Morir y volver

No es la primera vez. Ha habido otras veces que he vencido a la muerte. Quizás es la novena. No se si habrá otra. O la siguiente…

No se si vale la pena regodearse en la vida. O justamente cuando uno consigue una pequeña victoria de lo que podría haber sido el último suspiro. La gente dice: murió tranquilamente en sus sueños. Puede que no haya sido tan tranquilamente. Quizás ese momento final en el que intentas volver, simplemente: no llegas. Lo intentas, pero las compuertas se te cierran. O se te abre la de San Pedro.

Dios está ahí. Pero el cabrón está jugando con vos. Te quiere ya ante Sí. Te está llamando. O dando una señal. Una de esas: aprieta pero no ahora. El man está ahogándome y al final me suelta. Eso es una tortura para que haga algo. Es el llamado de Dios Padre para decirme: ahora.

Así que no me queda más que hacer caso. Por la insignificancia de este hijo de Papá. Uno más que mandó a la Tierra para cambiarlo todo. Oh, qué sacrificio. Todos somos hijos del señor, según la doctrina universalista de la iglesia católica. En la película de Los Simpsons el hijo de Flanders pregunta si estará Buda también. O quizás fue alguien más. Pero el chiste es espectacular. Buda merece estar ahí. ¿O sólo llegaremos a un cielo en el que los que han creído como yo tienen sitio? Arrepiéntete de tu xenofobia y de tu odio, pequeño buen samaritano. Igual todo el bien que profesas lo estás proyectando en la balanza que te precede, como apostol de mi Reino, y que siempre tiene un balance positivo, hasta que metés una de tus bombetas que te ha dictado algún doctrinario de lo que supuestamente no va bien en mi plan maestro. Y soltás alguna babosada sobre el aborto. La vida, decís. Mejor dejá el tema y defendé la salud pública. La mujer decide sobre sus circunstancias. Escuchá: no estamos acostumbrados a darle a la mujer ese rol. Ha sido una prueba. Y la estábamos perdiendo. Toda ese gente en el purgatorio está ahí por pensamientos como el que ahora vos defendés a capa y espada. Por un reflujo de muerte que tienes dentro. Deja que salga. Y nunca más volvás a dedicar un segundo de odio a quién no piensa como vos. Quizás nos hace falta humildad para distinguir la línea que nos separa de quién piensa distinto a lo que nos «dicta» nuestra fe. O lo que nos transmite nuestro pastor. O la doctrina actualizada de mi iglesia. De la cual no soy responsable.

Uno de los elementos más subjetivos de este mundo es la intermediación entre un profeta que trae las buenas nuevas, desde hace años, con su libro sagrado impecable, y lo que ahora interpretamos del mismo, traido a valor presente. Todo nos sirve para seguir. Algunas moralejas nos dejan en situaciones de confort en donde antes había angustia. Y respiramos con más tranquilidad. Livianos. Nos sabemos parte de un organismo vivo que profesa paz. Y no odio. La religión tiene el propósito de darnos aquello que nos falta. Porque el sistema no tiene tiempo de cambiar. Y si lo encuentra, nos vamos rápidamente a la distracción. Como si una pausa de la magnitud de una pandemia no fuera suficiente señal para establecer un tiempo para la meditación. ¿Qué acaso no sabríamos identificar el gesto de Dios si se asomara por una nube con el dedo estirado para que su hijo, vos, lo tocarás con la punta de tu índice?

Nos confundimos con el arte. El arte nos llevó cerca de lo que los clásicos pensaron en su día. Las imágenes celestiales nos llevan a infiernos, purgatorios y cielos que nunca han existido más allá del imaginario del artista. Que entonces lo plasma en un gesto de traer a la tierra lo que existe sólo en aquél cielo propio. Nuestra visión particular de ese cielo es todo lo que importa. El día que me vaya estaré en el sitio en el que no existe la angustia. Ni nada. No estará mal. Estaré seguro de haber vivido lo que la vida me dio. Momentos sublimes de intensos sabores y colores. Todos los que pude percibier en un paisaje recurrente con el que me encontraba cada día en la montaña.

Mañana saldremos a pasear por la montaña. Es la primera vez que saldremos Vera y yo desde que la pandemia nos confinó hace 60 días. Estaríamos haciendo el camino hacía los 99 días que cambiarán nuestras creencias más ancestrales. Quizás ya nada sea igual. Y los políticos lo saben. Pero también lo saben las fuerzas del mal, que se aferran al poder que han tenido sobre nosotras. El heteropatriarcado resiste el embate del tsunami. No se va dejar vencer con la primera ola. Resiste aguantando la respiración en medio de la lavadora que le revuelca sin saber diferenciar si arriba o abajo. ¿Cuánto tiempo más aguantará?

¿Cuántas veces más despertaré cuando la cena se precipite de vuelta mientras duermo?

Escritores incipientes

Eduardo Lago y Enrique Vila-Matas conectan con NYC con un policía de cementerios. Un guarda de seguridad, en realidad. Un puertorriqueño. Cristina estaba con ellos. Oficial Jimenez. Cada vez que voy a cerrar, la gente se tiene que ir. ¿Cómo se llamaba tu compañero?, le pregunta Vila-Matas. José Velásquez. Ustedes están viendo la tumba de Moby Dick. Él no se instruye. Muchacho, sepultaron a una ballena.

