Renacer un día como hoy

Hoy vuelvo a nacer. Otra vuelta al sol.

Desde hace tiempo llevo dándole vueltas a lo que implica cada ciclo vital. Y estamos llenos de cíclos por todos lados, así como también estamos rodeados de trampas en el solitario que nos quitan la atención de lo que verdaderamente requiere nuestra ateción. Y así cada día.

Lo que vivimos colectivamente como una apertura a una sociedad interconectada nos ha cambiado a todos, de una manera global, sin que tengamos dispuesto un sistema que amortice lo que dicha transición implica. Las transiciones energética, digital, demográfica, migratoria, capitalista, extractiva, individualista… todas al mismo tiempo. Y nosotros, sin saber muy bien si nos toca opinar, declinar, dejarse llevar o renunciar.

El estado de ánimo particular se asemeja al estado de ánimo colectivo. Y a pesar de todo, lo que lleva a los adolescentes a tener una perspectiva más esperanzadora es seguir a los que les va bien, según lo pueden legitimar ellos mismos con los mensajes optimistas de los «ganadores» que tienen delante. El juego del dinero y de la vida que se despliega delante de sus ojos según los pocos mandamientos que les plantean los influencers a una sociedad pegada a un espectáculo en continuo movimiento.

Esto quizás era de esperar. Quizás llevamos ya tiempo en esta rueda de ratón. Yo especialmente. Y debo conseguir salir de una ve por todas para voltear de nuevo hacia otra destinación. Este es el estímulo de lo que considero necesario aportar a mi rutina. El llamado más allá de cumplir con un horario y con unas tareas que justifican el que me hayan contratado para el trabajo que realizo. Pero ¿a quién beneficia lo que hago? Esta es una de las cosas que siempre he tenido claro, y que nunca he sabido trasladar del todo, a aquellos por los que mi voluntad de romper con los dogmas preestablecidos se obsesiona con conjurar a un llamado colectivo: Tico Commons.

El Tico Commons es mi anillo, mi elixir de la juventud, el gran grial, el tesoro, la tierra prometida. Es un concepto repetido en la narrativa mitológica y literaria, que ha descrito mil veces la gesta de un héroe, generalmente un hombre, a romper con todo para llegar a la transformación del sistema en el que se encontraba sumido. Y sí, esta vez, inevitablemente por una involuntaria subjetividad, el héroe me lo guardo para el intérprete que quiero representar yo en la película que finalmente abra las puertas de este apocalipsis.

Mi viaje ha tenido varias complicaciones, varios niveles de aprendizaje y varias formulaciones fallidas. Están dispuestas delante de mi como un ejemplo a seguir para revertir aquello que no funcionó y reflejar aquello que en cambio dio algún fruto. El éxito de la cometida está también en la obsesión de seguir un camino que hace tiempo que tracé para mí: el futbolarte.

El futbolarte no es otra cosa que la fusión de dos mundos que aparentemente no tienen nada que ver. Y también es la formulación de una manera de asistir a una narrativa que me permite ponerme en el centro de una tensión literaria a la que nadie nunca ha prestado la atención que le doy yo al nombrarla. No se trata de una extravagancia simplemente para tener un momento en foco de su atenta lectura, sino más bien la noción de que debemos llevar a nuestro terreno la historia que nos hace irrepetibles. Y esta, con toda humildad, es la mía.

No es fácil salir del cascarón, pero esta vez ya no hay vuelta atrás. O más bien, por llevarme la contraria (que es uno de mis ejercicios favoritos), irá justamente hacia atrás. Cambiaré la dirección del tiempo y me refugiaré en los sitios y remilgos que en su día escribí para que un futuro yo recuperara, elaborara, y diera sentido a lo que es su momento, en el instante de la creación, dio luz a un despertar sin igual. El lector designado para ese trabajo soy yo. Quizás usted considerará que es una simple relectura, pero es que usted no ha visto mis libretas, ni leído mis metaestructuras Perecnianas, ni mi soliloquios al estilo de una caminata de Moo Pak.

