McFly vs Biff

Se trata de un tema sensible, y a la vez, de una mentada de madre. Casi todo lo que representa la sociedad se encuentra en este gesto, en estos intérpretes y en esta pequeña historia que estoy a punto de contarles. Es una historia que me toca de cerca, que involucra amigos, y que también, de alguna forma, involucra a némesis. No especialmente a un némesis personal, aunque perfectamente podría ser el caso. Lo único que tengo que asegurarles es que no existen culpables en esa historia. Ni uno. Aunque si existen agresores y agredidos. Víctimas y victimarios. Y quizás eso es lo que más nos cuesta asumir: haber sido una cosa y la otra. Algún día. Alguna vez. Sin entender del todo el daño que pudimos haber ejercido sobre alguien en el pasado. Algo que todavía se puede verbalizar 30 años después al reencontrarnos una vez más en el entorno tóxico de nuestra infancia. Y tras unos jijijís y unos jajajás, de repente, chin… vas y chingas a tu madre.

Una mentada de madre en México no es cualquier cosa. No señores. No. No en México. Es meterse con la madrecita santa, lo único más preciado que la virgencita de Guadalupe. Esto vale para cada mexicano. Especialmente si es bien macho. Aunque no sea mucho. Por ahí no. Podrían haber volado las ofensas más descarandas, la violencia más desgarradora y gratuita, la humillación más vil y montonera, si en cualquier momento de la historia, la víctima se levanta y se le ocurre mentarle la madre al victimario… verga… verga… se para el tiempo. Ahí sí no, papacito. Te pasaste de la verga. La ofensa de los victimarios es de las los problemas más inútiles de nuestra sociedad, y quizás la verdadera pandemia que nos corroe a todos por igual, en un mecanismo interno del cual no podemos desligarnos a no ser que hagamos un ejercicio especial de introspección y de asunción de su autoria.

Aunque no lo parezca esto no es una cuestión de buenos y de malos. Estamos muy ligados a una narrativa en la que existen tan sólo dos bandos y bebemos tomar partido por uno de los lados. La dicotomía de la confrontación nos lleva a escalas insospechadas de victimización de nuestra propia situación, de manera que el ofendido soy yo, como si los dedos de todas las feministas reunidas en el zócalo me estuvieran apuntando hacia mi. Y es así. Yo soy el culpable de esta historia. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por algo somos catálicos. O catélicos, para ser más inclusivo, por fin. O más bien guadalupanes.

No se me vayan a venir encima todavía. Pérenme tantito. Todavía no les acabo de contar ni la primera mordidita de la historia. O podría decir, la primera mordidita de la quesadilla, la más preciada de todas las mordidas, si acaso competida nomás con la última. Ahí también, en el tema quesadilla, podemos encontrar dos bandos muy bien definidos. Los unos y los otros. No hay historia sin dicotomía. Al menos no de confontación. Anhelamos estar de un lado de la historia para poder apuntar claramente el dardo hacia nuestro adversario. Y al darle rienda suelta a nuestro estímulo primario apretamos el gatillo. Y la bala, sin darnos cuenta, nos perfora la nuca por detrás. Como la explicación en la clase de física de bala que dipara un tipo en la cima de una montaña, y cuya velocidad y masa consiguen de alguna manera mantener la órbita para darle la vuelta al mundo y repentinamente tras dar la vuelta, zas: perfora un orificio letal en la nuca del que apretó el gatillo en la cima.

Pero de vuelta a los verdugos y a las víctimas. A los nazis y a los represaliados por el holocausto. A los fachas y la resistencia. ¿De qué lado de la historia queremos estar? Esta es la historia de nuestro mundo. Esta es la historia de nuestra actualidad. Esta es la historia de nuestra dicotómica sociedad. Y no estamos llegando a ningún sitio que no sea el origen de todas nuestras disputas: la primera línea de fuego. Solventar la disputa que tenemos pendiente con nuestro victimario. Ahora sí: qué pedo. Pues qué, o qué. No pus nada. Ah, yo decía. Sabes qué: vas y chingas a tu madre.

Se para el tiempo. Ha dicho las palabras mágicas. El tono de una mentada es la madre del cordero. Ahí se encuentra la magnitud de la ofensa. Y desata al macho que llevamos dentro. Que lo primero que está dispuesto a hacer es jugárselo todo por la afronta al honor que acaba de recibir. Debe asumir la contienda. Se levanta y monta, pecho erguido, una pose de pichón enrrabietado. La puesta en escena debe permitir que alguno de los amigos de uno y otro bando salgan a detenerlos, ante de que sea demasiado tarde. Y entonces el honor está casi resarcido. Ha habido contestación. La tensión se ha disipado. El honor ha vuelto a su curso. Todos somos testigos. Y la cosa vuelve a la cotidiana violencia que asumimos como normal.

El cuerpo no dice que algo no está bien. Algo se torció en ese últimos gesto de valentía masculina. La toxicidad del heteropatriarcado está en una mentada de madre. Y la manera de resolverlo no nos queda del todo clara. Los amigos que saltan son una barrera de contención para que no se toque a los nuestros. El otro debe saber que su afrenta nos ha dolido a todos. Y por tanto montamos un guardia pretoriana que rodea al que tiene cobertura. Se escucha la música de Enio Morricone.

