Can we trully be free?

I’ve wonder about this for ages. At least for 20 years. And now it seems like we’ve given up. It’s not for us. Tell us where to sign: we are all going to be free slaves. Who’s the recomended master? But please, let HIM be adequate.

We humans tend to mold into slavery. Or into a charade. We have believed every other tale in history. And there’s always been an underlying truth. The unspoken one. And the books. Those things. Authors writting literature. In the quest of ficional worlds that surpass the utility of an ongoing revolution. We know that’s not gonna work. But free market. Oh, there you have it. Economist have come a long way, and now they kneel down to praise a new God: capitalism.

Anything else will get the judgement: not cut for this society. You ain’t got what it takes. Your vision driven startup is bound to fail. And I will not invest, unless you prove me wrong. That’s the path they’ve set up for entrepeneurs. Not just any: the ones trying to shape a diferent future. The ones solving the big questions. That’s what I’ve struggle with ever since I decided to make of the alternative world the place to go. And not this stinking status quo I’ve been led to slaved to.

As a proud slave I follow Espartacus moto: thrive for the highest quest. Even if it sounds impossible. The armies of the empires are always just bluffing with most of the betting chips on the table. Uneven markets set the tone for what’s call a fair game, where there’s really no game, but one: consumism.

Let’s stop for a second and think about what we need. Let’s make a global leap. It’s now the time. For sure. Does status quo still seem normal to you?

No wonder: you, as I, and as Étienne de La Boétie once said: one good master is enough.

Confinamiento total

Beings

El mundo se guardó. De pronto el silencio de las calles se convirtió en una bulla existencial dentro de la mente de cada individuo. Ya no era tan sólo el neoliberalismo el que nos perseguía, ahora también el aburrimiento se apoderaba de nuestra paz. ¿Qué paz?

No sabemos bien cómo tomarnos esta situación. Va a morir gente hoy. Mucha. Muchas más de la que habría muerto en esta zona del mundo. Quizás los números sean los mismos en el agregado. No sabemos. Normalmente no contamos muertos. O no lo hacemos para estar al día de si esto nos afectará o no al final de la entrega de premios.

La vida nunca había sido tan claramente una lotería. Al menos eso pensamos desde nuestra situación privilegiada. Nuestro boleto no estaba marcado. Podíamos ir día sí, día no, con nuestras paranoías en la cabeza, y sabíamos que llegaríamos al final de día.

O quizás no. Quizás las certezas sobre las que vivimos tampoco son tan fuertes como nos imaginamos. Ni tan estables como las proyectamos sobre el resto de las personas. El capitalismo nos obliga a vender optimismo continuamente. Para dar la imagen de que todo está bien. Y de que todo va a salir bien. Que en el fondo, es verdad. El optimismo debe marcar el paso de nuestra procesión. Así sea nuestro via crucis.

Vamos camino a la cruz. Este es nuestro destino. Eso, y cargarla en el trayecto. ¿Dónde coño está el cirineo? No recibimos más ayuda que la nos llega. Y a veces no sabemos aprovecharla. La dejamos correr. Como el agua que no hemos de beber. ¿Por qué desaprovechamos tal o cual oportunidad? No lo se.

Entiendo que he tenido varias oportunidades en la vida. Y todas ellas las he considerado como una bendición. Lo que no estoy seguro es exactamente de cuál de los dioses vino. Y esto no es una cosa menor. A quién le doy las gracias, si no tengo claro quién fue el artífice de mi suerte. Mi libre albedrio se postra en estado trascendental en busca de una respuesta que no llega. En medio de esa espiritualidad rebuscada, algo penetra: una sensación de presencia. Un momento de paz. Un estímulo de la consciencia. El aquí-ahora.

Lo que se desvela entonces es la noción definitiva de que sólo este momento existe. Y que pese a nuestras penas, la vida es esto, este milagro. Estar vivos es la mayor gracia de nuestra vida. Y bailar es un acto revolucionario si consideramos que la vida está aquí presente, en ese movimiento de caderas, con esa pareja de baile, en ese estado de comunión infinito, al que ahora tenemos acceso: ritmo.

La música es nuestro elixir de la inmediatez en armonía. Lo debemos beber a sorbos. Y saber cuándo parar. No podemos estirar el placer más allá de los límites que el cuerpo aguanta. ¿Cuáles son esos límites? ¿Quién pone las banderas a partir de dónde ya no podemos seguir?

