La espada de Damocles me oprime

Ya no tengo salida. La espada se acerca a mi piel mientras ya no tengo más espacio para recular. El éxito de mi fracaso está consumado. Mi historia me arrincona en la huida hacia el final. No hay más. Un último respiro. Un suspiro.

De alguna manera los griegos de la antigüedad tenían el referente presente de lo que les arrinconaba a ellos a salir de un pozo oscuro en el que sus vidas habían escalado en espiral decadente. No es un tema nuevo. La humanidad se topa consigo misma en la inmesidad del abandono que cada individuo perpetua con su angustia. Y ¿cómo salir de sí mismo? ¿A dónde huir? ¿Cómo escapar?

Mi única salida para evitar que la espada me acabe decapitando es tener fe en esa alternativa, por poco probable que resulte, que despeja todas las tormentas. El alivio de los mares tranquilos en los que navego hacia la isla en la que finalmente encontraré mi destino. Alguien se ocupará de amenazar mi porvenir, inclusive en ese último trayecto. Satanás está ahí para asumirse antagonista de nuestra biografía, como un par de Dios Padre, que tiene el poder inmaculado de asistir como contrapeso al desafío del héroe que debe librar la batalla más épica de su existencia. Ese es el destino de nuestro periplo.

La espada de Damocles me amenaza y cada vez más le pierdo el miedo. Si me vas a matar, hazlo de una vez. Hijo de la gran puta. ¿Quién te crees que eres? No puedes conmigo. Ni podrás apagar el espíritu de mi destino. La batalla se libra en la oscuridad del duelo continuo de nuestra psique.


La paciencia sigue obsesionada con su tránsito lento y pausado, a pesar de las palpitaciones extremas que intentan desacreditar su tenacidad.

La perseverancia tercamente se aferra a esa idea en la que nadie cree. Sin duda el fracaso no es una opción, pese a encontranos de cara en cada esquina que doblamos.

La resistencia ha seguido sumida en un estado fuera de sí por mantener viva la pulsión de la pasión con la que se arremete una cima sin temor. Las piernas cansadas ya no saben si aguantarán el próximo reto, pero se aferran a no claudicar.

La prudencia sostiene el mundo sobre sus hombros. Y no saltamos ante la injusticia que escupe en nuestra cara un aliento fétido de recores, envidias y desidias. Quizás no sea el momento.

La concentración se inhibe para dar paso a la locura, que se planta en todas las esquinas que nada tienen que ver con el objetivo central de nuestra esencia. Pero a ratos vuelve, como quién sabe que tan sólo aquí se abonará esta tierra en la que sembramos hace tiempo nuestro porvenir. No olvidemos… ¿qué objetivo? ¿Qué sentido tiene? Anda, vuelve, aterriza una vez más. Enfoca tu espíritu con la pulsión última de crear un espacio dual en el que encontraré lo que intuí un día que sería el puerto al que llegar.

Los pensamientos reflexivos me nublan la consciencia con la ilusión de alcanzar el objeto exacto que buscaba en una metáfora impecable que no deja lugar a esa única esencia desnuda y poderosa que ilumina todo en este punto. Es un espacio al que se accede con la llave de quién cosecha con el tiempo a su favor aquellas preguntas que algún día debía desvelarse ante un yo futuro que no estaba ya alerta de tal periferia. Escribir sin duda ayuda a que esas derivas encuentren su sitio, en este mismo instante, pero más allá, en otros multiversos, y en otros espacios temporales que ni tan sólo nos planteamos controlar. Pero vuelve, y se revuelven con otras que a penas han visto la luz del día, y se confunden, y se funden, con renovados espíritus que se explican, por sorpresa, en el otro. La revelación de nosotros mismos en un acto reflejo que nos aproxima a otra unidad fuera de nosotros. Y todo, de pronto, se asienta en un sentido emergente.

La capacidad de análisis se reciente. De pronto no tenemos más maneras de explicar lo que tenemos enfrente. La vida. La estrategia. Nos vaciamos hace años. Y ya no queda nada. Nada tiene sentido. No hay más vueltas. No hay visión alguna. Ni misión. Ni tan sólo valores. No hay mapa. Ni análisis interno. Menos externo. Todo se perdió cuando volvimos al sitio del que pensamos que nunca debimos haber partido. Pero ya no era lo mismo. Ni había nadie ahí. La vida cambió y nosotros nos quedamos anclados en un pasado que ya a nadie interesa. Nos comió el mandado un ser inferior que no supimos espantar. Záquese. Se nos coló la sanguijuela. Nos arruinó la fiesta un colado. Yo un día pensé que sabía cómo hacer esto. De manera pragmática. Lejos de cualquier floritura futil. Pura síntesis de un proceso contrastado que estudié durante años para extraer la resina del licor más útil de cualquier gesta. Pero un día decidí no hacerlo más. Caí en el fondo del abismo. Y de ahí no me moví. No arrastré mi sombra, ni maldije mi fortuna. Abracé el infierno que las plantas de mis pies lamían. Dejé el otro mundo muy lejos, y desde abajo reconstruí mi vuelta. Mi capacidad de análisis se convirtió en un camino alejado de la luz, en la armonía en la que tan sólo yo podría concebir para volver a aportar otra perspectiva colectiva de la última emergencia necesaria de nuestro sistema complejo social. Me perdí en mi mismo. Me absorbí debajo la piel succionado por los latidos inertes de mi organos vitales. Me convertí en todo lo contrario de lo que habría definido construir, por la simple idea de asistir a lo contrario de lo que habría de ser. Al ser lo que tenía justo aquí para construir con ello algo con sustancia. Me enfermé en la reiteración de las mismas historias que me habían llevado hasta aquí, convecido obstinadamente que no tenía otra alternativa. Me convertí en un camino que se cerró todas las salidas, y me condujo al tunes del cuál todavía hoy no he conseguido salir. Porque un parto dura nueve años. No se deja atrás un paradigma contrastado con un bufido de lobo feroz. Es alrevés. Las historias que conducirán a otros paradigmas serán las que consigan afianzar literariamente la posibilidad de trascender a toda la mierda acumulada que dejamos que se enquistara en el proceso evolutivo de nuestra sociedad, mientras abrimos los canales de comunicación, y las transmisiones de radio, y el entretenimiento de masas, y le tuvimos miedo a las mismas pollardadas que nos inocularon en el esquema educativo en el que decidimos creer y crecer. No fue una elección. Ni tan sólo una democracia. Fue un simulacro perfecto. Y nos llevó a todos un proceso largo hasta llegar a darnos cuenta el sitio en el que nos encontramos con Big Brother. Y resulta que al final, las ideas que contruyen quienes somos están fermentadas con las falacias necesarias para que nos demos cuenta de su existencia, tan sólo para confirmar que preferimos estas a las que los otros, aquellos, nuestros némesis, adhieren sin pensar ni un segundo a los pilares sagrados de su liturgia: su lucha.

El sentido práctico, no se cuando, lo perdí. El surrealismo español me pareció el único proceso creativo que valía la pena rescatar de las cenizas en las que se quemaba toda la añeja tradición de una de las naciones más ancestrales y demenciales de la historia de los reinos de los cielos. Nunca antes una fogata de Sant Joan había llegado a acumular tanta mierda para quemar en una misma noche. La gente se dio cuenta de que valía la pensa que lo abandonáramos todo en este acto final de gratitud. Por la relación que el Altísimo guarda, aún hoy, con el dictador Francisco Franco, sentado a la derecha del padre, habiendo arrinconado a Jesús a su lugar: a la izquierda. El orden sacramental acaba de contruirse con un último grande de España que subió al cielo por la gracia de Dios, en un hospital que llevaba su nombre, y cuyos nobles profesionales de la salud, tuvieron a bien dejar que la providencia invadiera, una vez más, de la mano del Espíritu Santo que tan bien se siente en su capital en la tierra, Madrid, para culminar el acto más alto de la fe católica, apostólica y romana: que un español señalado por Dios Padre acuidiera a su presencia en la asunción del espíritu, y cuerpo, del caudillo. Fue días después. Ya en el valle, uniendo para siempre, la grandeza de España con la comunión del Caudillo con Dios Padre, a su derecha, por los siglos de los siglos…

