Los muertos que narran

Entro en Facebook y me encuentro con un post de Luis Humberto Crosthwaite, un escritor mexicano al que conocí en Barcelona. Un día le dejé mis boletos del Barça para que Quique lo llevara al Camp Nou. Así que me estuvo muy agradecido, pese a que el gesto, en realidad fue de Quique. Y de Roger, de quién eran los asientos. Quizás también del tío Pepe. Y de Vicente, mi suegro. QEPD.

Barcelona me ha dado una aproximación a las personas que se dedican a contar historias. Los libros ya los conocía. Uno es lector antes que seguidor de sellos editoriales independientes. El mundo editorial y la lectura se dan la mano a la distancia, como el escritor y el editor. Son partes trascendentales de una relación que se estrecha más allá de lo que podemos concebir de manera racional. Hay algo de magia. Y también un velo.

Como el velo de la vida y la muerte.

Desde entonces lo sigo en facebook. Los escritores han tenido una entrada pausada y firme a facebook. Primero con el recelo de todo intelectual, y luego, entendiendo la magnitud relacional de la red, y la respuesta inmediata de quién accede a jugar. La creatividad de la interrelación les hace ser dinamizadores de la partida hacia sitios diferentes. Hacia nuevas crónicas. No deja de ser un espacio de interactividad. Un sitio en el que quien escribe puede recibir el ir y venir de quién lee. Ese velo entre el libro y el lector. El libro, objeto, se proyecta al más allá. Más allá del tiempo en el que estemos aquí. Vivimos en un cerco. Y un día nos dejarán salir. Y entonces, ya no estaré aquí.

Luis Humerto escribió el siguiente post:

Oh… narradores muertos. Mi memoria audiovisual, esa que se desarrolla antes de la lectora, se adelantó: sexto sentido. Lo popular a veces tiene un peso en nuestros estados de la naturaleza. Y mordemos el anzuelo. Los otros. Otra vez. Pero aquí, Luis Humberto Crosthwaite (se debe leer siempre el nombre completo de un autor que tiene un nombre tan elocuente) nos obliga a ir por el otro camino. Por el del guion, primero. Enfatiza que las historias, incluidas las que vemos en imagenes interconectadas, las escribe un guionista. Y aquí el peso lo sostiene el texto. Alguien que escribe cómo van enlazadas cada una de las escenas de la historia a narrar. Y cómo estas tienen un impacto coordinado para llevarnos a un sitio, en el que se condensa la clave del show. El desenlace de una trama que se viste desde el conflicto que nos engancha tras la presentación de nuestro personaje y su entorno.

La recomendación de una película que a un autor le parece esencial. Una película favorita transforma. Y su recomendación nos lleva a establecer las claves del por qué. En este caso: el narrador está muerto. Desde que lo vemos en el inicio de la pelicula lo sabemos. No he visto la película, con lo cual mi gozo es más profundo. Lo que me queda por ver es el universo de lo posiblemente transformador. Lo que todavía no sabemos. Lo que oculta el guionista para su despliegue de decisiones. Y nosotros detrás. Siguiendo las migajas de pan a través del bosque. Hasta dar con la entrada del Parc Guell.

Un rotulador enorme cae de repente, junto con una pelota de papel. Un ruido tremendo me distrae de la escritura. No lo entiendo. Según parece alguien me lo tiró. No ha nadie conmigo. Los levanto y los dejo en su sitio. Me entra la duda de si alguien más podría estar aquí conmigo. Un espíritu. Una fuerza superior. Un fantasma del pasado. Me siento bien acompañado. Ahora sé que está conmigo. Y no pasa nada.

Quizás sea el narrador de aquella historia. Ahora aquí. A sabiendas que hablo de él. O algún espíritu que me acompaña. Que no son pocos. Y de los cuáles, algún día, hablaré. O más bien, de sus historias. De lo que queda de ellas. O de cómo se transfiguran en un espacio temporal, ya sea libro, guion, o película.

