Escribir desde Menorca

No es el mismo estado de ánimo. Ni la misma situación. Menorca representa todo: al fin y al cabo es una isla, y todo el mundo sabe lo que abarca el simbolismo de uno mismo, y por tanto, de una isla. El mar nos espera. La fuga sólo tiene una vía, si descontamos el camino de Ícaro. Pero aún así, lo que vinimos a hacer a una isla sólo lo sabemos quienes en ella nos convertimos en algo más. Aquello que devenimos es nuestro «yo» illenc.

No todas las islas son iguales. De hecho todas son distintas. Y cada una representa lo mismo. La unidad y la multiplicidad coexisten en la isla. No se trata de una metáfora de reality desgastada, por más que vivamos en una situación hipersaturada de realidad de cartón-piedra. Lo vanal es lo más, y lo demás, existenicial, no existe. Por tanto, hemos relegado los ritos más significativos a una escala elitista que construimos a partir de la cultura. Y no dejamos permear a todo el mundo. Unos pocos son los bendecidos. Y eso también queda registrado en discurso que elegimos proyectar de nuestra transformación isleña. Se trata de una inmersión sublimada por los mismos cielos, las mismas aguas, los mismos soles que en la antigüedad saciaban a los habitantes de los bosques y las urbes mediterráneas. Algo eterno subsiste en el verano que se desvela en las calas de la isla.

El baño. Bañarse, como si debiéramos bautizarnos una vez, al menos, para ser dignos de estar en la presencia de este Dios que nos ilumina con su luz. ¿Acaso, sol, no te suspiré mi último halago desde la posición de plegaria flotante? La nubes acompasaron la ilusión de estar sumergido en las aguas en las que me transformaba, otra vez, en ese último baño. La nube estaba ahí, en eterna deformación, hasta que en un momento dado se esfumó. Y mi yo anterior, con ella.

No cabe duda de que vuelvo a elegir esta vida. La contemplación de una oración que persiste pese a los intentos de banalizarlo todo. Los sentidos desde el interior de las aguas en las que mis oidos se han fundido con la experiencia subacuática, mientras los ojos mantienen su visión periférica dual azul cielo. La frontera nos lo da todo, y ahí, sobre el muro, construimos un instante de conexión incuestionable y permanente, pese a su obstinada reinvención acto seguido.

No preciso volar si puedo disolverme en los estados de mi «yo» illenc. Nomás que aquí se escribe una mutación singular sin fin ni solemnidad que valga de representación. No es lo mismo estar aquí que en otro sitio. Cualqueira que quiera ser esto, sólo puedo conseguirlo en este estado mental. Y en esta isla se aprecia dicha gracia, más que en ninguna otra. No hay duda. Y pese a ser esta la puerta correcta, todas las puertas de las otras islas conducen, a su manera, al eterno retorno que las islas prometen. Esa circularidad define la costa de la isla, como también isla es, el continente, si se tiene la suficiente paciencia para recorrer todo el perímetro de sus playas.

El agua se mece intermitente con la obsesión del latir de un corazón paciente. Escucha el latido, al ladito, dónde estás, que no te siento. Me distraigo con cosas superfluas que me aislan de mi mismo, hasta que vengo aquí y me reencuentro, en otro «yo». Vuelta a empezar. Una vez, más, y no falla. No hay más recurso que volver.

Ya no me quedan más islas para escribir desde este día. Sólo tengo un rato más antes de partir. El puerto de Mao me espera para recorrerlo, una vez más, de principio a fin. Y su manto protector, embriagado por la habanera de despedida que se perdió la noche anterior en cala Corb, desde un Cau que ruge con nostalgia de lo que aquí un día se reconfiguró, como el aliento pestilente de un poeta, o la trompeta mesiánica de un desgraciado familiar, como quien intenta suplantar con alegría la alegoría militar que nos despide entre Sant Felip y la Gola.

Una vez más arrastramos nuestra sombra por el mediterráneo, de vuelta a la capital. La urbanidad de un puerto que nos llama con los cantos de la Sirena Caballé encaramada en lo alto de una montaña desde donde se distribuyen las ondas expansivas de un campo magnético posterior que se regenera simultaneamente a nuestro devenir colectivo resultante. Otra vez la misma historia.

ensō: vuelta al origen.

ALLS

Políticamente correcto

Hoy en día todo debe medirse. La censura ya no tiene tan sólo una magnitud corporativa, sino que también la sociedad en la que nos sumergimos todos, sin saber muy bien cuándo, nos ha obligado a silenciar nuestra expresión más auténtica ante el miedo de ser excluidos y cancelados de la vida en general. Estar en desacuerdo con las convenciones sociales hoy en día nos lleva a posturas en las que más nos vale caer en gracia de quiénes tienen el don de la verdad absoluta.