La objetividad me fue erosionada con tan elocuentes velos por doquier. Fui víctima de la alteración de la consciencia por vías voluntarias, forzosas y perentorias. Me obligué a comulgar con las antípodas de mis posturas. Sentí la necesidad de transitar al otro lado de la luz. Y llegué a fundirme en el infierno con lo que quedaba de Satanás, que tuvo paciencia conmigo. Y despúes, de la mano de Jesús, conspiré por construir una alternativa a la que un hijo usurpador había venido a construir con falsos testimonios que nublaron la consciencia de mi padre, quien, en medio de la demencia que sufría, suplantó el sitio que tenía mi hermanillo en las cortes que adornaban la eternidad de los cielos. Dios Padre había adoptado a un hijo facha, aunque a él no le gustaba asignarnos etiquetas los unos a los otros, a pesar de que el nuevo se atrevió de llamar a Jesús… rojo. Y ahí no le pareció tan granve a Dios Padre. Como si la eternidad no fuera suficiente, ahora debemos aguntar al hijo usurpador facha, y a un Dios Padre que le ha comprado toda la basura de mentiras con las que papá finalmente ha perdido el curso de lo que significa realmente la comedia humana. Jesús y yo lo hablamos muchas veces: Él no lo entiende: no es humano. Nosotros sí. Conocemos a los Franciscos Francos de nuestros tiempos. Los hemos visto mil veces en los lugares más cotidianos de nuestra surrealidad española. Nos los metieron hasta en la sopa y ahora lo hemos visto claro. Nuestra simple presencia les ofuzca. Nos quieren en la cuneta. Los rojos se borraron de la faz de la tierra, porque a sus ojos, Franco los desterró. Somos lo Caines que una vez más Dios Padre ha asumido que no merecemos ser parte de su rebaño. Hasta aquí llegamos, Papá. No hace falta que lo volvamos a debatir en la cena de navidad. Ya sabemos que le has tocado su cojón sagrado a tu nuevo hijo predilecto. Nosotros ya no tenemos nada más que hacer aquí. Por eso volvemos a la Tierra. Allá a dónde tú no has vuelto. Fuimos nosotros, Papá. Te lo recuerdo. Y es nuestra humanidad, esa mitad, la que tú nunca podrás palpar. Tú no eres como Zeus. Con Él me entiendo mejor. Tú no puedes alcanzar las contradicciones de nuestra construcción social, por más que tu omnipresencia te lleve a dictarle los textos a los escritores de derechas que aún quedan en el sector editorial español. Oh, Papá… ya no me importa que nos hayas abandonado. Al final, no te tengo ningún tipo de resentimiento. Pura gratitud. Y eterno retorno. Porque un día te darás cuenta que él hijo predilecto al que ahora atiendes con tesón, no es más que aquél becerro de oro, convertido en toro Osborne, con un par de cojones. O quizás, por un destino sagrado de su providencia, con uno sólo, por la fijación inmaculada que su piedad le llevó a cargar con esa cruz para levantar el reino de tu santificada y endiosada unidad del reino de los cielos: España. Si un día me extrañas, me encontrarás con el resto de las divinidades fusionadas en la risa eterna con la idea que nos alienó: que eras tú el único.

La disciplina se desmuestra en los entrenamientos. Se juega como se entrena—dice un tribunero. Ni puta idea. A esta gente no se les puede permitir seguir mandando como si de ellos fuera el coto de caza. Su cinismo es inmortal. Y no tiene fronteras. Me ofrezco como ofrenda a los dioses de la pirámide. Si con esto salimos del atolladero, me doy por bien servido. Prometo someterme a un escrutinio del desempeño de mi obra. Y mis resultados hablarán por mi. Usaré el mismo racero con el que medimos a los demás, y servirá, para que nosotros mismos nos demos cuenta de qué manera somos parte de la reconstrucción de un mundo nuevo: un mundo NEW. New Barcino.


Mi psique se desdobló. No tuve manera de detenerla. Tomó las riendas y se desbocó. No la culpo. Todo lo contrario. A partir de hoy, estamos más unidas. Es más, estamos más unidas con Cristo… para siempre.

Se escuchan las risas del resto de los Dioses. De todos los tiempos. De todas las latitudes. De todas las culturas. De todas las presentes…

ALLS

El freno de mano

De pronto todo se paró. Y nos quedamos inmóviles pensando que quizás esto podría alterar aquello que nuestro planeta sufría. Como si la pausa por un virus que nos mataba nos iba a dar la posibilidad de luchar conjuntamente contra las lacras que marginan nuestras posibilidades por un mundo más igualitario y justo. Quizás desde la desigualdad nos vemos destinados a perpetuar las diferencias que nos marcan al nacer. O no. Siempre podemos caer un poco más. Y revertir, para mal, el privilegio que nos fue dado. El despedicio de los talentos.

¿Qué habría pasado si Jesús no hubiera hecho caso a su llamado? Un Jesús indolente, todo poderoso, por su mitad sagrada, asumiendose al 99% como humano. Y en esa decisión, deja de lado la responsabilidad que le fue otorgada por la voluntad omnipresente de Dios Padre de reconstituir su reino. Jesús, como hasta entonces, sigue con sus parábolas mentales, y en cambio, no las externaliza. Todavía no es momento. Barrabás sigue en la cárcel. Poncio Pilato tiene cede el poder al siguiente regente romano, y la vida en Judea sigue judía y sin mutar. No hay católicos a los que perseguir. ¿Qué es un católico? Los pescadores Pedro, Judas, blablabla,… siguen con su vida de pecadores. Sus redes siguen trayendo sardinas para las fiestas de San Juan. ¿Quién es Juan? Pablo, sin que Jesús haya mencionado ninguno de los hechos de los apóstoles, comienza a hablar con Dios Padre, directamente, y Dios Padre le cuenta la insubordinación de su hijo, que no ha hecho nada. La impaciencia de Dios Padre es tal que le ofrece el trabajito a Pablo. Y este, actúa en consecuencia. Pablo se convierte, por así decirlo, en el siguiente profeta, pero está vez, es reconocido por San Juan Bautista, que le valida ante las multitudes, para empezar a crear el reino de Dios en la tierra. Se activa el plan B.

Pablo no recluta a los mismos discipulos. De hecho los que estaban a ser llamados por Jesús no tienen el más mínimo interés en las palabras de Pablo. Las escrituras se escribirán sobre otro montaje. Otras parábolas distintas son dictadas por la gracia divina a las redes neuronales de Pablo, que esta vez decide escribirlas él mismo, en unas cartas que envía a otros pueblos. En sus charlas con la muchedumbre saca sus manuscritos y les interpela directamente. Son discursos políticos y fundacionales. Nace la iglesia de Pablo.

La vagancia de Jesús le pasa factura. La revolución que debía provocar, de pronto, está en curso, pero no gracias a él. Su depresión es mayúscula. Su padre, José, no tiene manera de ayudarlo. Y María… pobre. Segura de que le habían anunciado otra cosa, no acaba de ver claro qué será de la vida de su único Hijo. Jesús escribe libretas en las que interpreta los sueños, o más bien pesadillas, que sufre cada noche. Durante cuarenta noches es masacrado por el demonio para pincharlo por su incapacidad para hacerle frente. Lucifer ha ganado la batalla, y tan es así, que ahora se retira a lidiar la batalla que verdaderamente importa: en frente de San Pablo. El apoyo de Dios Padre a Pablo acabó de doblegar la confianza de Jesús en sí mismo.

Una noche en el monte más cercano de se casa, triste y sólo, el viejo Jesús suspiró por última vez: ¿por qué me has abandonado?

Eterno confinamiento

De pronto no sale nadie a la calle. La idea no es nueva. Pero eso no es lo peor. Lo peor es que no es vieja. No se hace vieja, pues. Sigue aquí presente. Es la actualidad de nuestra vida en pausa. Y mientras tanto nos preguntamos qué es la vida, sino aquello que vivíamos. O quizás esto, en dónde ya estamos a la merced de las conspiraciones más ridículas de la historia, impulsadas por las mentes más diminutas de la barriada.

La vida en sociedad está en manos de nuestros políticos y de la economía. Los narradores de la actualidad nos pintan las cosas como creen que son, o bien, como mejor se vende un bacalao que da igual si existe o no. No hay más realidad que la que la gente replica con temor en las redes sociales. El tiempo se ha disuelto, y lo único entero que queda es la paranoía.

Los lazos fraternales con los seres humanos se han debilitado, al tiempo que se han destrozado todos los canales de prosperidad de un plan global para el bienestar y el desarrollo. La agenda universal está plagada de virus que se infiltran con troyanos que pretenden espiarnos a toda costa, en todo momento, con ningún propósito en particular, y todos en general. La vida pues se ha convertido en una bazofia de historias nimias que dan pena leer. Los opinadores son más célebres, en este nuevo contexto, que los escritores con cara y ojos. Ya nadie tiene cara. Puras banderas.

La tela ha vuelto. La tenemos en la cara. Ya sabemos lo que representan los vecinos con su presencia o con su ausencia en un balcón. Nos queda la duda de lo que será esto cuando todo cambié. Lo que sigue no está escrito, pero quienes tienen el control tienen dos ideas centrales peligrosas. Y ninguna de ellas persigue un bien común, más allá de la acumulación del poder, por vicio. Porque el poder se ha colocado en un sitio en el que ya no nos gusta lo que sale representado por el pueblo. Y el pueblo, ajeno a la verdad, se tira a la contienda con los ojos vendados para asomarse a la ignoracia compartida que se despliega en plaza pública como quien mira a los ojos a un toro de lidia.