Luis Humberto Crosthwaite interpela a su audiencia que le recuerden libros o guiones de narradores muertos. Nos lleva al origen de las historias. Los autores de dichas historias, y las historias mismas. Y luego se da a la labor de buscar las historias publicadas en algún sitio online. Y las podemos leer. Me voy de cabeza sobre Pitol.

Qué bueno es Sergio Pitol.

Y luego pienso: no he leído nunca Pedro Pármo. Qué vergüenza. Ha llegado el momento.

Pedro Páramo


Confinamiento total

Beings

El mundo se guardó. De pronto el silencio de las calles se convirtió en una bulla existencial dentro de la mente de cada individuo. Ya no era tan sólo el neoliberalismo el que nos perseguía, ahora también el aburrimiento se apoderaba de nuestra paz. ¿Qué paz?

No sabemos bien cómo tomarnos esta situación. Va a morir gente hoy. Mucha. Muchas más de la que habría muerto en esta zona del mundo. Quizás los números sean los mismos en el agregado. No sabemos. Normalmente no contamos muertos. O no lo hacemos para estar al día de si esto nos afectará o no al final de la entrega de premios.

La vida nunca había sido tan claramente una lotería. Al menos eso pensamos desde nuestra situación privilegiada. Nuestro boleto no estaba marcado. Podíamos ir día sí, día no, con nuestras paranoías en la cabeza, y sabíamos que llegaríamos al final de día.

O quizás no. Quizás las certezas sobre las que vivimos tampoco son tan fuertes como nos imaginamos. Ni tan estables como las proyectamos sobre el resto de las personas. El capitalismo nos obliga a vender optimismo continuamente. Para dar la imagen de que todo está bien. Y de que todo va a salir bien. Que en el fondo, es verdad. El optimismo debe marcar el paso de nuestra procesión. Así sea nuestro via crucis.

Vamos camino a la cruz. Este es nuestro destino. Eso, y cargarla en el trayecto. ¿Dónde coño está el cirineo? No recibimos más ayuda que la nos llega. Y a veces no sabemos aprovecharla. La dejamos correr. Como el agua que no hemos de beber. ¿Por qué desaprovechamos tal o cual oportunidad? No lo se.

Entiendo que he tenido varias oportunidades en la vida. Y todas ellas las he considerado como una bendición. Lo que no estoy seguro es exactamente de cuál de los dioses vino. Y esto no es una cosa menor. A quién le doy las gracias, si no tengo claro quién fue el artífice de mi suerte. Mi libre albedrio se postra en estado trascendental en busca de una respuesta que no llega. En medio de esa espiritualidad rebuscada, algo penetra: una sensación de presencia. Un momento de paz. Un estímulo de la consciencia. El aquí-ahora.

Lo que se desvela entonces es la noción definitiva de que sólo este momento existe. Y que pese a nuestras penas, la vida es esto, este milagro. Estar vivos es la mayor gracia de nuestra vida. Y bailar es un acto revolucionario si consideramos que la vida está aquí presente, en ese movimiento de caderas, con esa pareja de baile, en ese estado de comunión infinito, al que ahora tenemos acceso: ritmo.

La música es nuestro elixir de la inmediatez en armonía. Lo debemos beber a sorbos. Y saber cuándo parar. No podemos estirar el placer más allá de los límites que el cuerpo aguanta. ¿Cuáles son esos límites? ¿Quién pone las banderas a partir de dónde ya no podemos seguir?

La autoridad. ¿Hacerle caso? Es un deber. Es parte de nuestro modelo. La sumisión es un acto democrático. Lo hacemos porque entendemos que el modelo persigue dotarnos de ciertos valores fundamentales: derechos humanos. Libertad, igualdad, fraternidad. Las bondades de la democracia. El sistema funciona. Como los mercados. Mira la realidad.

