desaparecí. Me desvanecí sin decir nada. En polvo me reconvertí. Y no pasó nada. Mi ausencia no creó un decenso final a las cavernas, ni siquiera un pequeño sisma social. No lo vimos en la tele ni en las redes sociales. No existió. Nadie lloró. Tan sólo me fui destrás del telón. Unas cortinas más atrás. Si no me veías antes tampoco había alternativa de que percibieras mi ausencia. Lo sé. Es todo culpa mía.

No quiero perder el hilo de la incoherencia. Parece una trivialidad pero no lo es. La reflexión por propio acto de la reflexión. Qué perdida de tiempo. Habrá gente que no tenga nada mejor que hacer. Y quiera leer esto. Justo esto. Y nada más. Como si el interés en la nada nos llevara una historia sin fin dentro de la historia sin fin. Como si el fin no tuviera medios para justificar ni resignificar nada de nada. Y no pasa nada. Simple ausencia.

Dislocar el discurso mental como un sesgo de lo que anteriormente se habría canalizado en un psiquiátrico en el que tendría dos maneras de volverme a la realidad: con contesión o sin. Y el cobijo de la cruz. La santa cruz. La imagen que cuelga en la habitación. Y quizás la foto de un hombre. Otro hombre digno para los ojos de Jesús traído a valor presente. Piense en el viaje de Jesús para conmemorar la imagen de este otro hombre que cuelga de la pared. ¿Cómo establecemos la dimensión de la relevancia entre uno y otro? Heteropatriarcado diferencial en tiempos de crisis existenciales. Y los valores que se esfuman. Y la santa cruz que llora. Con su piel de marfil. Diente de elefante cazado por un rey. Convertido en artesanía. Pese a la incongruencia y las externalidades de seguir creyendo en becerros de marfil que dignifican la cruz que cuelga de la pared. La cruz que representa el devenir histórico de una biografía, que podría ser la Bryan.

Hay gente que nunca ha visto La vida de Bryan. Hay gente que nunca ha visto la historia de Jesús. Ni Ben-Hur.

Hay gente que cree en otor Dios.

Hay gente que no cree en ningún Dios.

Hay gente que cree en el mismo Dios; distinto profeta.

Hay gente que cree en un mismo concepto de idolatría fugaz y vacío.

Hay gente que cree en el humanismo.

Hay gente que cree en el ecosistema planetario.

Hay gente que cree en multiversos ejemplares.

Hay gente que lee que revive a Cervantes y Shakespeare el mismo día.

Hay gente que no lee.

Eso está muy mal.

Pero quizás no han podido celebrar las historias que les fueron contadas en su lengua materna. Tal ves sus historias han sido menospreciadas. Quizás no tienen un sistema educativo que les incluya. Y les pretendemos juzgar con nuestros ojos blancos. Y quizás es ese sesgo existencial nos equivoquemos nosotros. Nosotras. Quizás hemos cruzado las violencias que nos atraviesan.

Hoy vuelvo a escribir aquí tras meses de haber perdido el hábito de hacerlo. También tras meses de haber perdido el acceso al mismo. Uno bloqueo que a veces me inhibe. Y que se sostiene de alguna manera que no domino. Y que de alguna manera persiste. como parte de mi bloqueo. Mi propio boicot. Como si las paredes se acercaran.

Este espacio es un sitio de convivencia conmigo mismo. Y no es nada más que eso. Y eso me ayuda. Mientras tanto contruyo un sistema que se autoregule. Y que funcione.

De vuelta aquí, vuelvo a intentar encontrar mi camino.

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