Orden y caos

Podría parecer una contradicción. Quizás lo sea. Pero mi vida muy a menudo está condicionada por impulsos disonantes que se anulan entre sí. Y no pasa nada. Es parte de la vida. A pesar que nos resulte tan poco intuitivo. Lo simple y lo complejo se hermanan en la la teoría de la complejidad. El pequeño aleteo de la mariposa y el tsunami al otro lado del planeta. Esa condición de sistema interconectado a la que finalmente tenemos acceso y que más o menos sabemos interpretar como parte de nuestra experiencia global. La humanidad está en la punta de nuestra lengua, o quizás en las yemas de los dedos. Y ni una, ni otra, debemos exponer al contacto con el otro, menos en estos momentos en los que nos hemos acostrumbrado a coexistir con un nuevo virus, en medio de una pandemia.

No es cosa menor. Somos la primera generación que vive una pandemia al mismo tiempo. La angustia de la muerte finalmente se convertido en una pulsión compartida ahora mismo por todo el planeta. Se revela la estupidez humana ante la situación que vivimos. Y los miedos aparecen de nuevo, a veces con algo de razón, sobre la situación futura del sometimiento que experimentaremos como individuos en medio de una colectividad. Pero se confunden los argumentos falaces con los científicos. Se confunden a propósito. Ya lo sabemos. Y nos llegan distorciones por todos los frentes. No querría abandonar de buenas a primeras la nomenclatura militar que tan bien sienta en la población para saberse sometida a una cultura bélica dominante. ¿No es acaso ese el heteropatriarcado?

Quizás sean más cosas. Pero me huelen todas a lo mismo. Y el problema radica en pensar que el elemento de seguridad gana al de la libertad. Pero ahora se mezclado un orden más: la salud pública. La salud es un elemento que nos involucra a todos y que tiene que ver con cómo nos comportamos, con como vivimos, con cómo nos alimentamos y con cómo coexistimos dentro de un ecosistema. Uno global, energéticamente cargado por un balance sutil, y otro local, en el que intercambiamos nuestro día a día con las personas que vemos en el espacio público.

Pero hay un componente universal que nos conecta a un nuevo paradigma: la interconexión con el resto de la humanidad. ¿En qué nivel? Eso depende. De muchas cosas. De la capacidad que tengamos de expresarnos, de comunicar nuestros mensajes y de formar parte de la comunidad. Y a su vez, del entretenimiento compartido. De los juegos que jugamos. De las historias que leemos… y que nos contamos. Los libros que editamos. Las canciones que nos identifican como seres imperfectos y frágiles. Las narrativas que nos redefinen. La política en la que participamos.

Todo ello es parte de un sistema que sigue su curso. Venimos de una herencia feudal, en la que los reyes existí… ¿existen?… y de herencias coloniales que dibujan un juego desnivelado que no acaba de reflejar el contexto completo de un expolio profundo que nos pone en uno u otro lado de la balanza, aunque de manera artificiosa. No somos nosotros los responsables por las corrientes universales de pensamiento, ni por las costumbres de las sociedades de nuestros tatarabuelos. O sí. Quizás esa historia familiar sea el único vínculo que nos permita identificarnos en medio de una sociedad viciada que ha pecado más de una vez en nombre de los principios que decía defender, muchas veces, en el sentido opuesto a lo que sus valores pretendían generar. Pero todo ello forma parte de cómo nos explicamos en un contexto histórico temporal, para el cual hemos de fijar una línea en el tiempo hacia atrás, y situarnos en ese espacio temporal para asistir a nuestro juicio histórico particular, y contraponerlo contra el que habíamos establecido en el pasado a partir de las historias que nos fueron narradas. La historia según cómo nos la contaron.

¿Qué sabemos hoy de lo que nos enseñaron en la escuela? ¿Cómo se ha alterado esa realidad comparada con la versión actualizada de los hechos que ahora nos son reeditados? ¿Cómo ha entendido la sociedad las herramientas de dominación empleadas por los poderes sociales que rigen su destino? ¿Cómo florecen a pesar de dichos poderes brotes de pura belleza? ¿Cómo subsiste la insolencia en medio del adoctrinamiento de las pulsiones históricas contrapuestas?

Parece que el sentido de la disputa es nuestro estado más natural. El presente se rige por quién, o qué, representa las antípodas de mi más reciente versión de mi mismo. Y voy encontrandome más a gusto en ciertos círculos que reafirman que mis temores son los más sensatos, mientras los otros, calumnias. Esto serviría para intentar desacreditar la verdad, tanto como la más vil de las mentiras. Con lo cual se podría convertir en un argumento vacio. Una vez más las buenas intenciones podrían ahogar la capacidad de resolver a partir de la manipulación de las herramientas prácticas para desvelar lo que hay de verdad en cada sentencia.

Nos han intentado provocar el malestar espiritual continuamente. No estamos bien pese a tenerlo todo. Y cuando no es así, cuando la precariedad nos ha inundado por fin con su cara más determinate y cruel, entonces ahí encima tenemos una excusa perfecta para afirmar la conspiración en nuestra contra. La vida es así. Ni siquiera podemos sufrir en tranquilidad. Debemos desmerecer nuestra desventura, con el ejercicio simplón de compararnos con alguien más jodido que nosotros en estos momentos. Y entonces, por comparación, nos vemos abocados a un orden de relavitizaciones sociales que nos ordenan de mayor a menor en un mundo en el que pretendemos estar lejos de la desventura. Mientras más lejos, mejor. No va con nosotros. Algo habremos hecho bien. La bienaventura nos sonrie. Amnesia. Burbuja. Aquí, finalmente, estoy seguro.

No le hagas tanto a la mamada

A veces pienso que mi situación no está tan al límite como me parece. Que podría estar mucho peor. Que soy muy desagradecido. Que la vida me está poniendo pruebas para que pueda verdaderamente salir de este aparente atolladero, y que soy yo quien se revuelca en su/mi pesar para seguir aquí. Jodido. Bueno, «jodido».

No soy capaz de asumir mi propia insuficiencia. Si pienso que soy yo, entonces me estoy tirando a un drama que quizás sea así. Y quizás, puede ser, soy yo haciéndole a la mamada. Y yo mismo soy mi propio verdugo. A la que me muevo, la persecusión de la tranquilidad y de la ansiedad me recuerda, alternándose, que no tiene nada que ver. Que bien podría ser justo lo contrario de lo que en estos momentos considero una certeza. Y en ese péndulo, no hay quién sobreviva a la locura.

