La espada de Damocles me oprime

Ya no tengo salida. La espada se acerca a mi piel mientras ya no tengo más espacio para recular. El éxito de mi fracaso está consumado. Mi historia me arrincona en la huida hacia el final. No hay más. Un último respiro. Un suspiro.

De alguna manera los griegos de la antigüedad tenían el referente presente de lo que les arrinconaba a ellos a salir de un pozo oscuro en el que sus vidas habían escalado en espiral decadente. No es un tema nuevo. La humanidad se topa consigo misma en la inmesidad del abandono que cada individuo perpetua con su angustia. Y ¿cómo salir de sí mismo? ¿A dónde huir? ¿Cómo escapar?

Mi única salida para evitar que la espada me acabe decapitando es tener fe en esa alternativa, por poco probable que resulte, que despeja todas las tormentas. El alivio de los mares tranquilos en los que navego hacia la isla en la que finalmente encontraré mi destino. Alguien se ocupará de amenazar mi porvenir, inclusive en ese último trayecto. Satanás está ahí para asumirse antagonista de nuestra biografía, como un par de Dios Padre, que tiene el poder inmaculado de asistir como contrapeso al desafío del héroe que debe librar la batalla más épica de su existencia. Ese es el destino de nuestro periplo.

La espada de Damocles me amenaza y cada vez más le pierdo el miedo. Si me vas a matar, hazlo de una vez. Hijo de la gran puta. ¿Quién te crees que eres? No puedes conmigo. Ni podrás apagar el espíritu de mi destino. La batalla se libra en la oscuridad del duelo continuo de nuestra psique.


La paciencia sigue obsesionada con su tránsito lento y pausado, a pesar de las palpitaciones extremas que intentan desacreditar su tenacidad.

La perseverancia tercamente se aferra a esa idea en la que nadie cree. Sin duda el fracaso no es una opción, pese a encontranos de cara en cada esquina que doblamos.

La resistencia ha seguido sumida en un estado fuera de sí por mantener viva la pulsión de la pasión con la que se arremete una cima sin temor. Las piernas cansadas ya no saben si aguantarán el próximo reto, pero se aferran a no claudicar.

La prudencia sostiene el mundo sobre sus hombros. Y no saltamos ante la injusticia que escupe en nuestra cara un aliento fétido de recores, envidias y desidias. Quizás no sea el momento.

La concentración se inhibe para dar paso a la locura, que se planta en todas las esquinas que nada tienen que ver con el objetivo central de nuestra esencia. Pero a ratos vuelve, como quién sabe que tan sólo aquí se abonará esta tierra en la que sembramos hace tiempo nuestro porvenir. No olvidemos… ¿qué objetivo? ¿Qué sentido tiene? Anda, vuelve, aterriza una vez más. Enfoca tu espíritu con la pulsión última de crear un espacio dual en el que encontraré lo que intuí un día que sería el puerto al que llegar.

Los pensamientos reflexivos me nublan la consciencia con la ilusión de alcanzar el objeto exacto que buscaba en una metáfora impecable que no deja lugar a esa única esencia desnuda y poderosa que ilumina todo en este punto. Es un espacio al que se accede con la llave de quién cosecha con el tiempo a su favor aquellas preguntas que algún día debía desvelarse ante un yo futuro que no estaba ya alerta de tal periferia. Escribir sin duda ayuda a que esas derivas encuentren su sitio, en este mismo instante, pero más allá, en otros multiversos, y en otros espacios temporales que ni tan sólo nos planteamos controlar. Pero vuelve, y se revuelven con otras que a penas han visto la luz del día, y se confunden, y se funden, con renovados espíritus que se explican, por sorpresa, en el otro. La revelación de nosotros mismos en un acto reflejo que nos aproxima a otra unidad fuera de nosotros. Y todo, de pronto, se asienta en un sentido emergente.

La capacidad de análisis se reciente. De pronto no tenemos más maneras de explicar lo que tenemos enfrente. La vida. La estrategia. Nos vaciamos hace años. Y ya no queda nada. Nada tiene sentido. No hay más vueltas. No hay visión alguna. Ni misión. Ni tan sólo valores. No hay mapa. Ni análisis interno. Menos externo. Todo se perdió cuando volvimos al sitio del que pensamos que nunca debimos haber partido. Pero ya no era lo mismo. Ni había nadie ahí. La vida cambió y nosotros nos quedamos anclados en un pasado que ya a nadie interesa. Nos comió el mandado un ser inferior que no supimos espantar. Záquese. Se nos coló la sanguijuela. Nos arruinó la fiesta un colado. Yo un día pensé que sabía cómo hacer esto. De manera pragmática. Lejos de cualquier floritura futil. Pura síntesis de un proceso contrastado que estudié durante años para extraer la resina del licor más útil de cualquier gesta. Pero un día decidí no hacerlo más. Caí en el fondo del abismo. Y de ahí no me moví. No arrastré mi sombra, ni maldije mi fortuna. Abracé el infierno que las plantas de mis pies lamían. Dejé el otro mundo muy lejos, y desde abajo reconstruí mi vuelta. Mi capacidad de análisis se convirtió en un camino alejado de la luz, en la armonía en la que tan sólo yo podría concebir para volver a aportar otra perspectiva colectiva de la última emergencia necesaria de nuestro sistema complejo social. Me perdí en mi mismo. Me absorbí debajo la piel succionado por los latidos inertes de mi organos vitales. Me convertí en todo lo contrario de lo que habría definido construir, por la simple idea de asistir a lo contrario de lo que habría de ser. Al ser lo que tenía justo aquí para construir con ello algo con sustancia. Me enfermé en la reiteración de las mismas historias que me habían llevado hasta aquí, convecido obstinadamente que no tenía otra alternativa. Me convertí en un camino que se cerró todas las salidas, y me condujo al tunes del cuál todavía hoy no he conseguido salir. Porque un parto dura nueve años. No se deja atrás un paradigma contrastado con un bufido de lobo feroz. Es alrevés. Las historias que conducirán a otros paradigmas serán las que consigan afianzar literariamente la posibilidad de trascender a toda la mierda acumulada que dejamos que se enquistara en el proceso evolutivo de nuestra sociedad, mientras abrimos los canales de comunicación, y las transmisiones de radio, y el entretenimiento de masas, y le tuvimos miedo a las mismas pollardadas que nos inocularon en el esquema educativo en el que decidimos creer y crecer. No fue una elección. Ni tan sólo una democracia. Fue un simulacro perfecto. Y nos llevó a todos un proceso largo hasta llegar a darnos cuenta el sitio en el que nos encontramos con Big Brother. Y resulta que al final, las ideas que contruyen quienes somos están fermentadas con las falacias necesarias para que nos demos cuenta de su existencia, tan sólo para confirmar que preferimos estas a las que los otros, aquellos, nuestros némesis, adhieren sin pensar ni un segundo a los pilares sagrados de su liturgia: su lucha.

