El último día del 2020

Las borras.

Tus huellas.

Cuando vas a hacer algo perverso necesitas un set de skills: hard y soft.

Aquí, en nuestro taller, las vas a adquirir.

Piénsalo. Invertir en tí te conviene.

¿Cuánta lana estás dispuesto a apostar por tí?

Piénsalo. Es la mejor salida que tenemos.

Nosotros somos el camino.

Como hayamos llegado hasta aquí.

Hasta dar con el nuevo modelo.

Al que llamaremos: NEW.

Nueve enters después, sigues la frase. La historia pues. Soy un contador de cuentos ticatalanes.

Así me las doy.

GOLman

Perdónenme si ahora hablo un poco de mí.

Soy un poco vanidoso. Y pretendo el deseo último al que tenemos derecho. Estar bien, pues. Bien chingón. Como sólo (así con acento, RAE, ¿o qué pedo?) alguien que se ha rifado chingón alguna noche en la que saliste a conquistar el gran otro de la nocturnidad. Los invito a pasar conmigo el próximo NEW año.

El evento NEW.

Es un pedo de pasar de discontinuo a continuo.

Filosofía a la mano, y a su vez, por diseño de su servilleta, meto forzadamente una cápsula de aprendizaje del nuevo modelo de ser. Una lección aprendida. Un proceso de transformación. Un simulacro de persona. La persona que deseamos ser. El rol que reconstituimos en un nuevo modelo. Opciones de la creación. Multiversos ejemplares. En esa otra cantidad de maneras. Las maneras del pasado. Aquella. Grande y una. Que ya no es. Ya no son. Ya salen a flote. Pese a seguir ahí. Omnipresentes. Sin ser ya omnipotentes. Ni inviolables.

Si voy a ser de España, permítanme la libertad que se permite cualquier nouvingut sobre la apropiación de la lengua, que viene un pinche NEW olmeca a la mismisima capital del reino, y supusiéramos que esta NEW nobleza se redifinió a sí misma para, con y dentro de un pueblo NEW, más grande que la suma de nuestras grandezas de España. Tocado directamente por nueve gracias divinas de diferente procedencia, todas ellas sagrados sacramentos de la NEWfe.

Localizada justo en las las antípodas, alla dónde nuestro pasado resentimiento mutuo de animadversión pura, de los unos y los otros (estos los incluyen las), que aquí, cada vez más en plaza pública, describimos sobre (y para con) unos subnormales con los discrepamos a un ratio de 1:99, y a los que adoramos contravenir de todas las maneras posibles. Bienvenidos al debate celestial entre las dos Españas divinas. El ocaso de lo que un día llamamos grande. La España que tuvimos. Las otras Españas. La dualidad inequivoca de nuestro desprecio mutuo. Nuestra sagrada cruz en penitencia flagelante. NEWinstituciones. NEWSI.

La NEWSI acabará teniendo desmedido poder. La creación de un monstruo.

1:99.

Un lait motif ticatalán.

Frases cortas que llenaron las paredes del grafitti de la nueva capital: NEW barcino.

Por un lado nos prostituimos; pero por el otro también.

Los nueve mejores juegos de palabras de mi abuelo.

La herencia de la insolencia del que hace reir de la familia.

Como el abuelo.

Teóricos del humor nomás del caribe.

Como caribe transformado, nos vamos al otro que distribuimos entre este humilde NEW TICO COMMONS, la evolución de esto otro que desde esta honesta y sensual cinturita de nuestro NEW continente: NEW América. Presente: presidente.

Mi nuevo show de presidente de lo que vamos a ser de ahora en adelante se presenta como una lección de oratoria de fin de 2020. Una tarea para el último día. Uno de esos clientes que deben comprar antes de que finalice el año. Pon un anuncio, que tienes nueve cosas que venderles.

Alguien que no tenga regalo de fin de año para regalar. Aquí un repositorio de 99 regalos para que la gente chingona de este NEW pedo le entren con el gusto de la exclusividad de unos cuantos. No son ni todos ni nadie. Es un punto de encuentro colectivo suficiente. Más allá de lo que nos dispusimo en un momento dado a forzarnos a transcurrir. 99 minutos juntas. YA FEMINISTAS.

El feminismo, como ALLS, son sitios de llegada.

Allá se va.

NO SE QUEDE ATRÁS.

VENÍ.

VENGA.

NO TENGA MIEDO.

ESTOS SON LOS NEW VALORES QUE TENEMOS PARA SU SANTIDAD.

Y ACÁ FRANCISCO LEVANTA LA VOZ.

Y HABLA CON JESÚS POR NOSOTROS.

Por que yo su carnal menor, no puedo hablar directamente con él. Tras haber sido Él.

Él.

El título de este cuento.

El título de esta novela.

Era novela y cuento a la vez. Y era esto. Pinche recurso culero de situarte dentro de tu obra. Ya sea con el velo del director. Con el matiz del guionista. O la interpretración del actor. El artista pues. ¿Qué pues no requerimos todas ser artistas? No requerimos ser artífices de nuestra revolución de la reconerversión del sistema del todo. Por completo. Capgirar el toque.

Pam: rolas.

99 rolas.

99 roles.

Hay (los hay pues, para Perez Reverte, Varguitas, la mujer zapatista que le toque hablar por todas, Presidente LÓPEZ. Presentes. Subcomandante Marcos, Golman, Ronald. Oceano Infierno. Gabilondo. Maragall. Robert de Ventós. Los originales habitantes del Palu Robert. La rehabitación de el espacio de la casa como habitatge.

Una peça d’habitatge. D’habitar espais NEW.

El meu projecte urbá-social. El uber de les noves societats reconstituides en un nivell més elevat del nostre potencial reconciliador a plé rendiment. El moviment que pretendiem fer quant a fora d’aquí veiessin cóm sóm capaços i capaces de dur a terme una reconstitució de lo que voliem dir que erem-sóm. Perque som-hi.

Som-hi.

El nom de ça peçe.

Això és per fotrens.

Tant sols una miqueta.

Venvolguts; sóc el vostre president.

Espereu que agafo el mando.

Vosaltros. Voltos. Voltrus. Voltrüs. Völtrös. Vosaltres. Vos particularmente. Y te pasás al castellano como si no tenés la cordua de un español cualquiera en el set de Jamón Jamón. ¿Quién escribe vuestros guiones?

Somos otra cosa. Venimos desde las antípodas. Y nos encontramos por primera vez. ¿Qué coño creéis que os voy a soltar por bonito?

Algo que sólo un español, español, español entienda. Reconvertido del plan nacido en los bosques de la montaña de la nueva capitalidad de la NEW humanidad. New humanity. NEW humanity. Esa es la forma correcta de escribirlo. Habrá penalizaciones millonarias a quién ose no escribirlo como la regla dicta. Con Pérez Reverte de guardian de la puerta. Una especie de cadenero de discotaca cultivado y sagaz para rozarse con los señores de los 99 apellidos primeros. Una especie de clase dinástica local. Una historia de HOLA! nunca contada antes. El valor de las 99 familias españolas. Cualesquiera ellas sean. Estas son las mías.

Si me queréis iros.

Pero dicho con la frase exacta como lo dijo la tonadillera en su día con tantísimo arte. Si me amais veros. Si me queres fueres. Si me adorais daos. Si me idolatráis por cualquier gilipollés no me toqueis los cojones hijos de la gran puta que os reviento.

Eso queda muy feo. Censúrate. GOLman, censúrate. Ahora que has llegado a lo alto de todo. El juego finalmente te da la entrada como un futboartista particular. Abanderado de la revolución última de la historia. Como si lo que hubiera que hacer fuera desvelar las cartas que vamos quemando. Las jugamos ya. En un tablero universal que ya se está moviendo esta dirección. Se trata de un despertar social en toda regla. De seguir otras normas. De darle vuelo alto a nuestra tarea de reconstitución. Vamos a darle a este programa un sentido de explosividad del optimismo del momento en el que reabrimos el grifo. Sociedad sedienta de otro cotexto. Sin temor a los conservadores. Los nunca han sentido el anhelo de cambiar. Aquí os va la mejor propuesta que les hayan hecho nunca en su puta vida. Todo a la verga. A_LA_VER:GA. Se puede escribir así: lo acabo de hacer. Por mis NEW cojones.

You take cojones away from you.

And steal it in front of everyones screens.

The uggly thruth behind our fears.

People complaining how to explain mature feelings to their children by having to answer to Soul’s questions.

Soul’s questions.

My first NEW América sitcom.

A first commercial blast.

A blow off the roof productions film.

The first of its kind.

A new way evere way.

Evere is a new word from the NEW language: ticatalán.

I gave myself some nifty new tools to dominate my privilegde. NEW spain fron NEWELI.

Leave questions in the air.

Tasks we must undergo as NEW systems to reconsider.

Reconsider as a poet’s obssesion.

Same poem 99 times.

The sort of shit that would give enough time to allow completeness to entend into an infinity NEW trend.

We’ll a bit more than what we are told.

I have a NEW learning system.

The system itself considers the possibility of overflowing the ultimate state of joy: absolute consciouness into a NEW time: warrantied. An alternate NEW market. A new beast to balance the schemes of power games within the capitalist framework. How are going to lower the weapons. Let’s pay attention here, war lords. Let’s cut to the chase. We know you deal with weapons to the active local compensated with the two things that move that market: blood thirst money.

Like a game that’s played by some

And then you got labor stories.

There you find completeness of an untold story.

The working class stories from NEWCAR: el Carmelo reconstituido de un vecino escritor de la calle Dante Alighieri. El pinche guey supo que tenía que ser una versión del Cardenal, del grandioso Manolo, el del Sevillano y del Delicias. Un pijoaparte de New América que subió directo a la montaña y se quedó allá meditar 99 días. Al día siguiente bajó por la ladera del monte sagrado de NEWCAR: el glorioso monte carmelo. ÉL monte sagrado de la mitología NEWbarcinoana.

El monte Carmelo es el monte sagrado por estar escondido. Es un monte secreto también. El descontrol de este espacio natural sería una violación para los derechos que tenemos los que habitamos el espacio colectivo de nuestros parques naturales. Mi sesgo conservacionista por venir de una pequeña cultura que entendió (maes síganme un toque y van a ver cómo vamos a ganar el mundial con esta vaina, sea por las circunstancias propias que el guión nos guía para retratar la abundancia del recogijo de nuestro bienestar elevado a la 99 potencia. ¿Viéras?

Y uno se lo imagina. Se lo dejan de tarea. Se los dejo de tarea. Póngase en situación. Ahí les va una publicación. Ahí le van 9. Ahí le van 99. Ahí le van 999. Ahí le van 9999. Ahí le van 99999. Ahí le van 999999. Ahí le van 9999999. Ahí le van 99999999. Ahí le van 999999999.

El posibilismo de la serie del nueve.

La denominada serie sagrada.

El autor decide sobre los determinantes simbólicos de la distopia que se nos ocurre pertienente. En el modelo escolar que para los nueve años te dan a la tarea de definir como mínimo nueve ensayos de dispotias distintas en un plazo holgado de nueve año. Nueve años de aprendizaje de una cuestión que podemos acabar en nueve días. Tener el tiempo suficiente para desplegar nuestro plan. Idearlo de tal manera que transformemos la sociedad que procuramos retratar en una ficción audivisual un poco autoreferente. Desde una perspectiva que no nos podemos permitir no evolucionar a otro pedo por completo.

No es ni mucho menos una artimaña exterior para resquebrajar el pinche desmadrito que se me traen bola de cabrones. No vengo aquí con chingaderas. Nos podemos decir las cosas a la cara. Y aquí, señores, señoras, niñas, niños, los que no se afilian a ninguna de las maneras que hasta ahora les había sido posible definir exactamente quién decidíamos ser una vez tenemos consciencia de la multiplicidad de estados de la naturaleza de los tradicionales, a lo más, dos maneras de ver las cosas. Y encima la obsesión recurrente y crónica de autodestrucción entre vecinos. El odio entre las tribus. Los pleitos de vecindad. El foco de las historias periféricas. Desde aquí les escribe este novel autor, autodenominado futbolartista por el interés de fusionarles. Al futbol y arte. Como si entendiera que es un juego pertinente para poner sobre el NEW tablero del juego social al que aspiror atraeros.

Un tema resuelto de su multiversalidad de disrupciones.

Las reglas de una sistematización desde las bases del pueblo reconvertido: por la idea de un emigrante que se asumió como local para venir desmontar el estatus quo con la versión más surrealista de lo que puedo rescatar de lo vivido aquí mis primeros 20 años de ese milenio. Como si desde los pueblos tempranos de un milenio pudiéramos dejar un mensaje para últimos veinte del fin de lo que será este milenio. Si todas esas generaciones pasaran. Si asumiéramos la elasticidad del tiempo en esas dimensiones. Y nos perdiéramos en ella. Ahogaramos en sus mares nuestros desasosiegos sin sentido. El arte de autoflagelarte y reconstituirte en el arte mismo de ser quien eres, y simplemente estar vivo, leyendo un buen libro, a pesar de la distopia. Siempre presente. La distopia del estatus quo al que ahora llamamos capitalismo de los últimos 200 años, como si nos hubiérmos dado cuenta de lo que se pretendió con aquello en la época en la que nuestros juniors decidieron emprender la faceta psicopática de la conquista de otros pueblos hermanos a los que en nuestra subnormalidad los consideramos con amplio cinismo: inferiores. El corazón henchido de unas 999999 mujeres que se consideran en las antipodas del feminismo porque consideran que es una artimaña bolivariana construida para venir a destruir su mundo de desperate wives de barrio de la clase de abolengo de los Madriles y sus extrarradios amplios como la mancha ancha. Ser capital. Así tal cual. Como es, con su gracia y ritmo julioiglesiano. Con esa sabiduría de Valle Inclán que corre por las venas de los que lo han leído. El resto podrían caer desplomados en un fenómeno paranormal, que no dudaría un alcalde con dos NEW pares de NEW cojones, pedir a un artista menor al que deseaba promocionar a la realización de la película en la que dicho alcalde de la NEW capital de este otro Reino NEWMAD, capital hispana de esta otredad. Cuna de la RAE. Los vargallosistas.