Todo esto ocurrió en un chat del grupo de mi escuela primaria de una escuela de Coyoacán, el Héroes de la Libertad. El grupo se montó a raíz de la pandemia, gracias a un recuerdo entre dos excompañeros. De pronto, al cabo de unos días, estábamos conectados todos de nuevo. Y se dieron varios intercambios que nos permitieron ponernos al día de lo que había sido nuestra vida. Y todos volvimos a la infancia. Algunas heridas habían sido sanadas de la manera más respetuosa. Se habían desvelado secretos de infancia. Viejos reconres. Todo se había sabido llevar de la manera más políticamente correcta.

Éramos unos 70 excompañeros. Resistiendo. Acompañándonos. Hasta que se invitó a Mario a entrar. Mejor así. Vamos a poner los nombres de nuestros personajes. O quizás deberíamos usar sus alias. Mario McFly y Biff Santos. Así no entramos en descalificaciones o apodos que puedan desviar el tono de nuestra historia. Pero quizás justo por no venir cuento, ese sea el sitio por que voy a comenzar. El verdadero apellido de Mario McFly no es McFly, de hecho es un apellido que rima con quesadilla. Y el segundo apellido también rima con quesadilla, porque es el mismo. Eso puede marcar la infancia de cualquier infante en una urbanidad mexicana acostumbrada a la carilla. Verso sin esfuerzo.

La carrilla a la quesadilla por la peculiar rima de sus apellidos fue centro de no pocas inspiraciones poéticas en los años en los que en las clases de español te enseñan la lengua como una serie de estructuras que se manejan en los textos más sobrios de la historia de nuestra lengua. Quizás es por eso que parte de nuestro humor no se desarrolla más que con la pretención que encontremos las gracias en las aventuras del Lazarillo de Tormes o en las desaventuras de Sancho Panza, sin pretender con eso poner a todos los españoles en el mismo saco, sabiendo lo que esto podría ocurrir y lo mucho que mis análisis literarios sobre el humor podría ocasionar poniendo a estos dos personajes, o a sus autores, en el mismo saco. Sería como poner a Valle Inclán y Góngora al mismo nivel de desparpajo existencial cuando tan sólo valdría mirarlos a la cara para saber si compartirían risas sobre los mismos guiños a la insignificancia de nuestra existencia.

File:Luis de Góngora y Argote (Museo del Prado).jpg - Wikimedia Commons
Retratos de Valle-Inclán - Cátedra Valle-Inclán

Puede que me equivoque, pero igual no reirían de lo mismo. Y España, en general, no está acostumbrada a reir de lo mismo. No al mismo tiempo. No sin antes escoger trinchera a la que asumirse soldado. Y desde ahí, entonces sí, elegir desprecio ante un némesis indiscutido.

Rehusamos que seamos nosotros los violentos. La violencia viene hacia nosotros. Y nosotros somos las víctimas. Buscamos ser más víctimas que victimarios. Tememos más ue nuestros hijos sean más víctimas a que sean victimarios. Y tenemos más o menos las mismas probabilidades de serlo. No sabemos de qué manera nuestra intervención, por simple que pueda ser, pueda tener un impacto sentido en una persona. Sobre todo, tampoco sabemos si lo que puede ser un chiste se convierta en una humillación, y si de alguna manera, esta misma fórmula pudiese revertirse sobre uno mismo, injustamente entonces, en una circunstancia inhabilitante que nos dejara fuera de control, ninguneados y foco de la risa descontrolada y afilada del resto de los presentes. Estos presentes, puediendo ser, en todo caso, toda la red. La enorme humillación de estar desnudo, indefenso, sólo, mientras en resto de los dedos me apuntan a la cara, rodeando mi martirio con un sonoro efecto catártico de las carcajadas de los masa desatada.

En todo acto colectivo aparecen unos y otros. Dar la cara. El momento de la verdad. El silencio es una acción pasiva que también cuenta. Y a veces tiene más significación. También observar es un acto de reflexión. Quizás decir lo primero que nos viene a la cabeza es un instinto incontrolado de la verdad. Lo que la piel emana. Nuestro acto animal. Como el improperio.

Mario McFly fue invitado al grupo. Esmeralda lo había encontrado en facebook y lo había contactado para explicarle que nos habíamos encontrado todos en un grupo y que viniera. El tuvo sus dudas de entrar. Y ante la insistencia entró. Fue recibido con saludos. La cortesía inicial. En un momento dado alguien mencionó que era cumpleaños de otro de los compañeros, Ismael, a quién en su momento algunos llamaban Chistín. Biff Santos lo felicitó, y como otros, lo hizo utilizando aquél mote de primaria, y Mario McFly volvió a ver, 33 años después, la acción del que había sido su bully de la infancia, a quién recordaba en ese momento con rencor y a quién había esperado mucho tiempo, pensando cómo le diría lo siguiente: chinga tu puta madre.

El chat se quedó frío. Mario McFly se posicionó del lado de las víctimas. Él bien sabía el rol que las cosas tenían en la historia, especialmente doloroso que le fue la infancia a manos del que en ese momento centraba la culpa de todas las humillaciones que pudo haber recibido Mario en esa primaria coyoacanense, en una única persona: Biff Santos. Quizás había más Biff Santos que Mario todavía no había identificado en el chat. Quizás habría habido más mentadas dirigidas a otros que también en su día le habrían acompañado las rimas que Biff Santos se inventaría para molestar a la Quesadilla, como recordaban algunos que se le llamaba a Mario. Quizás Mario recordaba todo aquello como un acoso continuo en el que él era la víctima de todas las bromas pesadas que se vertieron por aquél entonces. Lo cierto es que Mario recordó otro compañero que también recibió en su momento una buena dosis de carilla. No se lo recordó a Biff Santos, sino a otro compañero, al que Mario McFly exoneró de su calvario ya que en primero se hicieron amigos, según él recuerda.

