Borges y Joyce

Tras escuchar por primera vez mi banda favorita, El Gran Otro, tras la charl de Carlos Velasques y Mariana H, lo siguiente que escuché, por la gracia del algoritmo de youtube, fue esta charla de Borges sobre James Joyce. Acto seguido quise ser todos ellos.

El tren del mame

Si me quisiera subir en un medio de transporte en particular sería, sin duda, en el tren del mame. Ahí está lo que hay que ser, en el momento justo, ahora. ¿Qué más puede haber para un inverbe que pretende ser algo/alguien para los ojos de los demás? El mundo está atento a lo que se dice en el tren del mame, cojones.

No se crean nada. Ayer tuve todas las influencias literarias, musicales y vitales que puede abarcar una única persona en un sólo día. Empezando por Ulises. El de Joyce, claro está. No querría parecer ahora que soy capaz de narrar las historias de un viajero por el mediterraneo en busca de un porvenir que nunca llega, mientras se debe lidiar con Dioses varios, mounstruos mitológicos milenarios, el mar, la playa y los desencuentros con los que te topas cuando juntas a personas de todas las latitudes el puto planeta azul.

Ya sólo me faltaría meterme en el embolado de la física cuántica para hacer ver que la entiendo, primero, y luego para plagiar dos o tres metáforas de Carl Sagan, y hacer ver, coo si nada, que son propias. El tren del mame requiere este tipo de habilidades y no cualquiera posee la capacidad para subirse en él. Es un poco como el Hotel California.

Pero ahí se me está yendo la vena musical por el lado incorrecto del tren del mame. Mi tren del mame de ir por ahí iría a descarrilar en el barranco de la música sin sentido. Y te toparías con una horda de elfos y demás figuras mitológicas «modernas» jugando a ser el alter ego que defienden en su juego favorito en linea. Geimers pues. Ese tren del mame, de momento, lo dejamos pasar.

Es muy fuerte todo lo que se puede condensar en un día de un ser humano cualquiera. En el fondo para subirse en el tren del mame se necesita ser un don nadie. Alguien de barrio que pasa desapercibido por la vida. Con la capacidad de caminar por su ciudad y recorrerla todo lo que haga falta para estar en el meollo de su ciudad, sin necesidad de estar haciendo nada especialmente relevante o mediático previo al momento justo para despegar hacia el viaje definitivo de la aventura del héroe.

El tren del mame de James Joyce (ahora sí entro en materia, que se creían) radica en creer en la literatura antes de creer en cualquier otra cosa, y dedicarle a ella lo que se requiere para crear obras que se sostenienen en el aire por sí solas. Inclusive si en esa voluntad de subirse en el tren del mame se pierde la inteligibilidad de lectura de sus millones de esperanzados e insensatos lectores que se embarcan en el tren del mame de entrarle a un libro mítico como podría ser Ulises.

No llegué al tren del mame por voluntad playgroundiana de dejarme llevar por los trend setters de mi vida. En su día me subí al tren del mame de la innovación disruptiva y los planes estratégicos, y conseguí diluirme en un vórtice decadente que me llevó a los mismísimos límites de la desgracia. Estuve en el tren del mame de la miseria humana, aquella que sólo se puede imputar a uno mismo, incapaz de salir de ese barranco mientras no tenía voz para gritar nada más que señales disminuidas de mi inacabado personaje. Mi propio tren del mame me dejó tirado en la estación y partió para no volver nunca más.

Pero esto no va de intentar apuntarme al tren del mame de la desgracia. O más bien, del desgraciado. Ese tren del mame ya lo habité en su día. Y fue un tren del mame sumamente doloroso. Y no tuve la capacidad de llevarlo a ningún puerto valioso. Ni siquiera a un puerto apestoso. Todo el mame me lo comí. Me lo guisé y me lo comí. A lo mucho el tren del mame de aquél entonces me empachó, y con la gula me engordé, de manera enfermiza, de mi propia voluntad de mamador.

El tren del mame al que quiero subirme tiene pues componentes musicales, otros cuantos online, pero sobre todos una determinación inequívoca de asumirme en el directo. La capacida de transmitir un show que se despliega ante las cámaras de un tinglado que está pensado para que subsista en el tiempo. Como todos los zooms y demás eventos que se están llevando a cabo y que pueden desencadenar que el tren del mame se traslade por siempre a nuestra vida digital, sitio al que no querían llegar algunos antogonistas máximos del tren del mame. Sin embargo, el tren del mame pasa sólo una vez, y hay que tener la capacidad exacta para subirse en el adecuado.

Pero no se preocupen. Si usted es un fanático del tren del mame lo más probable es que ni siquiera lo sepa. Y que su manera de subirse al tren del mame está condicionada por su capacidad de asumirse como un borrego dentro de un rebaño. Que no está mal del todo. Lo que usted quiere en realidad es que el resto de los borregos le miren a usted. El tren del mame es una competición para ver quién entra antes al sitio en el que nos está encaminando el tren del mame del puto perro que obedece al amo: el pastor.

El Señor es mi pastor, nada me mamará.

Ese tren del mame tiene sus riesgos. Y sólo ha sido tocado de pasada para no dejar escapar esa posibilidad de subirse a ese apreciadísimo tren del mame que incerta el pene en el ojo ajeno.

No se me vaya a malinterpretar. El tren del mame de la claridad no es precisamente aquél que permite entender a James Joyce en su totalidad. Ni siquiera en su parcialidad. Lo cierto es que quizás nos queda tan lejos que tan sólo unos pocos llegan a la antesala de la oportunidad de subirse al tren del mame de la literatura. Y eso es un aberración social de nuestros días. La incapacidad de entendernos lectores, sin más, de cualquier tren de mame de cualquier sujeto con los cojones, y los ovarios, suficientes de subirse al tren del mame de los autores de libros. Los, y las, escritoras.

El tren del mame de las escritoras es exactamente el sitio al que quería llegar a parar. Así que sin más dilaciones, ahí lo tienen. No se puede pretender nada más insolente que tener la idea en solitario de alguien va a querer levantar un libro (que ya compró, ojo) para leer una historia que ha salida, completita, de mi desauciada cabeza. Me subí hace años al tren del mame de la locura, y desde entonces no he salido ni un minuto a la sanidad mental. El tren del mame de mi delirio me persigue insesantemente por las noches, o bien para matarme, o bien para forzarme a salir de la cama a escribir a intempestivas horas de la noche. Sobre qué, se preguntará el ávido lector. Pues eso, sobre nada en particular, y sobre todo. Sobre todo el tren del mame.

Ahora parece chiste fácil. Juegos de palabra para emular, sin fortuna, un ejercicio sencillo como plasmar tan sólo un día en la vida de un tipo normal que de pronto, de la nada, se embarca en el tren del mame. Esa es la máxima de las aventuras que acompaña a todo protagonista de una historia, en realidad. Y ese tren del mame quizás sea el mismo para todos los tipos normales que salen a buscar la aventura de su vida. Hoy precisamente. El tren del mame nos lleva a pensar que estamos en el presente que queremos vivir. Y por eso, hacemos los que nuestro llamado particular nos ha dictado: súbite a tu puto tren del mame. Ya.

Y vas y te subís.

Lo más heterodoxos de la lengua criticarán que de pronto les hable de tú y de pronto, sin intermediar, les hable de vos. Pensarán que hay algo mal en mi tren del mame literario. Y puede que tengan razón. Pero el tren del mame de iros a tomar por culo tiene esos niveles de libertad que te permiten asumirte como una estrella de rock and roll. El último y definitivo tren del mame superior.

Es a este tren del mame al que verdaderamente quería venir a parar. Escribir a las cuatro de la mañana es parte de un tren del mame paralelo. Eso tan sólo responde a la incapacidad de haber direccionado adecuadamente mis ímptetus literarios por los canales que el tren del mame del mundo editorial dicatan. Y esa consecuencia la absorbo como propia. Todavía estoy subido en el tren del mame de que mi obra no está lista. Quizás porque aspiro a que en el peor de los casos mis libros sean tan estrepitosos fracasos como Finnegans Wake y Ulises, juntos.

No lo digo yo. Eso sería haber asumido el tren del mame del plagio. Que tampoco vamos a venir a crucificar a nuestros compañeros y compañeras plagiadoras. Todas las asambleas y los comités de dirección tienen aquél individuo que repite, con otras palabras, y a veces ni eso, lo que tú acabas de decir hace unos segundos. El tren del mame de me gustan más tus ideas que las mías. Pero en realidad las ideas no son de nadie, dice otro. Y es verdad. Y no. Pero lo que importa es a dónde nos transportan esas ideas elementales que asumimos, por nuestra cuenta, o que transformamos en otra cosa tangible que podamos digerir. Es la creación, el texto, la consagración de trasladar el tren del mame que capturamos de algún impulso vital que percibimos, independientemente de la fuente exacta de dónde esta haya venido, y luego, acudimos a la ceremonía de la escritura para hacer de aquello, esto.

