Quedar fuera de juego

En la sociedad llegas a un punto en el que, tal y como está montado el juego, tu posición te deja a las afueras de la normalidad, excluido. Quizás vivir en la periferia de las reglas establecidas conlleve una doble racionalidad: empujar las fronteras más allá de donde está estipulado el campo de juego, y verificar las andanzas de los que deciden transgredir las reglas: para bien y para mal.

El hecho en sí no debería ser causante de la anulación de nuestra entidad como ciudadanos dentro de un marco legal que asumimos como común. De alguna manera asumimos que el juego limpio es la condición que se establece para que todos podamos participar en las mismas condiciones. Pero resulta que no es así. No es así del todo. Porque el terreno está inclinado y algunos tienen más tracción para ir cuesta arriba, pero lo peor, es que algunos sólo tienen que correr cuesta abajo, y anotar en la portería sur. El equipo de los «Sísifos» continuamente deben pillar su esférica y trasladarla, cual salmón, a contracorriente. Y encima el árbitro, marca las faltas que le apetece ver, ya que de alguna manera los colegiados tienen más afiliación a los que más beneficios otorgan en el lado negro de la sociedad.

Por lo tanto, ¿qué salida podríamos dibujar para un esquema como este? Sin duda, nos han pintado la necesidad de ser una sociedad de mentes puras, ya que los némesis se encuentran en el otro lado de la balanza, dando por el culo. Y puede que sea así. Dar por el culo es un ejercicio de patriotismo, sobre todo, español. No se puede ser sin dar por el culo. Es ontológico. Los españoles continuamente estamos removiendo el foco de nuestra ontología, porque somos culos inquietos, además de gilipollas.

Este tipo de afirmaciones quedarían muy mal si vinieran de un «no español». No es mi caso. Soy español, español, español. Mi pasaporte lo constata. Pero no se flagelen, todavía, que esto apenas comienza. Si les urge darme por el culo, apuntaros a la lista de sodomías y gomorradas por venir, que os aseguro que encontraréis que los 99€ de tarifa plana están más que amortizados. Si es que las mentes infinitesimales tienen un debilidad por el cuerpo sagrado de la imagen consagrada en el espejo. Selfie.

No quedan ya títeres con cabeza en este país. Pero no es momento del desánimo ni el desasosiego. Haremos con nuestros cuerpos inertes lo mismo que en su día hicimos para asumir nuestra transición como pueblo a la antesala de los marcados por la providencia para restituir el orden sagrado de humanidad sin culpa, gloria, o purgatorio.

Un viejo ángel de la guarda que tuvo relación con el ángel caído, siendo buen amigo, supo que había una especie de injusticia en el juicio de Dios Padre. Algo similar, le pareció al mismo Ángel, la mala prensa que se le ha dado a Judas «el elegido» cuando estaba dentro de su papel, acercar a Jesús a la gloria de Dios Padre, por los siglos de los siglos. ALLS.

La (re)construcción de uno mismo

¿Acaso no nos despertamos cada día queriendo completar lo que realmente estamos llamados a ser? La insatisfacción con uno mismo es una constante para toda equís. No podemos escapar a nuestro destino: el desasosiego.

Por ello, en tiempos de pandemia, la situación general se presenta como una metáfora de lo que ya sucedía hace dos meses, en la vida de cada uno. También es lo que sucedía hacía 2020 años, en la vida de los que en cada sitio del planeta acontencía en aquél entonces.

Figúrense lo eurocéntrico de nuestro devenir occidental. Hace 2020 años pensamos en un pesebre, un emigrante, una familia llamada a un censo, un imperio «universal», unos reyes, unos ángeles, unos pastores, unos animales de granja, unos olivos, unos viñedos, dieta mediterránea, mercaderes, barbudos, ortodoxos, insolentes, y gente que pasaba de todo. Y de todos. De todas.

Da igual el momento histórico en el que nos planteemos la existencia. Siempre estamos al borde del descalabro. Una decisión errada en según qué circunstancias puede significar estar delante, o no, de nuestro verdugo. Quizás la condición de nuestro estatus nos provoca mayor o menor angustia. La dualidad de amo/esclavo. Como si fuera una dialéctica irrenunciable a la que no podemos escapar. Quizás no es el rol, sino la voluntad de sometimiento, ante un estado de disparidad en las relaciones de poder. ¿Y nosotros? ¿En qué sitio no encajamos?