El sentido práctico, no se cuando, lo perdí. El surrealismo español me pareció el único proceso creativo que valía la pena rescatar de las cenizas en las que se quemaba toda la añeja tradición de una de las naciones más ancestrales y demenciales de la historia de los reinos de los cielos. Nunca antes una fogata de Sant Joan había llegado a acumular tanta mierda para quemar en una misma noche. La gente se dio cuenta de que valía la pensa que lo abandonáramos todo en este acto final de gratitud. Por la relación que el Altísimo guarda, aún hoy, con el dictador Francisco Franco, sentado a la derecha del padre, habiendo arrinconado a Jesús a su lugar: a la izquierda. El orden sacramental acaba de contruirse con un último grande de España que subió al cielo por la gracia de Dios, en un hospital que llevaba su nombre, y cuyos nobles profesionales de la salud, tuvieron a bien dejar que la providencia invadiera, una vez más, de la mano del Espíritu Santo que tan bien se siente en su capital en la tierra, Madrid, para culminar el acto más alto de la fe católica, apostólica y romana: que un español señalado por Dios Padre acuidiera a su presencia en la asunción del espíritu, y cuerpo, del caudillo. Fue días después. Ya en el valle, uniendo para siempre, la grandeza de España con la comunión del Caudillo con Dios Padre, a su derecha, por los siglos de los siglos…

La objetividad me fue erosionada con tan elocuentes velos por doquier. Fui víctima de la alteración de la consciencia por vías voluntarias, forzosas y perentorias. Me obligué a comulgar con las antípodas de mis posturas. Sentí la necesidad de transitar al otro lado de la luz. Y llegué a fundirme en el infierno con lo que quedaba de Satanás, que tuvo paciencia conmigo. Y despúes, de la mano de Jesús, conspiré por construir una alternativa a la que un hijo usurpador había venido a construir con falsos testimonios que nublaron la consciencia de mi padre, quien, en medio de la demencia que sufría, suplantó el sitio que tenía mi hermanillo en las cortes que adornaban la eternidad de los cielos. Dios Padre había adoptado a un hijo facha, aunque a él no le gustaba asignarnos etiquetas los unos a los otros, a pesar de que el nuevo se atrevió de llamar a Jesús… rojo. Y ahí no le pareció tan granve a Dios Padre. Como si la eternidad no fuera suficiente, ahora debemos aguntar al hijo usurpador facha, y a un Dios Padre que le ha comprado toda la basura de mentiras con las que papá finalmente ha perdido el curso de lo que significa realmente la comedia humana. Jesús y yo lo hablamos muchas veces: Él no lo entiende: no es humano. Nosotros sí. Conocemos a los Franciscos Francos de nuestros tiempos. Los hemos visto mil veces en los lugares más cotidianos de nuestra surrealidad española. Nos los metieron hasta en la sopa y ahora lo hemos visto claro. Nuestra simple presencia les ofuzca. Nos quieren en la cuneta. Los rojos se borraron de la faz de la tierra, porque a sus ojos, Franco los desterró. Somos lo Caines que una vez más Dios Padre ha asumido que no merecemos ser parte de su rebaño. Hasta aquí llegamos, Papá. No hace falta que lo volvamos a debatir en la cena de navidad. Ya sabemos que le has tocado su cojón sagrado a tu nuevo hijo predilecto. Nosotros ya no tenemos nada más que hacer aquí. Por eso volvemos a la Tierra. Allá a dónde tú no has vuelto. Fuimos nosotros, Papá. Te lo recuerdo. Y es nuestra humanidad, esa mitad, la que tú nunca podrás palpar. Tú no eres como Zeus. Con Él me entiendo mejor. Tú no puedes alcanzar las contradicciones de nuestra construcción social, por más que tu omnipresencia te lleve a dictarle los textos a los escritores de derechas que aún quedan en el sector editorial español. Oh, Papá… ya no me importa que nos hayas abandonado. Al final, no te tengo ningún tipo de resentimiento. Pura gratitud. Y eterno retorno. Porque un día te darás cuenta que él hijo predilecto al que ahora atiendes con tesón, no es más que aquél becerro de oro, convertido en toro Osborne, con un par de cojones. O quizás, por un destino sagrado de su providencia, con uno sólo, por la fijación inmaculada que su piedad le llevó a cargar con esa cruz para levantar el reino de tu santificada y endiosada unidad del reino de los cielos: España. Si un día me extrañas, me encontrarás con el resto de las divinidades fusionadas en la risa eterna con la idea que nos alienó: que eras tú el único.

La disciplina se desmuestra en los entrenamientos. Se juega como se entrena—dice un tribunero. Ni puta idea. A esta gente no se les puede permitir seguir mandando como si de ellos fuera el coto de caza. Su cinismo es inmortal. Y no tiene fronteras. Me ofrezco como ofrenda a los dioses de la pirámide. Si con esto salimos del atolladero, me doy por bien servido. Prometo someterme a un escrutinio del desempeño de mi obra. Y mis resultados hablarán por mi. Usaré el mismo racero con el que medimos a los demás, y servirá, para que nosotros mismos nos demos cuenta de qué manera somos parte de la reconstrucción de un mundo nuevo: un mundo NEW. New Barcino.


Mi psique se desdobló. No tuve manera de detenerla. Tomó las riendas y se desbocó. No la culpo. Todo lo contrario. A partir de hoy, estamos más unidas. Es más, estamos más unidas con Cristo… para siempre.