Y la realidad es que el mundo se paró. Nos habían dicho que eso no era posible. El indicador por excelencia de toda proyección de futuro se esfuma con cada día que no hay actividad económica: PIB. No creamos más que paz social y defensa contra el virus, al que sin verlo, nos sabemos parte de una extraordinaria lucha contra un agente exterior que tiene un comportamiento que ataca nuestra integridad. Nuestra vida. Podemos morir sin nos toca el boleto ganador. El paso a las siguiente fase. Algunos creyentes se acercan más a la tierra prometida. La vida eterna les toca a la puerta. Los dioses doblegan sus esfuerzos de captación en épocas de vacas megaflacas.

El mundo se va acabar. Un día. Más tarde que temprano. Pero así será. Igual que nuestro sol. Pero para que aquello pase pasarán mucho giros alrededor del sol. Y sobre nuestro propio eje. Somos esos movimientos incoscientes de la Tierra. Codependencia con un ser superior, al menos en masa, como el Sol. Oh, Sol. Sol Padre. ¿Por qué no venerarte a tí que nos diste vida? ¿O porqué no venerarte a tí que nos das vida?

¿Quién es más grande: Dios Padre o el Sol?

Sólo Dios sabe. Pero prefiere callar. No quiere verse inmiscuido en una denigrante escena de egos masculinizados. Él vs Él. La última lucha de dos machos alfas.

LLÉGALE A LA VERGA

¿Qué pasó, cabrón? No actues. Ya nos conocemos. Nos surramos la madre. Por varias razones justificadas todas. Me cagas, cabrón. Y me encanta decírtelo. Pero en realidad no me interesas tantito. Ni tantito, pues. Para que entiendas. Te lo repito. Te voy a tratar como tú tratas a los nacos.

Por deferencia. Por diferencia. Porque ambos estamos aquí para asimilar una manera de estar en la sociedad. Y esta urbanidad que tenemos en la capirucha nos da una sensación de diversidad completa con todas las opciones descabelladas de nuestro amado pueblo. En su manera de ser como somos los de aquí. Así bien… eso. El que es de aquí sabe a lo que me refiero. A las tantas maneras de expresarlo. A cómo nos sentimos cad día de nuestras fiestras populares. Cuando ocupamos el espacio público. Juntas. En armonía. Esa cosa que somos juntos. Como el barrio. Eso que compartimos al estar.

Esa cuestión de coexistir en una misma aceptación de nuestro bienestar común. Y cómo podemos llegar a saber que en ciertas cosas nunca nos vamoa a poner de acuerdo. Y que en otras, coño, tenías vosotros la puta razón. Y querría aprovechar este momento para reconoceros eso, tronco. Que la vida son dos día y no vamos a estar a estas con la que está callendo. Y tal como los cabelleros nos lo dejaron. No veas ahora cómo ordeñamos las vacas el próximo ciclo de reconstrucción. El problema fue no intentar nada el pasado. Y daís pena quienes pensáis que lo habíamos encaminado. Quizá será vuestra percepción de estar en el lado ganador de la ecuación. Los que no caistéis. A pesar de vuestra sensación de precariedad. Lo que todos hemos afrontado. Más allá de lo hayan resultado ser los políticos a los que usted en particular no podría estar más en desacuerdo, bola de subnormales.

Usted ya sabe a quién aborrece. Y ha sido ávido en intentar odiar con todas las ganas. Como un ejercicio nacional.

Hay quien leyó ejército.