Hasta ahora, que yo mismo doy el paso a la relectura. Hasta que por fin doy el salto a la edición de mis escritos. A la conclusión de algo que empezó en su momento, y que hasta ahora pretendo cerrar. Se acabó la búsqueda. Comienza el bootstraping.

Letting go to find the literature within your head

«Writing, he says, is a means of escape from the self as well as a means for discovery»

About Jack Toledano way of writting. Moo Pak, Gabriel Josipovici.

Writting. That’s the act. If one writes something is expressed. Good, bad, who cares. Writting takes you places. You may not know where it will end. But it triggers something that you don’t realise until it’s been written. And there’s no other way. It needs to come out a stream of conscious tought that is being spilled somewhere. That kind of freedom is what Jack Toledano is talking about when whe says this to the narrator of Moo Pak. And I couldn’t agree more with it.

Nevertheless, he goes on to rant against handwritting or using word processors in a way that he describes asn inhibitors of this freedom to let go. It cannot be done, he says. Or at least he exposes that it’s not availbe to him. As the little humming noise on the electronic typewritter and continuos glow of the red light that turned on to signal acusssingly his pauses when he stayed still for a moment to think between each moment of clear writing impulses.

Format and working mechanisms are for each to shape into our own way of delivering what it is we want to do. The creative process, in a broader sense than just writing could allow many other formats to produce some sort of spell that represents the artistic form and shape of the piece that encapsulates the profound meaning of our art. While I have explored many formats, I respect the people that find the clear pathway of a specific format that produces the results they are satisfied with. And I’ve also encouraged the transition from different formats to force myself to deliver the equivalent liberation at different wavelenghts of my own developement as a creator. This to me has represented new pathways to find myself in unexpected places I would have not imagined to reach if I had not turn to that spell, with those new tools, rules and mecanisms to follow through.

And eventualy, too, to break.

Jack Toledano says you can’t let go with a pen or a word-procesor. I believe you could. But then he also talks about a little conforence in London with Borges, where Q&A were addressed in written form for him to be read, so that he could say which one he would answer. Why don’t you write about women? If it was because he didn’t think of them. He said that’s why he writes, so he wouldn’t be thinking about them all the time. And that’s were jack Toledano finds the reason and importance of writting: escaping from a daily nimeous routines: «That is why a pean or a word-processor is no use, Jack Toledano said that day on Hampstead Heath, with a pen or a pencil you cannot escape yourself and your fantasies and why else does one write if it is not to escape from the prision-house of the self and its banalities?«

«Pens are for Victorian novelist, he said, and word-processors are playful post-modernists»

I guess I would be the in between of all those fools…

¿Dónde estoy?

Estoy aquí. Recién nacido. O más bien, acabado de despertar.

A veces es suficiente ser tras haber dormido. Alguito. Un poquito. O todo lo que podríamos haber desconectado en unas circunstancias normales de sueño. En un día cualquiera.

Hoy es uno de esos día. También es un día especial que está a punto de nacer. ¿Es acaso este el día en el que por fin todo se desenmaraña?

Amplificar el efecto de lo que hacemos, y conseguir llegar al valor social de lo que anhelamos. Colectivamente. Desde una perspectiva de transformación asumible. A partir de un juego. A partir de un nuevo juego de rol.

Yo soy el rol-maker.

O al menos el que construye la narrativa.

Pero, ¿de qué juego? Ni yo se.

El mio es muy personal.

Es mi juego social.

Mi juego personal.

Mi razón de ser/estar.

En este contexto me juego todo.

Y desde aquí debo desbordar la frontera de contenerme para no salirme del propio cauce que transporta mis aguas mentales.