Se escuchan las risas del resto de los Dioses. De todos los tiempos. De todas las latitudes. De todas las culturas. De todas las presentes…

ALLS

El freno de mano

De pronto todo se paró. Y nos quedamos inmóviles pensando que quizás esto podría alterar aquello que nuestro planeta sufría. Como si la pausa por un virus que nos mataba nos iba a dar la posibilidad de luchar conjuntamente contra las lacras que marginan nuestras posibilidades por un mundo más igualitario y justo. Quizás desde la desigualdad nos vemos destinados a perpetuar las diferencias que nos marcan al nacer. O no. Siempre podemos caer un poco más. Y revertir, para mal, el privilegio que nos fue dado. El despedicio de los talentos.

¿Qué habría pasado si Jesús no hubiera hecho caso a su llamado? Un Jesús indolente, todo poderoso, por su mitad sagrada, asumiendose al 99% como humano. Y en esa decisión, deja de lado la responsabilidad que le fue otorgada por la voluntad omnipresente de Dios Padre de reconstituir su reino. Jesús, como hasta entonces, sigue con sus parábolas mentales, y en cambio, no las externaliza. Todavía no es momento. Barrabás sigue en la cárcel. Poncio Pilato tiene cede el poder al siguiente regente romano, y la vida en Judea sigue judía y sin mutar. No hay católicos a los que perseguir. ¿Qué es un católico? Los pescadores Pedro, Judas, blablabla,… siguen con su vida de pecadores. Sus redes siguen trayendo sardinas para las fiestas de San Juan. ¿Quién es Juan? Pablo, sin que Jesús haya mencionado ninguno de los hechos de los apóstoles, comienza a hablar con Dios Padre, directamente, y Dios Padre le cuenta la insubordinación de su hijo, que no ha hecho nada. La impaciencia de Dios Padre es tal que le ofrece el trabajito a Pablo. Y este, actúa en consecuencia. Pablo se convierte, por así decirlo, en el siguiente profeta, pero está vez, es reconocido por San Juan Bautista, que le valida ante las multitudes, para empezar a crear el reino de Dios en la tierra. Se activa el plan B.

Pablo no recluta a los mismos discipulos. De hecho los que estaban a ser llamados por Jesús no tienen el más mínimo interés en las palabras de Pablo. Las escrituras se escribirán sobre otro montaje. Otras parábolas distintas son dictadas por la gracia divina a las redes neuronales de Pablo, que esta vez decide escribirlas él mismo, en unas cartas que envía a otros pueblos. En sus charlas con la muchedumbre saca sus manuscritos y les interpela directamente. Son discursos políticos y fundacionales. Nace la iglesia de Pablo.

La vagancia de Jesús le pasa factura. La revolución que debía provocar, de pronto, está en curso, pero no gracias a él. Su depresión es mayúscula. Su padre, José, no tiene manera de ayudarlo. Y María… pobre. Segura de que le habían anunciado otra cosa, no acaba de ver claro qué será de la vida de su único Hijo. Jesús escribe libretas en las que interpreta los sueños, o más bien pesadillas, que sufre cada noche. Durante cuarenta noches es masacrado por el demonio para pincharlo por su incapacidad para hacerle frente. Lucifer ha ganado la batalla, y tan es así, que ahora se retira a lidiar la batalla que verdaderamente importa: en frente de San Pablo. El apoyo de Dios Padre a Pablo acabó de doblegar la confianza de Jesús en sí mismo.

Una noche en el monte más cercano de se casa, triste y sólo, el viejo Jesús suspiró por última vez: ¿por qué me has abandonado?

This shit is rigged

Antípodas y dualidad

Somehow everything is designed to fuck up. There is no meeting in the middle. We are doomed already. It’s just our way of doing things. We are already polarized to the extreme of our own self fullfilment. You doubt a little bit. Just to have some sort of assertion of our internal capability of recognizing our own flaws. But barely. Like it’s no big deal. We’ve got the whole thing pretty much figured out. Since the sixties. We are still on. And them, still off.

People will come to some senses when they feel what they still fail to feel. Open your eyes. Like I do. Look at me. I’m doing the tango. And that’s what’s on steak. And we’ve come to this point in history where the people need to follow through the rabbit hole. And become on with the ultimate revolution. As there is no other chance. We nearly blue it last time. Just like the time before. And the one before that. It was safer to stay within the box. But now you are all like thinking outside the box is the big shit. So everybody is out of their own damn box. And nobody in it. That shit is crooked.

I am telling you. Don’t follow me. Disregard everything I say. It might be just the contrary. Exactly the opposite. The funny thing is: there’s always people on the antipodes. And that’s the real deal. That’s what this fucking pendulum has to offer to your sorry ass, right now. A place to start swinging. From now on, you’ll just repeat. Like you’ve always done. You always do the same old shit, so that’s not going to be a problem. Even if you’ve just become a runner. Trust me. You’ll follow the road. And fullfilment, as failure, await you on either side. Do not fear. As everything will unfold. At any given point.

It’s really just an adquiered taste. To dissagree. And go on. To just pick a side. And go on hating the nemesis. It’s how simple we are. How much wiring there is in our neural networks. There’s no space for new estates of nature, unless we force the machine to completely stage a new set of parameters. That’s the idea. And you can start by labeling a new set of words, or better yet, a brand new alphabet. One that can be translated in a diferent dimension, with diferent sets of outcomes. Maybe multiversely. Just to go against our stupid obsesion with unique answers. We are just too dumb to see it, but eventually, we’ll get there.

Today is your lucky day: you get a chance to explore this other language.

En medio de la pandemia

La sensación global se armoniza en torno a un evento disruptivo que nos ha cambiado para siempre: la pandemia. No podemos escapar de ella por más que mucho insensatos sientan la necesidad de cuestionar la autoridad sanitaria por creerla parte de un bulo mastodóntico para instaurar la conspiración final. Evidentemente la conspiración final siempre atenta sobre nosotros. Sobre el que teme. Sobre uno mismo viéndose aplastado por los ministros del a conspiración. Y esto, así en abstracto, aplica para cualquier estructura de poder que en estos momentos esté en funcionamiento. Por lo tanto, es un arma que desde la masa manipulable y sensible, algunos incautos encuentran fácilmente utilizable para establecer la agenda del apocalipsis.

