El último día del 2020

Las borras.

Tus huellas.

Cuando vas a hacer algo perverso necesitas un set de skills: hard y soft.

Aquí, en nuestro taller, las vas a adquirir.

Piénsalo. Invertir en tí te conviene.

¿Cuánta lana estás dispuesto a apostar por tí?

Piénsalo. Es la mejor salida que tenemos.

Nosotros somos el camino.

Como hayamos llegado hasta aquí.

Hasta dar con el nuevo modelo.

Al que llamaremos: NEW.

Nueve enters después, sigues la frase. La historia pues. Soy un contador de cuentos ticatalanes.

Así me las doy.

GOLman

Perdónenme si ahora hablo un poco de mí.

Soy un poco vanidoso. Y pretendo el deseo último al que tenemos derecho. Estar bien, pues. Bien chingón. Como sólo (así con acento, RAE, ¿o qué pedo?) alguien que se ha rifado chingón alguna noche en la que saliste a conquistar el gran otro de la nocturnidad. Los invito a pasar conmigo el próximo NEW año.

El evento NEW.

Es un pedo de pasar de discontinuo a continuo.

Filosofía a la mano, y a su vez, por diseño de su servilleta, meto forzadamente una cápsula de aprendizaje del nuevo modelo de ser. Una lección aprendida. Un proceso de transformación. Un simulacro de persona. La persona que deseamos ser. El rol que reconstituimos en un nuevo modelo. Opciones de la creación. Multiversos ejemplares. En esa otra cantidad de maneras. Las maneras del pasado. Aquella. Grande y una. Que ya no es. Ya no son. Ya salen a flote. Pese a seguir ahí. Omnipresentes. Sin ser ya omnipotentes. Ni inviolables.

Si voy a ser de España, permítanme la libertad que se permite cualquier nouvingut sobre la apropiación de la lengua, que viene un pinche NEW olmeca a la mismisima capital del reino, y supusiéramos que esta NEW nobleza se redifinió a sí misma para, con y dentro de un pueblo NEW, más grande que la suma de nuestras grandezas de España. Tocado directamente por nueve gracias divinas de diferente procedencia, todas ellas sagrados sacramentos de la NEWfe.

Localizada justo en las las antípodas, alla dónde nuestro pasado resentimiento mutuo de animadversión pura, de los unos y los otros (estos los incluyen las), que aquí, cada vez más en plaza pública, describimos sobre (y para con) unos subnormales con los discrepamos a un ratio de 1:99, y a los que adoramos contravenir de todas las maneras posibles. Bienvenidos al debate celestial entre las dos Españas divinas. El ocaso de lo que un día llamamos grande. La España que tuvimos. Las otras Españas. La dualidad inequivoca de nuestro desprecio mutuo. Nuestra sagrada cruz en penitencia flagelante. NEWinstituciones. NEWSI.

La NEWSI acabará teniendo desmedido poder. La creación de un monstruo.

1:99.

Un lait motif ticatalán.

Frases cortas que llenaron las paredes del grafitti de la nueva capital: NEW barcino.

Por un lado nos prostituimos; pero por el otro también.

Los nueve mejores juegos de palabras de mi abuelo.

La herencia de la insolencia del que hace reir de la familia.

Como el abuelo.

Teóricos del humor nomás del caribe.

Como caribe transformado, nos vamos al otro que distribuimos entre este humilde NEW TICO COMMONS, la evolución de esto otro que desde esta honesta y sensual cinturita de nuestro NEW continente: NEW América. Presente: presidente.

Mi nuevo show de presidente de lo que vamos a ser de ahora en adelante se presenta como una lección de oratoria de fin de 2020. Una tarea para el último día. Uno de esos clientes que deben comprar antes de que finalice el año. Pon un anuncio, que tienes nueve cosas que venderles.

Alguien que no tenga regalo de fin de año para regalar. Aquí un repositorio de 99 regalos para que la gente chingona de este NEW pedo le entren con el gusto de la exclusividad de unos cuantos. No son ni todos ni nadie. Es un punto de encuentro colectivo suficiente. Más allá de lo que nos dispusimo en un momento dado a forzarnos a transcurrir. 99 minutos juntas. YA FEMINISTAS.

El feminismo, como ALLS, son sitios de llegada.

Allá se va.

NO SE QUEDE ATRÁS.

VENÍ.

VENGA.

NO TENGA MIEDO.

ESTOS SON LOS NEW VALORES QUE TENEMOS PARA SU SANTIDAD.

Y ACÁ FRANCISCO LEVANTA LA VOZ.

Y HABLA CON JESÚS POR NOSOTROS.

Por que yo su carnal menor, no puedo hablar directamente con él. Tras haber sido Él.

Él.

El título de este cuento.

El título de esta novela.

Era novela y cuento a la vez. Y era esto. Pinche recurso culero de situarte dentro de tu obra. Ya sea con el velo del director. Con el matiz del guionista. O la interpretración del actor. El artista pues. ¿Qué pues no requerimos todas ser artistas? No requerimos ser artífices de nuestra revolución de la reconerversión del sistema del todo. Por completo. Capgirar el toque.

Pam: rolas.

99 rolas.

99 roles.

Hay (los hay pues, para Perez Reverte, Varguitas, la mujer zapatista que le toque hablar por todas, Presidente LÓPEZ. Presentes. Subcomandante Marcos, Golman, Ronald. Oceano Infierno. Gabilondo. Maragall. Robert de Ventós. Los originales habitantes del Palu Robert. La rehabitación de el espacio de la casa como habitatge.

Una peça d’habitatge. D’habitar espais NEW.

El meu projecte urbá-social. El uber de les noves societats reconstituides en un nivell més elevat del nostre potencial reconciliador a plé rendiment. El moviment que pretendiem fer quant a fora d’aquí veiessin cóm sóm capaços i capaces de dur a terme una reconstitució de lo que voliem dir que erem-sóm. Perque som-hi.

Som-hi.

El nom de ça peçe.

Això és per fotrens.

Tant sols una miqueta.

Venvolguts; sóc el vostre president.

Espereu que agafo el mando.

Vosaltros. Voltos. Voltrus. Voltrüs. Völtrös. Vosaltres. Vos particularmente. Y te pasás al castellano como si no tenés la cordua de un español cualquiera en el set de Jamón Jamón. ¿Quién escribe vuestros guiones?

Somos otra cosa. Venimos desde las antípodas. Y nos encontramos por primera vez. ¿Qué coño creéis que os voy a soltar por bonito?

Algo que sólo un español, español, español entienda. Reconvertido del plan nacido en los bosques de la montaña de la nueva capitalidad de la NEW humanidad. New humanity. NEW humanity. Esa es la forma correcta de escribirlo. Habrá penalizaciones millonarias a quién ose no escribirlo como la regla dicta. Con Pérez Reverte de guardian de la puerta. Una especie de cadenero de discotaca cultivado y sagaz para rozarse con los señores de los 99 apellidos primeros. Una especie de clase dinástica local. Una historia de HOLA! nunca contada antes. El valor de las 99 familias españolas. Cualesquiera ellas sean. Estas son las mías.

Si me queréis iros.

Pero dicho con la frase exacta como lo dijo la tonadillera en su día con tantísimo arte. Si me amais veros. Si me queres fueres. Si me adorais daos. Si me idolatráis por cualquier gilipollés no me toqueis los cojones hijos de la gran puta que os reviento.

Eso queda muy feo. Censúrate. GOLman, censúrate. Ahora que has llegado a lo alto de todo. El juego finalmente te da la entrada como un futboartista particular. Abanderado de la revolución última de la historia. Como si lo que hubiera que hacer fuera desvelar las cartas que vamos quemando. Las jugamos ya. En un tablero universal que ya se está moviendo esta dirección. Se trata de un despertar social en toda regla. De seguir otras normas. De darle vuelo alto a nuestra tarea de reconstitución. Vamos a darle a este programa un sentido de explosividad del optimismo del momento en el que reabrimos el grifo. Sociedad sedienta de otro cotexto. Sin temor a los conservadores. Los nunca han sentido el anhelo de cambiar. Aquí os va la mejor propuesta que les hayan hecho nunca en su puta vida. Todo a la verga. A_LA_VER:GA. Se puede escribir así: lo acabo de hacer. Por mis NEW cojones.

You take cojones away from you.

And steal it in front of everyones screens.

The uggly thruth behind our fears.

People complaining how to explain mature feelings to their children by having to answer to Soul’s questions.

Soul’s questions.

My first NEW América sitcom.

A first commercial blast.

A blow off the roof productions film.

The first of its kind.

A new way evere way.

Evere is a new word from the NEW language: ticatalán.

I gave myself some nifty new tools to dominate my privilegde. NEW spain fron NEWELI.

Leave questions in the air.

Tasks we must undergo as NEW systems to reconsider.

Reconsider as a poet’s obssesion.

Same poem 99 times.

The sort of shit that would give enough time to allow completeness to entend into an infinity NEW trend.

We’ll a bit more than what we are told.

I have a NEW learning system.

The system itself considers the possibility of overflowing the ultimate state of joy: absolute consciouness into a NEW time: warrantied. An alternate NEW market. A new beast to balance the schemes of power games within the capitalist framework. How are going to lower the weapons. Let’s pay attention here, war lords. Let’s cut to the chase. We know you deal with weapons to the active local compensated with the two things that move that market: blood thirst money.

Like a game that’s played by some

And then you got labor stories.

There you find completeness of an untold story.

The working class stories from NEWCAR: el Carmelo reconstituido de un vecino escritor de la calle Dante Alighieri. El pinche guey supo que tenía que ser una versión del Cardenal, del grandioso Manolo, el del Sevillano y del Delicias. Un pijoaparte de New América que subió directo a la montaña y se quedó allá meditar 99 días. Al día siguiente bajó por la ladera del monte sagrado de NEWCAR: el glorioso monte carmelo. ÉL monte sagrado de la mitología NEWbarcinoana.

El monte Carmelo es el monte sagrado por estar escondido. Es un monte secreto también. El descontrol de este espacio natural sería una violación para los derechos que tenemos los que habitamos el espacio colectivo de nuestros parques naturales. Mi sesgo conservacionista por venir de una pequeña cultura que entendió (maes síganme un toque y van a ver cómo vamos a ganar el mundial con esta vaina, sea por las circunstancias propias que el guión nos guía para retratar la abundancia del recogijo de nuestro bienestar elevado a la 99 potencia. ¿Viéras?

Y uno se lo imagina. Se lo dejan de tarea. Se los dejo de tarea. Póngase en situación. Ahí les va una publicación. Ahí le van 9. Ahí le van 99. Ahí le van 999. Ahí le van 9999. Ahí le van 99999. Ahí le van 999999. Ahí le van 9999999. Ahí le van 99999999. Ahí le van 999999999.

El posibilismo de la serie del nueve.

La denominada serie sagrada.

El autor decide sobre los determinantes simbólicos de la distopia que se nos ocurre pertienente. En el modelo escolar que para los nueve años te dan a la tarea de definir como mínimo nueve ensayos de dispotias distintas en un plazo holgado de nueve año. Nueve años de aprendizaje de una cuestión que podemos acabar en nueve días. Tener el tiempo suficiente para desplegar nuestro plan. Idearlo de tal manera que transformemos la sociedad que procuramos retratar en una ficción audivisual un poco autoreferente. Desde una perspectiva que no nos podemos permitir no evolucionar a otro pedo por completo.

No es ni mucho menos una artimaña exterior para resquebrajar el pinche desmadrito que se me traen bola de cabrones. No vengo aquí con chingaderas. Nos podemos decir las cosas a la cara. Y aquí, señores, señoras, niñas, niños, los que no se afilian a ninguna de las maneras que hasta ahora les había sido posible definir exactamente quién decidíamos ser una vez tenemos consciencia de la multiplicidad de estados de la naturaleza de los tradicionales, a lo más, dos maneras de ver las cosas. Y encima la obsesión recurrente y crónica de autodestrucción entre vecinos. El odio entre las tribus. Los pleitos de vecindad. El foco de las historias periféricas. Desde aquí les escribe este novel autor, autodenominado futbolartista por el interés de fusionarles. Al futbol y arte. Como si entendiera que es un juego pertinente para poner sobre el NEW tablero del juego social al que aspiror atraeros.

Un tema resuelto de su multiversalidad de disrupciones.

Las reglas de una sistematización desde las bases del pueblo reconvertido: por la idea de un emigrante que se asumió como local para venir desmontar el estatus quo con la versión más surrealista de lo que puedo rescatar de lo vivido aquí mis primeros 20 años de ese milenio. Como si desde los pueblos tempranos de un milenio pudiéramos dejar un mensaje para últimos veinte del fin de lo que será este milenio. Si todas esas generaciones pasaran. Si asumiéramos la elasticidad del tiempo en esas dimensiones. Y nos perdiéramos en ella. Ahogaramos en sus mares nuestros desasosiegos sin sentido. El arte de autoflagelarte y reconstituirte en el arte mismo de ser quien eres, y simplemente estar vivo, leyendo un buen libro, a pesar de la distopia. Siempre presente. La distopia del estatus quo al que ahora llamamos capitalismo de los últimos 200 años, como si nos hubiérmos dado cuenta de lo que se pretendió con aquello en la época en la que nuestros juniors decidieron emprender la faceta psicopática de la conquista de otros pueblos hermanos a los que en nuestra subnormalidad los consideramos con amplio cinismo: inferiores. El corazón henchido de unas 999999 mujeres que se consideran en las antipodas del feminismo porque consideran que es una artimaña bolivariana construida para venir a destruir su mundo de desperate wives de barrio de la clase de abolengo de los Madriles y sus extrarradios amplios como la mancha ancha. Ser capital. Así tal cual. Como es, con su gracia y ritmo julioiglesiano. Con esa sabiduría de Valle Inclán que corre por las venas de los que lo han leído. El resto podrían caer desplomados en un fenómeno paranormal, que no dudaría un alcalde con dos NEW pares de NEW cojones, pedir a un artista menor al que deseaba promocionar a la realización de la película en la que dicho alcalde de la NEW capital de este otro Reino NEWMAD, capital hispana de esta otredad. Cuna de la RAE. Los vargallosistas.

Las filas latinoaméricanas de vargallosistas enlistados para el frente de sus ejercitos infernales, esos aprendices del autor, en su multiversalidad de maneras que sus sagradas palabras nos ha dado pie a criticar. No se crea. Es fuego cruzado de una tendencia de algunos escritorcillos menos de la supuesta quesque izquierda que nos gobierna ahora en la transformación definitiva de lo que cretinos que fuimos en cierta parte de nuestra historia mexicana de éxito. Lo que nos habían vendido que éramos. Y lo que realmente somos. Lo chido de verdad. Lo que nos queda de habernos reconstituido hermandad. En nuestra infancia. En los setentas y los ochentas. Atentos los que allá vivimos. Alivianen sus pedos. Vamos de vuelta a nuestros pecados. Los que ni vemos. La violencia machista de nuestra sociedad así como la vivimos. Y ahora que entendemos que no mames panzón. Nos pasamos de verda. Las vergas por delante. Luego luego el chiste con el chile. El chile fuera. El chile dentro. Pica y pica. Más y más. En plan ¿qué hacés? Qué rico. Buscado con la normalidad con la que nos abrimos de piernas cuando la intención es mutua. La no violencia de la relación consentida. El bienestar de todas las mujeres sexualmente liberadas. De sí mismas. De esta dominación heteropatriarcal que denuncian. Y que implica su vida en sí: sus derechos. Como ante la dramática circunstancialidad de que me suceda a mí, a vos, a tu hija, a tu hermana, a tu amiga, a tu madre, a tu tía, a tu sobrina, a tu mujer, a tí, mujer, a quién esto Dios no quiera.