Mario se encontró de pronto en un terreno hostil. Tuvo tiempo también de desvelar con corazón en la mano a su crush de toda la primaria. Tuvo, de pronto, las agallas de atreverse a decirle a la niña que le gustaba lo que siempre había querido decirle, que le encantaba y que soñaba con ella. Y a su victimario, Biff Santos, que fuera a chingar a su madre. Mario McFly había entrado en palenque y se había hecho de manera un poco bronca y atolondrada, con la plaza. Los gallos estaban espoleados, se respiraba ambiente etílico y los humos caldeados del ambiente nos habían hecho pasar de las felicitacioes cumpleañeras al ruido de las sillas que se partan para liberar el espacio para el cara a cara de dos gallos. El palenque espectánte ante la contienda. Algunos preferían retirar la mirada. Otros veían con morbo y entusiasmo lo que este tipo de careos suele ocasionar. Las historias viven de resentimientos añejados con el tiempo, y ninguno añeja mejor que un resentimiento escolar infantil, según me recordó mi amigo Quique cuando le expliqué los pormenores de la historía. Como el buen vino.

Llegados a este punto, Marío había conseguido reunir a unos cuantos espectadores a este espectáculo de martes 21 octubre de 2020. Chistín nunca olvidará este cumpleaños. Y Mario McFly nunca olvidará el día en que tuvo el desparpajo, finalmente, de desmelenarse para enfrentar a sus demonios y saltar a bailar en la pista. Una declaración de amor y una menta de madre. La historia estudiantil completa. Back to the Future. Ni el más sagaz de los guionistas habría visto el deslence de lo que Mario McFly iba a conseguir en el futuro. En medio de la pista de baile, peleando por su amor infantil, McFly apretó el puñito y le dio un golpe al send: chingas a tu puta madre. La carga emocional de pronto quedó liberada tras años de acompañarle. Efectivamente descargó de manera catártica todo lo que hasta entonces se le había atravesado. En su vida adulta ya había olvidado todos aquellos momentos de humillación y carilla que la Quesadilla McFly fue llenando en su mochila de rencor.

Eventualmente, Mario McFly salió adelante. Quizás la universidad le ayudó a cambiar de aires. Quizás todos tenemos derecho a empezar en otro contexto en el que nadie nos puede juzgar por lo que fuimos. Quizás tenemos derecho al olvido y tirar hacia delante con un futuro sin rencores. Quizás la posiblidad de sanar está en haberse encontrado, Biff y McFly, y haberse dicho las cosas a la cara. La idea de Mario McFly es que ahora había regresado el mal que en su infancia vivio a su victimario. La victima empoderada encontró su momento de redención en la forma de una mentada.

Los matices son muchos y muy sutiles. Mario McFly tomó con cierto desparpajo el recuerdo de las rimas de su apellido. Quizás eso lo puso a la defensiva. Decidió saldar sus cuentas rápido con el pasado, quizás sin darse cuenta de quién estaba ahí presente, y de cómo serían recibidas sus mentadas. No sabía si era el primero o si era la tradición. No lo penso. Le salió. Y le pareció normal. Una mentada de madre en México es una cosa de adultos. Todo mexicano patriota lo sabe. México puede ser muchas cosas. Y una de ellas es la afiliación que tenemos a nuestras propias chingaderas. Ahora, no metan otras chingaderas, porque ahí sí no mames. El macho mexicano tiene sentimientos muy frágiles. La fragilidad del macho mexicano es un tema poco trabajado por la literatura, aunque no he hecho el ejercicio de encontrar sus referentes, que sin duda los hay. La carrilla ha dado suficiente munición a todos los mexicanos para burlarse de absolutamente todo lo imaginable. No hay quién se salve. Salvo algunos que pasan de puntitas ante la amenaza constante de que puedan convertirse en un momento dado en el centro de las humillaciones colectivas que retumban en las carcajadas de los hilarantes victimarios.

La burla en México no tiene fronteras. No es esto lo que lleva a las víctimas a buscar de pronto un sentido en la venganza. Mario McFly no quería organizar una vendetta. Pero sintió oportuno hacer público la revuelta en el estómago que le ocasionó estar en la presencia de Biff Santos. Y lo soltó. La honorabilidad de Mario McFly está es su transparencia.

Ante el conflicto saltan los resortes. La banda saltó. Todo el mundo quietos. Mario McFly estaba desatado y su atolondrado show desató la indignación del insulto presente. La corrección política mandaba sobre la irreverenca de la sanación de una mentada por escrito. Un corrillo virtual con su sana distancia. Tambores de guerra. Mas si osare un extraño enemigo profanar con su planta la tierra…

La profanación de Marty McFly incendió la parroquia. El tono bronco nunca se había vivido así antes en este feliz reencuentro. De pronto no pudimos aguantar que esto nos estuviera pasando. El último reducto de paz del 2020 se desmoronaba frente a nosotros. El tono iba subiendo. Se le marcaron las límites de la decencia en este protocolario espacio de memoria. Mario McFly se estaba despiendiendo, y justo antes de salirse por su propio pie, alguien le dio al botón rojo. Bomba nuclear. Expulsión. Se borró del grupo, dejando caer la trampilla bajo los pies de Mario McFly, una vez más. Quizás el gesto más injusto de toda esta historia.