Es parte del problema. Yo soy el problema. Listo. La solución está en mí. Listo. Tú, y sólo tú, puedes. Órale, pinche huevón. Ya estuvo bien. Man up.

Todo apunta a que es eso. Soy yo al final. Al final sí que tengo responsabilidad sobre esta desazón que me ha llevado por el camino equivocado, una y otra vez, y que me ha conseguido despeñar por el enfiladero de las desgracias. Las desgracias aparentes, claro está. Debería sufrir un poco más para poder considerar mi «dolor» como dolor. Eso que los olvidados sufren en su día a día. ¿No podría ser un olvidado?

Ahí está parte del problema. Quizás la estoy armando de pedo. Pero lo cierto es que no estoy en la cima. Y no me permito llegar a ese nivel. Pero tampoco me es permitido estar considerado como los que vagabundean por los oscuros relingos en los que los desgraciados aran la tierra con las uñas descalzas de sus pies. No soy ese tipo de olvidado. soy consciente. Pero me derrumbé del sistema hace tiempo, y por más que intento, no consigo volver. Y me queda lejos. No tengo distancia suficiente con la realidad para asumirla como tal. O quizás, en medio de esta anormalidad ya no tengo salida, ni excusa, para reconvertirme una vez más.

Ni ave fenix. No hay renacimiento en este calvario. Voy directo a la muerte sin la noción necesaria del perdón, de la fe, ni del pecado particular por el que cargo esta cruz. No tengo valor de preguntar de quién es, ni quién me puso en este lugar, en este injusto juicio en el que no hay absolución. Mi desgracia, por más que quiera, no encuentra ni audiencia, ni perdón, ni tan sólo juicio justo, ni mínima consolación. En cambio, no llega al diario, ni a la portada de una página web de sucesos locales del barrio en el que vivo. Las apariencias me desdibujan en el modelo obtuso que nos representa. Así, borrosos, en las esquinas de las escenas principales. La vida sigue su curso, mientra en los márgenes, los hermanos de Marty desaparecen sin siquiera formar parte de una paradoja espacio-temporal.

La espada de Damocles me oprime

Ya no tengo salida. La espada se acerca a mi piel mientras ya no tengo más espacio para recular. El éxito de mi fracaso está consumado. Mi historia me arrincona en la huida hacia el final. No hay más. Un último respiro. Un suspiro.

De alguna manera los griegos de la antigüedad tenían el referente presente de lo que les arrinconaba a ellos a salir de un pozo oscuro en el que sus vidas habían escalado en espiral decadente. No es un tema nuevo. La humanidad se topa consigo misma en la inmesidad del abandono que cada individuo perpetua con su angustia. Y ¿cómo salir de sí mismo? ¿A dónde huir? ¿Cómo escapar?

Mi única salida para evitar que la espada me acabe decapitando es tener fe en esa alternativa, por poco probable que resulte, que despeja todas las tormentas. El alivio de los mares tranquilos en los que navego hacia la isla en la que finalmente encontraré mi destino. Alguien se ocupará de amenazar mi porvenir, inclusive en ese último trayecto. Satanás está ahí para asumirse antagonista de nuestra biografía, como un par de Dios Padre, que tiene el poder inmaculado de asistir como contrapeso al desafío del héroe que debe librar la batalla más épica de su existencia. Ese es el destino de nuestro periplo.

La espada de Damocles me amenaza y cada vez más le pierdo el miedo. Si me vas a matar, hazlo de una vez. Hijo de la gran puta. ¿Quién te crees que eres? No puedes conmigo. Ni podrás apagar el espíritu de mi destino. La batalla se libra en la oscuridad del duelo continuo de nuestra psique.


La paciencia sigue obsesionada con su tránsito lento y pausado, a pesar de las palpitaciones extremas que intentan desacreditar su tenacidad.

La perseverancia tercamente se aferra a esa idea en la que nadie cree. Sin duda el fracaso no es una opción, pese a encontranos de cara en cada esquina que doblamos.

La resistencia ha seguido sumida en un estado fuera de sí por mantener viva la pulsión de la pasión con la que se arremete una cima sin temor. Las piernas cansadas ya no saben si aguantarán el próximo reto, pero se aferran a no claudicar.

La prudencia sostiene el mundo sobre sus hombros. Y no saltamos ante la injusticia que escupe en nuestra cara un aliento fétido de recores, envidias y desidias. Quizás no sea el momento.

La concentración se inhibe para dar paso a la locura, que se planta en todas las esquinas que nada tienen que ver con el objetivo central de nuestra esencia. Pero a ratos vuelve, como quién sabe que tan sólo aquí se abonará esta tierra en la que sembramos hace tiempo nuestro porvenir. No olvidemos… ¿qué objetivo? ¿Qué sentido tiene? Anda, vuelve, aterriza una vez más. Enfoca tu espíritu con la pulsión última de crear un espacio dual en el que encontraré lo que intuí un día que sería el puerto al que llegar.

Los pensamientos reflexivos me nublan la consciencia con la ilusión de alcanzar el objeto exacto que buscaba en una metáfora impecable que no deja lugar a esa única esencia desnuda y poderosa que ilumina todo en este punto. Es un espacio al que se accede con la llave de quién cosecha con el tiempo a su favor aquellas preguntas que algún día debía desvelarse ante un yo futuro que no estaba ya alerta de tal periferia. Escribir sin duda ayuda a que esas derivas encuentren su sitio, en este mismo instante, pero más allá, en otros multiversos, y en otros espacios temporales que ni tan sólo nos planteamos controlar. Pero vuelve, y se revuelven con otras que a penas han visto la luz del día, y se confunden, y se funden, con renovados espíritus que se explican, por sorpresa, en el otro. La revelación de nosotros mismos en un acto reflejo que nos aproxima a otra unidad fuera de nosotros. Y todo, de pronto, se asienta en un sentido emergente.