Ante tal situación, nos obligamos a establecer unas normas de conducta que parecen ser más seguras y más normales. No debemos levantar de manera innecesaria la voz, no vaya ser que nuestra opinión llegue a oidos de alguien que se tome nuestro impulso como un gesto discriminatorio y de odio. El hecho en sí nos puede costar la vida. La vida en sociedad. O visto desde la otra perspecitva: el ostracismo. Anular nuestra expresión vagando sin que a nadie le importe por el desierto del destierro.

Ya desde hace tiempo pensaba que un día toparía con pared. Mi manera de expresarme me convertiría en víctima de mis propias palabras. Algún día me arrepentiría de todo lo que dije, porque ya no habría más que ocultar, y si bien algo quedaría entonces en pie, no sería yo, sino la construcción de otra persona que se me impuso, quizás en el sentido inverso de la imposición de lo políticamente correcto. Ese ser políticamente incorrecto que se forma fuera del sistema para reestablecer los límites de quién dice ser, una vez que se ha librado de la espada de damocles que se postró como amenaza continua ante el más mínimo descuido.

Disentir, gustar, repeler. Hater. Esclavo. Thought police. Ya no sabemos si Orwell nos mandó directamente al sitio en el que nosotros mismos perfeccionaríamos la persecusión de lo bueno y lo malo, sin apenas discutir, por el hecho de salir del rebaño, y arriesgarse a afirmar sin tapujos nuestra disidencia. No es un buen momento para los revolucionarios. O quizás, por el contrario, sea este el momento. Lo que debemos es admitir que nuestras palabras tendrán siempre el apoyo de quiénes comparten, en este caso en concreto, nuestra postura, misma que a su vez indigna, hasta niveles insospechados, a ciertas personas que se lo han tomado como la expresión exacta de la medida opuesta de lo que ellos representan. No hay manera de evitar que la masa deje de asumir su postura políticamente correcta a partir de los nuevos tiempos de nuestra era, pero quizás, deberíamos plantear la obligatoriedad de asumir las posturas opuestas a aquellas que han forjado nuestra identidad intelectual respecto a un determinado número de temas. ¿Cuántos temas? Pongamos, por no quedarnos cortos, 99.

99 temas escenciales que determinan la manera en la que debemos pensar. Y antipensar. 99 posturas problemáticas que deberán encontrar una colisión segura en las antípodas de lo que dos polos opuestos están dispuestos respaldar. Las trincheras están ahí y los postulados, de uno y otro lado, consisten en el juego al que vamos a dirigir nuestra atención, durante los próximos 99 días.

Se trata de un ejerecicio de recapitulación del sistema complejo social al que estamos intentando dar una nueva forma. Vamos a asumir nuestra insignificacia como seres humanos, dentro del marco de una colmena que cambia de reina, y se propone construir una sociedad, que pese a sus disparidades físicas, logísticas, intelectuales, funcionales, conseguimos trazar un futuro para la supervivencia de nuestra especie. Quizás nos pasamos muy rápidamente por le filtro de que debemos competir entre nosotros mismos para que aquellos que prueben su darwinismo social con el éxito. Vidas perfectas sin distorció aparente. Los casos de éxito. Como si eso fuera a representar algo más que la aspiración de los demás: en anhelo de un ideal inalcanzable. Lo cierto es que ese darwinismo no nos explica la colmena del mundo de las abejas. La cooperación de los humanos en un contexto social global tendría que valorarse como una opción a la que al menos ahora, podemos poner sobre la mesa. Quizás este sea tan sólo uno de los temas quedebamos discutir. Y así, con todo.

¿Quién decide los temas? Pues quién más… yo. Por eso este juego tiene esta denominación de origen. Haberlo pensado vosotros mismos. Ahora, esto tiene que ver con la manera en la que vamos a descifrar aquello que somos, respecto a nosotros mismos, respecto a nuestro cuerpo, respecto a nuestra familia, respecto a nuestro planeta, respecto a nuestro prójimo, respecto al pasado, respecto al futuro. Repecto al presente. Ahora.

Demos pues comienzo a esta comedia humana.

Bienvenidos al día del inicio de la emergencia.

La deuda de una espada de Damocles

Quien quiera ser rey que aguante con la espada sobre su cabeza. Quizás Juan Carlos ya no podía soportar la presión. Creemos que el rey actual sabrá sortear la súbita caída del afilado metal. No se nace sin especial carisma para reinar cuando se lleva sangre azul en las venas. De hecho, la mitad de las venas son azules. O al menos así parecen en las ilustraciones que vemos en nuestras icónicas imágenes del último programa escolar. Y algunas cosas nos resultan muy nuevas. Otras muy viejas. Algunas obsoletas.

