Los números se tuercen en mi contra

Hoy casi vuelvo a morir. Esta vez a las 3:33. Una deglución definitiva cerraba las cortinas de mi show. Era este el momento final. Es aquí…adios. Desperté.

Ayer me ocurrió lo mismo. A las 4:44.

Mañana será a las 2:22.

El miércoles a la 1:11.

Y luego ya no habrá más.

Un día, una mañana, ya no estaré aquí. Y ya no sabrás lo que quería decir con lo que un día te conté. Quizás tampoco tenga sentido entonces. No puedo prometer que esto va a cambiar. Ni tan sólo que lo que creo viable lo sea. Se que mucha gente tiene ganas de cambiar el mundo, y que cada uno tira de su carro con su cruz. Cuestarriba. Y no todos llegan a la cima del monte.

Yo lo he intentado todo. Y más o menos las cosas me han salido. Llevo tiempo dando vueltas sobre el mismo gesto defintivo. Como si la vida fuera a dar un vuelco un día de estos. Tal día como hoy. Y a partir de aquí la cosa cambiará. A partir de hoy todo será diferente. No tenemos más porvenir que esa cuenta atrás hasta el día de nuestra muerte. Y eso cambia la perspeciva de vivir. Y de morir.

Hoy morí, otra vez. No es una metáfora. Me fui en ese último suspiro. Ese ronquido fatídico que habría despertado a mi amada de haber estado en el mismo lecho. No fue percibido. Tan sólo yo me doy cuenta de mi fragilidad. Un día ya no estaré. Y no habré concretado nada de lo previsto.

No tengo más tiempo que perder. Me quedan pocos latidos.

Mi vida cambió hoy.

Quizás por las prisas de morir.

No tengo más que ligereza.

Pero el tiempo es oro, y creí conveniente venir a dejar aquí, en donde no hay nada, este mensaje.

Siga usted hacía atrás y se encontrará de nuevo conmigo. En este estado. Con esta franqueza que no me pertenece. Si usted me lee, quizás es porque mi interés haya sido ya no estar aquí.

Quizás hoy sea un día especial. Mi madre compartió por whatssap un meme que así lo corrobora. Quizás cualquier día de este año se cumpla este presagio. Quizás una pandemia es el momento justo para despedirse. Por todos los que no tuvieron tiempo.

Deseo volver a hablar con vos. Que vos escuchés mi voz. Y que nos quedemos con lo que podamos compartir. Con lo que nos podamos decir. En este último suspiro. Como si el Jesús de Pasolini llegara de pronto a tu casa, a hablar de comunismo, literatura o fantasía.

Tal día como hoy de hace 19 años

Yo me fui de México después del primer grito del nuevo milenio. Un 17 de septiembre, crudo, tras la mejor fiesta de del grito/despedida en tiempos de ley seca. Este año el zócalo no se llenó de banda, ni el pueblo gritó eufórico en una peda, o en todas las pedas. Las pedas mexicanas todas son iguales, aunque ninguna se parezca. Siempre hay los mismos pedos. Los mismos ronroneos. Las mismas misas. Es como una religión después de confesarnos el domingo, tras tener una cita a solas con la Guadalupana. Respeto, ante todo.

La vida de un mexicano comienza por verse en el espejo y no entender muy bien de dónde proviene eso. Esto. Este país. Y a su vez, saberse poseedor de un orgullo patrio a prueba de cualquier mendigo comunista que quiera desvalijar a este país de su circunscripción en los prescritos anales de la historia oficialista. La postrevolución no está gustando mucho a los partidos institucionales. Ni tampoco a los partidos emergentes. De pronto México se parece un poco a su liga de futbol. Y eso no está del todo mal, si estar bien tampoco. Yo, como buen mexicano, como digo una cosa, otra. Pero ahí nos vamos entendiendo, entre metáforas y poemas cantaditos al oído de una taibolera. No se crea, poli, no era una mordida exactamente a lo que me estaba refiriendo. Si ni sabía que había tortas veganas. No le haga.

Yo de plano me metí hasta el fondo de una barranca del muerto. Parece que se abrieron todas las barrancas y los muertos resucitan ante la sacudida de balazos y pozoles con los que el terror se dejó llevar en las venas de una sociedad adicta a sus demonios. Y no supimos cómo purgarlos entonces, cuando debía venir aquél que nos salvara, y que según la profecía, llegó, y le dimos la bienvenida, pero nos salió rana. Pinches gachupines. ¿A poco los tlaxcaltecas se apuntaron al tiro así nomás contra sus hermanos de piel morena? ¿A quién le andas creyendo las versiones torcidas de los reglones ocultos de Dios Padre Nuestro Señor, ausente de nuestro lado del planeta por los siglos de siglos… ALLS.

Dios Padre desconocía por completo que la tierra era redonda. Es un hecho. Nunca se lo contó a su hijo Jesús, que tampoco hizo mención a sus discípulos. ¿Qué historias del cosmos le explicaba Dios Padre a Jesús en la cuna del Edén? Ninguna, porque Dios Padre no era de este mundo, y en el suyo no había cosmos, ni gravedad, ni electromagnetismo, ni siquiera una fuerza unificada de todo, excepto, claro, Él mismo. Y qué iba a estar autoanálizandose, si está siempre presente, inclusive en el futuro. Dios nos sirve para pensar en las dimensiones a las que no llegamos para entender por completo la física cuántica, y sus múltiples jardines que se bifurcan. Tampoco nos da para leer a Borges, pero ahí estamos. Y mucho menos para entender, por completo, la obra completa de Shopenhauer, pero para eso tenemos facultades de filosofía en el norte de Europa que se llenan cada año de filósofos incapaces de recuperar las energías clarividentes de sus antepasados más ilustres.

