Quedar fuera de juego

En la sociedad llegas a un punto en el que, tal y como está montado el juego, tu posición te deja a las afueras de la normalidad, excluido. Quizás vivir en la periferia de las reglas establecidas conlleve una doble racionalidad: empujar las fronteras más allá de donde está estipulado el campo de juego, y verificar las andanzas de los que deciden transgredir las reglas: para bien y para mal.

El hecho en sí no debería ser causante de la anulación de nuestra entidad como ciudadanos dentro de un marco legal que asumimos como común. De alguna manera asumimos que el juego limpio es la condición que se establece para que todos podamos participar en las mismas condiciones. Pero resulta que no es así. No es así del todo. Porque el terreno está inclinado y algunos tienen más tracción para ir cuesta arriba, pero lo peor, es que algunos sólo tienen que correr cuesta abajo, y anotar en la portería sur. El equipo de los «Sísifos» continuamente deben pillar su esférica y trasladarla, cual salmón, a contracorriente. Y encima el árbitro, marca las faltas que le apetece ver, ya que de alguna manera los colegiados tienen más afiliación a los que más beneficios otorgan en el lado negro de la sociedad.

Por lo tanto, ¿qué salida podríamos dibujar para un esquema como este? Sin duda, nos han pintado la necesidad de ser una sociedad de mentes puras, ya que los némesis se encuentran en el otro lado de la balanza, dando por el culo. Y puede que sea así. Dar por el culo es un ejercicio de patriotismo, sobre todo, español. No se puede ser sin dar por el culo. Es ontológico. Los españoles continuamente estamos removiendo el foco de nuestra ontología, porque somos culos inquietos, además de gilipollas.

Este tipo de afirmaciones quedarían muy mal si vinieran de un «no español». No es mi caso. Soy español, español, español. Mi pasaporte lo constata. Pero no se flagelen, todavía, que esto apenas comienza. Si les urge darme por el culo, apuntaros a la lista de sodomías y gomorradas por venir, que os aseguro que encontraréis que los 99€ de tarifa plana están más que amortizados. Si es que las mentes infinitesimales tienen un debilidad por el cuerpo sagrado de la imagen consagrada en el espejo. Selfie.

No quedan ya títeres con cabeza en este país. Pero no es momento del desánimo ni el desasosiego. Haremos con nuestros cuerpos inertes lo mismo que en su día hicimos para asumir nuestra transición como pueblo a la antesala de los marcados por la providencia para restituir el orden sagrado de humanidad sin culpa, gloria, o purgatorio.

Un viejo ángel de la guarda que tuvo relación con el ángel caído, siendo buen amigo, supo que había una especie de injusticia en el juicio de Dios Padre. Algo similar, le pareció al mismo Ángel, la mala prensa que se le ha dado a Judas «el elegido» cuando estaba dentro de su papel, acercar a Jesús a la gloria de Dios Padre, por los siglos de los siglos. ALLS.

La muerte del futbol

Si el juego tuviera fecha de caducidad quizás al tercer día renacería. No sabemos si el futbol… sí sabemos. El futbol es la nueva religión. No hay nada más grande a nivel global que lo que mueve el futbol como deporte: juego, entretenimiento, afición y negocio. El bucle está demasiado montado como para que venga ahora… un virus, y lo desmonté. No señor, dijo un caballero.

«El futbol es un juego de hombres.» Esta frase se lleva diciendo toda la vida. Hay dos implicaciones en la misma. Una voluntaria y la otra «no tanto». La connotación más honesta tiene que ver con la singularidad de un deporte de contacto en el que en un momento determinado hay que meter la pierna con fuerza. La otra, la «involuntaria» es la acepción de que el futbol sólo existe para ser jugado por hombres. El futbol «de verdad». Ese tufo machista heteropatriarcal en el que hemos sido criados. Casi todos.

¿Cómo? Otra que viene a intentar manchar al futbol con una retórica feminista, dirá nadie. Todos sabemos que es así. Y lo peor: en los vestuarios masculinos se habla de una determinada manera que crea un gregarismo muy antiguo de nuestra biología: hombres hablando de sexo y mujeres. No siempre de manera poética. Ni siquiera elocuente. Es una realidad de nuestro modelo social en crisis. Algunos querrán que no se sepa lo que ahí se dice. O que no se les exponga. Pierde la gracia. Si todos reímos… sigue la fiesta.