Así lo vio Mariana, que fue la primera que levantó la voz en defensa de Mario McFly y de su derecho de mentarle la madre a quien él consideraba que había sido su bully de refencia, Biff Santos. Y peor que se le echara. ¿Quién decide a qué se le expulsa de un grupo abierto? Es un tema sensible. Quizás todos los grupos tienen este tipo de dinámicas, sobre todo cuando se suman individualidades. En nuestro caso se habían tejido complicidades de reparación de los recuerdos compartidos. Nos habíamos ayudado a sanar. Algunos se había ido. Alguna nos había dejado tragicamente. Con Milly en el recuerdo de nuestra última catarsis, Mario McFly nos abocó de pronto a una corrido de veganza en medio de un palenque. Algo demasiado rudo para un grupo de chilangos clasemedieros como nosotros.

Tras exponer su opinión Mariana dejó del grupo. Le siguieron otras tres o cuatro personas más. La historia vivida les había sobrecogido. Quizás se vieron representadas en las trincheras que se habían marcado con el incidente entre Mario McFly y Biff Santos. Quizás ellas también habían sentido esa humillación y ese sufrimiento del que Mario McFly hablaba. No lo se. No quisieron estar más ahí. Y se fueron.

Irse siempre es una opción. Callar también. En una sociedad compleja y polarizada lo mejor que podemos hacer es retener la capacidad de entendernos con el otro que no comparte nuestra perspectiva. Debatirlo. Controntrarlo. Y seguir adelante. Confluir a partir de la empatía que podemos generar poniéndonos en el lugar del otro. Y estuvimos a punto de conseguirlo. Pero Mario McFly, y unas cuantas personas más se fueron antes de que hubiéramos podido sanarnos todas. Es una lástima. Habría sido un grandísima oportunidad para conseguir una gesta que tenemos pendiente para arreglar esta división que se activa de manera espontánea en nuestros contextos sociales y políticos con la liturgia de la violencia, y la asunción de los roles de victima o victimario. Nunca ambas.

Mi única aportación en ese debate fue un mísero chiste. El primo de Biff Santos y yo comentamos en paralelo los sucesos. Nos pareció un triste desenlace. El primo de Biff Santos sabía que quizás de haber entrado también le abría tocado recibir una mentada de madre de parte de Mario McFly. Y de manera muy valiente y con su sagaz sabiduría para decir las cosas con una gracia natural, asumió la postura del victimario. Quizás él también se había burlado de Mario en su día, y quizás estaría bien instaurar el martes de mentadas de madre, para aquellos que en su día nos burlamos de alguien, y a manera de compensación, recibieran cada martes su mentadita de madre de las peronas que recibieron sus burlas entonces. Quizás va por ahí la liturgia de la sanación. Y no se vale indignarse ahora los que antes fueron victimarios. Su postura fue compartida y aplaudida por algunas personas. Otros defendieron que las formas de Mario McFly no habían sido las más elegantes. Mario McFly entró como un elefante entra a un anticuario. El gesto instintivo de la trompa en la mentada de madre fue la que ocasionó todo aquél ruido.

Biff Santos es amigo mio. Lo era entonces y lo sigue siendo ahora. Su respuesta vino despues de mi chiste. Mario McFly y Biff Santos el viernes a salida en el callejón del Aguacate. El mítico sitio en el que se citaban las afrentas de honor en el Héroes de la Libertad. En aquél momento el aire era irrespirable. Y fue entonces cuando Biff Santos, un tipo de una bondad absoluta, el envio todo su amor a Marty McFly y le confensó que lo que pasó en la primaria hace treinta años ahí se queda. A esto Marty McFly le pareció curioso: ah, como en Las Vegas. La respuesta de Toño rebajó la tensió y acarreó un fuerte repunte de apoyo y solidaridad de una parte imporante del grupo. Era un camino correcto hacia la reconciliación. Mario McFly no tenía suficiente. Su reparación no tenía un diseño predeterminado. Todo se había precipitado muy rápidamente. Pero no quiso recibir entonces el mensaje de amor, y la congregación estaba lista para llevar el juicio a sentencia. La defensa popular siguió con sus argumentos. La honorabilidad de Biff Santos había sido puesta en duda. Y no se iba a permitir manchar el honor de uno de los nuestros. Así que se le serruchó el piso a Marty McFly, que sin más volvió de vuelta al pasado.

Las salidas y la propuesta levantada por el primo de Biff Santos recuperaron la dignidad del grupo para entender la complejidad que resulta de los rencores pasados y la confrontación entre bandos aparentemente irreconciliables. Todos llevamos una etiqueta que no queremos que se confunda con la de nuestro némesis. Y rehuimos a ser los malos. No queremos ser los victimarios, y siempre es más seguro estar dónde hay más apoyos colectivos. No vaya ser que nos toque ser a nosotros los linchados. Quizás no debamos pensar pues en resarcir los daños con las misms fórmulas que nos han llevado a la violencia. Pero también es una reflexión que debemos saber para entender qué parte de la violencia es nuestra, como sociedad, como individuos imperfectos, y como resultado de las emociones contradictorias qeu se apilan dentro de nosotros para cargar nuestra mochila de sufrimientos con elementos tangibles, reales e imaginarios. Al final, todos llevamos esta mochila encima, y encontrar la manera para aligerarla tendría que ser el camino para nuestra propia redención. Cuanto antes sepamos entender que no hay culpables en esta historia más pronto conseguiremos reencontrar la vía para sabernos parte de la misma sociedad que ahora consieramos que está dividida irremediablemente, y que nosotros, pertenecemos al bando de los buenos.