La capacidad de análisis se reciente. De pronto no tenemos más maneras de explicar lo que tenemos enfrente. La vida. La estrategia. Nos vaciamos hace años. Y ya no queda nada. Nada tiene sentido. No hay más vueltas. No hay visión alguna. Ni misión. Ni tan sólo valores. No hay mapa. Ni análisis interno. Menos externo. Todo se perdió cuando volvimos al sitio del que pensamos que nunca debimos haber partido. Pero ya no era lo mismo. Ni había nadie ahí. La vida cambió y nosotros nos quedamos anclados en un pasado que ya a nadie interesa. Nos comió el mandado un ser inferior que no supimos espantar. Záquese. Se nos coló la sanguijuela. Nos arruinó la fiesta un colado. Yo un día pensé que sabía cómo hacer esto. De manera pragmática. Lejos de cualquier floritura futil. Pura síntesis de un proceso contrastado que estudié durante años para extraer la resina del licor más útil de cualquier gesta. Pero un día decidí no hacerlo más. Caí en el fondo del abismo. Y de ahí no me moví. No arrastré mi sombra, ni maldije mi fortuna. Abracé el infierno que las plantas de mis pies lamían. Dejé el otro mundo muy lejos, y desde abajo reconstruí mi vuelta. Mi capacidad de análisis se convirtió en un camino alejado de la luz, en la armonía en la que tan sólo yo podría concebir para volver a aportar otra perspectiva colectiva de la última emergencia necesaria de nuestro sistema complejo social. Me perdí en mi mismo. Me absorbí debajo la piel succionado por los latidos inertes de mi organos vitales. Me convertí en todo lo contrario de lo que habría definido construir, por la simple idea de asistir a lo contrario de lo que habría de ser. Al ser lo que tenía justo aquí para construir con ello algo con sustancia. Me enfermé en la reiteración de las mismas historias que me habían llevado hasta aquí, convecido obstinadamente que no tenía otra alternativa. Me convertí en un camino que se cerró todas las salidas, y me condujo al tunes del cuál todavía hoy no he conseguido salir. Porque un parto dura nueve años. No se deja atrás un paradigma contrastado con un bufido de lobo feroz. Es alrevés. Las historias que conducirán a otros paradigmas serán las que consigan afianzar literariamente la posibilidad de trascender a toda la mierda acumulada que dejamos que se enquistara en el proceso evolutivo de nuestra sociedad, mientras abrimos los canales de comunicación, y las transmisiones de radio, y el entretenimiento de masas, y le tuvimos miedo a las mismas pollardadas que nos inocularon en el esquema educativo en el que decidimos creer y crecer. No fue una elección. Ni tan sólo una democracia. Fue un simulacro perfecto. Y nos llevó a todos un proceso largo hasta llegar a darnos cuenta el sitio en el que nos encontramos con Big Brother. Y resulta que al final, las ideas que contruyen quienes somos están fermentadas con las falacias necesarias para que nos demos cuenta de su existencia, tan sólo para confirmar que preferimos estas a las que los otros, aquellos, nuestros némesis, adhieren sin pensar ni un segundo a los pilares sagrados de su liturgia: su lucha.

El sentido práctico, no se cuando, lo perdí. El surrealismo español me pareció el único proceso creativo que valía la pena rescatar de las cenizas en las que se quemaba toda la añeja tradición de una de las naciones más ancestrales y demenciales de la historia de los reinos de los cielos. Nunca antes una fogata de Sant Joan había llegado a acumular tanta mierda para quemar en una misma noche. La gente se dio cuenta de que valía la pensa que lo abandonáramos todo en este acto final de gratitud. Por la relación que el Altísimo guarda, aún hoy, con el dictador Francisco Franco, sentado a la derecha del padre, habiendo arrinconado a Jesús a su lugar: a la izquierda. El orden sacramental acaba de contruirse con un último grande de España que subió al cielo por la gracia de Dios, en un hospital que llevaba su nombre, y cuyos nobles profesionales de la salud, tuvieron a bien dejar que la providencia invadiera, una vez más, de la mano del Espíritu Santo que tan bien se siente en su capital en la tierra, Madrid, para culminar el acto más alto de la fe católica, apostólica y romana: que un español señalado por Dios Padre acuidiera a su presencia en la asunción del espíritu, y cuerpo, del caudillo. Fue días después. Ya en el valle, uniendo para siempre, la grandeza de España con la comunión del Caudillo con Dios Padre, a su derecha, por los siglos de los siglos…

La objetividad me fue erosionada con tan elocuentes velos por doquier. Fui víctima de la alteración de la consciencia por vías voluntarias, forzosas y perentorias. Me obligué a comulgar con las antípodas de mis posturas. Sentí la necesidad de transitar al otro lado de la luz. Y llegué a fundirme en el infierno con lo que quedaba de Satanás, que tuvo paciencia conmigo. Y despúes, de la mano de Jesús, conspiré por construir una alternativa a la que un hijo usurpador había venido a construir con falsos testimonios que nublaron la consciencia de mi padre, quien, en medio de la demencia que sufría, suplantó el sitio que tenía mi hermanillo en las cortes que adornaban la eternidad de los cielos. Dios Padre había adoptado a un hijo facha, aunque a él no le gustaba asignarnos etiquetas los unos a los otros, a pesar de que el nuevo se atrevió de llamar a Jesús… rojo. Y ahí no le pareció tan granve a Dios Padre. Como si la eternidad no fuera suficiente, ahora debemos aguntar al hijo usurpador facha, y a un Dios Padre que le ha comprado toda la basura de mentiras con las que papá finalmente ha perdido el curso de lo que significa realmente la comedia humana. Jesús y yo lo hablamos muchas veces: Él no lo entiende: no es humano. Nosotros sí. Conocemos a los Franciscos Francos de nuestros tiempos. Los hemos visto mil veces en los lugares más cotidianos de nuestra surrealidad española. Nos los metieron hasta en la sopa y ahora lo hemos visto claro. Nuestra simple presencia les ofuzca. Nos quieren en la cuneta. Los rojos se borraron de la faz de la tierra, porque a sus ojos, Franco los desterró. Somos lo Caines que una vez más Dios Padre ha asumido que no merecemos ser parte de su rebaño. Hasta aquí llegamos, Papá. No hace falta que lo volvamos a debatir en la cena de navidad. Ya sabemos que le has tocado su cojón sagrado a tu nuevo hijo predilecto. Nosotros ya no tenemos nada más que hacer aquí. Por eso volvemos a la Tierra. Allá a dónde tú no has vuelto. Fuimos nosotros, Papá. Te lo recuerdo. Y es nuestra humanidad, esa mitad, la que tú nunca podrás palpar. Tú no eres como Zeus. Con Él me entiendo mejor. Tú no puedes alcanzar las contradicciones de nuestra construcción social, por más que tu omnipresencia te lleve a dictarle los textos a los escritores de derechas que aún quedan en el sector editorial español. Oh, Papá… ya no me importa que nos hayas abandonado. Al final, no te tengo ningún tipo de resentimiento. Pura gratitud. Y eterno retorno. Porque un día te darás cuenta que él hijo predilecto al que ahora atiendes con tesón, no es más que aquél becerro de oro, convertido en toro Osborne, con un par de cojones. O quizás, por un destino sagrado de su providencia, con uno sólo, por la fijación inmaculada que su piedad le llevó a cargar con esa cruz para levantar el reino de tu santificada y endiosada unidad del reino de los cielos: España. Si un día me extrañas, me encontrarás con el resto de las divinidades fusionadas en la risa eterna con la idea que nos alienó: que eras tú el único.