Y la cosa queda ahí. Las mujeres saben de lo que hablamos. Ellas mismas deben lidiar con cada uno de esos pequeños machos que habitan en la cabeza del tipo que tienen delante, intentando ligar. El hombre entonces se torna frágil. O subnormal. O lo Weinstein. Pero puede ser mucho peor. Manadesco. Lo fácil es violar. El cuerpo de otra que quiere ser violada por todos los colegas. Un pensamiento que recorre la cabeza de varios subnormales a la vez.

El subnormal machista no se ve a sí mismo así. En su historia familiar todos los hombres de verdad han sido, de alguna manera, violadores. Los momentos de afirmar el machismo en la sociedad colonizadora queda pantente en casi cualquier rincón del mundo desde dónde decidamos estirar de este hilo. Lo digo por intuición. Como si los turistas que van a Bangkok no vinieran de Europa. O de cualquier otro lugar del mundo. El abandono del macho alfa en su decadencia final. Los machos mayores en su clarividencia sin castigo. Violar porque se puede. El negocio está montado. Y uno, capitalista, es tan sólo un consumidor. Con dinero baila el «perro».

Lo cierto es que el inframundo sigue su curso. Y las vidas que se lleva por delante son extraídas de su sueño americano. Los ascensores sociales no bajan hasta estos niveles del lumpen. Y el monstruo de la violencia, escencialmente contra la mujer, no para ahí. La violencia que nos pega a todas. En ese todas estamos todos. Todas>todos. No sé si se entiende. Hay quién se ve afectado por el desdoblamiento de la lengua. Lo considera un acto que corrompe la sagrada lengua española. En realidad esta es muy flexible. Y sería capaz de asumir un giro copernicano. Un salto cámbrico. No importa lo importante que resulte la resistencia. La emergencia se hace su camino. Incluso ante los pilares de la sociedad más solemnes.

La violencia nos pega a todos. Se cuentan más muertos hombres. Las armas matan. ¿Por qué armas? ¿Por qué tantas? ¿Por qué guerras? El comercio de armas mantiene vivo el proceso de impás. La reconstrucción social que viene de la mano de nuestra retórica de la instauración de la democracia. La libertad siempre está en boca de toda guerra. Tiempos mejores. Sólo deje que esta guerra lo solucione. Y siempre hay otra más.

En tiempos de coronavirus… ¿qué guerra sigue en pie? ¿Quiénes no renuncian a su inversión? ¿Cuáles son los boletos que se juegan en la siguiente rifa a la que queremos asistir con un proyecto ganador?

El futbol y la guerra. El futbol y la iglesia. El futbol y la lengua. El futbol y la democracia. El futbol y el arte. Quizás estas cosas no se mezclan. No mezcles, te dicen. Están intentando manchar nuestra diversión con tus alegatos fuera de lugar. La situación no es la que dices. Nuestra sociedad está en otro punto. En otra retórica. Mucho más pura. Mucho más sutil. Estás enmierdando la paella. ¿Quién invitó a hijo de la gran puta que se está meando en el ponche?

Agriar la fiesta no ha sido bien visto. Si la gente se lo pasa bien, no es bienvenido un aguafiestas. Tiene que ver con la sintonía. Y con la capacidad para el debate. Incluso borrachos. Buscapleitos. Verdaderos especialistas. No siempre opacos y perversos. Las mentes más clarividentes son aquellas capaces de saber cuándo ejercer su línea argumental. Depende de la situación y de la necesidad de ese histrionismo. Un descaro no apto para tibiezas. Ya en este punto se ha levantado una muralla. Y la gente se posiciona con uno u otra contendiente. No va de géneros. Ni de clases sociales. Quizás sí de subnormales. Y de un justiciero insolente dispuesto a jugarse la noche por ese momento ineludible. ¡Vamos!

Lo siguiente es un careo entre dos corrientes filosóficas. Dos maneras contrapuestas de ver la vida. Dos fuerzas que se repelen. Electromagnética. Es un tema físico. Pero mejor aún: es un tema oral. Una disputa de caracter figurado. Cada argumento tiene su razón de ser y su contrargumentación. La velocidad es vital para mantener al oponente en ralla. Es un acto de vandalismo a cara descubierta a los pilares de la doctrina del némesis. Lo más parecido a una de esas cosas que hacen los raperos frente a un público frenético que aupa la contienda. Es cultura de la calle. Pero esta vez, en círculos de poder más bien tradicionales. Bares, discotecas, salones de clase.