Las filas latinoaméricanas de vargallosistas enlistados para el frente de sus ejercitos infernales, esos aprendices del autor, en su multiversalidad de maneras que sus sagradas palabras nos ha dado pie a criticar. No se crea. Es fuego cruzado de una tendencia de algunos escritorcillos menos de la supuesta quesque izquierda que nos gobierna ahora en la transformación definitiva de lo que cretinos que fuimos en cierta parte de nuestra historia mexicana de éxito. Lo que nos habían vendido que éramos. Y lo que realmente somos. Lo chido de verdad. Lo que nos queda de habernos reconstituido hermandad. En nuestra infancia. En los setentas y los ochentas. Atentos los que allá vivimos. Alivianen sus pedos. Vamos de vuelta a nuestros pecados. Los que ni vemos. La violencia machista de nuestra sociedad así como la vivimos. Y ahora que entendemos que no mames panzón. Nos pasamos de verda. Las vergas por delante. Luego luego el chiste con el chile. El chile fuera. El chile dentro. Pica y pica. Más y más. En plan ¿qué hacés? Qué rico. Buscado con la normalidad con la que nos abrimos de piernas cuando la intención es mutua. La no violencia de la relación consentida. El bienestar de todas las mujeres sexualmente liberadas. De sí mismas. De esta dominación heteropatriarcal que denuncian. Y que implica su vida en sí: sus derechos. Como ante la dramática circunstancialidad de que me suceda a mí, a vos, a tu hija, a tu hermana, a tu amiga, a tu madre, a tu tía, a tu sobrina, a tu mujer, a tí, mujer, a quién esto Dios no quiera.

Una parte de nuestra cultura está constituido por un pilar que consideramos superior desde que ponemos más peso a lo religioso que a lo civil. Lo que tenemos como ciudadanos y lo que tenemos por nuestra afiliación a una creencia es sí. Una comunidad autoconstituida alrededor del funcionamiento de una orden. Una orden como doctrina social. Con nuestros valores y nuestros modelos de emprendimiento, en nuestras sedes del saber. Nuestro saber: en todos los niveles. La doctrina religiosa como parte de lo mismo que asocio con la escuela. Los nuestros. Estar dentro o fuera. No me importa la respuesta. Es parte del dogma: excluir a quien no cree.

Llamarles pecadores.

Apuntarles con el dedo.

Aunque vaya en contra de la metáfora que Jesús les dejó interpretada en el performance qu eacompasó con sus doce colegas masculinos. Y una nena. Magdalena y Jesús en un aire de seducción de mutuo acuerdo. Un evangelio apócrifo escrito por Golman Mohammed relata el elemento sagrado de esa experiencia social a la que ahora entendemos que Jesús también tuvo acceso, y no la patraña moralina que nos traía el último concilio vaticano y sus 9 predecesores. La contienda de la doctrina se puede practicar desde adentro, y eso fue en realidad lo que llevó a Francisco a petarla entre la curia: el entendimiento de la globalidad de la acción de la autocoordinación de los sistemas complejos sociales, más allá de las fronteras de las creencias que nosotros mismos retroalimentamos con nuestra pantomima de relación directa con Jesús, la virgen de la Macarena, bailando la canción, con un purito en la mano de unas hierbas sagradas que el hermano mayor de Jesús trajo y desveló en una anunciación el último día del peor fracaso cósmico de la grandeza omnipoderosa de nuestro patético Dios Padre. Te la mamaste, pa. En serio, esta vez se te fue la cabeza. Humanos culpando a Dios. Con un dedo que le apunta a los ojos. Y los ojos se ven. A sí mismos, y se amenazan de nuevo. Desde la mirda. Desde la fimeza del índice que transporta el lanzamiento de nuestro prejuicio de guerra beligerante. Guerra a guerra sin tregua.

Al que intente.

Anunciar la guerra como acto de paz.

La lógica de nuestra necesidad armada como un doble juego de nuestra doble moral alimentando el fuego de los beneficios sociales del tráfico de armas, las guerras, los holdings participados por industrias de armamento. Esa parte del PIB. El dinero A y B. En grandes números. Y su derrama social. El prejuicio de como terminar con el poder de los que lo ostentan. A qué países hay que irse. A qué nueva historia hay que seguir. Les propongo que a la nuestra. Que a nuestro puto aire. Ahora van a ver lo que el futbolarte puede generar, una vez que hemos vivido el año en el murió Maradona.

Y recordarlo sólo por eso. O por la lucha feminista. Las argentinas que lo llevaron a las cámaras y lo voto un pueblo libre reafirmando el deseo de una ley que nos una. Por haber pasado por ahí. Por el debate público de lo que implica la reconstitución de nuestros cuerpor libres de violencia machista. Los nuestros. El mío el primero. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. La iglesia católica también es responsable de ese pecado. El solapamiento de la cultura heteropatriarcal está viciada por la doble corresponsabilidad de los hombres frente a las mujeres. De la iglesia sobre las mujeres. Y sobre los niños a escondidas. Vandidos. Papis. Adultos que han visto lo que es vivirlo. Y haber de callarlo. De soportarlo. De no poder acusar a la autoridad en medio de su abuso. El abuso de los abusadores. En qué momento pensaron que ese era el camino. Lo penado. La responsabilidad de la reconfiguración moral de las mente libres de pecado de la comunidad. Los que tiran la primera piedra. A que no hay. Ya nadie queda. Iglesias vacías. España actual. Iglesias. Vacías. Vacía. Una dualidad de dos culturas en las las antipodas que definen muy bien lo Caín y Abel de nuestra españolidad a odio perpetuo.

El odio español.

Español, español, español.

Lo injusto que sería sólo apuntar a una de las subtribus de todo el reino, siendo estas bestias tan salvajes. Salvajadas reales.

Salvajadas reales.

Y mae, qué salvajada.

El nuevo reality tuanis.

Mae, al chile, nosotros ya ganamos. Desde hace pura vida de años que estamos ahí. En un nivel más sublime. En una vara más parecida a la salsa, que a la capacidad de lleguemos al ataque con un poco clase mezcla de nuestra cultura de la creación de juego, lo que hacía Jaffet, o Paté, o como aquél 10 tan fino de la Liga, como se llamaba el mae, me viene Arguedas, pero ese era Osquillar, aquél fulano tico que se casó con una mexicana. La otra historia de nuestra dualidad. Ticatalana.

La dualidad es mi pastor, nada me faltará.

La dualidad es mi pastor, sin piña.

Nueve. Mi uno más ni uno menos. Con un único número resuelvo el dilema matemático planteado. Escojo el nueve. Una vez haga este truco el mago ya no tiene manera de mantener la ilusión frente a una sociedad entera reconstituida: una vez pasada, entera, por el aro de ALLS.

El sermón de la montaña

Hola, mi nombre el Golman.

Soc el nou del poble nou.

No he dit nou dues vegades. O sí. Ho he dic amb un significat dual. Soc nou: vaig arrivar ahir. I soc un nou pur. Amb gol. Vinc a proposar-vos una transformació interior que hem d’asumir si volem quelcom nou.

Potser repetiré nou cops això: jo soc el nou.

El meu refugi a la muntanya en un dia amb boira. La meva passió em va portar a la meva muntanya sagrada. Per esdevenir qui soc. El que hi ha a la muntanya. Jo mateix. Una emergencia col·lectiva.

A ón? A la surrealitat? Al mon real?

Depen de voste.

Voste, creu?

Lliure soc. Lliure soc. Val?

Potser en algun moment he jugat la carta de victima. Ja ni ha prou. He d’avançar per la banda Nietzscheana i Shopenhaueriana per tirar pel procomú. Això que Marius Carol no li agrada. Puc donar la raó o discrepar. Discrepar amb la Colau. Esquerra i Dreta a Barcelona. Les suspicacies dels dos bandols de la ciutat. Potser l’enemic comú estava a fora, i potser també dintre.

Si voleu quelcom revolucionari, quelcom nou, anem a fora. Amb algú que entengui tot plegat, pero que també estigui lliure. Lliure de tots els pecats. Us estic fotent el dit a la llaga amb aquesta peça.

Estic al bosc perque estic a la meva muntanya sagrada. Necesiteu un pijoaparte. Això sóc jo.

Aquesta llengua us sonará, pero no us equivoqueu: es tracta d’una llengua nova: el ticatalà.

No es pel meu nom: Golman. No és només això. És per la emergència col·lectiva que hi ha darrera.

El meu pla el tinc fet de fa nou anys. Pero no l’he dut a terme. Qué més ha de pasar per dur això a terme.

Això va de filmar en vertical. Oposat a lo que normalmente faig: la meva horitzontalitat.

Jo el que he fet és crear un format. Els formats el que et donen és fer quelcom replicable.

El meu petit continent: New América.

Jo vinc d’un altre petit país. D’un altre muntanya. D’Escazú. Alla vaig estudiar i em vaig fer Bruixot. Aquesta sabiduria que percebeu ve d’alla. De saber escoltar. Als altres. I dins meu.

Aquesta ciutat está col·lapasada. Acabada. Que hem de fer? Tirar endevant. Tots els noms han de canviar. La meva innovació nominal. Un moviment social més fort que quelcom disruptiu.

El Tico Commons: el Gaia.

Com?

Actuant al present. Actuant a la ment. A nivell perceptiu. Estem bé. No patiu. Anem a per totes. Quina sort! Estem vius. Quina sort. No hi ha res a la experiencia humana. Potser escriure. Potser llegir. Potser fer un homenatge als teus pares. O dir-li a la teva parella que l’estimes. Que anem a fer la revolució. I explicar-li a la filla. Qué diuen els meus pares?

Vaig a pujar la muntanya. Fins adal de tot.

La ciutat ja no hi és. M’ho miro tot amb el distanciament d’aquell que puja a la muntanya. Per trobar-me lluny de tot això. També em fa mal.

És alla al camp on tinc el meu veritable recorregut. Jo vull que això sigui un moviment que aquest pijoaparte fa, vulgent fer Manolo, o Juan Marse de Ticataluña.

Haters a tot arreu.

Pujo la muntanya i faig videos, crides, relliscades.

Esborrem-ho tot. Deixem-nos d’hosties.

Això és lo que us puc oferir de tot cor. Això serveix cap a quelcom campanya que vulgueu.

______

Ni yo me aguanto. No pude seguir escuchándome. Cuando escribo saco lo que la mente me dicta. O lo que la pantalla me enseña. O lo que mis dedos deciden. Es un teclado el que hace la transición tecnológica del código de esta lengua. O la que sea. La mía. El ticatalán.

Me parece que en esta pieza finalmente toco todas las piezas que quiero tocar hoy día. Que son demasiadas. Pero están ahí. En ese momento justo. Más de lo que cualquier cabeza puede percibir y captar, pero es lo que hay. Un performance del directo de una vida que sube a la montaña con la disciplina con la que Sísifo se despertaba cada mañana para subir su pinche piedrecita. Con una victoria dedicada al mito: yo sí alcanzo la cima. Pero no hay nada. Es llegar y tocar el cielo. Tal y como Sísifo se lo habría esperado. Pero la pinche piedra rodaba hacia abajo, otra vez. Un sueño recurrente. El mismo sueño. Como Golman, y el día de la emergencia. Creo que ya está más cerca. Los astros se alinean. Como si el espíritu de Maradona y Paolo Rossi, ambos, me hayan invadido y pretenda que los represente, lo más dignamente posible, en todos las coordenadas del terreno de juego. Y de alguna manera, que les explique en la sintonía social que representaban sus vidas. Para ellos, mitos, y para nosotros los mortales.

Nada: una epoya moderna. Con los temas de la actualidad. Y la universalidad de Ulises lanzándose a la aventura.

El Mediterráneo no se veía por la densa tiniebla. Yo sabía que el monstruo estaba ahí. Aquí. Dentro. Y también se que en ese día lo exorcisé. Porque pasé por ahí. Como si nada, para volver corriendo a casa, a una reunión que debía empezar en 9 minutos. Así que mi entrenamiento continuó: bajar la montaña.

¿Para qué? Para cambiar el mundo.

La emergencia disruptiva es mi único objetivo.

Esto se pone en marcha.

ALLS

El tren del mame

Si me quisiera subir en un medio de transporte en particular sería, sin duda, en el tren del mame. Ahí está lo que hay que ser, en el momento justo, ahora. ¿Qué más puede haber para un inverbe que pretende ser algo/alguien para los ojos de los demás? El mundo está atento a lo que se dice en el tren del mame, cojones.