Quizás en algunas ediciones salga escrita la palabra ejercito en vez de ejercicio. Pequeños trucos, o taras, para convertir en libros apócrifos la rareza a encontrar en la librería más mítica de la nueva ciudad, la que empezará el día que volvamos a ocupar su espacio público, con nuestra transformación mental el unísono. Una voz con múltiples acentos. El canto que de esta canción salga. Como un culto de lecturas interminables. Como nociones de un nuevo mundo que nos llegan en informaciones que viajan más rápido de lo que en aquél entonces lo permitía la tecnología: la escritura de cartas que viajaban en diligencias reales por barco. Como las cartas de los reyes magos que cada año le entregamos en mano al page real. De eso, los que aquí vivimos sabemos desde que somos muy pequeños: nuestra vocación a echar al mar, con la multiversalidad que nos permitimos instaurar para tener suficientes niveles de libertad para dar cabida a la serie de subnormales que se quieran posionar en el eje defensor de sociedad de la violencia y del deterioro individualista de considerar a la peña meros consumidores en el rol trascendental de nuestro modelo económico y social: llamadle democracias, occidente o estados nación. O como si queréis que nos dividamos por credo. O por club de futbol. O por estatura. O por género. O por idiomas. Para entendernos en mismo canal. Como una especie de asunción del otro. Asumiendo aprendizajes que hasta ahora no nos habiamos cruzdo por nuestro sistema de carreteras neuronales. Os voy a invadir la cabeza con choques electricos de pura surrealidad multiples veces retroalimentada. La obsenidad con la que podemos generar sobre un mismo chiste 99 versiones.

La huida hacia el chiste fácil.

El otro humor.

La risa sin gracia.

Lo elemental.

Lo que pide el pueblo.

Futbol, toros, cotilleo, puticlubs, bares, salones de baile, asociaciones, guiño guiño, política-espectáculo, peliculas mediocres con temas mal llevados que se diluyen en unas actuaciones que nos permiten pensar en otras vidas, otros humores, otro tipo de historias, cine independiente también, por darle un sitio a los creadores para venir a pescar. Sucar pa.

Aquí todas tenemos que comer.

Alguien piensa en los más necesitados.

Pero se hace lo que se puede desde la autoridad local.

Mientras el país piensa en las iniciativas de ataque para derrocar al rival.

El País también piensa que Pedro el guapo es bueno.

Y el pueblo asiste a los medios para su dosis continua de actualidad.

Esta gente nos perdió hace tiempo.

La ficción de lo que sale por la tele como realidad frente a lo que vemos que hacen los hospitales cuando tenemos el nivel más crítico de la atenció a la salud. Es el momento de regular el sistema de salud que nos rige. Y reactivar los mecanismos de prevención que la población sea capaz de entender en dichas circunstancias de excepcionalidad. Y que se entienda la cadena de mando de las organizaciones y lo que se puede y no se puede permitir en los momentos en los que se gestionan grupos grandes de profesionales en continua tensión. Por la inoperancia de los mandos de dirección. La incapacidad de tener los equipos en su sitio para atender la necesidad de la organización para estar como debe estar. Eso hay que trabajarlo con tiempo. Y con nuevas maneras de dirigirnos entre nosotras. Y lo que ha significado el trato entre médicos y enfermeras. Amos, capataces y gobernantas. El heteropatriarcado en el sector, como una realidad de la que ahora no vale la pena hablar porque debemos elogiar el titánico esfuerzo que están realizando los equipos asistenciales. Pero nos damos cuenta de la disparidad en la toma de deciones en las líneas de mando médicas, de enfermería, de ingieneria y mantenimiento, de sistemas, de recursos humanos, de economía i finanzas, de comunicación, de celadores, pobres, de auxiliares de enfermeria, de proveedores, de consultores, de farmaceúticas, y demás operadores de las redes profesionales de soporte de la sanidad pública. Esos sectores estratégicos. La provisión de servicios en mercados controlados. Los mercados locales. Oportunidades a los nuestros. Negocios de familia. Lo que sabe el diablo por viejo. Eso que domina la casa de los representates de las familias de antaño. Las cotas de poder de los grandes apellidos de la historia contemporánea de la ciudad. La historia de subditos y familias comuneras. La razón de ser de una sociedad libre de tener todos los matices de los pueblos y toda la pertenencia a la especie humana a la que se hermana mandado memes idiotas como un ejercicio que ningún filósofo, sociólogo, doctor, presentador de televisión, autora, pitonisa, cuidadora, muchacho, muchacha, chiquita, güila, mae, tronco, noi, veí, veina, noia, tia, nen, jaar, preveyó, ni mucho menos sugirió. Pero ahí fuimos, como borregos directos con vitalidad hacia el despeñadero. Porque a fin de cuentas, un día nos vamos a ir de aquí, y por qué no hoy. Y zas. LJ.