La disciplina se desmuestra en los entrenamientos. Se juega como se entrena—dice un tribunero. Ni puta idea. A esta gente no se les puede permitir seguir mandando como si de ellos fuera el coto de caza. Su cinismo es inmortal. Y no tiene fronteras. Me ofrezco como ofrenda a los dioses de la pirámide. Si con esto salimos del atolladero, me doy por bien servido. Prometo someterme a un escrutinio del desempeño de mi obra. Y mis resultados hablarán por mi. Usaré el mismo racero con el que medimos a los demás, y servirá, para que nosotros mismos nos demos cuenta de qué manera somos parte de la reconstrucción de un mundo nuevo: un mundo NEW. New Barcino.


Mi psique se desdobló. No tuve manera de detenerla. Tomó las riendas y se desbocó. No la culpo. Todo lo contrario. A partir de hoy, estamos más unidas. Es más, estamos más unidas con Cristo… para siempre.

Se escuchan las risas del resto de los Dioses. De todos los tiempos. De todas las latitudes. De todas las culturas. De todas las presentes…

ALLS

Ni fiscismi ni intifiscismi…mimimi

La camiseta del candidato fue la primera victoria de la alternativa surrealista en las antípodas del estatus quo el día del debate presidencial en las elecciones de otoño. No se podía preveer que los tiros irían por aquí dos días antes de que se organizara el debate televisado a todo el país. Los partidos tradicionales arengaban a sus parroquias con los mismos eslogans y lemas de campaña que han ido repitiendo campaña a campaña durante los primeros 45 años de la democracia. Era el momento de un cambio sustancial en las reglas del juego, o más bien, era el momento necesario para instaurar el nuevo juego: NEW.

El partido de Golman Elizondo Pacheco tenía un plan que se conjugaba en un nuevo idioma, un nuevo estado y un nuevo modelo social: NEW. NEW, ene, e, doble u. Eran tres palabras que se leían así: niu. Así de fácil. Así de complejo. Así de simple. Así de utópico.

Toda campaña se construye sobre una única idea: cambio. Todos los partidos han hecho la misma campaña. Una detrás de otra. Y el sistema se ha visto beneficiado/perjudicado por el mecanismo mediante el cuál los ciudadanos simplemente ya no prestan atención al plan que se propone de gobierno. Lo que interesa, sobre todo, es la naturaleza humana en una contienda a guante limpio frente a los némesis sociales que cada uno de los partidos representa. La democracia había demostrado ser una foto muy bien trazada de cada una de las sociedades que enarbolaban la posibilidad de ser/estar en una nación distina al resto de las naciones. Los estados nación nos habían otorgado la titularidad humana suscrita a un tipo de gobierno, que nosotros mismos, o nuestros antepasados, habían confeccionado en un libro sagrado inmaculado: la constitución.

Si nos detenemos a pensar hay al menos 198 libros sagrados de este tipo. 188 constituciones que repesentan todas las maneras de ser el mundo, con sus más y sus menos, con sus derechos y obligaciones. Todos estos libros, en el fondo, parten de no más de 9 libros sagrados iniciáticos que sentaron las bases para que el resto de los estados se sentaran a plagiar dichos libros sagrados. Cartas magnas. Ámonos. Qué bonito. Somos la repolla.

Cada nación estado piensa lo más alto de sí mismos. Y por eso que tenemos la necesidad de refrendar nuestro deber patriótico cada vez que se nos convoca a las urnas. Y lo hacemos con la alegría con la que el más catalán de los insolente, don Pepe Rubianes, anotaba que los trabajadores iban a trabajar cada día por la mañana en el metro o el autobus. Esa cara de ilusión es la que nos queda cuando nos convocan a unas elecciones más en las que decidimos a quién le damos la llave de mando de nuestro trastocado sistema.

En en el minuto cero del debate, la camiseta del candidato Golman, había ganado a las redes para siempre. #nifiscisminifiminismimimimi

El freno de mano

De pronto todo se paró. Y nos quedamos inmóviles pensando que quizás esto podría alterar aquello que nuestro planeta sufría. Como si la pausa por un virus que nos mataba nos iba a dar la posibilidad de luchar conjuntamente contra las lacras que marginan nuestras posibilidades por un mundo más igualitario y justo. Quizás desde la desigualdad nos vemos destinados a perpetuar las diferencias que nos marcan al nacer. O no. Siempre podemos caer un poco más. Y revertir, para mal, el privilegio que nos fue dado. El despedicio de los talentos.

¿Qué habría pasado si Jesús no hubiera hecho caso a su llamado? Un Jesús indolente, todo poderoso, por su mitad sagrada, asumiendose al 99% como humano. Y en esa decisión, deja de lado la responsabilidad que le fue otorgada por la voluntad omnipresente de Dios Padre de reconstituir su reino. Jesús, como hasta entonces, sigue con sus parábolas mentales, y en cambio, no las externaliza. Todavía no es momento. Barrabás sigue en la cárcel. Poncio Pilato tiene cede el poder al siguiente regente romano, y la vida en Judea sigue judía y sin mutar. No hay católicos a los que perseguir. ¿Qué es un católico? Los pescadores Pedro, Judas, blablabla,… siguen con su vida de pecadores. Sus redes siguen trayendo sardinas para las fiestas de San Juan. ¿Quién es Juan? Pablo, sin que Jesús haya mencionado ninguno de los hechos de los apóstoles, comienza a hablar con Dios Padre, directamente, y Dios Padre le cuenta la insubordinación de su hijo, que no ha hecho nada. La impaciencia de Dios Padre es tal que le ofrece el trabajito a Pablo. Y este, actúa en consecuencia. Pablo se convierte, por así decirlo, en el siguiente profeta, pero está vez, es reconocido por San Juan Bautista, que le valida ante las multitudes, para empezar a crear el reino de Dios en la tierra. Se activa el plan B.

