Fin de un ciclo persecutorio

No todos los días se puede escapar de un ciclo persecutorio, pero hoy sí. Tras diez años de rascar el fondo de los desfiladeros de la agonía, finalmente me topo con el momento justo para volver a respirar por encima de la superficie… aahhhhh…

El día es azul, como todo primero de septiembre en este país. Recuerdo muy bien el primer uno de septiembre que presencié en este país, por allá del 2002. El día anterior era cláramente un día de agosto, con un calor infernal, que me recibió con la familiaridad de quién regresa a casa, con ligeros cambios de las personas que habitan el espacio que hasta hacía 6 meses había sido mi hogar, y que ahora compartía, mirando el Tibidabo, con un francés con el que se podía compartir un instante de paz. Aquél día conocí a Olivier. Me abrió la puerta y me hizo de anfitrión de una ciudad que ya era mía, pero como él, traería nuevas dosis de aventuras. Sin duda alguna, aquél día también marcaba el inicio de otro ciclo, no se si persecutorio, pero en todo caso, de uno de los ciclos más importantes que afrontaría en mi vida.

Desde aquél día, los 1 de septiembre me parecieron siempre poseedores de una carga simbólica extremadamente potente. La renovación tras un verano que marcaba sus distancias con un descenso en las temperaturas y un apaciguamiento de lo que había sido el ciclo anterior. El verano en España es sumamente extraño, con dosis de pueblo y playa, y con una afluencia superlativa de extranjeros en busca de chiringuitos, arena y mar. Pero en septiembre, a partir del uno, todo eso se esfuma. La televisión cambia. Todo se echa a andar. También la política… oficialmente, al menos. Luego, años más tarde, me enteré de aquella tradición española de sus gobiernos de introducir cambios drásticos justo en el verano cuando las prioridades de los españoles están centradas en la calidad de la menta del mojito, o la temperatura óptima de la cerveza.

De ese 2002 a este 2020 parece que todo ha cambiado. Parece tan sólo el juego de las sillas, en el que el dos y el cero han conseguido una vez más encontrar su sitio, en la silla de al lado. Se trata de ciclos que se unen este 1º de septiembre a partir de esta historia de (re)vuelta a nacer. Los números no cambian. Podríamos estar, entonces, al menos en lo que a mi ciclo vital se refiere, a un cambio tan drástico e importante como el que en aquél entonoces afronté.

Aquél día, recuerdo tener la sensación de estar empezando la vida en un sitio diferente. Una ciudad que conocía, ya que había aterrizado un año atrás, en el 2001, también en septiembre, aunque aquella vez unos días antes de la Mercè. El ciclo había empezado. Entonces me pareció que la novedad de los septiembres en Barcelona tenía un cierto ritmo que me conquistó por completo. El clima, la vibra, el dinamismo del trabajo. Todo parecía venir de una dinámica certera, que no tenía manera de imaginar que fuera distinta un mes antes, más aun viniendo de un lugar como Ciudad de México que tiene un ciclo continuo en movimiento. Aquél primer encuentro con lo desconocido despejó todo el ciclo de iniciación que todo nouvingut que llega a Barcelona necesita para hacerse con la ciudad. Barcelona tiene una dimensión urbana que te cambia por completo, una vez que comienzas a deslizarte por una de sus fracturas, topando con las laderas de las pendientes que conducen a las cuevas sagradas en dónde se reflejan en sus paredes las sombras sagradas de la realidad, o quizás, como mínimo, el nacimiento inmaculado de la surrealidad.

Hoy vuelvo a ser quién fui. Esa construcción de uno mismo que se encuentra en un ciclo lleno de luz, como antiguamente, en algún momento dado, como si escuchara al entrenador describir una metáfora oportuna para saltar a la cancha y disfrutar. Uno no llega a Cryuff el primer día que pisa Barcelona. Hay un largo camino por recorrer para entender la dimensión que puede provocar la irrupción de un extranjero insolente en la normalidad estandar de esta ciudad.

Barcelona es la capital de urbanidad anterior. A partir de ahora todo se precipita a una urbanidad compuesta de multiversos coexistentes es espirales que se revuelven consigo misma en un baile armónico de divergencias. El caos que delimita todas estas itinerantes posiciones en el tiempo y el espacio definen la manera de ser de una capital libre de todos los estados. Como mínimo mentales. El lugar amerita tener un sitio, al menos en la ficción, y si acaso, en el movimiento emergente de una sociedad que se encuentra constreñida por las contradicciones de sus propias afiliaciones. Los pilares de esta tierra se hunden en el lodo de un fin de ciclo persecutorio. No hay por qué temer.

Este ciclo, de momento, nos ha abierto el camino a un nuevo horizonte. El camino que nos lleva a otra nueva dimensión. Este salto que otras culturas no han sabido realizar al mismo tiempo, todas juntas, en un momento dado. El momento ha llegado. Podríamos estar frente a él. En este preciso instante. Y entonces, el devenir de la historia se concentraría en un gesto, o más bien ritual, de conclusión, y a su vez, de apertura, al reproducir en voz alta una palabra… ALLS.