En medio de la tormenta, mi sentimiento en este momento sigue siendo de gratitud, de haber pasado lo peor, de tener que asumir estar en el contexto de un estado de consciencia más próximo al que en su día se sembró cerca de la raison d’être que me fue revelada. He descubierto el último velo. Y de pronto estoy dentro de quién verdaderamente soy.

Los tiempos de mi narrativa y los del tiempo mismo se comienzan a entrelazar. Al fin de cuentas son nueve dimensiones que se entrelazan en un elemento primordial de mi propio porvenir. No puedo dejar de pensar que el camino que sigo va encaminado al caminar que condiciona la distancia que proyecta mi zancada. Lo más que puedo hacer es mantener las piernas en forma, seguir pedaleando, trasladando el ejercicio de mi entrenamiento a un nivel distinto al de la ejecución de mi puesta en escena. Es así, estando en dos sitios a la vez, y en varias dimensiones intercontectadas por mi propia tiranía, lo que finalmente converge en el ser que un día será lo que mi personaje evolucione en cada uno de sus multiversos particulares.

Ticataluña es especial, quizás porque mana del Tico Commons. Pero esto no es posible desvelarlo sin crear polémica en un mundo dualizado. Sólo se puede asumir si podemos prevenir que lo que aquí está pasando sea matizado por el cantar eterno de un ritmo caribeño que viene del más allá.

La capital de toda esta sinfonía es un isla, o más bien un islote, en el que los habitantes son de otra especie. Su nombre: Guayabo. La ilusión de un sitio que en circunstancias mediterráneas estaría desbordado por la masiva llegada de turistas en piraguas que han alquilado desde el puerto. En cambio, en el imaginario ticatalán, Guayabo se presenta como el eje fundamental entre lo que un día fue, más allá de nuestros días, a lo que acontenció en el continente que ahora llamamos nuevo, sin ruborizarnos, como si antes de aquello viviéramos (inclusive usted mismo, hoy, al pensar como usted piensa) en un mundo de tan sólo dos dimensiones; en una tierra plana.

La visión de Guayabo sólo puede visualizarse en la pintura del maestro don Isiodro Con Won. Su destello nos proyecta como elemento sagrado de una configuración que no está en el sitio en el que debería estar, sino en el su proyección más allá de nuestro status quo, en dirección ortogonal, conecta nuestra luz con la que emana de la consciencia multiversal de los mundos que conectan el arte de don Isidro con el mio.

ALLS

Breaking gol

I’ve had a dream.

In this dream I was cruising into a coming to age story. I was unfolding the character within myself, invetably going down the slope of an enormous ordeal. I was clearly breaking gol.

Walter White was in the story, but it was actually me. So was Jessy Pinkman. It was in the middle of Karachi, in a round about that was ancient, a bit like it was 400 years ago, and still with the current chaos of a traffic jam from the confusion and flow of any given day in main road of this great city.

Somehow my character in the dream started doing some hipopressive exercises that eventually got me out of the dream, and into this post. And here we are. Or rather, here I am.

I’m about to break loose. I need to keep a sharp focus on what’s going to happen in between every count of my transformation. And the characters transformation, starting from the initial presentation of Golman. However it turns out to be. Whichever dimention I land into with. And I don’t control that. Not even from the moment I cannot dissasociate my own account, and the one that’s being delivered by this fictional story.

Fiction and reality merge. At some point you are playing the masks game. And you loose control as to which one of them really is you. I’ve come across the idea that the situation is not in place, and that my evolution as human being is ready to turn the page of yet another story. This story unfolds in the way in which I’m now ready to recite.

So here we go.

ALLS

The art of being yourself

The art hunts me. I’m just a medium. It goes through me. Don’t know where. Don’t know why. But it keeps comming back. It’s a thing that gets caught in the mist of my attention. And I pull in. To see. To wonder. And it pops up, as I’m now conscious of its existance and my particular reaction. Why? Why now? Who are you? What is this?

This sort of ordea never stops, but rather you start to embrace the beauty of living with these exceptional oportunities to wonder. To wonder off. To go outside the dotted line. As there is no longer need to follow the heard. I’ve been alienated. I’m an alien.