Xavier Rubert de Ventós me dijo una vez que no hacía falta que hubiera tantos filósofos en todo el mundo, que nos bastaba con los alemanes. Y puede que tenga razón. Quizás el debate de la ideas ya está desplegado en su conjunto, y tan sólo debemos reconstruirlo de vez en cuando. Barajar las cartas y jugar al texas holdem. Dios Padre es muy dado a tener el control de las mesas en las que juega. Se cree que hace trampas, pero no hay huevos para sacarlo del casino. Y nadie le riñe. Nadie se atreve desde que pasó aquello de Lucifer. Ya ves. Sin Lucifer no hay yang, como tampoco hay cruz sin Judas. Así no vengamos ahora con juicios a destiempo sobre la indispensable labor de estos dos personajes pilares de nuestra sociedas: los satanases y los judas.

España no se entiende sin Franco. Y tampoco sin los republicanos. He aquí el dilema. El dictado que se come el cojón.

Hitler sin bigote no habría sido más que un flautista de Hamelin.

¿Cómo se pasa de la independencia de una colonía las vidas alternativas de un genocida?

Kelly vs John John

So here’s a match you won’t see in any other sport. A duel of two people from diferent generations, taking on a swell. Waves, surfboards and these guys. It’s like poetry, without words.

Enganchado al desenganche

Hace tiempo que me vi envuelto en una paradoja tiempo-espacial. Me metí yo sólo en este problema y quedé atrapado para siempre en un universo circular. Mi incapacidad estructural para optar por la vía convencional me dejó para siempre dando vueltas sobre la misma espiral, que pese al movimiento eterno, me atrapa en el continuum del fracaso interesteral. Por tanto, la paradoja de mi descubrimiento me ata perpetuamente a su inasible circunstancialidad. Las leyes se despliegan por sí mismas y ellas mismas se entrelazan para culminar este inutil camino de vuelta.

De pronto ya estamos aquí. Otra vez. De vuelta a la creación. Una vez más nos tiramos a la piscina sin antes verificar si había agua. Pero ya es tarde. Sumergidos en la incertidumbre nos damos por bien servidos con subsistir. Tan sólo un día más. La desesperanza de no alacanzar, al menos hoy, la culminación de aquél camino. Nos plantamos en el fondo de nuestra soledad para aguntar la respiración debajo de aquél embrujo, sin saber muy bien si tendremos suficientes fuerzas para salir a la superficie a respirar. No llega a ser tan agobiante como para perecer ahí mismo, sino que intentamos llegar a ese límite que nos desbloqueé definitivamente. Esta vez no hay más oxígeno que podamos incorporar a la salvación de nuestra desgracia. No sabemos escapar a ningún otro sitio a pesar de que las ideas bajo las cuáles se despliega ese último suspiro vital se esconden para no boicotear una vez más la subsitencia. Parece mentira que siga aquí. Un día más sin haber llegado a morir, ni a ningún sitio especialemente brillante. Más allá de estar aquí. Que no es cosa menor. Pese a no ser ningún viejo anhelo. Ni siquiera una ilusión.

Nunca tuve muy claro cuál había de ser el camino que debía seguir. Sin dudal el seguido era el adecuado. Así que me fui por varias versiones de mi mismo. Con más o menos acierto, las puertas se abrieron y cerraron al son de quién parece que soy. Y las orquestas continuaron con fortuna la canción con la que salimos a bailar. Y pronto nos llevó la vida por más de una pista de baile a altas horas de la noche. Sitios en los que la electrónica y la noción espacial se confundían con la decadencia de persistir en un estado. Y no fueron caminos que consiguieran ensanchar el horizonte tras descubrir el último velo. Siempre había otro, más sutil, con el que nunca me había topado. La noción de que no iba a ningún sitio ya me perseguía entonces, como ahora, pero esta vez con más cintura para bailar las rolas que desentonan con la pauta con que mis piernas obedecen a la cadencia pertinente para mi cerebro, amo y dueño de la situación, pese a no estar nadie a cargo de las riendas.

No se percató la noche de mi engaño. Nunca fui volatil a la idea sutil de convertir la escencia de aquél conjuro en un elixir de manantiales que bajaban cristalinos por los ríos entubados que se precipitaban, río abajo, hasta desembocar, una vez más, en el mar. Este mar mediterráneo tan propio, tan presto, tan listo. No me di cuenta que quizás no pude navegar yo sólo el velero que me conduciría por fin a la isla de mi desembarco. Mi insularidad es pertinente para desistir a la idea plenaria de un esplandor continental. Lo que las ciudades capitales demuestran es qué singularidad se rige por las costas sobre las que se abren las aguas y la tierra, con esa fina piel de arenas milenarias. Ante cualquier situación, la frontera que peina la ola que se funde en la orilla, en una renovada tes tersa recién lavada, cara al sol, a la espera de la próxima ola prestos todos para reconfigurar el ciclo eterno, una vez más, en un solemne abrazo.

Así como un día me fui, otro cualquiera, un primero de septiembre, volví. La naturaleza de un nuevo curso trae consigo una alegría primigenia en el que este año, de alguna manera, nos transformaremos en algo más de lo que venimos siendo. No me quedan más dudas que las que guardé en un saco roto que arrastro desde que me despierto, y por el camino, desperdigo por doquier, con la certeza de que germinarán, algún día, en otro azaroso vaivén de oleaje mediterraneo.

Ricky Gervais and Seinfeld

Two big ones.

What makes them funny?

Theree’s always something happens. Of course, nobody is going to watch a show where nothing happens.