La tradición muere y el porvenir ha suplantado el futuro con una especie de régimen eterno del 78. No hay acuerdo ni pactos. Ni siquiera queda estado para repartir. No queda impulso vital que nos permita seguir siendo lo que un día fuimos, porque todo eso ha quedado enterrado en las tierras de regadío abandonadas en el campo vacío. Montañas desoladas con paseantes que no quieren aire fresco, ni veredas, ni estar aquí. La voluntad más grande es la de marchar de aquí. Pero no hay a dónde ir. El despojo de lo que un día fue se utiliza como grieta para espantar la noción absurda de un porvenir sostenible de una hipotética economía circular. Nunca fue cierto nada. Y ahora, de cara al cambio, tampoco el pasado encuentra sustancia en lo que nos queda de razón. No quedan neuronas buenas. Las hemos dejado atrás en la pandemia. Se nos escapa lo poco que se cuela por las alcantarillas. Allá, el el submundo, se entierra un tiempo que no será nunca más lo que un día pareció ser. Y enterrados estaremos unidos en la perpetuidad de lo que nunca fuimos. Nos perdimos en un pasillo eterno de paso doble, mientras el tango que salía de los megáfonos nos anunciaba el final de un sufrimiento que se estiraba sin fin entre la angustia compartida con la persona más cercana a dos metros de distancia. La corrida seguía su tercio sin que nadie permitiera que volteáramos a otro escneario. No quedaban más permisos ni grados de libertad en la conciencia que se esfumó con el último luthier.

No hay más baile que escuchar mientras se pierde la conciencia de quien uno es en medio de una playa cuya arena ha sido sustituida por espinas. Los faquires han tenido su verano con la cama de espinas que se tiende entre la toalla y el baño. Al sumergirnos en su inmensidad, tras el calvario de las espinas, nos encontramos con el chapopote y las miserias que flotan a su alrededor, que nos dejan la piel lisa, y en aparencia nos queda un piel más tersa y brillante. Lo que prometían los cosméticos ahora lo tenemos a nuestro alcance, como el maná de un tiempo de reconstrucción facial. Nuestro gesto de alegría mutó al anhelo eterno del final. Pero esto ya no se le espera. El rey ha dispuesto sus recursos para que la caridad esté presente fuera de palacio por la gracia eterna de los nobles, que no han perdido ni un segundo administrando las migajas de lo que donarán el domingo al salir de misa tras el sermón que satanás pronunciará en el púlpito de la columna montado en el toro alado ante la mirada resentida del toro alado.

La comunión de la diversidad se fundió en un pozo que excabó el último recurso que una multinacional expropió de los últimos dueños legítimos de la propiedad. La Tierra ya no tiene vuelta a la normalidad. Nos estancamos en la cárcel de nuestra vanidad. No supimos cuándo nos engañaron por última vez. Ni tampoco recordamos la primera. Lo que es cierto es que ya no queda fe en ningún sitio. Ni dioses que asistan prestos a la plegaria de los santos inocentes. No hay niños, ni niñas en el alfabeto. La posteridad tiene fecha de caducidad. Hemos decidido abandonar el barco mientra los músicos mantienen esclavizados a sus instrumentos ante el desplome matutino de la bolsa. Los ecos de la entrada de los jinetes se retransmite por las redes sociales con los memes de sus caras de verdad. Cada facción ha elegido los sospechosos habituales de nuestra percepción, cada vez más precisa, de nuestra última neurona. El último sitio seguro en el que finalmente encontramos la paz.

La persecusión no cesa. El tiempo en pausa nos obliga a consumir cualquier basura que se presente en un timeline que nos posee. No tenemos tiempo para contrastar. Ni siquiera lo deaseamos. Ya ni vemos quién lo manda. Si asusta cuenta. Todo por ceder a nuestro impulso de que todo esto termine. Hay un movimiento que alimenta la ilusión de que todo esto que un día fuimos volverá. Que recuperaremos la gloria de tiempos pasados. Un pretérito perfecto. La sombra de lo que un día fuimos. Algo que nos permita arrastrarnos de vuelta a nuestras complicidades con los añorados amos. La salvaje situación de los temporeros que encima ahora se quejan de que les demos la oportunidad de sacar la cabeza de las aguas negras mentales que los cortejan. El olor intenso de los restos de pescados dejados al sol para ambientar el desconsuelo funciona a las mil maravillas y atrae todo tipo de criaturas, desde zopilotes venidos desde África hasta larvas novicias que se estrenan en la luz para asombro de los chiquillos que relamen el suelo con su inocencia socavada.

Si acaso no quedan ganas de entretenernos con el último augurio de un centauro que se ha puesto a escribir, o replicar, la misa del domingo del Belcebú. Los mensajes son muy parecidos entre sí en todas las barriadas. La consigna viene del altísimo que tiene todo tan claro que decidió ponerlo todo, esta vez, en memes que reflejan con transparencia aquello que debía ser combatido. El comunismo no tendrá ni un respiro en el contexto decimonónico de la revuela apocalíptica. Los tiempos de disfraces sociales y máscaras virtuales se ha convertido desgraciadamente en el vulgar esfuerzo por escoger un filtro que nos oculte, a nosotros mismos, quien realmente somos. Hace tiempo que lo olvidamos, de tan bien elegimos los impulsos de tiempos esclavizados de un amanecer desprovisto de risas. El humor quedó sepultado tras las sentencias concatenadas de los controladores de la moral. El espacio de recogida de las almas se materializó en las nuevas estatuas que se erigieron para nublar nuestra cultura. No hubo sitio para nada más. Nunca más nadie confió. Finalmente sucumbimos al zumbido de la luz. Nos fuimos directo al matadero. El flautista nos lo advirtió. Algo sabría.


Golman llevaba cuarenta años de cuarentena. No se había presentado aún a la contienda. Había decidido esperar hasta entender por completo las consecuencias de sus elecciones particulares. No sabía cuál de todos los juegos debía preceder en su narrativa reconsturctora. Siempre cabía la duda. Dudar más siempre ha sido la manera que encontrar nuevos perfiles sobre los que dibujar el último mapa. Sus libretas le habían proporcionado todos los ejercicios necesarios, los 99, para estar preparado para un único despliegue definitivo de su revelación descomunal. El presente, finalmente, había llegado aquí para quedarse—pensó.

Vivir en el presente tiene varias implicaciones. No sabemos si esto durará más allá de esta mañana. Como el trabajo. Ya hace tiempo que dejamos de creer que esta será la falacia sobre la cuál podremos reestablecer el sentido de nuestra existencia. Se destruyó el cielo que sostenía nuestra fragilidad, y de pronto, sin esperarlo ni buscarlo, estamos en medio de la escena que despliega las trombas de un alud que se aproximan a mi entierro. El tiempo de un inmortal que baja a la vida de los mortales está marcado por su intrascendencia en nuestros términos finitos. Ni siquiera Jesús podía confiar que estaría ahí por siempre, sino que debía volcarse sobre los sucesos que se fueran dando para el devenir resultante de su performance de reconversión. Los hechos hablan de sus andares por el reducido mundo que pudo recorrer a pie. La dimensió de su mensaje debía constar como metáfora para que fuera más elocuente que la fuerza acumulada de los tiempos. La normalidad siempre está en la tranquila siesta que el león se permite en la sabana mientras todo sigue igual. No hay contienda sin la pulsión de un mesías que pretenda poner todo patas parriba.

La rebelión pues seduce las mentes de nuestros detractores. Cualquiera que esté en la cima tendrá un sequito de conspiradores en búsqueda del poder. El proceso de sostener los intereses de quienes ganas a pesar de la farsa que decidamos encumbrar. Lo mismo da, a no ser que nos esforcemos por encontrar un balance sobre las desigualdades sistémicas de todos los tiempos, hasta el inicio de los mismos. No econtraremos tiempo entonces para saber cómo actuar en sistema nuevo si debemos revisar todos los expedientes pendientes en los juzgados. Todos somos culpables de este desvario. Y también de la incapacidad de este sistema por presentar vías más frescas para matizar las diferencias y las injusticias, para vivir más allá de lo que nos pretenden vender, para saber estar a pesar de cualquier desajuste estructural del último plan que nos imaginamos posible, antes de la última debacle. Todo está a punto de caer. Y no nos queda fuerza para volver a empezar.

—¿Será este el momento?—Golman sopesó. Podría ser. Solo bastaba poner la máquina a andar. Darle un sentido a perspectiva desde la cuál el cambio se procura asimilable. Como nuestro respirar. Como fundirnos en un abrazo. Como despertar acompañado.

El día de la anunciación finalmente se desveló. Y por fin nos encontramos en la cuenta atrás. La reconstrucción social de una estructura mental que nos traspasa. Hay una puerta que cada uno debe traspasar por su propia cuenta. Y tras ella, todo. ALLS.

NEW system, NEW estate, NEW normality, NEW capital

Se abre paso durante la pandemia un pensamiento de ilusión en el futuro reconquistado. Se abre una puerta nueva que nos lleva al paraiso. Por fin hemos llegado a la Arcadia. Le Bon Savage. Otor mundo. El mundo NEW.

No se por qué todavía no había leído a Cortazar. Estoy leyendo Rayuela, de aquella manera particular. Y también, al mismo tiempo, estoy leyendo 1984 de Orwell. Y por primera vez me atrevo a incarle el diente a Thomas Pynchon. La lectura que uno necesita para crear lo que las lecturas provocan. Más letras. Más discursos. Más poesías. Otras narrativas.

