Desde la capital hasta la Franja

Se ve que las fronteras son los terriotrios más permeables de toda una geografía. El recorrido desde la centralidad de una capital hasta las fronteras permeables, más allá de la arbitraria línea que se inventó un día en el mapa, y que de alguna manera quedó reflejada en terreno según los cálculos topográficos y el diseño de barda, si es que tan sólo esta era necesaria.

Las personas, las comunidades, los pueblos, las costumbres y las lenguas viajan de un lado a otro sin tener acaso en cuenta la línia divisoria entre ambos lados. La medida exacta existe, pero también existe la desviación estándar hacia ambos lados de la frontera, que delimita un área de fusión en el que las reglas se difuminan las unas a las otras, como la ola del mar que se abraza con la arena que moja.

Cada palpitación es un ir venir entre el ventriculo que expulsa con cada señal electrica la sangre que recorre el trayecto desde la centralidad cardiovascular hasta el punto más lejano, en la punta del meñique, tanto de pie como de la mano, se el izquierdo o la derecha.

Hay dos dimensiones de esta viaje. Desde la frontera hasta el centro, o desde las capitales hasta la frontera, según desde el lado en el que se mire. Yo, por mi parte, habito un sitio capital y frontera, cuya límite es el mar, a pesar de vivir en la montaña. El mar lo veo a lo lejos, pero está presente en este lado del límite. Y en cambio la frontera a la que este viaje hace referencia está en otra dimensión, en cuyo caso, parto desde la centralidad de una capital, que también lo es respecto a todo el mediterráneo. Otra dimensión más allá, que ya van tres.

No obstante, sin nombrar la capital o la franja a la que esta particular historia hace referencia, todas las epidermis representan esa parte del organo más oculto de nuestra geometría: la piel. La piel también es frontera. Y de hecho, como órgano, es el territorio más amplio comparado en resto. Y casi ni nos damos cuenta. Casi ni lo nombramos, al estar en todos lados, y al no tener el volumen definido y particular del resto de las geometrías de los organos que nos definien fragmetados, como partes de un todo al cual nuestra mente busca un sentido, en todo momento, en cada pálpito.

Son pocas las veces que podemos ir de adentro afuera y volver. Y hoy es uno de ellos. Al menos en esta lectura, pero también, en mi caso particular, por el viaje que vamos a emprender desde Barcelona hasta la Fraga. La capital del mediterraneo, que una vez nombrada poco hemos tenido que explicar en el contexto de la creación de una cultura mediterranea que se explica así misma a partir de las personas que la habitan. Y no a partir de los territorios que se fragmentan en las tensiones inmobiliarias de los terratenientes y los amos del cortijo.

Es culpa mía.

El peso de la religión católica nos lleva a pensar en términos de culpa de manera reiterada. No podemos evitarlo. Y en este caso en particular la dimensión del caos actual se presenta como un punto de inflexión el mundo al borde del abismo. La misma sensación existencial de desazón que en su día me llevaron a pensar más allá de los márgenes de mis fronteras. Más allá de la geografía a la que podía referenciar mi historia. Más allá de la geometría de dos o tres dimensiones de los órganos que coexisten en el plano accesible de las herramientas que manejo.

La geometría de la incertidumbre es aquella que al menos me permite deambular entre planos que se presentan en dimensiones que mi mente no concibe anclar, al no contar con el instrumento preciso para hacer dicha observación. Mi capacidad matemática no llega a los confines de las fronteras del conocimiento al que podríamos abordar para esclarecer algunos aspectos del diseño funcional de las excursiones espaciales a las tendría sentido asistir, como especie, como humanidad, más allá de las pervertidas narrativas del hombre (man) en búsqueda de la conquista de nuevos territorios de explotación. La tensión de la manosfera de las élites reconvertidas en techno-bros haciendo la genuflexiones de ida y vuelta a los viejos pilares del poder, la avaricia, y el dinero entre los mismos mecanismos de antaño que sujetan el poder para unos pocos. El acto de magia del dinero. La máquina que lo «produce» y las reglas del juego que pervierten las razones por las que pensamos que «hemos» ido a una guerra. Las consecuencias de las decisiones de quienes al mando del poder, en términos de influencia y megalomanía de dos que miden sus miembros en público, hacen de esta machosfera un sitio inhabitable. Basta. Basta. Basta.

El tránsito del centro a la frontera de una geometría NEW. La narrativa que sostiene la concepción de una geometría que se plasme sobre los cimientos de otra cosa. Por ir un poco más allá de lo que hasta ahora la geometría actual nos ha aportado. Y en todo este trayecto, hagamos un esfuerzo por ir y venir con el espíritu de convivir con el otro, más allá del individuo en particular, en el contexto de los cuerpos que se mueven en el espacio, dentro de las aparentes reglas de las dimenionsiones que nos permiten «entender» las cosas con las reglas delimitadas en el contexto actual de nuestro ser-estar. To Bé. To Bë.

El viaje y el trayecto. Y lo que envuelve a ambas cosas en una dimensión más allá.

Lo que nos da el estar-ahí. La destinación. La vuelta. Todo en su conjunto.

A veces hay que hacer el viaje literalmente para esclarecer lo que hay más allá de la normalidad a la que estamos expuestos. Hoy es uno de esos días. Y el tránsito en sí me permite reconstituir la noción del viaje, de las vueltas, de ir y venir, y de la geometría a la que quiero acceder, que se aproxime los espacios, las fronteras, los límites, las construcciones de otras estrcuturas. Las estructuras que requrimos para habitar con solvencia el sentir colectivo de una comunidad en estado pleno, ante la ausencia y renuncia explícita de la violencia, motor del expolio de los machos tiránicos fascistas.

ALLS

art002e015228 (April 6, 2026) – Seen from behind the Moon during Artemis II, the Moon and Earth align in the same frame, each partially illuminated by the Sun. The Moon’s surface appears in sharp detail in the foreground, while Earth sits much farther away, smaller and softly lit in the background. A faint reflection in the spacecraft window is also visible, subtly overlaying the scene. Though their phases differ, both are shaped by the same sunlight, revealing the geometry of the Sun–Earth–Moon system from deep space. Credit: NASA

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