La autoridad. ¿Hacerle caso? Es un deber. Es parte de nuestro modelo. La sumisión es un acto democrático. Lo hacemos porque entendemos que el modelo persigue dotarnos de ciertos valores fundamentales: derechos humanos. Libertad, igualdad, fraternidad. Las bondades de la democracia. El sistema funciona. Como los mercados. Mira la realidad.

Y la realidad es que el mundo se paró. Nos habían dicho que eso no era posible. El indicador por excelencia de toda proyección de futuro se esfuma con cada día que no hay actividad económica: PIB. No creamos más que paz social y defensa contra el virus, al que sin verlo, nos sabemos parte de una extraordinaria lucha contra un agente exterior que tiene un comportamiento que ataca nuestra integridad. Nuestra vida. Podemos morir sin nos toca el boleto ganador. El paso a las siguiente fase. Algunos creyentes se acercan más a la tierra prometida. La vida eterna les toca a la puerta. Los dioses doblegan sus esfuerzos de captación en épocas de vacas megaflacas.

El mundo se va acabar. Un día. Más tarde que temprano. Pero así será. Igual que nuestro sol. Pero para que aquello pase pasarán mucho giros alrededor del sol. Y sobre nuestro propio eje. Somos esos movimientos incoscientes de la Tierra. Codependencia con un ser superior, al menos en masa, como el Sol. Oh, Sol. Sol Padre. ¿Por qué no venerarte a tí que nos diste vida? ¿O porqué no venerarte a tí que nos das vida?

¿Quién es más grande: Dios Padre o el Sol?

Sólo Dios sabe. Pero prefiere callar. No quiere verse inmiscuido en una denigrante escena de egos masculinizados. Él vs Él. La última lucha de dos machos alfas.

New América History B

New América is the new awakenning.

Could it come from an outer coordinate?

Yes, it must.

That’s how’s been designed.

And we all know that design reigns over everything else.

Don’t we?

Look at Silicon Valley. Or Steve Jobs. Ain’t that what they always said? Design first. People will follow if it strikes the right chord. And then we die.

But for a second there you were part of something else. You owned a Mac. And that made you better. At least better that your working self: a microsoft.

If you got time, just browse through that, just for fun. It’s a funny way of looking at our dual nature. There’s always an antagonist play being performed around us. And we get a chance to choose which club you are bound to. Like a futbolart club.

But that’s not why I started to write this post. It was all about the title: New América History B. What the fuck is that? Well, it’s just a NEW history class. And WTF is that?

Well, that’s what’s new. NEW is a new program that will run against the old one: status quo. That is, we have what we’ve had. And that’s fine. We could say that the new PC is a matrix that includes both «Hi I’m a PC; hi I’m a mac» world. The world as it was. Not that it was only PC’s fault. As if Mac world people are not to blame. Oh, man, I worded that wrong: we are not blaming anybody. This is against anybody, really. It’s a whole NEW thing. A big bright green pleasure machine like product: a NEW Society. A new club. A new force to startup the system. Entirely.

So how do we name this NEW world. Well, just add NEW to the old one. That’s a good way to start a new world that does not aim to destroy the past one. Just to become a more resilent and adaptive new complex social system. That’s a big step. And we are so ready to make that leap. Aren’t we?

So let’s do it. Welcome to New América.

New América: un continente pleno.

This post had an original idea in mind. To write an essay. Not this one. A NEW one. One that would describe the story of our new continent united. That is New América History B. As if we could describe the new context of the emerging system by looking at our untold history. Now just from our past little great nation. But way beyond. The system, globally, that now binds us to a global undestanding that need to review what we have taken in as true. The B story. Way hidden under the carpet of our official tale.

So, do you have an alternative history tale that hasn’t been told within your own little world? Think about it. Unveil that story. Let’s see what we can come up with.


Cambio integral de nuestro sistema

¿Ya cambió todo?

¿Acaso ha llegado el momento de la emergencia colectiva final?

¿Estamos listos?

¿Qué más tiene que pasar?