La deuda de una espada de Damocles

Quien quiera ser rey que aguante con la espada sobre su cabeza. Quizás Juan Carlos ya no podía soportar la presión. Creemos que el rey actual sabrá sortear la súbita caída del afilado metal. No se nace sin especial carisma para reinar cuando se lleva sangre azul en las venas. De hecho, la mitad de las venas son azules. O al menos así parecen en las ilustraciones que vemos en nuestras icónicas imágenes del último programa escolar. Y algunas cosas nos resultan muy nuevas. Otras muy viejas. Algunas obsoletas.

El próximo curso no sabremos cómo acabará. De hecho, de saber, no sabemos ni cómo va empezar. Las escuelas tienen autonomía de catedra. Ellos dan el modelo educativo que mejor les viene en gana. Y se asociacian según sus redes de apoyos. Y se ven explicandose frente a un grupo de jóvenes padres de familia, que apuestan por ellos, mientras desde otros ámbitos, hacen ver que siguen adelante con el mundo que un día conocimos.

Lo cierto es que el mundo cambió para siempre. El virus nos lo ha dejado claro. Paramos. Nos bajamos todos del tren. Y ahora estamos repensando qué hacer. ¿Cómo hacerlo? No hubo cupo aquí en donde nosotros nos planteamos esta disrupción social tan potente. No supimos culminar la evolución del sistema. No supimos expresar el sentido de nuestro fin. No supimos coordinar la sinfonía de una sociedad que esperaba ser la armonía que un día sentimos cuando nos vimos reflejados en la suave brisa que baila con las flores de un monte sagrado.

Nos perdimos una vez. Volvimos a salir. Y otra vez nos extraviamos. No dejamos de buscar. Y nunca encontramos lo que pensábamos que desvelaríamos. Pero algo siempre quedó de cada búsqueda. Y nos fuimos acercando a un estado de consciencia colectiva. Y esto fue lo que nos dio alas. Y nos fundimos en un suspiro. Poco antes de volver a abrazarnos, de una manera parecida a como lo hacíamos antes, pero esta vez con ligeros matices que nos ayudaron a acotar los límites de nuestra insignificacia.

Yo vuelvo a asomarme a un precipicio. Y no pienso dejar que la espada me corte el pescuezo. Antes haré dar vueltas a los molinos. Me seguirán con la música de mi flauta, o quizás con tres trompetas que me acompañan en el performance. Ya no quedan más muertos que convocar. Somos los que estamos y los que fuimos. Los que recordamos con el ímpetu de trascender ante la situación que nos envuelve. No queda más que volver a subir la montaña con la piedra a nuestra cuesta. Imprimirla. Llevarla encima. Cruzarme con Sísifo otra vez. Replantear el mito. Absorber el rito.

Nunca tuve paciencia para la poesía. Ni prosa para la novela. Lo que yo escribo tiene un ritmo propio que se entremezcla entre los caminos neuronales de mis pérdidas fragmentadas en dosis voluntaria de perdición. La tangente sólo es una intersección más por la cuál acudir a este encuentro, a partir del cuál, todo puede continuar tal cual previsto, o bien, permitirs el deber de asumir la ortogonalidad de la otredad.

Un día fui otra cosa. No me culpo. Ni de disculpo. No llevo cargas en mi cruz. La dejé tirada en el ágora en el que una vez más preguntaron si debía ser yo el que preciera por decir lo que pensaba. La masa embrutecida tenía ganas de colgarme, pero ese día, por alguna condición divina de las estrellas, se iluminó el camino alternativo propuesto por el único anunaki presente entre la multitud. De pronto todo giró. Copérnico quedó puqueño para la transformación que en ese momento levantó el último velo de nuestra sociedad de las caretas.

Orden y caos

Podría parecer una contradicción. Quizás lo sea. Pero mi vida muy a menudo está condicionada por impulsos disonantes que se anulan entre sí. Y no pasa nada. Es parte de la vida. A pesar que nos resulte tan poco intuitivo. Lo simple y lo complejo se hermanan en la la teoría de la complejidad. El pequeño aleteo de la mariposa y el tsunami al otro lado del planeta. Esa condición de sistema interconectado a la que finalmente tenemos acceso y que más o menos sabemos interpretar como parte de nuestra experiencia global. La humanidad está en la punta de nuestra lengua, o quizás en las yemas de los dedos. Y ni una, ni otra, debemos exponer al contacto con el otro, menos en estos momentos en los que nos hemos acostrumbrado a coexistir con un nuevo virus, en medio de una pandemia.

No es cosa menor. Somos la primera generación que vive una pandemia al mismo tiempo. La angustia de la muerte finalmente se convertido en una pulsión compartida ahora mismo por todo el planeta. Se revela la estupidez humana ante la situación que vivimos. Y los miedos aparecen de nuevo, a veces con algo de razón, sobre la situación futura del sometimiento que experimentaremos como individuos en medio de una colectividad. Pero se confunden los argumentos falaces con los científicos. Se confunden a propósito. Ya lo sabemos. Y nos llegan distorciones por todos los frentes. No querría abandonar de buenas a primeras la nomenclatura militar que tan bien sienta en la población para saberse sometida a una cultura bélica dominante. ¿No es acaso ese el heteropatriarcado?