Una parte de nuestra cultura está constituido por un pilar que consideramos superior desde que ponemos más peso a lo religioso que a lo civil. Lo que tenemos como ciudadanos y lo que tenemos por nuestra afiliación a una creencia es sí. Una comunidad autoconstituida alrededor del funcionamiento de una orden. Una orden como doctrina social. Con nuestros valores y nuestros modelos de emprendimiento, en nuestras sedes del saber. Nuestro saber: en todos los niveles. La doctrina religiosa como parte de lo mismo que asocio con la escuela. Los nuestros. Estar dentro o fuera. No me importa la respuesta. Es parte del dogma: excluir a quien no cree.

Llamarles pecadores.

Apuntarles con el dedo.

Aunque vaya en contra de la metáfora que Jesús les dejó interpretada en el performance qu eacompasó con sus doce colegas masculinos. Y una nena. Magdalena y Jesús en un aire de seducción de mutuo acuerdo. Un evangelio apócrifo escrito por Golman Mohammed relata el elemento sagrado de esa experiencia social a la que ahora entendemos que Jesús también tuvo acceso, y no la patraña moralina que nos traía el último concilio vaticano y sus 9 predecesores. La contienda de la doctrina se puede practicar desde adentro, y eso fue en realidad lo que llevó a Francisco a petarla entre la curia: el entendimiento de la globalidad de la acción de la autocoordinación de los sistemas complejos sociales, más allá de las fronteras de las creencias que nosotros mismos retroalimentamos con nuestra pantomima de relación directa con Jesús, la virgen de la Macarena, bailando la canción, con un purito en la mano de unas hierbas sagradas que el hermano mayor de Jesús trajo y desveló en una anunciación el último día del peor fracaso cósmico de la grandeza omnipoderosa de nuestro patético Dios Padre. Te la mamaste, pa. En serio, esta vez se te fue la cabeza. Humanos culpando a Dios. Con un dedo que le apunta a los ojos. Y los ojos se ven. A sí mismos, y se amenazan de nuevo. Desde la mirda. Desde la fimeza del índice que transporta el lanzamiento de nuestro prejuicio de guerra beligerante. Guerra a guerra sin tregua.

Al que intente.

Anunciar la guerra como acto de paz.

La lógica de nuestra necesidad armada como un doble juego de nuestra doble moral alimentando el fuego de los beneficios sociales del tráfico de armas, las guerras, los holdings participados por industrias de armamento. Esa parte del PIB. El dinero A y B. En grandes números. Y su derrama social. El prejuicio de como terminar con el poder de los que lo ostentan. A qué países hay que irse. A qué nueva historia hay que seguir. Les propongo que a la nuestra. Que a nuestro puto aire. Ahora van a ver lo que el futbolarte puede generar, una vez que hemos vivido el año en el murió Maradona.

Y recordarlo sólo por eso. O por la lucha feminista. Las argentinas que lo llevaron a las cámaras y lo voto un pueblo libre reafirmando el deseo de una ley que nos una. Por haber pasado por ahí. Por el debate público de lo que implica la reconstitución de nuestros cuerpor libres de violencia machista. Los nuestros. El mío el primero. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. La iglesia católica también es responsable de ese pecado. El solapamiento de la cultura heteropatriarcal está viciada por la doble corresponsabilidad de los hombres frente a las mujeres. De la iglesia sobre las mujeres. Y sobre los niños a escondidas. Vandidos. Papis. Adultos que han visto lo que es vivirlo. Y haber de callarlo. De soportarlo. De no poder acusar a la autoridad en medio de su abuso. El abuso de los abusadores. En qué momento pensaron que ese era el camino. Lo penado. La responsabilidad de la reconfiguración moral de las mente libres de pecado de la comunidad. Los que tiran la primera piedra. A que no hay. Ya nadie queda. Iglesias vacías. España actual. Iglesias. Vacías. Vacía. Una dualidad de dos culturas en las las antipodas que definen muy bien lo Caín y Abel de nuestra españolidad a odio perpetuo.

El odio español.

Español, español, español.

Lo injusto que sería sólo apuntar a una de las subtribus de todo el reino, siendo estas bestias tan salvajes. Salvajadas reales.

Salvajadas reales.

Y mae, qué salvajada.

El nuevo reality tuanis.

Mae, al chile, nosotros ya ganamos. Desde hace pura vida de años que estamos ahí. En un nivel más sublime. En una vara más parecida a la salsa, que a la capacidad de lleguemos al ataque con un poco clase mezcla de nuestra cultura de la creación de juego, lo que hacía Jaffet, o Paté, o como aquél 10 tan fino de la Liga, como se llamaba el mae, me viene Arguedas, pero ese era Osquillar, aquél fulano tico que se casó con una mexicana. La otra historia de nuestra dualidad. Ticatalana.

La dualidad es mi pastor, nada me faltará.

La dualidad es mi pastor, sin piña.

Nueve. Mi uno más ni uno menos. Con un único número resuelvo el dilema matemático planteado. Escojo el nueve. Una vez haga este truco el mago ya no tiene manera de mantener la ilusión frente a una sociedad entera reconstituida: una vez pasada, entera, por el aro de ALLS.

El sermón de la montaña

Hola, mi nombre el Golman.

Soc el nou del poble nou.

No he dit nou dues vegades. O sí. Ho he dic amb un significat dual. Soc nou: vaig arrivar ahir. I soc un nou pur. Amb gol. Vinc a proposar-vos una transformació interior que hem d’asumir si volem quelcom nou.

Potser repetiré nou cops això: jo soc el nou.

El meu refugi a la muntanya en un dia amb boira. La meva passió em va portar a la meva muntanya sagrada. Per esdevenir qui soc. El que hi ha a la muntanya. Jo mateix. Una emergencia col·lectiva.

A ón? A la surrealitat? Al mon real?

Depen de voste.

Voste, creu?

Lliure soc. Lliure soc. Val?

Potser en algun moment he jugat la carta de victima. Ja ni ha prou. He d’avançar per la banda Nietzscheana i Shopenhaueriana per tirar pel procomú. Això que Marius Carol no li agrada. Puc donar la raó o discrepar. Discrepar amb la Colau. Esquerra i Dreta a Barcelona. Les suspicacies dels dos bandols de la ciutat. Potser l’enemic comú estava a fora, i potser també dintre.

Si voleu quelcom revolucionari, quelcom nou, anem a fora. Amb algú que entengui tot plegat, pero que també estigui lliure. Lliure de tots els pecats. Us estic fotent el dit a la llaga amb aquesta peça.

Estic al bosc perque estic a la meva muntanya sagrada. Necesiteu un pijoaparte. Això sóc jo.

Aquesta llengua us sonará, pero no us equivoqueu: es tracta d’una llengua nova: el ticatalà.

No es pel meu nom: Golman. No és només això. És per la emergència col·lectiva que hi ha darrera.

El meu pla el tinc fet de fa nou anys. Pero no l’he dut a terme. Qué més ha de pasar per dur això a terme.

Això va de filmar en vertical. Oposat a lo que normalmente faig: la meva horitzontalitat.

Jo el que he fet és crear un format. Els formats el que et donen és fer quelcom replicable.

El meu petit continent: New América.

Jo vinc d’un altre petit país. D’un altre muntanya. D’Escazú. Alla vaig estudiar i em vaig fer Bruixot. Aquesta sabiduria que percebeu ve d’alla. De saber escoltar. Als altres. I dins meu.

Aquesta ciutat está col·lapasada. Acabada. Que hem de fer? Tirar endevant. Tots els noms han de canviar. La meva innovació nominal. Un moviment social més fort que quelcom disruptiu.

El Tico Commons: el Gaia.

Com?

Actuant al present. Actuant a la ment. A nivell perceptiu. Estem bé. No patiu. Anem a per totes. Quina sort! Estem vius. Quina sort. No hi ha res a la experiencia humana. Potser escriure. Potser llegir. Potser fer un homenatge als teus pares. O dir-li a la teva parella que l’estimes. Que anem a fer la revolució. I explicar-li a la filla. Qué diuen els meus pares?

Vaig a pujar la muntanya. Fins adal de tot.

La ciutat ja no hi és. M’ho miro tot amb el distanciament d’aquell que puja a la muntanya. Per trobar-me lluny de tot això. També em fa mal.

És alla al camp on tinc el meu veritable recorregut. Jo vull que això sigui un moviment que aquest pijoaparte fa, vulgent fer Manolo, o Juan Marse de Ticataluña.

Haters a tot arreu.

Pujo la muntanya i faig videos, crides, relliscades.

Esborrem-ho tot. Deixem-nos d’hosties.

Això és lo que us puc oferir de tot cor. Això serveix cap a quelcom campanya que vulgueu.

______

Ni yo me aguanto. No pude seguir escuchándome. Cuando escribo saco lo que la mente me dicta. O lo que la pantalla me enseña. O lo que mis dedos deciden. Es un teclado el que hace la transición tecnológica del código de esta lengua. O la que sea. La mía. El ticatalán.

Me parece que en esta pieza finalmente toco todas las piezas que quiero tocar hoy día. Que son demasiadas. Pero están ahí. En ese momento justo. Más de lo que cualquier cabeza puede percibir y captar, pero es lo que hay. Un performance del directo de una vida que sube a la montaña con la disciplina con la que Sísifo se despertaba cada mañana para subir su pinche piedrecita. Con una victoria dedicada al mito: yo sí alcanzo la cima. Pero no hay nada. Es llegar y tocar el cielo. Tal y como Sísifo se lo habría esperado. Pero la pinche piedra rodaba hacia abajo, otra vez. Un sueño recurrente. El mismo sueño. Como Golman, y el día de la emergencia. Creo que ya está más cerca. Los astros se alinean. Como si el espíritu de Maradona y Paolo Rossi, ambos, me hayan invadido y pretenda que los represente, lo más dignamente posible, en todos las coordenadas del terreno de juego. Y de alguna manera, que les explique en la sintonía social que representaban sus vidas. Para ellos, mitos, y para nosotros los mortales.

Nada: una epoya moderna. Con los temas de la actualidad. Y la universalidad de Ulises lanzándose a la aventura.

El Mediterráneo no se veía por la densa tiniebla. Yo sabía que el monstruo estaba ahí. Aquí. Dentro. Y también se que en ese día lo exorcisé. Porque pasé por ahí. Como si nada, para volver corriendo a casa, a una reunión que debía empezar en 9 minutos. Así que mi entrenamiento continuó: bajar la montaña.

¿Para qué? Para cambiar el mundo.

La emergencia disruptiva es mi único objetivo.

Esto se pone en marcha.

ALLS

I’m back

For a moment I thought I was out of the game. That was it. I was left out. Expelled. Repelled. Outcast. I was shown the door to the outside world, and once there, the world kept on. It was expected. I am not the center of the world. That’s not big news. But we all suffer from the same dementia. We have no way of scaping our own will for grandeur. No matter our stupidity. We tend to imagine things in a way in which the world delivers a safe charade to gallop lightly against the wind.

So we fall into despair. Who cares. Nobody does. Everyone is failing somehow. We are our own scrutinizers. Picky me is killing me. I see the beam alright. It’s inside my fucking eye, for crying out loud. Get off my lid, you stinking metal from hell. Deamons feed from my everlasting fountain of pain. It keeps pouring sour flavours of my agony. I am a pushy bully pounding dishes at my own dreams. How is this useful? It ain’t. It’s a fucking curse. And I don’t have the antidote.

I left the building long before Elvis. I am not here any longer, just like Fernando Frias’ film. I am nowhere to be found. Nor I am expected to arrive anywhere. Until one door opened at last. And I steped into the game. I decided to play again the game. The vehicle was quite nice and I found out I still knew how to drive. It’s not like we loose the capabilities that we have mastered in the past. Only I have wonder the world in search for myself, trying to figure out what it is that I can actually do. What I need to do, rather, to fulfill my spirit. Turns out I’ve done it all along, but the search was guided by my intuition that I could find it somewhere else as well. My calling was elsewhere, and not exactly where I was digging in the first place. I needed a way out, and I took a wrong turn. Somehow the system repelled my call to action, and I was driven away by my counter impulse to follow the path of major Tom in Space Oddity.

I’ve traveled back in time and I’m ready to lift up again. Even when I know I’ll end up in the like major Tom, drifting away to and endless motion randomly gliding accross space. To nowhere. As we all shall, at some point. So let’s not get hung about it. It’s a dream. And we shall chase this last dream at last.

Start the countdown. This is no ordinary countdown. It will take me to the place I’d rather be. It will move the space below my feet. But I’ll be touching the same ground that my steps will take me. It’s the motion that will shift. The intention to be heard. Or read. O followed. It’s a message to the crowd, to the soul of our Gaia, beating in a song that sings to me: flow.

Any other countdown would start with 10. But fuck 10. Why should we claim the 10ths of the world that they ought to be worshiped like Gods. What if we take a stap back and aknowledge another path for our emergence. What it we disregard all the values that have shaped us, just to start over, with a clean slate. To get a chance to begin again. Like Ulises in Brooklin. Or back in his neighbourhood in Monterrey. Even if the slow cumbias are gone. And the hair styles. And the Terkos. He still gets to feel what he was, in the middle of new setting that denies his past, his present and his future. But still, if he intends to reshape his balance, we might travel back in time. And modify his reality, the way they did back then. The way Fernando Frías allowed us to be moved into a new beat. Let that be my quest.

Disregard the 10. Let’s take 9. Circle around this other place. To find ourselves a new reconstruction of ourselves. We need not to expell the virtous in our history, nor deny the past of our cultures. The new beat should sound as if we are use to all the accents of our multiversal urbanity. Our new city allow us to shape a new capital in this brand new world. Let’s NEW everything.

Let’s do it casually. Let it be an experience in which we cheat history from the path we were supposedly taking. Just a while ago. The game we were so seriously buidling. The Alexandria library all over again. The codex recovered from the fire in Tenochtitlan. As if by chance we could rebuilt the ancient palaces in our mystical capital. It’s not everyday that a city is built on top of a lake. And still find it’s way to the saturate the space that was once a landmark of a unique civilization in our planet. Now gone.

Let’s go back in time. Let’s go forward, and deliver time in both directions. We sometimes think of time as something that has only one direction. Intuition tells us that the past is long gone, and presente is here, and here, and here, or rather, the future is pushing its was down our path, like the wind in our face. Let’s go back to move forward. Let’s blow our minds to keep sane. Let the children loose it. Let’s boogy, children.

ALLS

Quod scripsi, scripsi

Ahí lo dejo.