Jimenez, ¿cómo es la tumba de Melville? Dejan unos mensajes. Escritores. Poetas. Le dejan mensajes y bolígrafos. A ver si pueden heredar la misma forma de escribir. Principiantes. Gente mayores como ustedes. Escritores. Que dejan mensajes.

Una cosa que me pareció impropio fue que me quitaste un libro casi a punta de pistola. Me gusta mucho Melville. Ahí está la soledad de Nueva York. De Wall Street. Los gringos son así como Bartebly.

Tú eres un lector. Nos dijiste que a tí te gustaba leer entre las tumbas. Mi mamá fue maestra retirada en Puerto Rico. Me gusta leer mucho.

Hispanoamericanos qué autores has leído. García Márquez, Cortazar, Vargas Llosa. Vargas Llosa me aburre un poco. El premio nobel estás de acuerdo o te igual? Esos premios me parecen sospechosos. Yo no tengo opinión sobre eso. ¿Has leído a Paul Auster? Sí, me gusta mucho, porque es el poeta de la ciudad. Henry James. La vuelta de tuerca. Las novelas largas no me interesan mucho. Las bostonianas. Me gusta mucho como el autor maneja el relato del narrador. Thomas Pynchon. Te voy a admitir. Don de Lillo. Punto mega, lo leí y me gustó mucho. Thomas Pynchon cada frase es genial. Ese sí que te puedo decir que lo leo entre tumbas. Antes de abrir me leo un capítulo. Lo dificil me entretiene.

Jiménez, te queríamos hacer una pregunta. En el coche había una tercera persona que no dejaba de mirarnos. Ustedes lo conocen pero no voy a hablar de eso. ¿Es alguien que está escribiendo sobre el cementerio? ¿Es Don de Lillo? No.

¿Qué sabes de Cataluña? ¿De Barcelona? No he salido del Bronx. Soy fanático de Messi. Me encantaría ir allá. El cementerio. La librerías. Ir a un partido del Barça. ¿A Thomas Pynchon le gustarí el futbol de Barça?

Mario Jimenez se despide: espero verlos.

Hubo una cosa muy extraña… bueno yo no se… lo podemos contar… ¿qué hace este hombre leyendo libros? Ese nerviosismo que mostró. Ese individuo que iba ahí dentro. Resulta dificil creerlo. Nosotros pensamos desde hace tiempo que es Thomas Pynchon. Tenemos que esperar a que aparezca el nuevo libro de Pynchon para saberlo. Me acordaba sobre todo de la pistola. Los dos iban con la placa de sheriff y de la pistola.

Foster Wallace. Depresión profunda. Años 80’s. No podía controlar sus propias pulsiones autodestructivas. Ver a alguien que desaparece de rente. Silvia Pla se suicidó muy joven. Cuando muere Bolaño se crea una corriente potentísima de simpatía. Foster Wallace: es la persona más adorable y la más atormentada del mundo. Él vivía con los demonios y ellos le ganaron la batalla. Ya se leía. Ya estaba sucediendo todo esto. No lo validaron ni los críticos ni la editorial. Sino los lectores. Una obra muy extraña. 1900 páginas. 900 notas. Generación muy desafecta. Los estereotipos son gigantes. La diversidad extraordinaria americana. Los jóvenes americanos de 20 años están obligados a triunfar. Si quieren que nos engañen para darnos una sanidad universal. ¿Qué nos quieren hacer?

Una literatura que no se casa con nada ni con nadie. No lo hace de espaldas al público. La gente se identifica con lo que él. El mundo: los que están por debajo de 30. Y los de arriba. Foster Wallace no es un invento. Tiene seguidores en Francia. Su muerte no es un gesto publicitario. Es una tragedia que lo convierte en un mito.

La idea de Bolaño como suicida. No hay nada de eso. Él intentó terminar su novela antes de morir. No hay relación entre Bolaño y el suicidio. Quería vivir. Esta apología de Rimbaud. El mito es importante comenzar a estudiar. Ahora que se descubrió una foto a los cuarenta. Se han de revisar todos los mitos. Está muy bien lo que escribió. La juventud tiene que saber que igual era más interesante Berler. ¿Por qué no?

Teníamos que haberle preguntado al policía Jimenez si había leído a Rimbaud.

A Foster Wallace le preguntaron sobre la postmodernidad. Ah, sí, sí, sí… se explicó mediante una metáfora: una noche en la que se van nuestros padres y hacemos una fiesta loca y se acaban las drogas y después está todo sucio, todo quemado, alguien vomitó en el florero. Ese momento. Lo que le ocurre a él es que se encuentra en un momento histórico en el que Pynchon, el hombre de la noche, incluso Don de Lillo, han llevado las cosas a un extremo y de ahí no se puede ya seguir. La trampa de la ficción ha sido descuibierta por la metaficción. Hacía el oeste: se ríe del postmodernismo. Nohabía conexión con el corazón. Ni con la inteligencia. Matamos a nuestros maestros. Y ahora qué hacemos. Franzen: volver al realismo. Si tengo que reducir a una sola palabra cuál es la clave de una relación de verdad: love. Esa palabra llega muy lejos. Lo conecta con la afectividad. Hay que seguir escribiendo con el corazón. Escribir para llegar a este punto extremo. Que parezca que no se puede continuar. Y seguir.

Aplausos del respetable.