Quizás sean más cosas. Pero me huelen todas a lo mismo. Y el problema radica en pensar que el elemento de seguridad gana al de la libertad. Pero ahora se mezclado un orden más: la salud pública. La salud es un elemento que nos involucra a todos y que tiene que ver con cómo nos comportamos, con como vivimos, con cómo nos alimentamos y con cómo coexistimos dentro de un ecosistema. Uno global, energéticamente cargado por un balance sutil, y otro local, en el que intercambiamos nuestro día a día con las personas que vemos en el espacio público.

Pero hay un componente universal que nos conecta a un nuevo paradigma: la interconexión con el resto de la humanidad. ¿En qué nivel? Eso depende. De muchas cosas. De la capacidad que tengamos de expresarnos, de comunicar nuestros mensajes y de formar parte de la comunidad. Y a su vez, del entretenimiento compartido. De los juegos que jugamos. De las historias que leemos… y que nos contamos. Los libros que editamos. Las canciones que nos identifican como seres imperfectos y frágiles. Las narrativas que nos redefinen. La política en la que participamos.

Todo ello es parte de un sistema que sigue su curso. Venimos de una herencia feudal, en la que los reyes existí… ¿existen?… y de herencias coloniales que dibujan un juego desnivelado que no acaba de reflejar el contexto completo de un expolio profundo que nos pone en uno u otro lado de la balanza, aunque de manera artificiosa. No somos nosotros los responsables por las corrientes universales de pensamiento, ni por las costumbres de las sociedades de nuestros tatarabuelos. O sí. Quizás esa historia familiar sea el único vínculo que nos permita identificarnos en medio de una sociedad viciada que ha pecado más de una vez en nombre de los principios que decía defender, muchas veces, en el sentido opuesto a lo que sus valores pretendían generar. Pero todo ello forma parte de cómo nos explicamos en un contexto histórico temporal, para el cual hemos de fijar una línea en el tiempo hacia atrás, y situarnos en ese espacio temporal para asistir a nuestro juicio histórico particular, y contraponerlo contra el que habíamos establecido en el pasado a partir de las historias que nos fueron narradas. La historia según cómo nos la contaron.

¿Qué sabemos hoy de lo que nos enseñaron en la escuela? ¿Cómo se ha alterado esa realidad comparada con la versión actualizada de los hechos que ahora nos son reeditados? ¿Cómo ha entendido la sociedad las herramientas de dominación empleadas por los poderes sociales que rigen su destino? ¿Cómo florecen a pesar de dichos poderes brotes de pura belleza? ¿Cómo subsiste la insolencia en medio del adoctrinamiento de las pulsiones históricas contrapuestas?

Parece que el sentido de la disputa es nuestro estado más natural. El presente se rige por quién, o qué, representa las antípodas de mi más reciente versión de mi mismo. Y voy encontrandome más a gusto en ciertos círculos que reafirman que mis temores son los más sensatos, mientras los otros, calumnias. Esto serviría para intentar desacreditar la verdad, tanto como la más vil de las mentiras. Con lo cual se podría convertir en un argumento vacio. Una vez más las buenas intenciones podrían ahogar la capacidad de resolver a partir de la manipulación de las herramientas prácticas para desvelar lo que hay de verdad en cada sentencia.

Nos han intentado provocar el malestar espiritual continuamente. No estamos bien pese a tenerlo todo. Y cuando no es así, cuando la precariedad nos ha inundado por fin con su cara más determinate y cruel, entonces ahí encima tenemos una excusa perfecta para afirmar la conspiración en nuestra contra. La vida es así. Ni siquiera podemos sufrir en tranquilidad. Debemos desmerecer nuestra desventura, con el ejercicio simplón de compararnos con alguien más jodido que nosotros en estos momentos. Y entonces, por comparación, nos vemos abocados a un orden de relavitizaciones sociales que nos ordenan de mayor a menor en un mundo en el que pretendemos estar lejos de la desventura. Mientras más lejos, mejor. No va con nosotros. Algo habremos hecho bien. La bienaventura nos sonrie. Amnesia. Burbuja. Aquí, finalmente, estoy seguro.

Tengo la sensación de…

…pertenecer a una oculta raza humana.

…estar en medio de la nada.

…perder una oportunidad invaluable.

…temer por mi propia vida.

…no dar el paso adecuado.

…estar inmovil en el lodo.

…no tener nada que aportar.

…no tener nada que decir.

…no poder más.

…asistir a un triste desenlace.

…formar parte de la nada.

…flotar en medio del espacio.

…silenciar las voces en mi mente.

…escuchar la tierra que me llama.

…hablar con otros espectros inmortales.

…leer justo lo que toca.

…leer menos de lo que debería.

…estar perdiendo el tiempo.

…oler una revuelta.

…estar a punto de llegar.

…sonar un poco cursi.

