Trump or Biden

That’s a choice in the USA. Wow. Those people.

Trump’s a hack. And also a virus. And a russian spy.

Biden is not Trump.

That would be all you need to know to make a choice.

Choice matters.

We(you) get to pick.

Dicotomy: a simple choice.

Democracy has led us here: blue or red.

Like the pill we ought to take.

It’s all in the gender dilema.

It’s all in the bible: evil or good?

It’s a simple «Américan» story.

A new nation, says the oldest.

The uttermost respect for the origins.

Except for those who wondered this land.

As we come, in pilgrimage, to a land that shall be Europe.

Eurocentrism travelled across the world.

Far far away in an epic ethernal return to Alexander.

As any white male would portray his quest: warrior-king.

A queen is comming.

She’s 15.

The ruling of another girl, like that catholic one that established morality law.

The king is well prepared to fly a plane, a submarine or a drone.

Let’s compare the dick structure of our noble men.

Line them up in terms of succesory rights: 1,2,3,4,5,6,7,8,9,….

Somewhere in that list: Floiran.

Como Ledezma, un rebelde con la cause abierta y la sandre brotando a borbotones.

Palabras sofisticadas para una mente pueril.

El tío Jacobo me regaló un libro.

O una editorial.

Pero no leo letra pequeña.

A penas interpreto mis sueños… despierto.

No tengo vocación para atender a mi llamado.

Soy un lacayo de mi amo, asilvestrado y mentecato.

No visto así para gustarte.

¿Acaso yo me gusto así?

Los de aquí, los de antaño, los nuestros.

La falacia más sublime de nuestra subnormalidad prescrita.

La vida es nación y naciones sueños son.

La unicidad vence ante las cabezas demoniacas de nuestro perturbado acosador.

Venezuela y Rusia mueven ficha para derrocar al reino elegido por Dios Padre.

Dios hijo hablaba español en la intimidad, salvo con los Pujol.

El azar unió varios capos en una fiesta de primera comunión.

La diversión, el baile, las mujeres, las armas en los coches, y los cantos de sirenas.

El poder emborrachado avalentonado como un giro de guion inesperado.

Las balas de Villa en el imaginario de quién desde abajo representa la toma de Columbia.

Forajidos por el sur penetrando nuestro muro.

Pagado por nosotros y nosotras.

Las armas no se venden solas.

Las drogas no se esnifan solas.

Ya nomás faltaría que la demanda sea imaginada.

Que no exista nada detrás.

Que las almas sin pena se crucifican al compás de la música angelical de cima del poder.

El dj es un presidente que no requere la verdad, ni la razón, ni la voluntad, ni la palabra.

Los consejos de Eipstein sirvieron para congregar las compañías requeridas para la fiesta.

Las elecciones se ganan como la entrada a una fiesta de Eipstein en la que Weinstein baila.

El poder de los titanes se contagia entre los grandes totems sociales del cinismo.

El silencio de los transeuntes que se enfilan a las urnas silenciosos, esta vez para sacarlo.

La otra vez se vieron abocados a un ritual de deseperación y autocomplacencia.

El riesgo de la América blanca que siente el latir café y amarillo de los otros colores.

El negro está en nuestro pecado original, y ya supimos cómo «asimilarlo».

Pero los nuevos otros…

Terrible nuestro destino abotargado en una infinita persecusión de nuestros némesis.

El colapso de nuestro entender anónimo más allá de los slogans.

El marketing es nuestro pastor, todo nos apetecerá.

No falta nada, pero tengo acceso a un capricho más.

Me permito la vívida concepción de un delirio enquistado en la memoria.

El volcán respira hondo en su último anhelo de bondad.

La ciudadanía de la metrópolis se dirige por los senderos de abismos bifurcados.

El espejismos está ahí, y hemos ayudado a alimentar el sentido del bienestar.

Los socios nos siguen atónitos a nuestra penúltima comedia.

Las estrellas de otros tiempos se liman las uñas en el contexto reconstruido de su fama.

La elección es un indicio de fatiga existencial que nos abrirá finalmente la gran puerta.

El desperatar de los pueblos contrapuestos en la elección de lo binario.

Lo que queda excluido es la noción martirizada de la tracción de unos valores revestidos.

Lo que es y la apariencia de serlo.

El sueño americano finalmente se proyecta en cada pantalla de nuestra distopia.

La actividad frenética de los mercados.

La bolsa fluctua.

Los dólares se mueven.

La economía teje dentro de cada ciudadano una especie de país singular hipercapitalista.

La felicidad está en el desprecio por todo lo que no sea el individuo.

El egoismo se vive al máximo al acceder a los niveles más palapables del privilegio.

La pirámide se hace cada vez más exclusiva sin lugar para todos los contendientes.

La vida resurge como un lucha tenaz en la que sólo vale subir.

Y la competencia me permite aplastar a mi rival más próximo.

A la que puedo apoyar mi bota sobre la cabeza del que me sirve de escalera…

Subo, y subo, y no paro de ganar.

Mi despegue es mi porvenir.

El anhelo de la cima.

El suspiro de ganar.

Hasta la victoria.

Siempre…

ALLS

Tengo un secreto que contarles

Hace tiempo que escribo y no sé muy bien por qué. Tampoco sé si tiene sentido escribir. O si alguien tendrá el más mínimo interés en leer mis textos. Lo peor es que no se tratan de historias, ni siquiera de cuentos, ni de ningún otro tipo de formato literario con el que un ávido lector se pueda sentir seguro. O segura. Probablemente atraiga antes a una lectora que a un lector. No por nada. Simplemente leen más. Eso está demostrado. Las estadísticas literarias son muy claras en ese respecto. Sólo hace falta ver la gente que trabaja en el mundo editorial. Las mujeres son mayoría. Y los hombres, ya se sabe, unos machistas. Ahgg.