It’s here. They are here. I am here. I’m the proof of concept. Beyond myself. Beyond the particularities of my own coordinates. My specific circumstances. How does that make me feel? How does that make you feel? There is something out there I don’t control. You, for example.

Yet my art the becomes the medium of my experience. The structure of my acnowledgment. The intention of my provocative snap. The magicians trick. The hat. The set up. The illusion. It’s there. You see.

I told you I had no say in this.

It just poped out.

And somehow it got caught.

Here.

#NAW

In your head.

ALLS

NEW saint

Ayer fue Sant Jordi. Un año más. La lectura y la escritura en un mismo sitio coexistiendo con una princesa, un príncipe valiente, un dragón, un rey noble y justo, y un pueblo temeroso que le agradece al porvenir de una ficción estar aquí, sanos y salvos.

Una televisión local que se tira la calle para cubrir el espectáculo nacional más importante de un país que sólo existe en mi cabeza: Ticataluña.

Esto ha sido así por los siglos de los siglos en los que el tiempo se revuelve, multiversadamente, dentro de la narrativa cuántica que se entremezcla en mi cabeza con las excusas de mal pagador para no salir de la burbuja en la que me encuentro atrapado: el no autor.

Sant Jordi es un día de escritores, editores, agentes, libreros, lectoras, libreras, agentas, editoras y escritoras. Al final las que leen son ellas. No nos engañemos. Nosotros intentamos escribir. Y nos mantenemos lejos de poder superarnos a nosotros mismos. Nuestro ego ensimismado en cada paso que damos para no llegar a ninguna parte. Nos perseguimos la cola con la intención de mordérnosla para por fin quedarnos quietos. O contentos. Y nunca se nos da. Ni una cosa, ni la otra.

Pese a todo, el movimiento sigue su curso. Como nuestro planeta alrededor del sol, o en su obstinado giro a la izquierda, como si en el espacio existiera tal cosa, arriba, abajo, al centro y padentro.

No sólo no tiene sentido, sino que tampoco encuentro la manera de plasmar lo que verdaderamente quería decir en un contexto en el que cualquier historias pudiera importar para no aburrir a un lector que no existe, que no quiere leer, y menos a mi. ¿Por qué el suplicio del intento?

Porque el fracaso está en no intentar. Efectivamente Sant Jordi refleja a la pulsión de un pueblo que quiere escribir una historia. Como el resto de los autores que se reflejan en las estructuras de las historias que se narran en formatos que se contemplan en las estructuras habituales de la literatura comparada. Como si eso fuera algo. Ahí vamos otra vez a la crítica a los que hacen, y no a mi idílico mundo de fantasía, que tan bien está, aquí inmaculado sin erosionarse con el roce.

El lector. Eso es lo que no tengo. Tampoco las agallas para salir a buscar a que estas palabras no queden aquí volcadas como un grito a la libertad de permanecer en la sombra. Todo lo que pueda ser necesario. Todo lo que he ganado hasta entonces. Hasta ahora. Hasta que un día previo a la emergencia todo cambia. Ese día el porvenir tiene preparado una singular puesta en escena. Y nosotros, o más bien, uno, debe estar preparado para la transformación definitiva dentro del capullo en el que te has convertido: ünö.

Ünö es uno mismo transformado. De ahí los cuatro puntos. De pronto te han salido cuatro puntos que aparecen en sitios singulares en los que no se les había visto con anterioridad. El nuevo yo tiene esta marca indeleble que nos indica que la tinta ha traspasado la frontera del pasado. En ese contexto de cambio, el tránsito ya no tiene vuelta atrás. Ahí es donde queríamos llegar. Esa es la trampa a la que vamos a asistir. Un día determinado. En un momento dado.