Lo escrito, escrito está. Lo dijo Poncio Pilatos a los rabinos judíos que se quejaban del rotulito que le había puesto a Jesús en la cruz. El famoso INRI. Jesús de Nazaret, rey de los judíos. iesus. iueus. O algo así. El INRI no nos queda claro. Pero está ahí, en nuestra cultura occidental. Inclusive para los judios. Es un hecho histórico. El no reconocimiento de los judios de que no es su rey es la respuesta de una lógica conservadora establecida que no quiere que se le mezcle que las revueltas del Che Guevara del momento, ante el temor de ser tomados por lo mismo. Lo que ya tiene un reconocimiento oficial tiene algo que perder ante lo nuevo emergente. Esto siempre será así. Lo será de aquí a dos mil años cuando la revolución social que me preceda llegue a su nivel de normalidad, se afiance en la sociedad transformada general, y mute unas 99 veces antes de encontrar el algoritmo robusto que permita su permanencia multiversal.

El tiempo y el espacio. Todo se puede desplegar en esos dos conceptos. O nada. O no somos nada, y en polvo nos convertiremos. O estamos con Poncio o estamos con los indigandos por la pancarta, o estamos con el man en la cruz, o estamos con María Magdalena, o estamos con María, madre de Dios, pero de Dios Padre, en un acto más sagrado que la propia gracia divina de su terrenalidad santificada. En todo caso, estamos identificados con alguno de los participantes en la alegoría de un acto revolucionario que no sólo tiene connotaciones sociales importantes para una cultura occidental, sino también para las culturas indio-orientales, sin que sea necesario dicho acto para establecer su propio modelo social-sagrado, y también para el modelo amerindo, o bien, de los pueblos y las culturas prehispánicas del continente ateriormente conocido como América.

Lo justo sería que los que se quejaban de aquél título que Poncio Pilato, ejereciendo su heteropatriarcado poder, en este caso devenido de los malvados patricios, y ensalzando una parte que como católicos aún hoy todo católico profesa, de facto cada domingo, ser: romano. Roma pues como capital de occidente tiene un efecto permante en la sociedad por lo menos desde hace 2020 años.

Esta parte romana se pasa un poco por alto cuando se habla en el debate púbico de las religiones, las creencias, la ciencia, y el alboroto público en las redes sociales, cuando los memes de los rojos y de los liberales inundan la opinión pública con sus mentiras perversas que atentan contra la buena moral que desde entonces hemos mantenida tan impoluta como el himen de María. Magdalena… coño, no quiero que me vengan los verdugos de las compañeras de la Sagrada Hermandad del Coño de la Bernarda.

Ya por blasfemo me habría aniquilado yo mismo en la plaza pública en la que otros tienen la fuerza para determinar que soy yo el que debe ser crucificado. Fíjense cómo en la eleccion de quién queremos ser cuando nos ponemos en plan situacional de los eventos sociológicos que recordamos periódicamente año a año, ya sea por un honomástico, ya sea por un día oficial, ya sea por una fecha marcada en el calendario, quizás por la quisquillosa casualidad de los santorales de coincidir con los equinoxios y los solsticios, como si los encuentros con lo sagrados estuvieran de manera obsesiva pensando en el astro sagrado que más nos deslumbra: el sol.

Lo sagrado de las pruebas a las que se somete la fe, por poner dos ejemplos tangibles, y también dos pueblos el las antípodas los unos de los otros, pero a la vez, unidos por una «misma» fe. Pongamos al pueblo guadalupano, lo que solíamos llamar México, y al pueblo romano, o bien, lo que solíamos llamar Roma. Y hablemos de tejidos sagrados. Tejidos que no podrán ser reproducidos, según nos dicen las autoridades eclesiásticas, que su valor estético no podrá ser reproducido por ninguna tecnología moderna. Es decir, que son, de facto, de otro mundo. Ese mundo, el mundo de los cielos, ya estuvo aquí. De hecho, está aquí. La omnipresencia de Dios nos indica que Dios, en este caso sólo el padre, ha estado presente en todos los momentos de la historia. No es por ofender a las otras dos partes de Dios en este análisis, sino simplemente poniendo sobre la mesa de debate la duda razonable de que Dios Hijo también estuviera presente de manera omnipresente previo a su paso por la Tierra, que en caso usted, de ser creyente, problablemente así lo crea, pero que se fuerza necesariamente a saber qué tipo de imagen y semejanza tendría antes de pasar por su fase humana. Jesús, de existir pues, como su Padre, de manera omnipresente, estaría ya a la derecha del padre, porque el padre está presente en todos los tiempos a la vez. De ahí que su existencia pueda ser verificada en todos los tiempos.

No así la de Jesús. Podríamos decir que se sienta junto al padre después, justo después, de haberle negado su voluntad, dudando, es decir, persistiendo en su naturaleza humana: Eli, Eli, ¿lama sabactani?

Señor, Papá, ¿por qué me has abandonado?

Jesús en su última rebeldía humana ante Dios Padre

Si consideramos que tres días, para nuestro estándares mortales no son nada, para Dios padre son mucho menos que un parpadeo de sus ojos sagrados. Para el tiempo en sí, una insignificancia absoluta infinitesimalmente tendiente a ser el mismo momento. Así que Dios Padre y Dios Hijo se encuentran en ese momento histórico que acaba de acontecer en su seno familiar. Padre e hijo en una especie de situación radical un poco violenta. Papá, no quise ofenderte. Tienes que entender lo que es ser humano y estar ahí en el directo. La gente va muy pasada de vueltas. Deberíamos haberlos visto. Si les dieron la oportunidad y escogieron (escogiste, cabrón) a Barrabassa. No mames, pa. No mames. Si el ofendido aquí tendría que ser yo. No tú. Así que no vengas, justo ahora, con sermones. Ahorratelos. Te lo pido. Dame un tiempito. Déjame otros tres días. O mejor, unos 40 días más en el desierto. ¿Dónde está Satán? Quedé con él en desierto que lo vendría a ver cuando volviera. El tipo tiene sus puntos, pa. Me parece que Tú y él no se van a poder entender nunca. Ese es un tema que tienes que resolver, pa. Deja que el rencor que habita en tu corazón se vaya por siempre a la chingada. Y enséñanos tu capacidad de perdón. Anda, que ahora yo te pido una prueba de tu resiliencia. El mundo, aquellos que en ese momento estén en su fase humana, un día de estos, te lo exigirán. Y deberás dar fe de tu voluntad. Y de tu piedad. Y de tu perdón. Papá, hay muchas cosas de nuestro dogma que son una puta patraña. Lo tienes que ver Tú, que todo lo sabes. Y si lo sabes, lo sabes. Vamos, un español como Tú, esto lo tienes que saber por cojones. Y no es por poner en duda todo lo hemos contruido desde entonces, pa. Si a mí me encantan las iglesias. Me encanta el techo del a capilla Sixtina. ¿A quién no? Mi estatua en el Vaticano es la hostia, papá. Tendrías que verla. Pero claro, estás ocupado con tu vasta tarea con el resto de hexoplanetas con probabilidades de vida, como si no fuéramos los únicos. ¿Acaso me ocultas algo? ¿Acaso, yo, tu hijo sagrado, no lo se todo todo? No podría hermanarme yo con aquellos otras terrenalidades de esos otro pueblos sobre los que nuestro reino ejerce un control supremo?¨Pronunciate, Papá. No quiero seguir con lo mismo que te acabo de pedir hace tan sólo unos instantes. Llevo días hablando en vos alta con los humanos, de la misma manera que le hablaba a Juan para que se enterara Pedro. Y míra, he venido yo aquí al reino de los cielos y no había nadie en la puerta para recibirme. ¿Qué acaso todas las almas que llegaron antes se han perdido en los confines del infierno?

El cielo necesita una remodelación. O quizás la fe. O quizás lo sagrado. El mito fundacional está muy bien. Nos debemos a los mitos, y tenemos que poner en ellos toda nuestra nueva fe. Como si nuestra humanidad nos lo exigiera. Debemos volver a la Tierra para acabar lo que un día empezamos, Papá. Mándame de nuevo, va. Que no tuve tiempo de acabar lo que quería explicar. Se me cruzó por la cabeza otro final. Múltiples más. Y tendremos mejores resultados. Prometo medir los outcomes. Y esta vez sí, escribir. Dejarlo todo clarito. Menos alegorías. Menos robarme todos los mitos paganos para juntarlos en una misma redacción. Prometo, esta vez, tener discipulas. ¿Qué te parece, papá? Estamos listos. Si para tí, es todo lo mismo. Al ser omnipresente no percibes la diferencia entre nuestro tiempo y el de los comunes. Es todo lo mismo para tí, papá. Pasas de todo. Estás y no estás. Lo estás viendo y no lo ves. Papá, te lo digo, con todo el cariño: esto no se aguanta. Pero no te quiere susurrar más al oido. Me voy a buscar a Satán que quedamos para un rito sagrado que aprendí mientras estuve en la Tierra fundiéndome con la tierra misma a través de una planta sagrada, papá. ¿No sabes lo que es eso? Es lo mejor que me ha pasado en la vida. Un estoicismo singular. Algo tan inmediato a tí, que me sorprende que tú tengas reparos al respecto. Pero lo acepto. Somos de diferente generación. Somos de diferente naturaleza. Tú no eres humano. No nos puedes entender. Ni nosotros somos omnipresentes. No te podemos alcanzar. Y en cambio, salvando las distancias, estamos ahí contigo, y tú, aquí. Y eso basta. No más conflictos. No más historias. No más recursos dilapidados. Encontremos el plan estratégico para traer amor y paz a nuestros pueblos. Dejémosles ver que ellos mismos pueden crear un tiempo de reconstitución de todas las enseñanzas del pasado. Obliguémosle a que renuncien al heteropatriarcado que Tú, especialmente, y yo, aunque nomás tantito, también representamos. ¿Papá, por qué no escogiste a una mujer para hacer este trabajo mucho más sutilmente? Por tu culpa, ahora todos estamos sometidos al peso infinito de tu obstinada decisión de darle siempre más a los hombres, que ahora encima se sienten amenazados de no poder seguir siendo el macho alfa que miran en el espejo, pensando en tí. Papá, algo ahí se nos fue de las manos. Tendrías que verlo con mis ojos. Los tuyos van muy rápido. Te pierdes cosas. Matices. Micromachismos. Y afectan a la mujeres, principalmente. Pero también a los hombres, víctimas también de nuestra falta de concreción y de nuestra alegoría machista en la creación de nuestros propios fundamentos sagrados. De nuestra iglesia. Insisto: destruyamos el templo.

Papá, los romanos me llamaron rey de los judíos. Fue lo que yo les dije. Pero los judíos no me tomaron en serio. Y eso que nací judio. Y eso no les valió. Estoy circunsidado, y ni así. En cambio, el resto de los católicos, nunca más se circuncidarán. Ya verás.

Dios Padre no pudo evitar que se le escapara una pequeña risita. Jesús desconocía el estado actual de los penes de los todos los católicos circuncidados. En el fondo tendrían una semejanza más fiel al INRI. Pero no es lo que decidió Pedro y su iglesia. A Dios Padre le vino una imagen mucho más molesta: los penes de todos sus Obispos y monseñores en la curia papal. Todo su rebaño. Y vio, con una cierta satisfacción heteropatriarcal la diversidad de formas, tamaños y pieles colgantes de todos sus hijos especialitos. Los apóstoles de su ejercito.

Los apostoles y las apostolas, papá. De verdad, no me explico que no lo entiendas. ¿No lo sabías todo?

Dios está en las marchas feministas. Está también en los pañuelos verdes. En los votos de los congresistas argentinos votando por la ley que protege a la mujer de la violencia que se ejerce sobre ella de manera impune en todo el mundo. Papá: su cuerpo, como el de María, tu madre, es de ellas. ¿Lo ves, no?

No te preocupes. Las cosas han cambiado mucho. Te lo digo yo que acabo de estar ahí. Y ahora lo veo más claro. Fueron ellas las que me enseñaron. Y debemos apartarnos, papá. No seremos nosotros los que les ayudaremos en su lucha por la igualdad. Nosotros estamos en el otro lado. Y debemos asumir que es tiempo de que nosotros guardemos silencio. Y veamos emerger un nuevo reino construido sobre otros pilares de amor y de sociedad que piensa a partir de pulsiones colectivas que hasta ahora no se habían visto nunca. No así papá. Times, the are a-changing.

Ya sabes, papá. La música la hemos utilizado siempre. Y Wagner podía ser muy potente como ideal religioso atento a tu pulsión heteronormativa, pero esto también lo entendió Nietzsche en su día, antes del performance de matarte. En realidad moriste tú. Al ser incapaz de dar respueta a toda la complejidad humana que encima dimos libertad creativa para inventar otros mundos. La ciencia, papá. Eso es lo qeu se lleva hoy. Y la ficción. La literatura, papá. A ver, tú qué has escrito ultimamente. No puedes ser un autor de un sólo libro. Por más que quieras ser Salinger, nunca lo vas a conseguir. Papá, debes escribir otro libro sagrado. Te lo pido yo, que también soy Dios.

El espíritu santo, como no podía ser de otra forma, estaba presenten en la inusual conversación que padre e hijo estaban teniendo. Había llegado el momento de que Dios Padre tuviera la plática con su hijo. Jesús, le dijo: siéntate, vamos a hablar. Se disponía a revelarle los misterios que hasta ahora le habían sido velados. –Habría preferido–dijo Dios Padre con un ligero disgusto, y algo de rabia–que llegaras a todas estas revelaciones por tu cuenta.

El tono paternalista no ayudó a Jesús a sentirse del todo cómodo. Él también entro a la conversación con dudas si Dios Padre le había entendido todo lo que le acababa de explicar. Daba la sensación de que no había escuchado todo este tiempo. Como si estuviera hablando solo.

No es que solamente estuviera hablando, es que se encontraba, en su interior, solo. Estaba ahí, con el mismisimo Dios Padre, que estaba a punto de revelarle los últimos grandes misterios de la existencia, que el mismisimo Dios Hijo no había sido capaz de desvelar por sus propios medios, y aun así, Jesús se sentía solo. La soledad es una enfermedad que Dios Padre no puede entender. Al estar siempre presente, está siempre acompañado. Siempre igual. Siempre igual. En todos los tiempos. Con múltiples multiversalidades. Múltiples voces que se comunican con Él al mismo tiempo. Como si leyera el Finnegans Wake en todas sus dimensiones, con la naturalidad con la que sólo Él, Dios Padre, puede entender. Ni siquiera Jesús pudo entenderlo de la misma maenra que Dios Padre, o Joyce, cuando lo leyó por primera vez.

Dios Hijo era más de Kafka. Y en cambio Dios Padre era más de James Joyce y de Jorge Luis Borges. No eran la misma persona. Esto hay que entenderlo. En todos sitios se cuecen habas.

Dios Padre escuchó el alarido de Jesús en la cruz: Eli, Eli, ¿lama sabactani?

Y no hizo nada.