No es algo nuevo. La paranoía siempre está presente, especialmente cuando algunos poderes que antes merodeaban por debajo de la estructura social como una especie de underground oscuro de los intereses estratégicos de los organismos de control de la seguridad de cada estado, y de las entidades globales. Es decir, la era de los espías de postguerra, entreguerras, o en tiempos de los zares, o revolucionarios, si prefieren, para tener las dos perspectivas, los dos polos opuestos, el poder arriba en manos de los de siempre, y el oscuro poder de los comunistas una vez llegaron al poder. La historia tal y como la conocemos hoy en día nos pone a los comunistas como los perdedores, justo a partir de la caída del muro de Berlín. El imperio contendiente colapsó. Y el capitalismo de occidente ganó la batalla global. Desde entonces, el contrapeso se difuminó. Pensamos que todos éramos felices y plenos. Que habían llegado los tiempos de las vacas gordas. Y no fue del todo así.

El capitalismo, o más bien, su principal impulsor y contendiente en la pirámide mundial, los Estados Unidos, marcó la pauta de los años en los que el capitalismo nos llegó a todos en todas las esquinas del planeta. De pronto todos vimos en su entretenimiento, en sus productos, en su estilo de vida, el nuestro. Todos quisimos tener un sueño americano. Y de alguna manera, algo globalizó nuestra consciencia. No es del todo malo. Algo común tenemos como humanidad, pero en el paquete en el que se nos vendió este progreso, nos encontramos rápidamente consumidores de un producto mundial: el marketing. Y debajo, un sistema económico que nos prometió que tras la apertura de todos los mercados la mano invisible lo pondría todo en su lugar. Y aquí estamos. Con todo en el lugar que le dio la gana a nuestro sistema.

Han pasado cosas en medio de todo esto. Cosas grandes. Como las torres gemelas; o su ausencia. Todos recordamos ese momento y también al comander in chief. Y también los análisis de inteligencia que un Colin Powell presentó en un power point en el que se nos enseñaba las pruebas. Actos de fe que creyeron como amenzas reales los presidentes de tres países más. Y entonces cuatro países fueron a la guerra contra el terror. Épico. Y se hicieron una foto. A uno de ellos no le gustó el lugar que tendría en la foto, así que le pidió al único país, de los cuatro, al que podía menospreciar, que se hiciera a un lado. Es el momento de los señores, muchacho. Y el muchacho se corrió. Y la foto nos dejó el nuevo talante de un mundo que se precipitaba hacia un abismo al que todavía hoy no le hemos encontrado el fondo.

Símbolos. Imágenes. Todo había cambiado. Desde la caída del muro, las imágenes nos llegaron en directo. Pero las torres fueron más dramáticas. Y lo vimos todos. El mundo había cambiado para siempre. El shock nos fue inoculado con ese imagen para siempre. Nunca más lo olvidaríamos. Algo primario permitió que el mundo entero dejara a estos cuatro hombres liderar, pese a las protestas de muchos de sus ciudadanos, a ir a una guerra fuera de lo establecido a partir del acuerdo colectivo que nos propusimos en el marco de las Naciones Unidas. Algo había saltado. Las reglas. El acuerdo. El sistema. Un mal menor/mayor.

La cultura de la guerra se impuso sobre lo demás. Sobre todo. Todoso debimos observar como los señores de la guerra, esta vez por su cuenta, se alineaban en torno a un enemigo común, algo difuso, y sobre todo reemplazable, de tal manera que fuimos testigos de su evolución, sus resultados y sus incongruencias. Pese a todo, seguimos bajo ese sistema que nos avisa ahora de más y mayores riesgos. Riesgos a combatir con el ejercito, inclusive si lo que tenemos es una crisis de salud pública. Porque siempre hay personas a las que contener. Y el ejercito, o la militarización de la policia, está ahí para utilizar los recursos que les hemos dado para garantizar la hegemonía de la violencia. O de las armas. O del control. O del pánico. O todas juntas. En ese ente al servicio del poder. Y el dinero que genera. Ese revulsivo económico que inyecta optimismo en los mercados. Una vez entra por los conductos de reciclaje de sus aires de progreso.

Corporate finance. El mundo del dinero sabe que todo es momentaneo. Y que las cosas cambian de repente. Y si el mundo se para y toma otra dirección, habrá que estar atentos. Y mientras tanto los que tienen las armas ¿qué haran?. Sacarlas. Usarlas. Luchar por su superviviencia. Y entonces tendremos guerra. Guerra a guerra. El círculo virtuoso del cinismo armamentístico en el que vivimos.

Brotherhoods of fighters. Ellos se saben en control de los ejercitos. Al comando de los de arriba. A quienes les susurran posiciones. El hombre del dinero y el hombre militar tienen un mismo código: ganar más. Y seguir. A toda costa. Y todo crisis es oportunidad. Y porvenir. Dios está con nosotros. Y con tu espíritu.

Sin duda los cuatro de la foto (¿o eran tres?) se sabían en la cima del mundo. Independientemente de la ONU. Que les den a los demás. Vamos a salvar el puto mundo, oigan. ¿Qué no lo ven? Cowboys. Boys be boys.

Corbatas azules sí; roja no.

Los tres de la foto dejaron al anfitrión fuera de la fiesta. Así son de chulos. O quizás fueron sus medios. Independientes. En sus países creyeron innecesario sumar a dueño de la pelota. Porque tres queda mejor que cuatro. O por lo que sea. Algo en ese gesto de exclusión quedó reconocido en el ímpetu del macho bravo que se come el mundo con su aliento a cigarro y alcohol. No hemos venido a hacer amigos, amigo—le dijo el único con bigote al anfitrión de la isla. La historia necesita tan solo tres. Ya se sabe. Como estos héroes que lucharon por «nuestra» libertad—el hombre del bigote dudó entonces, al no estar seguro que fuera del todo cierta su constantación.

Ellos se vieron así:

En el centro, el americano, a un lado el caballero inglés (estos días recordado por sus proclamas esclavistas) y del otro lado, el del bigote. Los tres tenores de la foto moderna tenían su alegoría del pasado.

Quedar fuera de juego

En la sociedad llegas a un punto en el que, tal y como está montado el juego, tu posición te deja a las afueras de la normalidad, excluido. Quizás vivir en la periferia de las reglas establecidas conlleve una doble racionalidad: empujar las fronteras más allá de donde está estipulado el campo de juego, y verificar las andanzas de los que deciden transgredir las reglas: para bien y para mal.