Mario McFly y yo tuvimos un día un encontronazo en el salón. Yo no recuerdo practicar el arte de la burla, sin que eso me convierta en ningún santo(s). No recuerdo haber reído más veces que con el primo de Biff Santos. Sin duda alguna las gracias que resultan más divertidas tienen siempre alguien como protagonista. La broma es la virtud más sublime que tenemos a nuestra disposición, y los mexicanos practican un humor sumamente superior al del resto de las culturas. También practican una carrilla sumamente pesada, que en una de esas, te puede dejar en el centro de una humillación colectiva que genera las risas de todos, absolutamente todos, los presentes. La única manera de asumir una liturgia de sanción es aceptando nuestra posición en el centro de dicha humillación, y ser la causa de las risas de los demás. Por un tiempo justo. Sin que sea sólo a una única persona. Ni continuada en el tiempo.

Pero volviendo a mi desencuentro con Marty McFly. Mi memoria me recuerda que fue él que hizo alguna cosa, el que se estaba pasando de listo. Era un tipo que tendría sus problemas, pero tenía un caracter particular, y en aquél momento el agraviado, según recuerdo, fui yo. Quizás la memoria de Marty McFly le hubiera llevado también a sentir la necesidad de mentarme la madre. Y lo habría aceptado, no sin antes intentar recordar el por qué de aquella pelea. Lo cierto es que aquella pelea en la que llegamos a las manos, se saldó rápidamente con una llave que mandó a volar a Mario McFly por lo aires, en un automatismo de los aprendizajes de karate que recibí de mi sensei Ángel. El karate que yo aprendí era más de la filosofía de que sólo lo utilizas en caso de defenderte. Y aquél fue el caso. No recuerdo nunca más haber tenido ningún problema con Mario McFly. Me habría gustado haber comentado este recuerdo con él. No por asumirme victimario, que dudo haberlo sido, pero sí para enteder su perspectiva del mismo acto. Quizás me habría llevado otra mentada de madre. Y no tuve tiempo de recibirla. Y eso me duele.

No participé en este show, salvo por mi humilde chiste. Pero como a muchos, me sumió en una reflexión que quise articular de esta manera para poderla compartir. Compartir es un decir. Nade sabe de la existencia de este blog. Quizás sea el momento de quitarme este peso de encima. Y con el privilegio de no tener victimario al que lanzar mi frustración y sufrimiento, dedicarle a todo aquél hijo de puta con el que me crucé en mi vida, una sutil y reconciliadora mentada: vas y chingas a tu madre.

Trump and the virus

He knows all about the virus. It has suprised most of the cientist he’s talk to. According to him. He’s not wearing a mask. He belives the virus is still just gona go away, as if by magic. He’s mind is magical. It’s a gift. He’s world is danger. Stand proud boys. Or by. Or bye. Or down. He’s not sure what you are talking about. Shut up, man.

The USA is in the peak of its world narrative to save of us all. Or at least, God bless América great. Or was it again? God forgot about everyone else. He just cares for América. Before the 1592 it was the other way around. HE never heard of América, nor HE cared on bit. It was a Donald Trumpy God. The kind of God who’d send a plague to sent his big man a lesson. So Donald is being transported to the sacred sphere as we speak, hit by his Father to bring back normality to the rest of the world. HE’s just chipping in to the campaign for Trumps nomination to the peace noble price.

They have evertything under control. HE is going to sacrifice another one of his favorite disciples. How does HE pick them? HE knows, and no one else. Misterious ways, you know. But Donald is in for a ride he’s still unsure how but he’s coming back greater than how he entered into the hospital. How? Through aborted feto’s magic. Who’d thouhgt?

Prolife back him up again. He is just playing along a greater plan for what life really stands for. Still, it’s just fake news they made up to bring him down. As if them cummuniss know anything about life, other than just killing it. Them virus is here because of the evil sins. God Father is sendint His message through our brother Jesus-like Donald T. Nobody has been persecuted than this noble businessman, and besides he’s introduced a new race to pray for, some Cleopatra shit going on, with that orange thing. The man, according to him, and his fellow worshipers, a genius of the insanity chastity brotherhood.

We were in for a ride and the leader of the world larges army has not let the world down. He’s been delivering his common sense abnormality in every speech, or twitt, he’s ever written. Politics changed for good. And that’s not a bad thing. It’s just fake news again. And we can tell the truth no more. Cause of them media liers. Shit is going down again. Like storming frogs. Or some evil shit like that. Brother Bannon is doing his time, but the system has been wired. Brother Zuckember has led people to believe he’s factchecking the veracity of this elections, and by no means willl Russian hackers do their thing all over again through the facebook-ads scheme. You know what I’m saying.

I loose it with this guy. He’s out there fooling fools to fool the game, and scoring. Sad. Unless the game flips. As it always ends up. The path of Bush father. Trump. Icarus.

PD. Notice something weird in the image of this post. The search for Trump’s covid leads to no suggested keywords. Huh. Suspicious. More on next post.