FIN

KOSMOPOLIS 2011 // Diàleg K: Eduardo Lago i Enrique Vila-Matas (VO Es) from CCCB on Vimeo.

Ese día Eduardo Lago salió con un grupo de editores, escritores y agentes literarios por el Raval de Barcelona. Acabaron en la Confitería. En donde aparecimos Meri y yo. Meri se sentó al lado de Lago que le hizo una pregunta: ¿tú quién eres y qué relación tienes con el mundo literario? Ninguna. Le volteó la cara. El mismo desprecio con el que se le etiqueta a alguien que no toma agua mineral. Sólo que esta vez nadie aplaude.

Mi soledad me aparta de ti y me acerca a ALLS

No se le podía entender a Jesús a dónde coño iba con todo esto. La mamá estaba desesperada. A qué nos lleva su mensaje de amor ante tanta incertidumbre en el aire. Mira los romanos pasándose de verga con sus impuestos. No hay derecho. O sí: el suyo. Así qué fácil. Comunistas.

El mundo va muy mal. Todos discuten con sus némesis. Y se encuentran fácilmente ante la dramatizada mirada de odio hacia todos aquellos que desprecias: los otros. Los némesis ocupan ese lugar en tu corazón, pero sobre todo, ocupan ese gran lugar en tu mente. Piensa en un güey del América.

Ahí está todo.

Al pedo.

El futbolarte es así.

Yo simpre digo lo mismo. Que no quiere decir que venga aquí a hacerles de su pendejo. ¿Qué? ¿Quién se creen que soy? ¿Su achichincle? Ahhh, chingá. Pues ¿desde cuándo? ¿O cómo? A ver, dime.

Yo como digo una cosa, digo otra.

Te puedo cantinflear y alburear al mismo tiempo.

Seas tornillo o tuerca.

Y en la pista de baile nos fundimos.

Como esta canción que rola chido.

Como este toquecito que te doy.

Date, musa linda: en verdad eres artista.

Ven, bailemos, tu y yo hasta volver.

Y de pronto, en un instante en la pista de baile nos fusionamos en un ser. Es un gesto único al que sólo accede quien sabe bailar con el alma. No todos tienen el don. Esto es así. No había vacuna para todos. Ni respiradores suficientes. Debemos lidiar con la escacez. De la mejor de las maneras. Como si el poeta fuera voz, y la mujer, la matriarcal esperanza de un tiempo nuevo. Un tiempo NEW. Sin dejar títere con cabeza. ¿Qué parte no se entiende de esa expresión? ¿Acaso vos, títere con cabeza, merecés que la guillotina te salve únicamente a vos? ¿Quién coño te has creido?

El títere DIOS.

La única respuesta que salvaba el pescuezo era esa. Y puto títere va y la suelta ante la incredulidad de los presentes que llenaban eufóricos la plaza real, para asistir por fin a la liberación de todos los credos: la muerte de Dios. Al que descrubrimos títere. Su poder, o su labia, le salvó de la guillotina, que traímos desde París. A nuestra nueva centralidad: la plaça del NEWREI.

NEWKIN.

I hereby present to the people a new kingdom from above the heavens. One holly place, right here, right now: ALLS………

6 niveles que son 9

La gente no atiende a las diferencias semánticas entre el seis y el nueve. Hay quienes hablan de una conspiración diabólica. Que todo lo que este par de farsantes trama nos va acabar dejando en mal sitio frente a Dios Padre, el día del juicio final.

Entonces la vaina se va a joder de verdad.

No mamar.

No pasa nada. Asumimos ser expulsados de la iglesia. La duda nos cubrió de pronto por completo. Fuimos más Descartes que San Pablo. Y luego le dimos la vuelta. Nos afirmamos en un NEW Pau.

NEWPAU.

El personaje de ese lugar en la ciudad. Ese antiguo hospital. Una vez más utilizado para cuidar a su pueblo. La metáfora de la retransformación final. La historia de cómo nuestra ciudad se convirtió en otra cosa: el sitio al que fueron a parar los cuatro grandes hospitales de la ciudad: Vall d’Hebron, Clinic, El Mar y Sant Pau. Por llamarlos malamente.

En esta nueva capital ya cupimos todas otra vez: ALLS.

Y sino, podemos viajar a otra capital. Y probar ahí la fuerza de esa reconstituida urbanidad: NEWELI.

Sino me creen, vayan ustedes mismos. Elijan. Aquí hay historia para rato. Sólo depende de usted. De su capacidad de seguir hasta el final. Y volver.

¿Estás lista?

Adelante. Comienza la marcha atrás: 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1,………