…repetir ideas ya dichas.

…repetirme más que el ajo.

…soñar más de lo debido.

…romper el molde en cada gesto.

…mamarmela continuamente.

…estar en el sitio en el que debo estar.

…sentirme inutil.

…fracasar continuamente otra vez.

…estirar la cuerda hasta el punto de romperse.

…luchar en vano conmigo mismo.

…esperar algo que nunca llega.

…saber que es imposible lo que quiero.

…arruinar la vida de los que quiero.

…no saber seguir por otro camino.

…todas las puertas se me cierran.

…que no hay camino alternativo.

…que es momento de algo nuevo.

…ya pensé lo que hay que hacer.

…ya lo dije alguna vez.

…perder el tren de aquél anhelo.

…no tener más que decir.

…no saber por dónde ir.

…no poder aguantar un día más.

…trascender a mi voluntad de actuar.

…contradecirme en cada paso que doy.

…acumular sin fin.

…escribir como un gesto simple inevitabe.

…desnudarme en cada texto.

…exhibir un estado que me altera.

…asustar con lo que hago.

…no llegar nunca a ningún sitio.

…no saber qué más hacer.

…no tener ningún sentido.

…no valer la pena.

…no escuchar lo sufiente.

…haberlo oido todo.

…no contender a nada más.

…estar en buen camino.

…estar errado.

…estar aburriendo.

…estar perdiendo.

…estar muriendo.

…estar viviendo.

…estar aislado.

…estar solo.

…estar aquí.

…estar atento.

…estar contento.

…estar consciente.

…estar presente.

…estar ausente.

…estar de vuelta.

…estar en paz.

…estar de más.

…tocar los huevos.

…aburrir con mis discursos.

…repeler a quién un día creyó en mí.

…no saber por donde ir.

…no buscar nada más.

…no tener necesidad.

…no tener validez.

…no poder participar.

…no tener control.

…poder marcar el gol.

…ser pieza clave para el título.

…pertenecer a la revolución.

…saber que es sueño.

…que esto es una ilusión.

…que la ficción es el camino.

…que nosotros somos el destino.

…no hay más allá a dónde ir.

…tan sólo hay que mirarnos al espejo.

…y respirar una vez más sin darnos cuenta.

…mirar adentro de mi cuerpo.

…sentir mis latidos atentamente.

…seguir el camino de mi destino.

…volver al sitio del que partí.

…nacer tras un parto natural.

…respirar por primera vez en la placenta.

…latir sin más.

…sentir la vida.

…sentir el ser.

…sentirme bien.

…escuchar a Dios.

…referirme a Adorno.

…volver atrás.

…fallar de nuevo.

…estar listo.

…volver al centro del campo.

…conseguirlo la próxima vez.

…estar atento al rival.

…saber que esta es la ocasión.

…fintar aquí que voy allá.

…estar de cara a portería.

…tener opciones de marcar.

…voy a ganar este último duelo.

…haber marcado un gol.

…sentir el grito de un estadio.

…fundirme en un todo pleno de gloria.

…ser euforia en un abrazo.

…no necesitar nada más.

…estar aquí tiene sentido.

…presente ante el ritual.

…necesitar el rival que nos contiende.

…aspirar un aire libre de violencia.

…asumir un tránsito a otro discurso.

…vivir en una trampa cíclica del mal.

…que está a punto de caer.

…estar más cerca de ese punto de no retorno.

…ser optimista en nuestra capacidad de realizar el traslado.

…estar a punto de transgredir la norma.

…tocar los huevos al status quo.

…volar a la chingada.

…marchar lo más lejos del presente.

…unir las voces del presente.

…que la masa anhela otra liturgia.

…que sin un juego nuevo no hay cambio.

…no necesitamos nada del pasado.

…que no pretendo dar lecciones.

…no puedo evitar sentir cierto asco hacía mi mismo.

…negarme el hecho de ser libre.

…no ser por temor a algo que no existe.

…saber lo vulnerables que ya somos.

…no tener salida ni perdón.

…no tener un juicio justo.

…adelantarme a los hechos.

…no querer el camino dibujado por mi voluntad.

…no merecer el privilegio..

…no asumirme en ese rol.

…no saber venderme.

…no poder ser un producto.

…no tener otra salida.

…no tener ni idea.

…no saber hacerlo.

…no querer sufrir.

…sufrir en vano.

…vivir bien y mal al mismo tiempo.

…alimentar las contradicciones de mis actos.

…ir en contra de mis palabras.

…boicotear la salida de mi única salida.

…ser un idiota más en la comedia.

…tener más vergüenza que valor.

…no contar en lo más mínimo.

…tener un cierto halo de duda.

…saber que si ya fui lo que había dicho ser.

…no tener más quecir.

…poder vivir bajo mínimos.

…saber estar en cualquier sitio.

…poder subir cualquier montaña.

…saber surfear la próxima ola.

…volver al sitio justo de mi pasado.

…estar cerrando un círculo repleto de familias.

…ser un legado de valientes seres que vivieron en su tiempo.

…sufrir lo mismo que todo Dios.