44

Some days you find yourself turning the page. Life is full of days, and that should be enough. We only have a few and we don’t ever listen. Not even to ourselves. Life’s about to end. And still, life is just a walk outside your place, somewhere, where you’ll encounter… life. Other people’s life. Full of circumstances, vices and hopes. Life’s what comes out of todays journey. Wherever we go. However we choose to go about it. Life is beginning new projects, even when it seems out of the norm. Specially then. I never know if specially goes with a letter e at the beginning, or if that’s just me being latino all over again.

What am I supposed to do? Who am I supposed to be? Still no answer. Still wondering about something else rather than what I must. I do this unconciously, or maybe, purposedly. I don’t have an answer for that either. I am more of a question guy, I guess.

I have limited time. Sometimes you have to remind yourself. Sometimes you need to hammer the head that’s avoiding to pay attention to your inner «Pepito Grillo» to come to those senses intended to be your landing spot. Why should I go there? Why should there be a place in which by my own deliverance I shake up the world that surrounds what I am supposed to be at the moment? Why would anyone, including me, care?

I don’t… know. I do care. I think.

Life is but a game. This illusion has been there forever. I might be dying inside, as we all are, and there must be a way to accept to take part in this new thing comming up. Today. I turn the page again around the sun. I’ve turned 44 years old. It’s the 20th birthday I celebrate in Barcelona. This city has evolved into something else. The place is ready to give back 1992 and enter right into the 80’s back again. Bring back the wall as we need this new decade facing backwards inside the room. Who’s in the back of the class? Why are they there? What is it they want? That’s where innovation is taking place within the social disruption scene. And in the front rows might be the scientists. They want change to. They have skills, several degrees, a method and a topic they know all about. In the middle, people caught between the poles of the class. Or the classes going about their own path to fulfillment. They are all in the same room. As we are. We belong to the front of the class as much as to the back of it. Only, as Woody Allen played it early on, he only had a chance to go to the back of the class and choose from the options in that side of the board. Who’s making a living out of their own wit? Artists? People creating new narratives. People pushing the boundaries. The Charlie Chaplins. Cinema is entertaining and feeding people with stories that go out of bounce. The gameplay is being leveled by those outsiders. And we, in the middle, get to watch.

Scientists go about the way they got there: excellence. And studying. And observing. And asking the right questions. And making science. All the time. All the time. Until the impact factor hits the roof. Then they’ve made it. If not before, when they have already stablished a role within a lab. Making a difference from the lab bench. Finding new ways to push through the limits of their own view of the world, through the microcrospe. Through their practice.

We are called to make a stand to risk everything in order to be a part of a bigger process. This insurgency meets the needs of a society that is full of resentment towards the other, and where conspiracies are thrown at each other to debunk the fundamental issues that hold each others arguments. But it’s not like fight. It’s not war. We are taken to scenarios of violence because that’s been the case all over history. It’s the norm in our history, according to our storytellers. And we have found it normal. Customary. Was is just around the corner. Again.

New tensions in the middle east. The old commies vs uncle Sam. Nazis taking over. North Korea pushing the button. Trump playing war games. Drones flying to get you. A bullet your way. Paramilitares taking on environmental activists. Minning, the old fashion way. The land being taken from it’s local communities. Deforestation. Devastation. No jobs. No movement. No social non violent uprising. Who’s next? What’s next? Why now?

It seems like life is taking a spin. Pandemia has shown us a way of coping with our priorities. And somehow, we have all noticed how screwed we are/were. But it’s not on us. We avoid to fall into the place where society is being judged. We are coping with illnesses as we go about a dayly routine back to the old days. The new days have no shape yet. They are only real in our imagination. And sometimes, we forsee a bright and prosperous future. Some others, we are gloomed into despair by the blindness of our own.

How to change ? Why change? Why now? Against who? People are choosing to take sides. And two poles are always there colliding. No atraction/repulsion is taking more than two poles. Unless we create a new electromagnetic field. Complexity then play it’s own balancing game. Structural entrophy. Balance. Stability. Or ultimately, a bomb.

We’ve all taken a blow at the head. Sad news have come our ways as we have experience a new way to be caged. The caged bird still sung. And there, within that unfair imprisonment, freedom was casted with the spirit of heirs of dinosaurs. Not a small heritage on their tiny little shoulders. Sing bird. An eagle’s scream. A dove’s coo. I know why the caged bird sings. Freedom.

Are we there yet, mom?

El sol no brilla en la oscuridad

No sabemos muy bien cuál sería la sombra en la superficie de la luna, o en Mercunio, o Venus. Si acaso, podemos imaginar que nosotros no podríamos estar ahí, de la misma manera que estamos aquí. No sabemos por qué. No podemos ver la atmósfera congelada de la epidermis de Marte. O la que desapareció en Mercurio camino al espacio. No sabemos describir lo que no es parte de nuestra experiencia inmediata. O nuestro conocimiento aprendido. O la imaginación con la que intentamos navergar contracorriente. Nada tiene sentido. Ni siquiera lo contrario.

Me fui por un túnel para penetrar la montaña que divide el valle en el que se despliega la gran ciudad, y el valle del otro lado, en donde se redefine la otredad. Aquí me encontré a solas con el destino y nos pusimos a deliberar si lo que había acontencido tenía sentido para ambos, o sin acaso, debíamos repensar la estrategia con la cuál reencontrarnos en un futuro próximo, para sorpresa de los dos, rebasados por los imprevistos imposibles de imaginar que desbarataran nuestros planes. Dimos en el blanco porque algo de todo aquello nos hizo doblarnos de la risa sin parar, como cuando pierdes la capacidad de seguir en la vida para desvanecerte en la insolencia sin límites de una carcajada perpetua. No hay Dios que se resista, salvo aquellos que murieron de la risa.