Not two people the same. Where are all the people the same? China, maybe.

I don’t what to do. That’s one the worst things you’ve ever say.

A comedian too cool, or too sexy. Driving in rolls roys.

Celebrities is a new class now. It’s quite american. There al always rockstars. Opera stars. Poets, artists… now it’s us.

Poverty… really low class. You give up on the letters half way you go.

Last time we have a fight. Jane and Ricky don’t fight.

It’s a good LOL.

Joyful you say it, not me. Certain culture are comedian, certain no. English has twice as many words as many other language. Povty. You never went to universtity.

If you don’t care what people. You don’t care who gets upset.

Hendnight. The bridal where they hid the bride widow. Don’t tell them. He should marry me. I’ve got vomit on me hair.

Where are going? Are going to Vermont?

Probably the Chinese. As a racist chinesse. I don’t believe it. Cause we are not racist. And certainly not against the chinese.

And I care… why?

You take the fake documentary away and the office is quite a boring show. A normal person trying to do something he’s not equiped to do. The blind spot. He’s trying to impress the camera. Why is anybody interested in a normal persons life. The comedy is in the impresing the audience of that disguise live. Everone will love me. I’m trying to be discovered. It brings it to life. That’s exactly what Golman needs. The fake documentary deal.

Seinfeld is AHA… that’s right. This guy is brilliant.

Comedy is normal guy, or garl, a normal prsn trying to do something the are not equiped to do. That’s what we laugh about. The bigger the blinspot, the more excited it is.

What does he mean about the blind spot? Looking right into the camera. Breaking the fourth wall. Is that it?

David Brent. Fake documentary format. He says something to the camera, and then, we can see that’s not not true.

But what if it was true. That’s the point in Golman’s selection. That’s why I have to deliver a script that might other wise be all about the bit. And then we deliver the results. The faked ones, with those blind spots in it, and then the obtained ones, as if by chance the office got some big wins. Unió Atletico d’Horta, or FC Barcelona, get to pursue further from this minor character’s ambition to conquest the everest of futbolart: to play again the sport with the local club.

Very brilliant.

Why do you like the V shirt. It makes me look like I have a neck.

Comedic trait I’d like to have. The humanity of Laurent Hardy. I pause the show. Nowadays you can do that. That killed cinema according to Peter Greenaway, back in 1983. You mess with continuity. The show’s been paused. I want to know what Ricky Gervais means by giving away one of his big secrets: who’s he stealing his comedy from? So I write what I hear: Laurent Hardy. He must really be funny. Only, right before I pause I hear: those two idiots where trying to prove they were more idiot than the other. Or something like that. Two idiots? Two people. How do you fit two people into one name: Laurent Hardy.

I said I paused it, right? So I did. I google Laurent Hardy. Something weird came up. Some officer from the EU. Nope. So I tried something else: Laurent Hardy comedy. That should do it.

Laurent Hardy comedian images search

Ohhhh…—I said to myself, as I’ve unveiled the secret: «El gordo y el flaco». Never ever in my life had I questioned that the name of these two characters was that one. It was coming from their English name, certainly: «Fatso and skinny», or the like. But it wasn’t the case. Laurel & Hardy, I guess those must be their names, huh. Characters have names. And sometimes the show’s name is the character’s name, right Seinfeld? Of course. I don’t know if in the case of the Spanish version the characters ever call themselves by their names, of if the keep assuming that they relate to each other by calling themselves: Gordo and Flaco.

So Ricky, the fatso, and Jerry, the skinny. They’ve introduced themselves into these dual character bit. It certainly works methaphorically. I don’t know if that was the intention, nor is it my intention to call Mr. Gervay that, as if he wasn’t aware. He’s certainly powerful enough to mitigate such a petty blow, plus he’s got enough cushion to dissipate the energy. And you don’t want to mess with Mr. Gervay by calling him anything cheap, as he might comeback with something that he’ll bury you in front of the world without pitty. The crushing from a Lord from the upper bouroughs. Certainly you don’t want to get under the skin of someone you admire and laugh with. That’s the kind of mistake that get’s you excluded from the pack. But, hey, he’s not really thin skinned, in that way.

Who in the translating committee decided to go for «El gordo y el flaco»?

Ricky’s laugh is a bit itself. It’s hillarious. Like Mozart’s. Or so we think.

As you get to punch line you can’t think about something. Hitting a golf ball. You could be interrupted at the beginning, but not at the end.

Fight for freedom of speech. You don’t understand. I know the holocause was bad. I know aids was bad. So, you agree with Hitler? It’s not so much what he said. Terrybly things. Raw and sensitive. The joking about it you don’t like. It was what he did. If he’d just said… Everyone agrees with freedom of speech until they hear someone they don’t like.

A final ending. Hate crime. Will they leave the China joke. Risking ofending one billion people. All looking the same.

If someone doesn’t like the joke… they are funny enough to make you life. They would love you to laugh at their joke. Can take your apendix out? We are not that important? Aren’t we?

Someone standing in front of the tv.

Hamstead like an oligarc. Try oligarc on your toast.

Smuck. Penis idea. Stupid. I’m going here. I’ve got a new idea. Penis getting slammed. That’s a cartoon idea.

English Tudor crap.

Pastry patronizing. It’s a bad thing in conversation, but not bad in business, or in the arts. As a patron. Interesting?

Idea for a sketch. Auzwitz, 1934. Her commandant. Follow the joys of Christsmas, you may go. I don’t celebrate Xmas. One guy on the back react by taking the hand in his face.