Pablo no recluta a los mismos discipulos. De hecho los que estaban a ser llamados por Jesús no tienen el más mínimo interés en las palabras de Pablo. Las escrituras se escribirán sobre otro montaje. Otras parábolas distintas son dictadas por la gracia divina a las redes neuronales de Pablo, que esta vez decide escribirlas él mismo, en unas cartas que envía a otros pueblos. En sus charlas con la muchedumbre saca sus manuscritos y les interpela directamente. Son discursos políticos y fundacionales. Nace la iglesia de Pablo.

La vagancia de Jesús le pasa factura. La revolución que debía provocar, de pronto, está en curso, pero no gracias a él. Su depresión es mayúscula. Su padre, José, no tiene manera de ayudarlo. Y María… pobre. Segura de que le habían anunciado otra cosa, no acaba de ver claro qué será de la vida de su único Hijo. Jesús escribe libretas en las que interpreta los sueños, o más bien pesadillas, que sufre cada noche. Durante cuarenta noches es masacrado por el demonio para pincharlo por su incapacidad para hacerle frente. Lucifer ha ganado la batalla, y tan es así, que ahora se retira a lidiar la batalla que verdaderamente importa: en frente de San Pablo. El apoyo de Dios Padre a Pablo acabó de doblegar la confianza de Jesús en sí mismo.

Una noche en el monte más cercano de se casa, triste y sólo, el viejo Jesús suspiró por última vez: ¿por qué me has abandonado?

This shit is rigged

Antípodas y dualidad

Somehow everything is designed to fuck up. There is no meeting in the middle. We are doomed already. It’s just our way of doing things. We are already polarized to the extreme of our own self fullfilment. You doubt a little bit. Just to have some sort of assertion of our internal capability of recognizing our own flaws. But barely. Like it’s no big deal. We’ve got the whole thing pretty much figured out. Since the sixties. We are still on. And them, still off.

People will come to some senses when they feel what they still fail to feel. Open your eyes. Like I do. Look at me. I’m doing the tango. And that’s what’s on steak. And we’ve come to this point in history where the people need to follow through the rabbit hole. And become on with the ultimate revolution. As there is no other chance. We nearly blue it last time. Just like the time before. And the one before that. It was safer to stay within the box. But now you are all like thinking outside the box is the big shit. So everybody is out of their own damn box. And nobody in it. That shit is crooked.

I am telling you. Don’t follow me. Disregard everything I say. It might be just the contrary. Exactly the opposite. The funny thing is: there’s always people on the antipodes. And that’s the real deal. That’s what this fucking pendulum has to offer to your sorry ass, right now. A place to start swinging. From now on, you’ll just repeat. Like you’ve always done. You always do the same old shit, so that’s not going to be a problem. Even if you’ve just become a runner. Trust me. You’ll follow the road. And fullfilment, as failure, await you on either side. Do not fear. As everything will unfold. At any given point.

It’s really just an adquiered taste. To dissagree. And go on. To just pick a side. And go on hating the nemesis. It’s how simple we are. How much wiring there is in our neural networks. There’s no space for new estates of nature, unless we force the machine to completely stage a new set of parameters. That’s the idea. And you can start by labeling a new set of words, or better yet, a brand new alphabet. One that can be translated in a diferent dimension, with diferent sets of outcomes. Maybe multiversely. Just to go against our stupid obsesion with unique answers. We are just too dumb to see it, but eventually, we’ll get there.

Today is your lucky day: you get a chance to explore this other language.

Fuck facist t-shirt

Imagine someone walks into a room wearing a t-shirt with a message that says «Fuck Facists». There’s a person in the room that get’s ticked off by use of the «F» word, and finds the message absolutely innapropriate. He walks up to the person wearing that shirt and demands:

a) Some sort of explanation

b) To take it off.

c) That person to leave.

d) Take it back.

e) All of the above.


The sociological experiment was conducted with a double blind and control group within the classical design of the famous behavioral economist Dr. Jurgen Kollmann, who’s been detecting nazis in all corners of the world with his sociological studies and test. So far, the number just keeps getting bigger. The last test was developed to bring to the table the situation in which a nazi gets offended for being called a nazi. Facists, nowadays, get put off by this tautology. They have become extremely offended of being a minority that gets picked on.

The results are devastating in some underclass neibourhoods of brown and black communities, where the morenazis are becoming the next big thing after the reggateon armaggeddon. Life was lame all over the place, and the soundtrack of our disgrace was going down the gutter with racial beats sung by white folks speaking, finally, the truth. White postsupremacists. The new deal with racists act. NDWRA. NDWRA soon became a UN programme with bugdet, NGO teams and a group fo multiracial milenials piling up the data on top of this new notion: NEW revolution.

Political stand was all of the sudden becoming clear to the masses. The new leader was bringing to the table the possibility to vote for this one way out. Listen up. Gather up. This is your captain.

Captain NEW América. Or as the kids like to call him, Golman.

Bertrand Russell was right. Some shit if fucked up when these creatures emerge.

Eterno confinamiento

De pronto no sale nadie a la calle. La idea no es nueva. Pero eso no es lo peor. Lo peor es que no es vieja. No se hace vieja, pues. Sigue aquí presente. Es la actualidad de nuestra vida en pausa. Y mientras tanto nos preguntamos qué es la vida, sino aquello que vivíamos. O quizás esto, en dónde ya estamos a la merced de las conspiraciones más ridículas de la historia, impulsadas por las mentes más diminutas de la barriada.

La vida en sociedad está en manos de nuestros políticos y de la economía. Los narradores de la actualidad nos pintan las cosas como creen que son, o bien, como mejor se vende un bacalao que da igual si existe o no. No hay más realidad que la que la gente replica con temor en las redes sociales. El tiempo se ha disuelto, y lo único entero que queda es la paranoía.