El próximo curso no sabremos cómo acabará. De hecho, de saber, no sabemos ni cómo va empezar. Las escuelas tienen autonomía de catedra. Ellos dan el modelo educativo que mejor les viene en gana. Y se asociacian según sus redes de apoyos. Y se ven explicandose frente a un grupo de jóvenes padres de familia, que apuestan por ellos, mientras desde otros ámbitos, hacen ver que siguen adelante con el mundo que un día conocimos.

Lo cierto es que el mundo cambió para siempre. El virus nos lo ha dejado claro. Paramos. Nos bajamos todos del tren. Y ahora estamos repensando qué hacer. ¿Cómo hacerlo? No hubo cupo aquí en donde nosotros nos planteamos esta disrupción social tan potente. No supimos culminar la evolución del sistema. No supimos expresar el sentido de nuestro fin. No supimos coordinar la sinfonía de una sociedad que esperaba ser la armonía que un día sentimos cuando nos vimos reflejados en la suave brisa que baila con las flores de un monte sagrado.

Nos perdimos una vez. Volvimos a salir. Y otra vez nos extraviamos. No dejamos de buscar. Y nunca encontramos lo que pensábamos que desvelaríamos. Pero algo siempre quedó de cada búsqueda. Y nos fuimos acercando a un estado de consciencia colectiva. Y esto fue lo que nos dio alas. Y nos fundimos en un suspiro. Poco antes de volver a abrazarnos, de una manera parecida a como lo hacíamos antes, pero esta vez con ligeros matices que nos ayudaron a acotar los límites de nuestra insignificacia.

Yo vuelvo a asomarme a un precipicio. Y no pienso dejar que la espada me corte el pescuezo. Antes haré dar vueltas a los molinos. Me seguirán con la música de mi flauta, o quizás con tres trompetas que me acompañan en el performance. Ya no quedan más muertos que convocar. Somos los que estamos y los que fuimos. Los que recordamos con el ímpetu de trascender ante la situación que nos envuelve. No queda más que volver a subir la montaña con la piedra a nuestra cuesta. Imprimirla. Llevarla encima. Cruzarme con Sísifo otra vez. Replantear el mito. Absorber el rito.

Nunca tuve paciencia para la poesía. Ni prosa para la novela. Lo que yo escribo tiene un ritmo propio que se entremezcla entre los caminos neuronales de mis pérdidas fragmentadas en dosis voluntaria de perdición. La tangente sólo es una intersección más por la cuál acudir a este encuentro, a partir del cuál, todo puede continuar tal cual previsto, o bien, permitirs el deber de asumir la ortogonalidad de la otredad.

Un día fui otra cosa. No me culpo. Ni de disculpo. No llevo cargas en mi cruz. La dejé tirada en el ágora en el que una vez más preguntaron si debía ser yo el que preciera por decir lo que pensaba. La masa embrutecida tenía ganas de colgarme, pero ese día, por alguna condición divina de las estrellas, se iluminó el camino alternativo propuesto por el único anunaki presente entre la multitud. De pronto todo giró. Copérnico quedó puqueño para la transformación que en ese momento levantó el último velo de nuestra sociedad de las caretas.

Ni fiscismi ni intifiscismi…mimimi

La camiseta del candidato fue la primera victoria de la alternativa surrealista en las antípodas del estatus quo el día del debate presidencial en las elecciones de otoño. No se podía preveer que los tiros irían por aquí dos días antes de que se organizara el debate televisado a todo el país. Los partidos tradicionales arengaban a sus parroquias con los mismos eslogans y lemas de campaña que han ido repitiendo campaña a campaña durante los primeros 45 años de la democracia. Era el momento de un cambio sustancial en las reglas del juego, o más bien, era el momento necesario para instaurar el nuevo juego: NEW.

El partido de Golman Elizondo Pacheco tenía un plan que se conjugaba en un nuevo idioma, un nuevo estado y un nuevo modelo social: NEW. NEW, ene, e, doble u. Eran tres palabras que se leían así: niu. Así de fácil. Así de complejo. Así de simple. Así de utópico.

Toda campaña se construye sobre una única idea: cambio. Todos los partidos han hecho la misma campaña. Una detrás de otra. Y el sistema se ha visto beneficiado/perjudicado por el mecanismo mediante el cuál los ciudadanos simplemente ya no prestan atención al plan que se propone de gobierno. Lo que interesa, sobre todo, es la naturaleza humana en una contienda a guante limpio frente a los némesis sociales que cada uno de los partidos representa. La democracia había demostrado ser una foto muy bien trazada de cada una de las sociedades que enarbolaban la posibilidad de ser/estar en una nación distina al resto de las naciones. Los estados nación nos habían otorgado la titularidad humana suscrita a un tipo de gobierno, que nosotros mismos, o nuestros antepasados, habían confeccionado en un libro sagrado inmaculado: la constitución.