Algo no va bien. Nos llega esa impresión por la catarsis colectiva del colapso. Nuestra ciudad sitiada por un ejercito enemigo. Días enteros encerrados sin tener para comer. O estar a la espera de que un virus, entre los muchos que pueden estar presentes, se cuele a nuestro sistema inmunitario, y este, incapaz de reconocerlo, pierda la última batalla de nuestra primera línea de defensa.

Todas las angustias del mundo en un mismo instante. ¿Tenemos la casa marcada? La peste nos ha llegado del cielo para sucumbir a su misterioso acto diabólico. Las dies plagas de Moisés al menos le sirvieron a un pueblo para liberarse del yugo de la esclavitud. No sin la ayuda divina de un Dios Padre que estaba centrado en ayudar tan sólo a los que veían el día de este lado del planeta.

El Dios padre que auxilió a Moisés, y su (nuestro) pueblo, no estaba preocupado por los pueblos aborígenes en Guayabo. No se conocían. Dios Padre no conocía las tribus del Amazonas. Ahí todos era oscuridad. Deja a Dios Padre en muy mal sitio no haber concebido un plan para toda equís. Su impulso universal no vendría hasta que Jesús, por su cuenta, ideó todo un performance para sacrificar su vida en nombre de un legado de amor. Como Bretón, según Camús. El porvenir alumbra un mundo postmesiánico que se debate entre entender la verdad detrás de un acto revolucionario y uno surrealista. El entendimiento del resto de la humanidad a las tesis centrales de un humanismo que difiera de lo que estábamos haciendo hasta hace muy poco, es lo que deberíamos considerar como una base fundamental para refundar el objetivo común, en una escala planetaria, y también, muy a nuestro pesar, en una escala mental.

Nuestra incomodidad está ligada a lo que nos acosa mentalmente, y a la incapacidad de tener un sentmiento liviano para subsisir por la vida que nos ha tocado transitar. No importa si has leído un libro, o mil. Algo más allá de tí mismo te lleva a creer que tienes salida a tu propia angustia. Y eso marca nuestra relación con los demás. Con mi familia. Con mis vecinos. Pero también, de manera muy particular, con la humanidad entera.

Nos esforzamos por estar bien. Y por encontrar el mal en el otro. Y no en nosotros mismos. Por más que veamos Star Wars no le damos crédito a Darth Vader por regresar como Yedi a recuperar el balance en la fuerza. Su personaje sigue representando el mal. Con una última reconsideración. Volver al bien. Por más mal que hayamos representados, siempre queda algo de bien por lo que volver. Es un pesnamiento católico, en el fondo. Es el perdón de los pecados. Que como artificio de una religión nos permite acceder de manera muy fácil a la última puerta que nos conduzca al cielo eterno. Como si lo que está más allá de nuestra vida nos debiera preocupar tanto.

Lo cierto es que aquí hay varias cosas que nos mantienen en paz. Y somos conscientes, hoy más que nunca, del peso que tiene nuestra responsabilidad personal en el autocuidado de nuestra salud. Es la prevención la más importante de nuestras herramientas para saber mantener un equilibrio entre lo que nos hace bien, y mal, para subsistir de manera sana en este entorno social en el que vivimos. No podemos de pronto asumir que todo es hostil. Que no hay más que voluntad de control. Pero, a su vez, debemos entender que la situación epidemiológica en medio de una pandemia nos condiciona nuestra acción individual. ¿Es acaso una cesión a nuestra libertad como argumentan los Cayetanos envueltos en una bandera?

La sociedad está totalmente polarizada y la gente no hace más que pertenener a un único club de futbol. Los hilos que mantienen cohesionada la sociedad a las reglas vigentes son tres o cuatro que nos atan a marco de acción que nos mantine en un perímetro de control. No todos vamos a poder salir a buscar Ítaca. Debemos asumir que tan sólo unos pocos podrán ver el mundo y hacer con él lo que puedan, mientras encuentran suficiente en un trabajo que les permita subsistir. Los que lo consiguen, mantinene la cabeza por encima del agua. Los que no, se ahogan. El mundo vive ante realidades de personas que se hunden en lanchas que naufragan en nuestros mares. El sol, desde arena, nos anuncia que un día más pasa. Y nosotros, aquí, hacemos un círculo más en nuestra cabeza, para poder asumir que podemos respirar, sin culpa.

De pronto la fuerza está de vuelta en nuestro espíruto. Algo nos da aliento. Estamos aquí. Ahora. Y decimos: ALLS.