Los lazos fraternales con los seres humanos se han debilitado, al tiempo que se han destrozado todos los canales de prosperidad de un plan global para el bienestar y el desarrollo. La agenda universal está plagada de virus que se infiltran con troyanos que pretenden espiarnos a toda costa, en todo momento, con ningún propósito en particular, y todos en general. La vida pues se ha convertido en una bazofia de historias nimias que dan pena leer. Los opinadores son más célebres, en este nuevo contexto, que los escritores con cara y ojos. Ya nadie tiene cara. Puras banderas.

La tela ha vuelto. La tenemos en la cara. Ya sabemos lo que representan los vecinos con su presencia o con su ausencia en un balcón. Nos queda la duda de lo que será esto cuando todo cambié. Lo que sigue no está escrito, pero quienes tienen el control tienen dos ideas centrales peligrosas. Y ninguna de ellas persigue un bien común, más allá de la acumulación del poder, por vicio. Porque el poder se ha colocado en un sitio en el que ya no nos gusta lo que sale representado por el pueblo. Y el pueblo, ajeno a la verdad, se tira a la contienda con los ojos vendados para asomarse a la ignoracia compartida que se despliega en plaza pública como quien mira a los ojos a un toro de lidia.

La tradición muere y el porvenir ha suplantado el futuro con una especie de régimen eterno del 78. No hay acuerdo ni pactos. Ni siquiera queda estado para repartir. No queda impulso vital que nos permita seguir siendo lo que un día fuimos, porque todo eso ha quedado enterrado en las tierras de regadío abandonadas en el campo vacío. Montañas desoladas con paseantes que no quieren aire fresco, ni veredas, ni estar aquí. La voluntad más grande es la de marchar de aquí. Pero no hay a dónde ir. El despojo de lo que un día fue se utiliza como grieta para espantar la noción absurda de un porvenir sostenible de una hipotética economía circular. Nunca fue cierto nada. Y ahora, de cara al cambio, tampoco el pasado encuentra sustancia en lo que nos queda de razón. No quedan neuronas buenas. Las hemos dejado atrás en la pandemia. Se nos escapa lo poco que se cuela por las alcantarillas. Allá, el el submundo, se entierra un tiempo que no será nunca más lo que un día pareció ser. Y enterrados estaremos unidos en la perpetuidad de lo que nunca fuimos. Nos perdimos en un pasillo eterno de paso doble, mientras el tango que salía de los megáfonos nos anunciaba el final de un sufrimiento que se estiraba sin fin entre la angustia compartida con la persona más cercana a dos metros de distancia. La corrida seguía su tercio sin que nadie permitiera que volteáramos a otro escneario. No quedaban más permisos ni grados de libertad en la conciencia que se esfumó con el último luthier.

No hay más baile que escuchar mientras se pierde la conciencia de quien uno es en medio de una playa cuya arena ha sido sustituida por espinas. Los faquires han tenido su verano con la cama de espinas que se tiende entre la toalla y el baño. Al sumergirnos en su inmensidad, tras el calvario de las espinas, nos encontramos con el chapopote y las miserias que flotan a su alrededor, que nos dejan la piel lisa, y en aparencia nos queda un piel más tersa y brillante. Lo que prometían los cosméticos ahora lo tenemos a nuestro alcance, como el maná de un tiempo de reconstrucción facial. Nuestro gesto de alegría mutó al anhelo eterno del final. Pero esto ya no se le espera. El rey ha dispuesto sus recursos para que la caridad esté presente fuera de palacio por la gracia eterna de los nobles, que no han perdido ni un segundo administrando las migajas de lo que donarán el domingo al salir de misa tras el sermón que satanás pronunciará en el púlpito de la columna montado en el toro alado ante la mirada resentida del toro alado.

La comunión de la diversidad se fundió en un pozo que excabó el último recurso que una multinacional expropió de los últimos dueños legítimos de la propiedad. La Tierra ya no tiene vuelta a la normalidad. Nos estancamos en la cárcel de nuestra vanidad. No supimos cuándo nos engañaron por última vez. Ni tampoco recordamos la primera. Lo que es cierto es que ya no queda fe en ningún sitio. Ni dioses que asistan prestos a la plegaria de los santos inocentes. No hay niños, ni niñas en el alfabeto. La posteridad tiene fecha de caducidad. Hemos decidido abandonar el barco mientra los músicos mantienen esclavizados a sus instrumentos ante el desplome matutino de la bolsa. Los ecos de la entrada de los jinetes se retransmite por las redes sociales con los memes de sus caras de verdad. Cada facción ha elegido los sospechosos habituales de nuestra percepción, cada vez más precisa, de nuestra última neurona. El último sitio seguro en el que finalmente encontramos la paz.

La persecusión no cesa. El tiempo en pausa nos obliga a consumir cualquier basura que se presente en un timeline que nos posee. No tenemos tiempo para contrastar. Ni siquiera lo deaseamos. Ya ni vemos quién lo manda. Si asusta cuenta. Todo por ceder a nuestro impulso de que todo esto termine. Hay un movimiento que alimenta la ilusión de que todo esto que un día fuimos volverá. Que recuperaremos la gloria de tiempos pasados. Un pretérito perfecto. La sombra de lo que un día fuimos. Algo que nos permita arrastrarnos de vuelta a nuestras complicidades con los añorados amos. La salvaje situación de los temporeros que encima ahora se quejan de que les demos la oportunidad de sacar la cabeza de las aguas negras mentales que los cortejan. El olor intenso de los restos de pescados dejados al sol para ambientar el desconsuelo funciona a las mil maravillas y atrae todo tipo de criaturas, desde zopilotes venidos desde África hasta larvas novicias que se estrenan en la luz para asombro de los chiquillos que relamen el suelo con su inocencia socavada.

Si acaso no quedan ganas de entretenernos con el último augurio de un centauro que se ha puesto a escribir, o replicar, la misa del domingo del Belcebú. Los mensajes son muy parecidos entre sí en todas las barriadas. La consigna viene del altísimo que tiene todo tan claro que decidió ponerlo todo, esta vez, en memes que reflejan con transparencia aquello que debía ser combatido. El comunismo no tendrá ni un respiro en el contexto decimonónico de la revuela apocalíptica. Los tiempos de disfraces sociales y máscaras virtuales se ha convertido desgraciadamente en el vulgar esfuerzo por escoger un filtro que nos oculte, a nosotros mismos, quien realmente somos. Hace tiempo que lo olvidamos, de tan bien elegimos los impulsos de tiempos esclavizados de un amanecer desprovisto de risas. El humor quedó sepultado tras las sentencias concatenadas de los controladores de la moral. El espacio de recogida de las almas se materializó en las nuevas estatuas que se erigieron para nublar nuestra cultura. No hubo sitio para nada más. Nunca más nadie confió. Finalmente sucumbimos al zumbido de la luz. Nos fuimos directo al matadero. El flautista nos lo advirtió. Algo sabría.