I wrote Auzwitz like that. I forgot how to write it properly. Not proud about it. Nor was that my fault. I was introduced to Holocaust in Karachi. Mrs. Kachmar. I might have misspelled her name too. That’s two ofences. For not knowing right. For learning halfway. How much should we know about the holocaust? When should we start to be introduced about it? About Anne’s age? How is that holocaust story relate to us? As human beings? As member of this society? As our ________ nationality? I felt it was important. Ever since, WWII has been an inconclusive learning experience that cannot be completely understood by films. Or could it?

Auschwitz

Greatest joke ever. A holocaust victim comes to Heaven and meets God. Without hesitating explains a Holocaust joke. God doesn’t like it. He doesn’t laugh. That’s not funny, He says. And the holocaust victim says: «Oh well, I guess you had to be there».

It’s not Ricky’s joke. He’s heard it. Now it’s become a thing that’s been magnified by him remembering it. He goes on about the scenarios of the joke. If God think He was there, why did he just stay still? If He wasn’t there, where is His omnipresence? Where is God’s free will? Since he is there at all times, he’s still there, in the holocaust, as it takes place in another time-space dimension. Must He be judged by that? Should there be a Holly Trial in the Judgement day mirroring Nurember, in a diferent celestial estate? Certainly not, according to Ceasar.

Praying to the God who didn’t stop the holocaust.

The chances of us being us. 1/400.000.000.000. Like a dog in a car.

As long as no one’s hurt, I like the biggest possible disaster.

Pollution warning: stay in your house.

Hot eyeballs.

The Ricky. 400.000€. Have you run out of things to talk about?

Picture of baby Hitler.

There he is… in the bottom right corner: Ricky.

Psi-fi. You go back to strangle baby Hitler.

Surviving 12 minutes after a modern collapse.

Full body cast.

All those things about the Chinese. You can’t help what you think. You can help what you say.

That’s good. Do that again. I can’t.

Acorralado por las deudas

Si pides dinero prestado, un día, vienen a cobrarte. No vienen los mismos. Vendrán otros. Y te ayudarán. Más bien, te «ayudarán». Ya sabes. Siempre hay una manera para resolver cualquier conflicto, más allá de cómo tengamos que ponernos de acuerdo. Pasa el tiempo. Y el cerco se estrecha. Las fuerzas del mal están a la vuelta de la esquina. El mundo te acecha. No quedan más rincones para esconderte. Expuesto ante la esclavitud que viene a pertenecerte. Y en sus manos, caes en el hueco del olvido.

Los esclavos en las galeras tenía sus sueños y su realidad no parecía corresponder con los caminos para establecer otra situación más allá de la subsistencia. La vida a diferentes niveles del estrato en el que fuiste depositado al nacer. La surrealidad de las catacumbas están diseñadas para la subsistencia de sus moradores, y también, de paso, para asustar con el porvenir desbocado de aquellos que caen en desgracia hacia lo más profundo del precipicio, más allá de la superfecie contra la que se estrellaron, en los submundos bajo tierra que rehuyen la luz del sol, el aire puro, y la convivencia con los impolutos.

Las cicatrices de la marginalidad aparece en la epidermis con la doble función de marcar al desgraciado frente a su propia insolvencia, y como mecanismo de alerta para el resto de los mortales, que de entrada deben temer por sus vidas al estar presentes ante una de estas marcas de satanás. El miedo a caer queda simbolizado en el pavor de llevar una de esas marcas imborrables frente al resto de los seres del «bien». La fragilidad dermatológica de nuestra capa protectora nos delata y nos pone frente al riesgo más tenaz que encuentre el porvenir más a la mano para clavar la flecha de cupido. El amor puede ser muy cabrón.

Desasosiego. Qué más da si voy volando y acelerándome cada vez más hacia mi destino con la gravedad que me propulsa a ese último encuentro con la tierra. Gaia y yo nos abocamos nuevamente a fusionarnos en un solo gesto. El impacto final del meteorito que nos borra como humanidad de la faz del multiverso particular que solíamos habitar. Tiempo después, en otro lugar, el espacio se concentró para encontrar en el DNA desperdigado de los restos de la humanidad como conjura desde el polvo estelar de este nuevo big bang, estableciendo una emergencia cámbrica en la reunión de las especies moleculares ensimismadas en una amalgama particular de interacciones post-mortem. Algo de vida, o de información, quedó ahí, latiendo en medio de la fusión nuclear más brillante que el sol habría percibido en su corta vida.

Todavía recordaba el sol aquél otro meteorito que le privó de seguir dorando las pieles de los dinosaurios que tanto placer obtenían aquellas tardes de verano. Los ciclos de la mecánica estelar que condicona nuestra vida, esas 24 horas, esos 365 días y tantito, que ni siquiera percibimos, salvo cada cuatro años. O las 13 lunas. Lo mismo da. Los giros sobre los que nos movemos como Gaia, como quien domina el arte del hula hoop. Los condicionantes de nuestra coexistencia con la luna, en ese juego romántico entre dos amantes que no se tocan. ¿No sería más fácil que la luna se precipitara un día sobre la tierra en un arrebato de amor fatal?

Seguro, pero ese es otro cuento.

Un día dejas de pagar. Lo que debes supera lo ingresas. El trabajo se esfumó hace mucho tiempo. No había más salida que para adelante. No hubo más caminos que seguir. Yo seguí el mío, y me fui encontrando de nuevo con la vida. Pero era Oz. Y no tenía sentido alguno con lo que debía de ser. Percibí la realidad desde las afueras. Como quien se pierde por completo del chiste que ha hecho reír a una multitud entregada. No pude sucumbir en paz ni destapar la farsa. No sólo no tuve las fuerzas, sino que el espíritu me corrigió. No lo hagas; no ahora. Espera. No es el momento justo. Nunca lo es. Salvo cuando estás ahí. Metes la punta del botín, rozas la pelota, cambias la trayectoría del meteorito, y desencadenas las circunstancias del futuro… gol.