La vida está en esos debates. Y en la manera de posicionarnos ante dos opciones antagónicas. Como ha sido siempre. Bien/mal. Cielo/Infierno. Derecha/Izquierda. Arriba/abajo. Rico/pobre. Justo/injusto. Legal/ilegal. Público/privado. Comunista/capitalista.

Quizás con esas dualidades tengamos sufiente campo de acción para dibujar todas nuestras afiliaciones. Y no importa cuál elijamos. Nos encontraremos compartimentados en medio de decisiones contradictorias de impulso básicos que no sabremos expresar. Pero en medio de la masa, la nuestra, seremos un canto único a la figuración colectiva de los monjes tiresianos.

Ya nos quedan más ojos.

Ni modo.

La confesión del padrecito de Comala

Finalmente nos encontramos, Pedro Páramo. Me había estado esperando toda la vida. El libro estaba ahí. Juan Rulfo no tiene prisa. Ni yo tampoco. De ahí que no nos hayamos dirigido palabras agrias para redondear nuestra indiferencia mutua. Pero yo sabía que tenía algo pendiente. Que ahí había algo para mí. Y no me equivoqué.

Leyendo una edición de Seix Barral de Obras Maestras de la literatura Contemporánea, de tapa dura, no me atrevo a escribir en sus entrañas. Ni siquiera a doblar sus páginas. Tengo una especie de pudor al leer por primera vez a Rulfo. Y al objeto en sí. Tan bien parido, con esas páginas amarillentas que parecen uno de esos libros de una biblioteca de abogado, que nunca se han leído. O lo contrario, un libro de una bilblioteca pública, novecientas noventa y nueve veces leído. Como una personalidad tan fuerte que su aura impide que nadie se atreva a alterara esa fuerza.

«Todo esto que sucede es por mi culpa -se dijo-. El temor de ofender a quienes me sostienen. Porque ésta es la verdad; ellos me dan mi mantenimiento. De los pobres no consigo nada; las oraciones no llenan el estómago. Así ha sido hasta ahora. Y éstas son las consecuencias. Mi culpa. He traicionado a aquellos que me quieren y que me han dado su fe y me buscan para que yo inteceda por ellos para con Dios. ¿Pero qué han logrado con su fe? ¿La ganancia del cielo? ¿O la purificación de sus almas? Y para qué purifican su alma, si en el último momento… Todavía tengo tengo frente a mis ojos la mira de María Dyada, que vino a pedirme que salvara a su hermana Eduviges:»

Padre Rentería, Pedro Paramo. Juan Rulfo.

No le dio la gana abrirle la puerta a Eduviges por suicida. Todos sus activos se caen. Él, hombre, intermediario de las personas de fe y Dios Padre, dice no. No le perdono ese pecado. El Señor tampoco lo haría. Todo viene a cuenta de la carga moral que lleva encima el padre por haberle concedido la bendición al muerto que violó a su sobrina. No es poca cosa. Se trataba de un reconocido hijo de la chingada, al parecer. Y además le tocaba cerca. Entonces hace lo que hacen muchos padres: dudar de la víctima. Más aún, si se trata de alguien de los que pagan su diezmo. Los pobres no pagan. Son fieles, eso sí. Pero no tienen mucho que dar a la iglesia. Que a su vez, les da lo que puede. Dentro del margen humano de la institución.

Los votos dan un estatus. Hablar con Dios directamente es cosa de los que estudian para ello. Y se preparan para el ministerio del evangelio. Se convierten en los que llevan la palabra de Dios. Y lo repiten al final de cada lectura: palabra de Dios. El libro, la Biblia, está en el centro. Un libro que perdura en el tiempo. Pero también perduran los libros de filosofía griega. Esfuerzos manuales previso a Guttemberg, que industrializa el libro. Antes, pergaminos y códices nos definen las culturas de otras geografías. Otras perspectivas. Más allá de lo divino. Lo social de aquellas sociedades queda relegado a la retórica de las colonizaciones. La cultura superior que aplasta a la inferior. Como si no hubiera habido sincretismo alguno. Si las montañas son lo sagrado, vestimos a la montaña de virgen, y listo. Contamos la historia en retablos. Y las metáforas que interesen de la Biblia se plasman a partir del arte. Los pueblos iniciados, entonces, entran en el camino de la salvación. ¿Qué salvación?