Si nos detenemos a pensar hay al menos 198 libros sagrados de este tipo. 188 constituciones que repesentan todas las maneras de ser el mundo, con sus más y sus menos, con sus derechos y obligaciones. Todos estos libros, en el fondo, parten de no más de 9 libros sagrados iniciáticos que sentaron las bases para que el resto de los estados se sentaran a plagiar dichos libros sagrados. Cartas magnas. Ámonos. Qué bonito. Somos la repolla.

Cada nación estado piensa lo más alto de sí mismos. Y por eso que tenemos la necesidad de refrendar nuestro deber patriótico cada vez que se nos convoca a las urnas. Y lo hacemos con la alegría con la que el más catalán de los insolente, don Pepe Rubianes, anotaba que los trabajadores iban a trabajar cada día por la mañana en el metro o el autobus. Esa cara de ilusión es la que nos queda cuando nos convocan a unas elecciones más en las que decidimos a quién le damos la llave de mando de nuestro trastocado sistema.

En en el minuto cero del debate, la camiseta del candidato Golman, había ganado a las redes para siempre. #nifiscisminifiminismimimimi

Eterno confinamiento

De pronto no sale nadie a la calle. La idea no es nueva. Pero eso no es lo peor. Lo peor es que no es vieja. No se hace vieja, pues. Sigue aquí presente. Es la actualidad de nuestra vida en pausa. Y mientras tanto nos preguntamos qué es la vida, sino aquello que vivíamos. O quizás esto, en dónde ya estamos a la merced de las conspiraciones más ridículas de la historia, impulsadas por las mentes más diminutas de la barriada.

La vida en sociedad está en manos de nuestros políticos y de la economía. Los narradores de la actualidad nos pintan las cosas como creen que son, o bien, como mejor se vende un bacalao que da igual si existe o no. No hay más realidad que la que la gente replica con temor en las redes sociales. El tiempo se ha disuelto, y lo único entero que queda es la paranoía.

Los lazos fraternales con los seres humanos se han debilitado, al tiempo que se han destrozado todos los canales de prosperidad de un plan global para el bienestar y el desarrollo. La agenda universal está plagada de virus que se infiltran con troyanos que pretenden espiarnos a toda costa, en todo momento, con ningún propósito en particular, y todos en general. La vida pues se ha convertido en una bazofia de historias nimias que dan pena leer. Los opinadores son más célebres, en este nuevo contexto, que los escritores con cara y ojos. Ya nadie tiene cara. Puras banderas.

La tela ha vuelto. La tenemos en la cara. Ya sabemos lo que representan los vecinos con su presencia o con su ausencia en un balcón. Nos queda la duda de lo que será esto cuando todo cambié. Lo que sigue no está escrito, pero quienes tienen el control tienen dos ideas centrales peligrosas. Y ninguna de ellas persigue un bien común, más allá de la acumulación del poder, por vicio. Porque el poder se ha colocado en un sitio en el que ya no nos gusta lo que sale representado por el pueblo. Y el pueblo, ajeno a la verdad, se tira a la contienda con los ojos vendados para asomarse a la ignoracia compartida que se despliega en plaza pública como quien mira a los ojos a un toro de lidia.

La tradición muere y el porvenir ha suplantado el futuro con una especie de régimen eterno del 78. No hay acuerdo ni pactos. Ni siquiera queda estado para repartir. No queda impulso vital que nos permita seguir siendo lo que un día fuimos, porque todo eso ha quedado enterrado en las tierras de regadío abandonadas en el campo vacío. Montañas desoladas con paseantes que no quieren aire fresco, ni veredas, ni estar aquí. La voluntad más grande es la de marchar de aquí. Pero no hay a dónde ir. El despojo de lo que un día fue se utiliza como grieta para espantar la noción absurda de un porvenir sostenible de una hipotética economía circular. Nunca fue cierto nada. Y ahora, de cara al cambio, tampoco el pasado encuentra sustancia en lo que nos queda de razón. No quedan neuronas buenas. Las hemos dejado atrás en la pandemia. Se nos escapa lo poco que se cuela por las alcantarillas. Allá, el el submundo, se entierra un tiempo que no será nunca más lo que un día pareció ser. Y enterrados estaremos unidos en la perpetuidad de lo que nunca fuimos. Nos perdimos en un pasillo eterno de paso doble, mientras el tango que salía de los megáfonos nos anunciaba el final de un sufrimiento que se estiraba sin fin entre la angustia compartida con la persona más cercana a dos metros de distancia. La corrida seguía su tercio sin que nadie permitiera que volteáramos a otro escneario. No quedaban más permisos ni grados de libertad en la conciencia que se esfumó con el último luthier.