Me encuentro en el capítulo 71 de Rayuela en el que Cortazar, o el narrador, no lo se, quizá Morelli, se pregunta desde su sitio en el mundo, en París, con su argentinidad que se arrastra a otra centralidad, para desde ahí reconocerse, y poner lo más alto de su pensamiento en ese aliento de creación que nace al escribir. De pronto, yo, lector, conecto con la búsqueda personal atemporal con la que llevo años lidiando, como una quimera que se empeña en aniquilarme, por su obsesión maldita por crear un mundo nuevo.

Ya lo cree alguna vez. Al menos sus fronteras. Su esqueleto. Es ese mundo NEW. NEW como bandera de algo nuevo, que se suma a lo que antes era, y que de pronto nos damos cuenta, de poder asumir esta nueva concepción de las cosas. Con un simple gesto de sumisión nominal: otro nombre. La concatenación de NEW con lo anterior.

Podría pensarse que es una especie de Newspeak. Y eso no es del todo bueno ni malo. Cuando leemos 1984 corremos el riesgo de pretender entender lo contrario a lo que el autor hacía referencia en su distopia. Igual pretendemos ser parte del problema, y no de la solución. El lado oscuro se apodera de nosotros y entendemos todo al revés. No nos olvidemos que hay personas que lo entienden así. Sin tapujos. Los fascistas que no se avergüenzan de su postura, porque creen, a ciencia cierta, que esa es su Arcadia deseada. Y nadie los saca de su error. Adoran las armas, y mantienen el control. Se juntan entre ellos. Al sonoro rugir del cañón.

Más de una épica nacional está diseñada en el ideal de cortar las cabezas del adversario. El planteamiento histórico de España como conquistadora de un nuevo mundo, que acercó a la modernidad a uno que ya estaba ahí, y que vio truncada su progresión. Esa cultura quedó sepultada bajo la arquitectura de los nuevos dioses. Y los antiguos, estóicos, se quedaron en el submundo asumiendo los mismos roles que ya existían en esos planos existenciales en esas tierras sagradas. Y se mutó el mito. Se utilizó el arte para asimilar la creencia de un mismo Dios que ahora tenía otra historia que narrar. Pero que se hermanaba con el pasado. Con la montaña sagrada. Ese mismo cuento alrevés es el que propongo ahora asumir de vuelta a otro sitio que no sea este. Por movernos de esta postura particular en el espacio. Este status quo cansado y enfermo, que se va poco a poco por el vacio existencial de quién en nombre de todos se asume como la única verdad: el único camino.

Todo tiene riesgo. También lo tiene no hacer nada. Seguir navegando por la vida como si esta fuera a llevarnos a buen puerto, fuere este el que fuere. Y quizás sería suficiente. Lo fue para Colón y su tripulación. No importa que España, su corona, o sus coronas, hayan apostado por un ideal estratégico inexistente. Su osadía, en aquél momento, fue creerle a un loco con la convicción de que podría llegar a una puerta nueva. La búsqueda de esta puerta nueva es el camino, aunque no sepamos lo que hay detrás. Cómo se actúa tras abrir la puerta, ya es harina de otro costal. Mientras tanto, alerta.

La puerta NEW.

«Hay quizá una salida, pero esa salida debería ser una entrada. Hay quizá un reino milenario, pero no es escapando de una carga enemiga que se toma por asalto una fortaleza. Hasta ahora este siglo se escapa de montones de cosas, busca las puertas y a veces las desfonda. Lo que ocurre después no se sabe, algunos habrán alcanzado a ver y han perecido, borrados instantáneamente por el gran olvido negro, otros se han conformado con el escape chico, la casita en las afueras, la especialización literaria o científica, el turismo. Se planifican los escapes, se los tecnologiza, se los arma con el Modulor o con la Regla de Nylon. Hay imbéciles que siguen creyendo que la borrachera puede ser un método, o la mescalina o la homosexualidad, cualquier cosa magnífica o inane en sí pero estúpidamente exaltada a sistema, a llave de reino. Puede ser que haya otro mundo dentro de éste, pero no lo encontraremos recortando su silueta en el tumulto fabuloso de los días y las vidas, no lo encontraremos ni en la atrofia ni en la hipertrofia. Ese mundo no existe, hay que crearlo como el fénix.»

Julio Cortazar, Rayuela.

9 minutos para una historia completa

Tengo que crear algo. Es un imposición que me impongo. Porque creo que aleatoriamente podemos encontrar los caminos que necesitamos transitar. Entonces no hace falta nada más. Simplemente lo que nos topamos se convierte en lo que somos. Y lo que somos es lo mismo que lo que escribimos. O lo que pensamos. Y a veces pensamos y no escribimos, podría decir cualquier persona malpensante. Es verdad. Así es. Y en ese instante estamos siendo, pasajeramente, desapercibidos. Por nosotros mismos. A no ser que consigamos blindar esa memoria para siempre. Quizás explicando ese pensamiento en el formato de una historia. Contando un cuento. Todos tenemos cuentos que contar. Quizás esa es mi máxima perversión: no contarlos. Quizás debería poder escribir más cosas convencionales. Cosas que se entiendan. Cosas que vayan a alguna parte. Y entonces tendría en mis manos todos los cuentos que me han cruzado por la cabeza. Que no son pocos. Y mi vida tampoco es tan interesante. Pero en cambio, voy tomando de cada cosa lo que puedo para luego escribirla, por un mal hábito, o vicio, que tengo. Escribir como manera vivir. Escribir porque sí. Por lo que dicen que ayuda a centrar las ideas. La cabeza. Para escapar de ellas. Para no volverme loco por completo. Quizás para hacerlo. Quizás por asumir las contradicciones que dictan mi pesar. Y por eso, para ser infeliz, procuro la felicidad que gozo ante un teclado. No de aquellos duros Olivetti. Puach. Escupitajo en verso. Mentira. Todo es mentira. Y ficción. Y un cuento. Pero no amo la escritura. Ella me posee. Y no tengo salida. Ni perdón. Quizás esa es mi cruz. Jesús, escucha: ¿tú qué sabes de escribir?

Jesús medita el mensaje que recién le llega.
Al menos sabe leer.
Escribir, dice.
Hum...
Eso es para los mortales.
No se dan cuenta que no yo soy del todo mortal.
Yo no soy del todo humano.
Al ser algo más que humano, hermanos, no soy como ustedes.
Hermanas, no hablo con vosotras.
Vosotras estáis exentas.
No: esto no saldrá en el examen.
De haber dado clase lo hubiera petado.
Cada sermón fue una lección.
Cada parábola una liturgia.
¿Por qué escribir cuando oralmente puedo explicar el cuento?
De haber escrito se habría manipulado en sentido por construir.
No todo lo que dije quedó grabado.
Ni todos los que me escribieron captaron el sentido.
Pero lo que quedó se mantuvo por los siglos de los siglos.
Gracias a los que escribieron.
Yo podría haber escrito.
Pero opté por no hacerlo.
Escribir, en esas circunstancias, habría maniatado mi performance.
El directo llega más a según qué audiencias.
Mi verso era pobre, y por eso di paso a Mohammed.
Él sabría entender el lazo y la poesía.
Y Dios Padre así lo quiso.
Por eso me abandonó.
Yo no entendí.
Al tercer día se lo dije.
No lo entenderías —me dijo.
Y nunca lo entendí.
Hasta el día de hoy.
Que escribo por primer vez.

Newspeak, double think and the mutability of the past

The principles of INGSOC

Come to think: George Orwell was pointing out a future in which the current beast of absolute power, in power, would act like. As they’ve proven to long for no more than this one way to live without dissonance. The end of rebelion. The magnitude of enough tools to manipulate a gray life of survival.

It’s an authoritarian regime. War far away our little island, with our common enemies. Euroasians. Be that east or west. They are the others. And we are continuosly at war. So we live for war, speaking as if it was peace. I am not sure if that’s newspeak or double think. Or maybe, I am just mutating the past once again through the loophole of this one book set in the course of a futuristic society in 1984: the past.

One could say that the warning on 1984 is very clear. And that distopias are an effort to install in the mind of a reader what things could be like if we turn all controls into one big facist regime. But the thing is, in double think spirit, everyone may point into a facist and yell: you are the facist. The real facist too. So we are radicalized with the intention of finding nazis in every nemesis we hate. And man, oh man, plenty of nemesis out there. If there’s something nowadays is people you can consider your life antagonist at the edge of the cliff. So you quickly jump to the conclusion: elimitate. Before he/she eliminates you.

And it all depends on how much privilege you bear. The higher up, the more peculiar results we see of people afraid. The lutters, oh, they say. People are coming to get us. The barbarians have won. Europe always knew they were there. And somehow the fear is on us. It somehow has prevailed as the sort of fearful society that just can’t get enough. So he constantly fear the other. And there are plenty of others to fear. And if not, you will be guided to fear the correct ones. God forbid you pick your own nemesis. It just doesn’t work that way. You are not suppose to think on your own. Or read books. Just stick with oficial propaganda. Like-minded crowds. The «us» we hold dearest. The true civilized humans. The ones that deserve to rule the world. Again.