Salud pública al alza

La salud, divino tesoro.

En realidad pensamos poco en la salud. Tenemos la percepción de que somos invencibles. Eternos. Es curioso que esa falacia coexista en nuestra individualidad humana. Todos vivimos bajo la creencia de que no moriremos nunca. Y de pronto, un día, morimos.

Después no sabremos más. Ese día llegó y nosotros ni nos enteramos. Así va la vida. Quizás está a la vuelta de la esquina. Quizás la muerte no está lejos. Y no tenemos manera de saberlo.

Por lo pronto, nuestro cuerpo, o nuestro cerebro, en particular, tienen este mecanismo de invencibilidad que nos atrofia la perspectiva de la vida despúes de la muerte. O de la muerte, que de pronto, un día nos llama a la puerta.

Creo que la muerte es un tema trascendental. Y además creo que es un tema vital. No hay vida sin muerte. Y la muerte no nos debería doler tanto, si a fin de cuentas, no duele. Lo que duele es el duelo. La pérdida de un ser querido. De pronto, ya no está. Y no parece verdad. No parece posible. Sentimos que estaremos siempre aquí. La persona a la que amamamos. Nuestra madre. Nuestro padre. Nuestra hermana. Y un día, nomás un día, ya no.

No pensamos en ello. Lo eludimos. Quizás ese es el mecanismo de la mente para no agobiarnos la perspectiva del ahora. Pero quizás, esa ligereza con la que nos tomamos la vida es pura apariencia si no concebimos la inmensidad de lo que verdaderamente importa. Estar aquí. Estar vivos. Hoy: un día más.

Ese es el regalo. Y también el milagro. Esa carrera que pegamos un día cuando tan sólo éramos espermatozoide alfa. Quizás ni eso. Puede que hayamos sido uno más del montón que simplemente tuvo un día con suerte. Una carrera buena en toda su vida profesional. Y nunca más dar palo al agua. No vamos a juzgar ahora al espermatozoide que nos trajo aquí, cuando puede que todo el mérito de nuestra existencia resida, por completo, en la capacidad de la otra mitad, la media naranja de aquél diminuto y escurridizo malandrín, que tuvo la solvencia para competir con el resto de los macacos y ponerse enfrente de la más preciosa imagen de una DIOSA rotunda, blanca y pura, inmaculada, virgen, ella sí, y con la desdedicha de sufrir por el heteropatriarcado que desconoce todavía, un nombre masculino: óvulo.

EL óvulo nos representa. Una perla en camino de la trompa. Cuidadosamente producido por la parte fiable de la naturaleza: la mujer. Venida de un ovario en el que se formula magistralmente la obra perfecta, aunque no completa. Y como toda señorita de sociedad, llega un momento en el que está lista para dar un paso más alla. Es un momento indefinido, pero se conoce que hay unos márgenes en el tiempo. Un horizonte temporal en el que se está preparado para la trascendental llegada de la horda de malparidos machos simples y sobreexitados. Pobres hombres. Tan primarios. La lucha tenaz de la carrera les ha nublado la perspectiva y sólo uno consigue llevarse la gloria con la más elevada de las musas. La recepción de dicha dama nos desvela que no es tal, sino una artista consagrada en las artes de la comunión. Lo que sucede a partid de aquél entonces es el proceso más sagrado de la alquimia. La concepción de un ser que tiene un futuro efímero y maltrecho. Pese a todo, la vida se obsesiona con la unión de estos amantes, sin tener en cuenta apellidos, ni tragedias, inequívocamente lanzados a un desenlace multicolor de la más dócil factoria, como el primer beso que Julieta perfiló en los labios de Romeo.