Quizás sea normal que no encontremos hacia dónde tirar el carro. Es más, la cuestión parece ser: ¿hacía qué barranco tirar el carro? Y pues en ese escenario, lo mejor, puede ser, es quedarnos quietos. Que las cosas sucedan hasta que el caos las ordene. Que no se equivoquen: se acabará ordenando. O (des)ordenando. No sabemos. Lo cierto es que mutamos piel. Como una serpiente, saldremos vivos de esta situación.

No todos. Morirá gente. Mucha. Mucha más que la murió el año pasado. Contaremos muertos por estado. Muertos globales. Muertos por quinquenio de edad. Nuestras tablas de mortalidad servirán para entender de qué manera afrontaremos, en un sistema global reintegrado, la próxima pandemia. Y serán las nuevas instituciones las que darán validez a lo que entonces deberemos haber normalizado con una serie de procedimientos que eviten el mal mayor. ¿Para quién? Para el colectivo. Pleno.

¿Quién es la totalidad del colectivo?

¿Quién está dentro y quién no cuenta?

¿Qué parte de esta ceguera nos viene dada por el sistema y qué parte incorporamos de nuestra naturaleza biológica?

¿Qué estamos haciendo por la adaptación de nuestra humanidad, en términos globales, por primera vez (o quizás por segunda vez, tras aquél momento crítico tras la segunda guerra mundial que dio paso a las Naciones Unidas, nuestro primer gran momento colectivo, más allá de las olimpiadas) en un nuevo espacio global de entendimiento?

¿Qué acaso esta pandemia no nos lleva a preguntarnos a todas si nos encontramos en el mismo barco? ¿Acaso estamos en la fiesta de gala del Titanic? ¿O ya tocan los músicos?

No nos viene de nuevo. Ya lo vivimos antes. En dos momentos cruciales. El 11-s y la crisis del 2008. Sea cuál sea su origen. Ahí ya se nos vino el mundo encima. Y se desplegó un nuevo orden social. Con el que muchos no estábamos satisfechos. En España el No a la Guerra fue un grito del pueblo ante una situación que se alejaba de nuestra realidad y de nuestra representación en el mundo. Parecía que Aznar y su cuadrilla querían pasar al bando de los que reescriben la historia. Estaban cuatro en la foto de las Azores: un anfitrión portugués, un cowboy español, un beisbolista texano y un cínico inglés. Cada uno representando la historia de su estirpe. Su causa contra un mal mayor global. Su cruzada actualizada. Para ninguna de sus biografías nacionales representaba una primera excursión al más allá. Más allá de nuestras fronteras nacionales. Más allá: en donde encontramos el porvenir. El pasado de nuestro legado expansionista. Una vez más. Seremos invencibles. No estaba mal. Teníamos ya las empresas haciendo fila para la reconstrucción del país que íbamos a deconstruir. Por la voluntad democrática de un sistema. Más allá de lo que opinen los demás. Más allá de lo que experimente un puebo confinado en medio de una sociedad desconectada y sin capacidad de conectar sus circuitos de suministros básicos para la vida. Política del bloqueo y del estallido de bombas. El shock como doctrina. ¿Lo conocen? Ya lo hemos escuchado en otros momentos de la historia. Historia B.

New América History B.

Hoy about this for an essay.


La frontera entre el bien y el mal

En tiempos del coronavirus cuesa distinguir cuál es el enemigo. O si necesitamos uno. En realidad está siempre presente. La posibilidad del mal. El hecho de poder ser invadidos secretamente por alguien/algo que nos va a hacer daño. Ya sea un virus, biológico, o informático.

La pandemia se ha propagado con la facilidad con la que los virus se diseminan en una población acostumbrada a tener gripe. Pero esto es algo más que una gripe. Este virus nos ha puesto, por primera vez, a todas, patas arriba. Al menos, a tener las patas quietas. Y desde casa, pensamos que podremos salir de esta, siempre con una cierta incertidumbre respecto al futuro, que hoy cuesta más identificar más allá del confinamiento y estado policial que nos protege.

Hemos sido algo más solidarios esta vez. Y también, hemos sido conscientes de que lo que viene ahora no va a ser lo mismo. Yo lo pensaba desde el 2008. Nada podía ser igual. Y me equivoqué. Todo, menos yo, reasumió el curso planteado por el sistema para subsistir. El capitalismo había puesto de nuevo las mismas cartas marcadas sobre la mesa. Y sus súbditos, consumidores, cayeron de nuevo en la trampa de subsistir y seguir proyectando un tren de vida en el que los gastos, los viajes y la apariencia debían retransmitirse en directo.