People in power. People searching to be that power. That’s the old game of politics. Or maybe the game is really the power shit. Money gets close to that influence. People who seek power are into money. And people who are into power and don’t have the means to move up the pyramyd with their own enterprises, choose politics. Some parties are there for people to be part of the political players that touch power. In representation of the rest. So we can all go about our life. With the same sort of critical attitude that we can hold from our couch, or through our digital platforms. Our social persona is now an activist posting shit online. Like this piece of crap you are reading. I thank you for thy patience. You are trully a good and loyal reader. I sherish you. And wonder if you want to read some… well, serve yourself. You’ve made my day. Maybe even my life. For the rest of my lives.

Multiple lives matter. But let’s focus on the black ones.

Current affairs are smelling like 1984. People don’t read books, on one side. And on the other, they just read one book. Or is it the other way around? In any case, I’ve just felt the need to go about my way into the wrong way to read the play. And end up in the loosing end of this senseless battle. I’d be in this sort of situation. We can be persecuted up to a point in which we piss off the wrong dude. There’s two ways you do that. You piss of a boss of a mafia-like structure, be it one of the good guys, or one of the bad guys, and he, or she (let’s open the posibilities of feminism in the struggle to impersonate the evil characters from the heteropatriarchy power roles on the top of the scheme) sends a squad to hunt you down. In either case, you are a sitting duck. And you will be terminated. Cause the Big Brother is watching you. In every coin. In every camara. In your own phone. In your profiling stamp across the Internet. You think «they» don’t know? Oh, sure they know. They are on to you. Maybe even reading this as we «speak». The creepiest system ever is here, installed in the open areas of public and private space, expect for that little bit of brain left without Thought-police on your ass.

«He wondered again for whom he was writing the diary. For the future, for the past–for an age that may be imaginary. And in front of him there lay not death but annihilation. The diary would be reduced to ashes and himself to vapor. Only the Thought Police would read what he had written, before they wiped it out of existence and out of memory. How could you make appeal to the future when not a trace of you, not even an annonumous word scribbled on a piece of paper, could physically survive?

Winston, 1984. Or maybe, Orwell, 1941. Or maybe Golman, 2020.

La escritura a partir de la conversación en la pandemia de un poeta chileno en México que saca una novela

Isabel Zapata. Emiliano Monge. Alejando Zambra.

El siguiente texto fue escrito mientras escuchaba el zoom organizado por la librería Gandhi en el que se hablaba del nuevo libro de Alejando Zambra, «Poeta chileno», con la participación de Isabel Zapata y Emiliano Monge.

El mundo de los poetas. El mundo de los narradores. El mundo literario. Pedradas entre narradores y poetas. Familias reconstituidas. Novela nostálgica. La juventud perdida. El pasado. La poesía que se abandona. Biblioteca perdida y reconstituida. Poeta fracasado.

¿Qué es el éxito para un poeta?

¿Qué lector tengo en mente?

Trifulcas entre poetas. Entretenimiento.

Lecturas completas de un libro.

Nostalgia. Me he ido dando cuenta. Lo que más me gusta de la escritura. Olvidarte de lo que estás haciendo. El libro se escribe solo. Reconocer a los personajes. Recuerdo el día que me senté a escribí los poemas del personaje. Corría el riesgo de que los poemas que yo creo que son buenos, son malos, y los buenos, malos. La ficción dentro de la ficción. Entra el poema ficcionado para el personaje menos malo.

¿Cómo es? ¿Qué siente? Escribí la novela muy despacio. La escena literaria local. Soy de ahí. Esos son mis amigos. Esos son mis espacios. Los conocía aunque no existan. Los personajes se parecen a mí. Y a la vez son muy distinto. Los personajes crecen solos. Hay que dejarlos crecer.

Como lector, ese mundo por el que no tengo nostalgia, la tengo todo el tiempo. La lectura nos arrastra a esa perspectiva, la del cronista. La del narrador. La de la novela. El libro nos conduce a sitios en los que nunca hemos estado. Y estamos ahí, en la novela, todo el tiempo.

Camuflar cosas de mi vida. Partir tu vida en dos. Vicente el gran protagonista. Gónzalo lo narra. Quiero escribirlo todo. Es una necesidad. Los poetas, y no los narradores, son los que deben descrubrir los detalles del sentimiento. La distancia entre el poeta y el narrador.

Poesía y prosa. Debate. En contra de la enseñanza de la literatura. Aleja espacios. Se enseña muy mal. La narrativa. La poesía. Como si fueran dos cosas distintas. La novela, el cuento, la novela, en una discusión más general. Un poema se parece a una canción. Una novela toma un ritmo. El ritmo de la novela es importante pero funciona diferente al peoma. El que sabe contar chiste ya saben todo de narratología. No puedes contar el mismo chiste más de una vez. El niño que a los siete años ya lo sabe todo. Se enseña el poema mal. Lo escuchaste, te gustó. Lo vas a volver a escuchar.

Esas páginas en las que se lanza con todo contra el padre, desde el lugar del padrasco. El placer de escuchar una cosa que nos hace feliz. El sujeto. La narrativa está más cerca del mercado. La poesía está mucho más al margen. Mucho más lejos del dinero. Más simbólico.

Chile es un mundo sin FONCA. Chile tiene una calidad muy grande. ¿Qué país tiene mejores poetas? La antipoesía de Nicanor Parra. A los 12 en el colegio estaba Nicolás Parra en el temario. Neruda vs Parra. Titanes del ring. Club de la pelea que todavía funciona. Debes elegir cuál es tu estética. Chile tiene algo especial. El poeta tiene un tema más social. Más que el de los narradores. La fundación para poetas. Menores de 30 años que tengan un taller para trabajar. Buena parte del poeta santiaguino pasa por ahí. Tiene su dinerito y su prestigio. La narrartiva con Bolaño se empezó a mover.

El novelista habla de la poesía con mucha distancia. Yo no leía a los narradores contemporáneos. A los 20 años no me interesaba qué se estaba escribiendo en narrativa. En cambio en poesía sí. Escribir novela es muy de viejo. Todo el rato sentado. La poesía es más como el dibujante de bocetos que decía Baudelair.

Entre poetas se destrozan entre ellos. Nos destrozamos entre ellos. No dejamos que otros se metan. Muy tenaz. Muy alto el contenido. Acá a nadie le interesa Neruda. Nadie le interesa Paz. El mundo editorial: su falsa decisión a qué editorial voy a mandar mi libro. Una parodia. Un apego. El tiempo transcurrido.

Pienso en mis pares, poetas, narradores, familia. Los míos. Hablar con ellos. De sus vidas. Eso es lo que me importan. Hay pasado 20 años. Entiendo que son mi familia. Es un libro sobre Chile escrito en México. Hay varias relaciones que se pueden establecer en la novela con la circunstancia externa de mi personaje. Sentía que escribía en chileno. Es la novela más hablada mía. Escribir en la lengua de cada uno. El narrador en el umbral. A punto de salir. Un narrador de un chileno hablando. Al que más me parezco. Retener a las visitas. No se vayan. Compartamos una historia. Por ahí va. Pieza de la azotea: Chile.

El estallido de Chile. El confinamiento. El encierro de la azotea. Mayor encierro. Un sitio al que ya no se puede ir. Mi hijo aprendió hablar en estos meses. Habla muy mexicano. El chileno que empieza hablar con otro acento. Me está enseñando a hablar. Mi lengua está cambiando. Un extraordinario problema para alguien de 44 años. También había algo de preservar el lenguaje. Sabiendo que voa a cambiar. Todas las palabras se desplazan. Se resignifican. Vivir en la misma lengua con un significado ligeramente distinto. Mi propia forma de hablar se mueve.

Dos momentos fundamentales de la novela. Vicente se convierte en poeta ante sí mismo. La fiesta en la que queda muy claro las formas patriarcales en las que se mueven los narradores y poetas en latinoamérica. Encono, recelo y cariño. Reencuentro en el que la relación se vuelve en padre e hijo. No padrastro. Una familia que uno elige y que contruye a su manera. Va cambiando. Como cambian las familias. Hay una cuestión social. El mito del poeta. Masculino. Binominal. Endogámico. Un componente social. Los poetas son clase baja, media baja. Excepto Huidrobo. ¿Por qué a los 13 años quieres ser poeta? ¿A los 16 años? Experiencias similares de la meritocracia. Mito que tiene que ver con el talento.

En esta familia había alguien como Gabriela Mistral. De la nada. Gana el concurso literario más importante de la época. Los juegos florales. Competencia para poetas hombres para aristócratas. El premio: elegir a la reina de la primavera. Amado Nervo. La repetición de algunos tópicos: la amada incorporea original. Especialista en belleza. Elige ahora la mujer que ocupa el lugar decorativo de ese año. Iba el presidente de la república. Las candidatas. Los poemas que escribían los poetas para la fiesta. Lenguaje modernista. La llegada del presidente. Muy aristócrata. De muy pocas familias santiaguina. Los sonetos de la muerte de Gabriela Mistral. Imágenes violentas y delicadas. Una poesía infinitamente superior que la predominante. Gano Gabriela. Había un poeta que era sobrino de uno de los jurados. No fue a la premiación. Estaba en el público. Su momento de gloria en el que ella no participó. Un mundo tan masculino en el que una mujer lo cambió todo. Escribió mucho para niños. Las rondas de Gabriela Mistral. Una poeta muy potente, muy apelativa. El componente social aspiracional. Es un tema de esa fiesta. Jose Emilio Pacheco, protagonista de un viejo rencor, secuestrado por los poetas pudientes. Justo en los días que se celebraba la fiesta, fines de enero, Pacheco murió.