En fin, si yo fuera uno de ellos rápidamente me daría asco de mi mismo. No tardaría en autoetiquetarme para estar en el grupo de lo más periférico de los autores. Quizás escogería estar con los autores que no lee nadie. Eso sí sería reconfortante. La inseguridad que nos precede, tan sólo confirmada por la helada indiferencia de mis lectoras. Ellas mismas se han conjurado a no leerme nunca. Quizás sea una frase fuera de contexto, o un párrafo en un post de hace más de 9 años, que escribí sin entender muy bien quién era la persona que decía dicha palabra. Puede que haya sido el personaje el que la escribiera, pero ese matiz no lo sabría entender esta lectora, no por una incapacidad personal, sino por mi inoperancia como escritor para sentar las bases de mis historias con las estructuras que deben, por fuerza, tener todos los textos. No se vale, insisto, despistar al lector con palabrerías que no van a ninguna parte, porque entre otras cosas, ¿qué sentido tendría?

Quizás la búsqueda del sentido no es un fin en sí mismo. O quizás algunos autores sí que lo consiguen, y con ello, sus historias brillan en las mentes de sus transformados lectores. Las lectoras ya no leen a autores insípidos que son catapultados a un olimpo de la literatura maquinado para sentar a hombres seniles en un círculo de machos alfa que sostienen la pluma con la que escriben en una mano, y con la otra la polla del escritor al que rinden pleitesia. Se trata de un ritual masónico que sirve para poner las letras en la cumbre de la civilización, justo en medio entre el poder y el dinero, como un mecanismo autónomo que aceita los engranajes del simulacro social al que pertenecemos. De no existir la literatura se romprería el cículo de los alfa. Sobrarían manos. Y no se generaría el estímulo sagrado de los esbirros lamiendo los huevos de sus amos.

Con esto no quiero desvelar uno de los secretos mejor guardados de nuestra sociedad. Sino tan sólo advertir de mi incapacidad, y quizás fuerza de voluntad, para crear una obra literaria que me acercara a la fatídica circunstancia de haber de decir que no al círculo de poder. En cuyo caso, la situación podría enmierdarse rápidamente, ya que tienen vías muy sugerentes para alisar las críticas de los autores latinoamericanos que aterrizan en la madre patria con la intención marcial de subir al olimpo de los dioses. La literatura siempre ha sido el último refugio de los soñadores que buscan en este otro simulacro el anhelo de ser aquél otro, si tan sólo hubieran nacido en el lado acertado de la pirámide.

No se trata pues de un fraude. Ni siquiera de un complot de los literatos y los editores. Ni un sistema de explotación de masas para consumir más palabras de las que tenemos capacidad de digerir. No tenemos tanto tiempo como para perder en obras insignificantes que ni siquiera han pasado el filtro de las vías formales de la edición. La imprenta marcó el camino, y ahora, los editores, pretenden marcan las mentes de sus masas de lectores que se abarrotan en las liberías como hordas de alocadas adolescentes tras los huesos de su estrella pop.

Las generaciones globales siempre han buscado la satisfación, el goce, la salida. Y a la vez, el espejo en el que reflejar la imagen proyectada desde lo más profundo de sus anhelos. El deseo de poder observar, con sus propios ojos, que los sueños del querer-ser se han posado sobre la realidad asumida como un tejido de partituras en las que nos hemos colado hasta la cocina del porvenir. Y la única manera de conseguirlo es burlando todas las barreras que se nos levantan al pretender dar un paso más allá de lo que nos es permitido, según nuestros propios estándares, y según las reglas que se nos han transmitido, y que de manera singular, hemos aprendido a enmarcar nuestro ser, al mismo tiempo que intentamos dudar al máximo de su utilidad, y por tanto, nos alejamos vertiginosamente de su uso. Nuestros gestos contradictorios no consiguen la libertad, sino sellar al máximo la capacidad limitada que tenemos para entender, desde fuera, el entramado de la trampa perfecta que nos hemos articulado con nuestro hacer, pensar y dudar. No dejamos lugar a la fuga, que por otro lado, nos llevaría a asumir el viaje por el único túnel que vemos a nuestro alrededor. Y los que han bajado por es hueco se han topado con el eco indisolubre de la fragilidad desgarrada.

Un grito nos abre la piel, dándole la vuelta. Las vibraciones del aullido se cuelan en los poros y entran a los órganos que organizaron la revuelta. Se desata una reconstrucción interior de los roles de los órganos, quienes son llevados por la vía del libre albedrio, y que sin embargo, sienten la opresión de dejar sus puestos para asumir, a partir de ahora, que son algo más. El engranaje se pone en marcha sin dilación. Rápidamente se encuentran las alianzas del nuevo orden y se permite la escritura de un modulo central que rige los movimientos y las alarmas de la continuación deconstruida de nuestro ser. El cerebro sostiene las vías de deglución de los alimentos ya triturados y dispuestos a pasar por su circuito cerrado de electrocalibraciones. Los excedentes se vertirán por las tres vías de salida de los desechos: los ojos, la boca y las orejas. La disposición de estos ya no está en la cabeza, que ni siguiera tiene sentido en este contexto quimérico. La lengua se ha apoderado del circuito pensante que actúa sobre los demás órganos, con la ayuda mecánica de un corazón abierto que se ha alineado para abrirse de brazos mientras abraza el que hasta ahora era el órgano sexual de la persona. Es aquí en donde el ano y prepucio observan el exterior de nuestro ser, y se relacionan con un lenguaje sofisticado que extiende los tejidos del sistema nervioso entrelalazados con las arterias y las venas, de manera consustancial en mensajes dispuestos ante nuestros interlocutores, para reestablecer el contacto mutuo con inmediatez de las formas, los olores, y la geometría del mito que se teje en la mesa de interlocución, cuyo marco ha sido engalanado con los huesos más robustos en el esquema de proyección. Los dedos de las manos y los pies desplazan la nueva endidad con la tracción suficiente para el encuentro con nuestros semejantes. Los tejidos de los músculos se han reconfigurado para llevar una capa que dignifique al nuevo ser en su ecosistema de navegación continua. El uso de los bellos, cabellos y uñas se guarda para las alegorías sagradas de los encuentros que ameriten la ocasión. El resto de órganos se reconfiguran entre ellos para mostrar un elemento sofisticado de elegancia que va mutando en cuanto se percata del encanto y la seducción compartida con otro ser circundante. La memoria se almacena en una epidermis de genes que destellan una luz que se emite y que refleja la comunicación en las antenas receptoras de otros seres, que funcionan como repetidores involuntarios de los mensajes discontinuos del ecosistema. Las neuronas se han distribuido por doquier, sin que sea neceario, ni buscado, mantenerlas trabajando continuamente. De hecho, muchas de ellas se desprenden del organismo por el placer de marchar. Levitan pues en el ambiente, sin que nadie las condicione. Habitando las diferentes esctructuras de los nuevos cuerpos. Son los seductores portadores de las tribus nómadas en movimiento.