Este pueblo ha tenido suficientes profetas para entender que nuestro porvenir está en otro sitio. Queremos dibujar un contexto nuevo pero se nos han acabado los arquitectos de la casa gran del catalanisme. Y los nuevos arquitéctos nos parecen un poco más sobrios que los modernistas. Por ponernos locales con el desprecio por nosotros mismos, como Domènech i Muntaner enmarcando el Hospital de la Santa Creu i Sant Pau Benefactor en contraposición al trazado del Eixample de un Idelfons Cerdà, botifler por excelencia. Como Cambó, que ahora lleva el nombre de la biblioteca dentro del recinto modernista, como para alojar en un mismo sitio sagrado todas las contradicciones con las que la ciencia y la fe se pueden topar en una misma manzana, o nueve, de la frontera del Eixample.

Pero no desviemos la atención de Sant Jordi, que justo lo tenemos todavía en la memoria de un paseo que dimos por nuestra sociedad, en la que los lectores fueron protagonistas, y los escritores amados fueron espectáculo e industria. Es el día más bonito del año. Es el día más NEW barcino de la existencia. Justo porque un Santo que no viene al cuento aparece, viniendo de fuera, y nos salva a todos de un marrón de dimensiones colosales que nos hemos montado a raíz de una historia que nos persigue eternamente.

Cero estrés, full relax. La historia se repite. Lo sabemos. El siglo XX nos lo enseña. Y eso nos aturde un poco. Y nos condiciona a una cuenta atrás en la que no podemos ponernos a bailar charleston. Quizás hay que atender lo que significan los tambores de guerra y las narrativas que alientan las violencias que se producen más allá de nosotros mismos. Y en esa comunión hacia un mito redentor que nos propulse a otra dimensión, ahí, y sólo ahí, es en dónde veo la posibilidad de encaminar la narrativa de un candidato NEW a la presidencia de este país.

Lo dijo ayer un antiguo (puede que el mejor de hace muchos años) candidato a la presidencia de este país, Antonio Baños: los políticos cuentan poco, o nada, en Sant Jordi. Los que molan son los escritores. Y las escritoras, como Carmen Mola. Los políticos, como la ministra que hizo acto de presencia, porque la lectura y la industria editorial siempre es atractiva para que el político de turno se venga a promulgar como adalid de los tiempos de cambio.

Así que haré como Antonio. Plantearé la mejor campaña alternativa que se podría permitir un chico, no tan chico, de extraradio. Más allá de las costuras del propio juego democrático que se desvela ante nosotros. Más allá de la fascinación que tenemos por los espectáculos políticos y televisivos. Este Sant Jordi supone uan vuelta más la página. Y este autor no tiene más remedio que buscarse a si mismo una excusa más para someter sus historias a una audiencia de lectores convocados a una elección: el Tico Commons.

ALLS

A tribute to my own little nation

A NEW culture begins

It’s election year: 2024.

I was born in the year 76 of the last century. This year there will be 76 elections.

Coincidence? Maybe. But you never know.

You start to see the signs once you have enter in this state of ease within your search and in contact with the awe of the almighty magic around. It’s there. We’ve had several times the illusion of the mighty. It lives within us. Especially when you are an artist. Even more, even, to the ninth dimention, when you are a futbolartist.

It’s not because you say it. You’ve lived it. The seeds of transformation, and the work behind what you do with them to take it to next level. Deliverance at its best.

But there is one sin I have committed, if I must be judgemental with myself, which is just another excuse to try to hide from the circumstances that have enabled me, today, to come out here and say it: I’m ready.

The truth is is I’ve been ready for a while. But I’ve been waiting for the right time. As if that’s something real. Time… oh, time. God… oh, god.

A tiny blue dot… space…

We’ve been given some tools, and a complete set of contradiction that point inward to place the highest grunch against yourself: yourself.

It’s time I heal.

And when I say I, I trully mean you. And I. But when you read I, I understand you feel you, not I, but that in itself is an I. Like the pine tree top, as we like to call it in Spain.