El tren del mame literario tiene una alegoría que cuelga de sí misma. La soledad del escritor es un oficio de quién se dedica a escribir. Y nada más. Luego hay otras esferas que envuelven esa liturgia. El tren del mame de los lectores, que pretende de entrada entretenerse con algo para construir una transformación inmediata de sí mismos. Algo que les lleve a otro sitio. Algo que les permita verse en el espejo. Asumise como Ulises. ¿Lima?

El tren del mame del escritor latinoamericano en la capital del reino es un viejo ejercicio de impostura al que se apuntan bastantes compatriotas que cruzan el charco para magnificar la estación final de su trayecto. No conforme con haber fracasado ya en su intento local por subirse en el tren del mame de la picardía local, ahora intentarán hacerle creer a otro pueblo, que son dignos de reconstruirse a sí mismos en directo. Ese tren del mame de la impostura viene precedida de un trabajo decidido por la forma literaria que están viendo ustedes entrar a su mente. Se trata de un ejercicio de prestidigitación que tuvo que venir de fuera para tener la soltura de subirse en el tren del mame que ningún niñato, o niñata, local habían sido capaces de asumir. El gran tren del mame superior.

Pues a ese tren del mame su subieron los personajes de los que hoy les vengo a hablar. Todo empezó por un tuit que vi hace un pard de días y que pregonaba la venida de una charla en directo que tendría lugar en El Sótano, la liberaría en Miguel Ángel de Quevedo, esquina, casi, con Universidad. Debo decir que esa esquina representa toda mi biografía como newdfiano. Los cuatro vientos podrían partir de esa rotonda y dibujar toda las cosmogonía de la gran capital urbana al sur de la ciudad. En ella, los coyotes bailan con la hegemonía con la que solían hacerlo antes de que los cazara, todos, el puto Hernán Cortés.

Quién sabe si valga la pena subirse al tren del mame de la ofensa de los gachupines frente a nuestra capital sagrada. Quién sabe si ese tren del mame está consagrado a estirar el máximo tren del mame de la víctima que prefiere serlo a subirse a otro tren del mame menos mamador. Sin que el acto en sí por el cual nos asumimos como víctimas eternas tenga que ser borrado del tren del mame de la memoria. Al revés, podemos hacer un tren del mame que permita que ambas cosas sucedan, inclusive si se quiere incoporar una dinámica grupal de desahogo como el tren del mame de los dos minutos de hate speech de 1984.

El protagonista de este día mamador que transcurrió por mi cabeza como una serie de pensamientos encadenados, y que ahora en la noche, aparecieron todos de repente, al mismo tiempo, en la lucidez onírica. Se trataba de una entrevista, de un evento, de una promoción literaria, de un directo musical, de una presentación de dos libros, y de una plática fresca. La música como hilo conductor, pero también los libros. Y la vida que involucra ir a conciertos. Y narrarlos. La experiencia del directo como un valor social superior. El tren del mame de la masa transformada por la música. No cualquier música. El rock and roll. El tren del mame de la música que importa. La música que trasciende. La música que nos habita. La música que nos interpela al acto más banal, o al más sagrado. O a ambas cosas, mientras seguimos planeando qué vamos a hacer con nuestra vida.

Bloom estaba por ahí dando vueltas. La ciudad, su día a día, mientras algo le rondaba por la cabeza. Una mujer. La suya. Y una infedilidad. La trama parece ser una historia común. Lo único es que justo es aquél día el que cabe en todos los días. Inclusive en días de pandemia. Pero ese día en particular son todos los días. Y todos los días son así de dublineses. Y así de universales. Como todos los días, miles de escritores se sientan a escribir historias para crear personajes que se decidan a trasformar su realidad, o que esta, a su manera, les sobrepase de una vez por todas, ese día en particular. Un día cualquiera.

Ayer fue un día cualquiera. Trabajo; lo justo. Impulso externos que se cuelan por el teléfono. Charlas a las que accedes por una liga que nos lleva a un directo, en su día, que quedó por siempre en las redes. Ahí está. Y lo consumí mientras seguía con las labores de creación de mi trabajo. La plática era entre dos autores de sendos libros de música. Ella, cuyo nombre no recuerdo en estos momentos, pero que cuyo libro son unas entrevistas con pilares del rock and roll mexicano, y cuyas historias crea un mapa de desolación del presente del rock mexicano, que sigue evocando el pasado de su construcción en el presente de lo que aquello fue. No hay más bandas recogiendo la batuta. Y nos parece que ya no habrá nada más, a no ser que el rock and roll mexicano se vuelva a reinventar.

@Charlifornication y @soymarianah hablando de la honestidad de sus respectivas obras literarias que versan sobre música. La honestidad de escribir respecto a la manera de vivir la música como un acto de superviviencia y afirmación. La música como una responsabilidad con una mirada crítica que no se para en acto de regocijarse en el tren del mame del crítico de arte hater. Evelinos de la música. No voy a entrar al tren del mame del juicio cruzado.

Una visión de una mujer que seduce a las estrellas del rock citándolos en una mezcalería para que le entreguen los secretos que le habría gustado a Paty Chapoy desvelar en el momento justo en el que la audiencia lo espera, para entonces ir a comerciales. Pero resulta que parece que es más bien un Juan José Orijel. Cuate, aquí hay tomate. Lo que parece haber removido esta asociación de pilares del rock mexicano es su propia decadencia. Y su diagnóstico tiene músicos cuya música puede llegar a transformarnos todavía. Lo bueno de la gente que se dedica a este tipo de relatos es que nos acerca a eso que queremos: la experiencia musical superior. Escuchar con consciencia. Como si la música nos fuera a dar una salida. O quizás, tan sólo un espejo.

Pero es aquí en donde el tren del mame llega a la estación final. En el mismo evento, se presenta el primer mítico toquín de un grupo de rock and roll mexicano que viene a dejarnos claro que el partido todavía no termina. El gran otro. Así se llama el grupo. El vocalista de la banda, Eduardo Rabasa, alias Lalaland, se subió hace veinte años al tren del mame de la edición de libros, cuando fundó, junto con otros cuantos mamadores, la mítica editorial sexto piso. Años después se subió en el tren del mame de la literatura, asumiéndose pues, como Joyce entonces, en un creyente de la literatura por la vía de quien cree poder explicar el mundo con una historia, tirando de todas las herramientas literarias que ha sido capaz de acumular en su esmerada labor de lector. Y con el tren del mame de editor a toda máquina. Por si fuera poco, su tren del mame también pasa por la estación del traductor, esa parte más sutil del mundo editorial que crea un vínculo entre dos lenguas para trasladar a los lectores de otra cultura, el magnitud exacta del gesto lingüistico de otra latitud. Pues Lalaland, no contento con haber transitado casi todos los trenes del mame, y habiendo escrito también sobre música, y la experiencia del directo, se ha subido al tren del mame más sublime: el de la estrella de rock. El gran otro, además, tiene a Jisus en el bajo, a «El banano» en la batería tracional, otro baterista (el gran otro debe hacer referencia a lo grande que es tener una banda con dos baterías) y un polifacético tecladista y baterista, al que también se suma la versatilidad de Lalaland para apuntarse al tren del mame de la guitarra acústica-eléctrica y al pianola mamadora, esas que soplan, como el Tacvbo hermano de Cara Dura.

El tren del mame de El gran otro llena el vacío que detectan los ponentes de la plática. En directo presenta en tres secciones sus primeras seis rolas. Cinco originales y un cover. El primer momento musical de El gran otro tiene unos fallos de sonidos que opacan la voz de Laland, que se excusa explicándonos que están en proceso de creación. La última vez que vi a Laland pude escucharlo, por primera vez, ensallar en directo en un estudio cerca del parque hundido. En aquél momento eran covers. Y sonaba bien. La energía estaba ahí. El trance también. La estrella de rock necesita que su música transmita lo que su cuerpo representa. Lalaland ya había habitado con éxito todos aquellos trenes del mame que el mundo de la literatura le ofreció, tras apuntarse al tren del mame de estudiar dos carreras, ciencias políticas en la UNAM, y economía en el ITAM. Sólo por apuntarse al tren del mame de me la pela la educación superior. El tren del mame de la titulación lo sanjó con una tesis sobre poder y literatura en el que abordó a Orwell como eje de su pensamiento político-literario. El tren del mame de las distopias tampoco le es extraño: sus novelas lo son, y en parte, su vida también. Y la nuestra. Su música, ahora sí con letras propias, reflejan el precipicio al que nos enfrentamos mientras caemos a lo más profundo del vacío. El sitio oculto y lleno de vitalidad creadora en el que el tren del mame del despeñado aprovecha para ordeñar las letras de una catarsis reveladora.

El rock and roll mexicano está en vía muerta. El gran otro ha llegado, en el momento justo, para llenarnos de ese vacío.

El tren del mame ha llegado a su destino. Gracias por la compañía.