Es ahí, en este último éxodo, en donde encontramos al persoaje principal de esta historia: Dionisio99.

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Some days you find yourself turning the page. Life is full of days, and that should be enough. We only have a few and we don’t ever listen. Not even to ourselves. Life’s about to end. And still, life is just a walk outside your place, somewhere, where you’ll encounter… life. Other people’s life. Full of circumstances, vices and hopes. Life’s what comes out of todays journey. Wherever we go. However we choose to go about it. Life is beginning new projects, even when it seems out of the norm. Specially then. I never know if specially goes with a letter e at the beginning, or if that’s just me being latino all over again.

What am I supposed to do? Who am I supposed to be? Still no answer. Still wondering about something else rather than what I must. I do this unconciously, or maybe, purposedly. I don’t have an answer for that either. I am more of a question guy, I guess.

I have limited time. Sometimes you have to remind yourself. Sometimes you need to hammer the head that’s avoiding to pay attention to your inner «Pepito Grillo» to come to those senses intended to be your landing spot. Why should I go there? Why should there be a place in which by my own deliverance I shake up the world that surrounds what I am supposed to be at the moment? Why would anyone, including me, care?

I don’t… know. I do care. I think.

Life is but a game. This illusion has been there forever. I might be dying inside, as we all are, and there must be a way to accept to take part in this new thing comming up. Today. I turn the page again around the sun. I’ve turned 44 years old. It’s the 20th birthday I celebrate in Barcelona. This city has evolved into something else. The place is ready to give back 1992 and enter right into the 80’s back again. Bring back the wall as we need this new decade facing backwards inside the room. Who’s in the back of the class? Why are they there? What is it they want? That’s where innovation is taking place within the social disruption scene. And in the front rows might be the scientists. They want change to. They have skills, several degrees, a method and a topic they know all about. In the middle, people caught between the poles of the class. Or the classes going about their own path to fulfillment. They are all in the same room. As we are. We belong to the front of the class as much as to the back of it. Only, as Woody Allen played it early on, he only had a chance to go to the back of the class and choose from the options in that side of the board. Who’s making a living out of their own wit? Artists? People creating new narratives. People pushing the boundaries. The Charlie Chaplins. Cinema is entertaining and feeding people with stories that go out of bounce. The gameplay is being leveled by those outsiders. And we, in the middle, get to watch.

Scientists go about the way they got there: excellence. And studying. And observing. And asking the right questions. And making science. All the time. All the time. Until the impact factor hits the roof. Then they’ve made it. If not before, when they have already stablished a role within a lab. Making a difference from the lab bench. Finding new ways to push through the limits of their own view of the world, through the microcrospe. Through their practice.

We are called to make a stand to risk everything in order to be a part of a bigger process. This insurgency meets the needs of a society that is full of resentment towards the other, and where conspiracies are thrown at each other to debunk the fundamental issues that hold each others arguments. But it’s not like fight. It’s not war. We are taken to scenarios of violence because that’s been the case all over history. It’s the norm in our history, according to our storytellers. And we have found it normal. Customary. Was is just around the corner. Again.

New tensions in the middle east. The old commies vs uncle Sam. Nazis taking over. North Korea pushing the button. Trump playing war games. Drones flying to get you. A bullet your way. Paramilitares taking on environmental activists. Minning, the old fashion way. The land being taken from it’s local communities. Deforestation. Devastation. No jobs. No movement. No social non violent uprising. Who’s next? What’s next? Why now?

It seems like life is taking a spin. Pandemia has shown us a way of coping with our priorities. And somehow, we have all noticed how screwed we are/were. But it’s not on us. We avoid to fall into the place where society is being judged. We are coping with illnesses as we go about a dayly routine back to the old days. The new days have no shape yet. They are only real in our imagination. And sometimes, we forsee a bright and prosperous future. Some others, we are gloomed into despair by the blindness of our own.

How to change ? Why change? Why now? Against who? People are choosing to take sides. And two poles are always there colliding. No atraction/repulsion is taking more than two poles. Unless we create a new electromagnetic field. Complexity then play it’s own balancing game. Structural entrophy. Balance. Stability. Or ultimately, a bomb.

We’ve all taken a blow at the head. Sad news have come our ways as we have experience a new way to be caged. The caged bird still sung. And there, within that unfair imprisonment, freedom was casted with the spirit of heirs of dinosaurs. Not a small heritage on their tiny little shoulders. Sing bird. An eagle’s scream. A dove’s coo. I know why the caged bird sings. Freedom.

Are we there yet, mom?

Work package X

I nearly died just now. I had one of those coming back from the death moments. Near death experience. On my sleep. Digestive system working extra hours to digest that stupid pizza, already mixed with the wine, cabró. Cabrón. It was a call to exit. Golmanxit. Work pakcage currently unavailable. The line has been cut. A green color that identified that the activities were in the happy face state are now in a red X, that comes with: game over.

I will die one of these days. Yet today I cheated Death. Not my ticket. Not my time.

Outside it rains. I can hear the drops falling and hitting the roof of the building. Somewhere up there. Life has taken a toll for me. This is another situation I was warned to aknowledge.

I’m just working class nobody who’s life has made a turn for the good. I’ve got a decent job that could earn me a living doing what I do best. I can feel I’ve come to the place I was called to be useful to society once again. Only to fall short of that cliffhanging moment.

Life’s a bitch, ain’t it. So why waste it.

I’ve been here and there. And yet, today was a good day. It was my wife’s saint day. La Nostra Senyora de Meritxell. My Andorra matrone. My catalan root. My partner in crime.