…que no hay Dios que se precie de ser el único.

…no tiene sentido estar en comunión con el más allá con antagónicos creyentes de otros mitos.

…ser parte del problema.

…pedir perdón cuando no toca.

…estar meando fuera.

…perderme algo de la película.

…no estar al día con lo que vibra.

…estar conectado con Bob Marley.

…haber vibrado con Morrison en Paris.

…poder bailar un tango en París y no violar a nadie.

…que el macho alfa es una bazofia que no concuerda con la especie.

…que el machismo está latiendo por última vez y pone cara de maldito.

…que el heteropatriarcado no tiene todas las culpas.

…caer mal a todo el mundo.

…saberme sentenciado por algo que yo dije.

…estar en medio de un ridículo debate en torno a algo que me incumbe.

…dejarlo todo por el tedio de una cancelación absoluta del resto de puntos de mi obra.

…no tener obra.

…no tener forma.

…no alcanzar a ser.

…no querer pretender.

…no querer estar.

…no querer sobrar.

…no querer molestar.

…no saber más.

…no poder.

…no ser.

…ser.

…

…ALLS

Golman Elizondo Pacheco

GOLman es un sitio sagrado más allá del mundo que conocemos hoy día.

Nunca aprendimos muy bien la lección de todas las civilizaciones prehispánicas que dan origen a lo que somos más allá de lo que nos han venido a decir en los libros de historia. Una cosa nos quedó clara a todos: el nombre de la tierra que dió nombre a los olmecas: Olman.

Por ello, mi nacimiento como mito del futbolarte dentro de este nuevo sistema va más allá de una creencia, de una lección, de un culto, o de un performance. Se trata de un rito. Recuperamos pues lo primigenio que nuestros antepasados intuyeron con su vida. Más allá de lo que el desarrollo de nuestros compañeros de las antípodas vinieron a aportar a lo que hoy somos, en sintonía multiversal.

Repetimos todos: ALLS.

La sociedad postpandémica

Nos encontramos en un punto en el que todos nos cuestionamos a dónde vamos a ir a parar. Y todos tienen una idea. Los gurús de la nueva normalidad ya se publicitan como tal. No dejarán de crecer la horda de coaches que dicen tener el método. Los intelectuales ya están en ello. Y los escritores. Y los bloggers. Y los think thanks. Los políticos (o bueno, en realidad los think thanks les ceden sus sesiones de trabajo intelectual). Los periodistas. Los listillos. Los cantamañanas. Los empresarios. Los profesores. Los agoreros. Los filósofos. Quizás por aquí debamos empezar. O quizás debamos abrir la veda. Dejemos que todo Dios se moje. Incluido Dios Padre, que siempre está presente.

Pero lo cierto es que una de las voces más significativas de la intelectualidad en esta ciudad, Barcelona, y en este país… a ver qué dice… digo diego. España. O Cataluña. Me da igual. La estatura de Josep Ramoneda está en la cima de lo que ha hecho como filósofo y lo que hizo en el CCCB antes de que CiU le quitara el mando de este emblemático museo por ser demasiado internacionalista. Desde entonces el CCCB dejó de brillar con luz propia, salvo en honrosas ocasiones en las que algo queda de aquél impulso. La visión de nuestra realidad contemporánea se refleja en la calidad de los museos de arte moderno en las ciudades. Y aquella que tiene que ver con las interacciones sociales y los tránsitos artísticos que tocan lo que la sociedad tiende a pasar por alto. Esa empresa siempre ha sido universal, ya que el arte, y las visiones periféricas, nos llegan de todas las latitudes. El centro neurálgico de estos debates es lo que bajo la dirección de Josep Ramoneda, el CCCB consiguió que muchos barceloneses, de todas partes del mundo, tuviéramos un pequeño faro al que asistir con gran entusiasmo a encontrarnos con el dinamismo de nuestra diversidad.

Dicho esto, creo que aún después de su salida, su voz en torno a los temas que tienen que ver con la dualidad inescapable que se respira en esta ciudad/región/país/planeta se ha mantenido tan potente y por encima del entender de los intelectuales que han tomado partido en uno de los polos enfrentados. Y no seré yo quien etiquete los polos, sino que hay varios. Varias dualidades en las que la mayoría de la población tiene claramente afiliación indestructible a una de las partes. Ramoneda se moja sin estar en ninguno de los bandos. Hay que decir que esto lo convierte en una voz no sólo respetable, sino escasa.

La pandemia lo ha trastocado todo. Y con ello, el futuro. Eso que no existe, pero que de alguna manera nos acercamos con cada paso que damos. Los escenarios planteados han sido reemplazados por otra baraja. Y este juego, nadie tiene crédito acumulado. Bueno, salvo quien puede subsistir. O mejor aún, quien puede generar ingresos, ya sea por su trabajo, o por su capital. En cualquier caso, una parte de la población, los nuevos (y no tan nuevos) privilegiados. Estos podrán seguir. Hasta que sus industrias lo permitan. Hasta que las ayudas se acaben. Hasta que se resuelva el dilema del nuevo sistema social. O si en vez de transformación, nos adaptamos a un máximo local justo al lado de nuestra última certeza.