Golman llevaba cuarenta años de cuarentena. No se había presentado aún a la contienda. Había decidido esperar hasta entender por completo las consecuencias de sus elecciones particulares. No sabía cuál de todos los juegos debía preceder en su narrativa reconsturctora. Siempre cabía la duda. Dudar más siempre ha sido la manera que encontrar nuevos perfiles sobre los que dibujar el último mapa. Sus libretas le habían proporcionado todos los ejercicios necesarios, los 99, para estar preparado para un único despliegue definitivo de su revelación descomunal. El presente, finalmente, había llegado aquí para quedarse—pensó.

Vivir en el presente tiene varias implicaciones. No sabemos si esto durará más allá de esta mañana. Como el trabajo. Ya hace tiempo que dejamos de creer que esta será la falacia sobre la cuál podremos reestablecer el sentido de nuestra existencia. Se destruyó el cielo que sostenía nuestra fragilidad, y de pronto, sin esperarlo ni buscarlo, estamos en medio de la escena que despliega las trombas de un alud que se aproximan a mi entierro. El tiempo de un inmortal que baja a la vida de los mortales está marcado por su intrascendencia en nuestros términos finitos. Ni siquiera Jesús podía confiar que estaría ahí por siempre, sino que debía volcarse sobre los sucesos que se fueran dando para el devenir resultante de su performance de reconversión. Los hechos hablan de sus andares por el reducido mundo que pudo recorrer a pie. La dimensió de su mensaje debía constar como metáfora para que fuera más elocuente que la fuerza acumulada de los tiempos. La normalidad siempre está en la tranquila siesta que el león se permite en la sabana mientras todo sigue igual. No hay contienda sin la pulsión de un mesías que pretenda poner todo patas parriba.

La rebelión pues seduce las mentes de nuestros detractores. Cualquiera que esté en la cima tendrá un sequito de conspiradores en búsqueda del poder. El proceso de sostener los intereses de quienes ganas a pesar de la farsa que decidamos encumbrar. Lo mismo da, a no ser que nos esforcemos por encontrar un balance sobre las desigualdades sistémicas de todos los tiempos, hasta el inicio de los mismos. No econtraremos tiempo entonces para saber cómo actuar en sistema nuevo si debemos revisar todos los expedientes pendientes en los juzgados. Todos somos culpables de este desvario. Y también de la incapacidad de este sistema por presentar vías más frescas para matizar las diferencias y las injusticias, para vivir más allá de lo que nos pretenden vender, para saber estar a pesar de cualquier desajuste estructural del último plan que nos imaginamos posible, antes de la última debacle. Todo está a punto de caer. Y no nos queda fuerza para volver a empezar.

—¿Será este el momento?—Golman sopesó. Podría ser. Solo bastaba poner la máquina a andar. Darle un sentido a perspectiva desde la cuál el cambio se procura asimilable. Como nuestro respirar. Como fundirnos en un abrazo. Como despertar acompañado.

El día de la anunciación finalmente se desveló. Y por fin nos encontramos en la cuenta atrás. La reconstrucción social de una estructura mental que nos traspasa. Hay una puerta que cada uno debe traspasar por su propia cuenta. Y tras ella, todo. ALLS.

Tengo la sensación de…

…pertenecer a una oculta raza humana.

…estar en medio de la nada.

…perder una oportunidad invaluable.

…temer por mi propia vida.

…no dar el paso adecuado.

…estar inmovil en el lodo.

…no tener nada que aportar.

…no tener nada que decir.

…no poder más.

…asistir a un triste desenlace.

…formar parte de la nada.

…flotar en medio del espacio.

…silenciar las voces en mi mente.

…escuchar la tierra que me llama.

…hablar con otros espectros inmortales.

…leer justo lo que toca.

…leer menos de lo que debería.

…estar perdiendo el tiempo.

…oler una revuelta.

…estar a punto de llegar.

…sonar un poco cursi.

…repetir ideas ya dichas.

…repetirme más que el ajo.

…soñar más de lo debido.

…romper el molde en cada gesto.

…mamarmela continuamente.

…estar en el sitio en el que debo estar.

…sentirme inutil.

…fracasar continuamente otra vez.

…estirar la cuerda hasta el punto de romperse.

…luchar en vano conmigo mismo.

…esperar algo que nunca llega.

…saber que es imposible lo que quiero.

…arruinar la vida de los que quiero.

…no saber seguir por otro camino.

…todas las puertas se me cierran.

…que no hay camino alternativo.

…que es momento de algo nuevo.

…ya pensé lo que hay que hacer.

…ya lo dije alguna vez.

…perder el tren de aquél anhelo.

…no tener más que decir.

…no saber por dónde ir.

…no poder aguantar un día más.

…trascender a mi voluntad de actuar.

…contradecirme en cada paso que doy.

…acumular sin fin.

…escribir como un gesto simple inevitabe.

…desnudarme en cada texto.

…exhibir un estado que me altera.

…asustar con lo que hago.

…no llegar nunca a ningún sitio.

…no saber qué más hacer.

…no tener ningún sentido.

…no valer la pena.

…no escuchar lo sufiente.

…haberlo oido todo.

…no contender a nada más.

…estar en buen camino.

…estar errado.

…estar aburriendo.

…estar perdiendo.

…estar muriendo.

…estar viviendo.

…estar aislado.

…estar solo.

…estar aquí.

…estar atento.

…estar contento.

…estar consciente.

…estar presente.

…estar ausente.

…estar de vuelta.

…estar en paz.

…estar de más.

…tocar los huevos.

…aburrir con mis discursos.

…repeler a quién un día creyó en mí.

…no saber por donde ir.

…no buscar nada más.

…no tener necesidad.

…no tener validez.

…no poder participar.

…no tener control.

…poder marcar el gol.

…ser pieza clave para el título.

…pertenecer a la revolución.

…saber que es sueño.