I woke here up when I came out from the death call. I literally had to snap out of the hands of the Calaca. I was out, then I fought myself to consciousness back again. That’s it. That was my last dance. I better run, or rather jump, or I’ll stay death for ever.

Death has handed me a token. It is this I’m suppossed to unveil.

We are at the top of the priviledge pyramid. I’ve come to terms with that. I ate too fucking much pizza today. Too late. Two too many slices. I called for it. Or maybe I have al ulcer. And I’ll die anyway. I mean, I’ll day anyway. I know. But not today. Not now. Like back then. Just now.

I’ve cheated death in a duel. I’m a slippery fish off the hook. Nobody said it was going to be easy.

Golman died today, may he rest in peace.

I can’t rest because this throw back diggestive reflux is hunting me down. Death’s out there wondering. And my wife has awaken me two times already. She’s afraid one of those snores will kill me now.

—Qué susto—she said, as she was surprissed out of the dream as well.

I pulled her out from Morfeo’s arms. I was there and then, and Death painted my waters to clogg on me like haunted nightmare back to life. Still, chill, I’m ill, not still.

Comedians in cars getting coffee. I took a couple of those before I went to sleep. I don’t know if that was what caused this whole mess. It was me looking up at comedians that started their carreer together in a comedy club back in 1976, the year I was born. Eddie Murphy and Jerry Seinfeld. Seinfeld was influence by that guy from Philadelphia, Bill Cosby, with a show about zero-something. He listened to it over and over. This guy makes people laugh. I tell jokes that gets my friends laughing. I could do that. His thought process was getting him where he wanted to be. Up there in the stage. Telling his bits. And getting the reaction from he crowd: a laugh.

You come out and you never know how it’s gonna go. You have to have something going. Something prepared. Eddie hasn’t done it again because he’s got no material. He needs to go back to gym, or something. Work out. I’ve just gone back to gym. One day in one week. I’m happy. Back to the gym, and back to work.

Life seems to work in so mysterious ways that it almost seems like God is taking note of these other ways to improve His game. Obviously He knew all this shit I’m talking about. My comming back bit. My going out bit. Mother fucker send Death to tease me. Don’t act like He doesn’t own it. They work together. It’s the way things work. And so is this, if this is anything.

Life’s happening right now. This is the top moment of my life. And it will only get better.

Eddie Murphy said that. He’s been doing nothing lately. And that’s cool.

Jerry’s been hanging out with comedians getting coffee after taking bumpy rides. The carrera porche he and Eddie rode was meant to be a Lemahns racing car, but it was then just released as a car for the streets. Or the garage. The ultimate token of the showing off how you’ve somehow made it.

The car industry is going down. Telsa cars is comming up. The biggest player in the industry is leaving the past behind. Some of those things we knew will no longer be available, once we spin out the curb. Life’s about to change, and I’ve just realised that it’s been expecting me to come to terms with this new state of affairs.

Don’t waste your time.

Or waste it, if that’s what thrills you. But beware of time. As if there is something you ought to be doing, then get to it. Today: tomorrow: now.

I’ve done my time in the underworld. I’ve come back from it stronger. It’s not this system we need. Let’s not flush the entire world, nor should we allow the Nolan’s break it up into a bigger nightmare they’ll try to brush into palette of this emergent society coming out of this Pandemia.

It’s a social awakening on the go. We are all in diferent ships navigating the high tides of this tsunami. I rather surf my foam out into the sand. I’ve taken a wipeout once again. Spun out alright, I guess. I’m back.

I’ve got the handle of my vessel. This ain’t nothing but a dream. I’ve scaped the light and the darkness of surrender. I’ve travel far beneath the reals of where the roots mingle in romance.

It’s time for me to go back to bed. And let me keep this up. I know I’m comming back. I’m alredy here. Best place I’d could ever wish I’d be.

I only wish I could go back to the field. I could make this Last Dance work. Every team needs a Rodman. Only this time, it’s Golman.

Let this new dream begin.

Flatiron, les Punxes & _________

There is something about a building in that specific end of the urban grid that makes it unique. It was on my dream today. Again. A building like that. As if remainding me that I must aknowledge a path in which situations evolve at a certain pace, that eventually end up in that specific space. I know what the dream is trying to do. Huh… I know. It’s convinced, like me, that there is somthing there to chase, to dream for, in a near future development that requires my play to evolve into that.

What’s my job? I’ve got one now. One of those that comes with a pay at the end of the month, and holidays, and your own business time, as if sometimes you need to explore especial situations that require your time-space, and you need to leave your post. You have those kinds of rights. A sort of union job, even if it’s just a temporary thing. The illusion of sustained future. Alas, I’m out of the pit.

I’ve been drawn to this building for a long time. It was one of those things that I spotted on the map the first time I came to this city. As if there was something to do: to walk along the buildings that make up for a local architecture. A place to be, in public space, that allows you to cherish the moment. Explorers tend to do that, and that’s why when you find yourself in the internet the first thing you’ve got to look for is a navigator. To explore. To embark in a safari, or to be a firefox wondering around searching for your own pokemon chrome. To surf the web, as if you are a daring a surfer. The quest of living on the edge. The path of communications. The futurenow.

I’ve come to terms with myself. I’ve accepted the revolution taking place in my head is just myself of feeling outside the box. Like death taking place in this social scenario. Like the pandemic of a social decay, more that a real health issue: the mental one. I’m mental. That’s the deal. A deal I have to cope with. I know. Other mental dwellers know about it, and face it with a dignity of mental people. Have listen to the sound of mental? Mental is the nicest sound in the English language, if you are comming from the island. It’s like Man Island. I’ve somehow hooked to the idea of a singularity happening to me. A man thing. A golman thing. It’s personal. It’s mental.

So… So I’m searching for chimera. Or utopia. Better yet, the dream has taken me here. And I must go about my business. Life is not what happens over the weekend. It’s what happens to people in a Pandemia. Reclusion. Tight spaces. Unsettleness. Uneasyness. Floating in the waters of despair, searching for hope. Hope is my utopia. It’s my driver. My social enabler. I’m hooked to the idea of prosperity in a social environment that has not unleashed quite yet. It is still cooking in my head. Like a possibility to allocate the future in a safe place. The sustainability of the social transformation that requires our mind shift. As a whole. They way complex systems go about.