  1. Si quieren llégenle a mi presentación en sociedad: El mito Euskera.
  2. El texto íntegro de discurso de Golman en euskera en la plaza de Elizondo. Justo al lado de la Iglesia.
  3. Un tributo a mi padre: Golman Elizondo.
  4. La historia narrada como se escribió. No siempre es igual cuando se puede dividir la lectura en fases. Cuando las piezas se pueden separar. Según como se autoorganizan las palabras. En frases. Y párrafos. Eso que la lengua hace. Y eso que se sintetiza en una imagen que nos lleva a otra. Y en esos espacios negros que algún significado tendrán. El vacio. La foscor. Para al final, desvelarnos una historia.
  5. Para solucionar el problema debí dar vuelta atrás. Quitar cosas. De uno en uno. Así que decidí construir una pieza que fuera haciendo el camino atrás hasta reencontrarnos con la lengua que abandonamos ya hace años. Paso a paso nos vamos acercando. La renuncia desmenuza nuestro mensaje completo, de por si excesivo. La lectura alrevés sin duda generará otro significante. La casualidad da vueltas sin preguntar.
  6. Golman vuelve al pueblo del que se fueron sus antepasados en el año 1866. Acaban de pasar 9 días desde el desconfinamiento. Y llega al espacio público de su pueblo, y dice un discurso en euskera. Le entienden tan sólo la mitad. Por tanto, tras un debate popular, uno de los que entendió el chiste tradujo el discurso del forastero a cristiano, para que lo entendieran los demás, que ya se amotinaban de tanto alboroto montado por el parroquiano nuevo en la plaza pública. De ahí que exista una pieza que nos lleva al discurso traducido al español. Porque esto debía ser para todo Dios. O toda Dias.

Mi primera obra en euskera: Golman, papá.

Pasar la noche aquí es mi camino. Que follen a Santiago. Esta es la nueva palabra. Escuchad nuestro último evangelio. Una especie de tercer tiempo de nuestros dos libros sagrados: antiguo testamento y nuevo testamento. Escuchad con atención el NEW testamento.

Yo solo voy aprender a decir estas 99 palabras en euskera. Serán las 99 de Golman Elizondo Pacheco, el último hijo pródigo en volver al pueblo.

Perdonad si me enfilo con una historia que no venga al cuento. Me llamo Golman Elizondo Pacheco, y he vuelto a casa.

Arriba Aurrera.

Es un chiste con doble sentido. Casi todo lo que os voy a contar tiene, al menos, dos sentidos. Y a lo más nueve. Nou, como decimos en mi/nuestra NEW capital: New Barcino.

Sabía que nuestro pueblo requería de mis servicios y por eso he vuelto. Para regresar con la familia que se fue. Y todas nuestras historias. Les estamos en deuda. Somos quienes somos gracias a lo que aquí, en estos montes y estos valles, aprendimos a vivir en simbiosis con la naturaleza, con la noción del valle que sólo los que habitan uno saben interpretar respecto aquellos otros que viven en la montaña.

Son opciones. Alternativas de vida. Maneras de ver la existencia y las posibilidades que nos da para autoreconstruirnos. Eso que nosotros tantas, y tan pocas veces, hemos hecho ya a lo largo de la historia de nuestras familias: las que nos fuimos, y las que nos/os quedastéis.

Bienvenido sea el encontrar de nuestros dos polos. Nuestra dualidad sagrada: New Spain.

En la meseta central este chiste no se va a entender. Ni estas risas. Dejadles ser centralidad. Lo grande y uno tiene su gracia como lema de país. Sólo que no es el nuestro. Y no aguantan que les digan eso. Eso es lo que nunca entenderá alguien que interpreta que la montaña es Sierra Nevada. Y nada más.

Los pueblos libres se autodefinen 99 veces al día. Ni una más, ni una menos.

¿Querías una nueva narrativa?

99 tasas.

Mearos en 8 apellidos vascos porque yo con uno solo, de aquí, nuestro pueblo sagrado, capital de todos los valles, centralidad de todas las montañas, Elizondo les espera para reestablecer el control de tu insípida existencia, hijueputa.

Mae, todo tuanis……… hasta esa última palabra. Acá, por alguna extraña razón no se entendió.

Señores, y sólo señores, en nueve sitios distintos del pueblo, como normalmente se reunen en comunidad ante un evento en el espacio público, en el que esta vez, se topan con un nouvingut: Golman Elizondo Pacheco. Servidor.

Vea, yo vengo de un valle más allá. Es otra centralidad trascendental para lo que vendrá a ser el nuevo modelo. La última sociedad. El despertar de los hombres libres del machismo, y las mujeres que lo celebran, en otros planos, dedicados únicamente a escucharlas a ellas. Sin que ellos tengan acceso.

El mundo nuevo sin machos.

Lo que decidimos dejar atrás.

En algún momento nuestra reconciliación será porque abremos domado a los subnormales.

Los nuestros.

Nuestra propia purga.

Asumir tu subnormalidad superior.

La que cada uno enarbola.

Sin poder escapar.

A nuestra innata estupidez: la proyección de nuestro torpe mal.

Mejor mandar en el Infierno que servir en el cielo.

La dualidad entre los ganadores y los malvivientes.

¿Acaso no es ese el debate?

Tú ya tienes un juicio sesgado del otro. De tu propio vecino.

Cada personaje del pueblo vuelve a ver a su vecino. Y lo (re)conoce. Le hace un gesto. Un aplauso. O un silbido que cruza el pueblo sabiendo. Sin temor. Como el canto de un pájaro local, que si hubiera querido ser nomás el poeta local habría apostado por el tucán, por primera vez aquí en estas coordenadas. Tan nuestras. Tan bien paridas. Joder, que somos la capital de un valle cojonudo. Que tiene la humildad de saberse bendecido por la astucia de los primeros colonizadores que llegaron a los alrededores, pasando por nuestras montañas sagradas, y llegando, río abajo, a la plaza central de un valle como el nuestro. O como uno del Ajusco. O de Valle de Bravo. Donde yo vi las estrellas. Algo mágico: como esto.