Feministas dialogando

El proceso psicoemocional de las mujeres pasando sus textos por sus cuerpos. Escuchar y hablar. Entretejiendo historias testimoniales de otras mujeres. La afirmación de las mujeres ante lo que mucho tiempo se mantuvo en silencio. El machismo del heteropatriarcado global. La inspiración. Estaba decidida: jamás amaré a un imbecil. En cada libreta hay un cosmos/un desastre. Cómonace del caos un cosmos. Los procesos de escritura colectiva. La escritura como resultado de la conversación que se mueve constantemente. Cómo generar un orden desde ese caos. Escucho a Valeria Luiselli: estructura vertical, patriarcal. Los orgamos masculinos y femeninos son distintos. El masculino es cómo se aprendió la escritura: inicio, medio, climax, y de ahí para abajo. En cambio el climax sexual se multiversa de una manera imposible de asir para el patriarcado. Nunca le ha interesado. La ausencia de interés de los hombres para conocer a las mujeres.

La valentía de Lydia Cacho. Su niña interior. La voz de un diario de 13 años que se escribe a sí misma. Las figuras arquetípicas de las mujeres. La escriura no sucede dentro de los mandatos autocontenida y autogestante de los hombres. Las lecturas que reconocen los vínculos con las otras. Mujeres con cuerpos y luchando desde su persona y desde ahí escriben. Desde sus cuerpos. Y su inteligencia.

Las recomendaciones de textos feministas. Lydia: leer a todos los machos. Qué le pasa a este imbecil. Leer los orígenes de la política. De qué me estás hablando de democracia si excluyes a las mujeres y a la niñez. Cualquier libro que se te antoje leer: miralo de manera crítica. Lee a todo tipo de personas. Desde dónde estás leyendo tú también. Cómo haces la crítica de lo que tengas en las manos. Lee mujeres. Entra en una librería y ojea lo que han escrito las mujeres. La isla de las mujeres del mar. Le encanto a Lydia. El de Brenda Lozano: el de brujas.

Valeria leía y se brincaba Simon Bale, no cree en Dios, se salta lo que dice. Leía a Platón y se saltaba sus micromachismos. Despertó tarde respecto a las condiciones desiguales de las mujeres. Proceso de reeducación de las mujeres. Un par de compañeras que se reunen. Mujeres que nos parecen interesantes. Suburban housewives club más radical. Joy James, crítica maravillosa. Audre Lorde: Sisters outside. Un ensayo que fue conferencia. The uses of the erotics as power. It’s on youbube. Hortence Spillers. Muy interesante para leerla a la primera. Lo que a mí me ha cambiado es la conversación con mis amigas colegas lationamericanas. El trabajo de las escritoras de mi generación, de las más grandes y las más chicas. No nos enseñaban a mujeres. Nos hemos tenido que reeducar. Desaprender.

El patriarcado nos atraviesa a todes. Algunas despiertan antes, como Lydia. Su mamá siempre le decía: qué vas a hacer por eso. ¿Cómo vas a cambiar el mundo? Hay una parte muy poderosa, y otra muy cansada cuando eres pequeña. Mucha responsabilidad. Descubrió: no nos enseñaro a cuidarnos. Es importante saber cuidarse. Nos dio una fotaleza como adolescentes que sus amigas no tenían. La fortaleza para rechazar la estupidez.

La madre de Valeria tradució su texto. Hay muchas cosas que heredamos de nuestras hijas. Qué cosas estoy diciendo que tendrá que reconstruir mi hija. Había llorado mucho de rabia, como madre, por qué les pasa esto a nuestras hijas. Qué no hacemos esto como madres. Estás luchando contra una estructura profundísima de mil cabezas. Que no se cae facilmente.

¿Cómo desperatar la mirada crítica en la infancia?

¿Qué preguntas hacen ahora que cuestionan lo aprendido?

La mirada crítica en la infancia tiene que ver en la honestidad. Mi madre era brutalmente honesta con ellas desde el principio. Vas a crear unas hijas inadaptadas. Qué bueno. Que no vivan sometidos a una presión idiótica de la sociedad. Llevaralas a las ciudades perdidas. A los horfelinatos. Platicando con un niño de la calle que sacaba una navaja. Conocer la alteridad, la otredad, de manera muy orgánica. Siempre preguntando. Jugar con elles a aprender y atender el mundo a través de la visión del otro y de la otra. Nos enseñan a educar mientiendo. A mentir educando.

Valeria da clases en USA. El espacio del aula. El espacio del texto. ¿Qué tipo de estructuras estoy reproduciendo porque en esas crecí y viví? ¿Cómo desverticalizar las estructuras en las que viví? ¿Cómo se generan espacios más fluidos, más caóticos, más desordenados, para que de ahí surja algo más rico y horizontal? Gaby, Brenda y Valeria: ecos en la frontera: la figura de la colaboración. Un museo: un texto para el catalogo… hablar desde el lugar de la mujera latinoamericana: check en el diversity quota. Hace unos meses una vieja conocida de Valeria, editora de libros de arte, le ofreció hablar con escritoras y otras formas de colaborar: ¿qué estás pensando ahorita? Le conté del proyecto de la frontera y empezó una conversación que hasta ahora ha seguido para que el museo ayude a toda la parte financiera. Es importantísimo adoptar ese modelo de colaboración para que las voces que ella quiere estén presentes en ese proyecto. Mira, escribí esto: qué te parece. Una fluidez desordenada de lo que surja. Un caos, un cosmos más rico.

Fernanda, desde el Itsmo, geógrafa, les saluda. También es autora del libro. Educar chamacas que piensen desde las diferencias. ¿Cómo educas a una niña a desobeder los mandatos patriarcales, racistas, clasistas? ¿Cómo se va encontrar una chamaca libre en un contexto que la pone en riesgo físico? Eres muy desobediente. Cómo hacerlo sin que me cueste la vida. ¿Cómo cambiamos el mundo?

¿Cómo hacemos para no amar imbéciles? Es un debate muy importante. Otra presentación pendiente para esto.

Dos o tres trozos de pizza de más

A las 1:11 el derrame fue casi mortal.

La vida sigue, no sé muy bien cómo. Es un milagro estar aquí. No lo sabemos del todo. He librado a la muerte una vez más. Y me ha traido la voluntad aquí, otra vez, a dar testimonio de ésta anomalía: seguir vivos. Vos.

No lo sabemos bien. El tiempo que uno está aquí es un grano de arena respecto a la existencia en su totalidad. En términos temporales. En términos atómicos, no quiero ni pensarlo. Nuestra insignificacia es la medida de nuestra madurez.

Si sabemos verlo es porque ya hemos recorrido suficientemente la profundidad vasta de nuestro aparene ser. O quizás de la apariencia de ser. O de saber ser. O ser sabiendo lo suficiente para entender que poco sabemos, si eso, o nada. Pero no osemos saber demasiado, ni lo contrario: no saber siquiera si estamos vivos.

Entonces ya nos quedamos tranquilos. No hemos muerto hoy. Quizás la sabiduría necesaria para afrontar el día se esta. La suficiencia del optimismo basta con entender al menos esto. y saber aprovechar lo que le queda al sol para dar la vuelta completa. Si es que acaso no estamos siguiendo una pauta para entender por completo el viaje eterno que emprendíamos cuando entendimos que lo que hacíamos era por algo más que por hacer pasar el tiempo.

A final de mes llegará un cheque con mi nombre. Unos deudores vendrán a buscarme de la misma manera que un mandalorian tendrá un encargo con mi nombre. Él sabrá qué le compensa más. Muchos virus estarán activos mientras alguien busca cómo serruchar el suelo en el que ahora mismo descansa mi masa inerte en reposo.

Despierta, anda, que no has muerto hoy. No tienes que sentir vergüenza, otra vez, por haber cómido esas cinco piezas de pizza de más. Quizás mañana aprendas a tener un poco más de seny. Parece ser que ser ticatalán no es suficiente. Quizás habrá que ser alguna cosa más. Quelcom mes, que dieuen.

Siento que he perdido el tiempo. Que no es lo mio lo que hago. O que si lo es, todavía espero resolver un llamado mucho más profundo a ser/estar. Ese «to be» por el que Hamlet despierta un día dispuesto a ser alguna cosa más que lo que la existiencia, hasta entonces, le habia perfilado como camino. Y de das cuenta que sos vos. Te das cuenta que sos voz. Como lo voz del pueblo argentino en la cámara baja, haciendo ley, aquello que las mujeres de ese país le han regalado a todo el mundo, para por fin entender. El pueblo argentino es tres veces más sublime si sólo contamos la gracia sagrada e infinita de sus mujeres. Ojo, que acá estoy pisando terreno resbalizo, y que siendo uno honesto, esta alegoría está diseñada para hacer patinar el más sincero halago por el barranco último de la desgracia. El acto más gratuito e insignificante es caer en la provocación que te lleva a bailar un tango de masculinidades entre dos hortos entrelazados de un tanguero argentino, macho, apretando fuerte la razón por la cuál te enzarzaste en pie de baile con un gallo cuyas plumas ya mostraban el dramatismo mismo de una batalla de por sí perdida de dos giles instalados en en la saturación espacial del ego en el reflejo de quién sos: baboso.