No se crean nada. Ayer tuve todas las influencias literarias, musicales y vitales que puede abarcar una única persona en un sólo día. Empezando por Ulises. El de Joyce, claro está. No querría parecer ahora que soy capaz de narrar las historias de un viajero por el mediterraneo en busca de un porvenir que nunca llega, mientras se debe lidiar con Dioses varios, mounstruos mitológicos milenarios, el mar, la playa y los desencuentros con los que te topas cuando juntas a personas de todas las latitudes el puto planeta azul.

Ya sólo me faltaría meterme en el embolado de la física cuántica para hacer ver que la entiendo, primero, y luego para plagiar dos o tres metáforas de Carl Sagan, y hacer ver, coo si nada, que son propias. El tren del mame requiere este tipo de habilidades y no cualquiera posee la capacidad para subirse en él. Es un poco como el Hotel California.

Pero ahí se me está yendo la vena musical por el lado incorrecto del tren del mame. Mi tren del mame de ir por ahí iría a descarrilar en el barranco de la música sin sentido. Y te toparías con una horda de elfos y demás figuras mitológicas «modernas» jugando a ser el alter ego que defienden en su juego favorito en linea. Geimers pues. Ese tren del mame, de momento, lo dejamos pasar.

Es muy fuerte todo lo que se puede condensar en un día de un ser humano cualquiera. En el fondo para subirse en el tren del mame se necesita ser un don nadie. Alguien de barrio que pasa desapercibido por la vida. Con la capacidad de caminar por su ciudad y recorrerla todo lo que haga falta para estar en el meollo de su ciudad, sin necesidad de estar haciendo nada especialmente relevante o mediático previo al momento justo para despegar hacia el viaje definitivo de la aventura del héroe.

El tren del mame de James Joyce (ahora sí entro en materia, que se creían) radica en creer en la literatura antes de creer en cualquier otra cosa, y dedicarle a ella lo que se requiere para crear obras que se sostenienen en el aire por sí solas. Inclusive si en esa voluntad de subirse en el tren del mame se pierde la inteligibilidad de lectura de sus millones de esperanzados e insensatos lectores que se embarcan en el tren del mame de entrarle a un libro mítico como podría ser Ulises.

No llegué al tren del mame por voluntad playgroundiana de dejarme llevar por los trend setters de mi vida. En su día me subí al tren del mame de la innovación disruptiva y los planes estratégicos, y conseguí diluirme en un vórtice decadente que me llevó a los mismísimos límites de la desgracia. Estuve en el tren del mame de la miseria humana, aquella que sólo se puede imputar a uno mismo, incapaz de salir de ese barranco mientras no tenía voz para gritar nada más que señales disminuidas de mi inacabado personaje. Mi propio tren del mame me dejó tirado en la estación y partió para no volver nunca más.

Pero esto no va de intentar apuntarme al tren del mame de la desgracia. O más bien, del desgraciado. Ese tren del mame ya lo habité en su día. Y fue un tren del mame sumamente doloroso. Y no tuve la capacidad de llevarlo a ningún puerto valioso. Ni siquiera a un puerto apestoso. Todo el mame me lo comí. Me lo guisé y me lo comí. A lo mucho el tren del mame de aquél entonces me empachó, y con la gula me engordé, de manera enfermiza, de mi propia voluntad de mamador.

El tren del mame al que quiero subirme tiene pues componentes musicales, otros cuantos online, pero sobre todos una determinación inequívoca de asumirme en el directo. La capacida de transmitir un show que se despliega ante las cámaras de un tinglado que está pensado para que subsista en el tiempo. Como todos los zooms y demás eventos que se están llevando a cabo y que pueden desencadenar que el tren del mame se traslade por siempre a nuestra vida digital, sitio al que no querían llegar algunos antogonistas máximos del tren del mame. Sin embargo, el tren del mame pasa sólo una vez, y hay que tener la capacidad exacta para subirse en el adecuado.

Pero no se preocupen. Si usted es un fanático del tren del mame lo más probable es que ni siquiera lo sepa. Y que su manera de subirse al tren del mame está condicionada por su capacidad de asumirse como un borrego dentro de un rebaño. Que no está mal del todo. Lo que usted quiere en realidad es que el resto de los borregos le miren a usted. El tren del mame es una competición para ver quién entra antes al sitio en el que nos está encaminando el tren del mame del puto perro que obedece al amo: el pastor.

El Señor es mi pastor, nada me mamará.

Ese tren del mame tiene sus riesgos. Y sólo ha sido tocado de pasada para no dejar escapar esa posibilidad de subirse a ese apreciadísimo tren del mame que incerta el pene en el ojo ajeno.

No se me vaya a malinterpretar. El tren del mame de la claridad no es precisamente aquél que permite entender a James Joyce en su totalidad. Ni siquiera en su parcialidad. Lo cierto es que quizás nos queda tan lejos que tan sólo unos pocos llegan a la antesala de la oportunidad de subirse al tren del mame de la literatura. Y eso es un aberración social de nuestros días. La incapacidad de entendernos lectores, sin más, de cualquier tren de mame de cualquier sujeto con los cojones, y los ovarios, suficientes de subirse al tren del mame de los autores de libros. Los, y las, escritoras.

El tren del mame de las escritoras es exactamente el sitio al que quería llegar a parar. Así que sin más dilaciones, ahí lo tienen. No se puede pretender nada más insolente que tener la idea en solitario de alguien va a querer levantar un libro (que ya compró, ojo) para leer una historia que ha salida, completita, de mi desauciada cabeza. Me subí hace años al tren del mame de la locura, y desde entonces no he salido ni un minuto a la sanidad mental. El tren del mame de mi delirio me persigue insesantemente por las noches, o bien para matarme, o bien para forzarme a salir de la cama a escribir a intempestivas horas de la noche. Sobre qué, se preguntará el ávido lector. Pues eso, sobre nada en particular, y sobre todo. Sobre todo el tren del mame.

Ahora parece chiste fácil. Juegos de palabra para emular, sin fortuna, un ejercicio sencillo como plasmar tan sólo un día en la vida de un tipo normal que de pronto, de la nada, se embarca en el tren del mame. Esa es la máxima de las aventuras que acompaña a todo protagonista de una historia, en realidad. Y ese tren del mame quizás sea el mismo para todos los tipos normales que salen a buscar la aventura de su vida. Hoy precisamente. El tren del mame nos lleva a pensar que estamos en el presente que queremos vivir. Y por eso, hacemos los que nuestro llamado particular nos ha dictado: súbite a tu puto tren del mame. Ya.

Y vas y te subís.

Lo más heterodoxos de la lengua criticarán que de pronto les hable de tú y de pronto, sin intermediar, les hable de vos. Pensarán que hay algo mal en mi tren del mame literario. Y puede que tengan razón. Pero el tren del mame de iros a tomar por culo tiene esos niveles de libertad que te permiten asumirte como una estrella de rock and roll. El último y definitivo tren del mame superior.

Es a este tren del mame al que verdaderamente quería venir a parar. Escribir a las cuatro de la mañana es parte de un tren del mame paralelo. Eso tan sólo responde a la incapacidad de haber direccionado adecuadamente mis ímptetus literarios por los canales que el tren del mame del mundo editorial dicatan. Y esa consecuencia la absorbo como propia. Todavía estoy subido en el tren del mame de que mi obra no está lista. Quizás porque aspiro a que en el peor de los casos mis libros sean tan estrepitosos fracasos como Finnegans Wake y Ulises, juntos.

No lo digo yo. Eso sería haber asumido el tren del mame del plagio. Que tampoco vamos a venir a crucificar a nuestros compañeros y compañeras plagiadoras. Todas las asambleas y los comités de dirección tienen aquél individuo que repite, con otras palabras, y a veces ni eso, lo que tú acabas de decir hace unos segundos. El tren del mame de me gustan más tus ideas que las mías. Pero en realidad las ideas no son de nadie, dice otro. Y es verdad. Y no. Pero lo que importa es a dónde nos transportan esas ideas elementales que asumimos, por nuestra cuenta, o que transformamos en otra cosa tangible que podamos digerir. Es la creación, el texto, la consagración de trasladar el tren del mame que capturamos de algún impulso vital que percibimos, independientemente de la fuente exacta de dónde esta haya venido, y luego, acudimos a la ceremonía de la escritura para hacer de aquello, esto.

El tren del mame literario tiene una alegoría que cuelga de sí misma. La soledad del escritor es un oficio de quién se dedica a escribir. Y nada más. Luego hay otras esferas que envuelven esa liturgia. El tren del mame de los lectores, que pretende de entrada entretenerse con algo para construir una transformación inmediata de sí mismos. Algo que les lleve a otro sitio. Algo que les permita verse en el espejo. Asumise como Ulises. ¿Lima?

El tren del mame del escritor latinoamericano en la capital del reino es un viejo ejercicio de impostura al que se apuntan bastantes compatriotas que cruzan el charco para magnificar la estación final de su trayecto. No conforme con haber fracasado ya en su intento local por subirse en el tren del mame de la picardía local, ahora intentarán hacerle creer a otro pueblo, que son dignos de reconstruirse a sí mismos en directo. Ese tren del mame de la impostura viene precedida de un trabajo decidido por la forma literaria que están viendo ustedes entrar a su mente. Se trata de un ejercicio de prestidigitación que tuvo que venir de fuera para tener la soltura de subirse en el tren del mame que ningún niñato, o niñata, local habían sido capaces de asumir. El gran tren del mame superior.

Pues a ese tren del mame su subieron los personajes de los que hoy les vengo a hablar. Todo empezó por un tuit que vi hace un pard de días y que pregonaba la venida de una charla en directo que tendría lugar en El Sótano, la liberaría en Miguel Ángel de Quevedo, esquina, casi, con Universidad. Debo decir que esa esquina representa toda mi biografía como newdfiano. Los cuatro vientos podrían partir de esa rotonda y dibujar toda las cosmogonía de la gran capital urbana al sur de la ciudad. En ella, los coyotes bailan con la hegemonía con la que solían hacerlo antes de que los cazara, todos, el puto Hernán Cortés.

Quién sabe si valga la pena subirse al tren del mame de la ofensa de los gachupines frente a nuestra capital sagrada. Quién sabe si ese tren del mame está consagrado a estirar el máximo tren del mame de la víctima que prefiere serlo a subirse a otro tren del mame menos mamador. Sin que el acto en sí por el cual nos asumimos como víctimas eternas tenga que ser borrado del tren del mame de la memoria. Al revés, podemos hacer un tren del mame que permita que ambas cosas sucedan, inclusive si se quiere incoporar una dinámica grupal de desahogo como el tren del mame de los dos minutos de hate speech de 1984.

El protagonista de este día mamador que transcurrió por mi cabeza como una serie de pensamientos encadenados, y que ahora en la noche, aparecieron todos de repente, al mismo tiempo, en la lucidez onírica. Se trataba de una entrevista, de un evento, de una promoción literaria, de un directo musical, de una presentación de dos libros, y de una plática fresca. La música como hilo conductor, pero también los libros. Y la vida que involucra ir a conciertos. Y narrarlos. La experiencia del directo como un valor social superior. El tren del mame de la masa transformada por la música. No cualquier música. El rock and roll. El tren del mame de la música que importa. La música que trasciende. La música que nos habita. La música que nos interpela al acto más banal, o al más sagrado. O a ambas cosas, mientras seguimos planeando qué vamos a hacer con nuestra vida.

Bloom estaba por ahí dando vueltas. La ciudad, su día a día, mientras algo le rondaba por la cabeza. Una mujer. La suya. Y una infedilidad. La trama parece ser una historia común. Lo único es que justo es aquél día el que cabe en todos los días. Inclusive en días de pandemia. Pero ese día en particular son todos los días. Y todos los días son así de dublineses. Y así de universales. Como todos los días, miles de escritores se sientan a escribir historias para crear personajes que se decidan a trasformar su realidad, o que esta, a su manera, les sobrepase de una vez por todas, ese día en particular. Un día cualquiera.

Ayer fue un día cualquiera. Trabajo; lo justo. Impulso externos que se cuelan por el teléfono. Charlas a las que accedes por una liga que nos lleva a un directo, en su día, que quedó por siempre en las redes. Ahí está. Y lo consumí mientras seguía con las labores de creación de mi trabajo. La plática era entre dos autores de sendos libros de música. Ella, cuyo nombre no recuerdo en estos momentos, pero que cuyo libro son unas entrevistas con pilares del rock and roll mexicano, y cuyas historias crea un mapa de desolación del presente del rock mexicano, que sigue evocando el pasado de su construcción en el presente de lo que aquello fue. No hay más bandas recogiendo la batuta. Y nos parece que ya no habrá nada más, a no ser que el rock and roll mexicano se vuelva a reinventar.

@Charlifornication y @soymarianah hablando de la honestidad de sus respectivas obras literarias que versan sobre música. La honestidad de escribir respecto a la manera de vivir la música como un acto de superviviencia y afirmación. La música como una responsabilidad con una mirada crítica que no se para en acto de regocijarse en el tren del mame del crítico de arte hater. Evelinos de la música. No voy a entrar al tren del mame del juicio cruzado.