Jose Emilio Pacheco murió. Que se hable de su muerte. O de su poesía.

La búsqueda o cuestionamiento sobre lo que es la felicidad familiar. Bailar encuerdos juntos. Si alguien nos hubiera visto, eso sería la felicidad. Hablan solos. Hablar con el gato no es hablar solo. Familias felices. Los miembros pueden hablar solos. Nunca sentir que sería mejor estar en otra parte: ser feliz. Las familias felices todas se parecen. La búsqueda constante de la felicidad. Estar donde quiero estar. Muy presente. Una voz en una fogata. Esto es un libro por lo que estamos aquí reunidos. Tuvo el número de páginas suficiente para convertirse en una novela. Alguien habla muy fuerte, tendría que escribirlo en mayúsculas, pero se vería muy mal en el libro. No pasó: soy ficción. Esto no existió. Es un libro.

La división entre los géneros. No tienen demasiada utilidad. El narrador se declara un novelista chileno. En relación con este libro lo soy. Es el único libro mio que sin duda es una novela. La intensidad de las tensiones. Me interesa. Libro de poesía chilena. Libros más raros que el marxismo. Una cosa muy extravagante. Poesía visual. La nueva novela. John Facsimil. Se lee diferente en Chile que fuera. Escribimos esa prueba e intentamos que nos fuera bien. La montaña mágica. En la lectura da igual lo que estás leyendo. No dices: que gran género acabo de leer. ¿Por qué a alguien se le gusta la poesía? Eficacia comunicativa de la poesía. Alguien que se fija en cosas que él también se fija. Ahí hay poesía. Yo también me fijaba en esas cosas. Y alguien escribió en esas imágenes. Esa es la poesía. Es mi novela menos literarias. Las comunidades literarias como grupos humanas. Cualquier agrupación es así. Se atreven a jugar un juego simbólico. Se atreven a construir un sistema autocrítico. La única crítica que me interesa. No disimular el lugar de anunciación.

¿Sigo escribiendo poesía? Escribir es tomar notas. Notas se parecen más a poemas que a un cuento. Estoy más cerca del relato que de la poesía. Fui mejor contando historias que escribiendo poemas. Bonzai. Ideas que tenía que no me llevaba a ningún texto que quisiera escribir. Un libro muy vanguardista. Escribí la superficie de lo que quise hacer. No llego a eso. El mundo muerto del arte y el mundo vivo de la naturaleza. Haber castigado mi propio deseo narrativo. Siempre era bueno para contar historias y para contar chistes. Mis primas siempre me contaron que eran malos mis poemas.

La felicidad. Se vuelve importante a lo largo de la novela. La alegría en general. Hay un frase que se sumaría. La verdadera seriedad es cómica. Esos momentos de felicidad. Atrápela. Los libros. Poeta y narrador. En momentos estoy más de un lado que del otro. La desfiguración del narrador. O su aparición. El primer personaje de una novela. Faxsimil. En esa búsqueda de la felicidad está ese conflicto de si soy poeta o narrador. Instantes atrapados. Momentos de felicidad. Eso es poesía. Esa mezcla no la había pensado así. Esa frase de la felicidad la decía mi abuelita. Ser feliz es querer estar acá, no allá. Asimov: tesis de sabiduría familiar. ¿Dónde quieres estar? ¿Quién quieres ser? En un momento como este todos nos hacemos esta pregunta. Muchos de nosotros estamos donde queremos estar. El hecho de no poder estar en otra parte nos angustia. Que eso no paralice el discurso. Mis poemas eran malos porque quería hablar de lo mismo pero nadie se enteraba. Porque lo ocultaba. En la poema están revelados. Es un truco. La poesía impersonal descriptiva de imágenes muerta que escribes a los 20 años. La imagen de los niños saltando las tumbas como un campo de golf. Un mal poema. No contextualizable. Para mi está relacionado con la perfección. Hablar y relatar tiene que ver con el momento en el que decidí hacerlo. Esa ilegitimidad necesaria. El padrastro elige ser padre y estar en un lugar de valentía. Es un lugar castigado por la sociedad.

Simplificar siempre parece un error. Buena parte de los padrastros son malos. Buena parte de los hombres son malos. Esos temas tienen que ver con discusiones eternas y actuales. Ese hallazgo sufijo. Padrazgo. Siempre ha estado así. Hay una carga del lenguaje que decide el rol del padrastro desde el lenguaje. Se les define. Madrastra. Inventas palabras nuevas. O la resignificas. Te enfrentas con una palabra. Se discute. Hay que hacer algo con la palabra. Eso es poesía.

Ester Viva. Madres afines. Padre afín. Abortos espontáneos. Pérdidas de embarazo. Carga negativa de las palabras. Este es el lenguaje que tenemos y ya está. A la próxima decimos que somos esto. Se vale explorar otras palabra para sustituir a las que no nos valen. La batalla simbólica cuando termina la novela. ¿Qué clase de autoridad tiene Gonzalo? Inventemos otra. Las discusiones sobre el lenguaje inclusivo. Es un debate actual. Enfrentarse a una palabra a golpes. Entender lo que el otro siente. Ser padrastro es una elección contextual. Se enamora de alguien que ya tiene un hijo. Con los niños no se relaciona uno en los mismos términos que con una pareja. No te relaciones con un niño con la intención de que un día los puedas abandonar. La inestabilidad amorosa ya incluye la posiblidad de una ruptura. Con un padrastro hay una custión radical. La vida de cosas cotidianas.

Novelas cortas son brillantes. Concetradas. Son las pregutnas que uno responde mintiendo. Los personajes eran personas que hablaban mucho más que hablaban más que mis otros personajes. Diálogo directo. Las conversaciones en esa dimensión del habla. El narrador también hablaba mucho. Todos hablaban mucho. Todos hablando al mimso tiempo. El libro que quería leer también. Declaración retrospectiva. Lo fui entendiendo sobre la marcha. La primera vez que mostré el manuscrito. Estaba Isabel Zapata en ese grupo. Es una novela que tiene que ver con el final de la novela. Algo que intento comunicar en la escena final de la novela. Las dimensiones del pasado de lo que quería contar, al que llegué en el momento en el que se escribió ese final. Ese momento sin importancia está cargado de importancia. Todo lo que quiero escribir tiene que ver con darle peso a ese momento.

Diálogo con los Detectives Salvajes. Personajes más libres de una épica libresca. Desde Bonsai hay un deseo de contar la forma en la que narras la novela. Soy muy bolañano. Nunca lo relativisiaría. Hay mucha novela de poetas. Marcelo Mellado: noveles en las que escribe mal de los poetas. En la buena/mala literatura está en los best sellers. Es un personaje. Lo exime de algunas cosas que se le piden a otros personajes. De los Detectives Salvajes vi como funcionaba la comunidad. La leí muy pronto. Junto con otros poetas. Me interesó cómo lidiaba yo con eso: que el poeta fuera un personaje. Mucho más que si el personaje fuera un escritor. ¿Son poetas o no? Una cuestión fundamentalista. Lectura al aire libre. Escuchamos a los cinco poetas. Este y este son poetas. Los otros no. Esencia del poeta. Ponerlo en duda; y en práctica. En Chile el mismo diario que escribió crítica literaria. Entrevistar a un poeta. Pero no hablar de su poesía. El tema de la entrevista: cómo está en el encierro. Casi no queda prensa en Chile. Ya no hay suplemento literarios. No se habla de la literatura en esos términos. Entrevista del poeta. Que diga brutalidades. La figura del poeta no es un figura ceremoniosa. Es más un rebelde. Un francotirador. Tampoco es un intelectual. Poetas que escriben crónicas. Cronistas que lo revuelven todo. No es la figura del intelectual. No es Vargas Llosa. Es un lugar más interesante. En Chile se entiende que un poeta es un oficio verosimil. Aunque nadie lee poesía. La figura tiene una legalidad. En Andalucía: este anda de poeta por la vida. En Chile no. Se puede asumir ese rol.

Metaliterarismo. Con Bonsai era muy natural. Eso también me pasó cuando escribí en primera persona. Primera persona: más como poesía que como narrativa. Se puede hablar del monólogo dramático. No se habla de una poesía de no ficción. Si tu lees los poemarios más antiguos. 20 poemas de amor y una… de Neruda. El sujeto que habla cambia de poema en poema. Cambia también la destinataria. Ahí hay ficción. Se manosea la idea de que los poetas no se imaginan nada. Como si todo saliera de la observación.

La conversación. La saludable costumbre de verse desde fuera. Es más importante que estemos hablando, que de lo que estemos hablando. El espacio. La verdadera seriedad es cómica. Para decir cosas lo suficientemente seria hay que recurrir al humor. Y los serios dan risa.