Con Argentina voy a tanguear siempre hasta este punto en el que no sabés mas si vas o venis, como el camino inicial que el gol magistral de Diego aquél día en el sur del D.F., con aquél sol que ilumina los pasos célebres de un futbolista en el medio campo de un terreno de futbol sagrado. El estadio Azteca es mucho más que el recuerdo de un directivo cualquiera de la historia de un club. Lo azteca está por encima de lo mexica, como lo olmeca lo está por encima de cualquier otro recuerdo originario de lo que un día fuimos. El cuerpo que habitamos requiere de liturgias que vuelvan con pausa y ceremonía a las raíces de nuestra ilusión. Aquella que late todavía a partir de un recuerdo común a nuestro tiempo. Ya sea el pisar del balón, en aquél sentido opuesto, en apariencia, de lugar al que pretendemos llegar, pero que en estos momentos requeire de esta esta gestualidad, de este preciso toque, como el voto de un representate del pueblo que levanta la voz de las mujeres en la votación de ayer en Bueno Aires. El pueblo argentino una vez más nos da una noción completa de lo que su poética pasión brinda a los demás. Todas nos vemos reflejadas en esa sensación de pertenecer a un registro aparte de la vida misma. Y este son, esta canción, es algo más que el tun tun de una rumba quilombera que se desata por las calles de una ciudad ajena al partido que se jugó ayer en ese particular campo de la capital de una América Latina plena ante el vibrar eterno de nuestra pulsión.

Si hoy no he muerto que sirva para rendir homenaje a esa argentina. La argentina que nos apasiona y llevamos dentro con en el sentido más amplio con el que uno corteja a una mina que nada más verla sabés que estás picando demasiado alto, pero que sin duda la resonancia de esta caja de ritmos nos está llevando a los dos hacia el mismo abismo que vos y yo sabemos, aquí, que no tan sólo es eterno, sino que sos divina, como divino es este instante en que nos fundimos, y nos dejamos llevar por la gracia infinita de nuestros reflejos revertidos entre dobles sentidos, entre gestos, entre baile, y ese punto exacto de tu tacto, o el mío, que abrió este universo alterno al que vinimos a parar, vos y yo, tras el cantar eterno de nuestras alegorías reconstruidas en esta doble hélice compuesta, la mitad vos, y la otra, sho.

ALLS

Distopías 2

Condensar en una pequeña frase toda una concepción.

Promover la no complejidad de los afectos y sentimientos.

Drógate y no cuestiones.

Pocas palabras reducidas.

Repetirlas. Más religioso. Todas las religiones tienen el elmento de repetición. Buena parte de la penitencia religiosa consise en rezar. No es sólo lo que te propone el rezo. Sino el mantra de volver a hacerlo.

Orwell lo lleva más lejos al querer empatar pensamiento al querer empatar ese pensamiento. Ya no tener palabras para sólo pensar en esos sloganes que se repiten sin cesar.

Género másculino: el potencial subversivo viene dado a través del exceso mental.

Una mente que por alguna razón. Winston es distinto a los demás. En Huxley no entendemos por qué es distino el salvaje. El libro debe empezar en algún momento. El lector debe llenar. ¿Por qué Winston es Winston? El momento en el que comienzan las noveles. El exceso mental es subversivo.

A Huxley a tres disidentes los mandan a lugares apartados. Quiere que la incomidad le mantengan vivo. Tiene final feliz. John no: se cuelga. Ya no va a sufrir más. El desajuste mental tiene mucho que ver con lo que les pasa después. Paralelismos con nuestras sociedades.

Estamos viviendo espacios de sociedades en los que se practica mucho el pensamiento de grupo. Estás con AMLO, si lo criticas eres un hereje. No puede haber un pensamiento matizado dentro de la tribu. Con sloganes. No son pocos los casos con subgrupos, en el que la disidencia derivan en la expulsión, o que te silencian. No es un elemento distópico, sino que ya se da. Disidencia mental. En Orwell es más heavy, Es más compresible su lucha. El partido no quiere tolerar que haya un Winston. En el caso de Huxley es más perverso. Los pensamientos son más inocuos. Ellos tienen que ser auyentados, pero su cuestionamiento es super menor, comparado a Winston. Es menos brutal lo que les hacen, pero la pequeña disidencia los aparta de la sociedad.

La música es otro elemento interesante. En Atwood también hay ceremonías de canto. La música de elevador, en ambiente y en letras. El cine, los libros. Tristemente esperanzador de nuestra época. Los libros ya no le importan a nadie. Nadie quiere ver buen cine. Nadie quiere escuchar buena música. Algunas para ser tan minoritarias tienen una implicación política más fuerte. El impacto político de un grupo como Pink Floyd. Rage against the machine. El rap, el hip hop, como caracter racial. Estas novelas tienen estos elementos.

Para los nazis la música era muy importante.

En México estuvieron prohibidos durante muchos años. La música despierta algo. Ese esfuerzo de producir una música dócil. Que no de grande ideas.

La música como generadora de afectos. Cómo era la música en la novela: no generadora de afectos. Cierto tipo de afectos. En las ceremonías comunales. Ya viene, ya viene. Afectos ilusorios encausados a la parte grupal homogénea que no descarrile en otro tipo de afectos. En Huxley bailan una coreografía. El baile, como liberación de los cuerpos, está totalmente reprimida. La danza y lo sexual.

Afecto al espíritu comunitario. Fusionarte a esta comunidad. Al partido. A la producción. Un vínculo que suprime la individualidad. A ese trance colectivo orientado al producción.

La patadita de Raúl Velasco. El caracter ritual. Si te daba la patada Raúl Velasco ibas a triunfar. Te está dando una patada en el trasero.

Soy un personaje ruso de Dostoievski

Golman pues

Si acaso rojo.

Si a caso, rojo.

Sí, ¿acaso rojo?

Si cazo rojos.

Sí, cazo rojos.

Rojos riman con hogueras.

La izquierda no supo si armarla de pedo.

¿Nos ofendemos?

Ahora sí.

Esto sí.

¿Ahora sí?

¿Esto? ¿Sí?

La lengua española es un gusto que bebe en copa. El latinito poco refinado toma guaro es vaso. ¿Qué pasa? Algún pedo. ¿Algún pedo?

La literatura más satelital se coció en el corazón de Copilco. Una escena de Golman volviendo a Copilco 300 y la banda entera nos rifamos un Bollywood de algo más que coyoacanenses: copilqueños. Antes que nada.

Antes que nada

No les digo. Sí les digo. ¿Qué creén? Can, kan, can, kan, can, kan.

La ortografía mexicana te salpica en los ojos. Da rabia. Es como nos enseñaron, en buena onda, a leer. Leemos los que podemos. La neta. Esa es la meritita verdad. Por esta. Ira. Ésta. Está. Estate. Date.

Un dait.

Yo soy muy newchilango; dispensenme.

Yo aprendí a ser / y estar en esta dualidad mexicana multiversal. En buen pedo, hay otro camino. Ustedes me lo enseñaron. Lo nuestro es primero, dicen allá. No ma-mes. No ma-men qué pedo los gringos? ¿De poca madre no? ¿De poca madre: no? ¡De pocamadre! ¡NO!

Ya te metiste en un pedo. El pedo ya se fue a la verga. Ahora todos somos gringos. Gringos nuevos. Gringos viejos. ¿Qué, pendejo? ¿Qué pendejo? ¿Qué? ¡Pendejo!

No es lo mismo. Nada es igual.

Todo tiene su qué, y es per se, cosa aparte. Cosa propia. La cosa en sí. Lo que los pinches alemanes no se ponen de acuerdo. La escuela de Einseinstein de postcinematografía. ¿Por qué apetecían más lo rusos? ¿Por qué siguen apeteciendo que son nuestros camaradas? Las risas rusas subidas de tono en un debate universal. ¿Qué digo universal? ¡Qué chingaos! ¡Multiversal! La nueva librería-editorial-sitio en la nube-alaverga, despegamos a su puta madre y nos lleva la santa chingada hasta la mamada que nos venga en gana nos teletransporta al espacio sublimado. El sitio en el que provocaremos el colapso total de todos los canales de comunicación. La visagra de la historia. ¿Por qué matarla? ¿Por qué acabarla? Esa es la pulsión de muerte malentendida; matar. ¿Pa qué matar? ¿Piensa? Pulsión la muerte del otro: cobarde. Para. Piensa. Baja el arma.

Fundámoslas.

Todas.

Al mismo tiempo.

Toma ya, utopía.

Toma ya Utopía.

Toma, ya utopía.

¿Toma…ya? utopía.

¿Toma? Ya. Utopía.

Historias de amor. Literatura mínima. Soy un poeta como Hugol gol; Golman, gol.

Pero me tuve que presentar al pueblo. Y el pueblo libre ascenderme al primer equipo.

La vuelta de Golman se hizo inminente: nuestro último cartucho.

No lo íbamos a gastar en un artículo para caballero.

Un artículo para dama. Mira los pinches pelos que traes. Eso es de puto. Y a mis hermanas, de paso, les llamó cartuchos vacíos. El mejor chiste de la historia. Fui testigo. Como Jesús en mercado a punto de arremeter con mala hostia a los pinches mercaderes. La furia de Jesús rebelde es la bondad más indispensable de la biografía de nuestra idealización del tiempo a partir de un gesto revolucionario. Piénselo, camaradas.

No hay meeting más dificil que el de la plaza pública. Y ahí estuve yo. Y dije lo que tenía que decir al respecto. Y sabemos que puede funcionar de una manera distinta. Yo estoy aquí para cambiar el bounce back. ¿Por qué habrían de ser los pinches gringos los que nos llevan a las antípodas de esta pinche mierda gringa? ¿Quiubo?