El sentido inequívoco del dadaismo era establecer un sentido opuesto al sinsentido de la vida, en el trasncurso de una camino que no lleva a ningún sitio, por más que se proponga lo contrario. No hay razón de ser para tan impropia aventura, pero su naturaleza desborda los pragmatismos de lo divino en pleno evangelio de lo omnipresente. El vacío, ante tanta ignominia de bajó del carro y se marchó caminando por el desierto, en busca de una respuesta que nunca encontraría. La magía se plantea la ilusión al límite de nuestra obsoleta razón. No hay que hacerle caso, ni siquiera por un instante, a la siniestra intuición que sin darnos cuenta, se ha aliado con la última conspiración obstinada por hundirnos. No hay peor camino que el oculto. No sabríamos llegar ni siquiera estando ahí. La solución elude nuestro saludo. No hay vuelta atrás.

Cuando no se tiene nada que decir, de nada se habla. Y el tiempo se ocupa en la apariencia de lo cotidiano. No sería precisamente eso, ni siquiera lo contrario. Hoy no tengo más que no decir. Se me fue el impuso a ninguna parte. Me cansé de no ser. Y me fui pudriendo hasta la concepción de quién nunca fui. Aparecí desnudo sin querer, ni pudor, ni qué hacer. Se me fue desvanenciendo la entidad mientras el desagüe me filtro, por última vez, por la cañería que me devolvió al ciclo vital que nunca abandoné.

Sin saber muy bien por qué, henos aquí, reunidos hoy para enaltecer el recuerdo perdido de aquello que nunca fue. Por la melancolía de lo que no importó nunca a nadie. Por el pasar de los ratos que no significaron nada, ni tan siquiera para el expectador aleatorio de tan singular nada. No hay luto necesario ni posible ante nuestra situación, penosa y angustiante. No perdamos más el tiempo en este relato vano.

Ano, año, tiempo, espacio. En el centro de nuestro ser se expulsa, y se ingiere, la vía traversa de la noción impoluta de una transgresión a toda norma. No se exalte, no es usted, tan sólo ha revertido el sentido pedido de un olvido florido.

Los números se tuercen en mi contra

Hoy casi vuelvo a morir. Esta vez a las 3:33. Una deglución definitiva cerraba las cortinas de mi show. Era este el momento final. Es aquí…adios. Desperté.

Ayer me ocurrió lo mismo. A las 4:44.

Mañana será a las 2:22.

El miércoles a la 1:11.

Y luego ya no habrá más.

Un día, una mañana, ya no estaré aquí. Y ya no sabrás lo que quería decir con lo que un día te conté. Quizás tampoco tenga sentido entonces. No puedo prometer que esto va a cambiar. Ni tan sólo que lo que creo viable lo sea. Se que mucha gente tiene ganas de cambiar el mundo, y que cada uno tira de su carro con su cruz. Cuestarriba. Y no todos llegan a la cima del monte.

Yo lo he intentado todo. Y más o menos las cosas me han salido. Llevo tiempo dando vueltas sobre el mismo gesto defintivo. Como si la vida fuera a dar un vuelco un día de estos. Tal día como hoy. Y a partir de aquí la cosa cambiará. A partir de hoy todo será diferente. No tenemos más porvenir que esa cuenta atrás hasta el día de nuestra muerte. Y eso cambia la perspeciva de vivir. Y de morir.

Hoy morí, otra vez. No es una metáfora. Me fui en ese último suspiro. Ese ronquido fatídico que habría despertado a mi amada de haber estado en el mismo lecho. No fue percibido. Tan sólo yo me doy cuenta de mi fragilidad. Un día ya no estaré. Y no habré concretado nada de lo previsto.

No tengo más tiempo que perder. Me quedan pocos latidos.

Mi vida cambió hoy.

Quizás por las prisas de morir.

No tengo más que ligereza.

Pero el tiempo es oro, y creí conveniente venir a dejar aquí, en donde no hay nada, este mensaje.

Siga usted hacía atrás y se encontrará de nuevo conmigo. En este estado. Con esta franqueza que no me pertenece. Si usted me lee, quizás es porque mi interés haya sido ya no estar aquí.

Quizás hoy sea un día especial. Mi madre compartió por whatssap un meme que así lo corrobora. Quizás cualquier día de este año se cumpla este presagio. Quizás una pandemia es el momento justo para despedirse. Por todos los que no tuvieron tiempo.

Deseo volver a hablar con vos. Que vos escuchés mi voz. Y que nos quedemos con lo que podamos compartir. Con lo que nos podamos decir. En este último suspiro. Como si el Jesús de Pasolini llegara de pronto a tu casa, a hablar de comunismo, literatura o fantasía.

Tal día como hoy de hace 19 años

Yo me fui de México después del primer grito del nuevo milenio. Un 17 de septiembre, crudo, tras la mejor fiesta de del grito/despedida en tiempos de ley seca. Este año el zócalo no se llenó de banda, ni el pueblo gritó eufórico en una peda, o en todas las pedas. Las pedas mexicanas todas son iguales, aunque ninguna se parezca. Siempre hay los mismos pedos. Los mismos ronroneos. Las mismas misas. Es como una religión después de confesarnos el domingo, tras tener una cita a solas con la Guadalupana. Respeto, ante todo.