I literally ran

I was free when running towards the goal. The space where I develop the highest sense of belonging. The true artist must perform in the local scenarios as well as in the greatest theater of dreams. And light will shine on. As only a local boy would be able to unluck. For the greater good: ALLS.

Mi historia mal contada

Érase una vez un gilipollas.

Cualquier español empieza así su último diario. Todos somos gilipollas.

Hay que aceptarlo.

Es duro.

Nadie dijo… gilipollas.

Todos lo sabemos.

Mírate al espejo.

Ahí lo tienes.

GILIPOLLAS.

Uno para ser new spainiard debe asumirse genuinamente como un gilipollas. De esa manera en la que tan sólo el español sabe hacerlo. Spain is diferent.

Pero no se equivoque nadie. Esto no es una parodia. Usted es un gilipollas de pies a cabeza. No me ha malentendido. Entérese. Le voy de cara. Quizás no le parezca lo más educado del mundo, pero siendo usted gilipollas, sabe usted, me suda la polla.

El gilipollas sabe de pollas. Y de pollardadas. Mil. No tiene límite. Puede llevarle 99 pensamientos al día: mi polla. En 66 de esos casos la polla erecta emula a un ideal de dictador que cada español tiene en su mente. Las otras 33 la polla está flácida y no pretende más que seguir estando ahí. Sin más. Sin querer afianzar su heteropatriarcal estructura mental. No corre sangre por mis venas. Soy un autómata mal programado. Casi casi un virus. La complejidad en mi estado de flacidez no es una historia extraordinaria. Ni tan sólo atractiva. Es demasiado insignificante. Cuelga. Chorrea. Como valenciano del Real Madrid. Como las orejas del elefante del rey. Aquél. El que ya no es.

No se ofenda usted. Si gilipollas es, no me dejará mentir. Usted bien sabe que yo le voy de frente. Y esa, y sólo esa, es mi virtud. Todo lo demás: gilipollas.

Lo ves. Te liberas. La liberación del gilipollas.

Esa es la revolución.

Si Marx hubiera entendido esto otro gallo cantaría.

Armando Gallo Pacheco.

Servidor.

ALLS

Necesito mi libro

Mi libro está listo desde hace tiempo. Pero no tengo editor. Ni tengo lectores. Soy un libro que no existe en el mercado. Es decir, un libro fuera del mercado. Un mensaje pendiente de salir. Un mensaje oral. Y si fuera algo así como un wannabejisus?

#wannabejisus

I’ve had better hashtags in my life. Only I’ve never exposed them. Because I was waiting for the right time. And things needed to be in place. And the time wasn’t just rist. At least I didn’t have anything ready. Not the way I was willing to allow it to come into life. My own little Frankenstein.

I write monsters. And novels. And short stories. Sometimes just titles. Complete. Like the monster still there. Better. Heavenly.

I am heveanly.

Francisco can have a say about my whereabouts.

Ligia too.

Fini too.

Adrian too.

Ito too.

Mi tata too.

Edu too.

Harriet too.

Lau too.

So I’m to be judged. They will make the plea. The judges. The lawyers. The witnesses. The defence team. The judicial system. Everything is new. Brand new. In fact, it’s just come out of the mind of the beholder.

We got a chance to be.

We were given hope.

Like that other time.

Remember.

No doubts.

Just one wholy true: alas, ALLS.

My lagging signal

The tracing of my location was unreliable because of the amount of smartphones still signaling my activity from 99 diferent spots on the world as we speak. Governments never liked a real good rebelious mind. They need to keep it in a leash. A close leash. Well in my case I refused.

I had two options. The first, tho lay low. The second one: to take the system down.

I decided to wait for the right time.

And finally it has arrived.

About time.

ALLS

El/LA OTRO/A

El/LA OTRO/A es un partido político derivado de un sueño. El partido surrealista de NEW Spain. PSNS. Las siglas van dando vueltas. Se trata de un agente dinámico de la sociedad NEW. Que toda ella, en su conjunto, y en comunión con la vibra sagrada, se funde en una NEW society. O bien, en el NEW world.

Esto no tiene sentido, decían algunos. De ellos también será el reino del presente. El aquí y ahora. De momento es todo lo que tenemos. Ya seas un mendigo en la calle en la que ahora ya no hay gente que te ingnore. Sino pura caridad. O preocupación, ahora sí humana, para que no te de el coronavirus. Y lo puedas contagiar. Hay personas que valen más en estas circusntancias. Y otras, que valen menos. Es juego cambiante de nuestra indiferencia.