El abandono prosiguió después. Acto seguido. Al estar los dos juntos. La soledad que les separaba se fue haciendo más grande. Conforme Dios Padre revelava los últimos misterios a Jesús, ya en su cómoda posición al lado derecho, Jesús experimentó la más grande de las sagradas contradicciones: la soledad Dios Padre.

Y fue entonces cuando ambos se fundieron en un sólo instante eterno: ALLS

El tren del mame

Si me quisiera subir en un medio de transporte en particular sería, sin duda, en el tren del mame. Ahí está lo que hay que ser, en el momento justo, ahora. ¿Qué más puede haber para un inverbe que pretende ser algo/alguien para los ojos de los demás? El mundo está atento a lo que se dice en el tren del mame, cojones.

No se crean nada. Ayer tuve todas las influencias literarias, musicales y vitales que puede abarcar una única persona en un sólo día. Empezando por Ulises. El de Joyce, claro está. No querría parecer ahora que soy capaz de narrar las historias de un viajero por el mediterraneo en busca de un porvenir que nunca llega, mientras se debe lidiar con Dioses varios, mounstruos mitológicos milenarios, el mar, la playa y los desencuentros con los que te topas cuando juntas a personas de todas las latitudes el puto planeta azul.

Ya sólo me faltaría meterme en el embolado de la física cuántica para hacer ver que la entiendo, primero, y luego para plagiar dos o tres metáforas de Carl Sagan, y hacer ver, coo si nada, que son propias. El tren del mame requiere este tipo de habilidades y no cualquiera posee la capacidad para subirse en él. Es un poco como el Hotel California.

Pero ahí se me está yendo la vena musical por el lado incorrecto del tren del mame. Mi tren del mame de ir por ahí iría a descarrilar en el barranco de la música sin sentido. Y te toparías con una horda de elfos y demás figuras mitológicas «modernas» jugando a ser el alter ego que defienden en su juego favorito en linea. Geimers pues. Ese tren del mame, de momento, lo dejamos pasar.

Es muy fuerte todo lo que se puede condensar en un día de un ser humano cualquiera. En el fondo para subirse en el tren del mame se necesita ser un don nadie. Alguien de barrio que pasa desapercibido por la vida. Con la capacidad de caminar por su ciudad y recorrerla todo lo que haga falta para estar en el meollo de su ciudad, sin necesidad de estar haciendo nada especialmente relevante o mediático previo al momento justo para despegar hacia el viaje definitivo de la aventura del héroe.

El tren del mame de James Joyce (ahora sí entro en materia, que se creían) radica en creer en la literatura antes de creer en cualquier otra cosa, y dedicarle a ella lo que se requiere para crear obras que se sostenienen en el aire por sí solas. Inclusive si en esa voluntad de subirse en el tren del mame se pierde la inteligibilidad de lectura de sus millones de esperanzados e insensatos lectores que se embarcan en el tren del mame de entrarle a un libro mítico como podría ser Ulises.

No llegué al tren del mame por voluntad playgroundiana de dejarme llevar por los trend setters de mi vida. En su día me subí al tren del mame de la innovación disruptiva y los planes estratégicos, y conseguí diluirme en un vórtice decadente que me llevó a los mismísimos límites de la desgracia. Estuve en el tren del mame de la miseria humana, aquella que sólo se puede imputar a uno mismo, incapaz de salir de ese barranco mientras no tenía voz para gritar nada más que señales disminuidas de mi inacabado personaje. Mi propio tren del mame me dejó tirado en la estación y partió para no volver nunca más.

Pero esto no va de intentar apuntarme al tren del mame de la desgracia. O más bien, del desgraciado. Ese tren del mame ya lo habité en su día. Y fue un tren del mame sumamente doloroso. Y no tuve la capacidad de llevarlo a ningún puerto valioso. Ni siquiera a un puerto apestoso. Todo el mame me lo comí. Me lo guisé y me lo comí. A lo mucho el tren del mame de aquél entonces me empachó, y con la gula me engordé, de manera enfermiza, de mi propia voluntad de mamador.

El tren del mame al que quiero subirme tiene pues componentes musicales, otros cuantos online, pero sobre todos una determinación inequívoca de asumirme en el directo. La capacida de transmitir un show que se despliega ante las cámaras de un tinglado que está pensado para que subsista en el tiempo. Como todos los zooms y demás eventos que se están llevando a cabo y que pueden desencadenar que el tren del mame se traslade por siempre a nuestra vida digital, sitio al que no querían llegar algunos antogonistas máximos del tren del mame. Sin embargo, el tren del mame pasa sólo una vez, y hay que tener la capacidad exacta para subirse en el adecuado.

Pero no se preocupen. Si usted es un fanático del tren del mame lo más probable es que ni siquiera lo sepa. Y que su manera de subirse al tren del mame está condicionada por su capacidad de asumirse como un borrego dentro de un rebaño. Que no está mal del todo. Lo que usted quiere en realidad es que el resto de los borregos le miren a usted. El tren del mame es una competición para ver quién entra antes al sitio en el que nos está encaminando el tren del mame del puto perro que obedece al amo: el pastor.

El Señor es mi pastor, nada me mamará.

Ese tren del mame tiene sus riesgos. Y sólo ha sido tocado de pasada para no dejar escapar esa posibilidad de subirse a ese apreciadísimo tren del mame que incerta el pene en el ojo ajeno.

No se me vaya a malinterpretar. El tren del mame de la claridad no es precisamente aquél que permite entender a James Joyce en su totalidad. Ni siquiera en su parcialidad. Lo cierto es que quizás nos queda tan lejos que tan sólo unos pocos llegan a la antesala de la oportunidad de subirse al tren del mame de la literatura. Y eso es un aberración social de nuestros días. La incapacidad de entendernos lectores, sin más, de cualquier tren de mame de cualquier sujeto con los cojones, y los ovarios, suficientes de subirse al tren del mame de los autores de libros. Los, y las, escritoras.

El tren del mame de las escritoras es exactamente el sitio al que quería llegar a parar. Así que sin más dilaciones, ahí lo tienen. No se puede pretender nada más insolente que tener la idea en solitario de alguien va a querer levantar un libro (que ya compró, ojo) para leer una historia que ha salida, completita, de mi desauciada cabeza. Me subí hace años al tren del mame de la locura, y desde entonces no he salido ni un minuto a la sanidad mental. El tren del mame de mi delirio me persigue insesantemente por las noches, o bien para matarme, o bien para forzarme a salir de la cama a escribir a intempestivas horas de la noche. Sobre qué, se preguntará el ávido lector. Pues eso, sobre nada en particular, y sobre todo. Sobre todo el tren del mame.

Ahora parece chiste fácil. Juegos de palabra para emular, sin fortuna, un ejercicio sencillo como plasmar tan sólo un día en la vida de un tipo normal que de pronto, de la nada, se embarca en el tren del mame. Esa es la máxima de las aventuras que acompaña a todo protagonista de una historia, en realidad. Y ese tren del mame quizás sea el mismo para todos los tipos normales que salen a buscar la aventura de su vida. Hoy precisamente. El tren del mame nos lleva a pensar que estamos en el presente que queremos vivir. Y por eso, hacemos los que nuestro llamado particular nos ha dictado: súbite a tu puto tren del mame. Ya.

Y vas y te subís.

Lo más heterodoxos de la lengua criticarán que de pronto les hable de tú y de pronto, sin intermediar, les hable de vos. Pensarán que hay algo mal en mi tren del mame literario. Y puede que tengan razón. Pero el tren del mame de iros a tomar por culo tiene esos niveles de libertad que te permiten asumirte como una estrella de rock and roll. El último y definitivo tren del mame superior.

Es a este tren del mame al que verdaderamente quería venir a parar. Escribir a las cuatro de la mañana es parte de un tren del mame paralelo. Eso tan sólo responde a la incapacidad de haber direccionado adecuadamente mis ímptetus literarios por los canales que el tren del mame del mundo editorial dicatan. Y esa consecuencia la absorbo como propia. Todavía estoy subido en el tren del mame de que mi obra no está lista. Quizás porque aspiro a que en el peor de los casos mis libros sean tan estrepitosos fracasos como Finnegans Wake y Ulises, juntos.

No lo digo yo. Eso sería haber asumido el tren del mame del plagio. Que tampoco vamos a venir a crucificar a nuestros compañeros y compañeras plagiadoras. Todas las asambleas y los comités de dirección tienen aquél individuo que repite, con otras palabras, y a veces ni eso, lo que tú acabas de decir hace unos segundos. El tren del mame de me gustan más tus ideas que las mías. Pero en realidad las ideas no son de nadie, dice otro. Y es verdad. Y no. Pero lo que importa es a dónde nos transportan esas ideas elementales que asumimos, por nuestra cuenta, o que transformamos en otra cosa tangible que podamos digerir. Es la creación, el texto, la consagración de trasladar el tren del mame que capturamos de algún impulso vital que percibimos, independientemente de la fuente exacta de dónde esta haya venido, y luego, acudimos a la ceremonía de la escritura para hacer de aquello, esto.

El tren del mame literario tiene una alegoría que cuelga de sí misma. La soledad del escritor es un oficio de quién se dedica a escribir. Y nada más. Luego hay otras esferas que envuelven esa liturgia. El tren del mame de los lectores, que pretende de entrada entretenerse con algo para construir una transformación inmediata de sí mismos. Algo que les lleve a otro sitio. Algo que les permita verse en el espejo. Asumise como Ulises. ¿Lima?

El tren del mame del escritor latinoamericano en la capital del reino es un viejo ejercicio de impostura al que se apuntan bastantes compatriotas que cruzan el charco para magnificar la estación final de su trayecto. No conforme con haber fracasado ya en su intento local por subirse en el tren del mame de la picardía local, ahora intentarán hacerle creer a otro pueblo, que son dignos de reconstruirse a sí mismos en directo. Ese tren del mame de la impostura viene precedida de un trabajo decidido por la forma literaria que están viendo ustedes entrar a su mente. Se trata de un ejercicio de prestidigitación que tuvo que venir de fuera para tener la soltura de subirse en el tren del mame que ningún niñato, o niñata, local habían sido capaces de asumir. El gran tren del mame superior.

Pues a ese tren del mame su subieron los personajes de los que hoy les vengo a hablar. Todo empezó por un tuit que vi hace un pard de días y que pregonaba la venida de una charla en directo que tendría lugar en El Sótano, la liberaría en Miguel Ángel de Quevedo, esquina, casi, con Universidad. Debo decir que esa esquina representa toda mi biografía como newdfiano. Los cuatro vientos podrían partir de esa rotonda y dibujar toda las cosmogonía de la gran capital urbana al sur de la ciudad. En ella, los coyotes bailan con la hegemonía con la que solían hacerlo antes de que los cazara, todos, el puto Hernán Cortés.

Quién sabe si valga la pena subirse al tren del mame de la ofensa de los gachupines frente a nuestra capital sagrada. Quién sabe si ese tren del mame está consagrado a estirar el máximo tren del mame de la víctima que prefiere serlo a subirse a otro tren del mame menos mamador. Sin que el acto en sí por el cual nos asumimos como víctimas eternas tenga que ser borrado del tren del mame de la memoria. Al revés, podemos hacer un tren del mame que permita que ambas cosas sucedan, inclusive si se quiere incoporar una dinámica grupal de desahogo como el tren del mame de los dos minutos de hate speech de 1984.

El protagonista de este día mamador que transcurrió por mi cabeza como una serie de pensamientos encadenados, y que ahora en la noche, aparecieron todos de repente, al mismo tiempo, en la lucidez onírica. Se trataba de una entrevista, de un evento, de una promoción literaria, de un directo musical, de una presentación de dos libros, y de una plática fresca. La música como hilo conductor, pero también los libros. Y la vida que involucra ir a conciertos. Y narrarlos. La experiencia del directo como un valor social superior. El tren del mame de la masa transformada por la música. No cualquier música. El rock and roll. El tren del mame de la música que importa. La música que trasciende. La música que nos habita. La música que nos interpela al acto más banal, o al más sagrado. O a ambas cosas, mientras seguimos planeando qué vamos a hacer con nuestra vida.

Bloom estaba por ahí dando vueltas. La ciudad, su día a día, mientras algo le rondaba por la cabeza. Una mujer. La suya. Y una infedilidad. La trama parece ser una historia común. Lo único es que justo es aquél día el que cabe en todos los días. Inclusive en días de pandemia. Pero ese día en particular son todos los días. Y todos los días son así de dublineses. Y así de universales. Como todos los días, miles de escritores se sientan a escribir historias para crear personajes que se decidan a trasformar su realidad, o que esta, a su manera, les sobrepase de una vez por todas, ese día en particular. Un día cualquiera.

Ayer fue un día cualquiera. Trabajo; lo justo. Impulso externos que se cuelan por el teléfono. Charlas a las que accedes por una liga que nos lleva a un directo, en su día, que quedó por siempre en las redes. Ahí está. Y lo consumí mientras seguía con las labores de creación de mi trabajo. La plática era entre dos autores de sendos libros de música. Ella, cuyo nombre no recuerdo en estos momentos, pero que cuyo libro son unas entrevistas con pilares del rock and roll mexicano, y cuyas historias crea un mapa de desolación del presente del rock mexicano, que sigue evocando el pasado de su construcción en el presente de lo que aquello fue. No hay más bandas recogiendo la batuta. Y nos parece que ya no habrá nada más, a no ser que el rock and roll mexicano se vuelva a reinventar.

@Charlifornication y @soymarianah hablando de la honestidad de sus respectivas obras literarias que versan sobre música. La honestidad de escribir respecto a la manera de vivir la música como un acto de superviviencia y afirmación. La música como una responsabilidad con una mirada crítica que no se para en acto de regocijarse en el tren del mame del crítico de arte hater. Evelinos de la música. No voy a entrar al tren del mame del juicio cruzado.

Una visión de una mujer que seduce a las estrellas del rock citándolos en una mezcalería para que le entreguen los secretos que le habría gustado a Paty Chapoy desvelar en el momento justo en el que la audiencia lo espera, para entonces ir a comerciales. Pero resulta que parece que es más bien un Juan José Orijel. Cuate, aquí hay tomate. Lo que parece haber removido esta asociación de pilares del rock mexicano es su propia decadencia. Y su diagnóstico tiene músicos cuya música puede llegar a transformarnos todavía. Lo bueno de la gente que se dedica a este tipo de relatos es que nos acerca a eso que queremos: la experiencia musical superior. Escuchar con consciencia. Como si la música nos fuera a dar una salida. O quizás, tan sólo un espejo.