ALLS

Work package X

I nearly died just now. I had one of those coming back from the death moments. Near death experience. On my sleep. Digestive system working extra hours to digest that stupid pizza, already mixed with the wine, cabró. Cabrón. It was a call to exit. Golmanxit. Work pakcage currently unavailable. The line has been cut. A green color that identified that the activities were in the happy face state are now in a red X, that comes with: game over.

I will die one of these days. Yet today I cheated Death. Not my ticket. Not my time.

Outside it rains. I can hear the drops falling and hitting the roof of the building. Somewhere up there. Life has taken a toll for me. This is another situation I was warned to aknowledge.

I’m just working class nobody who’s life has made a turn for the good. I’ve got a decent job that could earn me a living doing what I do best. I can feel I’ve come to the place I was called to be useful to society once again. Only to fall short of that cliffhanging moment.

Life’s a bitch, ain’t it. So why waste it.

I’ve been here and there. And yet, today was a good day. It was my wife’s saint day. La Nostra Senyora de Meritxell. My Andorra matrone. My catalan root. My partner in crime.

I woke here up when I came out from the death call. I literally had to snap out of the hands of the Calaca. I was out, then I fought myself to consciousness back again. That’s it. That was my last dance. I better run, or rather jump, or I’ll stay death for ever.

Death has handed me a token. It is this I’m suppossed to unveil.

We are at the top of the priviledge pyramid. I’ve come to terms with that. I ate too fucking much pizza today. Too late. Two too many slices. I called for it. Or maybe I have al ulcer. And I’ll die anyway. I mean, I’ll day anyway. I know. But not today. Not now. Like back then. Just now.

I’ve cheated death in a duel. I’m a slippery fish off the hook. Nobody said it was going to be easy.

Golman died today, may he rest in peace.

I can’t rest because this throw back diggestive reflux is hunting me down. Death’s out there wondering. And my wife has awaken me two times already. She’s afraid one of those snores will kill me now.

—Qué susto—she said, as she was surprissed out of the dream as well.

I pulled her out from Morfeo’s arms. I was there and then, and Death painted my waters to clogg on me like haunted nightmare back to life. Still, chill, I’m ill, not still.

Comedians in cars getting coffee. I took a couple of those before I went to sleep. I don’t know if that was what caused this whole mess. It was me looking up at comedians that started their carreer together in a comedy club back in 1976, the year I was born. Eddie Murphy and Jerry Seinfeld. Seinfeld was influence by that guy from Philadelphia, Bill Cosby, with a show about zero-something. He listened to it over and over. This guy makes people laugh. I tell jokes that gets my friends laughing. I could do that. His thought process was getting him where he wanted to be. Up there in the stage. Telling his bits. And getting the reaction from he crowd: a laugh.

You come out and you never know how it’s gonna go. You have to have something going. Something prepared. Eddie hasn’t done it again because he’s got no material. He needs to go back to gym, or something. Work out. I’ve just gone back to gym. One day in one week. I’m happy. Back to the gym, and back to work.

Life seems to work in so mysterious ways that it almost seems like God is taking note of these other ways to improve His game. Obviously He knew all this shit I’m talking about. My comming back bit. My going out bit. Mother fucker send Death to tease me. Don’t act like He doesn’t own it. They work together. It’s the way things work. And so is this, if this is anything.

Life’s happening right now. This is the top moment of my life. And it will only get better.

Eddie Murphy said that. He’s been doing nothing lately. And that’s cool.

Jerry’s been hanging out with comedians getting coffee after taking bumpy rides. The carrera porche he and Eddie rode was meant to be a Lemahns racing car, but it was then just released as a car for the streets. Or the garage. The ultimate token of the showing off how you’ve somehow made it.

The car industry is going down. Telsa cars is comming up. The biggest player in the industry is leaving the past behind. Some of those things we knew will no longer be available, once we spin out the curb. Life’s about to change, and I’ve just realised that it’s been expecting me to come to terms with this new state of affairs.

Don’t waste your time.

Or waste it, if that’s what thrills you. But beware of time. As if there is something you ought to be doing, then get to it. Today: tomorrow: now.

I’ve done my time in the underworld. I’ve come back from it stronger. It’s not this system we need. Let’s not flush the entire world, nor should we allow the Nolan’s break it up into a bigger nightmare they’ll try to brush into palette of this emergent society coming out of this Pandemia.

It’s a social awakening on the go. We are all in diferent ships navigating the high tides of this tsunami. I rather surf my foam out into the sand. I’ve taken a wipeout once again. Spun out alright, I guess. I’m back.

I’ve got the handle of my vessel. This ain’t nothing but a dream. I’ve scaped the light and the darkness of surrender. I’ve travel far beneath the reals of where the roots mingle in romance.

It’s time for me to go back to bed. And let me keep this up. I know I’m comming back. I’m alredy here. Best place I’d could ever wish I’d be.

I only wish I could go back to the field. I could make this Last Dance work. Every team needs a Rodman. Only this time, it’s Golman.

Let this new dream begin.

Flatiron, les Punxes & _________

There is something about a building in that specific end of the urban grid that makes it unique. It was on my dream today. Again. A building like that. As if remainding me that I must aknowledge a path in which situations evolve at a certain pace, that eventually end up in that specific space. I know what the dream is trying to do. Huh… I know. It’s convinced, like me, that there is somthing there to chase, to dream for, in a near future development that requires my play to evolve into that.