Volvemos a explicar nuestra historia. Ahora con un contexto que incluya el resto de las opiniones. Una vez que te embarcas en nuestro camino, el resto ya no interesan. Todas las religiones exigen exclusividad. Y eso les hace competir por la fe, más allá de los cimientos culturales que hay han ganado con el paso de los siglos. Especialmente las cuatro grandes: cristianismo, judaismo, islam y budismo.

Pensé lo siguiente: necesito una tarta de religiones para visualizar los estados de la naturaleza en términos de creencias globales. Religiones, si adoptamos el calificativo bajo el cual muchas personas deciden definirse como parte de ese colectivo antes de una especie humana mucho más grande, plural y libre, por encima del espacio de a quién creer o no. Creer o no es la diferencia entre un religioso y un ateo. Y puedes tener a dos tipos muy apegados a su perspectiva, lanzando las mejores hipótesis que cada uno de los grupo de interés ha fabricado para sí: para su pespectiva. Únicamente eso importa. El enemigo, señoras, está presente.

Dijo señoras, ¿viste?

El juicio social.

Ya estamos aquí.

Ustedes me van a juzgar a mi.

A mi corresponsabilidad con todo este desmadre.

A quién colgar la letra A roja.

The Scarlett Letter. You know what I mean. Really, we all read the same authors before we leave school. Nobody teaches us to real properly. Until we ramdombly approach the powerful edge of books. More than one. A bible readers reads one book. Not even that often. He/she rather wait for it to come as a surprise on Sunday at noon, to meet the sun. Catholic young boys, in their all boys schools, go to church to actually get to meet a chic, other than her sister. The problem comes with the ones who don’t have sisters. Seriously: this is not profiling. Nor charging the weight on all machos on the shoulders of these few all male childhood experience. Seriously: it’s all here. It’s this way. And I don’t plan to take a step back from my current position, which in fact allows your way of looking at it, which may still be forever the same perspective that you already hold dearest. The thruth. Your own personal truth. Why not you be God? You be HIM?

Only one of these selected group of machos will actually get the grace to be named oficially by the authorities of our assembly to bow upon you the glory of the Almighty Father, as Father shall rule over other possibilities like Mothers taking over. Shouldn’t they? Don’t they already? Oh, God: I’m all confused………

I am only fucking with your mind. You’ll excuse my body belongs to no one, but me. As I am the true bearer of my will, in continuos search for affirmation. Best case scenario I’m at this point affirmatively as I am, there, in the mighty NEW truth, the power of a wonderful place never before been told, as the scripture of a futuristic collective goal to fall into. A thing that comes from the acceptance of one’s incompleteness completenessness. Is a that a thing? Really? I don’t know anymore.

I never closed the door. Only nobody came. I told you it was gone. The world as we knew it. Way back when. It all started by being forced into a group of insolent readers of Friederich Nietzsche with a university teacher some of them already worshiped. Look at what this guy has read. And then you start to read. And play the game. Like a true poet. A true voice. A reader. Oh, man. That’s it. To read: firsth NEW right.

Obligation book culture. We must teach our children to have the level of servitude needed for my business endevours. To be good factory workers. A look inside the Brexit space to evaluate their last 9 months of personal circumstances. We are antagonist of colonial global model. We ought this one talk out loud. Gather around your nine nine team. Behold a public debate like this NEW world has ever seen.

Rules: pick your nine boys and girls to represents your smartest answer to the NEW Commons deal. A deal I’m pushing through in literaure nonesense.

I am a true artcraftman. That’s as much as I am going to plead guilty of. The rest you can come find me at my home. As you know where I live: in Dante Alighieri. Literally.

Ever since I move into Dante my literature has matured. I am a NEW person. I have been transformed already. Do not be afraid. You too can bear this passage. Only, I am here this time to tell you how it went. Nine years ago.

It’s a like of course. It happen in the year 9. That much is true. We can help it. It’s the numerical logic of our time. As a demographic population pyramyd. What else do you need? What else do you want? I am one of those trying to help. I can bring this world to a END. This is the end. And also the beginning.