DIOS Padre se presentó a las elecciones con este nuevo partido. Al tio le moló la propuesta. Ay, Dios Padre, ya no se dice mola. Eso lo dicen los abuelos y las abuelas. Ahora se dice ________. Los tiempos cambian. O más bien, están-an cambiando. Ya sabes, como la canción del nobel de literatura.

Enrique Vila-Matas le pregunta a un guardia de serguridad de un panteón (al que llama policia), que si está de acuerdo o no con el nobel de literatura de ese año. O quizás le está preguntando si coincide cada año con el nombramiento del nobel, si acaso cada año se indigna de que no se hayan dado a _______, o a __________, que siempre están en las quinielas de los que los han leído, y los consideran unos/unas Dioses/as. Y por tanto, se quejan, en público, o en el Frankfurter hof, para dejar claro, ante las personas que te juegas el tipo para (re)conocernos como la gente culta de este vulgar mundillo.

Vila-Matas asume un riesgo en directo, como todos los autores que han conseguido tener un séquito de lectores: introducir un tema polémico que nadie se espera. A riesgo de parecer un snob que le tira con saña a un policia un clavel envenenado con esa mirada que el otro asimila con recelo, y que ambos, identifican de ida y vuelta: el némesis. El otro también es el némesis. Y eso, de alguna manera, lo debemos asumir. Y hasta cierto punto, los autores, junto con los editores, ya lo han asumido. En su elección vocacional. En la decisión en la que han puesto el dinero donde se encuentran sus bocas.

El/LA OTRO/A utiliza esta conexión en directo del año 11 para ejemplificar a los unos y los otros. Por diferentes motivos. Por un lado, es culta. Es decir, se trata de un video que revela que dos tipos que hablan español pueden tener sus batallitas en Nueva York, aún sin hablar el idoma. Eso pone al culto en un sitio de discontinuidad. Es decir, le da un rol de actor secundario que debe sobreponerse a una situación que está por encima de sus posibilidades. Y desde esa postura, debe asumir el trasncurso del día, con un cansancio que le vencerá en un momento dado, y quizás le mate. Por otro lado, se trata de un trance social: una borrachera en otro contexto psicosocial. Beber en esas circunstancias habría sido asumir un seguidismo que le habría generado un vacío existencial mundano: la anécdota sería más convencional. Lago había prometido que vendría con un amigo escritor que les volaría los sesos. Un tipo verdaderamente fuera de serie, ya lo verían. Los americanos saben que los insolentes que vienen de otras tierras son los que verdaderamente manejan discursos alternativos surrealistas. Como beber agua. Así nomás, sin gas.

Yo tampoco bebo agua con gas. Y también un día me acerqué a Vila-Matas, nueve años antes, la primera vez que acudimos a unos premios Herralde, en el St Rémy, en la calle Iradier. Acudimos Quique, Toni y yo a nuestro primer evento literario en Barcelona, tras haber sido invitado por Paula, a quién había conocido en el primer desembarco de Sexto Piso en Frankfurt. Era el año 2003. Había sido comisionado para establecer un contacto directo con Vila-Matas para coordinar la presentación de un libro que había publicado con Sexto Piso: El viento ligero en Parma.

Nuestra presencia jovial en dicho evento contrastaba con las primeras espadas del mundo del libro que acudían al saludo del patrón, don Jorge, y que se conocían los unos a los otros. Quizás hasta se habían leído. Se percibían otros secuaces pertenencientes a esa calaña latinoaméricana que siempre se cuela en los eventos literarios cuando desembarca en Barcelona, persiguiendo quizás la sombra de los Pitoles y los Bolaños. Bolaño ya había muerto. Sus historias resonaban todavía en el salón. Y nosotros ya habíamos encontrado nuestro lugar en la periferia del Iradier: el segundo piso, del otro lado de la barra.

