En apariencia estoy aquí

Ser o no ser.

Estar o no estar.

No es la misma cosa. A no ser que en tu cabeza te hables a ti mismo en inglés: «to be or not to be».

Yo a veces me hablo a mi mismo en otras lenguas que son aquella con la que empecé a conocer el mundo que me rodeaba: el español. Tarde tiempo en darme cuenta que el idioma que hablaba, al llegar al lugar de origen de su incepción, España, no tenía el mismo nombre que yo le daba. Ahí le llamaban castellano. Al parecer, el español que hablo yo y su castellano no son lo mismo. Esta no es una apreciación que se pueda contrastar al 100%, o más bien, con la que todos estén de acuerdo. Los matices, hoy día, se han convertido en el inicio de una toma de postura que te situa en uno de dos polos. Además, en España se habla también el catalán, euskera y gallego, además del castellano. Todos ellos son idiomas españoles.

La polarización como lugar. La polarización como medida de los tiempos. O al menos de nuestro tiempo. Debes elegir entre estar en un lado o en el otro. Aparentemente siempre partes de una situación sesgada por varios factores: tu familia, tu cultura, tu educación, tu situación actual, tu estabilidad, las posibilidades reales para subsistir, progresar, y ser quien quieres/puedes ser. O bien la capacidad que tengas de discenir si todas estas cosas quieren decir algo, o si simplemente vives inmerso confortablemente dentro de la matriz, The Matrix, a la que muchos jóvenes hoy en día asistirían sin chistar escogiendo la pastilla azul.

Quizás también nosotros lo hicimos. Quizás ya lo habíamos asumido en su momento. Quizás The Matrix misma ya nos lo dejaba ver: este mundo es exactamente el mundo en el que vivimos. Y lo que nos imaginamos que sucede, según lo que nos explican en los medios de comunicación, en la publicidad que ahora nos entra por más canales, y en las narrativas que consumimos, si es que lo hacemos, por el entretenimiento, las series, las redes sociales o la sociedad capitalista que nos viste de seres solos incompletos que pueden mejorar, instantáneamente su malestar, si tan sólo adquieren _________, ahora misno, que justamente tienes la oportunidad de acceder con un descuento del 50%… (lo quieres, compralo aqui), pero sólo por un tiempo limitado.

El marketing como mecanismo de manipulación colectiva.

La capacidad de hacer que pienses lo mínimo, para que sirvas al sistema. Ahora nos damos cuenta de que el sistema, por sí sólo, se autoregulará, según prevean las máquinas, los algoritmos, la cosa en sí, que deba ser la existencia de nuestro mundo con estos nuevos seres de bits.

Estamos en medio de una contienda en la que todos están esprintando más allá de sus posibilidades. Y se trata de una carrera de fondo. Pero en el principio de la carrera, muchos listos pueden ponerse al mismo ritmo que los keniatas y los etiopes. Y tenemos la sensación de que nosotros también vamos corriendo como pollos sin cabeza. Y que nosotros mismos dudamos de creer, o de no querer saber. De capitular. Bajar los brazos. Con lo cual, si esa es la sensación colectiva mayoritaria, estamos perdidos.

Pero no puede ser esa conclusión de nuestra especie. Tenemos que visualizar que vamos a un sitio mejor. Un sitio plausible. Más allá de lo que las fuerzas que reman, y riman, hacia unos escenarios más totalitarios, como respuesta salvaje a un estatus quo que ellos mismos han construido. La realidad y nuestra sociedad se está poniendo en duda. Por todos los flancos. Y las personas, todos, no sabemos ya a quién creer. La desinformación se apodera de la narrativa en la que ya cualquiera puede distorcionar la verdad. Y más aun, la verdad sintética de las máquinas pueblan cada vez más los mecanismos de control del pensamiento que responde a oscuras pulsiones de poder.