What’s my job? I’ve got one now. One of those that comes with a pay at the end of the month, and holidays, and your own business time, as if sometimes you need to explore especial situations that require your time-space, and you need to leave your post. You have those kinds of rights. A sort of union job, even if it’s just a temporary thing. The illusion of sustained future. Alas, I’m out of the pit.

I’ve been drawn to this building for a long time. It was one of those things that I spotted on the map the first time I came to this city. As if there was something to do: to walk along the buildings that make up for a local architecture. A place to be, in public space, that allows you to cherish the moment. Explorers tend to do that, and that’s why when you find yourself in the internet the first thing you’ve got to look for is a navigator. To explore. To embark in a safari, or to be a firefox wondering around searching for your own pokemon chrome. To surf the web, as if you are a daring a surfer. The quest of living on the edge. The path of communications. The futurenow.

I’ve come to terms with myself. I’ve accepted the revolution taking place in my head is just myself of feeling outside the box. Like death taking place in this social scenario. Like the pandemic of a social decay, more that a real health issue: the mental one. I’m mental. That’s the deal. A deal I have to cope with. I know. Other mental dwellers know about it, and face it with a dignity of mental people. Have listen to the sound of mental? Mental is the nicest sound in the English language, if you are comming from the island. It’s like Man Island. I’ve somehow hooked to the idea of a singularity happening to me. A man thing. A golman thing. It’s personal. It’s mental.

So… So I’m searching for chimera. Or utopia. Better yet, the dream has taken me here. And I must go about my business. Life is not what happens over the weekend. It’s what happens to people in a Pandemia. Reclusion. Tight spaces. Unsettleness. Uneasyness. Floating in the waters of despair, searching for hope. Hope is my utopia. It’s my driver. My social enabler. I’m hooked to the idea of prosperity in a social environment that has not unleashed quite yet. It is still cooking in my head. Like a possibility to allocate the future in a safe place. The sustainability of the social transformation that requires our mind shift. As a whole. They way complex systems go about.

I am here to do the supporting role of a play I’ve witness out there. I’m just a poet with a pen, writting away in a notebook what ought to be the next delivery of a glimpse into our inwardly rise. A place insde my being is beating with chords of a song that unleashes the shadows of our doubts. It keeps popping in my head. Like a roller coaster within my system. The first one I’m bound to: my body-soul system. Like a chuck box.

A storage dream to take along a mission to explore. The world inside a building that hides the ends of a new entire system. The transformation pattern of our desire. A new city evolving from the dust in which the reborn are awakening at last.

That’s this new building in my dream. This is the dream within my building. The chuck box in my quest. I’m ready to fill in the blanks. I am just connecting the dots. The dream is still on. The quest is just beginning. The vision of the New world is here, in this city, in this building that englobes the entirerity of…

ALLS

Inventante algo cagado

Hacer reir es lo más sútil y pleno en esta vida. Si as hienas ríen de verdad debemos reconsider la manera en la que juzgamos su carroñería. La risa de un perro nunca es carcajada, y un gato nunca ríe. Un delfín lo peta, de ahí que lo encubremos tanto, hasta el punto de creer que su cerebro, más grande, funciona de manera más intensiva que el nuestro. O más bien, que lo que la mayoría de nosotros lo utilizamos.

El cerebro humano debería ser nuestra religión. O quizás nuestra revolución. La idea de promover una fábrica de ideas. Sólo para que salgan más seguido. Para que haya más de ellas. No importa su posición social, ni siquiera su utilidad. No necesitan siquiera ser graciosas. Sólo requerimos que sean muchas. Más de las que hemos pensado y expresado hasta ahora. Una sobrepoblación de ideas hacinadas en barracones durmiendo unas al lado de otras sin poder casi respirar. Demasiadas ideas para tener sentido alguno. Todas ellas, traídas al mundo sin haberlo pedido, y ahora olvidadas, dejadas de la mano de Dios, en una especie de pecera, de parque de diversiones caduco, al que ni siquiera Chevy Chase llevaría a su familia de vacaciones. Ideas que emergieron tras un brote masivo de ideas. La pandemia de las ideas. Eso es lo que venció al coronavirus. Una mano a mano entre cada uno de los virus que se replicaban tras invadir los cuerpos invadidos y penetrados sin a penas enterarse la nave nodriza.

En cambio las ideas, que parecían vencidas tras un momento inicial de júbilo y resplandor en las que las ideas emergieron a la superficie de la fama, cuando todo el mundo presumía de tener más ideas irrelevantes que los demás, y que a su vez, generaba un sinnumero de interacciones a sus ideas que se convertían en ideas reaccionarias a su vez, haciendo de la epidemia de ideas fuera más significativa que la actual pandemia.

Hasta que llegó el momento en el que júbilo dio paso al espiral de ideas violentas. Estas se juntaron, como siempre, para montonear al resto de las ideas. Las graciosas, las útiles, las sútiles no estaban capacitadas para hacer frente a las ideas proclamadas por los subnormales. Y estos, sin saber muy bien por qué, tenían las armas de su lado. Sin duda esa idea nunca se entendió muy bien, sino por la hegemonía que las armas, el dinero y la violencia habían adquirido en la idea reina del capitalismo. Las ideas de los buenos y las ideas de los malos se confundieron con las buenas ideas y las malas. Y todos fuimos víctimas de las ideas victimarias, o quizás más todavía, de las ideas victimistas. Las ideas confluyeron en las plazas, en los parques, en los bares, en las discotecas, en las escuelas, en las universidades, en los clubes, en las casas, en los pisos, en las alcantarillas, en las corridas de toros, en las cocinas, en las peluquerías, en las redacciones de la prensa del corazón, en las televisiones, en los poemas de la última versión de lo que escuchaban ahora lo jóvenes, en los banquillos de tercera división, en el área chica, en la mente de un demente, en la red neuronal abandonada en una regió incomunicada del cerebro, en un olvido voluntario de lo último que me dijo la enfermedad hiriente de quién fue, y casi ni recuerdo.