Híjole. Te pasaste.

Así piensa mi vieja. Es gachupina, se tiene que entender. Ser así de mexicano con esta intensidad de vecindad es un sin vivir. Y nuestro pedo aquí está cabrón. Y la neta, puro pendejo. Ni uno se salva. Bueno sí, uno: Mario Padilla Padilla.

Mario fue una de las contadas personas con la que me puse en guardia y luché por alguna causa que aquél momento sólo funcionó como defensa personal. La utilización de los gestos del karateca en el salón de clase a los nueve años. El dominio del espacio como un shaolín en el imaginario de un pinche niño del DF que nunca ha visto a un chino en su vida. Ever. Te lo juro; por esta. ¿Está? ¿Se puede? ¿Nomás la puntita?

La mujer nunca alburea. Es lo más heteropatriarcal que puede haber. Negar a la mujer el arte de la jiribilla. Siendo ellas la neta suprema del sentido más cachondo de la palabra exacta. El romanceo de urbanidad eterna de un newchilango son palabras mayores que superan el pinche cuento del sarape de San Juan Diego. No se alebresten. Conténganse. Estensen. Aquí no va haber ninguna revuelta de Iztapalapa. Es lo que tiene Nezahualtcoyotl. Que siguen viviendo en la urbanidad que funciona aquí desde que ya eran un millón nomás ellos solos, mi capitán. ¿Qué hay que hacer? ¿Qué dice su manual de conquistador?

Nomás Perez Reverte no sabía dónde arguir que la conquista no requería manual. Se trataba de la obra transformadora de nuestra monarca que muy sabiamente supo alinear los intereses de las grandes familias nobles que correspondían a la gallardía de la lucha de la prominencia de nuestra obseción heteropatriarcal machista de la voluntad de invadir desde Polonía hasta New México. La última novela del primer novelista olmeca que vuelve a la vida desde el mundo de los muertos. No les dije que era una pinche visagra.

Ahora se aguantan. Ahí les va la historia de cómo les metieron la pinche verga enterita por el Chicharito Hernández.

La capital se derrumbó otra vez.

De risa.

De risa, con acento mamón.

Los fresas.

Los fifís.

Los fesas vs los fifis.

Los nacos vs los chidos.

Los bullys de la primaria vs los bullys de una clase arriba.

Esa vecindad cuenta. A los nueve años los de dies se empiezan a poner salsitas. Ojito. Aquí no se toca a nadie. Y quien quiera sufrir las consecuencias de asumirse como un macho machista trumpista epsteiniano: un hombre blanco de buena estampa. Los chicos blanco del poder y la gloria, los éxitos abrumadores de nuestro estilo de vida, nuestra literatura, nuestros genios, nuestros padres fundadores, nuestras madres fundadoras… wait… wait… wait… wait… wait… and you keep waiting until one day it happens. It solves itself. Through pain. The suffering of the blind folded minds who didn’t speak out against unjustice. The judge is you. As you, the macho.

As macho, then, you are doom.

You are scum.

Don’t need to feel too hurt.

Your masculinity is not only approved. You still get the girls. Either you are loaded with dollars, enough to pretend you are worth that rest competing to be valued through those standards. Trump América. The rich kids, their high school years, the narratives of the great story told by exclusivibly white tellers. So much principy. They are so cute. Ask any venezuelan. Venezuelan girls aim for two cities, nowadays. Miami or Madrid. They call it the MM choice of a venezuelan free soul of the latin center of one side of feministical ways, being others, and yet, one other pole in the antipodes of the system. De dual simplicity theorem.

I will present theorems without proper proof. Because if Donny Trump is taken seriously when he uses childish interpretation of the so seeked Real Reality Real Estate Truth. Reareareaest. REAREAREAEST.

I’ve made up a literary format. A unique way of looking at writing while just, you know, hand out in the highest aspirations of the soul: to be aware of once luck to be here. Alive. Today. As is. Thank god, we are. Thank god, this. The connection is there to gained in a strive to understand the stories from fragile souls of our generation. Forget starting with the succesful white dominant stories of great family succes. How much of that can we pin in your own heart struggle to elevate yourself in the current social estate of affairs. How is life possible without our little spec of dust. Your sprayed spore than took of to life as a vessel of a microscopial organism that would reak havoc in the host system of another human being no yet in the room.

I could go on with the narrative in an immediate manner. To evolve what I’ve raised as an expectation. It was going good. Or well, sorry. English is not my native Language. Yet I’m playing the role of using it as such with my daughter, Vera. She is the truth. I know. Meritxell knows. We are a happy couple. How? We are white. That’s enough. You make it. Even if you fake it. Especially if you faked it. No one can top you allin. You let it loose one day in mystical night back in San José. One of those Texas holdem nights in Shamú’s place. It was the nicest table to properly play against the best eight poker players in the city. I landed a table who’s seat were reserved and there was a queu expecting to be let in. The put money. Everybody does. That’s the taking in any poker story. Any gambling movie. It’s all real stories from people who’ve been a played in Casinos. As if they could beat the odds. O bring the lucky moment. Trust I do sometimes. I have, I mean. I don’t mean to bragg about that night. Or the night I touched a breast in Monaco because my mom ordered me to do so, and I always listen to my mother, Ito. My dad was there. Somewhere. They couldn’t get in. Meri and I did. And I was going to bring down the house. As I had touched a golded boob.

Boobs could be issue of this script. This book. What I am. What am I? The language has its significants. A new word for a new language: Ticatalán.

I started a language 9 years ago. It’s timing frame. It comes from the past. It will always do. Jesus tought of that. Legacy. What we will be remembered for. Writing about it. Somewhere. For you to read. A reading quest. A text to study. At which age? Nine. Nou.

Nou. Temps és ara. I ara la meva filla está preparat. El temps corre. I fa el compte enrere. La direcció és tan important en el aprenentatge de les matemátiques que hem de comenzar a estudiar les metáfores del limit que ens apropa a la entesa del càlcul diferencial. Perdoneu si de tant en tant us perdo per alguna cosa que considereu fora de lloc, o que mai us havien explicat. Normal. No sou matemàtics. Pero aquí tothom fa veure que és matemàtic. Només perque les matemátiques son més lliures que els matemàtics. Es a dir, els matemàtics poden ser lo lliures que ells mateixos creguin, o siguin, com vulguin. Com ells i elles vulguin. Les matemàtiques són més fines. Son millors. Pero el millor, gairabé sempre, es un home. Això, evidentment, potser masclista. I de fet ho és. Pero la meva experiencia és que havia uns homes que eren molt clavats d’una manera desorbitada, i quelcom neceari, tot i que no va ser el meu cas. La resta dels matemátiques hem d’aprendre a correr tant com els que entenen tot el que segueix.

La absurd afició a la màgia, lo fantàstic, lo sobrenatural, lo de fora d’aquí, es una barrera de fum que els hi hem comprat als americans com l’última veritat. Els hi xuclem la tita. No ens enganyem. O millor: enganyem-nos.

Amb aquest lema puc guanyar unes eleccions a Ticatalunya.

Aixó és cert. Perque aquesta terra només existeix cap enrera. Cap a l’altra direcció. Oposat de la narrativa que pugui fer el meu némesis, el meu veí, el meu estimat monstre de Sant Jordi. I aquell día, quelcom pensa en el drac, pero alguns li posan cara al monstre, i així, tot ho simbólic es fa part interior de la nostra interior lluita per no tenir por, i despertar, aquí, al lliço fantástica de dir: estic viu. Tiu. Collons. Qué bé.

I dius aixó, i la gent, alguna, potser no gaires, et voten. A tú. De no ris. De sopte: zazca.

Es diu clatajot.

Hi ha gent insoportable.

Els creuem al llarg de la vida.

Els veiem a l’espai públic. Pero ens coneixem des de l’escola. No voleu que us expliqui tot lo que vaig viure a les nou escoles que tinc a les meves esquenes. Aixó és molt gran. Ens estem cuidant a totes. I volem fer la volta enrera. Ens hem adonat que som la visagra de la pirámide. Mai posem l’ènfasi a la pantxa. No per coses bones. Potser per coses impúdiques. I potser alguns d’aquests pensaments siguis masclistes, o ens emportin irremediablement a fer sexe en aquell mateix moment, sense dubtes ni abussos de subnormals que no s’han enterat de lo que són les relacions igualitaries més súblims entre un cors i un altre que pujen, sense haber-se conegut fins ara, i trobant el moment i la ocasió pels cosos apropar-se, doncs, hmmhmm, in the way african american, the so called negroes in what was once known to be the history of the greates empire in our history of civilization up to now.

You see how americans can be taken to the superior stage of priviledge. The way an european white feels. The way the game board is controlled in any given direction of the succesful building of our community, our governance, our sofistication of public procurement, our digital transformation and education reform. The abolition of private schools. Whaaaaaaaaat?

White priviledge spanish decendants, portuguese decendants, chinesse decendants, olmecan decendants, mixe, capulinos, aztecas, mixtecas, zapotecas, mayas, negros, zambos.