¿Quién domina la narrativa de la conspiración? ¿Y a cuál de ellas debemos prestar atención? Vivimos, desde hace años, en medio de las distopias que situan en la ciencia ficción los escenarios de vida que ahora mismo determinan los mecanismos de poder y control que los mercados, los poderosos, los gobiernos, las empresas, manejan, como carteles, o como oligopolios que de pronto no quieren soltar aquello que les aporta un flujo cada vez mayor de acumulación de riqueza.

La desigualdad pues es la pauta del empeoramiento de la distopia en la que confluyen diferentes pulsiones capitalistas, colonialistas, xenófobas, clasistas, industriales, energéticas, sociales, políticas,… que de alguna u otra forma, cada estado, cada individuo, situa frente a sí, en cada elección, en el caso de vivir en democracia, que se plantea como una campaña que resolverá el futuro del caótico mundo en el que vivimos.

Todos respondemos según cómo nos ha ido en la feria. Y desde ahí planteamos la respuesta inoculada del siglo XX: individuo en contraposición del colectivo. Lo individual y lo universal como entes separados que no pueden coexistir. La dualidad en su máxima expresión. La necesidad de una dimensión adicional, superior, en la que ambas cosas sean consideradas como un estadio de evolución. Ese es el paso que debemos procurar para el progreso del procomún, que ahora mismo, sigue huerfano de universalidad.

He aquí mi humilde aportación a crear ese estado de la naturaleza: el tico commons. Un procomún de nueva creación de caracter tropical-universal. Como el comercio de esclavos que dio como resultado el bienestar singular de las naciones que utilizaron este modelo de explotación con los que se explica la situación privilegiada de ciertas naciones de «primera». No dejemos que esta realidad nos confunda, ni pretendamos reescribir la historia para que no nos salpique lo que es una evidencia histórica inescapable. El futuro en cambio no existe. Por lo tanto, preocupemonos por establecer un ideal en el que cual podamos proyectar una viisón transformadora de una sociedad más resiliente y holística, en el que el bien común se plasme sobre la base de nuevos valores, de nuevas palabras, de un marco referencial en el que podamos ser más justos y prósperos, y menos violentos, misóginos y déspotas.

ALLS

NEW

NAW

Between 54 and 55

Moo Pak has got to me again.

I got up and re-read for the third or fourth time the same page. And I’m still hanging there in a loop that I feel I will not be able to scape.

First thing in the morning. Going up to the beginning of the page. Doubting in to go from 54 to 55 before going right away to write what I missed the last time around. Or letting go. I jumped once again to 55, as I did before, and found out both things could be right. Just like I was last time around. But the feeling of perplexity kept crepting in like an unveling mystery.

I’ve been reading this book for more than one year now. And I’ve picked up some other recomendations from Ferran. And they all have different latencies. Different pace. Different rythms. Reading is habit that can inhabit parallel worlds, and it’s a matter of what sort of sport you play with the after-reading deal. I play the writting bit. But in my own pace as well. Just like my reading. I’ve decided, long ago, to keep the the decision three in an open shape of branches that keep building up while the personal exploration keeps me safe within the contingencies of my writing solitude.

I’m following the Kafka perspective of page 55 in order to address the life of the citizen, the regular person, and the life of the writer. The meaningless and the position between the past, the present and the future that no longer belong to me. Other than this spill of thoughts that come through like a stream of conciousness that represent, somehow, what I am, or the struggle of a lonely man.

And don’t get me wrong. I’m also Swift in that sense, where I know that I’m in the playing field surrounded by a set of a great deal of playmates, a great deal of family, and a great deal of societal partners. In the sense of time and history, I belong to a moment in time that is unfolding before our eyes, while the inception of a new kind of species, the uncontrolled living machines, develop a sense of taste and worldy views that are biased by desing. And for the first time, the villans in the story resemble those of the lamest and greatest movies of all time, even if we are also biased by the kind of stories we were fed when we were growing up, and the type of filter that put thos sceens and narratives before our eyes. And what we did with them when we figured out that we had a chance to create a personal narrative of our own. Also meaningless.

The thing is, the fate of a writer is not in the pursue of readers. Not even in the longing of being published. Or the miracle of being heard. It’s a pulse that lives in those who find the way through the cracks of their own lives to set some time to do so: read&write.