Una visión de una mujer que seduce a las estrellas del rock citándolos en una mezcalería para que le entreguen los secretos que le habría gustado a Paty Chapoy desvelar en el momento justo en el que la audiencia lo espera, para entonces ir a comerciales. Pero resulta que parece que es más bien un Juan José Orijel. Cuate, aquí hay tomate. Lo que parece haber removido esta asociación de pilares del rock mexicano es su propia decadencia. Y su diagnóstico tiene músicos cuya música puede llegar a transformarnos todavía. Lo bueno de la gente que se dedica a este tipo de relatos es que nos acerca a eso que queremos: la experiencia musical superior. Escuchar con consciencia. Como si la música nos fuera a dar una salida. O quizás, tan sólo un espejo.

Pero es aquí en donde el tren del mame llega a la estación final. En el mismo evento, se presenta el primer mítico toquín de un grupo de rock and roll mexicano que viene a dejarnos claro que el partido todavía no termina. El gran otro. Así se llama el grupo. El vocalista de la banda, Eduardo Rabasa, alias Lalaland, se subió hace veinte años al tren del mame de la edición de libros, cuando fundó, junto con otros cuantos mamadores, la mítica editorial sexto piso. Años después se subió en el tren del mame de la literatura, asumiéndose pues, como Joyce entonces, en un creyente de la literatura por la vía de quien cree poder explicar el mundo con una historia, tirando de todas las herramientas literarias que ha sido capaz de acumular en su esmerada labor de lector. Y con el tren del mame de editor a toda máquina. Por si fuera poco, su tren del mame también pasa por la estación del traductor, esa parte más sutil del mundo editorial que crea un vínculo entre dos lenguas para trasladar a los lectores de otra cultura, el magnitud exacta del gesto lingüistico de otra latitud. Pues Lalaland, no contento con haber transitado casi todos los trenes del mame, y habiendo escrito también sobre música, y la experiencia del directo, se ha subido al tren del mame más sublime: el de la estrella de rock. El gran otro, además, tiene a Jisus en el bajo, a «El banano» en la batería tracional, otro baterista (el gran otro debe hacer referencia a lo grande que es tener una banda con dos baterías) y un polifacético tecladista y baterista, al que también se suma la versatilidad de Lalaland para apuntarse al tren del mame de la guitarra acústica-eléctrica y al pianola mamadora, esas que soplan, como el Tacvbo hermano de Cara Dura.

El tren del mame de El gran otro llena el vacío que detectan los ponentes de la plática. En directo presenta en tres secciones sus primeras seis rolas. Cinco originales y un cover. El primer momento musical de El gran otro tiene unos fallos de sonidos que opacan la voz de Laland, que se excusa explicándonos que están en proceso de creación. La última vez que vi a Laland pude escucharlo, por primera vez, ensallar en directo en un estudio cerca del parque hundido. En aquél momento eran covers. Y sonaba bien. La energía estaba ahí. El trance también. La estrella de rock necesita que su música transmita lo que su cuerpo representa. Lalaland ya había habitado con éxito todos aquellos trenes del mame que el mundo de la literatura le ofreció, tras apuntarse al tren del mame de estudiar dos carreras, ciencias políticas en la UNAM, y economía en el ITAM. Sólo por apuntarse al tren del mame de me la pela la educación superior. El tren del mame de la titulación lo sanjó con una tesis sobre poder y literatura en el que abordó a Orwell como eje de su pensamiento político-literario. El tren del mame de las distopias tampoco le es extraño: sus novelas lo son, y en parte, su vida también. Y la nuestra. Su música, ahora sí con letras propias, reflejan el precipicio al que nos enfrentamos mientras caemos a lo más profundo del vacío. El sitio oculto y lleno de vitalidad creadora en el que el tren del mame del despeñado aprovecha para ordeñar las letras de una catarsis reveladora.

El rock and roll mexicano está en vía muerta. El gran otro ha llegado, en el momento justo, para llenarnos de ese vacío.

El tren del mame ha llegado a su destino. Gracias por la compañía.

El feminismo es el movimiento político más importante de nuestro tiempo

Los hombres que se sienten amenzados por el feminismo no han acabado de entender de qué se trata. Tampoco le toca a los hombres hablar mucho sobre el feminismo o la desigualdad de género. Eso le toca a las mujeres. El diágolo de las experiencias sufridas es lo que genera una conversación diferente a la que no habíamos sido llamados. Y de hecho, ahora mismo, tampoco nos toca a nosotros hacerlo. El rol masculino del feminista hombre es más bien asumir el papel secundario que tiene dar paso a lo que las mujeres, como mucho valor han sabido generar por sí mismas. Esa fuerza para oponerse al poder heteropatriarcal es sin duda la máxima esperanza de nuestros días.

La causa me parece la más justa y necearia de nuestro mundo en decadencia. Los pilares de nuestra sociedad se están tambaleando y nosotros apostamos todavía por los viejos valores: el varón primogénito blanco y capitalista. Por ir a lo seguro. El don de mando de toda la vida. Boys will be boys. Pues las mujeres han dicho basta. Y todavía quedan lugares en los que las mujeres, sus historias, sus cuerpos, deberán ser re-conocidos. Habitar tu cuerpo sin los lastres de los condicionantes que la religión, la moral y la sociedad heteropatriarcal les/nos ha lastrado a ser cómo somos. Sometedores del cuerpo de la mujer, de manera vedada o con el más putrefacto cinismo de nuestra cremallera abierta.

El terror de la violencia que se mantuvo en silencio tanto tanto tiempo. Lo que hay que aguantar como mujer ante según qué circunstancias de la vida. Los límites de las cuestiones inomrales de los hombres machos de nuestras biografías familiares. Todas las historias de machismo están acuñadas en nuestras cuatro paredes. La cuestión intrafamiliar, y la dignidad del apellido ha sido el pretexto más utilizado para que algunas mujeres hayan callado hasta ahora, cómplices de los silencios que enmascaran las vejaciones, las violencias, hacia cuerpos de mujeres indefensas, que no están dispuestas a vivir con el temor y el miedo de formar parte de esta sociedad viciada.

Quizás no lo podamos entender. Nuestra educación nos llevó a transitar por estos caminos, y no nos dimos ni cuenta. Quizás hay que borrarlo todo y volver a empezar. Con un cuento nuevo. Como si eso fuera a dejar el relato hasta ahora vigente en fuera de lugar. Puede que las inercias del heteropatriarcado sean demasiado fuertes para tambalearse con el suspiro de una multitud de mujeres que se presentan libres ante nuestra pasividad acomodada. Lo que pasa es que cuando su voz se levanta con la fuerza colectiva de otra manera de pensarnos juntos a partir de las antípodas de lo que no puede estar permitido, ni solapado, ni pasado por alto. Basta. Nos lo han dicho de la manera más audaz. Con un ejemplo de cómo luchar. Con el foco puesto en las minorías que no tienen esa representatividad que en otros momentos pensamos que había resurgido del fondo de nuestro armario. La sociedad que se integra a partir de esta construcción colectiva del futuro representa la posibilidad de sanar en comunión a nuevo credo. Ya no hay liturgia, pero sí amor. Y en este proceso, lo que queda atrás puede que se regenere en forma de otro fenix. No hay problema. Todos nos habremos transformado en el proceso. Y el día de mañana lo que antes no nos era evidente, ahora, por siempre, nos retumbará en la cabeza como esta canción:

La violencia que viene de todos los hombres que han conocido: hermanos, padres, hijos, tíos, primos, novios, desconocidos, maestros, padrecitos,…

Los hay quienes se ofenden. Quizás sienten pasos en la azotea. Quizás las consciencias del heteropatriarcado se sienten fuertes ante las nociones que desvelan los pecados de sus violencias. Quizás dicha tranquilidad que guarda el feminicida le permite seguir como si nada. La sociedad estaba dispuesta a solapar estos pequeños deslizes de los hombres fuertes del poder. Porque no es que se pervirtieran: eran así. Así habían sido siempre. La fractura del macho que debe ser macho por seguir alimentando al monstruo. El machismo no tiene fondo. La virilidad como valor, como las historias de todos los hombres de nuestros mitos fundacionales. Como si la costilla fuera tan sólo una casualidad. O que Dios Padre sea hombre. Y macho. A imagen y semejanza nuestra. Quizás por eso el hombre piensa que tiene un rol más particular y sagrado. Si Dios fuera madre sería otra cosa. Dios Padre no puede ser Dios madre. Ni con una madre tierra. Claramente ella es la vida. Y nosotros ellas. Tenemos claro que el Sol es un astro heteropatriarcal. Y la simbología que arrojamos sobre nuestra devoción a la estrella más brillantes del firmamento nos ciega ante la posibilidad de estrellas más grandes más allá de nuestro marco de entendimiento. Los multiversos no sabemos demostrar. Lo único que se me ocurre, como siempre que pienso en la necesidad de una demostración matemática, es en ir por la vía de la reducción al absurdo. Pero son cosas que sólo me sirven a mí. Son parte de mi singularidad ante el deseo de transgredir la norma, las reglas establecidas, y el entendimiento generalizado por diversos subconjuntos de la sociedad que se asimilan a sí mismos como miembros de una misma cosa.

Quizás debas escuchar de nuevo esta canción de Vivir Quintana. Así, en bucle, entrar a un trance final.

Feministas dialogando

El proceso psicoemocional de las mujeres pasando sus textos por sus cuerpos. Escuchar y hablar. Entretejiendo historias testimoniales de otras mujeres. La afirmación de las mujeres ante lo que mucho tiempo se mantuvo en silencio. El machismo del heteropatriarcado global. La inspiración. Estaba decidida: jamás amaré a un imbecil. En cada libreta hay un cosmos/un desastre. Cómonace del caos un cosmos. Los procesos de escritura colectiva. La escritura como resultado de la conversación que se mueve constantemente. Cómo generar un orden desde ese caos. Escucho a Valeria Luiselli: estructura vertical, patriarcal. Los orgamos masculinos y femeninos son distintos. El masculino es cómo se aprendió la escritura: inicio, medio, climax, y de ahí para abajo. En cambio el climax sexual se multiversa de una manera imposible de asir para el patriarcado. Nunca le ha interesado. La ausencia de interés de los hombres para conocer a las mujeres.

La valentía de Lydia Cacho. Su niña interior. La voz de un diario de 13 años que se escribe a sí misma. Las figuras arquetípicas de las mujeres. La escriura no sucede dentro de los mandatos autocontenida y autogestante de los hombres. Las lecturas que reconocen los vínculos con las otras. Mujeres con cuerpos y luchando desde su persona y desde ahí escriben. Desde sus cuerpos. Y su inteligencia.

Las recomendaciones de textos feministas. Lydia: leer a todos los machos. Qué le pasa a este imbecil. Leer los orígenes de la política. De qué me estás hablando de democracia si excluyes a las mujeres y a la niñez. Cualquier libro que se te antoje leer: miralo de manera crítica. Lee a todo tipo de personas. Desde dónde estás leyendo tú también. Cómo haces la crítica de lo que tengas en las manos. Lee mujeres. Entra en una librería y ojea lo que han escrito las mujeres. La isla de las mujeres del mar. Le encanto a Lydia. El de Brenda Lozano: el de brujas.

Valeria leía y se brincaba Simon Bale, no cree en Dios, se salta lo que dice. Leía a Platón y se saltaba sus micromachismos. Despertó tarde respecto a las condiciones desiguales de las mujeres. Proceso de reeducación de las mujeres. Un par de compañeras que se reunen. Mujeres que nos parecen interesantes. Suburban housewives club más radical. Joy James, crítica maravillosa. Audre Lorde: Sisters outside. Un ensayo que fue conferencia. The uses of the erotics as power. It’s on youbube. Hortence Spillers. Muy interesante para leerla a la primera. Lo que a mí me ha cambiado es la conversación con mis amigas colegas lationamericanas. El trabajo de las escritoras de mi generación, de las más grandes y las más chicas. No nos enseñaban a mujeres. Nos hemos tenido que reeducar. Desaprender.

El patriarcado nos atraviesa a todes. Algunas despiertan antes, como Lydia. Su mamá siempre le decía: qué vas a hacer por eso. ¿Cómo vas a cambiar el mundo? Hay una parte muy poderosa, y otra muy cansada cuando eres pequeña. Mucha responsabilidad. Descubrió: no nos enseñaro a cuidarnos. Es importante saber cuidarse. Nos dio una fotaleza como adolescentes que sus amigas no tenían. La fortaleza para rechazar la estupidez.

La madre de Valeria tradució su texto. Hay muchas cosas que heredamos de nuestras hijas. Qué cosas estoy diciendo que tendrá que reconstruir mi hija. Había llorado mucho de rabia, como madre, por qué les pasa esto a nuestras hijas. Qué no hacemos esto como madres. Estás luchando contra una estructura profundísima de mil cabezas. Que no se cae facilmente.

¿Cómo desperatar la mirada crítica en la infancia?

¿Qué preguntas hacen ahora que cuestionan lo aprendido?

La mirada crítica en la infancia tiene que ver en la honestidad. Mi madre era brutalmente honesta con ellas desde el principio. Vas a crear unas hijas inadaptadas. Qué bueno. Que no vivan sometidos a una presión idiótica de la sociedad. Llevaralas a las ciudades perdidas. A los horfelinatos. Platicando con un niño de la calle que sacaba una navaja. Conocer la alteridad, la otredad, de manera muy orgánica. Siempre preguntando. Jugar con elles a aprender y atender el mundo a través de la visión del otro y de la otra. Nos enseñan a educar mientiendo. A mentir educando.