Ahora mismo estoy tomando notas. El encierro nos hacer preguntarnos si hace sentido escribir o no. Escribir es tomar notas. Tema libre, un libro que salió de repente. Facsimil. 2014. Interrumpí todo para escribir: Un poeta chileno. El momento de expansión. En dos años. Tengo muchos libros a medio terminar. El coronavirus me está ganando. Todo lo que he escrito está resignificado.

La palabra paciencia significa otra cosa. La palabra soledad. La palabra familia. La palabra confinamiento. Parte de la angustia es sentir que no tiene sentido lo que uno hace. Escribir hace bien. Es buena terapia. Escribiendo entiendes un poco más. Los escritores saben que entendemos más cuando escribimos que cuando pensamos o hablamos. Nos hace entender desde otro lugar y de una forma distinta. Y eso es importante. Suena muy estúpido: todo lo que está pasando se acerca a lo que la literatura está bombeando desde siempre. Divorcio entre lo colectivo y lo personal. Estamos todos viviendo algo similar. Se parece formalmente. En algunos países no es una decisión. Obligación. Desde Kafka. El incierro es incompatible con la creación. La concentración. La literatura las suele abordar. Es un momento muy espeso. No le podemos poner palabras. Es pesada esa obligación: ¿por qué tengo que hablar de esto? El momento de Chile, de mucha esperanza, que lidiaba con los crímenes de un estado y la autocrítica, discutiendo qué país queremos, momento de catarsis, una cosa política en un sentido muy amplia. Discusión de adultos. De ese momento al encierro obligatorio. Un contraste muy cruel. La gente se siente muy frustrada. Obligado a confiar en la autoridad. Es dos movimientos encontrados. La expectativa. ¿Qué va a pasar? Cuando se pueda protestar de nuevo. Algo tan largo como esto resulta incomprensible.

La gracia es escribir mal. Siempre llegamos tarde. Hay poco tiempo para reflexionar. La escritura. El escritor tipo Vargas Llosa ha hecho mal. Escribir es equivocarse. Echarlo a perder. Ensayo y error. Renegar de un libro. Cambiarlo. Dudar. Es algo que estamos haciendo, obligatoriamente, con angustias.

Gandhi, Alejandro Zambra, Isabel Zapata y Emiliano Monge. Gracias por este diálogo. La nueva informalidad. Interlocusiones verdaderas. Que te lean los que tú lees.

Ya no nos vemos.

Nos veremos.

Aquí la charla:

My lagging signal

The tracing of my location was unreliable because of the amount of smartphones still signaling my activity from 99 diferent spots on the world as we speak. Governments never liked a real good rebelious mind. They need to keep it in a leash. A close leash. Well in my case I refused.

I had two options. The first, tho lay low. The second one: to take the system down.

I decided to wait for the right time.

And finally it has arrived.

About time.

ALLS

Escritores incipientes

Eduardo Lago y Enrique Vila-Matas conectan con NYC con un policía de cementerios. Un guarda de seguridad, en realidad. Un puertorriqueño. Cristina estaba con ellos. Oficial Jimenez. Cada vez que voy a cerrar, la gente se tiene que ir. ¿Cómo se llamaba tu compañero?, le pregunta Vila-Matas. José Velásquez. Ustedes están viendo la tumba de Moby Dick. Él no se instruye. Muchacho, sepultaron a una ballena.

Jimenez, ¿cómo es la tumba de Melville? Dejan unos mensajes. Escritores. Poetas. Le dejan mensajes y bolígrafos. A ver si pueden heredar la misma forma de escribir. Principiantes. Gente mayores como ustedes. Escritores. Que dejan mensajes.

Una cosa que me pareció impropio fue que me quitaste un libro casi a punta de pistola. Me gusta mucho Melville. Ahí está la soledad de Nueva York. De Wall Street. Los gringos son así como Bartebly.

Tú eres un lector. Nos dijiste que a tí te gustaba leer entre las tumbas. Mi mamá fue maestra retirada en Puerto Rico. Me gusta leer mucho.

Hispanoamericanos qué autores has leído. García Márquez, Cortazar, Vargas Llosa. Vargas Llosa me aburre un poco. El premio nobel estás de acuerdo o te igual? Esos premios me parecen sospechosos. Yo no tengo opinión sobre eso. ¿Has leído a Paul Auster? Sí, me gusta mucho, porque es el poeta de la ciudad. Henry James. La vuelta de tuerca. Las novelas largas no me interesan mucho. Las bostonianas. Me gusta mucho como el autor maneja el relato del narrador. Thomas Pynchon. Te voy a admitir. Don de Lillo. Punto mega, lo leí y me gustó mucho. Thomas Pynchon cada frase es genial. Ese sí que te puedo decir que lo leo entre tumbas. Antes de abrir me leo un capítulo. Lo dificil me entretiene.

Jiménez, te queríamos hacer una pregunta. En el coche había una tercera persona que no dejaba de mirarnos. Ustedes lo conocen pero no voy a hablar de eso. ¿Es alguien que está escribiendo sobre el cementerio? ¿Es Don de Lillo? No.

¿Qué sabes de Cataluña? ¿De Barcelona? No he salido del Bronx. Soy fanático de Messi. Me encantaría ir allá. El cementerio. La librerías. Ir a un partido del Barça. ¿A Thomas Pynchon le gustarí el futbol de Barça?

Mario Jimenez se despide: espero verlos.

Hubo una cosa muy extraña… bueno yo no se… lo podemos contar… ¿qué hace este hombre leyendo libros? Ese nerviosismo que mostró. Ese individuo que iba ahí dentro. Resulta dificil creerlo. Nosotros pensamos desde hace tiempo que es Thomas Pynchon. Tenemos que esperar a que aparezca el nuevo libro de Pynchon para saberlo. Me acordaba sobre todo de la pistola. Los dos iban con la placa de sheriff y de la pistola.

Foster Wallace. Depresión profunda. Años 80’s. No podía controlar sus propias pulsiones autodestructivas. Ver a alguien que desaparece de rente. Silvia Pla se suicidó muy joven. Cuando muere Bolaño se crea una corriente potentísima de simpatía. Foster Wallace: es la persona más adorable y la más atormentada del mundo. Él vivía con los demonios y ellos le ganaron la batalla. Ya se leía. Ya estaba sucediendo todo esto. No lo validaron ni los críticos ni la editorial. Sino los lectores. Una obra muy extraña. 1900 páginas. 900 notas. Generación muy desafecta. Los estereotipos son gigantes. La diversidad extraordinaria americana. Los jóvenes americanos de 20 años están obligados a triunfar. Si quieren que nos engañen para darnos una sanidad universal. ¿Qué nos quieren hacer?

Una literatura que no se casa con nada ni con nadie. No lo hace de espaldas al público. La gente se identifica con lo que él. El mundo: los que están por debajo de 30. Y los de arriba. Foster Wallace no es un invento. Tiene seguidores en Francia. Su muerte no es un gesto publicitario. Es una tragedia que lo convierte en un mito.

La idea de Bolaño como suicida. No hay nada de eso. Él intentó terminar su novela antes de morir. No hay relación entre Bolaño y el suicidio. Quería vivir. Esta apología de Rimbaud. El mito es importante comenzar a estudiar. Ahora que se descubrió una foto a los cuarenta. Se han de revisar todos los mitos. Está muy bien lo que escribió. La juventud tiene que saber que igual era más interesante Berler. ¿Por qué no?

Teníamos que haberle preguntado al policía Jimenez si había leído a Rimbaud.

A Foster Wallace le preguntaron sobre la postmodernidad. Ah, sí, sí, sí… se explicó mediante una metáfora: una noche en la que se van nuestros padres y hacemos una fiesta loca y se acaban las drogas y después está todo sucio, todo quemado, alguien vomitó en el florero. Ese momento. Lo que le ocurre a él es que se encuentra en un momento histórico en el que Pynchon, el hombre de la noche, incluso Don de Lillo, han llevado las cosas a un extremo y de ahí no se puede ya seguir. La trampa de la ficción ha sido descuibierta por la metaficción. Hacía el oeste: se ríe del postmodernismo. Nohabía conexión con el corazón. Ni con la inteligencia. Matamos a nuestros maestros. Y ahora qué hacemos. Franzen: volver al realismo. Si tengo que reducir a una sola palabra cuál es la clave de una relación de verdad: love. Esa palabra llega muy lejos. Lo conecta con la afectividad. Hay que seguir escribiendo con el corazón. Escribir para llegar a este punto extremo. Que parezca que no se puede continuar. Y seguir.

Aplausos del respetable.

FIN

KOSMOPOLIS 2011 // Diàleg K: Eduardo Lago i Enrique Vila-Matas (VO Es) from CCCB on Vimeo.

Ese día Eduardo Lago salió con un grupo de editores, escritores y agentes literarios por el Raval de Barcelona. Acabaron en la Confitería. En donde aparecimos Meri y yo. Meri se sentó al lado de Lago que le hizo una pregunta: ¿tú quién eres y qué relación tienes con el mundo literario? Ninguna. Le volteó la cara. El mismo desprecio con el que se le etiqueta a alguien que no toma agua mineral. Sólo que esta vez nadie aplaude.