Pero es aquí en donde el tren del mame llega a la estación final. En el mismo evento, se presenta el primer mítico toquín de un grupo de rock and roll mexicano que viene a dejarnos claro que el partido todavía no termina. El gran otro. Así se llama el grupo. El vocalista de la banda, Eduardo Rabasa, alias Lalaland, se subió hace veinte años al tren del mame de la edición de libros, cuando fundó, junto con otros cuantos mamadores, la mítica editorial sexto piso. Años después se subió en el tren del mame de la literatura, asumiéndose pues, como Joyce entonces, en un creyente de la literatura por la vía de quien cree poder explicar el mundo con una historia, tirando de todas las herramientas literarias que ha sido capaz de acumular en su esmerada labor de lector. Y con el tren del mame de editor a toda máquina. Por si fuera poco, su tren del mame también pasa por la estación del traductor, esa parte más sutil del mundo editorial que crea un vínculo entre dos lenguas para trasladar a los lectores de otra cultura, el magnitud exacta del gesto lingüistico de otra latitud. Pues Lalaland, no contento con haber transitado casi todos los trenes del mame, y habiendo escrito también sobre música, y la experiencia del directo, se ha subido al tren del mame más sublime: el de la estrella de rock. El gran otro, además, tiene a Jisus en el bajo, a «El banano» en la batería tracional, otro baterista (el gran otro debe hacer referencia a lo grande que es tener una banda con dos baterías) y un polifacético tecladista y baterista, al que también se suma la versatilidad de Lalaland para apuntarse al tren del mame de la guitarra acústica-eléctrica y al pianola mamadora, esas que soplan, como el Tacvbo hermano de Cara Dura.

El tren del mame de El gran otro llena el vacío que detectan los ponentes de la plática. En directo presenta en tres secciones sus primeras seis rolas. Cinco originales y un cover. El primer momento musical de El gran otro tiene unos fallos de sonidos que opacan la voz de Laland, que se excusa explicándonos que están en proceso de creación. La última vez que vi a Laland pude escucharlo, por primera vez, ensallar en directo en un estudio cerca del parque hundido. En aquél momento eran covers. Y sonaba bien. La energía estaba ahí. El trance también. La estrella de rock necesita que su música transmita lo que su cuerpo representa. Lalaland ya había habitado con éxito todos aquellos trenes del mame que el mundo de la literatura le ofreció, tras apuntarse al tren del mame de estudiar dos carreras, ciencias políticas en la UNAM, y economía en el ITAM. Sólo por apuntarse al tren del mame de me la pela la educación superior. El tren del mame de la titulación lo sanjó con una tesis sobre poder y literatura en el que abordó a Orwell como eje de su pensamiento político-literario. El tren del mame de las distopias tampoco le es extraño: sus novelas lo son, y en parte, su vida también. Y la nuestra. Su música, ahora sí con letras propias, reflejan el precipicio al que nos enfrentamos mientras caemos a lo más profundo del vacío. El sitio oculto y lleno de vitalidad creadora en el que el tren del mame del despeñado aprovecha para ordeñar las letras de una catarsis reveladora.

El rock and roll mexicano está en vía muerta. El gran otro ha llegado, en el momento justo, para llenarnos de ese vacío.

El tren del mame ha llegado a su destino. Gracias por la compañía.

Dos o tres trozos de pizza de más

A las 1:11 el derrame fue casi mortal.

La vida sigue, no sé muy bien cómo. Es un milagro estar aquí. No lo sabemos del todo. He librado a la muerte una vez más. Y me ha traido la voluntad aquí, otra vez, a dar testimonio de ésta anomalía: seguir vivos. Vos.

No lo sabemos bien. El tiempo que uno está aquí es un grano de arena respecto a la existencia en su totalidad. En términos temporales. En términos atómicos, no quiero ni pensarlo. Nuestra insignificacia es la medida de nuestra madurez.

Si sabemos verlo es porque ya hemos recorrido suficientemente la profundidad vasta de nuestro aparene ser. O quizás de la apariencia de ser. O de saber ser. O ser sabiendo lo suficiente para entender que poco sabemos, si eso, o nada. Pero no osemos saber demasiado, ni lo contrario: no saber siquiera si estamos vivos.

Entonces ya nos quedamos tranquilos. No hemos muerto hoy. Quizás la sabiduría necesaria para afrontar el día se esta. La suficiencia del optimismo basta con entender al menos esto. y saber aprovechar lo que le queda al sol para dar la vuelta completa. Si es que acaso no estamos siguiendo una pauta para entender por completo el viaje eterno que emprendíamos cuando entendimos que lo que hacíamos era por algo más que por hacer pasar el tiempo.

A final de mes llegará un cheque con mi nombre. Unos deudores vendrán a buscarme de la misma manera que un mandalorian tendrá un encargo con mi nombre. Él sabrá qué le compensa más. Muchos virus estarán activos mientras alguien busca cómo serruchar el suelo en el que ahora mismo descansa mi masa inerte en reposo.

Despierta, anda, que no has muerto hoy. No tienes que sentir vergüenza, otra vez, por haber cómido esas cinco piezas de pizza de más. Quizás mañana aprendas a tener un poco más de seny. Parece ser que ser ticatalán no es suficiente. Quizás habrá que ser alguna cosa más. Quelcom mes, que dieuen.

Siento que he perdido el tiempo. Que no es lo mio lo que hago. O que si lo es, todavía espero resolver un llamado mucho más profundo a ser/estar. Ese «to be» por el que Hamlet despierta un día dispuesto a ser alguna cosa más que lo que la existiencia, hasta entonces, le habia perfilado como camino. Y de das cuenta que sos vos. Te das cuenta que sos voz. Como lo voz del pueblo argentino en la cámara baja, haciendo ley, aquello que las mujeres de ese país le han regalado a todo el mundo, para por fin entender. El pueblo argentino es tres veces más sublime si sólo contamos la gracia sagrada e infinita de sus mujeres. Ojo, que acá estoy pisando terreno resbalizo, y que siendo uno honesto, esta alegoría está diseñada para hacer patinar el más sincero halago por el barranco último de la desgracia. El acto más gratuito e insignificante es caer en la provocación que te lleva a bailar un tango de masculinidades entre dos hortos entrelazados de un tanguero argentino, macho, apretando fuerte la razón por la cuál te enzarzaste en pie de baile con un gallo cuyas plumas ya mostraban el dramatismo mismo de una batalla de por sí perdida de dos giles instalados en en la saturación espacial del ego en el reflejo de quién sos: baboso.

Con Argentina voy a tanguear siempre hasta este punto en el que no sabés mas si vas o venis, como el camino inicial que el gol magistral de Diego aquél día en el sur del D.F., con aquél sol que ilumina los pasos célebres de un futbolista en el medio campo de un terreno de futbol sagrado. El estadio Azteca es mucho más que el recuerdo de un directivo cualquiera de la historia de un club. Lo azteca está por encima de lo mexica, como lo olmeca lo está por encima de cualquier otro recuerdo originario de lo que un día fuimos. El cuerpo que habitamos requiere de liturgias que vuelvan con pausa y ceremonía a las raíces de nuestra ilusión. Aquella que late todavía a partir de un recuerdo común a nuestro tiempo. Ya sea el pisar del balón, en aquél sentido opuesto, en apariencia, de lugar al que pretendemos llegar, pero que en estos momentos requeire de esta esta gestualidad, de este preciso toque, como el voto de un representate del pueblo que levanta la voz de las mujeres en la votación de ayer en Bueno Aires. El pueblo argentino una vez más nos da una noción completa de lo que su poética pasión brinda a los demás. Todas nos vemos reflejadas en esa sensación de pertenecer a un registro aparte de la vida misma. Y este son, esta canción, es algo más que el tun tun de una rumba quilombera que se desata por las calles de una ciudad ajena al partido que se jugó ayer en ese particular campo de la capital de una América Latina plena ante el vibrar eterno de nuestra pulsión.

Si hoy no he muerto que sirva para rendir homenaje a esa argentina. La argentina que nos apasiona y llevamos dentro con en el sentido más amplio con el que uno corteja a una mina que nada más verla sabés que estás picando demasiado alto, pero que sin duda la resonancia de esta caja de ritmos nos está llevando a los dos hacia el mismo abismo que vos y yo sabemos, aquí, que no tan sólo es eterno, sino que sos divina, como divino es este instante en que nos fundimos, y nos dejamos llevar por la gracia infinita de nuestros reflejos revertidos entre dobles sentidos, entre gestos, entre baile, y ese punto exacto de tu tacto, o el mío, que abrió este universo alterno al que vinimos a parar, vos y yo, tras el cantar eterno de nuestras alegorías reconstruidas en esta doble hélice compuesta, la mitad vos, y la otra, sho.

ALLS

Silencio

Para mi el silencio no es una amenaza: es una virtud.

Hay que saber todo lo que le debemos al silencio. Mi hija de nueve años, Mile, me lo pide. Ella es adorable y será lo que decida ser. Es un privilegio de los que pueden soñar. Y yo se lo quiero dar.

Yo lo tuve. A mí me lo dieron. Mi familia. Mis papás. Pero todos primos, mis tías, mis tíos, mis abuelos, hasta los que nunca conocí, y la parte de la familia que nunca conocí. La familia que no nos enseñan. La familia de las andanzas del abuelo. A ver si vamos a entender lo que es el heteropatriarcado con una historia familiar. Por qué no. Aquí les va mía.

Cuando yo tenía la edad de Mila me llevaron a conocer a la hermana de mi papá, de la otra mujer de mi abuelo. Era algo que en la familia no se hablaba. Tanto que más de la mitad de mis hermanos nunca la visitaron, ni la conocieron. Mi padre, en cambio, sí. Y fuimos a su casa a visitarla, en una zona humilde de San José. O sería Alajuela. O sería Heredia. O sería Cartgo. Pare de contar. Ya no hay más urbanidá.

Salta Escazú con sus nueve brujas celestiales, encabezadas por nuestra luz constante: Lita. Vanessa le siguió al vuelo. María se deslizó en su escoba equipada con sprays para graffitear la sombras de esta ciudad.

This is the end.

There is no story. I could have gone that way. But you are not telling this story. Not anyone else. It’s been a long time since I was recognized with what I meant. But I never win. Because what I want they tell I can’t have. It was fair competition. Someone much better than me won. A team that developed a blockchain way of keeping you connected with any hospital you encounter while you are migrating. Indian, malasyan and trully remarkable minds of our time. This one guy only had his bearded photograph in his videoconference thingy. The webinar, I mean. No disrespect. Especially not to the organizers. They did a great job. I am made for those things. I nailed it. I just didn’t show you guys what it was. Because also, you wouldn’t care, common. You’ve never cared. My shit just doesn’t reach the massive amount of emmergence a complex system needs. So it starts with a spark. And I know that triggers a smyle. But common, isn’t that the only way.

I believe in the emmergence of the social complex system so I went for that. That is always my call. I always dream one day will happen. I am just keeping quite, you know. That Elizondo I am. Only Elizondo people know how to go about life with such a pace. The pace of your heart staring at water passing you down from the bridge. They are troubled; not me.

I am totally fine. I’m pretty darn happy that we won 2nd runner up. I mean common. It was a hackaton that had people from all over the world competing with ideas that were already in place. And I was called in this week with an email, as they now do, and invited me and my most antique collegue in AQUAS, at the Innovation and Futurism Center, as we are now called. This is learning institution as I know it. The system must look like what happens inside this place. I can tell. I been in places. I only like being and playing with these fellow that I can now proudly call: COLEGAS.

Mi colega Uxío estaba sentado en la sala de espera del edificio público de Roc Boronat. Llevaba una mascarilla negra, o quizás era su camisa de manga corta la que era negra, y la mascarilla convencional. También estaba Esther, pero al llegar le pregunté –¿Tü eres María– a lo que dijo extrañada –Fue lo mismo que me preguntó él. Él rió para sus adentros una risa libre de juicio al estar protegida por su mascarilla de tres capas. Tricapa, le dicen. Su nombre: Uxío.

Uxío es el primer miembro de nuestro equipo. No tuve más tiempo de rellenar el campo en que nos habíamos de presentar. Habría explicado esta historia porque entramos a la agencia el mismo día: el uno de septiembre de 2020. En medio de la pandemia, tanto él como yo, encontramos un curro. En realidad se trata de un curro abierto a concurso y que nos presentamos no sé cuántos. No te dicen. Pero ahí estábamos unos cuantos que buscamos curro en estos día de pandemia.

María llegó más tarde. Le explicamos nuestra equivocación con Esther. Ella estaba entrando este mismo día, a la unidad de Gestión del Talento de la empresa, lo que antes se conocía como recursos humanos. Su trabajo era para mejorar las condiciones de la empresa. El nuestro para liderar unos proyectos en el participábamos desde el área de Innovación y Prospectiva. Aún me tienen me tienen que explicar lo que significa «Prospectiva». Pero yo estoy encantado. Se traba de volver a trabajar. Recuperar la dignidad de ser algo. Algo que además recibe un cheque a final de mes. No es trivial. Yo lo sé. No había tenido uno así desde 2010. Diez años duran las vacas flacas. Eso me duró a mí. Y ahora saco la cabez por primera vez. Respiro fuera del agua. Como aquellos primeros ancestros. ¿Lo entiendes?

—¿Qué?

—La metafora, pendejo.

—¿Cuál?

—No te hagas g:uey.

—¿Eso que pinche es?

—¿Qué g:uey?

—¿No te hagas pendejo?

—¿QUÉ g:uey?

—Mira cabrón…

—¿Qué traes?

—Ya párale a tu mamada…

—Bien que te gusta…

—Encima, puto…

—Pero mira cómo tentra.

—Ay, no… mámes… pares…

—No qué no, puto…

—Cállate y sigue cogiéndome, desgraciado…

—Ay que sí te gusta, sucia…

—Qué rico, neta…

—Ah sí, pendejo… ¿así pendejo?

—ASÏ

—Oh, hijo, nomames, ahora sí vas a ver…

—Ya veo el cielo rojo…

—Cielo rojo…

Los mariachis se arrancaron. No había sido fácil llegar a la esquina habiendo de burlar todas la normas para grabar en la ciudad. Pero resulta que era mi profesión. A mí me tienen para esto. Ser feedbackloopper es lo que tiene. Pero yo no estaba ahí representado tan sólo a mi oficina. Representaba el proyecto que llevamos y nuestro mood para asumir en cambio del sistema en nuestra sociedad. Hemos venido proponiendo cosas de este estilo en el pasado, y ahora nos presentamos a asumir el reto de cambiarlo todo de una vez. Así sin más. Participando en el teatrito. Todos estos eventos son teatritos que se deben amenizar con la correcta mezcla de personas. Y en este caso, el destino me trajo aquí. Y me rifé con mi banda hasta el final. Y contestamos la pregunta.

El otro secuás al que recluté para este show se trata de nada y nada menos que el más ilustre compañero con el que he cabalgado por los confines del pensamiento para darle vuelta a la tortilla. La vuelta de la tortilla es el gesto más sublime de este país, y se realiza sobre todo, en las cocinas de pisos en la ciudad, y en los pueblos de todo el estado, desde Gibraltar hasta Elizondo.

Reto: dibuja una pinche línea más chingona que Elizondo-Gibraltar en el mapa de nuestro país.

Nomás ganarán las nueve propuestas más chidas.

España respondió.

De alguna manera siempre lo hace.

Pese a todo.

Sabemos muy bien de dónde venimos.

Todos fuimos franquistas mientras Franco vivió.

Piénselo.

I’d like to solve the riddle, I said.

La vida es exactamente como tú lo ves, y todo lo contraro. Las antípodas no existirían si tu polaridad opuesta. No habría rayos magnéticos.

El sexismo subterráneo.

La omisión de la voces de las voces de las mujeres no llegan. Tabús para los machos. La crítica machista.