Those to things as one. This is what I knew I had to do with the writings from the readings of Moo Pak. To take every bit of reading rush and spill it out in the same escense of flowing narratives like a walk in the park with a listening friend taking note.

For the first time in the novel I wrasp the sense of loneliness from the narrator, who now lives a alone, and misses the life of a family that is no longer there. The wife. The kids. Time goes by.

The sound of the courtain. The sound of the «persiana europea». The cracking door. The footsteps to the bathroom. The click of the light being set one. The water running. The toilet seat. My wife is waking up. I decided to get up with the dream still pulsing in my brain: a round de vous of spies that need to decide what to do about the next steps, without knowing who’s to trust, or what to do, and how to set it up, for the greatest good of our societal struggle. What’s my personal take in making sense of that. Or addressing that different people will show up to the call for transforming our entire system, and that everyone will show up, the ones who will carry on, the sabotagers, and the expectators of the show.

The door opens again, and the sounds of the morning approaches.

This writting bit is about to become a sunday breakfast.

And hopefully a scape route to the next page.

«Bon dia. ¿No estás viendo el barco? Pon la tele.»

ALLS

Waiting for the artist… still

A few years ago I did my first art exhibition together with my daughter, when she was just agout 7 years old. It was a performative stunt. The act of comming out. And somehow, it worked. It was a way of doing something through the membrane of what was feasible to do. It wasn’t my best work, but it was a step forward.

It was not enough, though.

I didn’t actually come out. I was still waiting for the artist to come through, and the actions that this specific performance required, also required some other engagement with the work itself. And it wasn’t there. I didn’t follow through. It’s part of my cross. And I still carry it.

Nonetheless, the act is still an inspiration to what’s supposed to happen next. I’m still waiting for the artist, in the same way I was back then, and have kept creating worlds around the capacity to do so, while now the new worlds are being created by AI that is taking from our humanity our capacity to build stuff from within.

We are running out of time, and the machines are learning so that the guys behind it can rule over the entire deck of cards we are meant to play. Total control to the few capitalist that have funded the man in charge of the nuclear bombs and the policing around the world, as he’s bullyed western allies and aligned the whole machosphere into the first line of defence. The US has spilled out with the bible in one hand and the stupid red hat on their head, a new prophet who’s building what he’s been dealing in the world of bussy bussinessmen on broker street, the short run, the high-roller’s trick, all for the instant click of shameless immediate reward so they can feel inmense, bigger than life, morons chasing bucks. Just for them. For the ride of the powered macho king. The all mighthy emperor. Just as the empire secretely declines as other’s have in the past.

Machodom is still there. They are on to something. And they want it now. They’ve thrown away the masks. And parade the streets of shameless armed-brigades. It’s all too similar. It’s all there in the history books. It’s all there in their own handbooks. They are just saying: let’s finish the homework. And they are out to set out a global surveillance infrastructure that keeps armed budgets out of hand, as they keep pushing the boundaries of stability, to provoke innecesary wars in imaginary scenarios, always built on top of the fear of some new-old threat. It’s not masked, it’s out on the open, yet we’ve felt numb as the multiple inputs have made us still, unconnected to what’s real and what is not. We so overwhelmed, we’ve let them toy around with our fooled governments, and we too feel alone, a minisculized, in the perception of our lonely human spirit within the myriad of artificial voices filling up the noise around us, and baking up the havok these fools have dreamt about as it’s been hamelined through their brains with subtle flute of mirrowing their fears onto a Homer-like world.

You know what Homer.

ALLS

Desde la capital hasta la Franja

Se ve que las fronteras son los terriotrios más permeables de toda una geografía. El recorrido desde la centralidad de una capital hasta las fronteras permeables, más allá de la arbitraria línea que se inventó un día en el mapa, y que de alguna manera quedó reflejada en terreno según los cálculos topográficos y el diseño de barda, si es que tan sólo esta era necesaria.