No sabemos, pero Ramoneda tiene algunas cosas que decir. Le han hecho una entrevista. Y ha dicho cosas como esta:

¿Quién crees que debería liderar el cambio: los estados, las empresas o los ciudadanos?
Un poco todo el mundo. Nadie ni ningún estado por sí mismo es suficiente. Tenemos que encontrar mecanismos de gobierno globales que hoy no existen. Como dijo Edgar Morin: “Para poder hablar de gobierno de la humanidad, primero nos tenemos que constituir como humanidad”. De momento, estamos constituidos como naciones.

Josep Ramoneda, entrevistado por Bárbara Fernández

La primera en la frente. Humanidad. ¿Acaso habremos llegado? ¿Es este el momento de sabernos parte de un mismo pacto social global? Yo entiendo que sí. Y de hecho llevo años desarrollando esta teoría. O mi propia teoría, como dice Ramoneda. Pero también entendiendo que no bastaba con mi teoría para solucionar el problema global. Y por ello he trabajado reiteradamente sobre el mismo concepto desde hace nueve años. Iterando las respuestas a esta misma reflexión. ¿Hacía dónde debemos ir en el plano más general de nuestro sistema complejo social emergente? ¿Es decir, a dónde vamos a parar una vez que todos nos hemos dado cuenta de que algo nuevo es necesario?

Mi teoría es a su vez mi obra. La refundación de la humanidad pasa porque podamos compartir ciertos elementos que aceptemos que tenemos en común. Y es esto lo que nos lleva a abrazar el escenario nuevo colectivo global. Un nuevo pacto social. El NEW deal. El NEW world. NEW Gaia. New Barcino.

Creo que ahora es el momento de pasar del miedo (a contagiarnos) y la culpa (por si contagiamos a los demás) a la cultura de la responsabilidad y a cierta osadía, porque es la única manera de avanzar. La vida es riesgo, y tenemos que asumirlo.

Josep Ramoneda

Oh… obsérvese el talento. En la pregunta se le dijo aquello de crisis-oportunidad-blablabla, y justo acaba de decir en la frase anterior que sí, que sí, que es la manera de enfrentar las crisis, y va y pone el dedo en la llaga: hemos de evolucionar del miedo que tenenos a contagiarnos, y de la culpa de contagiar a otros, a una cultura nueva: responsabilidad y osadía. Riesgo. Asumámoslo. El riesgo, para un actuario como yo, es lo que nos define. También lo podría decir un taur, lo que lo hace más interesante todavía, porque puede ser algo universal. Algo que se mueve entre clases, grupos, creencias, modelos. El riesgo está en todo, y todos, y es la actitud frente a los riesgos, y la capacidad de entenderlos, lo que nos puede llevar a una estrategia que los aliviane. Gestionar el riesgo, como un actuario, no de los que se burla Zootropolis, sino de los que piensan que la actuaría y el arte pueden estar íntimamente asociadas. De una manera forzada, si se prefiere, pero que a fin de cuentas obliga la conciliación de lo que aparentemente no cuaja. El resultado es una armonía entre dos polos que no están en el imaginario colectivo actual, y esa es justo la gracia. Como el futbolarte.

La osadía que tenemos por delante nos presenta una emergencia colectiva de los insolentes. La capacidad de romper con las estructuras actuales. Todas. No tenemos reparo de lo que hemos sido, ni nostalgia. Ya todo nos falló, excepto, el concepto colectivo de la sanidad pública. Y esto también puede permitirse unos cuántos grados de valentía para acabar de ser el último bastión del heteropatriarcado, está vez en su versión más sutil, en la que la meritocracia todavía juega un rol fundamental como el último ascensor social al que tinen acceso los que se esfuerzan, pero con todas las facilidades adicionales que tienen los que vienen de la familias patriarcales en la cima. El médico cura. La enfermera cuida. Nuestro modelo está basado en lo curativo, y poco en el cuidado. El cuidado forma parte de nuestra responsabilidad, por lo que representa nuestra salud, nuestro cuerpo, nuestro templo. Y aquí las enfermeras requieren una avenida para ampliar la cultura de cuidados que debemos adoptar. Por una vez, pongámos el acento en la prevención, y qué mejor manera de enfatizar esto que con el ejemplo que hemos tenido todos durante la pandemia para estar atentos a la manera en la que cuidamos de nosotros mismo, con medidas de protección de las cuales somos responsables.