La era de los influencers fue corta. O quizás nunca más acabará. La posibilidad de manipular a un público joven para ser parte de un juego pirmidal que nos evoca la ilusión del capitalismo: dinero, fama y poder. Teniendo las tres, la atracción de todo aquél que anhela la cima de la gloria está asegurada. No por lo que es en sí, sino tan sólo por su apariencia. Nada más goloso que eso para una juventud que puede intentar encontrarse a sí mismas, o bien, tan sólo jugar este otro juego de imagenes. No está del todo mal, si con ello damos un paso más a la huida de la trivial, sin que ello implique el desprecio de lo sencillo. Se trata de un balance interior complejo que más allá de lo que la sociedad decida que debe ser, uno debe abrirse un camino que nos somete a encontrarnos en el otro, a través de la lectura, de aquellos que consiguieron profundizar el tunes más viejo: publicar un libro literario.

Muchos ven en la publicación de libros de otro tipo la posibilidad de llegar antes. Un libro útil. Un libro para lectores más ávidos al mundo de la empresa. Los libros de los exitosos. Los libros que me explican cómo ser el rey del mambo de mi industria. Libritos sobre el yo que trabaja con un método. Filosofía laboral. Consejos de filósofos de antaño convertidos en píldoras doradas y simples de fácil digestión. La vida nos abruma con tanta historia, así que debemos asimilar conglomerados más baratos de lo que verdaderamente aspirábamos a ser en el mundo natural. El mundo, desde hace tiempo, ya no es natural.

No se vayan a quedar con la idea de que esto es simplemente una crítica al sistema. Puede ser que sea la ocasión perfecta para hacer un alegato a que los resultados del mismo se han visto mermados por un colapso no programable dentro de nuestros planes. Las proyecciones oficiales de los banco nacionales no tenían este escenario previsto. ¿No? ¿El colapso total no está ya dimensionado en sus modelos? Siempre hemos sabido resistir a la hecatombe. Al menos en la ficción. Muy preocupada por este momento. Por la posibilidad de encerrar a todo Dios. Y dejar fuera a los pocos que deben mantener la sangre bombeando por nuestras venas sociales. El mundo simple sigue en marcha. Y desde la distancia, la producción del resto de la industrias parece ponerse las pilas para redefinir una manera de hacer las cosas. Es un buen momento para eso.

Las escuelas se plantean cómo sería la educación a distancia. Lo más «presencialmente» posible. Se abre la vía de la asistencia al salón de clase. ¿Cómo se organiza la dinámica? ¿Cómo se espera que respondan los alumnos? ¿Qué tanto debemos imitar una estructura de control? ¿Qué tanto se puede estar presente en uno y otro momento? ¿En cuántos espacios-temporales podemos estar al mismo tiempo? ¿Cuál de estos modelos nos exprime más? ¿Quién se puede quedar en casa? ¿Quién no tiene casa? ¿Quién se puede mantener a flote sin salir a vender los tacos de canasta del día?

La economía de subsistencia de antes era el huerto. La milpa. Eso nos daba la posiblidad de ser nuestros propios agricultores. Eso tenía algo de lo lógica. La vida del campo nos permitía comer de la tierra que explotábamos. Y era autoconsumo. Lo más ecológico que se puede plantear un hippie actualmente. Ahora no necesariamente hay tierra para todos, porque nos fuimos a las ciudades, en donde se concentra otra cosa, el trabajo. Pero puede ser que las fronteras de los sitios no habitados nos pueda llenar la nevera lo suficiente para vivir y ser felices. Telecreando. Teletrabajando. Y quizás: cultivando el huerto. Estas dos cosas.

Huerto más un poco de trabajo.

Relaciones colectivas a distancia.

Una casa que represente un espacio para estar bien.

La capacidad de cubrir las obligaciones hipotecarias asociadas.

Podemos crear y vender desde nuestro sitio.

¿Somos todos un producto de consumo?

¿Nos vendemos a todos y en todo momento?

La vida es así.

Una venta ambulante.

Lo que ha cambiado es el producto.

Y tu mirada sobre el otro.

Que así sea.

ALLS