ALLS

Morir de nuevo

Morir a punto.

Morir y resistir.

Morir de un susto.

Despertar de la muerte.

Apretar: rescate.

Y el cuerpo aguanta.

Revive.

Vivo.

Milagro.

Otra vez.

¿Qué fue eso?

Un aviso.

Un síncope.

Un día así.

Un disgusto.

Una cena demasiado abundante.

Mala elección.

Sobresalto.

Músculo maestro.

Mueca de resistencia.

Respuesta física.

Cortar el sueño.

¿Estás aquí?

Estoy.

A punto.

¿Qué fue eso?

Eso.

Esto.

Aquí.

Otra vez.

Puta madre.

Un día no…

Ni lo digas.

Otra vez.

Moriré.

Ya está.

Es así.

No hay remedio.

Aquello es así.

Para todos.

Para todo Dios.

Para cada uno.

Para bien.

Para mal.

Para no armarla de pedo.

Por cualquier pendejada.

Se nos va la vida.

En un disgusto tonto.

En un suspiro.

Mi último suspiro.

Como Buñuel.

Pero sin obra.

Sin fe.

Con júbilo.

Perdido.

Salvo ese último momento.

Ese final.

Desgraciado.

Vete.

Ven.

Paz.

Fin.

ALLS

Pinches gringos no mamen

Pinches gringos, qué: otra vez armándola de pedo.

No hay derecho. No dejan ni tantito relax.

A ver quién los entiende pinche bola de güerevers.

Güereve, guarever, vamos a beber, guaro de caña, papá.

Lo traje de Costa Rica y ahora lo toman en todos lados.

Vas a ver lo que es sabor, cabrón.

No te quites el sombrero.

Me gustabas más cuando llevabas máscara.

Pinche gringo bien culero.

A este que lo eduque su mamá.

Ay, mamá, dónde estás.

Ya, mamá, nunca te ví.

Me hisciste tanta falta.

La nana es más mamá.

Ya no hay bronca, nada.

Ya no hace falta nada.

Ya nada está bien.

Ya me acostumbraste.

Ignorame lo justo.

Yo te lo resintiré.

Por mi culpa.

Por mi culpa.

Por mi gran culpa.

Por eso estamos a la par.

En paz.

Y unión.

Y amor.

Y tú, némesis amado.

Aliviana el pedo, pendej@.

Checa lo incluyente que soy.

Que son unos pendejos.

Pero algo habrá que hacer.

Para bajarle de huevos a los que aman las armas.

Pues las armas les son amos.

Su experiencia les lleva a la fraternidad de la hermandad de los ejércitos.

Como herederos de las glorias de los bélicos.

Como si se midieran las guerras con morteros.

Si nos medimos la polla con las armas que hemos creado.

Y la pasta que hemos hecho.

Y el daño que han causado.

Oh, Dios de las Armas.

Que a todos los devotos iluminas.

Con balas perdidas en los entrenamientos de tiros.

Para el día en que haya que usarlas.

Stand by.

Why.

Is there a rebelion in the air?

Qué será esto para los jueces españoles?

¿Si salen dos com armas en Paris?

¿Quién tiene las armas?

¿Quién tiene el control?

¿Quién hace negocio?

¿Quién lo ve?

¿Quién los sabe?

¿Quién lo ejecuta?

¿El secreto de estado que permite?

¿La transparencia opaca del pasado político?

Destapemos todos los expedientes.

Pinches americos vespucios.

Ya lávense el prepucio.

Pinches americos vespucios.

Ya lávense el prepucio.

Pinches américos vespucios.

Ya lávense el prepucio.


Fin de poema.


El día después de Golman Elizondo Pacheco.

Bienvenidos al #futbolarte.


Actualidad política mundial: flash informativo

Los gringos han votado. ¿Y qué creen? Perdió el pinche Trump. Poor Donald.

Hay que esperar a que cuenten todos los votos.

Se trata de las reglas de la democracia.

Los que creen en la democracia entienden la necesidad de la campana.

El simbolismo americano y el realismo mágico de Trump.

Los ríos de tinta que se escribirán de estos días de la historia.

La voz de la pataleta más letal ante nuestras narices.

¿El sistema americano se puede autoaniquiliar?

Lo permitirá en pueblo americano.

¿Hasta dónde mándan más la armas?

Esa pregunta ya la perdió el estado vecino del sur.

Supongamos que hagamos un ejercicio de espejos.

Ustedes arreglan nuestro pedo.

Y nosotros el suyo.

¿Quién tiene las de ganar?

¿Quién tiene las de perder?

Hagámos rápido otras elecciones. Yo me presento a su pueblo con una solución. Y usted se presenta al suyo. Y así vemos a ver qué tanto podemos influir desde afuero. Esta vez buscado. Intervención internacional abierta. No como sus pinches secretos, ¿qué se creen? ¿Qué no sabemos? Gracias a lo que entendimos gracias a Julian Assange y a Snowden y Chelsea Manning habríamos seguido sin darnos cuenta. Business as usual. Azul o rojo. La misma mierda. El conglomerado no se para. Por eso los proud boys serán contenidos. Porque los que mandan no quieren provocar un desorden en el sistema que bloquee su sistema de explotación de los vicios sociales de nuestra cultura militarizada en función de lo que destinamos del dinero público a las armas. ¿Cuáles son nuestros outputs deseados? ¿Cómo lo estamos midiendo? ¿Cómo no se nos está yendo la cabeza con la producción armas? ¿Quién avispa el fuego de la demanda? ¿De verdad? ¿Nos creeis idiotas? Lo sabemos. Pero tranquilos. Vuestra insignificacia tiene un sentido de supervivencia que puede ser que podamos llegar a un acuerdo social más amplio al que yace detrás de la alternativa de vivir constantemente con el miedo de que vienen los rojos a darnos por el culo. A quitarnos lo que es nuestro. Ay, que miedo, que nos come la polla un rojo. Ay, que miedo, maricón. Ay, qué miedo, maricón. No me comas la polla, uy. No me la comas por favor. No me comas la polla, uy. Ay, no pares por favor. Ay, no pares por favor. Ay, no pares por favor. Ay, no pares por favor. Ay, no pares por favor. Ay, no pares por favor. Ay, no pares por favor. Ay, no pares por favor. Ay, no pares por favor. Ahí, ahí, ahí, sí, sí, sí, ahí, ahí, ahí, sí, sí, sí, ahí, ahí, ahí, sí, sí, sí, ahí, ahí, ahí, sí, sí, sí, Trump ya no está aquí. Sí, sí, sí, Trumpayanoestaquí. Sííííí, Trumpyanoestaki. Síílííííííí, Trumpayanoestaquí. Sííííííííííííí, Trumpayanoestaki.

Atención: alto a la tensión.

Soy su nuevo presidente.

Ya bájenle de huevos.

Metan a los violentos a las cárceles.

Allá dentro están sus brothers.

Allá están los pobres diablos.

Mientras los hombres blancos enseñan sus colecciones privadas. Todos las teníamos. Una casa sin protección en América. Wuz. Así lo piensan. El viejo oeste, viejo. No entiendes nada.

Llegó una víctima de Waco a hablar con Dios y le contó un chiste sobre su último día. Dios Padre se enojó mucho. No me hizo gracia, hija. Uh, I guess you had to be there.