La vida suele repetirse entre historias que se copian entre ellas. Siempre alguna sale victoriosa, y por tanto, se replica con más frecuencia. Y así sube y baja. La euforia incial nos deja pronto en el sabor convencional que se repite en un coro que todo el mundo canta. La pasión de un cielito lindo un día de lluvia. Unas netas de un borracho mexicano en ese momento justo de la noche en la que a pesar de no haber ligado, ahí estabas tú; carnal. El homoherotismo mexicano es un poema que todavía tiene un recorrido machín. La pulsión del chicharito.

La muerte susurró al oido de Sabines. Un poema me lo dijo. Y entonces entendí: dónde estás muerte mía, no te escapes, que te quiero oir.

Mi madre me contó que yo lloré en su vientre.
A ella le dijeron: tendrá suerte.


Alguien me habló todos los días de mi vida
al oído, despacio, lentamente.
Me dijo: ¡vive, vive, vive!
Era la muerte.



Jaime Sabines


Coronavirus

La pandemia está suelta.

Miedo.

Incertidumbre.

¿Y si me toca?

¿Y si se mueren las personas a las que quiero?

¿Y si no salimos de esta?

¿El fin del mundo?

¿Escuchan las trompetas?

No tenemos llenadera. El temor nos moviliza. Mucho más que el amor. El amor es para instantes sumblimes que desaparecen. El miedo se queda en el cuerpo. Es más prevalente. Nos deja atónitos. Oh, temor, cuánto te añoraba.

Temes, luego existes.

Y se dan cuenta. Nos manipulan a su antojo. ¿Quién? ¿Quién está detrás de todo miedo? ¿Quién se beneficia? ¿Quién se aprovecha? ¿Acaso Dios Padre juega juegos de azar? ¿Libre albedrio? ¿Predestinados?

Me tocó el boleto premiado.

Ya llegó la muerte. Ha tocado el tiembre. ¿Quién es? Tu adorada amiga, contesta. Y la vida se petrifica. Esperamos que suba el ascensor. Nos costó mucho llegar a dónde estamos. Y ahora hay que dejar nuestra casa. El edificio en el que vivimos se hará eco de nuestra partida. ¿Sabes lo que pasó con el del ático? Se fue con la más flaca. Y nunca más va volver…

El tiempo nos susurra el canto sagrado que se consume… tic, tac, tic, tac, tic, tac, tic, tac, tic, tac, tic, tac, tic, tac, tic, tac, tic, tac…

Bienvenida muerte, no te estaba esperando. Pero pasa. Ya que estás aquí te voy a recibir como he recibido siempre a mis invitados. Soy un anfitrión que sabe asumir su rol. Siéntate. Ponte cómoda. Pongo un poco de música, algo de Leonard Cohen, quizá, y déjame te preparo un dry martini.


ALLS

Aarón: la estrella

No es que cuando te mueres te conviertes en una estrella. Tú, que te quedas, ves el cielo la noche en que te fuiste y observas una estrella en particular. Esa es tu estrella. La estrella del que se fue. Ahí se comunica contigo. Para que la veas siempre.

Esto no le pasa a todo el mundo. Solo las personas con estrella dejan una estrella en el firmamento para toda la eternidad. O al menos hasta la vida de esa estrella, que quizás ya murió, y todavía nos llega su luz, con algo de rezago estelar. Cosas de la relatividad y de la velocidad de la luz.