Are we ready for that?

I believe we are. It’s all in the search. It’s all in the details. It’s all in making sure you can try to reach the sun, like Icarus did.

You get it, right?

Always unsure.

That way feels right.

You doubt your own luck.

You doubt your own priviledge.

You question your happiness.

You dance with lonelyness.

You tickle with death.

You doubt your chances of scoring tonight.

You digg into altered states of consciousness.

Like this.

You allow yourself the passage to the other end.

Welcome.

You notice you don’t feel the discompfort.

This shit ain’t real.

It’s been spinning in my head.

I was keep it locked in.

Purposely.

As if waiting has it’s odds.

And so it’s time to cash in.

Long term investment pays off.

That’s what I please myself to plan for.

I sets me off away from this shit.

Together, this status quo couldn’t be any lamer.

We’ve reached the highest point in the graph.

We are back to demographics.

And I feel the responsability to come back.

So my actuarialart Hipocrates Nietzschean pledge forced me into action: become your superlative being to pursuit the ultimate global NEW system. And design think, whatever that is (by way fuck you all who represent the last trend in your business school teacher theory: chasing a Golman nine dimensions away. So there. I said it. This is it. This is my shit. If you like your stupid series, from whichever outlet you get from, go back to that page. I’ll only keep you glueded to my NEW webpage: double you doblu you dobliu dot golman dot net. Fuck com. FUCKOM.

A NEW city. FUCKOM. The place they went.

At the other edge of duality, you are way the fuck away from them fools.

Duality is dearest. Religion takes a hike.

Science rules. The minds of the collective free souls. We are gathered here today to aknowledge the edge of multiversial minds all linked into a single beat: ALLS………

LLÉGALE A LA VERGA

¿Qué pasó, cabrón? No actues. Ya nos conocemos. Nos surramos la madre. Por varias razones justificadas todas. Me cagas, cabrón. Y me encanta decírtelo. Pero en realidad no me interesas tantito. Ni tantito, pues. Para que entiendas. Te lo repito. Te voy a tratar como tú tratas a los nacos.

Por deferencia. Por diferencia. Porque ambos estamos aquí para asimilar una manera de estar en la sociedad. Y esta urbanidad que tenemos en la capirucha nos da una sensación de diversidad completa con todas las opciones descabelladas de nuestro amado pueblo. En su manera de ser como somos los de aquí. Así bien… eso. El que es de aquí sabe a lo que me refiero. A las tantas maneras de expresarlo. A cómo nos sentimos cad día de nuestras fiestras populares. Cuando ocupamos el espacio público. Juntas. En armonía. Esa cosa que somos juntos. Como el barrio. Eso que compartimos al estar.

Esa cuestión de coexistir en una misma aceptación de nuestro bienestar común. Y cómo podemos llegar a saber que en ciertas cosas nunca nos vamoa a poner de acuerdo. Y que en otras, coño, tenías vosotros la puta razón. Y querría aprovechar este momento para reconoceros eso, tronco. Que la vida son dos día y no vamos a estar a estas con la que está callendo. Y tal como los cabelleros nos lo dejaron. No veas ahora cómo ordeñamos las vacas el próximo ciclo de reconstrucción. El problema fue no intentar nada el pasado. Y daís pena quienes pensáis que lo habíamos encaminado. Quizá será vuestra percepción de estar en el lado ganador de la ecuación. Los que no caistéis. A pesar de vuestra sensación de precariedad. Lo que todos hemos afrontado. Más allá de lo hayan resultado ser los políticos a los que usted en particular no podría estar más en desacuerdo, bola de subnormales.

Usted ya sabe a quién aborrece. Y ha sido ávido en intentar odiar con todas las ganas. Como un ejercicio nacional.

Hay quien leyó ejército.