No hay más baile que escuchar mientras se pierde la conciencia de quien uno es en medio de una playa cuya arena ha sido sustituida por espinas. Los faquires han tenido su verano con la cama de espinas que se tiende entre la toalla y el baño. Al sumergirnos en su inmensidad, tras el calvario de las espinas, nos encontramos con el chapopote y las miserias que flotan a su alrededor, que nos dejan la piel lisa, y en aparencia nos queda un piel más tersa y brillante. Lo que prometían los cosméticos ahora lo tenemos a nuestro alcance, como el maná de un tiempo de reconstrucción facial. Nuestro gesto de alegría mutó al anhelo eterno del final. Pero esto ya no se le espera. El rey ha dispuesto sus recursos para que la caridad esté presente fuera de palacio por la gracia eterna de los nobles, que no han perdido ni un segundo administrando las migajas de lo que donarán el domingo al salir de misa tras el sermón que satanás pronunciará en el púlpito de la columna montado en el toro alado ante la mirada resentida del toro alado.

La comunión de la diversidad se fundió en un pozo que excabó el último recurso que una multinacional expropió de los últimos dueños legítimos de la propiedad. La Tierra ya no tiene vuelta a la normalidad. Nos estancamos en la cárcel de nuestra vanidad. No supimos cuándo nos engañaron por última vez. Ni tampoco recordamos la primera. Lo que es cierto es que ya no queda fe en ningún sitio. Ni dioses que asistan prestos a la plegaria de los santos inocentes. No hay niños, ni niñas en el alfabeto. La posteridad tiene fecha de caducidad. Hemos decidido abandonar el barco mientra los músicos mantienen esclavizados a sus instrumentos ante el desplome matutino de la bolsa. Los ecos de la entrada de los jinetes se retransmite por las redes sociales con los memes de sus caras de verdad. Cada facción ha elegido los sospechosos habituales de nuestra percepción, cada vez más precisa, de nuestra última neurona. El último sitio seguro en el que finalmente encontramos la paz.

La persecusión no cesa. El tiempo en pausa nos obliga a consumir cualquier basura que se presente en un timeline que nos posee. No tenemos tiempo para contrastar. Ni siquiera lo deaseamos. Ya ni vemos quién lo manda. Si asusta cuenta. Todo por ceder a nuestro impulso de que todo esto termine. Hay un movimiento que alimenta la ilusión de que todo esto que un día fuimos volverá. Que recuperaremos la gloria de tiempos pasados. Un pretérito perfecto. La sombra de lo que un día fuimos. Algo que nos permita arrastrarnos de vuelta a nuestras complicidades con los añorados amos. La salvaje situación de los temporeros que encima ahora se quejan de que les demos la oportunidad de sacar la cabeza de las aguas negras mentales que los cortejan. El olor intenso de los restos de pescados dejados al sol para ambientar el desconsuelo funciona a las mil maravillas y atrae todo tipo de criaturas, desde zopilotes venidos desde África hasta larvas novicias que se estrenan en la luz para asombro de los chiquillos que relamen el suelo con su inocencia socavada.

Si acaso no quedan ganas de entretenernos con el último augurio de un centauro que se ha puesto a escribir, o replicar, la misa del domingo del Belcebú. Los mensajes son muy parecidos entre sí en todas las barriadas. La consigna viene del altísimo que tiene todo tan claro que decidió ponerlo todo, esta vez, en memes que reflejan con transparencia aquello que debía ser combatido. El comunismo no tendrá ni un respiro en el contexto decimonónico de la revuela apocalíptica. Los tiempos de disfraces sociales y máscaras virtuales se ha convertido desgraciadamente en el vulgar esfuerzo por escoger un filtro que nos oculte, a nosotros mismos, quien realmente somos. Hace tiempo que lo olvidamos, de tan bien elegimos los impulsos de tiempos esclavizados de un amanecer desprovisto de risas. El humor quedó sepultado tras las sentencias concatenadas de los controladores de la moral. El espacio de recogida de las almas se materializó en las nuevas estatuas que se erigieron para nublar nuestra cultura. No hubo sitio para nada más. Nunca más nadie confió. Finalmente sucumbimos al zumbido de la luz. Nos fuimos directo al matadero. El flautista nos lo advirtió. Algo sabría.