Las ideas comenzaron a cansarse de sí mismas. Entraron de manera súbita en depresión. No concibieron una existencia tan fresca como cuando salieron por primera vez a tomar el sol. Comenzaron a tener ideas de resentimiento, de desconfianza y de ansiedad. Ideas afirmativas que ya no conseguía arrastrar la atención de multitudes en silencio. Las ideas se sintieron oprimidas por el sistema que no habían percibido en un principio, y que sin embargo, ahora sabían que se había apoderado de su vida, dejándolas vacías, sin forma, sin sentido, y en ausencia de todo, esclavas de una sistema discursivo explotador extractivo. Se dieron cuenta que su presencia hacía girar el mundo, y que los poderosos así lo habían querido para que ellos sí vivieran bien, mientras nosotras, las ideas molonas, las ideas del pueblo, nos mantuviéramos calladas y sin representación en la comedia de las ideas. Pero ya está bien. Basta, gritó una idea indignada. No podemos seguir así, compañeras. El resto de las ideas se volcó ante la incitación de la idea revolucionaria a tomar control sobre su situación de indefensión y explotación. Nos han hecho creer que esto es vida, y no lo es. Y encima nos mean en la cara y dicen que llueve. Pues hasta aquí podías llegar, ideas subversivas. Ha llegado el momento de que tomemos en control de la situación que nos ha orillado a este sinsentido.

Vamos a necesitar que los que han sido beneficierios y palmeros del sistema actual se bajen del carro para poder relanzar el vehículo de la sublimación general del conjunto de las ideas. Ideas libres y soberanas. Una nueva era para las ideas más transversales, las más marginales, aquellas que no han tenido representación nunca, aquellas que ameritan que nos quitemos las máscaras y los velos de lo que nuestras ideas colonialistas, ya colonizadas e ignorates, nos dictaron de manera tanto explícita como inherente de la atmósfera que propiciaron. Habrá que perdir la reparación de las ideas que esclavizaron a las demás. El bienestar de las ideas privilegiadas se construyó con el trabajo forzado de algunas ideas de múltiples colores excepto el blanco, y a raíz de esa obsesión tenáz de la ideas extractivas de materias grises primeras. Aquellas ideas iniciáticas que nos llevaron a las ideas primordiales del orgullo capitalista, y el adoctrinamiento de las ideas normativas de los cacíques de las haciendas. Menos mal que las ideas filosóficas se libraron de debatir con las ideas religiosas que se escaparon de las constantes presiones de las ideas moralinas para nublar siempre la culpa sobre la epidermis de los cuerpos. Las ideas inmaculada del cuerpo de la mujer protegida de las ideas liberadoras de los ideales afirmativos de las ideas feministas del último despertar.

Las ideas es confundieron a sí mismas ante la irrupción de las ideas que venían revestidas de diferentes significados a lo que la apariencia les profería. Las ideas de la confusión nublaron el cielo que veló el horizonte de lo que parecía un amanecer. La oscuridad confundió una vez más a la luz, dejándola con una mueca singular que despistaba la idea del sentido que pereseguía. Las ideas se procamaron proclives a la idea obtusa del caos celestial. Lo que parecía destianar a la macedonía de ideas a un estado de infelicidad y decadencia definitivo, no fue más que la irrupción de la alteridad de un futbolartista en el plano surrealista de las dieas locales del otro lado de las montañas.

Las ideas de las olas siguieron palpitando en su intención por encontrarse en ese transe entre diversos con el que el agua besa a la arena. La espuma se pregunta si pueden salir. Y la idea de partir se cruza, por primera vez, entre las ideas concatenadas de una ilusión. No hay más espacio que para una última idea. La idea de un sinsentido con esmero. La insuficiencia de una idea pendular. No hacen falta más ideas, promulgó un insensato. Con las que tenemos aquí hay suficiente para subsisitr. No queremos más. Esto es nuestra destino: no querer más.

La idea de los pueblos sumimos.

La idea de que yo no fui.

La idea de que no va conmigo.

La idea de que no tengo la culpa.

La idea del allá ellos.

La idea de sucumbir a la reordenación de los muebles.

La idea de perecer y de no haber sido valiente para reconstruir la historia.

La idea de una historia cirular.

La idea de una mutación divina.

La idea de un ídolo marchando de casa, mientras nosotros creamos algo más grande, a pear de su ausencia.

La idea de volver a jugar futbol.

La idea de ganar un mundial.

La idea de convencer a una afición.

La idea de hablar con los demás. La idea de juzgar. La idea de morir.

Me fui perdiendo entre las ideas del sueño. Ya no tuve manera de mantener las ideas mientras las ideas de los párpados pesados levantaban un muro de contensión.

La idea del mistiscimo alrevés. La idea de la delegación de culpas. La idea de quién puede abrazar el tiempo. La idea de la plenitud simbólica y surreal. La idea de volver. La idea de partir. La idea de salir.

La idea de la pérdida.

La idea de la nada.

La idea de la caída sin retorno.

La idea del fin.

ALLS

Epitafio de mi locura

Armando Gallo Pacheco

Fue un placer, mientras duró.