Pasar la noche aquí es mi camino. Que follen a Santiago. Esta es la nueva palabra. Escuchad nuestro último evangelio. Una especie de tercer tiempo de nuestros dos libros sagrados: antiguo testamento y nuevo testamento. Escuchad con atención el NEW testamento.

La llamada de la muerte

Ya van dos días que pasa. O tres. Duermo plácidamente. De pronto, la garganta se cierra. Es el final. The end. X.

Despierto.

Un día fue tan fuerte que desperté de un sobresalto que me salvó la vida. Y despertó a toda la familia.

Hoy tuve que salir de la cama para escribir esto. Por si vuelvo a dormir, y esta vez no despierto.

Quizás ya esté muerto.

Si es así, no duden en volver aquí. Aquí está todo. O parte. Lo demás me lo he guardado. Como Mejía Barón a Hugo.

Los muertos que narran

Entro en Facebook y me encuentro con un post de Luis Humberto Crosthwaite, un escritor mexicano al que conocí en Barcelona. Un día le dejé mis boletos del Barça para que Quique lo llevara al Camp Nou. Así que me estuvo muy agradecido, pese a que el gesto, en realidad fue de Quique. Y de Roger, de quién eran los asientos. Quizás también del tío Pepe. Y de Vicente, mi suegro. QEPD.

Barcelona me ha dado una aproximación a las personas que se dedican a contar historias. Los libros ya los conocía. Uno es lector antes que seguidor de sellos editoriales independientes. El mundo editorial y la lectura se dan la mano a la distancia, como el escritor y el editor. Son partes trascendentales de una relación que se estrecha más allá de lo que podemos concebir de manera racional. Hay algo de magia. Y también un velo.

Como el velo de la vida y la muerte.

Desde entonces lo sigo en facebook. Los escritores han tenido una entrada pausada y firme a facebook. Primero con el recelo de todo intelectual, y luego, entendiendo la magnitud relacional de la red, y la respuesta inmediata de quién accede a jugar. La creatividad de la interrelación les hace ser dinamizadores de la partida hacia sitios diferentes. Hacia nuevas crónicas. No deja de ser un espacio de interactividad. Un sitio en el que quien escribe puede recibir el ir y venir de quién lee. Ese velo entre el libro y el lector. El libro, objeto, se proyecta al más allá. Más allá del tiempo en el que estemos aquí. Vivimos en un cerco. Y un día nos dejarán salir. Y entonces, ya no estaré aquí.

Luis Humerto escribió el siguiente post:

Oh… narradores muertos. Mi memoria audiovisual, esa que se desarrolla antes de la lectora, se adelantó: sexto sentido. Lo popular a veces tiene un peso en nuestros estados de la naturaleza. Y mordemos el anzuelo. Los otros. Otra vez. Pero aquí, Luis Humberto Crosthwaite (se debe leer siempre el nombre completo de un autor que tiene un nombre tan elocuente) nos obliga a ir por el otro camino. Por el del guion, primero. Enfatiza que las historias, incluidas las que vemos en imagenes interconectadas, las escribe un guionista. Y aquí el peso lo sostiene el texto. Alguien que escribe cómo van enlazadas cada una de las escenas de la historia a narrar. Y cómo estas tienen un impacto coordinado para llevarnos a un sitio, en el que se condensa la clave del show. El desenlace de una trama que se viste desde el conflicto que nos engancha tras la presentación de nuestro personaje y su entorno.

La recomendación de una película que a un autor le parece esencial. Una película favorita transforma. Y su recomendación nos lleva a establecer las claves del por qué. En este caso: el narrador está muerto. Desde que lo vemos en el inicio de la pelicula lo sabemos. No he visto la película, con lo cual mi gozo es más profundo. Lo que me queda por ver es el universo de lo posiblemente transformador. Lo que todavía no sabemos. Lo que oculta el guionista para su despliegue de decisiones. Y nosotros detrás. Siguiendo las migajas de pan a través del bosque. Hasta dar con la entrada del Parc Guell.

Un rotulador enorme cae de repente, junto con una pelota de papel. Un ruido tremendo me distrae de la escritura. No lo entiendo. Según parece alguien me lo tiró. No ha nadie conmigo. Los levanto y los dejo en su sitio. Me entra la duda de si alguien más podría estar aquí conmigo. Un espíritu. Una fuerza superior. Un fantasma del pasado. Me siento bien acompañado. Ahora sé que está conmigo. Y no pasa nada.

Quizás sea el narrador de aquella historia. Ahora aquí. A sabiendas que hablo de él. O algún espíritu que me acompaña. Que no son pocos. Y de los cuáles, algún día, hablaré. O más bien, de sus historias. De lo que queda de ellas. O de cómo se transfiguran en un espacio temporal, ya sea libro, guion, o película.

Luis Humberto Crosthwaite interpela a su audiencia que le recuerden libros o guiones de narradores muertos. Nos lleva al origen de las historias. Los autores de dichas historias, y las historias mismas. Y luego se da a la labor de buscar las historias publicadas en algún sitio online. Y las podemos leer. Me voy de cabeza sobre Pitol.

Qué bueno es Sergio Pitol.

Y luego pienso: no he leído nunca Pedro Pármo. Qué vergüenza. Ha llegado el momento.