Golman llevaba cuarenta años de cuarentena. No se había presentado aún a la contienda. Había decidido esperar hasta entender por completo las consecuencias de sus elecciones particulares. No sabía cuál de todos los juegos debía preceder en su narrativa reconsturctora. Siempre cabía la duda. Dudar más siempre ha sido la manera que encontrar nuevos perfiles sobre los que dibujar el último mapa. Sus libretas le habían proporcionado todos los ejercicios necesarios, los 99, para estar preparado para un único despliegue definitivo de su revelación descomunal. El presente, finalmente, había llegado aquí para quedarse—pensó.

Vivir en el presente tiene varias implicaciones. No sabemos si esto durará más allá de esta mañana. Como el trabajo. Ya hace tiempo que dejamos de creer que esta será la falacia sobre la cuál podremos reestablecer el sentido de nuestra existencia. Se destruyó el cielo que sostenía nuestra fragilidad, y de pronto, sin esperarlo ni buscarlo, estamos en medio de la escena que despliega las trombas de un alud que se aproximan a mi entierro. El tiempo de un inmortal que baja a la vida de los mortales está marcado por su intrascendencia en nuestros términos finitos. Ni siquiera Jesús podía confiar que estaría ahí por siempre, sino que debía volcarse sobre los sucesos que se fueran dando para el devenir resultante de su performance de reconversión. Los hechos hablan de sus andares por el reducido mundo que pudo recorrer a pie. La dimensió de su mensaje debía constar como metáfora para que fuera más elocuente que la fuerza acumulada de los tiempos. La normalidad siempre está en la tranquila siesta que el león se permite en la sabana mientras todo sigue igual. No hay contienda sin la pulsión de un mesías que pretenda poner todo patas parriba.

La rebelión pues seduce las mentes de nuestros detractores. Cualquiera que esté en la cima tendrá un sequito de conspiradores en búsqueda del poder. El proceso de sostener los intereses de quienes ganas a pesar de la farsa que decidamos encumbrar. Lo mismo da, a no ser que nos esforcemos por encontrar un balance sobre las desigualdades sistémicas de todos los tiempos, hasta el inicio de los mismos. No econtraremos tiempo entonces para saber cómo actuar en sistema nuevo si debemos revisar todos los expedientes pendientes en los juzgados. Todos somos culpables de este desvario. Y también de la incapacidad de este sistema por presentar vías más frescas para matizar las diferencias y las injusticias, para vivir más allá de lo que nos pretenden vender, para saber estar a pesar de cualquier desajuste estructural del último plan que nos imaginamos posible, antes de la última debacle. Todo está a punto de caer. Y no nos queda fuerza para volver a empezar.

—¿Será este el momento?—Golman sopesó. Podría ser. Solo bastaba poner la máquina a andar. Darle un sentido a perspectiva desde la cuál el cambio se procura asimilable. Como nuestro respirar. Como fundirnos en un abrazo. Como despertar acompañado.

El día de la anunciación finalmente se desveló. Y por fin nos encontramos en la cuenta atrás. La reconstrucción social de una estructura mental que nos traspasa. Hay una puerta que cada uno debe traspasar por su propia cuenta. Y tras ella, todo. ALLS.

My first story

I’ve written many stories over the years. But I have been keeping them from you. I’ve been hiding behind my mind, just to come up with an excuse not to show up. I’m back here, and I see the world passing by. I feel alone, and somehow, safe. But alert: I also feel quite the opposite. A fraud. A misguided soul. A hasbeen who’s neverbeen. I’ve been just out here selling a sad story for myself that nobody believes. Not even me. That’s why I’m doomed. My worthless effort to confront my fears lay me down gently into the realms of nothing. I’ve acomplished nothing, yet I feel I deserve to have a place. Somewhere. Somehow. I just can’t handle how this could turn out to be a good story. So I keep thinking. So I keep trying. So I keep writing.

Nonetheless, I figure out I have a way out. Just one shot. This one shot is the story that’s going to safe my life. And this one story is the only one that I could tell. The true story I’ve been trying to be honest to. Because nothing else is anymore. And thus I fail in everything else as well. As it soons becomes a fraud. My fraud. Just like I see it. Like a see the fraud around me. And how it evolves and hunts you down. How it’s going to boomerang behind my back once I feel the releif of having thrown that stone at the right deamon. Pum!