Las personas, las comunidades, los pueblos, las costumbres y las lenguas viajan de un lado a otro sin tener acaso en cuenta la línia divisoria entre ambos lados. La medida exacta existe, pero también existe la desviación estándar hacia ambos lados de la frontera, que delimita un área de fusión en el que las reglas se difuminan las unas a las otras, como la ola del mar que se abraza con la arena que moja.

Cada palpitación es un ir venir entre el ventriculo que expulsa con cada señal electrica la sangre que recorre el trayecto desde la centralidad cardiovascular hasta el punto más lejano, en la punta del meñique, tanto de pie como de la mano, se el izquierdo o la derecha.

Hay dos dimensiones de esta viaje. Desde la frontera hasta el centro, o desde las capitales hasta la frontera, según desde el lado en el que se mire. Yo, por mi parte, habito un sitio capital y frontera, cuya límite es el mar, a pesar de vivir en la montaña. El mar lo veo a lo lejos, pero está presente en este lado del límite. Y en cambio la frontera a la que este viaje hace referencia está en otra dimensión, en cuyo caso, parto desde la centralidad de una capital, que también lo es respecto a todo el mediterráneo. Otra dimensión más allá, que ya van tres.

No obstante, sin nombrar la capital o la franja a la que esta particular historia hace referencia, todas las epidermis representan esa parte del organo más oculto de nuestra geometría: la piel. La piel también es frontera. Y de hecho, como órgano, es el territorio más amplio comparado en resto. Y casi ni nos damos cuenta. Casi ni lo nombramos, al estar en todos lados, y al no tener el volumen definido y particular del resto de las geometrías de los organos que nos definien fragmetados, como partes de un todo al cual nuestra mente busca un sentido, en todo momento, en cada pálpito.

Son pocas las veces que podemos ir de adentro afuera y volver. Y hoy es uno de ellos. Al menos en esta lectura, pero también, en mi caso particular, por el viaje que vamos a emprender desde Barcelona hasta la Fraga. La capital del mediterraneo, que una vez nombrada poco hemos tenido que explicar en el contexto de la creación de una cultura mediterranea que se explica así misma a partir de las personas que la habitan. Y no a partir de los territorios que se fragmentan en las tensiones inmobiliarias de los terratenientes y los amos del cortijo.

Es culpa mía.

El peso de la religión católica nos lleva a pensar en términos de culpa de manera reiterada. No podemos evitarlo. Y en este caso en particular la dimensión del caos actual se presenta como un punto de inflexión el mundo al borde del abismo. La misma sensación existencial de desazón que en su día me llevaron a pensar más allá de los márgenes de mis fronteras. Más allá de la geografía a la que podía referenciar mi historia. Más allá de la geometría de dos o tres dimensiones de los órganos que coexisten en el plano accesible de las herramientas que manejo.

La geometría de la incertidumbre es aquella que al menos me permite deambular entre planos que se presentan en dimensiones que mi mente no concibe anclar, al no contar con el instrumento preciso para hacer dicha observación. Mi capacidad matemática no llega a los confines de las fronteras del conocimiento al que podríamos abordar para esclarecer algunos aspectos del diseño funcional de las excursiones espaciales a las tendría sentido asistir, como especie, como humanidad, más allá de las pervertidas narrativas del hombre (man) en búsqueda de la conquista de nuevos territorios de explotación. La tensión de la manosfera de las élites reconvertidas en techno-bros haciendo la genuflexiones de ida y vuelta a los viejos pilares del poder, la avaricia, y el dinero entre los mismos mecanismos de antaño que sujetan el poder para unos pocos. El acto de magia del dinero. La máquina que lo «produce» y las reglas del juego que pervierten las razones por las que pensamos que «hemos» ido a una guerra. Las consecuencias de las decisiones de quienes al mando del poder, en términos de influencia y megalomanía de dos que miden sus miembros en público, hacen de esta machosfera un sitio inhabitable. Basta. Basta. Basta.