Pedro Páramo


Confinamiento total

Beings

El mundo se guardó. De pronto el silencio de las calles se convirtió en una bulla existencial dentro de la mente de cada individuo. Ya no era tan sólo el neoliberalismo el que nos perseguía, ahora también el aburrimiento se apoderaba de nuestra paz. ¿Qué paz?

No sabemos bien cómo tomarnos esta situación. Va a morir gente hoy. Mucha. Muchas más de la que habría muerto en esta zona del mundo. Quizás los números sean los mismos en el agregado. No sabemos. Normalmente no contamos muertos. O no lo hacemos para estar al día de si esto nos afectará o no al final de la entrega de premios.

La vida nunca había sido tan claramente una lotería. Al menos eso pensamos desde nuestra situación privilegiada. Nuestro boleto no estaba marcado. Podíamos ir día sí, día no, con nuestras paranoías en la cabeza, y sabíamos que llegaríamos al final de día.

O quizás no. Quizás las certezas sobre las que vivimos tampoco son tan fuertes como nos imaginamos. Ni tan estables como las proyectamos sobre el resto de las personas. El capitalismo nos obliga a vender optimismo continuamente. Para dar la imagen de que todo está bien. Y de que todo va a salir bien. Que en el fondo, es verdad. El optimismo debe marcar el paso de nuestra procesión. Así sea nuestro via crucis.

Vamos camino a la cruz. Este es nuestro destino. Eso, y cargarla en el trayecto. ¿Dónde coño está el cirineo? No recibimos más ayuda que la nos llega. Y a veces no sabemos aprovecharla. La dejamos correr. Como el agua que no hemos de beber. ¿Por qué desaprovechamos tal o cual oportunidad? No lo se.

Entiendo que he tenido varias oportunidades en la vida. Y todas ellas las he considerado como una bendición. Lo que no estoy seguro es exactamente de cuál de los dioses vino. Y esto no es una cosa menor. A quién le doy las gracias, si no tengo claro quién fue el artífice de mi suerte. Mi libre albedrio se postra en estado trascendental en busca de una respuesta que no llega. En medio de esa espiritualidad rebuscada, algo penetra: una sensación de presencia. Un momento de paz. Un estímulo de la consciencia. El aquí-ahora.

Lo que se desvela entonces es la noción definitiva de que sólo este momento existe. Y que pese a nuestras penas, la vida es esto, este milagro. Estar vivos es la mayor gracia de nuestra vida. Y bailar es un acto revolucionario si consideramos que la vida está aquí presente, en ese movimiento de caderas, con esa pareja de baile, en ese estado de comunión infinito, al que ahora tenemos acceso: ritmo.

La música es nuestro elixir de la inmediatez en armonía. Lo debemos beber a sorbos. Y saber cuándo parar. No podemos estirar el placer más allá de los límites que el cuerpo aguanta. ¿Cuáles son esos límites? ¿Quién pone las banderas a partir de dónde ya no podemos seguir?

La autoridad. ¿Hacerle caso? Es un deber. Es parte de nuestro modelo. La sumisión es un acto democrático. Lo hacemos porque entendemos que el modelo persigue dotarnos de ciertos valores fundamentales: derechos humanos. Libertad, igualdad, fraternidad. Las bondades de la democracia. El sistema funciona. Como los mercados. Mira la realidad.

Y la realidad es que el mundo se paró. Nos habían dicho que eso no era posible. El indicador por excelencia de toda proyección de futuro se esfuma con cada día que no hay actividad económica: PIB. No creamos más que paz social y defensa contra el virus, al que sin verlo, nos sabemos parte de una extraordinaria lucha contra un agente exterior que tiene un comportamiento que ataca nuestra integridad. Nuestra vida. Podemos morir sin nos toca el boleto ganador. El paso a las siguiente fase. Algunos creyentes se acercan más a la tierra prometida. La vida eterna les toca a la puerta. Los dioses doblegan sus esfuerzos de captación en épocas de vacas megaflacas.

El mundo se va acabar. Un día. Más tarde que temprano. Pero así será. Igual que nuestro sol. Pero para que aquello pase pasarán mucho giros alrededor del sol. Y sobre nuestro propio eje. Somos esos movimientos incoscientes de la Tierra. Codependencia con un ser superior, al menos en masa, como el Sol. Oh, Sol. Sol Padre. ¿Por qué no venerarte a tí que nos diste vida? ¿O porqué no venerarte a tí que nos das vida?

¿Quién es más grande: Dios Padre o el Sol?

Sólo Dios sabe. Pero prefiere callar. No quiere verse inmiscuido en una denigrante escena de egos masculinizados. Él vs Él. La última lucha de dos machos alfas.

LLÉGALE A LA VERGA

¿Qué pasó, cabrón? No actues. Ya nos conocemos. Nos surramos la madre. Por varias razones justificadas todas. Me cagas, cabrón. Y me encanta decírtelo. Pero en realidad no me interesas tantito. Ni tantito, pues. Para que entiendas. Te lo repito. Te voy a tratar como tú tratas a los nacos.

Por deferencia. Por diferencia. Porque ambos estamos aquí para asimilar una manera de estar en la sociedad. Y esta urbanidad que tenemos en la capirucha nos da una sensación de diversidad completa con todas las opciones descabelladas de nuestro amado pueblo. En su manera de ser como somos los de aquí. Así bien… eso. El que es de aquí sabe a lo que me refiero. A las tantas maneras de expresarlo. A cómo nos sentimos cad día de nuestras fiestras populares. Cuando ocupamos el espacio público. Juntas. En armonía. Esa cosa que somos juntos. Como el barrio. Eso que compartimos al estar.