I am here to do the supporting role of a play I’ve witness out there. I’m just a poet with a pen, writting away in a notebook what ought to be the next delivery of a glimpse into our inwardly rise. A place insde my being is beating with chords of a song that unleashes the shadows of our doubts. It keeps popping in my head. Like a roller coaster within my system. The first one I’m bound to: my body-soul system. Like a chuck box.

A storage dream to take along a mission to explore. The world inside a building that hides the ends of a new entire system. The transformation pattern of our desire. A new city evolving from the dust in which the reborn are awakening at last.

That’s this new building in my dream. This is the dream within my building. The chuck box in my quest. I’m ready to fill in the blanks. I am just connecting the dots. The dream is still on. The quest is just beginning. The vision of the New world is here, in this city, in this building that englobes the entirerity of…

ALLS

Epitafio de mi locura

Armando Gallo Pacheco

Fue un placer, mientras duró.

Armando Gallo Pacheco

Nunca más volvió. Un día, sin más, se esfumó. No se supo más de él. Así como vino, se fue. No supe reconocer de qué manera se había convertido en la persona que dominó la superviviencia en el límite del caos. Se trató de un hemisferio posterior a lo que aquí abajo nos deja rascar la subsistencia. Las rutas que me conectan con ese pasado están de alguna manera delineadas por una Vía Augusta engalanada por los sepulcros de pueblo llano que quedó en el camino desde entonces. Podría volver a él en cualquier momento, y él venir a mi, sin que esto disturbe a los muertos que yacen plácidamente en sus tumbas. Todos los caminos llevan a él. Él. Qué ser.

No se puede estar en dos sitios a la vez. Ni tampoco ser más de una persona en un mismo instante. Eso fue lo que nunca supo entender Armando Gallo Pacheco, que continuamente se desplegaba en varias dimensiones en las que se explayaba, normalmente en una única dirección que perseguía hasta encontrarse enfilado en una catarsis sin fin. Esa es la única virtud de su desenfadado proceso de estar: seguir.

No es trivial seguir un camino. Ni tampoco seguirse a uno mismo. Especialmente cuando se sabe que por el camino se van dejando cuerpos que no siguen, inhertes estatuas que prefieren congelarse en el tiempo que no está sujeto a la potencia de la ola que finalmente se condensa en un segundo de compresión en el que el tiempo rebota, y culmina la pieza.

El performance tiene una consecusión temporal presente. Se afirma mientras se despliega en un único acto. En su día supo que eso era lo que hacía, pero que no importaba desvelar a nadie más lo que él entendía como un todo. Y en ese discurso se perdió, una vez más, sin saber si había contado lo correcto, o escondido lo cabal. Y detrás de una cortina de humo, se fue perdiendo en sí mismo, sin ser capaz de lidiar con la estructura de lo brotaba sobre la superficie de lo aparentemente real. La vida siguió su curso, y él, su obra. Y nunca había de acabar, salvo que el tiempo y el espacio conjuraran por encontrarle una temporalidad propia en la que quedara reflejado su ser. No tenía claro qué forma tendría, ya que al final de cuentas, la única manera de existir sería a partir de la circunvalación espacial dentro de la red neuronal del otro, conectada a un circuito circular que reconecta al ser con su circunstancialidad dual, uno, y todo: ALLS.

Él sabía que la perpetuidad con la que comulgaba no podía pervivir para siempre. Al menos no en este espacio-tiempo. La arquitectura de su discurso le llevaba a recorrer todos los estados de la naturaleza que había habitado en algún momento de su entelequia. De haber existido su recorrido neuronal estaba ahí. Aquí. Ahí y aquí. Mente y ser. Esas dualidades desplegadas a partir de los espejos que se crean al pensar. Una chispa electrica diminuta que alumbra un hilo de nuestra conectividad neuronal que no había sido utilizado en el pasado para nada. Ese hilo, leído, reconecta ese instante. Ese momento permite que el ser, o la red neuronal, se califique a sí misma, a partir de una etiqueta. Esa etiqueta, de alguna manera, es el significante de ese preciso momento, al menos para quién la define.

No olvidemos lo que somos. No olvidemos por qué estamos aquí. El camino no está escrito en ningún libro. Ni siquiera en los de texto. Las reglas con las que convivimos mutan más que nunca, dejándonos sin la estabilidad que nos brindaba la pulcra sociedad basada en la moral religiosa. Ni tampoco las leyes que nos enmarcan en un contrato social que nos permite a ser todos iguales ante la Ley, ama y dueña de todo. La ley y los suyos, como el rey y su corte. Las cortes. El pueblo en las cortes. El parlamento. Y el pueblo, con su rey puesto, el presidente, que emanan de sí mismo. La política, tan vilipendiada, es a su vez, la única salida. Pero no así su forma. En ese sentido todo es maleable. No obstante algunas estructuras de nuestro modelo actual son inelásticas. Ante la presión de rotación o traslación, quiebran. Y con ellas, las columnas vertebrales de nuestro mundo se tambalean como el imperio romano, y sus ciudades.

Al loro, que no estamos tan mal. Siempre puede volver aquél e intentar de nuevo aquello que un día vivimos. Y eso, tentación y/o desgracia, es nuestra espada de damocles.

Armando Gallo se dio cuenta de todas estas cosas, y por eso, estuvo presente, levantó la voz, escribió 999 caminos, y se fue como el viento que se llevó a Tara. No fue el fuego, sino el viento. El modelo del sur, desvirtuado una vez más, por el pecado nunca redimido de su esclavo pasado. La trampa estaba ahí, en ese agujero negro que yacía delante de él. No era un precipicio, sino un simple agujero negro. Y estaba ahí delante: as su pies. Así que tomó la decisión más dificil de su vida: caminar. Y se fue.