Valeria da clases en USA. El espacio del aula. El espacio del texto. ¿Qué tipo de estructuras estoy reproduciendo porque en esas crecí y viví? ¿Cómo desverticalizar las estructuras en las que viví? ¿Cómo se generan espacios más fluidos, más caóticos, más desordenados, para que de ahí surja algo más rico y horizontal? Gaby, Brenda y Valeria: ecos en la frontera: la figura de la colaboración. Un museo: un texto para el catalogo… hablar desde el lugar de la mujera latinoamericana: check en el diversity quota. Hace unos meses una vieja conocida de Valeria, editora de libros de arte, le ofreció hablar con escritoras y otras formas de colaborar: ¿qué estás pensando ahorita? Le conté del proyecto de la frontera y empezó una conversación que hasta ahora ha seguido para que el museo ayude a toda la parte financiera. Es importantísimo adoptar ese modelo de colaboración para que las voces que ella quiere estén presentes en ese proyecto. Mira, escribí esto: qué te parece. Una fluidez desordenada de lo que surja. Un caos, un cosmos más rico.

Fernanda, desde el Itsmo, geógrafa, les saluda. También es autora del libro. Educar chamacas que piensen desde las diferencias. ¿Cómo educas a una niña a desobeder los mandatos patriarcales, racistas, clasistas? ¿Cómo se va encontrar una chamaca libre en un contexto que la pone en riesgo físico? Eres muy desobediente. Cómo hacerlo sin que me cueste la vida. ¿Cómo cambiamos el mundo?

¿Cómo hacemos para no amar imbéciles? Es un debate muy importante. Otra presentación pendiente para esto.

Dos o tres trozos de pizza de más

A las 1:11 el derrame fue casi mortal.

La vida sigue, no sé muy bien cómo. Es un milagro estar aquí. No lo sabemos del todo. He librado a la muerte una vez más. Y me ha traido la voluntad aquí, otra vez, a dar testimonio de ésta anomalía: seguir vivos. Vos.

No lo sabemos bien. El tiempo que uno está aquí es un grano de arena respecto a la existencia en su totalidad. En términos temporales. En términos atómicos, no quiero ni pensarlo. Nuestra insignificacia es la medida de nuestra madurez.

Si sabemos verlo es porque ya hemos recorrido suficientemente la profundidad vasta de nuestro aparene ser. O quizás de la apariencia de ser. O de saber ser. O ser sabiendo lo suficiente para entender que poco sabemos, si eso, o nada. Pero no osemos saber demasiado, ni lo contrario: no saber siquiera si estamos vivos.

Entonces ya nos quedamos tranquilos. No hemos muerto hoy. Quizás la sabiduría necesaria para afrontar el día se esta. La suficiencia del optimismo basta con entender al menos esto. y saber aprovechar lo que le queda al sol para dar la vuelta completa. Si es que acaso no estamos siguiendo una pauta para entender por completo el viaje eterno que emprendíamos cuando entendimos que lo que hacíamos era por algo más que por hacer pasar el tiempo.

A final de mes llegará un cheque con mi nombre. Unos deudores vendrán a buscarme de la misma manera que un mandalorian tendrá un encargo con mi nombre. Él sabrá qué le compensa más. Muchos virus estarán activos mientras alguien busca cómo serruchar el suelo en el que ahora mismo descansa mi masa inerte en reposo.

Despierta, anda, que no has muerto hoy. No tienes que sentir vergüenza, otra vez, por haber cómido esas cinco piezas de pizza de más. Quizás mañana aprendas a tener un poco más de seny. Parece ser que ser ticatalán no es suficiente. Quizás habrá que ser alguna cosa más. Quelcom mes, que dieuen.

Siento que he perdido el tiempo. Que no es lo mio lo que hago. O que si lo es, todavía espero resolver un llamado mucho más profundo a ser/estar. Ese «to be» por el que Hamlet despierta un día dispuesto a ser alguna cosa más que lo que la existiencia, hasta entonces, le habia perfilado como camino. Y de das cuenta que sos vos. Te das cuenta que sos voz. Como lo voz del pueblo argentino en la cámara baja, haciendo ley, aquello que las mujeres de ese país le han regalado a todo el mundo, para por fin entender. El pueblo argentino es tres veces más sublime si sólo contamos la gracia sagrada e infinita de sus mujeres. Ojo, que acá estoy pisando terreno resbalizo, y que siendo uno honesto, esta alegoría está diseñada para hacer patinar el más sincero halago por el barranco último de la desgracia. El acto más gratuito e insignificante es caer en la provocación que te lleva a bailar un tango de masculinidades entre dos hortos entrelazados de un tanguero argentino, macho, apretando fuerte la razón por la cuál te enzarzaste en pie de baile con un gallo cuyas plumas ya mostraban el dramatismo mismo de una batalla de por sí perdida de dos giles instalados en en la saturación espacial del ego en el reflejo de quién sos: baboso.

Con Argentina voy a tanguear siempre hasta este punto en el que no sabés mas si vas o venis, como el camino inicial que el gol magistral de Diego aquél día en el sur del D.F., con aquél sol que ilumina los pasos célebres de un futbolista en el medio campo de un terreno de futbol sagrado. El estadio Azteca es mucho más que el recuerdo de un directivo cualquiera de la historia de un club. Lo azteca está por encima de lo mexica, como lo olmeca lo está por encima de cualquier otro recuerdo originario de lo que un día fuimos. El cuerpo que habitamos requiere de liturgias que vuelvan con pausa y ceremonía a las raíces de nuestra ilusión. Aquella que late todavía a partir de un recuerdo común a nuestro tiempo. Ya sea el pisar del balón, en aquél sentido opuesto, en apariencia, de lugar al que pretendemos llegar, pero que en estos momentos requeire de esta esta gestualidad, de este preciso toque, como el voto de un representate del pueblo que levanta la voz de las mujeres en la votación de ayer en Bueno Aires. El pueblo argentino una vez más nos da una noción completa de lo que su poética pasión brinda a los demás. Todas nos vemos reflejadas en esa sensación de pertenecer a un registro aparte de la vida misma. Y este son, esta canción, es algo más que el tun tun de una rumba quilombera que se desata por las calles de una ciudad ajena al partido que se jugó ayer en ese particular campo de la capital de una América Latina plena ante el vibrar eterno de nuestra pulsión.

Si hoy no he muerto que sirva para rendir homenaje a esa argentina. La argentina que nos apasiona y llevamos dentro con en el sentido más amplio con el que uno corteja a una mina que nada más verla sabés que estás picando demasiado alto, pero que sin duda la resonancia de esta caja de ritmos nos está llevando a los dos hacia el mismo abismo que vos y yo sabemos, aquí, que no tan sólo es eterno, sino que sos divina, como divino es este instante en que nos fundimos, y nos dejamos llevar por la gracia infinita de nuestros reflejos revertidos entre dobles sentidos, entre gestos, entre baile, y ese punto exacto de tu tacto, o el mío, que abrió este universo alterno al que vinimos a parar, vos y yo, tras el cantar eterno de nuestras alegorías reconstruidas en esta doble hélice compuesta, la mitad vos, y la otra, sho.

ALLS

Dave Chappelle SNL act 2016 – 2020

In 2016, the following Saturday after election day, Dave Chapelle did a monologue in the chappel of humour: Saturday Night Live (SNL). The nation had just had eight years of Obama, and felt that good. But now, Trump had just won. Half the nation was in shock. The other half was feelling the winds of change: an outsider from the game comming in to sweep the dirt from under the carpet. Donald was suppose to do that. But the polls explained, then, another story. Hillary didn’t win. Trump did. To this day, it’s believed the Russians had something to do, and also, to this day, every other country learned to tackle each election like a Steve Bannon horror movie. Fake news was in the house. We were going to see Zuckenberg explaining the Internet to the senators and how his business model of selling information targets the message you want to deliver to the people you choose to focus that message to. Steve Bannon used the machine like nobody else had seen it, and white folks from every estate got alarmed by the possible reborn of communism. So they picked the white millionaire from TV to do the job. He was going to make América great again. Whatever that means.

Dave Chappelle is black. That you can tell just by looking at him. He knows what every negro in the United States knows about whites. It’s called family history. Not really what you learn in school, no matter how good your parents have come up with a decent way to offer you a living. If you are black person in the United States you must face the facts of the long story that you carry on your back just from that racial trait. There ain’t no ticket out. If Chappelle had a chance, he’d quit the race, he jokes. You laugh at that because he can’t. Not because he doesn’t mean it. But that’s not the punhline. The punchline is he did the second best thing he can do: become a black millionaire.

When you are a black billionaire, more white people enter into your way of life. Or rather, you enter into the way of life of more white people. He’s gotta leave his homies from the hood in the way cause there’s not enough room to invite them over to the Country Club. There’s only room for four in this hot air ballon. Sorry homie. He drifts away into the sky. Privilege is not a thing any negro person in Chappelle’s family could talk about a few generations back. History is there and looking at it shapes, continuosly, the way we define which side are on. But also, the family history. That inner story has some deeper meanings that we need to connect with in order to come out right. Once we’ve figured out how much of it is in steak. How much each political decision provides a place in the world. You tend to want to be with your kind of people. And away from your nemesis.

Dave Chappelle, a negro comedian that has had gamed his way into the comedian hall of fame by nailing his uniqueness and overloading the quota that was already filled up by Chris Rock. That was unexpected. But he was there, even without a story from the projects, he was able to understand his middle life status to push his way into the game of making people laugh. There’s something about that thrill that makes American humour scene a big deal. It’s part of the American dream reloaded. The house, the job, and all that other bullshit somehow has fallen of the list. But humour requires a skill that you either have or don’t. If there’s no laughs, there’s no reward. And you’ve failed right there.

Obama swept his two terms with what seemed a pretty decent job comming from a country that hosts the biggest dron parade in the history. Wars can be now played from your playroom with gamers going at it: live. It’s like stand up comedy, without the laughs. Clinical accuracy is claimed. And red blared rockets proove to the night whatever it’s supposed to unveil. Innovation keeps popping up. Markets get bigger. New guerrillas in fellow countries. Buyers. Sellers. Contractors. Military influence. Our beloved guns. There’s no longer slavery here, but guns still protect the open fields of rural estates. I am the law. That seems to be the American dream of the far west, that’s introduced into the second amendment of the constitution. A rules that serves the purpose of placing the focus on what you want about the book, and disregarding what seems to go against the morals of my other good book. Between those two books, some Americans have enough to fuel a whole life of good old white decency.

Black people play a role in Américan history. It’s a heavy load to carry. It keeps popping back. Like every nation’s dark secrets. Like the Spanish Inquisition. Slavery gives most white colonialism from central europeans country a competitive advange to their own development status. What they understand as higher culture comes from their capacity in the past to play the significant rally of nations (a few of them) going out to explore for territories that had not been called upon as their own. It’s also just history. A story we’ve told ourselves to undestand how we came to be where we are. 200 nations feeling indepedent in our codependency around a global market, and a local market ever so crumbling. Colonialism and the military game of invading other countries. It did transform from wars, that have always been around, to playing war all over the place, to the US policing the world. And in the course of two great wars, we learned the limits of our own capacity to blow this shit up. Nuclear power became a thing. And also only few military industries hold the key to such kind of science. The sofistication of weapons escaleted, so much, that during the cold war the tension of blowing shit up took us to a ever state of fear. That became important to create a big conglomerate of defence, which serves just right as an euphemism. The constant threat of anihilation. To be erased by the military action of an army that represents a certain estate. Or even my own. People: control. Freedom. All this big words, thrown at each other to start a political rally.

Here’s Dave Chappelle’s set upon Trump winning the election in 2016:

Fastforward four years. The four years of the Trump show. The white man in power thought the world was at his command. Only the world didn’t laugh at his demands, for one thing, he lacked a sense of humour. His jokes didn’t point at the right target. Not as he was at the top of the power pyramid. He bullied teen environment activist, Gretta Thumberg as he thought she was just whinning and needed a chill pill. He built the wall and Mexico payed for it. Not. The wall was already there. The policing and abuses from the Mexican estate and the uncontrolled business of exploiting and raping inmigrants kept happening south of the boarder, like business as usual. Only now, to serve the purpose of adding fuel to the fire, Trump separeted the newborns, the children from their families, and place them, all, in cages, and somehow got away with that. No remorse. Twitter became his media, and the media his enemies. His international relations kept getting worse, as you couldn’t tell when was being the best friend of North Korea, Russia or Mexico, or the other way around. He was China’s nightmare and friend, in a way, until he claimed COVID19 was a China idea to create havoc around. The kung fu virus he said. Chappelle was upset the president was stealing the jokes comedians were suppossed to make.