El rol del médico es protagonista del sistema heteropatriracal tradicional del cuál formamos parte. El modelo social de la conquista española definió una manera de ser el mundo global, ya abierto el melón de los territorios lejanos a «conquistar». El famoso anhelo de alumbrar la civilización occidental al resto de los confines del planeta, que según ellos/nosotros estaban esperando. El proceso colonialista español, sin embargo, no es el mismo que el anglosajón. Pero la expansión de los territorios y sus pueblos, la vocación conquistadora de los que crecían con la voluntad de formar parte de la historia bélica de su sociedad, porque ya lo habían vivido en sus carnes, con alguna otra conquista. La visita del otro se consideraba, como la amenaza de los ejercitos invasores. Esta narrativa continúa igualmente viva en nuestra sociedad. Incluso ante un virus nuevo. A los españoles les nace hacer este simil de guerra para refrendar los valores que conforman la estructura de su historia. Cuestionar la historia de los pueblos es el primer gran trabajo colectivo que debemos realizar para saber si podemos consagrar una humanidad emergente a partir de este momento dado preciso, en el que la historia nos ha nivelado sin discriminaciones, más allá de los propios diques de contensión y anclas que nos atan al estado del cual formamos parte.

Quizás debamos evadir nuestra noción de seguridad. Quizás debamos apartarnos de aquellos valores centrales de nuestro status quo. Porque estamos contruyendo otra cosa. Y le vamos a pedir a jugadores del status quo que dejen detrás su posición aventajada en la sociedad. Por un bien superior. Por un estado global más ecuánime con los límites de nuestra voracidad, en sintonía con planeta con el que vibramos juntos. Como un acto que nos permita respirar libremente.

George, you might have started something bigger than ourselves. The system of opression and violence must come to an end. Cards on the table. Everybody, this is a NEW global system. Humanity calls upon you. Now. Here.

bty

Yo soy un alemán atípico ticatalán

Yo podría haber jugado en la Bundesliga. Quizás es la liga que más orgánicamente está organizada. Su balance le permite a la afición ir al estadio, beber cerveza y tener un trabajo digno en el que ganarse la vida para después olvidarlo todo tras la quinta cerveza. La vida es tan simple como un artista de Berlín pagando las facturas. La contrucción del mundo alternativo pasa por la fisura existencial que arte deja en el cuerpo presente de quién la consume como una droga traslacional.

Yo si voy a representar a una sociedad alemana lo primero que debo decir es que soy tan dionisiaco como Nietzsche. Él nunca lo confensó, pero los que lo hemos leído con Luis Alberto lo sabemos. Es su tesis. No la mía. Y yo la compré. Aquello me formó. Y me alentó al pensamiento pleno de los que exploran los límites del pensamiento. La sociedad espera que alguien haga ese trabajo. Y los alemanes se ponen a ello. Leyendo mucho. A sus contemporáneos. A los que ellos consideran dignos del debate universal definitivo. Lo que planta cara al status quo del que venimos. Con las contradicciones propias de nuestro privilegio blanco. Y las peculiaridades de lo judios que decidamos permanecer. Tras lo de Jesús. Ya sabes.

Europa es una puta paranoia, colega. Y tenemos que definirnos cuanto antes. O llegarán las trompetas del apocalipsis y nos la tocarán en nuestros oídos. Y dirán aquello de vinieron por tal y por Pascual. Y entonces un día sos vos. Y nunca dijiste nada. Porque te quedaste callado ante la subida del fascismo. Y no lo viste venir. No entendiste que podría acabar así. Y te flagelas ahora en tu camisa de rayas. No digas que no te lo advirtió Orwell. Y entonces esperaste. Quizás la muerte te llamaba es día. Y te quedaste atento a la lección. No te moviste de tu pupitre. Las buenas costumbres y la moral debían prevalecer en ese ambiente primordial.

Vamos a ver, alemanes. ¿Vosotros queréis comer polla moralina o polla dionsiaca?

Es un escrito heteropatriarcal a posta. Busca meter el dedo en la llaga. Y de manera grotesca. Como si se quisiera herir la moral del «enemigo». ¿Quién sino la moral conservadora centroeuropea nos ha enseñado a pensar en términos maniqueos de quién deben ser reprendidos por una moral que sobrevuela siempre nuestro bendito sistema social? Pero ahí están los filósofos. Ahí está el pensamiento crítico alemán. No es invisible. Y avanza con una voz propia que rescatan los estudiosos de sus grandes mentes. Sus autores academícos. Y aquellos más libres. Y sus artistas cotemporáneos. Donde quieran que se escondan en los barrios de NEWBER.

El mundo cambió y debimos acudir a las capitales transformadas de otro mundo: NEW. El NEW world era la utopía. Era el mundo de la imaginación elevado a la 99. Como si se pudiera escribir una epopeya sin cansar al personal que aborrece la lectura de aquellos libros tradicionales que guardan la compostura de la lengua. A tomar por culo. Como decimos los españoles de tanto en tanto. Porque en el sur no somos como aquí, en el centro del pensamiento revolucionario. Ya Marx y Nietzsche nos pusieron al día. Vamos a acabar la tarea. Hegel. Olvídense. No hace falta ni pensar en Beckenbauer. Si caso Klopp. El mundo cambió. El futbolarte también.

Las bases de datos no se ordenan solas. Las ordenan los que sabemos etiquetarlas de la manera correcta. Un ejercicio que muy pocos entendemos. Y que cuando nos tocan la polla, lo más normal es que acabemos en la calle nosotros. Y no el soplapollas que te vino a tocar los cojones. Y la vida es así. Así nos contaron que debía ser. Como si no tuviéramos vela en su entierro. Como si esto no fuera un negocio de unos cuántos. Y los demás, que nos lleve el tren. Yo no quise. Yo dije: no. Y me bajé.