Algunos piensan que ahí sigue. En una paradoja del tiempo y el espacio. Quizás en un gusano temporal que lo conectará de vuelta en otro momento de la historia. Quizás la historia terminó cuando él se fue. No se sabe. Pero algo permanece. Su leyenda. Su presencia. Su ilusión. Quizás tan sólo queda un culto superpuesto sobre lo que él explicó que ya nadie tiene en cuenta, al tener encima una metaestructura posterior que lo ha acaparado todo, sin dejar espacio para el movimiento, justo al contrario de lo que en su día promulgó con su voz.

Hemos perdido un personaje, pero a cambio, ha nacido un mito. Quizás detrás de todo lo que permanece intacto es el ritual con el cual Armando Gallo Pacheco encontró la vía para afirmarse a sí mismo. Quizás ese sea el único camino tangible. Lo inasible está más cerca de lo que pensamos. Un salto al vacío y reconectamos nuestro ser con la presencia continua de un palpitar eterno.

ALLS

Fin de un ciclo persecutorio

No todos los días se puede escapar de un ciclo persecutorio, pero hoy sí. Tras diez años de rascar el fondo de los desfiladeros de la agonía, finalmente me topo con el momento justo para volver a respirar por encima de la superficie… aahhhhh…

El día es azul, como todo primero de septiembre en este país. Recuerdo muy bien el primer uno de septiembre que presencié en este país, por allá del 2002. El día anterior era cláramente un día de agosto, con un calor infernal, que me recibió con la familiaridad de quién regresa a casa, con ligeros cambios de las personas que habitan el espacio que hasta hacía 6 meses había sido mi hogar, y que ahora compartía, mirando el Tibidabo, con un francés con el que se podía compartir un instante de paz. Aquél día conocí a Olivier. Me abrió la puerta y me hizo de anfitrión de una ciudad que ya era mía, pero como él, traería nuevas dosis de aventuras. Sin duda alguna, aquél día también marcaba el inicio de otro ciclo, no se si persecutorio, pero en todo caso, de uno de los ciclos más importantes que afrontaría en mi vida.

Desde aquél día, los 1 de septiembre me parecieron siempre poseedores de una carga simbólica extremadamente potente. La renovación tras un verano que marcaba sus distancias con un descenso en las temperaturas y un apaciguamiento de lo que había sido el ciclo anterior. El verano en España es sumamente extraño, con dosis de pueblo y playa, y con una afluencia superlativa de extranjeros en busca de chiringuitos, arena y mar. Pero en septiembre, a partir del uno, todo eso se esfuma. La televisión cambia. Todo se echa a andar. También la política… oficialmente, al menos. Luego, años más tarde, me enteré de aquella tradición española de sus gobiernos de introducir cambios drásticos justo en el verano cuando las prioridades de los españoles están centradas en la calidad de la menta del mojito, o la temperatura óptima de la cerveza.

De ese 2002 a este 2020 parece que todo ha cambiado. Parece tan sólo el juego de las sillas, en el que el dos y el cero han conseguido una vez más encontrar su sitio, en la silla de al lado. Se trata de ciclos que se unen este 1º de septiembre a partir de esta historia de (re)vuelta a nacer. Los números no cambian. Podríamos estar, entonces, al menos en lo que a mi ciclo vital se refiere, a un cambio tan drástico e importante como el que en aquél entonoces afronté.

Aquél día, recuerdo tener la sensación de estar empezando la vida en un sitio diferente. Una ciudad que conocía, ya que había aterrizado un año atrás, en el 2001, también en septiembre, aunque aquella vez unos días antes de la Mercè. El ciclo había empezado. Entonces me pareció que la novedad de los septiembres en Barcelona tenía un cierto ritmo que me conquistó por completo. El clima, la vibra, el dinamismo del trabajo. Todo parecía venir de una dinámica certera, que no tenía manera de imaginar que fuera distinta un mes antes, más aun viniendo de un lugar como Ciudad de México que tiene un ciclo continuo en movimiento. Aquél primer encuentro con lo desconocido despejó todo el ciclo de iniciación que todo nouvingut que llega a Barcelona necesita para hacerse con la ciudad. Barcelona tiene una dimensión urbana que te cambia por completo, una vez que comienzas a deslizarte por una de sus fracturas, topando con las laderas de las pendientes que conducen a las cuevas sagradas en dónde se reflejan en sus paredes las sombras sagradas de la realidad, o quizás, como mínimo, el nacimiento inmaculado de la surrealidad.

Hoy vuelvo a ser quién fui. Esa construcción de uno mismo que se encuentra en un ciclo lleno de luz, como antiguamente, en algún momento dado, como si escuchara al entrenador describir una metáfora oportuna para saltar a la cancha y disfrutar. Uno no llega a Cryuff el primer día que pisa Barcelona. Hay un largo camino por recorrer para entender la dimensión que puede provocar la irrupción de un extranjero insolente en la normalidad estandar de esta ciudad.

Barcelona es la capital de urbanidad anterior. A partir de ahora todo se precipita a una urbanidad compuesta de multiversos coexistentes es espirales que se revuelven consigo misma en un baile armónico de divergencias. El caos que delimita todas estas itinerantes posiciones en el tiempo y el espacio definen la manera de ser de una capital libre de todos los estados. Como mínimo mentales. El lugar amerita tener un sitio, al menos en la ficción, y si acaso, en el movimiento emergente de una sociedad que se encuentra constreñida por las contradicciones de sus propias afiliaciones. Los pilares de esta tierra se hunden en el lodo de un fin de ciclo persecutorio. No hay por qué temer.

Este ciclo, de momento, nos ha abierto el camino a un nuevo horizonte. El camino que nos lleva a otra nueva dimensión. Este salto que otras culturas no han sabido realizar al mismo tiempo, todas juntas, en un momento dado. El momento ha llegado. Podríamos estar frente a él. En este preciso instante. Y entonces, el devenir de la historia se concentraría en un gesto, o más bien ritual, de conclusión, y a su vez, de apertura, al reproducir en voz alta una palabra… ALLS.

Escribir desde Menorca

No es el mismo estado de ánimo. Ni la misma situación. Menorca representa todo: al fin y al cabo es una isla, y todo el mundo sabe lo que abarca el simbolismo de uno mismo, y por tanto, de una isla. El mar nos espera. La fuga sólo tiene una vía, si descontamos el camino de Ícaro. Pero aún así, lo que vinimos a hacer a una isla sólo lo sabemos quienes en ella nos convertimos en algo más. Aquello que devenimos es nuestro «yo» illenc.