La velocidad con la que viaja Aarón es sublimada por nuestra incapacidad de enteneder dichas dimensiones. Nos rebasa nuestro entendimiento capilar. Y lo dejamos estar. No vaya ser que nos multiversemos de pronto. Como un gesto transformador.

¿Sí creo en Dios?

-A tí, qué más te da. O como decimos en México: a tí qué chingaos te importa.

La cosa está así. Todos los sistemas están en crisis. Y la vaina va explotar en cualquier momento. Nos están metiendo el pánico por los huesos. No porque se va venir la verga. Ni porque nos va a cargar la verga. Ni por la verga misma. Es otra verga. Qué vergas. Ni a vergas. Pura verga. Ma-ma-me-la-ver-ga.

Vease la expresión: mámame la verga.

En sí misma no es machista. Ni heteropatriarcal. Podría ser bien puto. Y bien. Tampoco se me malentienda por ahí. No quisiera parecer yo intolerante. A mi me gustan todos los moles. No vamos ahora a hacernos los fresitas. Los pinches mochos. Bien que te gusta la verga. Ni te hagas.

El hombre hetero blanco español se retuerce tantito cuando esos pensamientos le invaden el orto. La frontera ortogonal del astro DIOS. Ortogonalmente nos la clavan a todos. Como Dios poseyendo a su pueblo, que es Él mismo, recordemos. No se nos vaya ahora el catecismo. Las sentencias que marcan la doctrina por la cual defendemos creer o no lo mismo en esta religión que estamos organizando. O reorganizando. Si no queremos añadir a ningún otro credo espontáneo.

Imaginaros un nuevo credo. Uno que sea capaz de arrasar con todo. Con todos. La plenitud espiritual de un tiempo colectivo que nos llena individualmente, al mismo tiempo, a todas las especies. En una especie de armonía sólo experimentada por los monges europeos del siglo XV. Quince siglos después de Jesús, finalmente alguien sintió lo que María Magdalena.

La iglesia, Francisco el primero, se indigesta. Felipe VI no puede evitar un tic en el labio inferior, que luego se traslada a un ojo que se le va de vacaciones. Luego vuelve. Y se repite el trance. La madre Teresa de Calcuta, a unos sitios a la derecha de Jesús, en la zona noble del Liceu, observa con detenimiento la reacción del propio Jesús, para saber ella luego como proceder; en contra, como acostumbra, o quizás, está vez, deslumbra al incrédulo auditorio de ateos, purgatorios y condenados a las llamas eternas de los primos del PP. La derecha española copaba todos los asientos del Infierno, del Purgatorio y del Paraíso, y en todos ellos cobraba un sobreprecio por las sillas mejor ubicadas en la zona en la que se sentaban también el Pequeño Nicolás, que ya se había hecho mayor, y Jose María Aznar, que seguía un figurín. La llama de conservadurimos de la España orgullosamente casposa, sin que nadie se ofenda, ni que quisiéramos de pronto convertirnos a la enfermedad degenerativa de los rojos subnormales socios de separatistas venezolanos combatientes en Irak, Irán o Afganistán. La guerra lo trastoca todo. Lo que pensamos hoy nos ha sido traido por el superbowl, por el etretenimiento que ponemos en el intermedio, y por el mercado que responde a los estímulos de las marcas, y se regocija con las retóricas encontradas de los bandos opuetos que se pasean por la política con la cretina actitud de aniquilar a un rival al que desprecian y odian a muerte. Muerte. Guerra. Sangre. Vida.