I’m knocked down. My life is fear. I can sense it in my spirit-lost. I used to have it. Now I don’t. I told you already. I am not here for help. I am not here for therapy. I’m just here struggling, like the rest. And my story has been seldom told. So why again? Why me? Oh, lord, send me a sign…

Despair. Don’t show it. They’ll know. You are not supposed to be like this. This is dangerous to the system. They will soon come after me. And they’ll take me down. Like any other outlier that sits in the path of the system-dwelling smocks. Dull-faced hero’s of our time. Or jailmasters, or slavetraders. Murderers working for killers. Explotaition of the human kind working within the networks of our current LIFE. The underground connections to the dark forces within. The mafia culture. The moral doublethink that allows guns and drugs to be both the devil and the glory. And yet, we find the excuse to let it all sit in the same sort of frame. Our circus. And we, the agora, exploit the fact that we are not the evil one(s). Or so we think. But some fingers point at your direction. It’s not me. Like that’s a proof of anything. It’s people like you who brought us here. It’s entirely my fault. Now I know. Forgive me. Fellas, I’m the last sin. And I take pride on it; one last time.

I’ve only got one story. I’ve told it a million times. Or that’s what I figure. That’s what I’ve told myself. I have no proof. Just texts, documents, drawings, schemes. Babling. Over and over, the same story I’ve always told. It’s just it I need. Just this one tale. At point I will release the pain. The struggle will finally come to the end. And we shall still believe what surreality stands for in a leap outside yourself. It’s just that quest I’ve lead. And somehow, it’s still my cross. A holy one indeed. I must carry it on. Alas, here we are at last: ALLS.

I tried to find myself in Google

That’s me: Golman, servidor.
I’ve become a search for the definitive moment in time and space that will reverse the course of the final IT.

It like something bigger than anything else. THE thing. YOU know what I mean. Right. Right.

A question without a question mark would be a debate on English courses on native Literature from mexicans living in their ancient lands. I teach that in local University. I always get 99 online students from this location. That’s how I ended up coming to New América. I didn’t need to actually go. But I wanted to. So I tour the 99 spots in 99 days. Right in election times. I was the old América antiChrist. Finally. We’ve been expecting you. Ever since the firsts callers of the judgement day.

No fear.

Everyone take a sit.

The show will begin shortly.

Please leave your wallets on the fundraising purse that’s going around to collect your free fee.

#freefee

How much are you willing to pay?

That’s been the case.

A case study.

An structural framework.

A piece of art that turns us into a new society.

The final day.

As we march into the place the knights have been wanting to march in for the longest time. Alas, we are here.

A new humanity rising.

That other way.

Leave your shit behind.

You ain’t need it.

It’s going to rock in a new beat.

Writers will write the fantasia land that overcomes the nothing. Like if you were Atreyu. Only this time for real. Or rather: for surreal.

Surreality wins.

As no one predicted.

Till now.

ALLS.

Mi historia mal contada

Érase una vez un gilipollas.

Cualquier español empieza así su último diario. Todos somos gilipollas.

Hay que aceptarlo.

Es duro.

Nadie dijo… gilipollas.

Todos lo sabemos.

Mírate al espejo.

Ahí lo tienes.

GILIPOLLAS.

Uno para ser new spainiard debe asumirse genuinamente como un gilipollas. De esa manera en la que tan sólo el español sabe hacerlo. Spain is diferent.

Pero no se equivoque nadie. Esto no es una parodia. Usted es un gilipollas de pies a cabeza. No me ha malentendido. Entérese. Le voy de cara. Quizás no le parezca lo más educado del mundo, pero siendo usted gilipollas, sabe usted, me suda la polla.

El gilipollas sabe de pollas. Y de pollardadas. Mil. No tiene límite. Puede llevarle 99 pensamientos al día: mi polla. En 66 de esos casos la polla erecta emula a un ideal de dictador que cada español tiene en su mente. Las otras 33 la polla está flácida y no pretende más que seguir estando ahí. Sin más. Sin querer afianzar su heteropatriarcal estructura mental. No corre sangre por mis venas. Soy un autómata mal programado. Casi casi un virus. La complejidad en mi estado de flacidez no es una historia extraordinaria. Ni tan sólo atractiva. Es demasiado insignificante. Cuelga. Chorrea. Como valenciano del Real Madrid. Como las orejas del elefante del rey. Aquél. El que ya no es.

No se ofenda usted. Si gilipollas es, no me dejará mentir. Usted bien sabe que yo le voy de frente. Y esa, y sólo esa, es mi virtud. Todo lo demás: gilipollas.

Lo ves. Te liberas. La liberación del gilipollas.

Esa es la revolución.

Si Marx hubiera entendido esto otro gallo cantaría.

Armando Gallo Pacheco.

Servidor.

ALLS

Surreality status

Once upon a time there was a surreal artist who never showed up. His work was so sublime it elude him. And everyone else. There was no escape. Nor there was any proof. The artist simple didn’t show up. Ever. And that’s how he became know as the greates surrealist artist of his generation.