So four years later, Dave Chappelle comes to SNL after Biden wins the election. Trump is out of the game. 74 million Americans breath and love their country again. The other 70 million feel they hate their lives because they’ve been cheated out of the White House. The are calling for the illegal votes. They already spread the fake news with their arguments already in place to make the system work against itself. Like tricking the Americans with Steve Bannon’s campaing with social media. Half truths win elections. A negro comedian comes back to talk to the people. Humour that liberals feel for. Not so much the conservatives, that find their president their source of laughs. They have all the want with Trump. The rest in pretencious laughs at things they might not even grasp fully. But just as Biden tried to bring together the American people, Dave Chappelle uses his uniqueness, as a black millionaire, to express what other priviledged don’t clearly see: the need to stop the hate of the person in the antipodes of ourselves.

That duality is what América represents. The blue and red paradigm. Like the bars in the flag. Still there. And somehow, there’s a beauty in this. But we need to hear the excluded fo that history that I mentioned before. And that comes from the lives of those we are not used to aknowledge. And they might not think the way I do. But certainly, to come closer to each other, we both need to travel to the unexpected place where nemesis feels free and safe. And from that perspective, the world will seem a completely different place.

Here’s what Dave Chapelle said, bringing the memory of the last relative of his family who was a slave. Looking at the system from inside, yet questioning what this all means. And how we tend to miss what had just happed a few years back. And what should happen in the future, to make this land, Gaia, a place to mirrow the healing proces of our neighborgs from North América.

New América: ALLS.

Pinches gringos no mamen

Pinches gringos, qué: otra vez armándola de pedo.

No hay derecho. No dejan ni tantito relax.

A ver quién los entiende pinche bola de güerevers.

Güereve, guarever, vamos a beber, guaro de caña, papá.

Lo traje de Costa Rica y ahora lo toman en todos lados.

Vas a ver lo que es sabor, cabrón.

No te quites el sombrero.

Me gustabas más cuando llevabas máscara.

Pinche gringo bien culero.

A este que lo eduque su mamá.

Ay, mamá, dónde estás.

Ya, mamá, nunca te ví.

Me hisciste tanta falta.

La nana es más mamá.

Ya no hay bronca, nada.

Ya no hace falta nada.

Ya nada está bien.

Ya me acostumbraste.

Ignorame lo justo.

Yo te lo resintiré.

Por mi culpa.

Por mi culpa.

Por mi gran culpa.

Por eso estamos a la par.

En paz.

Y unión.

Y amor.

Y tú, némesis amado.

Aliviana el pedo, pendej@.

Checa lo incluyente que soy.

Que son unos pendejos.

Pero algo habrá que hacer.

Para bajarle de huevos a los que aman las armas.

Pues las armas les son amos.

Su experiencia les lleva a la fraternidad de la hermandad de los ejércitos.

Como herederos de las glorias de los bélicos.

Como si se midieran las guerras con morteros.

Si nos medimos la polla con las armas que hemos creado.

Y la pasta que hemos hecho.

Y el daño que han causado.

Oh, Dios de las Armas.

Que a todos los devotos iluminas.

Con balas perdidas en los entrenamientos de tiros.

Para el día en que haya que usarlas.

Stand by.

Why.

Is there a rebelion in the air?

Qué será esto para los jueces españoles?

¿Si salen dos com armas en Paris?

¿Quién tiene las armas?

¿Quién tiene el control?

¿Quién hace negocio?

¿Quién lo ve?

¿Quién los sabe?

¿Quién lo ejecuta?

¿El secreto de estado que permite?

¿La transparencia opaca del pasado político?

Destapemos todos los expedientes.

Pinches americos vespucios.

Ya lávense el prepucio.

Pinches americos vespucios.

Ya lávense el prepucio.

Pinches américos vespucios.

Ya lávense el prepucio.


Fin de poema.


El día después de Golman Elizondo Pacheco.

Bienvenidos al #futbolarte.


Actualidad política mundial: flash informativo

Los gringos han votado. ¿Y qué creen? Perdió el pinche Trump. Poor Donald.

Hay que esperar a que cuenten todos los votos.

Se trata de las reglas de la democracia.

Los que creen en la democracia entienden la necesidad de la campana.

El simbolismo americano y el realismo mágico de Trump.

Los ríos de tinta que se escribirán de estos días de la historia.

La voz de la pataleta más letal ante nuestras narices.

¿El sistema americano se puede autoaniquiliar?

Lo permitirá en pueblo americano.

¿Hasta dónde mándan más la armas?

Esa pregunta ya la perdió el estado vecino del sur.

Supongamos que hagamos un ejercicio de espejos.

Ustedes arreglan nuestro pedo.

Y nosotros el suyo.

¿Quién tiene las de ganar?

¿Quién tiene las de perder?

Hagámos rápido otras elecciones. Yo me presento a su pueblo con una solución. Y usted se presenta al suyo. Y así vemos a ver qué tanto podemos influir desde afuero. Esta vez buscado. Intervención internacional abierta. No como sus pinches secretos, ¿qué se creen? ¿Qué no sabemos? Gracias a lo que entendimos gracias a Julian Assange y a Snowden y Chelsea Manning habríamos seguido sin darnos cuenta. Business as usual. Azul o rojo. La misma mierda. El conglomerado no se para. Por eso los proud boys serán contenidos. Porque los que mandan no quieren provocar un desorden en el sistema que bloquee su sistema de explotación de los vicios sociales de nuestra cultura militarizada en función de lo que destinamos del dinero público a las armas. ¿Cuáles son nuestros outputs deseados? ¿Cómo lo estamos midiendo? ¿Cómo no se nos está yendo la cabeza con la producción armas? ¿Quién avispa el fuego de la demanda? ¿De verdad? ¿Nos creeis idiotas? Lo sabemos. Pero tranquilos. Vuestra insignificacia tiene un sentido de supervivencia que puede ser que podamos llegar a un acuerdo social más amplio al que yace detrás de la alternativa de vivir constantemente con el miedo de que vienen los rojos a darnos por el culo. A quitarnos lo que es nuestro. Ay, que miedo, que nos come la polla un rojo. Ay, que miedo, maricón. Ay, qué miedo, maricón. No me comas la polla, uy. No me la comas por favor. No me comas la polla, uy. Ay, no pares por favor. Ay, no pares por favor. Ay, no pares por favor. Ay, no pares por favor. Ay, no pares por favor. Ay, no pares por favor. Ay, no pares por favor. Ay, no pares por favor. Ay, no pares por favor. Ahí, ahí, ahí, sí, sí, sí, ahí, ahí, ahí, sí, sí, sí, ahí, ahí, ahí, sí, sí, sí, ahí, ahí, ahí, sí, sí, sí, Trump ya no está aquí. Sí, sí, sí, Trumpayanoestaquí. Sííííí, Trumpyanoestaki. Síílííííííí, Trumpayanoestaquí. Sííííííííííííí, Trumpayanoestaki.

Atención: alto a la tensión.

Soy su nuevo presidente.

Ya bájenle de huevos.

Metan a los violentos a las cárceles.

Allá dentro están sus brothers.

Allá están los pobres diablos.

Mientras los hombres blancos enseñan sus colecciones privadas. Todos las teníamos. Una casa sin protección en América. Wuz. Así lo piensan. El viejo oeste, viejo. No entiendes nada.

Llegó una víctima de Waco a hablar con Dios y le contó un chiste sobre su último día. Dios Padre se enojó mucho. No me hizo gracia, hija. Uh, I guess you had to be there.

No es mi chiste. Me lo robé de por ahí. Pero le di mi toque. Dios está dibujado según mis estándares de cómo se ve en apariencia Dios Padre, por contrario a la versión manejada por los hombres blancos de europa en el renacimiento de Miguel Ángel. ¿Por qué creer el idiolio de las imágenes de ese cabrón? ¿Por qué querer ir al cielo cuando queremos escoger la revoución que se preguntaban en las escuelas de surrealistas y los movimiento de arquitectura Bahaus con sus revoluciones de chicos burgueses apreciando el mal a la cara y saliendo a la calle a quemar contenedores. Reveldes de campo de futubol. Alborotadores del descontrol. Caos. Caos. Caos. Oh, caos, oh, caos. Vamo, vamo, lindo caos, te invoco y me revolvo con vos, me volvés loco, no parés por favor, esto que me hacés, me voló la cabeza, otra vez vos, cómo sos, divina, dale, me tenés en tu cabeza, y soltame por favor, no me comas los labios, espera, de verdad, que te ha picado, linda, muérdeme, tantito, hacéme eso que vos hacés, no parés, dale, vos sabés. No te inhibás. Sabés que estamos en confianza. Vos y yo. Qué querés que te recuerde. ¿Querés? ¿Quéres que te recuerde, otra ves? Decime que yo voy. Vamos que nos vamos. Amarte es mi exigencia con mi ser, de promulgar esa ceremonia compartia, ese enlace entre los cuerpos, vos y yo en ese gesto, ese abrazo, ese pasito, esa piernita aquí pegadita, esa tensión así en su sitio, un poco aquí, uno tanto allá, no te han dicho lo linda que sos, sosteneme este momento, hablame lo que querrás, pero al oído, no digas nada que no quieras, no te vayas arrepentir, vos ya sabés a dónde fuímos, la última vez que vos y yo, jugábamos a este idilio de amor acostumbrado, a volver al lecho cada vez es buena, olvidalo, dejemos esto para otra ocasión, y vámonos directo al vacilón. Dejálo ya pronto por favor, que la cuestión ya está aprobada en comité. Es por placer, olvida el mío. Yo por vos te como el coño. Oh, virgen santa, santo orgasmo. Por fin los dos aquí otra vez. Fundimos es este último alarido. Que ya yo llego aquí también. Siente esta eternidad, cariño mío, pues esto es toda la razón, que nuestro amor ya no haya sufrido de aquella estúpida moral que sostuvo en un tiempo anterior nuestro destino, que a partir de un derrotamos. Metiéndonos en patio ajeno, no libre Dios que hemos pecado. Diciendo en nombre de Dios millones de plegarias, detrás de un ejercicio, un bomardeo. No entiendes brother, no lo entiendes. El mal acecha y nos blindamos o Armageddon. Nos tienes a nostros en control de la misión. Así es la vida. Este es el juego. Les gusta amigos, somos 6 grandes productores. El 7 y el 8 pelean por aparecer. Sacar tajada del negocio. Estamble es esta cima para nuestro sector. La estrategia militar es de pueblos nobles. Productores y navieros. Seguridad. Alarmas. Metales. Minerales. Combustibles. Automóviles. Bancos. Seguros. Finanzas. Consultoría. Moda. Cine. Arte. Diamantes. Enervantes. Armas. Monedas. Mercados. Innovación. Sostenibilidad. Ambientalismo. Entretenimiento. Revolución digital. Apúntate a mi parida. Ayuda a hacer crecer nuestro potencial futuro. Olvida tu desgracia. Pinche gringo, no mamar. Levanta la cara. Recoge las migajas de vuestro último show. Dejen de odiarse a lo pendejo. Hagamos de esto una lección. Azul, rojo, que más da. Vecinos, no mamen. Chingen a su madre. Y váyanse a la verga. No se pongan así. Si saben cómo me pongo para qué me invitan. Ahí se ven.


Fin del comunidado

The military complex first horse loss

The flexitibility of the markets appreciates the dignitiy of the rest of the sectors who trust this country to feel closer to what de Democrats hope to achieve. Worldwide. What makes América cool. Not great, we know. Trust us. We know how much you suck. How low you get. In your greatest moments of glory. With your ignoring the other ignorance. To spell you faith in the 10 golden rules written by the profet HIMSELF, with a fearher from a Quetzal the white man first son stole in one of his hunting trips. We love our guns. Gives us our guns. Proud boys carry guns. Let’s chop somebody from the Democrat party like the Saudi’s do.

How much of this is bullshit?

The American young right wing poets are thinking that in their misserable status quo Stockholm syndrome. Oh, God, how dare you! Oh, God, oh NO. Oh, merry Mary, why, I prayed to you and then with her. Killing me softly with her song. Oh, cat, oh dear. Oh, God. Listen to her go. The truth, the lie, that comes out like that. Inside a church. The holy teachings. The way we adapt the civil ways of acting upon the mirror of our creed. Shouldn’t we provide a place to hold your new beliefs. Oh, start from scratched. There’s nothing sacred. Every joke is valid. Look carefully you are not shooting at the urarmed children or taking justice in your hands. Remember Abu Graib? I do. Do you remember Abu Graib? I do.

Please, stop the music. I can’t hear my voice. I’ve cried and cried. Affraid we’d die.

Venezuela is here to win. The commies are in the house. Call the ghostbusters, please. I’m affraid. Please bring back the Matador. As we want bulls to have it all: our stinking patriarchy declining. The decay of the Alpha Male. Diminished by rules of true democracies. In the votes of the people we believe. We said if first. Freedom shines more here. We are the center of the universe. And fly higher than the sun. In fact is she who follows our light. Our rays project into ther how great we are. Do you think the Sun reckons our existence. Forget God Father: ask the Sun!

Ask the sun, this is my song.

Come along, don’t get burnt

It ain’t right so much delight

The living life at last relax

Flat on my back with sand as bed.

Think not I’m here this is existance

To know and feel and love and be

So great today as life can be.

Cause just now just now

This is how I know

That I enjoy now or never will

As this is the only chance I have.

To say and feel and fly and cry

To be this high for sure transforms

As I know for sure that life is this

greates feeling or believing

as one goes in and then stays clear

For one is this and that other

The fate I take to be who I believe

to be in the quest of being real

real surreal as a king A as surrealy real

real surreal as a king A is surrealy real

real surreal ass king A as an ass is real surrealy real

No, your honor. I did not call that ass names.