El hecho en sí no debería ser causante de la anulación de nuestra entidad como ciudadanos dentro de un marco legal que asumimos como común. De alguna manera asumimos que el juego limpio es la condición que se establece para que todos podamos participar en las mismas condiciones. Pero resulta que no es así. No es así del todo. Porque el terreno está inclinado y algunos tienen más tracción para ir cuesta arriba, pero lo peor, es que algunos sólo tienen que correr cuesta abajo, y anotar en la portería sur. El equipo de los «Sísifos» continuamente deben pillar su esférica y trasladarla, cual salmón, a contracorriente. Y encima el árbitro, marca las faltas que le apetece ver, ya que de alguna manera los colegiados tienen más afiliación a los que más beneficios otorgan en el lado negro de la sociedad.

Por lo tanto, ¿qué salida podríamos dibujar para un esquema como este? Sin duda, nos han pintado la necesidad de ser una sociedad de mentes puras, ya que los némesis se encuentran en el otro lado de la balanza, dando por el culo. Y puede que sea así. Dar por el culo es un ejercicio de patriotismo, sobre todo, español. No se puede ser sin dar por el culo. Es ontológico. Los españoles continuamente estamos removiendo el foco de nuestra ontología, porque somos culos inquietos, además de gilipollas.

Este tipo de afirmaciones quedarían muy mal si vinieran de un «no español». No es mi caso. Soy español, español, español. Mi pasaporte lo constata. Pero no se flagelen, todavía, que esto apenas comienza. Si les urge darme por el culo, apuntaros a la lista de sodomías y gomorradas por venir, que os aseguro que encontraréis que los 99€ de tarifa plana están más que amortizados. Si es que las mentes infinitesimales tienen un debilidad por el cuerpo sagrado de la imagen consagrada en el espejo. Selfie.

No quedan ya títeres con cabeza en este país. Pero no es momento del desánimo ni el desasosiego. Haremos con nuestros cuerpos inertes lo mismo que en su día hicimos para asumir nuestra transición como pueblo a la antesala de los marcados por la providencia para restituir el orden sagrado de humanidad sin culpa, gloria, o purgatorio.

Un viejo ángel de la guarda que tuvo relación con el ángel caído, siendo buen amigo, supo que había una especie de injusticia en el juicio de Dios Padre. Algo similar, le pareció al mismo Ángel, la mala prensa que se le ha dado a Judas «el elegido» cuando estaba dentro de su papel, acercar a Jesús a la gloria de Dios Padre, por los siglos de los siglos. ALLS.

La muerte del futbol

Si el juego tuviera fecha de caducidad quizás al tercer día renacería. No sabemos si el futbol… sí sabemos. El futbol es la nueva religión. No hay nada más grande a nivel global que lo que mueve el futbol como deporte: juego, entretenimiento, afición y negocio. El bucle está demasiado montado como para que venga ahora… un virus, y lo desmonté. No señor, dijo un caballero.

«El futbol es un juego de hombres.» Esta frase se lleva diciendo toda la vida. Hay dos implicaciones en la misma. Una voluntaria y la otra «no tanto». La connotación más honesta tiene que ver con la singularidad de un deporte de contacto en el que en un momento determinado hay que meter la pierna con fuerza. La otra, la «involuntaria» es la acepción de que el futbol sólo existe para ser jugado por hombres. El futbol «de verdad». Ese tufo machista heteropatriarcal en el que hemos sido criados. Casi todos.

¿Cómo? Otra que viene a intentar manchar al futbol con una retórica feminista, dirá nadie. Todos sabemos que es así. Y lo peor: en los vestuarios masculinos se habla de una determinada manera que crea un gregarismo muy antiguo de nuestra biología: hombres hablando de sexo y mujeres. No siempre de manera poética. Ni siquiera elocuente. Es una realidad de nuestro modelo social en crisis. Algunos querrán que no se sepa lo que ahí se dice. O que no se les exponga. Pierde la gracia. Si todos reímos… sigue la fiesta.

Y la cosa queda ahí. Las mujeres saben de lo que hablamos. Ellas mismas deben lidiar con cada uno de esos pequeños machos que habitan en la cabeza del tipo que tienen delante, intentando ligar. El hombre entonces se torna frágil. O subnormal. O lo Weinstein. Pero puede ser mucho peor. Manadesco. Lo fácil es violar. El cuerpo de otra que quiere ser violada por todos los colegas. Un pensamiento que recorre la cabeza de varios subnormales a la vez.

El subnormal machista no se ve a sí mismo así. En su historia familiar todos los hombres de verdad han sido, de alguna manera, violadores. Los momentos de afirmar el machismo en la sociedad colonizadora queda pantente en casi cualquier rincón del mundo desde dónde decidamos estirar de este hilo. Lo digo por intuición. Como si los turistas que van a Bangkok no vinieran de Europa. O de cualquier otro lugar del mundo. El abandono del macho alfa en su decadencia final. Los machos mayores en su clarividencia sin castigo. Violar porque se puede. El negocio está montado. Y uno, capitalista, es tan sólo un consumidor. Con dinero baila el «perro».

Lo cierto es que el inframundo sigue su curso. Y las vidas que se lleva por delante son extraídas de su sueño americano. Los ascensores sociales no bajan hasta estos niveles del lumpen. Y el monstruo de la violencia, escencialmente contra la mujer, no para ahí. La violencia que nos pega a todas. En ese todas estamos todos. Todas>todos. No sé si se entiende. Hay quién se ve afectado por el desdoblamiento de la lengua. Lo considera un acto que corrompe la sagrada lengua española. En realidad esta es muy flexible. Y sería capaz de asumir un giro copernicano. Un salto cámbrico. No importa lo importante que resulte la resistencia. La emergencia se hace su camino. Incluso ante los pilares de la sociedad más solemnes.

La violencia nos pega a todos. Se cuentan más muertos hombres. Las armas matan. ¿Por qué armas? ¿Por qué tantas? ¿Por qué guerras? El comercio de armas mantiene vivo el proceso de impás. La reconstrucción social que viene de la mano de nuestra retórica de la instauración de la democracia. La libertad siempre está en boca de toda guerra. Tiempos mejores. Sólo deje que esta guerra lo solucione. Y siempre hay otra más.

En tiempos de coronavirus… ¿qué guerra sigue en pie? ¿Quiénes no renuncian a su inversión? ¿Cuáles son los boletos que se juegan en la siguiente rifa a la que queremos asistir con un proyecto ganador?