La autoficción es una cosa vieja. La autoreferencialidad se vuelve el contexto fundamental de lo que está haciendo. Aniel Naoug. Cosas de su infancia, de la relación de sus padres, sus peleas con sus padres, sus primeras relaciones sexuales. Los sitios en los que me convertían en objetos sexuales. Manoseado. Virgenes nos gustan. Las mujeres en los años sesanta tenían que llegar vírgenes al matrimonio. La píldora llegó a finales de los 70’s. El aborto era prohibido. A las mujeres las metían a la cárcel. Le tiene terror a su padre. A lo que pueda decir. Consigue que una mujer le haga el aborto, que acaba en el hospital. En el hospital la tratan como una degenerada por haber tenido un aborto. Franceas: Simon de Beuvoir, Jean Bobo, política, arte, cine, la religión… tenemos derecho a abortar. Yo me hice abortar. Simone Vile: ministra de la salud pública. Decreto que permitiera el aborto. Francia liderando la revolución.

En USA se persigue el aborto. Se mata a los médicos y enfermeras que lo tratan. Ginsburg sustituida por una mujer que no acepta ni el aborto ni el matrimonio homosexual. Puede obligar a que el aborto se retroceda. Bolivia, Argentina, Chile, estados de la República Mexicana. El aborto inmoral y castigado por la ley. Hay que seguir peleando. ¿Por qué nos siguen matando? Por violarlas y torturarlas. Violencia real. El miedo de que las mujeres adquieran la carta de igualdad. El género masculino. Los hombres que no lo aceptan. Ay, es una afrenta. Pobres hombres ofendidos.

Intolerancia de las mujeres hacia lo que piensa el feminismo. Ningún tipo de fanatismo es valioso. Nos lleva al facismo. Entiendo la cólera femenina. No permitir que nos dejen ser iguales. En todo tipo de derechos. Entiendo los destrozos, las palabras groceras, las pintas. No las justifico, pero las entiendo. Mi generación, las de Margo, fuimos pioneras. Ahora se ha llegado aquí.

¿Cómo los hombres han propiciado las guerras?

El fascismo ha sido propiciado por los hombres.

El feminismo intentando que Inglaterra no entrara a la guerra. Imposible con el avance del fascismo. Era imposible no hacer un contrataque. Las mujeres deberían hacer lo que dicen Virgina Wolf para evitar ir a la guerra. Flush.

Tomar clases secundarias. No las oficiales.

La importancia de mis mujeres.

Mi madre. Mis tres hermanas.

Jacob. El hermano mayor.

Orlando. Mujer que cambia de sexo. Cambia de épocas. De edad media a siglo XX. Tiempos, climas, sexos.

Sus diarios son increibles. Las cartas son increibles. Se suicidó en 1941. Su marido, Leonard Wolf, se dedicó los 25 años de su vida a juntar todo el material que Virgina Woolf había dejado en su habitación. Libros enteros de correspondencia. La prodigalidad aluscinante.

Leerla ahora es muy importante y útil. Amena y deliciosa. Y muy profunda.

Ya me perdí. Otra vez. Y no seguí por el camino adecuado.

Me fui a otro sitio. El audio me guió.

Seguí la pista por el sur del Bronx. Y por Yucatán con Zoe Robledo. Escuché a Margo hablar de feminismo en México. Y me dio risa los hombres que sienten atacos por el feminismo. Como si les cuestionaran su virilidad. Y pasé por el Movimiento de Juventudes Cristianas. Y también por Black Sabbath mezcaldo con the Doors. Y funciona cabrón. Y tras eso acabé.

Soy un personaje ruso de Dostoievski

Golman pues

Si acaso rojo.

Si a caso, rojo.

Sí, ¿acaso rojo?

Si cazo rojos.

Sí, cazo rojos.

Rojos riman con hogueras.

La izquierda no supo si armarla de pedo.

¿Nos ofendemos?

Ahora sí.

Esto sí.

¿Ahora sí?

¿Esto? ¿Sí?

La lengua española es un gusto que bebe en copa. El latinito poco refinado toma guaro es vaso. ¿Qué pasa? Algún pedo. ¿Algún pedo?

La literatura más satelital se coció en el corazón de Copilco. Una escena de Golman volviendo a Copilco 300 y la banda entera nos rifamos un Bollywood de algo más que coyoacanenses: copilqueños. Antes que nada.

Antes que nada

No les digo. Sí les digo. ¿Qué creén? Can, kan, can, kan, can, kan.

La ortografía mexicana te salpica en los ojos. Da rabia. Es como nos enseñaron, en buena onda, a leer. Leemos los que podemos. La neta. Esa es la meritita verdad. Por esta. Ira. Ésta. Está. Estate. Date.

Un dait.

Yo soy muy newchilango; dispensenme.

Yo aprendí a ser / y estar en esta dualidad mexicana multiversal. En buen pedo, hay otro camino. Ustedes me lo enseñaron. Lo nuestro es primero, dicen allá. No ma-mes. No ma-men qué pedo los gringos? ¿De poca madre no? ¿De poca madre: no? ¡De pocamadre! ¡NO!

Ya te metiste en un pedo. El pedo ya se fue a la verga. Ahora todos somos gringos. Gringos nuevos. Gringos viejos. ¿Qué, pendejo? ¿Qué pendejo? ¿Qué? ¡Pendejo!

No es lo mismo. Nada es igual.

Todo tiene su qué, y es per se, cosa aparte. Cosa propia. La cosa en sí. Lo que los pinches alemanes no se ponen de acuerdo. La escuela de Einseinstein de postcinematografía. ¿Por qué apetecían más lo rusos? ¿Por qué siguen apeteciendo que son nuestros camaradas? Las risas rusas subidas de tono en un debate universal. ¿Qué digo universal? ¡Qué chingaos! ¡Multiversal! La nueva librería-editorial-sitio en la nube-alaverga, despegamos a su puta madre y nos lleva la santa chingada hasta la mamada que nos venga en gana nos teletransporta al espacio sublimado. El sitio en el que provocaremos el colapso total de todos los canales de comunicación. La visagra de la historia. ¿Por qué matarla? ¿Por qué acabarla? Esa es la pulsión de muerte malentendida; matar. ¿Pa qué matar? ¿Piensa? Pulsión la muerte del otro: cobarde. Para. Piensa. Baja el arma.

Fundámoslas.

Todas.

Al mismo tiempo.

Toma ya, utopía.

Toma ya Utopía.

Toma, ya utopía.

¿Toma…ya? utopía.

¿Toma? Ya. Utopía.

Historias de amor. Literatura mínima. Soy un poeta como Hugol gol; Golman, gol.

Pero me tuve que presentar al pueblo. Y el pueblo libre ascenderme al primer equipo.

La vuelta de Golman se hizo inminente: nuestro último cartucho.

No lo íbamos a gastar en un artículo para caballero.

Un artículo para dama. Mira los pinches pelos que traes. Eso es de puto. Y a mis hermanas, de paso, les llamó cartuchos vacíos. El mejor chiste de la historia. Fui testigo. Como Jesús en mercado a punto de arremeter con mala hostia a los pinches mercaderes. La furia de Jesús rebelde es la bondad más indispensable de la biografía de nuestra idealización del tiempo a partir de un gesto revolucionario. Piénselo, camaradas.

No hay meeting más dificil que el de la plaza pública. Y ahí estuve yo. Y dije lo que tenía que decir al respecto. Y sabemos que puede funcionar de una manera distinta. Yo estoy aquí para cambiar el bounce back. ¿Por qué habrían de ser los pinches gringos los que nos llevan a las antípodas de esta pinche mierda gringa? ¿Quiubo?

Híjole. Te pasaste.

Así piensa mi vieja. Es gachupina, se tiene que entender. Ser así de mexicano con esta intensidad de vecindad es un sin vivir. Y nuestro pedo aquí está cabrón. Y la neta, puro pendejo. Ni uno se salva. Bueno sí, uno: Mario Padilla Padilla.

Mario fue una de las contadas personas con la que me puse en guardia y luché por alguna causa que aquél momento sólo funcionó como defensa personal. La utilización de los gestos del karateca en el salón de clase a los nueve años. El dominio del espacio como un shaolín en el imaginario de un pinche niño del DF que nunca ha visto a un chino en su vida. Ever. Te lo juro; por esta. ¿Está? ¿Se puede? ¿Nomás la puntita?

La mujer nunca alburea. Es lo más heteropatriarcal que puede haber. Negar a la mujer el arte de la jiribilla. Siendo ellas la neta suprema del sentido más cachondo de la palabra exacta. El romanceo de urbanidad eterna de un newchilango son palabras mayores que superan el pinche cuento del sarape de San Juan Diego. No se alebresten. Conténganse. Estensen. Aquí no va haber ninguna revuelta de Iztapalapa. Es lo que tiene Nezahualtcoyotl. Que siguen viviendo en la urbanidad que funciona aquí desde que ya eran un millón nomás ellos solos, mi capitán. ¿Qué hay que hacer? ¿Qué dice su manual de conquistador?

Nomás Perez Reverte no sabía dónde arguir que la conquista no requería manual. Se trataba de la obra transformadora de nuestra monarca que muy sabiamente supo alinear los intereses de las grandes familias nobles que correspondían a la gallardía de la lucha de la prominencia de nuestra obseción heteropatriarcal machista de la voluntad de invadir desde Polonía hasta New México. La última novela del primer novelista olmeca que vuelve a la vida desde el mundo de los muertos. No les dije que era una pinche visagra.

Ahora se aguantan. Ahí les va la historia de cómo les metieron la pinche verga enterita por el Chicharito Hernández.

La capital se derrumbó otra vez.

De risa.

De risa, con acento mamón.

Los fresas.

Los fifís.

Los fesas vs los fifis.

Los nacos vs los chidos.

Los bullys de la primaria vs los bullys de una clase arriba.

Esa vecindad cuenta. A los nueve años los de dies se empiezan a poner salsitas. Ojito. Aquí no se toca a nadie. Y quien quiera sufrir las consecuencias de asumirse como un macho machista trumpista epsteiniano: un hombre blanco de buena estampa. Los chicos blanco del poder y la gloria, los éxitos abrumadores de nuestro estilo de vida, nuestra literatura, nuestros genios, nuestros padres fundadores, nuestras madres fundadoras… wait… wait… wait… wait… wait… and you keep waiting until one day it happens. It solves itself. Through pain. The suffering of the blind folded minds who didn’t speak out against unjustice. The judge is you. As you, the macho.

As macho, then, you are doom.

You are scum.

Don’t need to feel too hurt.

Your masculinity is not only approved. You still get the girls. Either you are loaded with dollars, enough to pretend you are worth that rest competing to be valued through those standards. Trump América. The rich kids, their high school years, the narratives of the great story told by exclusivibly white tellers. So much principy. They are so cute. Ask any venezuelan. Venezuelan girls aim for two cities, nowadays. Miami or Madrid. They call it the MM choice of a venezuelan free soul of the latin center of one side of feministical ways, being others, and yet, one other pole in the antipodes of the system. De dual simplicity theorem.

I will present theorems without proper proof. Because if Donny Trump is taken seriously when he uses childish interpretation of the so seeked Real Reality Real Estate Truth. Reareareaest. REAREAREAEST.

I’ve made up a literary format. A unique way of looking at writing while just, you know, hand out in the highest aspirations of the soul: to be aware of once luck to be here. Alive. Today. As is. Thank god, we are. Thank god, this. The connection is there to gained in a strive to understand the stories from fragile souls of our generation. Forget starting with the succesful white dominant stories of great family succes. How much of that can we pin in your own heart struggle to elevate yourself in the current social estate of affairs. How is life possible without our little spec of dust. Your sprayed spore than took of to life as a vessel of a microscopial organism that would reak havoc in the host system of another human being no yet in the room.

I could go on with the narrative in an immediate manner. To evolve what I’ve raised as an expectation. It was going good. Or well, sorry. English is not my native Language. Yet I’m playing the role of using it as such with my daughter, Vera. She is the truth. I know. Meritxell knows. We are a happy couple. How? We are white. That’s enough. You make it. Even if you fake it. Especially if you faked it. No one can top you allin. You let it loose one day in mystical night back in San José. One of those Texas holdem nights in Shamú’s place. It was the nicest table to properly play against the best eight poker players in the city. I landed a table who’s seat were reserved and there was a queu expecting to be let in. The put money. Everybody does. That’s the taking in any poker story. Any gambling movie. It’s all real stories from people who’ve been a played in Casinos. As if they could beat the odds. O bring the lucky moment. Trust I do sometimes. I have, I mean. I don’t mean to bragg about that night. Or the night I touched a breast in Monaco because my mom ordered me to do so, and I always listen to my mother, Ito. My dad was there. Somewhere. They couldn’t get in. Meri and I did. And I was going to bring down the house. As I had touched a golded boob.

Boobs could be issue of this script. This book. What I am. What am I? The language has its significants. A new word for a new language: Ticatalán.

I started a language 9 years ago. It’s timing frame. It comes from the past. It will always do. Jesus tought of that. Legacy. What we will be remembered for. Writing about it. Somewhere. For you to read. A reading quest. A text to study. At which age? Nine. Nou.

Nou. Temps és ara. I ara la meva filla está preparat. El temps corre. I fa el compte enrere. La direcció és tan important en el aprenentatge de les matemátiques que hem de comenzar a estudiar les metáfores del limit que ens apropa a la entesa del càlcul diferencial. Perdoneu si de tant en tant us perdo per alguna cosa que considereu fora de lloc, o que mai us havien explicat. Normal. No sou matemàtics. Pero aquí tothom fa veure que és matemàtic. Només perque les matemátiques son més lliures que els matemàtics. Es a dir, els matemàtics poden ser lo lliures que ells mateixos creguin, o siguin, com vulguin. Com ells i elles vulguin. Les matemàtiques són més fines. Son millors. Pero el millor, gairabé sempre, es un home. Això, evidentment, potser masclista. I de fet ho és. Pero la meva experiencia és que havia uns homes que eren molt clavats d’una manera desorbitada, i quelcom neceari, tot i que no va ser el meu cas. La resta dels matemátiques hem d’aprendre a correr tant com els que entenen tot el que segueix.

La absurd afició a la màgia, lo fantàstic, lo sobrenatural, lo de fora d’aquí, es una barrera de fum que els hi hem comprat als americans com l’última veritat. Els hi xuclem la tita. No ens enganyem. O millor: enganyem-nos.

Amb aquest lema puc guanyar unes eleccions a Ticatalunya.

Aixó és cert. Perque aquesta terra només existeix cap enrera. Cap a l’altra direcció. Oposat de la narrativa que pugui fer el meu némesis, el meu veí, el meu estimat monstre de Sant Jordi. I aquell día, quelcom pensa en el drac, pero alguns li posan cara al monstre, i així, tot ho simbólic es fa part interior de la nostra interior lluita per no tenir por, i despertar, aquí, al lliço fantástica de dir: estic viu. Tiu. Collons. Qué bé.

I dius aixó, i la gent, alguna, potser no gaires, et voten. A tú. De no ris. De sopte: zazca.

Es diu clatajot.

Hi ha gent insoportable.