Spain… oh, spain.

Catalonia, oh, catalonia.

There you go… the elefant in the room: dualism.

And there is no better place to aknowledge this than here. Or maybe in the Euskalerria, where my ancestors left, long ago, from the harsh social reality that families live when they decide to leave your small little village, to leap into an adventure towards the unknown, to seek for your own survivable. Elizondo was once full of people with the Elizondo last name. They might have been jews who converted to catholiscism in order to avoid the harship of a different belief system back in the day. But, thank God, things have changed around here.

Have they?

Who am I to say? Really, no one. I’m just the NEW guy. El nou d’un poble nou, like I’d like to portrayed myself in my very own NEW language: ticatalan.

I must warn you: my NEW kingdom is from another dimention.

And that’s not the only warning. Here’s another one: I am the son of the Sun. His name is Father God. And He is to blame for Hetheropatriachy all to Himself. He’s told me to tell you this, along with a NEW testament. The last one.

So, as you can see, I’m also the last evangelist. Things, from our family’s perspective ends here. And therein starts a NEW era. Thank God!

It has not been easy (not for HIM, nor for me, who like you, I’m just human, mostly, and the little bit holy that I know I am, is a human-developed capability that you, yourself, already possess) to come to this understanding. There’s been many spreadsheets, AI designs, algorithms, power struggles, wars,…

NAW is the time.

It’s time for this NEW journey.

Are you ready for it?

I certainly am.

ALLS

Volver a soñar

Vos sabés qué acabo de regresar de un sueño y ya estoy pensando en el siguiente.

En este último sueño tenía una relación armónica con mi director. Demasiada confianza quizás. Nos conocemos muy bien. Demasiado. Tanto así que me esconde cosas. De alguna manera lo hace para protegerme. No quiere que saque el duende. Si sale, ya no hay vuelta atrás. Y me puedo desbocar. Es un riesgo. Y está ahí. Latente.

Nos han invitado a una premiere. Es otra peli, pero está toda la farándula del sector. Y el engranaje político. La gente de las dos escuelas de la ciudad. A las que se les permite creer. A las que se les permite crear. Y hay que estar a la altura. Ser parte del ecosistema. Sin que parezcamos unos notas. Ahí viene la censura.

—Tenemos un evento al rato ¿te vienes?

—Obvio. Dale.

—…

—Me estás invitando, o me estás cargando. Vos me acabás de preguntar. Y sí, dale. ¿Qué es el eventito este?

—Es una premiere de una pelí. Estará todo el mundo. Tienes que comportarte.

—Yo siempre me comporto, boludo. Pará de joder.

—No podés ir así. Prohibido hablar como argentino.

—Qué tenés contra mi argentinidad, pelotudo. No me cortés las piernas vos también, che.

—Así no…

—Dejame de cargar, dejá vos de hablar como mexicano.

—Y yo soy mexicano.

—Y yo pelotudo.

—No mames, cabrón. No se te puede sacar a la calle.

—Andá a cagar: vos, tu eventito de mierda, y la madre que te parió. ¿Vos pensás que yo necesito ir a ese sitio? ¿Sabés qué? Metételo por el orto. Ya ta. Andá pallá.

—No porque estires los estereotipos de un argentino salame vas a conseguir ser uno más. Déjalo ya. Nunca, escuchame, nunca serás un canchero argento como te pensás que sos. A lo mucho, si me apurás, lo más argentino que sos… eso… eso sí, mirá: vos lo que sos… ¿sabés lo que sos?… un chanta.

—Ya tá. No sigás. Crees que eso me ofende, pelotudo. No necesito ser nada más. Vos sos tan canchero como yo, con tu mexicanidad prestada, tus taquitos de pastor, tu suadero sin verdura, y chingo de salsa roja, pero no engañás a nadie. Vos sos tan chanta como yo argentino. O mexicano. Si se trata de ser orto, mirá por dónde, yo soy tanto como vos. Y no, no me equivó. Orto. Así con sus letras. Sabés lo que te digo, Mati,… córtalas.