El tránsito del centro a la frontera de una geometría NEW. La narrativa que sostiene la concepción de una geometría que se plasme sobre los cimientos de otra cosa. Por ir un poco más allá de lo que hasta ahora la geometría actual nos ha aportado. Y en todo este trayecto, hagamos un esfuerzo por ir y venir con el espíritu de convivir con el otro, más allá del individuo en particular, en el contexto de los cuerpos que se mueven en el espacio, dentro de las aparentes reglas de las dimenionsiones que nos permiten «entender» las cosas con las reglas delimitadas en el contexto actual de nuestro ser-estar. To Bé. To Bë.

El viaje y el trayecto. Y lo que envuelve a ambas cosas en una dimensión más allá.

Lo que nos da el estar-ahí. La destinación. La vuelta. Todo en su conjunto.

A veces hay que hacer el viaje literalmente para esclarecer lo que hay más allá de la normalidad a la que estamos expuestos. Hoy es uno de esos días. Y el tránsito en sí me permite reconstituir la noción del viaje, de las vueltas, de ir y venir, y de la geometría a la que quiero acceder, que se aproxime los espacios, las fronteras, los límites, las construcciones de otras estrcuturas. Las estructuras que requrimos para habitar con solvencia el sentir colectivo de una comunidad en estado pleno, ante la ausencia y renuncia explícita de la violencia, motor del expolio de los machos tiránicos fascistas.

ALLS

art002e015228 (April 6, 2026) – Seen from behind the Moon during Artemis II, the Moon and Earth align in the same frame, each partially illuminated by the Sun. The Moon’s surface appears in sharp detail in the foreground, while Earth sits much farther away, smaller and softly lit in the background. A faint reflection in the spacecraft window is also visible, subtly overlaying the scene. Though their phases differ, both are shaped by the same sunlight, revealing the geometry of the Sun–Earth–Moon system from deep space. Credit: NASA

Teorema de ü

Teorema de ü

Tres elementos

El movimiento y recorrido de un péndulo.

Duealidad: estados estáticos y dinámicos.

Trayectoria de un elemento entre dos puntos opuestos.

Ir y venir.

Ida y vuelta.

Ser y no ser.

La una cosa: la otra.

Dualidad entre dos puntos.

Liniea curva.

La plenitud está en la dimensión completa de la ü: la ida, la vuelta, el movimiento, el efímero momento del vértice en pausa, el ser, el no ser, el cambiar de posición, el ir en una dirección o la opuesta.

El teorema de ü nos desfine un espacio posible. Un espacio en el que podemos visualizar la potencia del ser. Y del no ser. Para toda x. Para todo ser.

Cualquiera puede ser una cosa. Y la opuesta. Sea este un estado pleno. Las dos cosas a la vez, y con una trayectoria en medio que representa nuestro movimiento eterno. Y sagrado.

Es la sonrisa entre dos comisuras.

El estado perpetuo de bienestar.

La ilusión que supera el estado único: las antípodas de la unicidad.

El tránsito de una dimensión a tres.

R1 a R3.

Ser; y no ser.

Estar; y no estar.

Pasado; futuro. Y entre los dos: la sonrisa del ser presente.

Sea este el teorema de ü.

La respuesta al oráculo de Jime.

Sea esta una versión inicial entre un astro y otro, en perpetuo movimiento, y en búsqueda de una resolución entre ambas perspectivas.

Como viajar a la luna, ir más allá y visualizarnos desde una perspectiva nueva, que le da la vuelta a la noción sesgada que hasta entonces teníamos, de uno, lo otro, y el más allá.

Es un viaje: to Bé.

Es el elemento pleno de estar en esta otra dimensión ü: to Bë.

ALLS

Teorema de ü
art002e015228 (April 6, 2026) – Seen from behind the Moon during Artemis II, the Moon and Earth align in the same frame, each partially illuminated by the Sun. The Moon’s surface appears in sharp detail in the foreground, while Earth sits much farther away, smaller and softly lit in the background. A faint reflection in the spacecraft window is also visible, subtly overlaying the scene. Though their phases differ, both are shaped by the same sunlight, revealing the geometry of the Sun–Earth–Moon system from deep space. Credit: NASA