Quizás en algunas ediciones salga escrita la palabra ejercito en vez de ejercicio. Pequeños trucos, o taras, para convertir en libros apócrifos la rareza a encontrar en la librería más mítica de la nueva ciudad, la que empezará el día que volvamos a ocupar su espacio público, con nuestra transformación mental el unísono. Una voz con múltiples acentos. El canto que de esta canción salga. Como un culto de lecturas interminables. Como nociones de un nuevo mundo que nos llegan en informaciones que viajan más rápido de lo que en aquél entonces lo permitía la tecnología: la escritura de cartas que viajaban en diligencias reales por barco. Como las cartas de los reyes magos que cada año le entregamos en mano al page real. De eso, los que aquí vivimos sabemos desde que somos muy pequeños: nuestra vocación a echar al mar, con la multiversalidad que nos permitimos instaurar para tener suficientes niveles de libertad para dar cabida a la serie de subnormales que se quieran posionar en el eje defensor de sociedad de la violencia y del deterioro individualista de considerar a la peña meros consumidores en el rol trascendental de nuestro modelo económico y social: llamadle democracias, occidente o estados nación. O como si queréis que nos dividamos por credo. O por club de futbol. O por estatura. O por género. O por idiomas. Para entendernos en mismo canal. Como una especie de asunción del otro. Asumiendo aprendizajes que hasta ahora no nos habiamos cruzdo por nuestro sistema de carreteras neuronales. Os voy a invadir la cabeza con choques electricos de pura surrealidad multiples veces retroalimentada. La obsenidad con la que podemos generar sobre un mismo chiste 99 versiones.

La huida hacia el chiste fácil.

El otro humor.

La risa sin gracia.

Lo elemental.

Lo que pide el pueblo.

Futbol, toros, cotilleo, puticlubs, bares, salones de baile, asociaciones, guiño guiño, política-espectáculo, peliculas mediocres con temas mal llevados que se diluyen en unas actuaciones que nos permiten pensar en otras vidas, otros humores, otro tipo de historias, cine independiente también, por darle un sitio a los creadores para venir a pescar. Sucar pa.

Aquí todas tenemos que comer.

Alguien piensa en los más necesitados.

Pero se hace lo que se puede desde la autoridad local.

Mientras el país piensa en las iniciativas de ataque para derrocar al rival.

El País también piensa que Pedro el guapo es bueno.

Y el pueblo asiste a los medios para su dosis continua de actualidad.

Esta gente nos perdió hace tiempo.

La ficción de lo que sale por la tele como realidad frente a lo que vemos que hacen los hospitales cuando tenemos el nivel más crítico de la atenció a la salud. Es el momento de regular el sistema de salud que nos rige. Y reactivar los mecanismos de prevención que la población sea capaz de entender en dichas circunstancias de excepcionalidad. Y que se entienda la cadena de mando de las organizaciones y lo que se puede y no se puede permitir en los momentos en los que se gestionan grupos grandes de profesionales en continua tensión. Por la inoperancia de los mandos de dirección. La incapacidad de tener los equipos en su sitio para atender la necesidad de la organización para estar como debe estar. Eso hay que trabajarlo con tiempo. Y con nuevas maneras de dirigirnos entre nosotras. Y lo que ha significado el trato entre médicos y enfermeras. Amos, capataces y gobernantas. El heteropatriarcado en el sector, como una realidad de la que ahora no vale la pena hablar porque debemos elogiar el titánico esfuerzo que están realizando los equipos asistenciales. Pero nos damos cuenta de la disparidad en la toma de deciones en las líneas de mando médicas, de enfermería, de ingieneria y mantenimiento, de sistemas, de recursos humanos, de economía i finanzas, de comunicación, de celadores, pobres, de auxiliares de enfermeria, de proveedores, de consultores, de farmaceúticas, y demás operadores de las redes profesionales de soporte de la sanidad pública. Esos sectores estratégicos. La provisión de servicios en mercados controlados. Los mercados locales. Oportunidades a los nuestros. Negocios de familia. Lo que sabe el diablo por viejo. Eso que domina la casa de los representates de las familias de antaño. Las cotas de poder de los grandes apellidos de la historia contemporánea de la ciudad. La historia de subditos y familias comuneras. La razón de ser de una sociedad libre de tener todos los matices de los pueblos y toda la pertenencia a la especie humana a la que se hermana mandado memes idiotas como un ejercicio que ningún filósofo, sociólogo, doctor, presentador de televisión, autora, pitonisa, cuidadora, muchacho, muchacha, chiquita, güila, mae, tronco, noi, veí, veina, noia, tia, nen, jaar, preveyó, ni mucho menos sugirió. Pero ahí fuimos, como borregos directos con vitalidad hacia el despeñadero. Porque a fin de cuentas, un día nos vamos a ir de aquí, y por qué no hoy. Y zas. LJ.