—…

—…

—¿Qué tenés… seis años?

—Ves pendejo. Tú lo que eres es un pinche argenmex.

—¿Y qué pasa?

—Y, nada.

—Vamo.

—Y dale.

ALLS

Morir y volver a nacer

Uno piensa que esto es eterno. No tenemos pruebas. Más bien lo contrario. Sabemos que moriremos. Algo en nuestra cabeza funciona en el sentido inverso. El pensamiento mágico consiste en dar respuesta a las circunstancias complejas de entender sobre nuestra existencia en este efímero paso por el multiverso particular en el que de manera fortuita aterrizamos.

Llevo tiempo jugando con los algoritmos desde una perspectiva no actuarial, sino más bien ciudadana. En un momento dado intenté hacer lo contrario: justamente ponerme del lado de actuario, matemático, estadista, informático, chatgpt, que desde la perspectiva de la algoritmica y programación, desde el inicio, se plantea un entrenamiento de una red neuronal para ofrecer diferentes estados de la naturaleza, una serie de reglas, y un cierto nivel de autoorganización y capacidad de «aprendizaje» que conduzcan al algoritmo a sus propias conclusiones.

Esto lo hice de manera consciente. Sabiendo que pocas personas tenían la capacidad de entender y ver ciertas cosas en el mundo según los parámetros y las violencias que me cruzan particularmente a mi. No deja de ser un poco egocéntrico y megalomániaco pensar que lo que pueda yo aportar no está por ahí ya dando vueltas en otro sitio, con alguien más capaz, y con una mejor idea para que esto funcione. Lo cierto es que pese a todo lo intenté. Y fracasé.

No sólo fracasé, sino que me arruiné.

Me costó mucho salir, si es que se sale del todo. La vida siempre sigue su curso y su curso acaba un día por atraparte para recordarte las cuentas pendientes que dejaste en el camino. Y pese a querer hacer las cosas de acuerdo a los más solventes estándares de profesionalidad, la ecuación tiene múltiples niveles de incertidumbre que acarrearán riesgos con los que sin duda toparás, y de esto, algunos, puede que te conduzcan con cierta petulancia hacia el valle de la muerte.

Una vez más el conjuro de la muerte aparece como si invocado por la señal acústica del metro hacia el que te dirijes: Barranca del Muerto.

Esa estación, Barranca del Muerto, por un lado, y Copilco, por otro, eran los dos sitios por dónde los estudiantes que viajábamos en transporte público podíamos acceder al camioncito amarillo que había puesto el ITAM para poder llegar a la universidad, cada hora, con la presición Suiza de un trayecto repetido hora tras hora por dos conductores por trayecto. Alguno de estos conductores también se sacó la carrera, trabajando mientras lo hacía, con este servicio que nos permitía a algunos, sin coche, llegar a nuestras clases.

¿Cómo se puede vivir sin coche? Quizás desaprendiendo. Quizás por una vía asceta. Quizás no todo el mundo puede.

De entrada ponerse en el lugar del toro tiene dos direcciones. Esta bidireccionalidad suele contener una vía de transformación en ambas direcciones, y una asimetría de poder que no representa el mismo punto de partida de un lado, que del otro.

La dualidad nos compromete a tomar partido. También a mirarnos al espejo. Y traspasar la ilusión del otro lado. Y buscar en ambas direcciones. Afuera. Adentro. Otra dualidad ineludible.

La vida en contraposición a la muerte. De morir no tomaríamos la vida tan en serio. Seríamos eternos vagabundos. Tenemos poco tiempo y este se consume. Hagamos aquellas cosas con las que podemos comprometer nuestro tiempo, nuestra pasión, nuestro interés, nuestra capacidad de amar, hacia objetivos que permitan desbloquear los sesgos cognitivos que tenemos en cada una de nuestras disciplinas, en cada una de nuestras rutinas, en cada uno de nuestros trayectos.