Els creuem al llarg de la vida.

Els veiem a l’espai públic. Pero ens coneixem des de l’escola. No voleu que us expliqui tot lo que vaig viure a les nou escoles que tinc a les meves esquenes. Aixó és molt gran. Ens estem cuidant a totes. I volem fer la volta enrera. Ens hem adonat que som la visagra de la pirámide. Mai posem l’ènfasi a la pantxa. No per coses bones. Potser per coses impúdiques. I potser alguns d’aquests pensaments siguis masclistes, o ens emportin irremediablement a fer sexe en aquell mateix moment, sense dubtes ni abussos de subnormals que no s’han enterat de lo que són les relacions igualitaries més súblims entre un cors i un altre que pujen, sense haber-se conegut fins ara, i trobant el moment i la ocasió pels cosos apropar-se, doncs, hmmhmm, in the way african american, the so called negroes in what was once known to be the history of the greates empire in our history of civilization up to now.

You see how americans can be taken to the superior stage of priviledge. The way an european white feels. The way the game board is controlled in any given direction of the succesful building of our community, our governance, our sofistication of public procurement, our digital transformation and education reform. The abolition of private schools. Whaaaaaaaaat?

White priviledge spanish decendants, portuguese decendants, chinesse decendants, olmecan decendants, mixe, capulinos, aztecas, mixtecas, zapotecas, mayas, negros, zambos.

ALLS

McFly vs Biff

Se trata de un tema sensible, y a la vez, de una mentada de madre. Casi todo lo que representa la sociedad se encuentra en este gesto, en estos intérpretes y en esta pequeña historia que estoy a punto de contarles. Es una historia que me toca de cerca, que involucra amigos, y que también, de alguna forma, involucra a némesis. No especialmente a un némesis personal, aunque perfectamente podría ser el caso. Lo único que tengo que asegurarles es que no existen culpables en esa historia. Ni uno. Aunque si existen agresores y agredidos. Víctimas y victimarios. Y quizás eso es lo que más nos cuesta asumir: haber sido una cosa y la otra. Algún día. Alguna vez. Sin entender del todo el daño que pudimos haber ejercido sobre alguien en el pasado. Algo que todavía se puede verbalizar 30 años después al reencontrarnos una vez más en el entorno tóxico de nuestra infancia. Y tras unos jijijís y unos jajajás, de repente, chin… vas y chingas a tu madre.

Una mentada de madre en México no es cualquier cosa. No señores. No. No en México. Es meterse con la madrecita santa, lo único más preciado que la virgencita de Guadalupe. Esto vale para cada mexicano. Especialmente si es bien macho. Aunque no sea mucho. Por ahí no. Podrían haber volado las ofensas más descarandas, la violencia más desgarradora y gratuita, la humillación más vil y montonera, si en cualquier momento de la historia, la víctima se levanta y se le ocurre mentarle la madre al victimario… verga… verga… se para el tiempo. Ahí sí no, papacito. Te pasaste de la verga. La ofensa de los victimarios es de las los problemas más inútiles de nuestra sociedad, y quizás la verdadera pandemia que nos corroe a todos por igual, en un mecanismo interno del cual no podemos desligarnos a no ser que hagamos un ejercicio especial de introspección y de asunción de su autoria.

Aunque no lo parezca esto no es una cuestión de buenos y de malos. Estamos muy ligados a una narrativa en la que existen tan sólo dos bandos y bebemos tomar partido por uno de los lados. La dicotomía de la confrontación nos lleva a escalas insospechadas de victimización de nuestra propia situación, de manera que el ofendido soy yo, como si los dedos de todas las feministas reunidas en el zócalo me estuvieran apuntando hacia mi. Y es así. Yo soy el culpable de esta historia. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por algo somos catálicos. O catélicos, para ser más inclusivo, por fin. O más bien guadalupanes.

No se me vayan a venir encima todavía. Pérenme tantito. Todavía no les acabo de contar ni la primera mordidita de la historia. O podría decir, la primera mordidita de la quesadilla, la más preciada de todas las mordidas, si acaso competida nomás con la última. Ahí también, en el tema quesadilla, podemos encontrar dos bandos muy bien definidos. Los unos y los otros. No hay historia sin dicotomía. Al menos no de confontación. Anhelamos estar de un lado de la historia para poder apuntar claramente el dardo hacia nuestro adversario. Y al darle rienda suelta a nuestro estímulo primario apretamos el gatillo. Y la bala, sin darnos cuenta, nos perfora la nuca por detrás. Como la explicación en la clase de física de bala que dipara un tipo en la cima de una montaña, y cuya velocidad y masa consiguen de alguna manera mantener la órbita para darle la vuelta al mundo y repentinamente tras dar la vuelta, zas: perfora un orificio letal en la nuca del que apretó el gatillo en la cima.

Pero de vuelta a los verdugos y a las víctimas. A los nazis y a los represaliados por el holocausto. A los fachas y la resistencia. ¿De qué lado de la historia queremos estar? Esta es la historia de nuestro mundo. Esta es la historia de nuestra actualidad. Esta es la historia de nuestra dicotómica sociedad. Y no estamos llegando a ningún sitio que no sea el origen de todas nuestras disputas: la primera línea de fuego. Solventar la disputa que tenemos pendiente con nuestro victimario. Ahora sí: qué pedo. Pues qué, o qué. No pus nada. Ah, yo decía. Sabes qué: vas y chingas a tu madre.

Se para el tiempo. Ha dicho las palabras mágicas. El tono de una mentada es la madre del cordero. Ahí se encuentra la magnitud de la ofensa. Y desata al macho que llevamos dentro. Que lo primero que está dispuesto a hacer es jugárselo todo por la afronta al honor que acaba de recibir. Debe asumir la contienda. Se levanta y monta, pecho erguido, una pose de pichón enrrabietado. La puesta en escena debe permitir que alguno de los amigos de uno y otro bando salgan a detenerlos, ante de que sea demasiado tarde. Y entonces el honor está casi resarcido. Ha habido contestación. La tensión se ha disipado. El honor ha vuelto a su curso. Todos somos testigos. Y la cosa vuelve a la cotidiana violencia que asumimos como normal.

El cuerpo no dice que algo no está bien. Algo se torció en ese últimos gesto de valentía masculina. La toxicidad del heteropatriarcado está en una mentada de madre. Y la manera de resolverlo no nos queda del todo clara. Los amigos que saltan son una barrera de contención para que no se toque a los nuestros. El otro debe saber que su afrenta nos ha dolido a todos. Y por tanto montamos un guardia pretoriana que rodea al que tiene cobertura. Se escucha la música de Enio Morricone.

Todo esto ocurrió en un chat del grupo de mi escuela primaria de una escuela de Coyoacán, el Héroes de la Libertad. El grupo se montó a raíz de la pandemia, gracias a un recuerdo entre dos excompañeros. De pronto, al cabo de unos días, estábamos conectados todos de nuevo. Y se dieron varios intercambios que nos permitieron ponernos al día de lo que había sido nuestra vida. Y todos volvimos a la infancia. Algunas heridas habían sido sanadas de la manera más respetuosa. Se habían desvelado secretos de infancia. Viejos reconres. Todo se había sabido llevar de la manera más políticamente correcta.

Éramos unos 70 excompañeros. Resistiendo. Acompañándonos. Hasta que se invitó a Mario a entrar. Mejor así. Vamos a poner los nombres de nuestros personajes. O quizás deberíamos usar sus alias. Mario McFly y Biff Santos. Así no entramos en descalificaciones o apodos que puedan desviar el tono de nuestra historia. Pero quizás justo por no venir cuento, ese sea el sitio por que voy a comenzar. El verdadero apellido de Mario McFly no es McFly, de hecho es un apellido que rima con quesadilla. Y el segundo apellido también rima con quesadilla, porque es el mismo. Eso puede marcar la infancia de cualquier infante en una urbanidad mexicana acostumbrada a la carilla. Verso sin esfuerzo.

La carrilla a la quesadilla por la peculiar rima de sus apellidos fue centro de no pocas inspiraciones poéticas en los años en los que en las clases de español te enseñan la lengua como una serie de estructuras que se manejan en los textos más sobrios de la historia de nuestra lengua. Quizás es por eso que parte de nuestro humor no se desarrolla más que con la pretención que encontremos las gracias en las aventuras del Lazarillo de Tormes o en las desaventuras de Sancho Panza, sin pretender con eso poner a todos los españoles en el mismo saco, sabiendo lo que esto podría ocurrir y lo mucho que mis análisis literarios sobre el humor podría ocasionar poniendo a estos dos personajes, o a sus autores, en el mismo saco. Sería como poner a Valle Inclán y Góngora al mismo nivel de desparpajo existencial cuando tan sólo valdría mirarlos a la cara para saber si compartirían risas sobre los mismos guiños a la insignificancia de nuestra existencia.

File:Luis de Góngora y Argote (Museo del Prado).jpg - Wikimedia Commons
Retratos de Valle-Inclán - Cátedra Valle-Inclán

Puede que me equivoque, pero igual no reirían de lo mismo. Y España, en general, no está acostumbrada a reir de lo mismo. No al mismo tiempo. No sin antes escoger trinchera a la que asumirse soldado. Y desde ahí, entonces sí, elegir desprecio ante un némesis indiscutido.

Rehusamos que seamos nosotros los violentos. La violencia viene hacia nosotros. Y nosotros somos las víctimas. Buscamos ser más víctimas que victimarios. Tememos más ue nuestros hijos sean más víctimas a que sean victimarios. Y tenemos más o menos las mismas probabilidades de serlo. No sabemos de qué manera nuestra intervención, por simple que pueda ser, pueda tener un impacto sentido en una persona. Sobre todo, tampoco sabemos si lo que puede ser un chiste se convierta en una humillación, y si de alguna manera, esta misma fórmula pudiese revertirse sobre uno mismo, injustamente entonces, en una circunstancia inhabilitante que nos dejara fuera de control, ninguneados y foco de la risa descontrolada y afilada del resto de los presentes. Estos presentes, puediendo ser, en todo caso, toda la red. La enorme humillación de estar desnudo, indefenso, sólo, mientras en resto de los dedos me apuntan a la cara, rodeando mi martirio con un sonoro efecto catártico de las carcajadas de los masa desatada.

En todo acto colectivo aparecen unos y otros. Dar la cara. El momento de la verdad. El silencio es una acción pasiva que también cuenta. Y a veces tiene más significación. También observar es un acto de reflexión. Quizás decir lo primero que nos viene a la cabeza es un instinto incontrolado de la verdad. Lo que la piel emana. Nuestro acto animal. Como el improperio.

Mario McFly fue invitado al grupo. Esmeralda lo había encontrado en facebook y lo había contactado para explicarle que nos habíamos encontrado todos en un grupo y que viniera. El tuvo sus dudas de entrar. Y ante la insistencia entró. Fue recibido con saludos. La cortesía inicial. En un momento dado alguien mencionó que era cumpleaños de otro de los compañeros, Ismael, a quién en su momento algunos llamaban Chistín. Biff Santos lo felicitó, y como otros, lo hizo utilizando aquél mote de primaria, y Mario McFly volvió a ver, 33 años después, la acción del que había sido su bully de la infancia, a quién recordaba en ese momento con rencor y a quién había esperado mucho tiempo, pensando cómo le diría lo siguiente: chinga tu puta madre.

El chat se quedó frío. Mario McFly se posicionó del lado de las víctimas. Él bien sabía el rol que las cosas tenían en la historia, especialmente doloroso que le fue la infancia a manos del que en ese momento centraba la culpa de todas las humillaciones que pudo haber recibido Mario en esa primaria coyoacanense, en una única persona: Biff Santos. Quizás había más Biff Santos que Mario todavía no había identificado en el chat. Quizás habría habido más mentadas dirigidas a otros que también en su día le habrían acompañado las rimas que Biff Santos se inventaría para molestar a la Quesadilla, como recordaban algunos que se le llamaba a Mario. Quizás Mario recordaba todo aquello como un acoso continuo en el que él era la víctima de todas las bromas pesadas que se vertieron por aquél entonces. Lo cierto es que Mario recordó otro compañero que también recibió en su momento una buena dosis de carilla. No se lo recordó a Biff Santos, sino a otro compañero, al que Mario McFly exoneró de su calvario ya que en primero se hicieron amigos, según él recuerda.

Mario se encontró de pronto en un terreno hostil. Tuvo tiempo también de desvelar con corazón en la mano a su crush de toda la primaria. Tuvo, de pronto, las agallas de atreverse a decirle a la niña que le gustaba lo que siempre había querido decirle, que le encantaba y que soñaba con ella. Y a su victimario, Biff Santos, que fuera a chingar a su madre. Mario McFly había entrado en palenque y se había hecho de manera un poco bronca y atolondrada, con la plaza. Los gallos estaban espoleados, se respiraba ambiente etílico y los humos caldeados del ambiente nos habían hecho pasar de las felicitacioes cumpleañeras al ruido de las sillas que se partan para liberar el espacio para el cara a cara de dos gallos. El palenque espectánte ante la contienda. Algunos preferían retirar la mirada. Otros veían con morbo y entusiasmo lo que este tipo de careos suele ocasionar. Las historias viven de resentimientos añejados con el tiempo, y ninguno añeja mejor que un resentimiento escolar infantil, según me recordó mi amigo Quique cuando le expliqué los pormenores de la historía. Como el buen vino.

Llegados a este punto, Marío había conseguido reunir a unos cuantos espectadores a este espectáculo de martes 21 octubre de 2020. Chistín nunca olvidará este cumpleaños. Y Mario McFly nunca olvidará el día en que tuvo el desparpajo, finalmente, de desmelenarse para enfrentar a sus demonios y saltar a bailar en la pista. Una declaración de amor y una menta de madre. La historia estudiantil completa. Back to the Future. Ni el más sagaz de los guionistas habría visto el deslence de lo que Mario McFly iba a conseguir en el futuro. En medio de la pista de baile, peleando por su amor infantil, McFly apretó el puñito y le dio un golpe al send: chingas a tu puta madre. La carga emocional de pronto quedó liberada tras años de acompañarle. Efectivamente descargó de manera catártica todo lo que hasta entonces se le había atravesado. En su vida adulta ya había olvidado todos aquellos momentos de humillación y carilla que la Quesadilla McFly fue llenando en su mochila de rencor.

Eventualmente, Mario McFly salió adelante. Quizás la universidad le ayudó a cambiar de aires. Quizás todos tenemos derecho a empezar en otro contexto en el que nadie nos puede juzgar por lo que fuimos. Quizás tenemos derecho al olvido y tirar hacia delante con un futuro sin rencores. Quizás la posiblidad de sanar está en haberse encontrado, Biff y McFly, y haberse dicho las cosas a la cara. La idea de Mario McFly es que ahora había regresado el mal que en su infancia vivio a su victimario. La victima empoderada encontró su momento de redención en la forma de una mentada.