No todas las islas son iguales. De hecho todas son distintas. Y cada una representa lo mismo. La unidad y la multiplicidad coexisten en la isla. No se trata de una metáfora de reality desgastada, por más que vivamos en una situación hipersaturada de realidad de cartón-piedra. Lo vanal es lo más, y lo demás, existenicial, no existe. Por tanto, hemos relegado los ritos más significativos a una escala elitista que construimos a partir de la cultura. Y no dejamos permear a todo el mundo. Unos pocos son los bendecidos. Y eso también queda registrado en discurso que elegimos proyectar de nuestra transformación isleña. Se trata de una inmersión sublimada por los mismos cielos, las mismas aguas, los mismos soles que en la antigüedad saciaban a los habitantes de los bosques y las urbes mediterráneas. Algo eterno subsiste en el verano que se desvela en las calas de la isla.

El baño. Bañarse, como si debiéramos bautizarnos una vez, al menos, para ser dignos de estar en la presencia de este Dios que nos ilumina con su luz. ¿Acaso, sol, no te suspiré mi último halago desde la posición de plegaria flotante? La nubes acompasaron la ilusión de estar sumergido en las aguas en las que me transformaba, otra vez, en ese último baño. La nube estaba ahí, en eterna deformación, hasta que en un momento dado se esfumó. Y mi yo anterior, con ella.

No cabe duda de que vuelvo a elegir esta vida. La contemplación de una oración que persiste pese a los intentos de banalizarlo todo. Los sentidos desde el interior de las aguas en las que mis oidos se han fundido con la experiencia subacuática, mientras los ojos mantienen su visión periférica dual azul cielo. La frontera nos lo da todo, y ahí, sobre el muro, construimos un instante de conexión incuestionable y permanente, pese a su obstinada reinvención acto seguido.

No preciso volar si puedo disolverme en los estados de mi «yo» illenc. Nomás que aquí se escribe una mutación singular sin fin ni solemnidad que valga de representación. No es lo mismo estar aquí que en otro sitio. Cualqueira que quiera ser esto, sólo puedo conseguirlo en este estado mental. Y en esta isla se aprecia dicha gracia, más que en ninguna otra. No hay duda. Y pese a ser esta la puerta correcta, todas las puertas de las otras islas conducen, a su manera, al eterno retorno que las islas prometen. Esa circularidad define la costa de la isla, como también isla es, el continente, si se tiene la suficiente paciencia para recorrer todo el perímetro de sus playas.

El agua se mece intermitente con la obsesión del latir de un corazón paciente. Escucha el latido, al ladito, dónde estás, que no te siento. Me distraigo con cosas superfluas que me aislan de mi mismo, hasta que vengo aquí y me reencuentro, en otro «yo». Vuelta a empezar. Una vez, más, y no falla. No hay más recurso que volver.

Ya no me quedan más islas para escribir desde este día. Sólo tengo un rato más antes de partir. El puerto de Mao me espera para recorrerlo, una vez más, de principio a fin. Y su manto protector, embriagado por la habanera de despedida que se perdió la noche anterior en cala Corb, desde un Cau que ruge con nostalgia de lo que aquí un día se reconfiguró, como el aliento pestilente de un poeta, o la trompeta mesiánica de un desgraciado familiar, como quien intenta suplantar con alegría la alegoría militar que nos despide entre Sant Felip y la Gola.

Una vez más arrastramos nuestra sombra por el mediterráneo, de vuelta a la capital. La urbanidad de un puerto que nos llama con los cantos de la Sirena Caballé encaramada en lo alto de una montaña desde donde se distribuyen las ondas expansivas de un campo magnético posterior que se regenera simultaneamente a nuestro devenir colectivo resultante. Otra vez la misma historia.

ensō: vuelta al origen.

ALLS

Políticamente correcto

Hoy en día todo debe medirse. La censura ya no tiene tan sólo una magnitud corporativa, sino que también la sociedad en la que nos sumergimos todos, sin saber muy bien cuándo, nos ha obligado a silenciar nuestra expresión más auténtica ante el miedo de ser excluidos y cancelados de la vida en general. Estar en desacuerdo con las convenciones sociales hoy en día nos lleva a posturas en las que más nos vale caer en gracia de quiénes tienen el don de la verdad absoluta.

Ante tal situación, nos obligamos a establecer unas normas de conducta que parecen ser más seguras y más normales. No debemos levantar de manera innecesaria la voz, no vaya ser que nuestra opinión llegue a oidos de alguien que se tome nuestro impulso como un gesto discriminatorio y de odio. El hecho en sí nos puede costar la vida. La vida en sociedad. O visto desde la otra perspecitva: el ostracismo. Anular nuestra expresión vagando sin que a nadie le importe por el desierto del destierro.

Ya desde hace tiempo pensaba que un día toparía con pared. Mi manera de expresarme me convertiría en víctima de mis propias palabras. Algún día me arrepentiría de todo lo que dije, porque ya no habría más que ocultar, y si bien algo quedaría entonces en pie, no sería yo, sino la construcción de otra persona que se me impuso, quizás en el sentido inverso de la imposición de lo políticamente correcto. Ese ser políticamente incorrecto que se forma fuera del sistema para reestablecer los límites de quién dice ser, una vez que se ha librado de la espada de damocles que se postró como amenaza continua ante el más mínimo descuido.

Disentir, gustar, repeler. Hater. Esclavo. Thought police. Ya no sabemos si Orwell nos mandó directamente al sitio en el que nosotros mismos perfeccionaríamos la persecusión de lo bueno y lo malo, sin apenas discutir, por el hecho de salir del rebaño, y arriesgarse a afirmar sin tapujos nuestra disidencia. No es un buen momento para los revolucionarios. O quizás, por el contrario, sea este el momento. Lo que debemos es admitir que nuestras palabras tendrán siempre el apoyo de quiénes comparten, en este caso en concreto, nuestra postura, misma que a su vez indigna, hasta niveles insospechados, a ciertas personas que se lo han tomado como la expresión exacta de la medida opuesta de lo que ellos representan. No hay manera de evitar que la masa deje de asumir su postura políticamente correcta a partir de los nuevos tiempos de nuestra era, pero quizás, deberíamos plantear la obligatoriedad de asumir las posturas opuestas a aquellas que han forjado nuestra identidad intelectual respecto a un determinado número de temas. ¿Cuántos temas? Pongamos, por no quedarnos cortos, 99.