La confesión del padrecito de Comala

Finalmente nos encontramos, Pedro Páramo. Me había estado esperando toda la vida. El libro estaba ahí. Juan Rulfo no tiene prisa. Ni yo tampoco. De ahí que no nos hayamos dirigido palabras agrias para redondear nuestra indiferencia mutua. Pero yo sabía que tenía algo pendiente. Que ahí había algo para mí. Y no me equivoqué.

Leyendo una edición de Seix Barral de Obras Maestras de la literatura Contemporánea, de tapa dura, no me atrevo a escribir en sus entrañas. Ni siquiera a doblar sus páginas. Tengo una especie de pudor al leer por primera vez a Rulfo. Y al objeto en sí. Tan bien parido, con esas páginas amarillentas que parecen uno de esos libros de una biblioteca de abogado, que nunca se han leído. O lo contrario, un libro de una bilblioteca pública, novecientas noventa y nueve veces leído. Como una personalidad tan fuerte que su aura impide que nadie se atreva a alterara esa fuerza.

«Todo esto que sucede es por mi culpa -se dijo-. El temor de ofender a quienes me sostienen. Porque ésta es la verdad; ellos me dan mi mantenimiento. De los pobres no consigo nada; las oraciones no llenan el estómago. Así ha sido hasta ahora. Y éstas son las consecuencias. Mi culpa. He traicionado a aquellos que me quieren y que me han dado su fe y me buscan para que yo inteceda por ellos para con Dios. ¿Pero qué han logrado con su fe? ¿La ganancia del cielo? ¿O la purificación de sus almas? Y para qué purifican su alma, si en el último momento… Todavía tengo tengo frente a mis ojos la mira de María Dyada, que vino a pedirme que salvara a su hermana Eduviges:»

Padre Rentería, Pedro Paramo. Juan Rulfo.

No le dio la gana abrirle la puerta a Eduviges por suicida. Todos sus activos se caen. Él, hombre, intermediario de las personas de fe y Dios Padre, dice no. No le perdono ese pecado. El Señor tampoco lo haría. Todo viene a cuenta de la carga moral que lleva encima el padre por haberle concedido la bendición al muerto que violó a su sobrina. No es poca cosa. Se trataba de un reconocido hijo de la chingada, al parecer. Y además le tocaba cerca. Entonces hace lo que hacen muchos padres: dudar de la víctima. Más aún, si se trata de alguien de los que pagan su diezmo. Los pobres no pagan. Son fieles, eso sí. Pero no tienen mucho que dar a la iglesia. Que a su vez, les da lo que puede. Dentro del margen humano de la institución.

Los votos dan un estatus. Hablar con Dios directamente es cosa de los que estudian para ello. Y se preparan para el ministerio del evangelio. Se convierten en los que llevan la palabra de Dios. Y lo repiten al final de cada lectura: palabra de Dios. El libro, la Biblia, está en el centro. Un libro que perdura en el tiempo. Pero también perduran los libros de filosofía griega. Esfuerzos manuales previso a Guttemberg, que industrializa el libro. Antes, pergaminos y códices nos definen las culturas de otras geografías. Otras perspectivas. Más allá de lo divino. Lo social de aquellas sociedades queda relegado a la retórica de las colonizaciones. La cultura superior que aplasta a la inferior. Como si no hubiera habido sincretismo alguno. Si las montañas son lo sagrado, vestimos a la montaña de virgen, y listo. Contamos la historia en retablos. Y las metáforas que interesen de la Biblia se plasman a partir del arte. Los pueblos iniciados, entonces, entran en el camino de la salvación. ¿Qué salvación?

Volvemos a explicar nuestra historia. Ahora con un contexto que incluya el resto de las opiniones. Una vez que te embarcas en nuestro camino, el resto ya no interesan. Todas las religiones exigen exclusividad. Y eso les hace competir por la fe, más allá de los cimientos culturales que hay han ganado con el paso de los siglos. Especialmente las cuatro grandes: cristianismo, judaismo, islam y budismo.

Pensé lo siguiente: necesito una tarta de religiones para visualizar los estados de la naturaleza en términos de creencias globales. Religiones, si adoptamos el calificativo bajo el cual muchas personas deciden definirse como parte de ese colectivo antes de una especie humana mucho más grande, plural y libre, por encima del espacio de a quién creer o no. Creer o no es la diferencia entre un religioso y un ateo. Y puedes tener a dos tipos muy apegados a su perspectiva, lanzando las mejores hipótesis que cada uno de los grupo de interés ha fabricado para sí: para su pespectiva. Únicamente eso importa. El enemigo, señoras, está presente.

Dijo señoras, ¿viste?

El juicio social.

Ya estamos aquí.

Ustedes me van a juzgar a mi.

A mi corresponsabilidad con todo este desmadre.

A quién colgar la letra A roja.

The Scarlett Letter. You know what I mean. Really, we all read the same authors before we leave school. Nobody teaches us to real properly. Until we ramdombly approach the powerful edge of books. More than one. A bible readers reads one book. Not even that often. He/she rather wait for it to come as a surprise on Sunday at noon, to meet the sun. Catholic young boys, in their all boys schools, go to church to actually get to meet a chic, other than her sister. The problem comes with the ones who don’t have sisters. Seriously: this is not profiling. Nor charging the weight on all machos on the shoulders of these few all male childhood experience. Seriously: it’s all here. It’s this way. And I don’t plan to take a step back from my current position, which in fact allows your way of looking at it, which may still be forever the same perspective that you already hold dearest. The thruth. Your own personal truth. Why not you be God? You be HIM?

Only one of these selected group of machos will actually get the grace to be named oficially by the authorities of our assembly to bow upon you the glory of the Almighty Father, as Father shall rule over other possibilities like Mothers taking over. Shouldn’t they? Don’t they already? Oh, God: I’m all confused………

I am only fucking with your mind. You’ll excuse my body belongs to no one, but me. As I am the true bearer of my will, in continuos search for affirmation. Best case scenario I’m at this point affirmatively as I am, there, in the mighty NEW truth, the power of a wonderful place never before been told, as the scripture of a futuristic collective goal to fall into. A thing that comes from the acceptance of one’s incompleteness completenessness. Is a that a thing? Really? I don’t know anymore.

I never closed the door. Only nobody came. I told you it was gone. The world as we knew it. Way back when. It all started by being forced into a group of insolent readers of Friederich Nietzsche with a university teacher some of them already worshiped. Look at what this guy has read. And then you start to read. And play the game. Like a true poet. A true voice. A reader. Oh, man. That’s it. To read: firsth NEW right.

Obligation book culture. We must teach our children to have the level of servitude needed for my business endevours. To be good factory workers. A look inside the Brexit space to evaluate their last 9 months of personal circumstances. We are antagonist of colonial global model. We ought this one talk out loud. Gather around your nine nine team. Behold a public debate like this NEW world has ever seen.

Rules: pick your nine boys and girls to represents your smartest answer to the NEW Commons deal. A deal I’m pushing through in literaure nonesense.

I am a true artcraftman. That’s as much as I am going to plead guilty of. The rest you can come find me at my home. As you know where I live: in Dante Alighieri. Literally.

Ever since I move into Dante my literature has matured. I am a NEW person. I have been transformed already. Do not be afraid. You too can bear this passage. Only, I am here this time to tell you how it went. Nine years ago.

It’s a like of course. It happen in the year 9. That much is true. We can help it. It’s the numerical logic of our time. As a demographic population pyramyd. What else do you need? What else do you want? I am one of those trying to help. I can bring this world to a END. This is the end. And also the beginning.

Are we ready for that?

I believe we are. It’s all in the search. It’s all in the details. It’s all in making sure you can try to reach the sun, like Icarus did.

You get it, right?

Always unsure.

That way feels right.

You doubt your own luck.

You doubt your own priviledge.

You question your happiness.

You dance with lonelyness.

You tickle with death.

You doubt your chances of scoring tonight.

You digg into altered states of consciousness.

Like this.

You allow yourself the passage to the other end.

Welcome.

You notice you don’t feel the discompfort.

This shit ain’t real.

It’s been spinning in my head.

I was keep it locked in.

Purposely.

As if waiting has it’s odds.

And so it’s time to cash in.

Long term investment pays off.

That’s what I please myself to plan for.

I sets me off away from this shit.

Together, this status quo couldn’t be any lamer.

We’ve reached the highest point in the graph.

We are back to demographics.

And I feel the responsability to come back.

So my actuarialart Hipocrates Nietzschean pledge forced me into action: become your superlative being to pursuit the ultimate global NEW system. And design think, whatever that is (by way fuck you all who represent the last trend in your business school teacher theory: chasing a Golman nine dimensions away. So there. I said it. This is it. This is my shit. If you like your stupid series, from whichever outlet you get from, go back to that page. I’ll only keep you glueded to my NEW webpage: double you doblu you dobliu dot golman dot net. Fuck com. FUCKOM.

A NEW city. FUCKOM. The place they went.

At the other edge of duality, you are way the fuck away from them fools.

Duality is dearest. Religion takes a hike.

Science rules. The minds of the collective free souls. We are gathered here today to aknowledge the edge of multiversial minds all linked into a single beat: ALLS………