El futbol y la guerra. El futbol y la iglesia. El futbol y la lengua. El futbol y la democracia. El futbol y el arte. Quizás estas cosas no se mezclan. No mezcles, te dicen. Están intentando manchar nuestra diversión con tus alegatos fuera de lugar. La situación no es la que dices. Nuestra sociedad está en otro punto. En otra retórica. Mucho más pura. Mucho más sutil. Estás enmierdando la paella. ¿Quién invitó a hijo de la gran puta que se está meando en el ponche?

Agriar la fiesta no ha sido bien visto. Si la gente se lo pasa bien, no es bienvenido un aguafiestas. Tiene que ver con la sintonía. Y con la capacidad para el debate. Incluso borrachos. Buscapleitos. Verdaderos especialistas. No siempre opacos y perversos. Las mentes más clarividentes son aquellas capaces de saber cuándo ejercer su línea argumental. Depende de la situación y de la necesidad de ese histrionismo. Un descaro no apto para tibiezas. Ya en este punto se ha levantado una muralla. Y la gente se posiciona con uno u otra contendiente. No va de géneros. Ni de clases sociales. Quizás sí de subnormales. Y de un justiciero insolente dispuesto a jugarse la noche por ese momento ineludible. ¡Vamos!

Lo siguiente es un careo entre dos corrientes filosóficas. Dos maneras contrapuestas de ver la vida. Dos fuerzas que se repelen. Electromagnética. Es un tema físico. Pero mejor aún: es un tema oral. Una disputa de caracter figurado. Cada argumento tiene su razón de ser y su contrargumentación. La velocidad es vital para mantener al oponente en ralla. Es un acto de vandalismo a cara descubierta a los pilares de la doctrina del némesis. Lo más parecido a una de esas cosas que hacen los raperos frente a un público frenético que aupa la contienda. Es cultura de la calle. Pero esta vez, en círculos de poder más bien tradicionales. Bares, discotecas, salones de clase.

La vida está en esos debates. Y en la manera de posicionarnos ante dos opciones antagónicas. Como ha sido siempre. Bien/mal. Cielo/Infierno. Derecha/Izquierda. Arriba/abajo. Rico/pobre. Justo/injusto. Legal/ilegal. Público/privado. Comunista/capitalista.

Quizás con esas dualidades tengamos sufiente campo de acción para dibujar todas nuestras afiliaciones. Y no importa cuál elijamos. Nos encontraremos compartimentados en medio de decisiones contradictorias de impulso básicos que no sabremos expresar. Pero en medio de la masa, la nuestra, seremos un canto único a la figuración colectiva de los monjes tiresianos.

Ya nos quedan más ojos.

Ni modo.

La confesión del padrecito de Comala

Finalmente nos encontramos, Pedro Páramo. Me había estado esperando toda la vida. El libro estaba ahí. Juan Rulfo no tiene prisa. Ni yo tampoco. De ahí que no nos hayamos dirigido palabras agrias para redondear nuestra indiferencia mutua. Pero yo sabía que tenía algo pendiente. Que ahí había algo para mí. Y no me equivoqué.

Leyendo una edición de Seix Barral de Obras Maestras de la literatura Contemporánea, de tapa dura, no me atrevo a escribir en sus entrañas. Ni siquiera a doblar sus páginas. Tengo una especie de pudor al leer por primera vez a Rulfo. Y al objeto en sí. Tan bien parido, con esas páginas amarillentas que parecen uno de esos libros de una biblioteca de abogado, que nunca se han leído. O lo contrario, un libro de una bilblioteca pública, novecientas noventa y nueve veces leído. Como una personalidad tan fuerte que su aura impide que nadie se atreva a alterara esa fuerza.

«Todo esto que sucede es por mi culpa -se dijo-. El temor de ofender a quienes me sostienen. Porque ésta es la verdad; ellos me dan mi mantenimiento. De los pobres no consigo nada; las oraciones no llenan el estómago. Así ha sido hasta ahora. Y éstas son las consecuencias. Mi culpa. He traicionado a aquellos que me quieren y que me han dado su fe y me buscan para que yo inteceda por ellos para con Dios. ¿Pero qué han logrado con su fe? ¿La ganancia del cielo? ¿O la purificación de sus almas? Y para qué purifican su alma, si en el último momento… Todavía tengo tengo frente a mis ojos la mira de María Dyada, que vino a pedirme que salvara a su hermana Eduviges:»

Padre Rentería, Pedro Paramo. Juan Rulfo.

No le dio la gana abrirle la puerta a Eduviges por suicida. Todos sus activos se caen. Él, hombre, intermediario de las personas de fe y Dios Padre, dice no. No le perdono ese pecado. El Señor tampoco lo haría. Todo viene a cuenta de la carga moral que lleva encima el padre por haberle concedido la bendición al muerto que violó a su sobrina. No es poca cosa. Se trataba de un reconocido hijo de la chingada, al parecer. Y además le tocaba cerca. Entonces hace lo que hacen muchos padres: dudar de la víctima. Más aún, si se trata de alguien de los que pagan su diezmo. Los pobres no pagan. Son fieles, eso sí. Pero no tienen mucho que dar a la iglesia. Que a su vez, les da lo que puede. Dentro del margen humano de la institución.

Los votos dan un estatus. Hablar con Dios directamente es cosa de los que estudian para ello. Y se preparan para el ministerio del evangelio. Se convierten en los que llevan la palabra de Dios. Y lo repiten al final de cada lectura: palabra de Dios. El libro, la Biblia, está en el centro. Un libro que perdura en el tiempo. Pero también perduran los libros de filosofía griega. Esfuerzos manuales previso a Guttemberg, que industrializa el libro. Antes, pergaminos y códices nos definen las culturas de otras geografías. Otras perspectivas. Más allá de lo divino. Lo social de aquellas sociedades queda relegado a la retórica de las colonizaciones. La cultura superior que aplasta a la inferior. Como si no hubiera habido sincretismo alguno. Si las montañas son lo sagrado, vestimos a la montaña de virgen, y listo. Contamos la historia en retablos. Y las metáforas que interesen de la Biblia se plasman a partir del arte. Los pueblos iniciados, entonces, entran en el camino de la salvación. ¿Qué salvación?