99 temas escenciales que determinan la manera en la que debemos pensar. Y antipensar. 99 posturas problemáticas que deberán encontrar una colisión segura en las antípodas de lo que dos polos opuestos están dispuestos respaldar. Las trincheras están ahí y los postulados, de uno y otro lado, consisten en el juego al que vamos a dirigir nuestra atención, durante los próximos 99 días.

Se trata de un ejerecicio de recapitulación del sistema complejo social al que estamos intentando dar una nueva forma. Vamos a asumir nuestra insignificacia como seres humanos, dentro del marco de una colmena que cambia de reina, y se propone construir una sociedad, que pese a sus disparidades físicas, logísticas, intelectuales, funcionales, conseguimos trazar un futuro para la supervivencia de nuestra especie. Quizás nos pasamos muy rápidamente por le filtro de que debemos competir entre nosotros mismos para que aquellos que prueben su darwinismo social con el éxito. Vidas perfectas sin distorció aparente. Los casos de éxito. Como si eso fuera a representar algo más que la aspiración de los demás: en anhelo de un ideal inalcanzable. Lo cierto es que ese darwinismo no nos explica la colmena del mundo de las abejas. La cooperación de los humanos en un contexto social global tendría que valorarse como una opción a la que al menos ahora, podemos poner sobre la mesa. Quizás este sea tan sólo uno de los temas quedebamos discutir. Y así, con todo.

¿Quién decide los temas? Pues quién más… yo. Por eso este juego tiene esta denominación de origen. Haberlo pensado vosotros mismos. Ahora, esto tiene que ver con la manera en la que vamos a descifrar aquello que somos, respecto a nosotros mismos, respecto a nuestro cuerpo, respecto a nuestra familia, respecto a nuestro planeta, respecto a nuestro prójimo, respecto al pasado, respecto al futuro. Repecto al presente. Ahora.

Demos pues comienzo a esta comedia humana.

Bienvenidos al día del inicio de la emergencia.

La deuda de una espada de Damocles

Quien quiera ser rey que aguante con la espada sobre su cabeza. Quizás Juan Carlos ya no podía soportar la presión. Creemos que el rey actual sabrá sortear la súbita caída del afilado metal. No se nace sin especial carisma para reinar cuando se lleva sangre azul en las venas. De hecho, la mitad de las venas son azules. O al menos así parecen en las ilustraciones que vemos en nuestras icónicas imágenes del último programa escolar. Y algunas cosas nos resultan muy nuevas. Otras muy viejas. Algunas obsoletas.

El próximo curso no sabremos cómo acabará. De hecho, de saber, no sabemos ni cómo va empezar. Las escuelas tienen autonomía de catedra. Ellos dan el modelo educativo que mejor les viene en gana. Y se asociacian según sus redes de apoyos. Y se ven explicandose frente a un grupo de jóvenes padres de familia, que apuestan por ellos, mientras desde otros ámbitos, hacen ver que siguen adelante con el mundo que un día conocimos.

Lo cierto es que el mundo cambió para siempre. El virus nos lo ha dejado claro. Paramos. Nos bajamos todos del tren. Y ahora estamos repensando qué hacer. ¿Cómo hacerlo? No hubo cupo aquí en donde nosotros nos planteamos esta disrupción social tan potente. No supimos culminar la evolución del sistema. No supimos expresar el sentido de nuestro fin. No supimos coordinar la sinfonía de una sociedad que esperaba ser la armonía que un día sentimos cuando nos vimos reflejados en la suave brisa que baila con las flores de un monte sagrado.

Nos perdimos una vez. Volvimos a salir. Y otra vez nos extraviamos. No dejamos de buscar. Y nunca encontramos lo que pensábamos que desvelaríamos. Pero algo siempre quedó de cada búsqueda. Y nos fuimos acercando a un estado de consciencia colectiva. Y esto fue lo que nos dio alas. Y nos fundimos en un suspiro. Poco antes de volver a abrazarnos, de una manera parecida a como lo hacíamos antes, pero esta vez con ligeros matices que nos ayudaron a acotar los límites de nuestra insignificacia.

Yo vuelvo a asomarme a un precipicio. Y no pienso dejar que la espada me corte el pescuezo. Antes haré dar vueltas a los molinos. Me seguirán con la música de mi flauta, o quizás con tres trompetas que me acompañan en el performance. Ya no quedan más muertos que convocar. Somos los que estamos y los que fuimos. Los que recordamos con el ímpetu de trascender ante la situación que nos envuelve. No queda más que volver a subir la montaña con la piedra a nuestra cuesta. Imprimirla. Llevarla encima. Cruzarme con Sísifo otra vez. Replantear el mito. Absorber el rito.

Nunca tuve paciencia para la poesía. Ni prosa para la novela. Lo que yo escribo tiene un ritmo propio que se entremezcla entre los caminos neuronales de mis pérdidas fragmentadas en dosis voluntaria de perdición. La tangente sólo es una intersección más por la cuál acudir a este encuentro, a partir del cuál, todo puede continuar tal cual previsto, o bien, permitirs el deber de asumir la ortogonalidad de la otredad.

Un día fui otra cosa. No me culpo. Ni de disculpo. No llevo cargas en mi cruz. La dejé tirada en el ágora en el que una vez más preguntaron si debía ser yo el que preciera por decir lo que pensaba. La masa embrutecida tenía ganas de colgarme, pero ese día, por alguna condición divina de las estrellas, se iluminó el camino alternativo propuesto por el único anunaki presente entre la multitud. De pronto todo giró. Copérnico quedó puqueño para la transformación que en ese momento levantó el último velo de nuestra sociedad de las caretas.