Esa cuestión de coexistir en una misma aceptación de nuestro bienestar común. Y cómo podemos llegar a saber que en ciertas cosas nunca nos vamoa a poner de acuerdo. Y que en otras, coño, tenías vosotros la puta razón. Y querría aprovechar este momento para reconoceros eso, tronco. Que la vida son dos día y no vamos a estar a estas con la que está callendo. Y tal como los cabelleros nos lo dejaron. No veas ahora cómo ordeñamos las vacas el próximo ciclo de reconstrucción. El problema fue no intentar nada el pasado. Y daís pena quienes pensáis que lo habíamos encaminado. Quizá será vuestra percepción de estar en el lado ganador de la ecuación. Los que no caistéis. A pesar de vuestra sensación de precariedad. Lo que todos hemos afrontado. Más allá de lo hayan resultado ser los políticos a los que usted en particular no podría estar más en desacuerdo, bola de subnormales.

Usted ya sabe a quién aborrece. Y ha sido ávido en intentar odiar con todas las ganas. Como un ejercicio nacional.

Hay quien leyó ejército.

Quizás en algunas ediciones salga escrita la palabra ejercito en vez de ejercicio. Pequeños trucos, o taras, para convertir en libros apócrifos la rareza a encontrar en la librería más mítica de la nueva ciudad, la que empezará el día que volvamos a ocupar su espacio público, con nuestra transformación mental el unísono. Una voz con múltiples acentos. El canto que de esta canción salga. Como un culto de lecturas interminables. Como nociones de un nuevo mundo que nos llegan en informaciones que viajan más rápido de lo que en aquél entonces lo permitía la tecnología: la escritura de cartas que viajaban en diligencias reales por barco. Como las cartas de los reyes magos que cada año le entregamos en mano al page real. De eso, los que aquí vivimos sabemos desde que somos muy pequeños: nuestra vocación a echar al mar, con la multiversalidad que nos permitimos instaurar para tener suficientes niveles de libertad para dar cabida a la serie de subnormales que se quieran posionar en el eje defensor de sociedad de la violencia y del deterioro individualista de considerar a la peña meros consumidores en el rol trascendental de nuestro modelo económico y social: llamadle democracias, occidente o estados nación. O como si queréis que nos dividamos por credo. O por club de futbol. O por estatura. O por género. O por idiomas. Para entendernos en mismo canal. Como una especie de asunción del otro. Asumiendo aprendizajes que hasta ahora no nos habiamos cruzdo por nuestro sistema de carreteras neuronales. Os voy a invadir la cabeza con choques electricos de pura surrealidad multiples veces retroalimentada. La obsenidad con la que podemos generar sobre un mismo chiste 99 versiones.

La huida hacia el chiste fácil.

El otro humor.

La risa sin gracia.

Lo elemental.

Lo que pide el pueblo.

Futbol, toros, cotilleo, puticlubs, bares, salones de baile, asociaciones, guiño guiño, política-espectáculo, peliculas mediocres con temas mal llevados que se diluyen en unas actuaciones que nos permiten pensar en otras vidas, otros humores, otro tipo de historias, cine independiente también, por darle un sitio a los creadores para venir a pescar. Sucar pa.

Aquí todas tenemos que comer.

Alguien piensa en los más necesitados.

Pero se hace lo que se puede desde la autoridad local.

Mientras el país piensa en las iniciativas de ataque para derrocar al rival.

El País también piensa que Pedro el guapo es bueno.

Y el pueblo asiste a los medios para su dosis continua de actualidad.

Esta gente nos perdió hace tiempo.

La ficción de lo que sale por la tele como realidad frente a lo que vemos que hacen los hospitales cuando tenemos el nivel más crítico de la atenció a la salud. Es el momento de regular el sistema de salud que nos rige. Y reactivar los mecanismos de prevención que la población sea capaz de entender en dichas circunstancias de excepcionalidad. Y que se entienda la cadena de mando de las organizaciones y lo que se puede y no se puede permitir en los momentos en los que se gestionan grupos grandes de profesionales en continua tensión. Por la inoperancia de los mandos de dirección. La incapacidad de tener los equipos en su sitio para atender la necesidad de la organización para estar como debe estar. Eso hay que trabajarlo con tiempo. Y con nuevas maneras de dirigirnos entre nosotras. Y lo que ha significado el trato entre médicos y enfermeras. Amos, capataces y gobernantas. El heteropatriarcado en el sector, como una realidad de la que ahora no vale la pena hablar porque debemos elogiar el titánico esfuerzo que están realizando los equipos asistenciales. Pero nos damos cuenta de la disparidad en la toma de deciones en las líneas de mando médicas, de enfermería, de ingieneria y mantenimiento, de sistemas, de recursos humanos, de economía i finanzas, de comunicación, de celadores, pobres, de auxiliares de enfermeria, de proveedores, de consultores, de farmaceúticas, y demás operadores de las redes profesionales de soporte de la sanidad pública. Esos sectores estratégicos. La provisión de servicios en mercados controlados. Los mercados locales. Oportunidades a los nuestros. Negocios de familia. Lo que sabe el diablo por viejo. Eso que domina la casa de los representates de las familias de antaño. Las cotas de poder de los grandes apellidos de la historia contemporánea de la ciudad. La historia de subditos y familias comuneras. La razón de ser de una sociedad libre de tener todos los matices de los pueblos y toda la pertenencia a la especie humana a la que se hermana mandado memes idiotas como un ejercicio que ningún filósofo, sociólogo, doctor, presentador de televisión, autora, pitonisa, cuidadora, muchacho, muchacha, chiquita, güila, mae, tronco, noi, veí, veina, noia, tia, nen, jaar, preveyó, ni mucho menos sugirió. Pero ahí fuimos, como borregos directos con vitalidad hacia el despeñadero. Porque a fin de cuentas, un día nos vamos a ir de aquí, y por qué no hoy. Y zas. LJ.