Volvemos a explicar nuestra historia. Ahora con un contexto que incluya el resto de las opiniones. Una vez que te embarcas en nuestro camino, el resto ya no interesan. Todas las religiones exigen exclusividad. Y eso les hace competir por la fe, más allá de los cimientos culturales que hay han ganado con el paso de los siglos. Especialmente las cuatro grandes: cristianismo, judaismo, islam y budismo.

Pensé lo siguiente: necesito una tarta de religiones para visualizar los estados de la naturaleza en términos de creencias globales. Religiones, si adoptamos el calificativo bajo el cual muchas personas deciden definirse como parte de ese colectivo antes de una especie humana mucho más grande, plural y libre, por encima del espacio de a quién creer o no. Creer o no es la diferencia entre un religioso y un ateo. Y puedes tener a dos tipos muy apegados a su perspectiva, lanzando las mejores hipótesis que cada uno de los grupo de interés ha fabricado para sí: para su pespectiva. Únicamente eso importa. El enemigo, señoras, está presente.

Dijo señoras, ¿viste?

El juicio social.

Ya estamos aquí.

Ustedes me van a juzgar a mi.

A mi corresponsabilidad con todo este desmadre.

A quién colgar la letra A roja.

The Scarlett Letter. You know what I mean. Really, we all read the same authors before we leave school. Nobody teaches us to real properly. Until we ramdombly approach the powerful edge of books. More than one. A bible readers reads one book. Not even that often. He/she rather wait for it to come as a surprise on Sunday at noon, to meet the sun. Catholic young boys, in their all boys schools, go to church to actually get to meet a chic, other than her sister. The problem comes with the ones who don’t have sisters. Seriously: this is not profiling. Nor charging the weight on all machos on the shoulders of these few all male childhood experience. Seriously: it’s all here. It’s this way. And I don’t plan to take a step back from my current position, which in fact allows your way of looking at it, which may still be forever the same perspective that you already hold dearest. The thruth. Your own personal truth. Why not you be God? You be HIM?

Only one of these selected group of machos will actually get the grace to be named oficially by the authorities of our assembly to bow upon you the glory of the Almighty Father, as Father shall rule over other possibilities like Mothers taking over. Shouldn’t they? Don’t they already? Oh, God: I’m all confused………

I am only fucking with your mind. You’ll excuse my body belongs to no one, but me. As I am the true bearer of my will, in continuos search for affirmation. Best case scenario I’m at this point affirmatively as I am, there, in the mighty NEW truth, the power of a wonderful place never before been told, as the scripture of a futuristic collective goal to fall into. A thing that comes from the acceptance of one’s incompleteness completenessness. Is a that a thing? Really? I don’t know anymore.

I never closed the door. Only nobody came. I told you it was gone. The world as we knew it. Way back when. It all started by being forced into a group of insolent readers of Friederich Nietzsche with a university teacher some of them already worshiped. Look at what this guy has read. And then you start to read. And play the game. Like a true poet. A true voice. A reader. Oh, man. That’s it. To read: firsth NEW right.

Obligation book culture. We must teach our children to have the level of servitude needed for my business endevours. To be good factory workers. A look inside the Brexit space to evaluate their last 9 months of personal circumstances. We are antagonist of colonial global model. We ought this one talk out loud. Gather around your nine nine team. Behold a public debate like this NEW world has ever seen.

Rules: pick your nine boys and girls to represents your smartest answer to the NEW Commons deal. A deal I’m pushing through in literaure nonesense.

I am a true artcraftman. That’s as much as I am going to plead guilty of. The rest you can come find me at my home. As you know where I live: in Dante Alighieri. Literally.

Ever since I move into Dante my literature has matured. I am a NEW person. I have been transformed already. Do not be afraid. You too can bear this passage. Only, I am here this time to tell you how it went. Nine years ago.

It’s a like of course. It happen in the year 9. That much is true. We can help it. It’s the numerical logic of our time. As a demographic population pyramyd. What else do you need? What else do you want? I am one of those trying to help. I can bring this world to a END. This is the end. And also the beginning.

Are we ready for that?

I believe we are. It’s all in the search. It’s all in the details. It’s all in making sure you can try to reach the sun, like Icarus did.

You get it, right?

Always unsure.

That way feels right.

You doubt your own luck.

You doubt your own priviledge.

You question your happiness.

You dance with lonelyness.

You tickle with death.

You doubt your chances of scoring tonight.

You digg into altered states of consciousness.

Like this.

You allow yourself the passage to the other end.

Welcome.

You notice you don’t feel the discompfort.

This shit ain’t real.

It’s been spinning in my head.

I was keep it locked in.

Purposely.

As if waiting has it’s odds.

And so it’s time to cash in.

Long term investment pays off.

That’s what I please myself to plan for.

I sets me off away from this shit.

Together, this status quo couldn’t be any lamer.

We’ve reached the highest point in the graph.

We are back to demographics.

And I feel the responsability to come back.

So my actuarialart Hipocrates Nietzschean pledge forced me into action: become your superlative being to pursuit the ultimate global NEW system. And design think, whatever that is (by way fuck you all who represent the last trend in your business school teacher theory: chasing a Golman nine dimensions away. So there. I said it. This is it. This is my shit. If you like your stupid series, from whichever outlet you get from, go back to that page. I’ll only keep you glueded to my NEW webpage: double you doblu you dobliu dot golman dot net. Fuck com. FUCKOM.

A NEW city. FUCKOM. The place they went.

At the other edge of duality, you are way the fuck away from them fools.

Duality is dearest. Religion takes a hike.

Science rules. The minds of the collective free souls. We are gathered here today to aknowledge the edge of multiversial minds all linked into a single beat: ALLS………

LLÉGALE A LA VERGA

¿Qué pasó, cabrón? No actues. Ya nos conocemos. Nos surramos la madre. Por varias razones justificadas todas. Me cagas, cabrón. Y me encanta decírtelo. Pero en realidad no me interesas tantito. Ni tantito, pues. Para que entiendas. Te lo repito. Te voy a tratar como tú tratas a los nacos.