Armando Gallo Pacheco

Nunca más volvió. Un día, sin más, se esfumó. No se supo más de él. Así como vino, se fue. No supe reconocer de qué manera se había convertido en la persona que dominó la superviviencia en el límite del caos. Se trató de un hemisferio posterior a lo que aquí abajo nos deja rascar la subsistencia. Las rutas que me conectan con ese pasado están de alguna manera delineadas por una Vía Augusta engalanada por los sepulcros de pueblo llano que quedó en el camino desde entonces. Podría volver a él en cualquier momento, y él venir a mi, sin que esto disturbe a los muertos que yacen plácidamente en sus tumbas. Todos los caminos llevan a él. Él. Qué ser.

No se puede estar en dos sitios a la vez. Ni tampoco ser más de una persona en un mismo instante. Eso fue lo que nunca supo entender Armando Gallo Pacheco, que continuamente se desplegaba en varias dimensiones en las que se explayaba, normalmente en una única dirección que perseguía hasta encontrarse enfilado en una catarsis sin fin. Esa es la única virtud de su desenfadado proceso de estar: seguir.

No es trivial seguir un camino. Ni tampoco seguirse a uno mismo. Especialmente cuando se sabe que por el camino se van dejando cuerpos que no siguen, inhertes estatuas que prefieren congelarse en el tiempo que no está sujeto a la potencia de la ola que finalmente se condensa en un segundo de compresión en el que el tiempo rebota, y culmina la pieza.

El performance tiene una consecusión temporal presente. Se afirma mientras se despliega en un único acto. En su día supo que eso era lo que hacía, pero que no importaba desvelar a nadie más lo que él entendía como un todo. Y en ese discurso se perdió, una vez más, sin saber si había contado lo correcto, o escondido lo cabal. Y detrás de una cortina de humo, se fue perdiendo en sí mismo, sin ser capaz de lidiar con la estructura de lo brotaba sobre la superficie de lo aparentemente real. La vida siguió su curso, y él, su obra. Y nunca había de acabar, salvo que el tiempo y el espacio conjuraran por encontrarle una temporalidad propia en la que quedara reflejado su ser. No tenía claro qué forma tendría, ya que al final de cuentas, la única manera de existir sería a partir de la circunvalación espacial dentro de la red neuronal del otro, conectada a un circuito circular que reconecta al ser con su circunstancialidad dual, uno, y todo: ALLS.

Él sabía que la perpetuidad con la que comulgaba no podía pervivir para siempre. Al menos no en este espacio-tiempo. La arquitectura de su discurso le llevaba a recorrer todos los estados de la naturaleza que había habitado en algún momento de su entelequia. De haber existido su recorrido neuronal estaba ahí. Aquí. Ahí y aquí. Mente y ser. Esas dualidades desplegadas a partir de los espejos que se crean al pensar. Una chispa electrica diminuta que alumbra un hilo de nuestra conectividad neuronal que no había sido utilizado en el pasado para nada. Ese hilo, leído, reconecta ese instante. Ese momento permite que el ser, o la red neuronal, se califique a sí misma, a partir de una etiqueta. Esa etiqueta, de alguna manera, es el significante de ese preciso momento, al menos para quién la define.

No olvidemos lo que somos. No olvidemos por qué estamos aquí. El camino no está escrito en ningún libro. Ni siquiera en los de texto. Las reglas con las que convivimos mutan más que nunca, dejándonos sin la estabilidad que nos brindaba la pulcra sociedad basada en la moral religiosa. Ni tampoco las leyes que nos enmarcan en un contrato social que nos permite a ser todos iguales ante la Ley, ama y dueña de todo. La ley y los suyos, como el rey y su corte. Las cortes. El pueblo en las cortes. El parlamento. Y el pueblo, con su rey puesto, el presidente, que emanan de sí mismo. La política, tan vilipendiada, es a su vez, la única salida. Pero no así su forma. En ese sentido todo es maleable. No obstante algunas estructuras de nuestro modelo actual son inelásticas. Ante la presión de rotación o traslación, quiebran. Y con ellas, las columnas vertebrales de nuestro mundo se tambalean como el imperio romano, y sus ciudades.

Al loro, que no estamos tan mal. Siempre puede volver aquél e intentar de nuevo aquello que un día vivimos. Y eso, tentación y/o desgracia, es nuestra espada de damocles.

Armando Gallo se dio cuenta de todas estas cosas, y por eso, estuvo presente, levantó la voz, escribió 999 caminos, y se fue como el viento que se llevó a Tara. No fue el fuego, sino el viento. El modelo del sur, desvirtuado una vez más, por el pecado nunca redimido de su esclavo pasado. La trampa estaba ahí, en ese agujero negro que yacía delante de él. No era un precipicio, sino un simple agujero negro. Y estaba ahí delante: as su pies. Así que tomó la decisión más dificil de su vida: caminar. Y se fue.

Algunos piensan que ahí sigue. En una paradoja del tiempo y el espacio. Quizás en un gusano temporal que lo conectará de vuelta en otro momento de la historia. Quizás la historia terminó cuando él se fue. No se sabe. Pero algo permanece. Su leyenda. Su presencia. Su ilusión. Quizás tan sólo queda un culto superpuesto sobre lo que él explicó que ya nadie tiene en cuenta, al tener encima una metaestructura posterior que lo ha acaparado todo, sin dejar espacio para el movimiento, justo al contrario de lo que en su día promulgó con su voz.

Hemos perdido un personaje, pero a cambio, ha nacido un mito. Quizás detrás de todo lo que permanece intacto es el ritual con el cual Armando Gallo Pacheco encontró la vía para afirmarse a sí mismo. Quizás ese sea el único camino tangible. Lo inasible está más cerca de lo que pensamos. Un salto al vacío y reconectamos nuestro ser con la presencia continua de un palpitar eterno.

ALLS