No es mi chiste. Me lo robé de por ahí. Pero le di mi toque. Dios está dibujado según mis estándares de cómo se ve en apariencia Dios Padre, por contrario a la versión manejada por los hombres blancos de europa en el renacimiento de Miguel Ángel. ¿Por qué creer el idiolio de las imágenes de ese cabrón? ¿Por qué querer ir al cielo cuando queremos escoger la revoución que se preguntaban en las escuelas de surrealistas y los movimiento de arquitectura Bahaus con sus revoluciones de chicos burgueses apreciando el mal a la cara y saliendo a la calle a quemar contenedores. Reveldes de campo de futubol. Alborotadores del descontrol. Caos. Caos. Caos. Oh, caos, oh, caos. Vamo, vamo, lindo caos, te invoco y me revolvo con vos, me volvés loco, no parés por favor, esto que me hacés, me voló la cabeza, otra vez vos, cómo sos, divina, dale, me tenés en tu cabeza, y soltame por favor, no me comas los labios, espera, de verdad, que te ha picado, linda, muérdeme, tantito, hacéme eso que vos hacés, no parés, dale, vos sabés. No te inhibás. Sabés que estamos en confianza. Vos y yo. Qué querés que te recuerde. ¿Querés? ¿Quéres que te recuerde, otra ves? Decime que yo voy. Vamos que nos vamos. Amarte es mi exigencia con mi ser, de promulgar esa ceremonia compartia, ese enlace entre los cuerpos, vos y yo en ese gesto, ese abrazo, ese pasito, esa piernita aquí pegadita, esa tensión así en su sitio, un poco aquí, uno tanto allá, no te han dicho lo linda que sos, sosteneme este momento, hablame lo que querrás, pero al oído, no digas nada que no quieras, no te vayas arrepentir, vos ya sabés a dónde fuímos, la última vez que vos y yo, jugábamos a este idilio de amor acostumbrado, a volver al lecho cada vez es buena, olvidalo, dejemos esto para otra ocasión, y vámonos directo al vacilón. Dejálo ya pronto por favor, que la cuestión ya está aprobada en comité. Es por placer, olvida el mío. Yo por vos te como el coño. Oh, virgen santa, santo orgasmo. Por fin los dos aquí otra vez. Fundimos es este último alarido. Que ya yo llego aquí también. Siente esta eternidad, cariño mío, pues esto es toda la razón, que nuestro amor ya no haya sufrido de aquella estúpida moral que sostuvo en un tiempo anterior nuestro destino, que a partir de un derrotamos. Metiéndonos en patio ajeno, no libre Dios que hemos pecado. Diciendo en nombre de Dios millones de plegarias, detrás de un ejercicio, un bomardeo. No entiendes brother, no lo entiendes. El mal acecha y nos blindamos o Armageddon. Nos tienes a nostros en control de la misión. Así es la vida. Este es el juego. Les gusta amigos, somos 6 grandes productores. El 7 y el 8 pelean por aparecer. Sacar tajada del negocio. Estamble es esta cima para nuestro sector. La estrategia militar es de pueblos nobles. Productores y navieros. Seguridad. Alarmas. Metales. Minerales. Combustibles. Automóviles. Bancos. Seguros. Finanzas. Consultoría. Moda. Cine. Arte. Diamantes. Enervantes. Armas. Monedas. Mercados. Innovación. Sostenibilidad. Ambientalismo. Entretenimiento. Revolución digital. Apúntate a mi parida. Ayuda a hacer crecer nuestro potencial futuro. Olvida tu desgracia. Pinche gringo, no mamar. Levanta la cara. Recoge las migajas de vuestro último show. Dejen de odiarse a lo pendejo. Hagamos de esto una lección. Azul, rojo, que más da. Vecinos, no mamen. Chingen a su madre. Y váyanse a la verga. No se pongan así. Si saben cómo me pongo para qué me invitan. Ahí se ven.


Fin del comunidado

The military complex first horse loss

The flexitibility of the markets appreciates the dignitiy of the rest of the sectors who trust this country to feel closer to what de Democrats hope to achieve. Worldwide. What makes América cool. Not great, we know. Trust us. We know how much you suck. How low you get. In your greatest moments of glory. With your ignoring the other ignorance. To spell you faith in the 10 golden rules written by the profet HIMSELF, with a fearher from a Quetzal the white man first son stole in one of his hunting trips. We love our guns. Gives us our guns. Proud boys carry guns. Let’s chop somebody from the Democrat party like the Saudi’s do.

How much of this is bullshit?

The American young right wing poets are thinking that in their misserable status quo Stockholm syndrome. Oh, God, how dare you! Oh, God, oh NO. Oh, merry Mary, why, I prayed to you and then with her. Killing me softly with her song. Oh, cat, oh dear. Oh, God. Listen to her go. The truth, the lie, that comes out like that. Inside a church. The holy teachings. The way we adapt the civil ways of acting upon the mirror of our creed. Shouldn’t we provide a place to hold your new beliefs. Oh, start from scratched. There’s nothing sacred. Every joke is valid. Look carefully you are not shooting at the urarmed children or taking justice in your hands. Remember Abu Graib? I do. Do you remember Abu Graib? I do.

Please, stop the music. I can’t hear my voice. I’ve cried and cried. Affraid we’d die.

Venezuela is here to win. The commies are in the house. Call the ghostbusters, please. I’m affraid. Please bring back the Matador. As we want bulls to have it all: our stinking patriarchy declining. The decay of the Alpha Male. Diminished by rules of true democracies. In the votes of the people we believe. We said if first. Freedom shines more here. We are the center of the universe. And fly higher than the sun. In fact is she who follows our light. Our rays project into ther how great we are. Do you think the Sun reckons our existence. Forget God Father: ask the Sun!

Ask the sun, this is my song.

Come along, don’t get burnt

It ain’t right so much delight

The living life at last relax

Flat on my back with sand as bed.

Think not I’m here this is existance

To know and feel and love and be

So great today as life can be.

Cause just now just now

This is how I know

That I enjoy now or never will

As this is the only chance I have.

To say and feel and fly and cry

To be this high for sure transforms

As I know for sure that life is this

greates feeling or believing

as one goes in and then stays clear

For one is this and that other

The fate I take to be who I believe

to be in the quest of being real

real surreal as a king A as surrealy real

real surreal as a king A is surrealy real

real surreal ass king A as an ass is real surrealy real

No, your honor. I did not call that ass names.

This wouldn’t go unnoticed with a female judge. But she would deliver justice much better that them majority males. Except when you choose one of them conservative judge who believe in the morals of the lord according to the white anglican cultural legacy. That’s how far our criticism can take us as a white anglican in whichever county. Either I flee to another state, or else, I’ll be as white on rice as one can be. I ain’t rice, nor white, just brown, as you like to call me. I’m from accross the south wall one. Not the one down south. All the way down to Chiapas | Guatemala. The central american exodus. Do you read the bible? Do you read the pentateucus? Do you follow the tales from the old testament. The adventures of our super heroes? The invention of the codes of conduct. The new angles for understanding. The new roles we are here to play. The game is on. This is our own.

Let’s start tonight.

Let’s have a vote.

Anyone can vote:

God Father bless América!

God son bless the Mexicans!

Virgen de Guadalupe; ora por nosotros.

San Juan Diego; méntales la madre.

Reconcilialos, oh, Padre. Ayúdate del demonio. Te hará falta su perspectiva. Tus morales se quedaron obsoletas. Provocas el fascismo en ciertas personas. La resolución al rito de las armas. No se ha ido ni un minuto del tablero. Este juego de risk es muy aburrido. Se vienen vientos de cambio. Encontramos la resilencia en la comunión de los perdones. Bájenle de huevos, ya les dije. Ya les advertí, pinche blancos babosos. No se me alevresten, tan sólo les venimos a dar un manita. Mira. Huevos.

U-eeeeeeeee-vooosss

Fin del tocarle los huevos al vecino

Oh, qué placer. Qué tranquilo me quedé. Los deleites de los némesis. Al ver el sol caer.

Golman Elizondo Pacheco (tal día como hoy)

Tengo un secreto que contarles

Hace tiempo que escribo y no sé muy bien por qué. Tampoco sé si tiene sentido escribir. O si alguien tendrá el más mínimo interés en leer mis textos. Lo peor es que no se tratan de historias, ni siquiera de cuentos, ni de ningún otro tipo de formato literario con el que un ávido lector se pueda sentir seguro. O segura. Probablemente atraiga antes a una lectora que a un lector. No por nada. Simplemente leen más. Eso está demostrado. Las estadísticas literarias son muy claras en ese respecto. Sólo hace falta ver la gente que trabaja en el mundo editorial. Las mujeres son mayoría. Y los hombres, ya se sabe, unos machistas. Ahgg.

En fin, si yo fuera uno de ellos rápidamente me daría asco de mi mismo. No tardaría en autoetiquetarme para estar en el grupo de lo más periférico de los autores. Quizás escogería estar con los autores que no lee nadie. Eso sí sería reconfortante. La inseguridad que nos precede, tan sólo confirmada por la helada indiferencia de mis lectoras. Ellas mismas se han conjurado a no leerme nunca. Quizás sea una frase fuera de contexto, o un párrafo en un post de hace más de 9 años, que escribí sin entender muy bien quién era la persona que decía dicha palabra. Puede que haya sido el personaje el que la escribiera, pero ese matiz no lo sabría entender esta lectora, no por una incapacidad personal, sino por mi inoperancia como escritor para sentar las bases de mis historias con las estructuras que deben, por fuerza, tener todos los textos. No se vale, insisto, despistar al lector con palabrerías que no van a ninguna parte, porque entre otras cosas, ¿qué sentido tendría?

Quizás la búsqueda del sentido no es un fin en sí mismo. O quizás algunos autores sí que lo consiguen, y con ello, sus historias brillan en las mentes de sus transformados lectores. Las lectoras ya no leen a autores insípidos que son catapultados a un olimpo de la literatura maquinado para sentar a hombres seniles en un círculo de machos alfa que sostienen la pluma con la que escriben en una mano, y con la otra la polla del escritor al que rinden pleitesia. Se trata de un ritual masónico que sirve para poner las letras en la cumbre de la civilización, justo en medio entre el poder y el dinero, como un mecanismo autónomo que aceita los engranajes del simulacro social al que pertenecemos. De no existir la literatura se romprería el cículo de los alfa. Sobrarían manos. Y no se generaría el estímulo sagrado de los esbirros lamiendo los huevos de sus amos.

Con esto no quiero desvelar uno de los secretos mejor guardados de nuestra sociedad. Sino tan sólo advertir de mi incapacidad, y quizás fuerza de voluntad, para crear una obra literaria que me acercara a la fatídica circunstancia de haber de decir que no al círculo de poder. En cuyo caso, la situación podría enmierdarse rápidamente, ya que tienen vías muy sugerentes para alisar las críticas de los autores latinoamericanos que aterrizan en la madre patria con la intención marcial de subir al olimpo de los dioses. La literatura siempre ha sido el último refugio de los soñadores que buscan en este otro simulacro el anhelo de ser aquél otro, si tan sólo hubieran nacido en el lado acertado de la pirámide.