Por deferencia. Por diferencia. Porque ambos estamos aquí para asimilar una manera de estar en la sociedad. Y esta urbanidad que tenemos en la capirucha nos da una sensación de diversidad completa con todas las opciones descabelladas de nuestro amado pueblo. En su manera de ser como somos los de aquí. Así bien… eso. El que es de aquí sabe a lo que me refiero. A las tantas maneras de expresarlo. A cómo nos sentimos cad día de nuestras fiestras populares. Cuando ocupamos el espacio público. Juntas. En armonía. Esa cosa que somos juntos. Como el barrio. Eso que compartimos al estar.

Esa cuestión de coexistir en una misma aceptación de nuestro bienestar común. Y cómo podemos llegar a saber que en ciertas cosas nunca nos vamoa a poner de acuerdo. Y que en otras, coño, tenías vosotros la puta razón. Y querría aprovechar este momento para reconoceros eso, tronco. Que la vida son dos día y no vamos a estar a estas con la que está callendo. Y tal como los cabelleros nos lo dejaron. No veas ahora cómo ordeñamos las vacas el próximo ciclo de reconstrucción. El problema fue no intentar nada el pasado. Y daís pena quienes pensáis que lo habíamos encaminado. Quizá será vuestra percepción de estar en el lado ganador de la ecuación. Los que no caistéis. A pesar de vuestra sensación de precariedad. Lo que todos hemos afrontado. Más allá de lo hayan resultado ser los políticos a los que usted en particular no podría estar más en desacuerdo, bola de subnormales.

Usted ya sabe a quién aborrece. Y ha sido ávido en intentar odiar con todas las ganas. Como un ejercicio nacional.

Hay quien leyó ejército.

Quizás en algunas ediciones salga escrita la palabra ejercito en vez de ejercicio. Pequeños trucos, o taras, para convertir en libros apócrifos la rareza a encontrar en la librería más mítica de la nueva ciudad, la que empezará el día que volvamos a ocupar su espacio público, con nuestra transformación mental el unísono. Una voz con múltiples acentos. El canto que de esta canción salga. Como un culto de lecturas interminables. Como nociones de un nuevo mundo que nos llegan en informaciones que viajan más rápido de lo que en aquél entonces lo permitía la tecnología: la escritura de cartas que viajaban en diligencias reales por barco. Como las cartas de los reyes magos que cada año le entregamos en mano al page real. De eso, los que aquí vivimos sabemos desde que somos muy pequeños: nuestra vocación a echar al mar, con la multiversalidad que nos permitimos instaurar para tener suficientes niveles de libertad para dar cabida a la serie de subnormales que se quieran posionar en el eje defensor de sociedad de la violencia y del deterioro individualista de considerar a la peña meros consumidores en el rol trascendental de nuestro modelo económico y social: llamadle democracias, occidente o estados nación. O como si queréis que nos dividamos por credo. O por club de futbol. O por estatura. O por género. O por idiomas. Para entendernos en mismo canal. Como una especie de asunción del otro. Asumiendo aprendizajes que hasta ahora no nos habiamos cruzdo por nuestro sistema de carreteras neuronales. Os voy a invadir la cabeza con choques electricos de pura surrealidad multiples veces retroalimentada. La obsenidad con la que podemos generar sobre un mismo chiste 99 versiones.

La huida hacia el chiste fácil.

El otro humor.

La risa sin gracia.

Lo elemental.

Lo que pide el pueblo.

Futbol, toros, cotilleo, puticlubs, bares, salones de baile, asociaciones, guiño guiño, política-espectáculo, peliculas mediocres con temas mal llevados que se diluyen en unas actuaciones que nos permiten pensar en otras vidas, otros humores, otro tipo de historias, cine independiente también, por darle un sitio a los creadores para venir a pescar. Sucar pa.

Aquí todas tenemos que comer.

Alguien piensa en los más necesitados.

Pero se hace lo que se puede desde la autoridad local.

Mientras el país piensa en las iniciativas de ataque para derrocar al rival.

El País también piensa que Pedro el guapo es bueno.

Y el pueblo asiste a los medios para su dosis continua de actualidad.

Esta gente nos perdió hace tiempo.

La ficción de lo que sale por la tele como realidad frente a lo que vemos que hacen los hospitales cuando tenemos el nivel más crítico de la atenció a la salud. Es el momento de regular el sistema de salud que nos rige. Y reactivar los mecanismos de prevención que la población sea capaz de entender en dichas circunstancias de excepcionalidad. Y que se entienda la cadena de mando de las organizaciones y lo que se puede y no se puede permitir en los momentos en los que se gestionan grupos grandes de profesionales en continua tensión. Por la inoperancia de los mandos de dirección. La incapacidad de tener los equipos en su sitio para atender la necesidad de la organización para estar como debe estar. Eso hay que trabajarlo con tiempo. Y con nuevas maneras de dirigirnos entre nosotras. Y lo que ha significado el trato entre médicos y enfermeras. Amos, capataces y gobernantas. El heteropatriarcado en el sector, como una realidad de la que ahora no vale la pena hablar porque debemos elogiar el titánico esfuerzo que están realizando los equipos asistenciales. Pero nos damos cuenta de la disparidad en la toma de deciones en las líneas de mando médicas, de enfermería, de ingieneria y mantenimiento, de sistemas, de recursos humanos, de economía i finanzas, de comunicación, de celadores, pobres, de auxiliares de enfermeria, de proveedores, de consultores, de farmaceúticas, y demás operadores de las redes profesionales de soporte de la sanidad pública. Esos sectores estratégicos. La provisión de servicios en mercados controlados. Los mercados locales. Oportunidades a los nuestros. Negocios de familia. Lo que sabe el diablo por viejo. Eso que domina la casa de los representates de las familias de antaño. Las cotas de poder de los grandes apellidos de la historia contemporánea de la ciudad. La historia de subditos y familias comuneras. La razón de ser de una sociedad libre de tener todos los matices de los pueblos y toda la pertenencia a la especie humana a la que se hermana mandado memes idiotas como un ejercicio que ningún filósofo, sociólogo, doctor, presentador de televisión, autora, pitonisa, cuidadora, muchacho, muchacha, chiquita, güila, mae, tronco, noi, veí, veina, noia, tia, nen, jaar, preveyó, ni mucho menos sugirió. Pero ahí fuimos, como borregos directos con vitalidad hacia el despeñadero. Porque a fin de cuentas, un día nos vamos a ir de aquí, y por qué no hoy. Y zas. LJ.