El sistema siguió. Y yo me quedé detrás. Empezando mi propia red. Y mi sistema alternativo a tomar por culo. Lo más alejado de lo que vi que estaba mal. Lo que debía cambiar debía pasar por este filtro. Ya me lo dijo oceanoinfierno: es la transformación digital. Y lo que dijiste aquél día. Rescata una de esas sesiones. Y déjala ir. No tengas miedo. El tiempo está aquí. La espera ha llegado a su fin. Por fin: el mundo NEW.

Alabado sea el NEW Señor. Siempre se necesitará de un patriarca barbudo al que colocar en cetro de un reino glorioso que está por venir. Pues no esperéis más: ese reino está aquí. Y como dice Bolsonar: soy mesías pero no esperen milagros. A lo mucho goles. Y eso sí: futbolarte.

Un alemán express. Aprendió el idioma y ocupó todos los trabajos que le ofrecieron en la oficina de apoyo a los refugiados de la Nueva España: New Spain.

Una película de los 60’s. Otras migraciones. Wim Wenders i Werner Herzog en un empaque tropical. Un ticatalán hablando alemán en nueve días. El tránsito por las nueve capitales de los sitios más conservadores de la Europa profunda. Como a encontrar las respuestas globales a nuestro NEW Estate.

NEWUE

ALLS

I tried to find myself in Google

That’s me: Golman, servidor.
I’ve become a search for the definitive moment in time and space that will reverse the course of the final IT.

It like something bigger than anything else. THE thing. YOU know what I mean. Right. Right.

A question without a question mark would be a debate on English courses on native Literature from mexicans living in their ancient lands. I teach that in local University. I always get 99 online students from this location. That’s how I ended up coming to New América. I didn’t need to actually go. But I wanted to. So I tour the 99 spots in 99 days. Right in election times. I was the old América antiChrist. Finally. We’ve been expecting you. Ever since the firsts callers of the judgement day.

No fear.

Everyone take a sit.

The show will begin shortly.

Please leave your wallets on the fundraising purse that’s going around to collect your free fee.

#freefee

How much are you willing to pay?

That’s been the case.

A case study.

An structural framework.

A piece of art that turns us into a new society.

The final day.

As we march into the place the knights have been wanting to march in for the longest time. Alas, we are here.

A new humanity rising.

That other way.

Leave your shit behind.

You ain’t need it.

It’s going to rock in a new beat.

Writers will write the fantasia land that overcomes the nothing. Like if you were Atreyu. Only this time for real. Or rather: for surreal.

Surreality wins.

As no one predicted.

Till now.

ALLS.

Mi historia mal contada

Érase una vez un gilipollas.

Cualquier español empieza así su último diario. Todos somos gilipollas.

Hay que aceptarlo.

Es duro.

Nadie dijo… gilipollas.

Todos lo sabemos.

Mírate al espejo.

Ahí lo tienes.

GILIPOLLAS.

Uno para ser new spainiard debe asumirse genuinamente como un gilipollas. De esa manera en la que tan sólo el español sabe hacerlo. Spain is diferent.

Pero no se equivoque nadie. Esto no es una parodia. Usted es un gilipollas de pies a cabeza. No me ha malentendido. Entérese. Le voy de cara. Quizás no le parezca lo más educado del mundo, pero siendo usted gilipollas, sabe usted, me suda la polla.

El gilipollas sabe de pollas. Y de pollardadas. Mil. No tiene límite. Puede llevarle 99 pensamientos al día: mi polla. En 66 de esos casos la polla erecta emula a un ideal de dictador que cada español tiene en su mente. Las otras 33 la polla está flácida y no pretende más que seguir estando ahí. Sin más. Sin querer afianzar su heteropatriarcal estructura mental. No corre sangre por mis venas. Soy un autómata mal programado. Casi casi un virus. La complejidad en mi estado de flacidez no es una historia extraordinaria. Ni tan sólo atractiva. Es demasiado insignificante. Cuelga. Chorrea. Como valenciano del Real Madrid. Como las orejas del elefante del rey. Aquél. El que ya no es.

No se ofenda usted. Si gilipollas es, no me dejará mentir. Usted bien sabe que yo le voy de frente. Y esa, y sólo esa, es mi virtud. Todo lo demás: gilipollas.

Lo ves. Te liberas. La liberación del gilipollas.

Esa es la revolución.

Si Marx hubiera entendido esto otro gallo cantaría.

Armando Gallo Pacheco.

Servidor.

ALLS

My lagging signal

The tracing of my location was unreliable because of the amount of smartphones still signaling my activity from 99 diferent spots on the world as we speak. Governments never liked a real good rebelious mind. They need to keep it in a leash. A close leash. Well in my case I refused.

I had two options. The first, tho lay low. The second one: to take the system down.

I decided to wait for the right time.

And finally it has arrived.

About time.

ALLS