The complete acomplishment took place within the realms of his mind. The roads from neuronal secondary roads lead to a brilliant display of inconclusive facts. Just chains of letters that competed with a new sequence of zeros and ones. Or double helix patterns. Whatever that stands for. Fuck it, I’am NEW surrealism. Altogether. Megalomaniac impulse to grasp no fruit. No sense. Just sensitivity. Inside a shell. Within yourself.

You’ll never scape this spell. There ain’t no time. As elasticity has taken over adapting to the newest time of relevance. Revelations scatter once again in the mist of the portrait drawn momentarily in his mind. Wait: picture it. Oh, shit, it’s gone. Again. The elusivity is intact. Working like the first day when it encounter the wondering soul. It was love at first sight. Immediate passion. A click; wink.

I thought I was a normal person. But I lied. To myself, at first. So I had to take a hands on posture within my internal quarrell. This could not go on. Selfsabotage is cruel disgrace. And someone, from the inside, has to fight it till the end. So the end showed up. Time was up again. And nobody showed up. The expectators awaited the entrance of the performer. He never showed up. In the 99 minutes that lasted the show. But nobody cared. Surrealism stood up. And blessed the scene. Quietly disturbing every mind.

Nobody clapped at the end of the show. The silence was broken. People exited the main theather of the mind. And the time was liberated from the surreal spell they went to experience. Oh, that was something else, someone said. And people long one another. The vacuity filled their experience and the thrill to share the now; here.

Something worked within surreal terms. The class was dismissed. Everybodies mind was filled with a hole. Everyone did the magic, but it only served the will of the collective soul that bounced around the show above their heads. The place was holly. And sound discrete, yet continiously revolving the magma of the desired dream. Joy was pleased to meet Joyce.

Lovemaking was on everyone’s mind. So why deny that misterious spell. Oh, well. The waters, black, rose up in the basket from the deep currents of the well. Swell. Drink up, it’s a toast to glory. Here; now; then. I’ve come accross your eyes to flow through you once again. Let’s run naked into the sun. As life’s begun again. I can feel it. You/me, no longer: ALLS………

Mi soledad me aparta de ti y me acerca a ALLS

No se le podía entender a Jesús a dónde coño iba con todo esto. La mamá estaba desesperada. A qué nos lleva su mensaje de amor ante tanta incertidumbre en el aire. Mira los romanos pasándose de verga con sus impuestos. No hay derecho. O sí: el suyo. Así qué fácil. Comunistas.

El mundo va muy mal. Todos discuten con sus némesis. Y se encuentran fácilmente ante la dramatizada mirada de odio hacia todos aquellos que desprecias: los otros. Los némesis ocupan ese lugar en tu corazón, pero sobre todo, ocupan ese gran lugar en tu mente. Piensa en un güey del América.

Ahí está todo.

Al pedo.

El futbolarte es así.

Yo simpre digo lo mismo. Que no quiere decir que venga aquí a hacerles de su pendejo. ¿Qué? ¿Quién se creen que soy? ¿Su achichincle? Ahhh, chingá. Pues ¿desde cuándo? ¿O cómo? A ver, dime.

Yo como digo una cosa, digo otra.

Te puedo cantinflear y alburear al mismo tiempo.

Seas tornillo o tuerca.

Y en la pista de baile nos fundimos.

Como esta canción que rola chido.

Como este toquecito que te doy.

Date, musa linda: en verdad eres artista.

Ven, bailemos, tu y yo hasta volver.

Y de pronto, en un instante en la pista de baile nos fusionamos en un ser. Es un gesto único al que sólo accede quien sabe bailar con el alma. No todos tienen el don. Esto es así. No había vacuna para todos. Ni respiradores suficientes. Debemos lidiar con la escacez. De la mejor de las maneras. Como si el poeta fuera voz, y la mujer, la matriarcal esperanza de un tiempo nuevo. Un tiempo NEW. Sin dejar títere con cabeza. ¿Qué parte no se entiende de esa expresión? ¿Acaso vos, títere con cabeza, merecés que la guillotina te salve únicamente a vos? ¿Quién coño te has creido?

El títere DIOS.

La única respuesta que salvaba el pescuezo era esa. Y puto títere va y la suelta ante la incredulidad de los presentes que llenaban eufóricos la plaza real, para asistir por fin a la liberación de todos los credos: la muerte de Dios. Al que descrubrimos títere. Su poder, o su labia, le salvó de la guillotina, que traímos desde París. A nuestra nueva centralidad: la plaça del NEWREI.

NEWKIN.

I hereby present to the people a new kingdom from above the heavens. One holly place, right here, right now: ALLS………