Sigo siendo el mismo iluso que un día soñó que podía jugar. Y jugué. Sigo construyendo un mundo paralelo a lo que las señales y pulsiones del mercado lanzan sobre mi, y sobre tí, y sobre todo el mundo. No tengo la capacidad para expresar lo que quiere decir todo esto sin dar tantas vueltas. Quizás necesitaría otro alfabeto. Quizás necesitaría otro contexto. Quizás tendría que partir de otro marco.

Voy a comenzar por creerme a mi mismo. Dejar de escribir para someter al mundo a mi ausencia. No publicar, como el padre del personaje de Bardem en Vicky, Cristina, Barcelona que escribía la poesía más bella, pero por su conflicto con el mundo, como poeta maldito, se inhibía de publicar para dar por saco al propio mundo con su desprecio. Un ineludible juego más de la psique de Woody Allen con la que nada más puedo sentirme ligado.

Una vez más la idea de mi rebeldía no resulta ni tan siquiera innovadora. No exista nada que no se haya dicho. No existe un momento eureka. No existe una idea tremendamente innovadora. Todo ya está en la mesa. También el velo del dinero, la fama y el poder que inhunda la mentalidad capitalista con la que, ahora sí, todo el mundo, sueña con ser futbolista, tiktoker, o cualquier cosa entre medio que otorgue prestigio, dinero, y una vida por encima de la media. Como si la capacidad humana de ser-estar no estuviera más relacionada con el paseo que nos obliga a salir de casa, para realizar una función, un trabajo, una rutina, que nos relacione inevitablemente con nuestro entorno, con los vecinos, con unos compañeros, con el que nos una la causa, el equipo, la tarea conjunta, el proyecto, la transición hacia otra semana de vida.

La rutina de vivir nos permite experimentar cada día lo precioso que es estar aquí. No dejemos de maravillarnos con el regalo de estar presentes. De ser bondadosos con nosotros mismos. De darnos un poco de esperanza. Para seguir. Para movernos. Para expandir la posibilidad de volver a creer en aquello que pensamos que no motivaba a gritar. A romper las barreras.

Ha llegado el momento de empezar el día. Que mejor que escribir.

Hace tanto tiempo que pasaba por aquí.

Ayer.

El tiempo y sus dimensiones quisquillozas.

Nuestras hermosas incongruencias y contradicciones.

La capacidad de fallar.

Y volver a intentarlo.

Ahí reside la clave.

El es un día propicio para salir a buscar la emergencia colectiva.

Empezando por aquí.

Por levantarme con este espíritu.

Y compartirlo.

ALLS

De vuelta al ruedo

¿Por qué utilizar una frase taurina si no somos aficionados a la tauromaquia?

No tiene sentido. Ni que fuera rejoneador frustrado. O banderillero de andar por casa. O empresario. Siempre me ha llamado mucho la atención ese nombre: el empresario. El dueño de la plaza es lo que es. Y es quien tiene que hacer gran parte del trabajo invisible detrás de las corridas. Me imagino. Como el ganadero. Siempre atento a sus mayorales, a sus sementales, a sus pasturas, y su familia. Hombres de familia. Hombres de la España desierta, que se queda en el campo, cuidando de la hectáreas familiares de la casta castiza, patriarcas de estas tierras, grandes de España. El abolengo y la fiesta se conjugan en la misma oración de la historia de esta península, que un día fue mucho más que eso. Ah, tiempos pasados. ¿Quién fuera historia como este reino?

Rey de reyes sólo uno. Familias reales varias. Dios Padre… una.

Madre.

Madre mía.

Se te ha ido la olla.

Te has pasado tresxtres pueblos.

Nueve pueblos.

Nou pobles.

Nou pobles nous.

El nou del poble

El nou d’un poble nou.

El nou del Poble Nou.

El Nou.

9.

ALLS