Los matices son muchos y muy sutiles. Mario McFly tomó con cierto desparpajo el recuerdo de las rimas de su apellido. Quizás eso lo puso a la defensiva. Decidió saldar sus cuentas rápido con el pasado, quizás sin darse cuenta de quién estaba ahí presente, y de cómo serían recibidas sus mentadas. No sabía si era el primero o si era la tradición. No lo penso. Le salió. Y le pareció normal. Una mentada de madre en México es una cosa de adultos. Todo mexicano patriota lo sabe. México puede ser muchas cosas. Y una de ellas es la afiliación que tenemos a nuestras propias chingaderas. Ahora, no metan otras chingaderas, porque ahí sí no mames. El macho mexicano tiene sentimientos muy frágiles. La fragilidad del macho mexicano es un tema poco trabajado por la literatura, aunque no he hecho el ejercicio de encontrar sus referentes, que sin duda los hay. La carrilla ha dado suficiente munición a todos los mexicanos para burlarse de absolutamente todo lo imaginable. No hay quién se salve. Salvo algunos que pasan de puntitas ante la amenaza constante de que puedan convertirse en un momento dado en el centro de las humillaciones colectivas que retumban en las carcajadas de los hilarantes victimarios.

La burla en México no tiene fronteras. No es esto lo que lleva a las víctimas a buscar de pronto un sentido en la venganza. Mario McFly no quería organizar una vendetta. Pero sintió oportuno hacer público la revuelta en el estómago que le ocasionó estar en la presencia de Biff Santos. Y lo soltó. La honorabilidad de Mario McFly está es su transparencia.

Ante el conflicto saltan los resortes. La banda saltó. Todo el mundo quietos. Mario McFly estaba desatado y su atolondrado show desató la indignación del insulto presente. La corrección política mandaba sobre la irreverenca de la sanación de una mentada por escrito. Un corrillo virtual con su sana distancia. Tambores de guerra. Mas si osare un extraño enemigo profanar con su planta la tierra…

La profanación de Marty McFly incendió la parroquia. El tono bronco nunca se había vivido así antes en este feliz reencuentro. De pronto no pudimos aguantar que esto nos estuviera pasando. El último reducto de paz del 2020 se desmoronaba frente a nosotros. El tono iba subiendo. Se le marcaron las límites de la decencia en este protocolario espacio de memoria. Mario McFly se estaba despiendiendo, y justo antes de salirse por su propio pie, alguien le dio al botón rojo. Bomba nuclear. Expulsión. Se borró del grupo, dejando caer la trampilla bajo los pies de Mario McFly, una vez más. Quizás el gesto más injusto de toda esta historia.

Así lo vio Mariana, que fue la primera que levantó la voz en defensa de Mario McFly y de su derecho de mentarle la madre a quien él consideraba que había sido su bully de refencia, Biff Santos. Y peor que se le echara. ¿Quién decide a qué se le expulsa de un grupo abierto? Es un tema sensible. Quizás todos los grupos tienen este tipo de dinámicas, sobre todo cuando se suman individualidades. En nuestro caso se habían tejido complicidades de reparación de los recuerdos compartidos. Nos habíamos ayudado a sanar. Algunos se había ido. Alguna nos había dejado tragicamente. Con Milly en el recuerdo de nuestra última catarsis, Mario McFly nos abocó de pronto a una corrido de veganza en medio de un palenque. Algo demasiado rudo para un grupo de chilangos clasemedieros como nosotros.

Tras exponer su opinión Mariana dejó del grupo. Le siguieron otras tres o cuatro personas más. La historia vivida les había sobrecogido. Quizás se vieron representadas en las trincheras que se habían marcado con el incidente entre Mario McFly y Biff Santos. Quizás ellas también habían sentido esa humillación y ese sufrimiento del que Mario McFly hablaba. No lo se. No quisieron estar más ahí. Y se fueron.

Irse siempre es una opción. Callar también. En una sociedad compleja y polarizada lo mejor que podemos hacer es retener la capacidad de entendernos con el otro que no comparte nuestra perspectiva. Debatirlo. Controntrarlo. Y seguir adelante. Confluir a partir de la empatía que podemos generar poniéndonos en el lugar del otro. Y estuvimos a punto de conseguirlo. Pero Mario McFly, y unas cuantas personas más se fueron antes de que hubiéramos podido sanarnos todas. Es una lástima. Habría sido un grandísima oportunidad para conseguir una gesta que tenemos pendiente para arreglar esta división que se activa de manera espontánea en nuestros contextos sociales y políticos con la liturgia de la violencia, y la asunción de los roles de victima o victimario. Nunca ambas.

Mi única aportación en ese debate fue un mísero chiste. El primo de Biff Santos y yo comentamos en paralelo los sucesos. Nos pareció un triste desenlace. El primo de Biff Santos sabía que quizás de haber entrado también le abría tocado recibir una mentada de madre de parte de Mario McFly. Y de manera muy valiente y con su sagaz sabiduría para decir las cosas con una gracia natural, asumió la postura del victimario. Quizás él también se había burlado de Mario en su día, y quizás estaría bien instaurar el martes de mentadas de madre, para aquellos que en su día nos burlamos de alguien, y a manera de compensación, recibieran cada martes su mentadita de madre de las peronas que recibieron sus burlas entonces. Quizás va por ahí la liturgia de la sanación. Y no se vale indignarse ahora los que antes fueron victimarios. Su postura fue compartida y aplaudida por algunas personas. Otros defendieron que las formas de Mario McFly no habían sido las más elegantes. Mario McFly entró como un elefante entra a un anticuario. El gesto instintivo de la trompa en la mentada de madre fue la que ocasionó todo aquél ruido.

Biff Santos es amigo mio. Lo era entonces y lo sigue siendo ahora. Su respuesta vino despues de mi chiste. Mario McFly y Biff Santos el viernes a salida en el callejón del Aguacate. El mítico sitio en el que se citaban las afrentas de honor en el Héroes de la Libertad. En aquél momento el aire era irrespirable. Y fue entonces cuando Biff Santos, un tipo de una bondad absoluta, el envio todo su amor a Marty McFly y le confensó que lo que pasó en la primaria hace treinta años ahí se queda. A esto Marty McFly le pareció curioso: ah, como en Las Vegas. La respuesta de Toño rebajó la tensió y acarreó un fuerte repunte de apoyo y solidaridad de una parte imporante del grupo. Era un camino correcto hacia la reconciliación. Mario McFly no tenía suficiente. Su reparación no tenía un diseño predeterminado. Todo se había precipitado muy rápidamente. Pero no quiso recibir entonces el mensaje de amor, y la congregación estaba lista para llevar el juicio a sentencia. La defensa popular siguió con sus argumentos. La honorabilidad de Biff Santos había sido puesta en duda. Y no se iba a permitir manchar el honor de uno de los nuestros. Así que se le serruchó el piso a Marty McFly, que sin más volvió de vuelta al pasado.

Las salidas y la propuesta levantada por el primo de Biff Santos recuperaron la dignidad del grupo para entender la complejidad que resulta de los rencores pasados y la confrontación entre bandos aparentemente irreconciliables. Todos llevamos una etiqueta que no queremos que se confunda con la de nuestro némesis. Y rehuimos a ser los malos. No queremos ser los victimarios, y siempre es más seguro estar dónde hay más apoyos colectivos. No vaya ser que nos toque ser a nosotros los linchados. Quizás no debamos pensar pues en resarcir los daños con las misms fórmulas que nos han llevado a la violencia. Pero también es una reflexión que debemos saber para entender qué parte de la violencia es nuestra, como sociedad, como individuos imperfectos, y como resultado de las emociones contradictorias qeu se apilan dentro de nosotros para cargar nuestra mochila de sufrimientos con elementos tangibles, reales e imaginarios. Al final, todos llevamos esta mochila encima, y encontrar la manera para aligerarla tendría que ser el camino para nuestra propia redención. Cuanto antes sepamos entender que no hay culpables en esta historia más pronto conseguiremos reencontrar la vía para sabernos parte de la misma sociedad que ahora consieramos que está dividida irremediablemente, y que nosotros, pertenecemos al bando de los buenos.

Mario McFly y yo tuvimos un día un encontronazo en el salón. Yo no recuerdo practicar el arte de la burla, sin que eso me convierta en ningún santo(s). No recuerdo haber reído más veces que con el primo de Biff Santos. Sin duda alguna las gracias que resultan más divertidas tienen siempre alguien como protagonista. La broma es la virtud más sublime que tenemos a nuestra disposición, y los mexicanos practican un humor sumamente superior al del resto de las culturas. También practican una carrilla sumamente pesada, que en una de esas, te puede dejar en el centro de una humillación colectiva que genera las risas de todos, absolutamente todos, los presentes. La única manera de asumir una liturgia de sanción es aceptando nuestra posición en el centro de dicha humillación, y ser la causa de las risas de los demás. Por un tiempo justo. Sin que sea sólo a una única persona. Ni continuada en el tiempo.

Pero volviendo a mi desencuentro con Marty McFly. Mi memoria me recuerda que fue él que hizo alguna cosa, el que se estaba pasando de listo. Era un tipo que tendría sus problemas, pero tenía un caracter particular, y en aquél momento el agraviado, según recuerdo, fui yo. Quizás la memoria de Marty McFly le hubiera llevado también a sentir la necesidad de mentarme la madre. Y lo habría aceptado, no sin antes intentar recordar el por qué de aquella pelea. Lo cierto es que aquella pelea en la que llegamos a las manos, se saldó rápidamente con una llave que mandó a volar a Mario McFly por lo aires, en un automatismo de los aprendizajes de karate que recibí de mi sensei Ángel. El karate que yo aprendí era más de la filosofía de que sólo lo utilizas en caso de defenderte. Y aquél fue el caso. No recuerdo nunca más haber tenido ningún problema con Mario McFly. Me habría gustado haber comentado este recuerdo con él. No por asumirme victimario, que dudo haberlo sido, pero sí para enteder su perspectiva del mismo acto. Quizás me habría llevado otra mentada de madre. Y no tuve tiempo de recibirla. Y eso me duele.

No participé en este show, salvo por mi humilde chiste. Pero como a muchos, me sumió en una reflexión que quise articular de esta manera para poderla compartir. Compartir es un decir. Nade sabe de la existencia de este blog. Quizás sea el momento de quitarme este peso de encima. Y con el privilegio de no tener victimario al que lanzar mi frustración y sufrimiento, dedicarle a todo aquél hijo de puta con el que me crucé en mi vida, una sutil y reconciliadora mentada: vas y chingas a tu madre.

Work package X

I nearly died just now. I had one of those coming back from the death moments. Near death experience. On my sleep. Digestive system working extra hours to digest that stupid pizza, already mixed with the wine, cabró. Cabrón. It was a call to exit. Golmanxit. Work pakcage currently unavailable. The line has been cut. A green color that identified that the activities were in the happy face state are now in a red X, that comes with: game over.

I will die one of these days. Yet today I cheated Death. Not my ticket. Not my time.

Outside it rains. I can hear the drops falling and hitting the roof of the building. Somewhere up there. Life has taken a toll for me. This is another situation I was warned to aknowledge.

I’m just working class nobody who’s life has made a turn for the good. I’ve got a decent job that could earn me a living doing what I do best. I can feel I’ve come to the place I was called to be useful to society once again. Only to fall short of that cliffhanging moment.

Life’s a bitch, ain’t it. So why waste it.

I’ve been here and there. And yet, today was a good day. It was my wife’s saint day. La Nostra Senyora de Meritxell. My Andorra matrone. My catalan root. My partner in crime.

I woke here up when I came out from the death call. I literally had to snap out of the hands of the Calaca. I was out, then I fought myself to consciousness back again. That’s it. That was my last dance. I better run, or rather jump, or I’ll stay death for ever.

Death has handed me a token. It is this I’m suppossed to unveil.

We are at the top of the priviledge pyramid. I’ve come to terms with that. I ate too fucking much pizza today. Too late. Two too many slices. I called for it. Or maybe I have al ulcer. And I’ll die anyway. I mean, I’ll day anyway. I know. But not today. Not now. Like back then. Just now.

I’ve cheated death in a duel. I’m a slippery fish off the hook. Nobody said it was going to be easy.

Golman died today, may he rest in peace.

I can’t rest because this throw back diggestive reflux is hunting me down. Death’s out there wondering. And my wife has awaken me two times already. She’s afraid one of those snores will kill me now.

—Qué susto—she said, as she was surprissed out of the dream as well.

I pulled her out from Morfeo’s arms. I was there and then, and Death painted my waters to clogg on me like haunted nightmare back to life. Still, chill, I’m ill, not still.

Comedians in cars getting coffee. I took a couple of those before I went to sleep. I don’t know if that was what caused this whole mess. It was me looking up at comedians that started their carreer together in a comedy club back in 1976, the year I was born. Eddie Murphy and Jerry Seinfeld. Seinfeld was influence by that guy from Philadelphia, Bill Cosby, with a show about zero-something. He listened to it over and over. This guy makes people laugh. I tell jokes that gets my friends laughing. I could do that. His thought process was getting him where he wanted to be. Up there in the stage. Telling his bits. And getting the reaction from he crowd: a laugh.

You come out and you never know how it’s gonna go. You have to have something going. Something prepared. Eddie hasn’t done it again because he’s got no material. He needs to go back to gym, or something. Work out. I’ve just gone back to gym. One day in one week. I’m happy. Back to the gym, and back to work.

Life seems to work in so mysterious ways that it almost seems like God is taking note of these other ways to improve His game. Obviously He knew all this shit I’m talking about. My comming back bit. My going out bit. Mother fucker send Death to tease me. Don’t act like He doesn’t own it. They work together. It’s the way things work. And so is this, if this is anything.

Life’s happening right now. This is the top moment of my life. And it will only get better.

Eddie Murphy said that. He’s been doing nothing lately. And that’s cool.

Jerry’s been hanging out with comedians getting coffee after taking bumpy rides. The carrera porche he and Eddie rode was meant to be a Lemahns racing car, but it was then just released as a car for the streets. Or the garage. The ultimate token of the showing off how you’ve somehow made it.

The car industry is going down. Telsa cars is comming up. The biggest player in the industry is leaving the past behind. Some of those things we knew will no longer be available, once we spin out the curb. Life’s about to change, and I’ve just realised that it’s been expecting me to come to terms with this new state of affairs.

Don’t waste your time.

Or waste it, if that’s what thrills you. But beware of time. As if there is something you ought to be doing, then get to it. Today: tomorrow: now.

I’ve done my time in the underworld. I’ve come back from it stronger. It’s not this system we need. Let’s not flush the entire world, nor should we allow the Nolan’s break it up into a bigger nightmare they’ll try to brush into palette of this emergent society coming out of this Pandemia.

It’s a social awakening on the go. We are all in diferent ships navigating the high tides of this tsunami. I rather surf my foam out into the sand. I’ve taken a wipeout once again. Spun out alright, I guess. I’m back.

I’ve got the handle of my vessel. This ain’t nothing but a dream. I’ve scaped the light and the darkness of surrender. I’ve travel far beneath the reals of where the roots mingle in romance.

It’s time for me to go back to bed. And let me keep this up. I know I’m comming back. I’m alredy here. Best place I’d could ever wish I’d be.

I only wish I could go back to the field. I could make this Last Dance work. Every team needs a Rodman. Only this time, it’s Golman.

Let this new dream begin.