…que esto es una ilusión.

…que la ficción es el camino.

…que nosotros somos el destino.

…no hay más allá a dónde ir.

…tan sólo hay que mirarnos al espejo.

…y respirar una vez más sin darnos cuenta.

…mirar adentro de mi cuerpo.

…sentir mis latidos atentamente.

…seguir el camino de mi destino.

…volver al sitio del que partí.

…nacer tras un parto natural.

…respirar por primera vez en la placenta.

…latir sin más.

…sentir la vida.

…sentir el ser.

…sentirme bien.

…escuchar a Dios.

…referirme a Adorno.

…volver atrás.

…fallar de nuevo.

…estar listo.

…volver al centro del campo.

…conseguirlo la próxima vez.

…estar atento al rival.

…saber que esta es la ocasión.

…fintar aquí que voy allá.

…estar de cara a portería.

…tener opciones de marcar.

…voy a ganar este último duelo.

…haber marcado un gol.

…sentir el grito de un estadio.

…fundirme en un todo pleno de gloria.

…ser euforia en un abrazo.

…no necesitar nada más.

…estar aquí tiene sentido.

…presente ante el ritual.

…necesitar el rival que nos contiende.

…aspirar un aire libre de violencia.

…asumir un tránsito a otro discurso.

…vivir en una trampa cíclica del mal.

…que está a punto de caer.

…estar más cerca de ese punto de no retorno.

…ser optimista en nuestra capacidad de realizar el traslado.

…estar a punto de transgredir la norma.

…tocar los huevos al status quo.

…volar a la chingada.

…marchar lo más lejos del presente.

…unir las voces del presente.

…que la masa anhela otra liturgia.

…que sin un juego nuevo no hay cambio.

…no necesitamos nada del pasado.

…que no pretendo dar lecciones.

…no puedo evitar sentir cierto asco hacía mi mismo.

…negarme el hecho de ser libre.

…no ser por temor a algo que no existe.

…saber lo vulnerables que ya somos.

…no tener salida ni perdón.

…no tener un juicio justo.

…adelantarme a los hechos.

…no querer el camino dibujado por mi voluntad.

…no merecer el privilegio..

…no asumirme en ese rol.

…no saber venderme.

…no poder ser un producto.

…no tener otra salida.

…no tener ni idea.

…no saber hacerlo.

…no querer sufrir.

…sufrir en vano.

…vivir bien y mal al mismo tiempo.

…alimentar las contradicciones de mis actos.

…ir en contra de mis palabras.

…boicotear la salida de mi única salida.

…ser un idiota más en la comedia.

…tener más vergüenza que valor.

…no contar en lo más mínimo.

…tener un cierto halo de duda.

…saber que si ya fui lo que había dicho ser.

…no tener más quecir.

…poder vivir bajo mínimos.

…saber estar en cualquier sitio.

…poder subir cualquier montaña.

…saber surfear la próxima ola.

…volver al sitio justo de mi pasado.

…estar cerrando un círculo repleto de familias.

…ser un legado de valientes seres que vivieron en su tiempo.

…sufrir lo mismo que todo Dios.

…que no hay Dios que se precie de ser el único.

…no tiene sentido estar en comunión con el más allá con antagónicos creyentes de otros mitos.

…ser parte del problema.

…pedir perdón cuando no toca.

…estar meando fuera.

…perderme algo de la película.

…no estar al día con lo que vibra.

…estar conectado con Bob Marley.

…haber vibrado con Morrison en Paris.

…poder bailar un tango en París y no violar a nadie.

…que el macho alfa es una bazofia que no concuerda con la especie.

…que el machismo está latiendo por última vez y pone cara de maldito.

…que el heteropatriarcado no tiene todas las culpas.

…caer mal a todo el mundo.

…saberme sentenciado por algo que yo dije.

…estar en medio de un ridículo debate en torno a algo que me incumbe.

…dejarlo todo por el tedio de una cancelación absoluta del resto de puntos de mi obra.

…no tener obra.

…no tener forma.

…no alcanzar a ser.

…no querer pretender.

…no querer estar.

…no querer sobrar.

…no querer molestar.

…no saber más.

…no poder.

…no ser.

…ser.

…ALLS

I don’t need another coffee

I’m fine just like this.

I’m not complying.

Nor complaining.

Hope not mansplaining.

I’m just cruising.

Hopelessly wondering.

I’v come to terms.

And this world is there.

As is, fine and troubled.

Not fine, more trouble.

Fierce and spears.

Tears and gasses.

Opression and slavery.

Hopes down, this is the law.

My knee will show you: God.

God chokes but doesn’t kill.

Cops is another a deal.

Guns give power to the people.

It’s that first amendment deal.

The new deal must add that.

To leave things the way they are.

As we are far from right.

Yet the far right is here.

Right here pointing at you.

It’s gonna bite you in the ass.

Or shame you through that hat.

It’s burnning crosses in your heart.

And confederacy flags and dunces.

As if this great continent was once ours.

Yet the narrative is forgiving and white.

We must aknowledge what was once.

And then let go and keep on our flight.

This struggle is still our fight.

But fate will have us taking another road.

As we must follow and untold fall.

We all find it hard to part and let go.

Yet, as we are, we will behold.

For chances are straight up we must aim.

To fly away from this place.

And land another time and space.

Yet, the statue is still there.

We have not move far from here.

Again we’ll discover in the way.

To move away today in pain.

To leave behind this fine realm.

As it’s not real, nor there.

It’s all inside your head.

A poets wits in threads.

To cluster posters of succes.

A vision largely unseen.

A new way to begin.

A final trace for this ordeal.

As we are glancing at our fears.

Yet power still displays its paws.

To make a stand upon desire.

To clear the throat of virus spread.

To keep the fear still within your skin.

To cancel leaps and strikes and hopes.

To conceal the anger within at once.

As it must not break out of control.

The one thing this system wants.

To keep things ancient and untouched.

To kill revolt as no other world is due.

Because HE said so then and now.

It’s in the scriptures and the sermons.

It’s our faith in infinite growth.

No matter if our Earth can’t breath.

No matter if the climate changes.

No matter if the infamous cinics rule.

It’s all within the scope of affairs.

To leave the masses at the edge.

To feel the joy of goals and gossip.

As you don’t care enough.

It’s not on you.

Keep on.

Still.

Within.

Ill.

Alas.

I…

die…