La muerte en campaña. Temas espinosos que no solían estar en las campañas políticas, más dadas a actos de escapismo. La surrealidad nunca ha mezclado bien con la gesta de que te tomen en serio. O lo contrario: que te voten. Las elecciones de un pueblo que conoce bien a los que opinan que pueden determinar mejores opciones para la cosa común. Más allá de los últimos cretinos. O de las partes. O de cómo nos llevávamos cuando éramos pequeños. En el idioma en el que nos besábamos. O los orgasmos que nos regalamos. La idea de eludir toda responsabilidad. O de asumirla de pronto, sin temor a tomar las riendas del país y determinar el vaciado de todos los sentidos. Por un efecto purga. Como si pudiéramos limpiar la política con una buena diarrea. Una gran caca. Como si esta caca catalana fuera a ser la salvación para el resto de España. Esta vez constreñida. El pudor de cierta España le inhibie ser escatológica. O faltar a la moral. ¿Qué tienen que ver los toros en esto? Vamos. Clásico argumento que utilizan los proetarras bolivarianos. ¿Alguien dudaba que el Chavismo se iba a instalar en todas las iglesias intervenidas por Iglesias?

Los teólogos de liberación ya se habían infiltrado entre los inmigrantes latinoamericanos que llegaron en a principos del milenio. Todo estaba preparado por Dios padre para provocar el último cisma de las religiones. El profeta que vino con la última versión del libro sagrado que nos debía procurar un texto inequivoco esta vez. El sincretismo de todas las culturas que magnifiquemos en este contexto en el que en un futuro se nos juzgará por cómo retomamos la idea de algo más que el hombre. De entrada: la mujer. Y tras sus reflexiones femeninas y feministas, enganchamos hacia las antípodas de este heteropatriarcado de mierda que se puede ir a tomar por culo, con la gracia de Dios Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos… ALLS.

La estrella me ha escogido. Aaron en mi cabeza. Y ahí estará siempre. Mira Marcel, es esa.

Día 3: Fin; y morí.

Mueres. Líquido. Regreso. Saturación de vías. Ocupación inversa. Sabor a muerte. Gestión del duelo. Partir. Levantar el cadaver. Estas muerto. Adios vida. No hay vuelta atrás. Devuelves. Atajas. Resucistar. Hola.

¿Qué tal?

Aquí sobreviviendo. Literalmente. Las cenas de las fiestas te están matando. Quieren que no vuelvas a ver el sol. Es lo que comes. Es lo que bebes. Es el agua que tomás al llegar a casa según esto que para preparar al cuerpo para la noche. Mucha agua ayuda al suicidio inverso con vótimo. La regresión de ls tiempos a la muerte del abuelo. El primer sentimiento de morir que sientes como real es este. Apesta. Sabe mal. Y te asustas.

A todos nos llega la hora. No ahora. Cuando toca. Y no hay nada que hacer. Y lo sabes. BIen podría ser esta. Bien podría ser así. Si es todo tan absurdo. Venga. No me expliquéis historias. La mía es buena. Y hoy ya no tienen sitio. Ni vida. Ya no soy nada. Un vil recuerdo. De alguien que creció hasta el límite de su propia sombra. Sin descurbir la Nueva América. Hasta ahora. Quizás ya moribundo. Quizás ya loco perdido. Otra vez. En estos términos. Como si los reyes catlólicos siguieran paragando lo que dicen haberme daado. porque las lyees del cortijo siempre han hecho a mi familia más grande. Quién ha vivido mi familia sabe que esta es una situación más bien rristo. Rey. Levantate y resucista. Anda.

Me vuelvo a dormir. Ya no tengo ganas de sñoar. El sueño será truncado otra vez. No podemos reaccionar todos igual. Repetir me hace confiar en ella para recibirla. Pero ls Reyes se han hecho su propia historia. Ya estaban en la sala comiendo. Y tu historia les impresiona poco si les explicas cómo embrular el merdé del cuál tú mismo eres responsable. Si quererte es la excusa para haber quedado. Vernos. Esto nos hace familia. Volvernos a ver. Hablar paja. Como si el gesto de exagerar fuera suficiente para volver. Y volvemos, como una historia de Almodovar. Por ahí bien. Ya lo viví. Y esto es lo universal. La muerte. El día que se presenta en tu cama. El último. Hoy. Aquí.

Adios.

ALLS