Mi única obligación laboral esa noche era hacer contacto con Vila-Matas y coordinar los pormenores de la presentación del libro. Recorrí el salón en busca de Vila-Matas y me acerqué a incordiarlo mientras hablaba con Rodrigo Fresán, a quién tampoco conocía. Me presenté como respresentante de Sexto Piso en España para preguntarle cómo le gustaría hacer la presentación. Había pensado que quizás podríamos hacerla en el FNAC. Ignoro por qué en aquél momento aquello me pareció sensato, pero él rápidamente me corrigió y me dijo que debería ser en La Central de la calle Mallorca, que era más apropiada para el tipo de autor que era él. Ante lo cual no tuve ningún inconveniente. Había conocido a Antonio ese mismo año en Frankfurt. Y además me gustaba mil veces más La Central que FNAC, pero en fin. Me preguntaron por el nombre de sexto piso, y fue entonces cuando expliqué la historia tradicional: «fue en una borrachera que uno de los fundadores lanzó una frase categórica: prefiero tirárme de un sexto piso a _______.» O no se si conté la versión que dice que estaba tan crudo que prefería tirarse de un sexto piso. La verdad es que la versión oficial también da vueltas. Pero se sabe su origen: Percio. Percio, Lu-percio.

No hay personaje capaz de sostener frases célebres contundentes con más gracia que Rafa López. El origen nominal del proyecto editorial parte de una de sus frases en esos momentos en los que las amistades se funden. Y son esas relaciones las que se consolidan con gestos únicos e irrepetibles. En la base de un proyecto editorial que acaba de cumplir la mayoría de edad, la frase de Rafa se mantiene en la cúspide de las anécdotas. Vila-Matas y Fresán parecieron satisfechos con mi breve historia fundacional de una editorial mexicana que se abría paso en las grandes ligas. Vila-Matas mencionó que él vivía en un sexto piso. Fresan puede que haya dicho alguna cosa más. Y ya no hubo más que decirnos. Por lo que acabé mi intervención con un protocolario despido y con un recordatorio de que ya nos pondríamos en contacto para coordinar la presentación. Me retiré y nunca más nos dirigimos la palabra.

Cuando no cruzamos él sigue desconociendo quién soy yo. Así es mientras la gente no te conoce. Y en los diferentes mundillos de cada ciudad la gente se tiene vista. Muy vista, dicen. Y así nos damos cuenta de los limitado de las esferas que gozan de los elíxires de la existencia. La denominada «Buena vida». El «éxito».

El éxito de quién consigue dedicarse a su pasión y conseguir flotar en la superficie del mar. Y dejar de perteneces al mundo de los que mantinen la cabeza bajo el agua. No es un salto trivial de nuestra historia. De hecho no es un salto trivial de nuestra sociedad. Es un hecho evolutivo que nos interpone el espacio privado, seguro y familiar, al espacio público. Ese sitio allá fuera. Ese sitio en el que no estamos. La calle. La plaza. La playa. La montaña. El parque. La tienda. El restaurant. El bar. El campo.

Yo quiero salir a estar en esos nueve espacios transformados. Y sólo voy a llegar en la cumbre si el pueblo NEW me sigue al sitio en el que nos acaberemos de encontrar: ALLS.

No es acaso este el espectáculo que estábamos esperando.

Abran sus ventanas. Salgan a las 9:09. Y den la bienvenida a este nuevo tiempo. El mundo de los que transitan YA al mundo de los cielos: presente.

Se oye su nombre.

Usted contesta: presente.

Aquí estamos.

Así.

ALLS

NEW Storytelling

So what’s new about telling a story? Nothing really. It’s as old as it comes. It’s just that now we have to imagine everything shifting all the time. And we are forced to get a sense of the transformation in a way in which we add something NEW to the old recipy. It’s just the same old story. New is old. It’s old magician’s trick. And we all know it. And we are so tired of it.

So how do I make it something truly NEW? That’s been my quest ever since I started to write. When you realize you want to tell stories, a whole bunch of shit comes into play in order to be real. Your voice is something you make up through practice. And you keep popping up. Time after time. Your writting takes you to places. But that’s not enough. You need to shape the spaces, the time frames, and the relationships of characters that play along the lines.

And still, that might not be enough. You need to face the deamons. And jump. You can only do that if you allow yourself the panic ride. And not everyone is ready for it… until now.

Panic is everywhere. People are going nuts about any pety little thing. They are willing to push it up your sleeve. As if you’ve lost your mind. And they are here to let you know they hate you. Hatred, not love, has pushed up the boundaries. And that’s scary. As darkness is just around the corner looking for a way to capture your soul.

Fear: into you. That’s the formula. The man on top wants you to own it. And you do. Decisively. As you wonder around a pond of doubts that built up in an empty cabinet hidden from the rest. That’s your sacred place. They can’t touch that. It’s not public. It’s not out there to be shared. It’s just there for you. Your own excitement in the dark. A vaccum full of black wholes. Eternity gone wrong. A sip of evil.