No se trata pues de un fraude. Ni siquiera de un complot de los literatos y los editores. Ni un sistema de explotación de masas para consumir más palabras de las que tenemos capacidad de digerir. No tenemos tanto tiempo como para perder en obras insignificantes que ni siquiera han pasado el filtro de las vías formales de la edición. La imprenta marcó el camino, y ahora, los editores, pretenden marcan las mentes de sus masas de lectores que se abarrotan en las liberías como hordas de alocadas adolescentes tras los huesos de su estrella pop.

Las generaciones globales siempre han buscado la satisfación, el goce, la salida. Y a la vez, el espejo en el que reflejar la imagen proyectada desde lo más profundo de sus anhelos. El deseo de poder observar, con sus propios ojos, que los sueños del querer-ser se han posado sobre la realidad asumida como un tejido de partituras en las que nos hemos colado hasta la cocina del porvenir. Y la única manera de conseguirlo es burlando todas las barreras que se nos levantan al pretender dar un paso más allá de lo que nos es permitido, según nuestros propios estándares, y según las reglas que se nos han transmitido, y que de manera singular, hemos aprendido a enmarcar nuestro ser, al mismo tiempo que intentamos dudar al máximo de su utilidad, y por tanto, nos alejamos vertiginosamente de su uso. Nuestros gestos contradictorios no consiguen la libertad, sino sellar al máximo la capacidad limitada que tenemos para entender, desde fuera, el entramado de la trampa perfecta que nos hemos articulado con nuestro hacer, pensar y dudar. No dejamos lugar a la fuga, que por otro lado, nos llevaría a asumir el viaje por el único túnel que vemos a nuestro alrededor. Y los que han bajado por es hueco se han topado con el eco indisolubre de la fragilidad desgarrada.

Un grito nos abre la piel, dándole la vuelta. Las vibraciones del aullido se cuelan en los poros y entran a los órganos que organizaron la revuelta. Se desata una reconstrucción interior de los roles de los órganos, quienes son llevados por la vía del libre albedrio, y que sin embargo, sienten la opresión de dejar sus puestos para asumir, a partir de ahora, que son algo más. El engranaje se pone en marcha sin dilación. Rápidamente se encuentran las alianzas del nuevo orden y se permite la escritura de un modulo central que rige los movimientos y las alarmas de la continuación deconstruida de nuestro ser. El cerebro sostiene las vías de deglución de los alimentos ya triturados y dispuestos a pasar por su circuito cerrado de electrocalibraciones. Los excedentes se vertirán por las tres vías de salida de los desechos: los ojos, la boca y las orejas. La disposición de estos ya no está en la cabeza, que ni siguiera tiene sentido en este contexto quimérico. La lengua se ha apoderado del circuito pensante que actúa sobre los demás órganos, con la ayuda mecánica de un corazón abierto que se ha alineado para abrirse de brazos mientras abraza el que hasta ahora era el órgano sexual de la persona. Es aquí en donde el ano y prepucio observan el exterior de nuestro ser, y se relacionan con un lenguaje sofisticado que extiende los tejidos del sistema nervioso entrelalazados con las arterias y las venas, de manera consustancial en mensajes dispuestos ante nuestros interlocutores, para reestablecer el contacto mutuo con inmediatez de las formas, los olores, y la geometría del mito que se teje en la mesa de interlocución, cuyo marco ha sido engalanado con los huesos más robustos en el esquema de proyección. Los dedos de las manos y los pies desplazan la nueva endidad con la tracción suficiente para el encuentro con nuestros semejantes. Los tejidos de los músculos se han reconfigurado para llevar una capa que dignifique al nuevo ser en su ecosistema de navegación continua. El uso de los bellos, cabellos y uñas se guarda para las alegorías sagradas de los encuentros que ameriten la ocasión. El resto de órganos se reconfiguran entre ellos para mostrar un elemento sofisticado de elegancia que va mutando en cuanto se percata del encanto y la seducción compartida con otro ser circundante. La memoria se almacena en una epidermis de genes que destellan una luz que se emite y que refleja la comunicación en las antenas receptoras de otros seres, que funcionan como repetidores involuntarios de los mensajes discontinuos del ecosistema. Las neuronas se han distribuido por doquier, sin que sea neceario, ni buscado, mantenerlas trabajando continuamente. De hecho, muchas de ellas se desprenden del organismo por el placer de marchar. Levitan pues en el ambiente, sin que nadie las condicione. Habitando las diferentes esctructuras de los nuevos cuerpos. Son los seductores portadores de las tribus nómadas en movimiento.

Es ahí, en este último éxodo, en donde encontramos al persoaje principal de esta historia: Dionisio99.

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Some days you find yourself turning the page. Life is full of days, and that should be enough. We only have a few and we don’t ever listen. Not even to ourselves. Life’s about to end. And still, life is just a walk outside your place, somewhere, where you’ll encounter… life. Other people’s life. Full of circumstances, vices and hopes. Life’s what comes out of todays journey. Wherever we go. However we choose to go about it. Life is beginning new projects, even when it seems out of the norm. Specially then. I never know if specially goes with a letter e at the beginning, or if that’s just me being latino all over again.

What am I supposed to do? Who am I supposed to be? Still no answer. Still wondering about something else rather than what I must. I do this unconciously, or maybe, purposedly. I don’t have an answer for that either. I am more of a question guy, I guess.

I have limited time. Sometimes you have to remind yourself. Sometimes you need to hammer the head that’s avoiding to pay attention to your inner «Pepito Grillo» to come to those senses intended to be your landing spot. Why should I go there? Why should there be a place in which by my own deliverance I shake up the world that surrounds what I am supposed to be at the moment? Why would anyone, including me, care?

I don’t… know. I do care. I think.

Life is but a game. This illusion has been there forever. I might be dying inside, as we all are, and there must be a way to accept to take part in this new thing comming up. Today. I turn the page again around the sun. I’ve turned 44 years old. It’s the 20th birthday I celebrate in Barcelona. This city has evolved into something else. The place is ready to give back 1992 and enter right into the 80’s back again. Bring back the wall as we need this new decade facing backwards inside the room. Who’s in the back of the class? Why are they there? What is it they want? That’s where innovation is taking place within the social disruption scene. And in the front rows might be the scientists. They want change to. They have skills, several degrees, a method and a topic they know all about. In the middle, people caught between the poles of the class. Or the classes going about their own path to fulfillment. They are all in the same room. As we are. We belong to the front of the class as much as to the back of it. Only, as Woody Allen played it early on, he only had a chance to go to the back of the class and choose from the options in that side of the board. Who’s making a living out of their own wit? Artists? People creating new narratives. People pushing the boundaries. The Charlie Chaplins. Cinema is entertaining and feeding people with stories that go out of bounce. The gameplay is being leveled by those outsiders. And we, in the middle, get to watch.

Scientists go about the way they got there: excellence. And studying. And observing. And asking the right questions. And making science. All the time. All the time. Until the impact factor hits the roof. Then they’ve made it. If not before, when they have already stablished a role within a lab. Making a difference from the lab bench. Finding new ways to push through the limits of their own view of the world, through the microcrospe. Through their practice.

We are called to make a stand to risk everything in order to be a part of a bigger process. This insurgency meets the needs of a society that is full of resentment towards the other, and where conspiracies are thrown at each other to debunk the fundamental issues that hold each others arguments. But it’s not like fight. It’s not war. We are taken to scenarios of violence because that’s been the case all over history. It’s the norm in our history, according to our storytellers. And we have found it normal. Customary. Was is just around the corner. Again.

New tensions in the middle east. The old commies vs uncle Sam. Nazis taking over. North Korea pushing the button. Trump playing war games. Drones flying to get you. A bullet your way. Paramilitares taking on environmental activists. Minning, the old fashion way. The land being taken from it’s local communities. Deforestation. Devastation. No jobs. No movement. No social non violent uprising. Who’s next? What’s next? Why now?

It seems like life is taking a spin. Pandemia has shown us a way of coping with our priorities. And somehow, we have all noticed how screwed we are/were. But it’s not on us. We avoid to fall into the place where society is being judged. We are coping with illnesses as we go about a dayly routine back to the old days. The new days have no shape yet. They are only real in our imagination. And sometimes, we forsee a bright and prosperous future. Some others, we are gloomed into despair by the blindness of our own.

How to change ? Why change? Why now? Against who? People are choosing to take sides. And two poles are always there colliding. No atraction/repulsion is taking more than two poles. Unless we create a new electromagnetic field. Complexity then play it’s own balancing game. Structural entrophy. Balance. Stability. Or ultimately, a bomb.

We’ve all taken a blow at the head. Sad news have come our ways as we have experience a new way to be caged. The caged bird still sung. And there, within that unfair imprisonment, freedom was casted with the spirit of heirs of dinosaurs. Not a small heritage on their tiny little shoulders. Sing bird. An eagle’s scream. A dove’s coo. I know why the caged bird sings. Freedom.

Are we there yet, mom?