This wouldn’t go unnoticed with a female judge. But she would deliver justice much better that them majority males. Except when you choose one of them conservative judge who believe in the morals of the lord according to the white anglican cultural legacy. That’s how far our criticism can take us as a white anglican in whichever county. Either I flee to another state, or else, I’ll be as white on rice as one can be. I ain’t rice, nor white, just brown, as you like to call me. I’m from accross the south wall one. Not the one down south. All the way down to Chiapas | Guatemala. The central american exodus. Do you read the bible? Do you read the pentateucus? Do you follow the tales from the old testament. The adventures of our super heroes? The invention of the codes of conduct. The new angles for understanding. The new roles we are here to play. The game is on. This is our own.

Let’s start tonight.

Let’s have a vote.

Anyone can vote:

God Father bless América!

God son bless the Mexicans!

Virgen de Guadalupe; ora por nosotros.

San Juan Diego; méntales la madre.

Reconcilialos, oh, Padre. Ayúdate del demonio. Te hará falta su perspectiva. Tus morales se quedaron obsoletas. Provocas el fascismo en ciertas personas. La resolución al rito de las armas. No se ha ido ni un minuto del tablero. Este juego de risk es muy aburrido. Se vienen vientos de cambio. Encontramos la resilencia en la comunión de los perdones. Bájenle de huevos, ya les dije. Ya les advertí, pinche blancos babosos. No se me alevresten, tan sólo les venimos a dar un manita. Mira. Huevos.

U-eeeeeeeee-vooosss

Fin del tocarle los huevos al vecino

Oh, qué placer. Qué tranquilo me quedé. Los deleites de los némesis. Al ver el sol caer.

Golman Elizondo Pacheco (tal día como hoy)

The journey around the sun

The idea we have in our heads about the motion around the sound describes a two-dimentional pathway that is not very accurate, but it is the simplest way of looking at it. We consider a motionless sun standing there, and not a complex system of planets in this celestial dance where we move around the sun, praising to our God, as we shadow the moves from His reflections.

So here’s the thing. Sometimes we are just used to the picture in our minds. And we can’t help it. That’s our truth. And we go no further. But sometimes, if we let our minds free, we may see things in a whole different way. Try this.

It blew my mind. That’s what’s transforming our society looks like. Something that we thing is fixed, may just as well be turned around, letting pass to a new emergent way to stay alive.

This is what innovation looks like to me.

McFly vs Biff

Se trata de un tema sensible, y a la vez, de una mentada de madre. Casi todo lo que representa la sociedad se encuentra en este gesto, en estos intérpretes y en esta pequeña historia que estoy a punto de contarles. Es una historia que me toca de cerca, que involucra amigos, y que también, de alguna forma, involucra a némesis. No especialmente a un némesis personal, aunque perfectamente podría ser el caso. Lo único que tengo que asegurarles es que no existen culpables en esa historia. Ni uno. Aunque si existen agresores y agredidos. Víctimas y victimarios. Y quizás eso es lo que más nos cuesta asumir: haber sido una cosa y la otra. Algún día. Alguna vez. Sin entender del todo el daño que pudimos haber ejercido sobre alguien en el pasado. Algo que todavía se puede verbalizar 30 años después al reencontrarnos una vez más en el entorno tóxico de nuestra infancia. Y tras unos jijijís y unos jajajás, de repente, chin… vas y chingas a tu madre.

Una mentada de madre en México no es cualquier cosa. No señores. No. No en México. Es meterse con la madrecita santa, lo único más preciado que la virgencita de Guadalupe. Esto vale para cada mexicano. Especialmente si es bien macho. Aunque no sea mucho. Por ahí no. Podrían haber volado las ofensas más descarandas, la violencia más desgarradora y gratuita, la humillación más vil y montonera, si en cualquier momento de la historia, la víctima se levanta y se le ocurre mentarle la madre al victimario… verga… verga… se para el tiempo. Ahí sí no, papacito. Te pasaste de la verga. La ofensa de los victimarios es de las los problemas más inútiles de nuestra sociedad, y quizás la verdadera pandemia que nos corroe a todos por igual, en un mecanismo interno del cual no podemos desligarnos a no ser que hagamos un ejercicio especial de introspección y de asunción de su autoria.

Aunque no lo parezca esto no es una cuestión de buenos y de malos. Estamos muy ligados a una narrativa en la que existen tan sólo dos bandos y bebemos tomar partido por uno de los lados. La dicotomía de la confrontación nos lleva a escalas insospechadas de victimización de nuestra propia situación, de manera que el ofendido soy yo, como si los dedos de todas las feministas reunidas en el zócalo me estuvieran apuntando hacia mi. Y es así. Yo soy el culpable de esta historia. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por algo somos catálicos. O catélicos, para ser más inclusivo, por fin. O más bien guadalupanes.

No se me vayan a venir encima todavía. Pérenme tantito. Todavía no les acabo de contar ni la primera mordidita de la historia. O podría decir, la primera mordidita de la quesadilla, la más preciada de todas las mordidas, si acaso competida nomás con la última. Ahí también, en el tema quesadilla, podemos encontrar dos bandos muy bien definidos. Los unos y los otros. No hay historia sin dicotomía. Al menos no de confontación. Anhelamos estar de un lado de la historia para poder apuntar claramente el dardo hacia nuestro adversario. Y al darle rienda suelta a nuestro estímulo primario apretamos el gatillo. Y la bala, sin darnos cuenta, nos perfora la nuca por detrás. Como la explicación en la clase de física de bala que dipara un tipo en la cima de una montaña, y cuya velocidad y masa consiguen de alguna manera mantener la órbita para darle la vuelta al mundo y repentinamente tras dar la vuelta, zas: perfora un orificio letal en la nuca del que apretó el gatillo en la cima.

Pero de vuelta a los verdugos y a las víctimas. A los nazis y a los represaliados por el holocausto. A los fachas y la resistencia. ¿De qué lado de la historia queremos estar? Esta es la historia de nuestro mundo. Esta es la historia de nuestra actualidad. Esta es la historia de nuestra dicotómica sociedad. Y no estamos llegando a ningún sitio que no sea el origen de todas nuestras disputas: la primera línea de fuego. Solventar la disputa que tenemos pendiente con nuestro victimario. Ahora sí: qué pedo. Pues qué, o qué. No pus nada. Ah, yo decía. Sabes qué: vas y chingas a tu madre.

Se para el tiempo. Ha dicho las palabras mágicas. El tono de una mentada es la madre del cordero. Ahí se encuentra la magnitud de la ofensa. Y desata al macho que llevamos dentro. Que lo primero que está dispuesto a hacer es jugárselo todo por la afronta al honor que acaba de recibir. Debe asumir la contienda. Se levanta y monta, pecho erguido, una pose de pichón enrrabietado. La puesta en escena debe permitir que alguno de los amigos de uno y otro bando salgan a detenerlos, ante de que sea demasiado tarde. Y entonces el honor está casi resarcido. Ha habido contestación. La tensión se ha disipado. El honor ha vuelto a su curso. Todos somos testigos. Y la cosa vuelve a la cotidiana violencia que asumimos como normal.

El cuerpo no dice que algo no está bien. Algo se torció en ese últimos gesto de valentía masculina. La toxicidad del heteropatriarcado está en una mentada de madre. Y la manera de resolverlo no nos queda del todo clara. Los amigos que saltan son una barrera de contención para que no se toque a los nuestros. El otro debe saber que su afrenta nos ha dolido a todos. Y por tanto montamos un guardia pretoriana que rodea al que tiene cobertura. Se escucha la música de Enio Morricone.

Todo esto ocurrió en un chat del grupo de mi escuela primaria de una escuela de Coyoacán, el Héroes de la Libertad. El grupo se montó a raíz de la pandemia, gracias a un recuerdo entre dos excompañeros. De pronto, al cabo de unos días, estábamos conectados todos de nuevo. Y se dieron varios intercambios que nos permitieron ponernos al día de lo que había sido nuestra vida. Y todos volvimos a la infancia. Algunas heridas habían sido sanadas de la manera más respetuosa. Se habían desvelado secretos de infancia. Viejos reconres. Todo se había sabido llevar de la manera más políticamente correcta.

Éramos unos 70 excompañeros. Resistiendo. Acompañándonos. Hasta que se invitó a Mario a entrar. Mejor así. Vamos a poner los nombres de nuestros personajes. O quizás deberíamos usar sus alias. Mario McFly y Biff Santos. Así no entramos en descalificaciones o apodos que puedan desviar el tono de nuestra historia. Pero quizás justo por no venir cuento, ese sea el sitio por que voy a comenzar. El verdadero apellido de Mario McFly no es McFly, de hecho es un apellido que rima con quesadilla. Y el segundo apellido también rima con quesadilla, porque es el mismo. Eso puede marcar la infancia de cualquier infante en una urbanidad mexicana acostumbrada a la carilla. Verso sin esfuerzo.

La carrilla a la quesadilla por la peculiar rima de sus apellidos fue centro de no pocas inspiraciones poéticas en los años en los que en las clases de español te enseñan la lengua como una serie de estructuras que se manejan en los textos más sobrios de la historia de nuestra lengua. Quizás es por eso que parte de nuestro humor no se desarrolla más que con la pretención que encontremos las gracias en las aventuras del Lazarillo de Tormes o en las desaventuras de Sancho Panza, sin pretender con eso poner a todos los españoles en el mismo saco, sabiendo lo que esto podría ocurrir y lo mucho que mis análisis literarios sobre el humor podría ocasionar poniendo a estos dos personajes, o a sus autores, en el mismo saco. Sería como poner a Valle Inclán y Góngora al mismo nivel de desparpajo existencial cuando tan sólo valdría mirarlos a la cara para saber si compartirían risas sobre los mismos guiños a la insignificancia de nuestra existencia.

File:Luis de Góngora y Argote (Museo del Prado).jpg - Wikimedia Commons
Retratos de Valle-Inclán - Cátedra Valle-Inclán

Puede que me equivoque, pero igual no reirían de lo mismo. Y España, en general, no está acostumbrada a reir de lo mismo. No al mismo tiempo. No sin antes escoger trinchera a la que asumirse soldado. Y desde ahí, entonces sí, elegir desprecio ante un némesis indiscutido.

Rehusamos que seamos nosotros los violentos. La violencia viene hacia nosotros. Y nosotros somos las víctimas. Buscamos ser más víctimas que victimarios. Tememos más ue nuestros hijos sean más víctimas a que sean victimarios. Y tenemos más o menos las mismas probabilidades de serlo. No sabemos de qué manera nuestra intervención, por simple que pueda ser, pueda tener un impacto sentido en una persona. Sobre todo, tampoco sabemos si lo que puede ser un chiste se convierta en una humillación, y si de alguna manera, esta misma fórmula pudiese revertirse sobre uno mismo, injustamente entonces, en una circunstancia inhabilitante que nos dejara fuera de control, ninguneados y foco de la risa descontrolada y afilada del resto de los presentes. Estos presentes, puediendo ser, en todo caso, toda la red. La enorme humillación de estar desnudo, indefenso, sólo, mientras en resto de los dedos me apuntan a la cara, rodeando mi martirio con un sonoro efecto catártico de las carcajadas de los masa desatada.

En todo acto colectivo aparecen unos y otros. Dar la cara. El momento de la verdad. El silencio es una acción pasiva que también cuenta. Y a veces tiene más significación. También observar es un acto de reflexión. Quizás decir lo primero que nos viene a la cabeza es un instinto incontrolado de la verdad. Lo que la piel emana. Nuestro acto animal. Como el improperio.

Mario McFly fue invitado al grupo. Esmeralda lo había encontrado en facebook y lo había contactado para explicarle que nos habíamos encontrado todos en un grupo y que viniera. El tuvo sus dudas de entrar. Y ante la insistencia entró. Fue recibido con saludos. La cortesía inicial. En un momento dado alguien mencionó que era cumpleaños de otro de los compañeros, Ismael, a quién en su momento algunos llamaban Chistín. Biff Santos lo felicitó, y como otros, lo hizo utilizando aquél mote de primaria, y Mario McFly volvió a ver, 33 años después, la acción del que había sido su bully de la infancia, a quién recordaba en ese momento con rencor y a quién había esperado mucho tiempo, pensando cómo le diría lo siguiente: chinga tu puta madre.

El chat se quedó frío. Mario McFly se posicionó del lado de las víctimas. Él bien sabía el rol que las cosas tenían en la historia, especialmente doloroso que le fue la infancia a manos del que en ese momento centraba la culpa de todas las humillaciones que pudo haber recibido Mario en esa primaria coyoacanense, en una única persona: Biff Santos. Quizás había más Biff Santos que Mario todavía no había identificado en el chat. Quizás habría habido más mentadas dirigidas a otros que también en su día le habrían acompañado las rimas que Biff Santos se inventaría para molestar a la Quesadilla, como recordaban algunos que se le llamaba a Mario. Quizás Mario recordaba todo aquello como un acoso continuo en el que él era la víctima de todas las bromas pesadas que se vertieron por aquél entonces. Lo cierto es que Mario recordó otro compañero que también recibió en su momento una buena dosis de carilla. No se lo recordó a Biff Santos, sino a otro compañero, al que Mario McFly exoneró de su calvario ya que en primero se hicieron amigos, según él recuerda.