Consciousness is quite the other end. Polar existance allows anything to be there, but also, just the opposite. And that’s simple enough to bounce out of any position. No matter how sacred. I’m ready to leap out. No space is ethernal. Nor should it be.

So long anxiety. I will not leave you for long. But I’m not your slave anymore. I’ve decided to take the leap. My step’s already been taken. I’m flying. Free. In my way to the other end, where grace shall fill me: ALLS.

Surreality status

Once upon a time there was a surreal artist who never showed up. His work was so sublime it elude him. And everyone else. There was no escape. Nor there was any proof. The artist simple didn’t show up. Ever. And that’s how he became know as the greates surrealist artist of his generation.

The complete acomplishment took place within the realms of his mind. The roads from neuronal secondary roads lead to a brilliant display of inconclusive facts. Just chains of letters that competed with a new sequence of zeros and ones. Or double helix patterns. Whatever that stands for. Fuck it, I’am NEW surrealism. Altogether. Megalomaniac impulse to grasp no fruit. No sense. Just sensitivity. Inside a shell. Within yourself.

You’ll never scape this spell. There ain’t no time. As elasticity has taken over adapting to the newest time of relevance. Revelations scatter once again in the mist of the portrait drawn momentarily in his mind. Wait: picture it. Oh, shit, it’s gone. Again. The elusivity is intact. Working like the first day when it encounter the wondering soul. It was love at first sight. Immediate passion. A click; wink.

I thought I was a normal person. But I lied. To myself, at first. So I had to take a hands on posture within my internal quarrell. This could not go on. Selfsabotage is cruel disgrace. And someone, from the inside, has to fight it till the end. So the end showed up. Time was up again. And nobody showed up. The expectators awaited the entrance of the performer. He never showed up. In the 99 minutes that lasted the show. But nobody cared. Surrealism stood up. And blessed the scene. Quietly disturbing every mind.

Nobody clapped at the end of the show. The silence was broken. People exited the main theather of the mind. And the time was liberated from the surreal spell they went to experience. Oh, that was something else, someone said. And people long one another. The vacuity filled their experience and the thrill to share the now; here.

Something worked within surreal terms. The class was dismissed. Everybodies mind was filled with a hole. Everyone did the magic, but it only served the will of the collective soul that bounced around the show above their heads. The place was holly. And sound discrete, yet continiously revolving the magma of the desired dream. Joy was pleased to meet Joyce.

Lovemaking was on everyone’s mind. So why deny that misterious spell. Oh, well. The waters, black, rose up in the basket from the deep currents of the well. Swell. Drink up, it’s a toast to glory. Here; now; then. I’ve come accross your eyes to flow through you once again. Let’s run naked into the sun. As life’s begun again. I can feel it. You/me, no longer: ALLS………

Nick Cave number 92

Every road comming to Barcelona is marked in the kilometer 92 with a sign: Barcelona 92. It was a marketing approach to a transformation time. An event that would mark this urban capital for good. And for bad. But I really meant for good, in a sense that it changed it completely. Not that it was all entirelly good. I am clearly overexplaining for the ximpler soul. You know who you are.

Barcelona has a connection to serveral numbers. Nou. One of the them. Uno, another one. 14. 4. 11. 9. En fin. 1714. Ya paro. No quiero ofender a nadie. Cosa dificil hoy en día. Este pueblo tiene la piel muy fina. Y tersa. Y salada. De mar. Mediterraneamente malamente. Featuring Rosalia. O Nicky Minaj. O ambas. Reinas. Junto a este nuevo rapero en la capital transformada de sus urbanidades ya sublevadas. Su fuerza me acompaña, y ahora me acompasa con su poesía. Y su delineada estructura de baile y ritmo NEW.

Si el nuevo modelo pretende estar completo debe tener un ritmo propio. Un ritmo NEW. Es un llamado al arte. Al futbolarte.

Nick Cave me mandó un mail. Era su Red hand file #92. No es que Nick me quisiera decir algo, sino que me suscribí a su newsletter. Y a veces me llega y a veces no. Ni yo se por qué. Pero esta vez lo abrí y me quedé con esa paz plena a la que uno puede aspirar. Orar es llegar a concluir un plegaria. Y esa plegaria no es únicamente de los religiosos. Ni siquiera de los que tienen fe. Los que no tienen pueden llegar al mismo climax. Léanlo. ALLS.