Salud pública al alza

La salud, divino tesoro.

En realidad pensamos poco en la salud. Tenemos la percepción de que somos invencibles. Eternos. Es curioso que esa falacia coexista en nuestra individualidad humana. Todos vivimos bajo la creencia de que no moriremos nunca. Y de pronto, un día, morimos.

Después no sabremos más. Ese día llegó y nosotros ni nos enteramos. Así va la vida. Quizás está a la vuelta de la esquina. Quizás la muerte no está lejos. Y no tenemos manera de saberlo.

Por lo pronto, nuestro cuerpo, o nuestro cerebro, en particular, tienen este mecanismo de invencibilidad que nos atrofia la perspectiva de la vida despúes de la muerte. O de la muerte, que de pronto, un día nos llama a la puerta.

Creo que la muerte es un tema trascendental. Y además creo que es un tema vital. No hay vida sin muerte. Y la muerte no nos debería doler tanto, si a fin de cuentas, no duele. Lo que duele es el duelo. La pérdida de un ser querido. De pronto, ya no está. Y no parece verdad. No parece posible. Sentimos que estaremos siempre aquí. La persona a la que amamamos. Nuestra madre. Nuestro padre. Nuestra hermana. Y un día, nomás un día, ya no.

No pensamos en ello. Lo eludimos. Quizás ese es el mecanismo de la mente para no agobiarnos la perspectiva del ahora. Pero quizás, esa ligereza con la que nos tomamos la vida es pura apariencia si no concebimos la inmensidad de lo que verdaderamente importa. Estar aquí. Estar vivos. Hoy: un día más.

Ese es el regalo. Y también el milagro. Esa carrera que pegamos un día cuando tan sólo éramos espermatozoide alfa. Quizás ni eso. Puede que hayamos sido uno más del montón que simplemente tuvo un día con suerte. Una carrera buena en toda su vida profesional. Y nunca más dar palo al agua. No vamos a juzgar ahora al espermatozoide que nos trajo aquí, cuando puede que todo el mérito de nuestra existencia resida, por completo, en la capacidad de la otra mitad, la media naranja de aquél diminuto y escurridizo malandrín, que tuvo la solvencia para competir con el resto de los macacos y ponerse enfrente de la más preciosa imagen de una DIOSA rotunda, blanca y pura, inmaculada, virgen, ella sí, y con la desdedicha de sufrir por el heteropatriarcado que desconoce todavía, un nombre masculino: óvulo.

EL óvulo nos representa. Una perla en camino de la trompa. Cuidadosamente producido por la parte fiable de la naturaleza: la mujer. Venida de un ovario en el que se formula magistralmente la obra perfecta, aunque no completa. Y como toda señorita de sociedad, llega un momento en el que está lista para dar un paso más alla. Es un momento indefinido, pero se conoce que hay unos márgenes en el tiempo. Un horizonte temporal en el que se está preparado para la trascendental llegada de la horda de malparidos machos simples y sobreexitados. Pobres hombres. Tan primarios. La lucha tenaz de la carrera les ha nublado la perspectiva y sólo uno consigue llevarse la gloria con la más elevada de las musas. La recepción de dicha dama nos desvela que no es tal, sino una artista consagrada en las artes de la comunión. Lo que sucede a partid de aquél entonces es el proceso más sagrado de la alquimia. La concepción de un ser que tiene un futuro efímero y maltrecho. Pese a todo, la vida se obsesiona con la unión de estos amantes, sin tener en cuenta apellidos, ni tragedias, inequívocamente lanzados a un desenlace multicolor de la más dócil factoria, como el primer beso que Julieta perfiló en los labios de Romeo.

La vida suele repetirse entre historias que se copian entre ellas. Siempre alguna sale victoriosa, y por tanto, se replica con más frecuencia. Y así sube y baja. La euforia incial nos deja pronto en el sabor convencional que se repite en un coro que todo el mundo canta. La pasión de un cielito lindo un día de lluvia. Unas netas de un borracho mexicano en ese momento justo de la noche en la que a pesar de no haber ligado, ahí estabas tú; carnal. El homoherotismo mexicano es un poema que todavía tiene un recorrido machín. La pulsión del chicharito.

La muerte susurró al oido de Sabines. Un poema me lo dijo. Y entonces entendí: dónde estás muerte mía, no te escapes, que te quiero oir.

Mi madre me contó que yo lloré en su vientre.
A ella le dijeron: tendrá suerte.


Alguien me habló todos los días de mi vida
al oído, despacio, lentamente.
Me dijo: ¡vive, vive, vive!
Era la muerte.



Jaime Sabines