Mario se encontró de pronto en un terreno hostil. Tuvo tiempo también de desvelar con corazón en la mano a su crush de toda la primaria. Tuvo, de pronto, las agallas de atreverse a decirle a la niña que le gustaba lo que siempre había querido decirle, que le encantaba y que soñaba con ella. Y a su victimario, Biff Santos, que fuera a chingar a su madre. Mario McFly había entrado en palenque y se había hecho de manera un poco bronca y atolondrada, con la plaza. Los gallos estaban espoleados, se respiraba ambiente etílico y los humos caldeados del ambiente nos habían hecho pasar de las felicitacioes cumpleañeras al ruido de las sillas que se partan para liberar el espacio para el cara a cara de dos gallos. El palenque espectánte ante la contienda. Algunos preferían retirar la mirada. Otros veían con morbo y entusiasmo lo que este tipo de careos suele ocasionar. Las historias viven de resentimientos añejados con el tiempo, y ninguno añeja mejor que un resentimiento escolar infantil, según me recordó mi amigo Quique cuando le expliqué los pormenores de la historía. Como el buen vino.

Llegados a este punto, Marío había conseguido reunir a unos cuantos espectadores a este espectáculo de martes 21 octubre de 2020. Chistín nunca olvidará este cumpleaños. Y Mario McFly nunca olvidará el día en que tuvo el desparpajo, finalmente, de desmelenarse para enfrentar a sus demonios y saltar a bailar en la pista. Una declaración de amor y una menta de madre. La historia estudiantil completa. Back to the Future. Ni el más sagaz de los guionistas habría visto el deslence de lo que Mario McFly iba a conseguir en el futuro. En medio de la pista de baile, peleando por su amor infantil, McFly apretó el puñito y le dio un golpe al send: chingas a tu puta madre. La carga emocional de pronto quedó liberada tras años de acompañarle. Efectivamente descargó de manera catártica todo lo que hasta entonces se le había atravesado. En su vida adulta ya había olvidado todos aquellos momentos de humillación y carilla que la Quesadilla McFly fue llenando en su mochila de rencor.

Eventualmente, Mario McFly salió adelante. Quizás la universidad le ayudó a cambiar de aires. Quizás todos tenemos derecho a empezar en otro contexto en el que nadie nos puede juzgar por lo que fuimos. Quizás tenemos derecho al olvido y tirar hacia delante con un futuro sin rencores. Quizás la posiblidad de sanar está en haberse encontrado, Biff y McFly, y haberse dicho las cosas a la cara. La idea de Mario McFly es que ahora había regresado el mal que en su infancia vivio a su victimario. La victima empoderada encontró su momento de redención en la forma de una mentada.

Los matices son muchos y muy sutiles. Mario McFly tomó con cierto desparpajo el recuerdo de las rimas de su apellido. Quizás eso lo puso a la defensiva. Decidió saldar sus cuentas rápido con el pasado, quizás sin darse cuenta de quién estaba ahí presente, y de cómo serían recibidas sus mentadas. No sabía si era el primero o si era la tradición. No lo penso. Le salió. Y le pareció normal. Una mentada de madre en México es una cosa de adultos. Todo mexicano patriota lo sabe. México puede ser muchas cosas. Y una de ellas es la afiliación que tenemos a nuestras propias chingaderas. Ahora, no metan otras chingaderas, porque ahí sí no mames. El macho mexicano tiene sentimientos muy frágiles. La fragilidad del macho mexicano es un tema poco trabajado por la literatura, aunque no he hecho el ejercicio de encontrar sus referentes, que sin duda los hay. La carrilla ha dado suficiente munición a todos los mexicanos para burlarse de absolutamente todo lo imaginable. No hay quién se salve. Salvo algunos que pasan de puntitas ante la amenaza constante de que puedan convertirse en un momento dado en el centro de las humillaciones colectivas que retumban en las carcajadas de los hilarantes victimarios.

La burla en México no tiene fronteras. No es esto lo que lleva a las víctimas a buscar de pronto un sentido en la venganza. Mario McFly no quería organizar una vendetta. Pero sintió oportuno hacer público la revuelta en el estómago que le ocasionó estar en la presencia de Biff Santos. Y lo soltó. La honorabilidad de Mario McFly está es su transparencia.

Ante el conflicto saltan los resortes. La banda saltó. Todo el mundo quietos. Mario McFly estaba desatado y su atolondrado show desató la indignación del insulto presente. La corrección política mandaba sobre la irreverenca de la sanación de una mentada por escrito. Un corrillo virtual con su sana distancia. Tambores de guerra. Mas si osare un extraño enemigo profanar con su planta la tierra…

La profanación de Marty McFly incendió la parroquia. El tono bronco nunca se había vivido así antes en este feliz reencuentro. De pronto no pudimos aguantar que esto nos estuviera pasando. El último reducto de paz del 2020 se desmoronaba frente a nosotros. El tono iba subiendo. Se le marcaron las límites de la decencia en este protocolario espacio de memoria. Mario McFly se estaba despiendiendo, y justo antes de salirse por su propio pie, alguien le dio al botón rojo. Bomba nuclear. Expulsión. Se borró del grupo, dejando caer la trampilla bajo los pies de Mario McFly, una vez más. Quizás el gesto más injusto de toda esta historia.

Así lo vio Mariana, que fue la primera que levantó la voz en defensa de Mario McFly y de su derecho de mentarle la madre a quien él consideraba que había sido su bully de refencia, Biff Santos. Y peor que se le echara. ¿Quién decide a qué se le expulsa de un grupo abierto? Es un tema sensible. Quizás todos los grupos tienen este tipo de dinámicas, sobre todo cuando se suman individualidades. En nuestro caso se habían tejido complicidades de reparación de los recuerdos compartidos. Nos habíamos ayudado a sanar. Algunos se había ido. Alguna nos había dejado tragicamente. Con Milly en el recuerdo de nuestra última catarsis, Mario McFly nos abocó de pronto a una corrido de veganza en medio de un palenque. Algo demasiado rudo para un grupo de chilangos clasemedieros como nosotros.

Tras exponer su opinión Mariana dejó del grupo. Le siguieron otras tres o cuatro personas más. La historia vivida les había sobrecogido. Quizás se vieron representadas en las trincheras que se habían marcado con el incidente entre Mario McFly y Biff Santos. Quizás ellas también habían sentido esa humillación y ese sufrimiento del que Mario McFly hablaba. No lo se. No quisieron estar más ahí. Y se fueron.

Irse siempre es una opción. Callar también. En una sociedad compleja y polarizada lo mejor que podemos hacer es retener la capacidad de entendernos con el otro que no comparte nuestra perspectiva. Debatirlo. Controntrarlo. Y seguir adelante. Confluir a partir de la empatía que podemos generar poniéndonos en el lugar del otro. Y estuvimos a punto de conseguirlo. Pero Mario McFly, y unas cuantas personas más se fueron antes de que hubiéramos podido sanarnos todas. Es una lástima. Habría sido un grandísima oportunidad para conseguir una gesta que tenemos pendiente para arreglar esta división que se activa de manera espontánea en nuestros contextos sociales y políticos con la liturgia de la violencia, y la asunción de los roles de victima o victimario. Nunca ambas.

Mi única aportación en ese debate fue un mísero chiste. El primo de Biff Santos y yo comentamos en paralelo los sucesos. Nos pareció un triste desenlace. El primo de Biff Santos sabía que quizás de haber entrado también le abría tocado recibir una mentada de madre de parte de Mario McFly. Y de manera muy valiente y con su sagaz sabiduría para decir las cosas con una gracia natural, asumió la postura del victimario. Quizás él también se había burlado de Mario en su día, y quizás estaría bien instaurar el martes de mentadas de madre, para aquellos que en su día nos burlamos de alguien, y a manera de compensación, recibieran cada martes su mentadita de madre de las peronas que recibieron sus burlas entonces. Quizás va por ahí la liturgia de la sanación. Y no se vale indignarse ahora los que antes fueron victimarios. Su postura fue compartida y aplaudida por algunas personas. Otros defendieron que las formas de Mario McFly no habían sido las más elegantes. Mario McFly entró como un elefante entra a un anticuario. El gesto instintivo de la trompa en la mentada de madre fue la que ocasionó todo aquél ruido.

Biff Santos es amigo mio. Lo era entonces y lo sigue siendo ahora. Su respuesta vino despues de mi chiste. Mario McFly y Biff Santos el viernes a salida en el callejón del Aguacate. El mítico sitio en el que se citaban las afrentas de honor en el Héroes de la Libertad. En aquél momento el aire era irrespirable. Y fue entonces cuando Biff Santos, un tipo de una bondad absoluta, el envio todo su amor a Marty McFly y le confensó que lo que pasó en la primaria hace treinta años ahí se queda. A esto Marty McFly le pareció curioso: ah, como en Las Vegas. La respuesta de Toño rebajó la tensió y acarreó un fuerte repunte de apoyo y solidaridad de una parte imporante del grupo. Era un camino correcto hacia la reconciliación. Mario McFly no tenía suficiente. Su reparación no tenía un diseño predeterminado. Todo se había precipitado muy rápidamente. Pero no quiso recibir entonces el mensaje de amor, y la congregación estaba lista para llevar el juicio a sentencia. La defensa popular siguió con sus argumentos. La honorabilidad de Biff Santos había sido puesta en duda. Y no se iba a permitir manchar el honor de uno de los nuestros. Así que se le serruchó el piso a Marty McFly, que sin más volvió de vuelta al pasado.

Las salidas y la propuesta levantada por el primo de Biff Santos recuperaron la dignidad del grupo para entender la complejidad que resulta de los rencores pasados y la confrontación entre bandos aparentemente irreconciliables. Todos llevamos una etiqueta que no queremos que se confunda con la de nuestro némesis. Y rehuimos a ser los malos. No queremos ser los victimarios, y siempre es más seguro estar dónde hay más apoyos colectivos. No vaya ser que nos toque ser a nosotros los linchados. Quizás no debamos pensar pues en resarcir los daños con las misms fórmulas que nos han llevado a la violencia. Pero también es una reflexión que debemos saber para entender qué parte de la violencia es nuestra, como sociedad, como individuos imperfectos, y como resultado de las emociones contradictorias qeu se apilan dentro de nosotros para cargar nuestra mochila de sufrimientos con elementos tangibles, reales e imaginarios. Al final, todos llevamos esta mochila encima, y encontrar la manera para aligerarla tendría que ser el camino para nuestra propia redención. Cuanto antes sepamos entender que no hay culpables en esta historia más pronto conseguiremos reencontrar la vía para sabernos parte de la misma sociedad que ahora consieramos que está dividida irremediablemente, y que nosotros, pertenecemos al bando de los buenos.

Mario McFly y yo tuvimos un día un encontronazo en el salón. Yo no recuerdo practicar el arte de la burla, sin que eso me convierta en ningún santo(s). No recuerdo haber reído más veces que con el primo de Biff Santos. Sin duda alguna las gracias que resultan más divertidas tienen siempre alguien como protagonista. La broma es la virtud más sublime que tenemos a nuestra disposición, y los mexicanos practican un humor sumamente superior al del resto de las culturas. También practican una carrilla sumamente pesada, que en una de esas, te puede dejar en el centro de una humillación colectiva que genera las risas de todos, absolutamente todos, los presentes. La única manera de asumir una liturgia de sanción es aceptando nuestra posición en el centro de dicha humillación, y ser la causa de las risas de los demás. Por un tiempo justo. Sin que sea sólo a una única persona. Ni continuada en el tiempo.

Pero volviendo a mi desencuentro con Marty McFly. Mi memoria me recuerda que fue él que hizo alguna cosa, el que se estaba pasando de listo. Era un tipo que tendría sus problemas, pero tenía un caracter particular, y en aquél momento el agraviado, según recuerdo, fui yo. Quizás la memoria de Marty McFly le hubiera llevado también a sentir la necesidad de mentarme la madre. Y lo habría aceptado, no sin antes intentar recordar el por qué de aquella pelea. Lo cierto es que aquella pelea en la que llegamos a las manos, se saldó rápidamente con una llave que mandó a volar a Mario McFly por lo aires, en un automatismo de los aprendizajes de karate que recibí de mi sensei Ángel. El karate que yo aprendí era más de la filosofía de que sólo lo utilizas en caso de defenderte. Y aquél fue el caso. No recuerdo nunca más haber tenido ningún problema con Mario McFly. Me habría gustado haber comentado este recuerdo con él. No por asumirme victimario, que dudo haberlo sido, pero sí para enteder su perspectiva del mismo acto. Quizás me habría llevado otra mentada de madre. Y no tuve tiempo de recibirla. Y eso me duele.

No participé en este show, salvo por mi humilde chiste. Pero como a muchos, me sumió en una reflexión que quise articular de esta manera para poderla compartir. Compartir es un decir. Nade sabe de la existencia de este blog. Quizás sea el momento de quitarme este peso de encima. Y con el privilegio de no tener victimario al que lanzar mi frustración y sufrimiento, dedicarle a todo aquél hijo de puta con el que me crucé en mi vida, una sutil y reconciliadora mentada: vas y chingas a tu madre.