La vida de un mexicano comienza por verse en el espejo y no entender muy bien de dónde proviene eso. Esto. Este país. Y a su vez, saberse poseedor de un orgullo patrio a prueba de cualquier mendigo comunista que quiera desvalijar a este país de su circunscripción en los prescritos anales de la historia oficialista. La postrevolución no está gustando mucho a los partidos institucionales. Ni tampoco a los partidos emergentes. De pronto México se parece un poco a su liga de futbol. Y eso no está del todo mal, si estar bien tampoco. Yo, como buen mexicano, como digo una cosa, otra. Pero ahí nos vamos entendiendo, entre metáforas y poemas cantaditos al oído de una taibolera. No se crea, poli, no era una mordida exactamente a lo que me estaba refiriendo. Si ni sabía que había tortas veganas. No le haga.

Yo de plano me metí hasta el fondo de una barranca del muerto. Parece que se abrieron todas las barrancas y los muertos resucitan ante la sacudida de balazos y pozoles con los que el terror se dejó llevar en las venas de una sociedad adicta a sus demonios. Y no supimos cómo purgarlos entonces, cuando debía venir aquél que nos salvara, y que según la profecía, llegó, y le dimos la bienvenida, pero nos salió rana. Pinches gachupines. ¿A poco los tlaxcaltecas se apuntaron al tiro así nomás contra sus hermanos de piel morena? ¿A quién le andas creyendo las versiones torcidas de los reglones ocultos de Dios Padre Nuestro Señor, ausente de nuestro lado del planeta por los siglos de siglos… ALLS.

Dios Padre desconocía por completo que la tierra era redonda. Es un hecho. Nunca se lo contó a su hijo Jesús, que tampoco hizo mención a sus discípulos. ¿Qué historias del cosmos le explicaba Dios Padre a Jesús en la cuna del Edén? Ninguna, porque Dios Padre no era de este mundo, y en el suyo no había cosmos, ni gravedad, ni electromagnetismo, ni siquiera una fuerza unificada de todo, excepto, claro, Él mismo. Y qué iba a estar autoanálizandose, si está siempre presente, inclusive en el futuro. Dios nos sirve para pensar en las dimensiones a las que no llegamos para entender por completo la física cuántica, y sus múltiples jardines que se bifurcan. Tampoco nos da para leer a Borges, pero ahí estamos. Y mucho menos para entender, por completo, la obra completa de Shopenhauer, pero para eso tenemos facultades de filosofía en el norte de Europa que se llenan cada año de filósofos incapaces de recuperar las energías clarividentes de sus antepasados más ilustres.

Xavier Rubert de Ventós me dijo una vez que no hacía falta que hubiera tantos filósofos en todo el mundo, que nos bastaba con los alemanes. Y puede que tenga razón. Quizás el debate de la ideas ya está desplegado en su conjunto, y tan sólo debemos reconstruirlo de vez en cuando. Barajar las cartas y jugar al texas holdem. Dios Padre es muy dado a tener el control de las mesas en las que juega. Se cree que hace trampas, pero no hay huevos para sacarlo del casino. Y nadie le riñe. Nadie se atreve desde que pasó aquello de Lucifer. Ya ves. Sin Lucifer no hay yang, como tampoco hay cruz sin Judas. Así no vengamos ahora con juicios a destiempo sobre la indispensable labor de estos dos personajes pilares de nuestra sociedas: los satanases y los judas.

España no se entiende sin Franco. Y tampoco sin los republicanos. He aquí el dilema. El dictado que se come el cojón.

Hitler sin bigote no habría sido más que un flautista de Hamelin.

¿Cómo se pasa de la independencia de una colonía las vidas alternativas de un genocida?

Kelly vs John John

So here’s a match you won’t see in any other sport. A duel of two people from diferent generations, taking on a swell. Waves, surfboards and these guys. It’s like poetry, without words.

Enganchado al desenganche

Hace tiempo que me vi envuelto en una paradoja tiempo-espacial. Me metí yo sólo en este problema y quedé atrapado para siempre en un universo circular. Mi incapacidad estructural para optar por la vía convencional me dejó para siempre dando vueltas sobre la misma espiral, que pese al movimiento eterno, me atrapa en el continuum del fracaso interesteral. Por tanto, la paradoja de mi descubrimiento me ata perpetuamente a su inasible circunstancialidad. Las leyes se despliegan por sí mismas y ellas mismas se entrelazan para culminar este inutil camino de vuelta.

De pronto ya estamos aquí. Otra vez. De vuelta a la creación. Una vez más nos tiramos a la piscina sin antes verificar si había agua. Pero ya es tarde. Sumergidos en la incertidumbre nos damos por bien servidos con subsistir. Tan sólo un día más. La desesperanza de no alacanzar, al menos hoy, la culminación de aquél camino. Nos plantamos en el fondo de nuestra soledad para aguntar la respiración debajo de aquél embrujo, sin saber muy bien si tendremos suficientes fuerzas para salir a la superficie a respirar. No llega a ser tan agobiante como para perecer ahí mismo, sino que intentamos llegar a ese límite que nos desbloqueé definitivamente. Esta vez no hay más oxígeno que podamos incorporar a la salvación de nuestra desgracia. No sabemos escapar a ningún otro sitio a pesar de que las ideas bajo las cuáles se despliega ese último suspiro vital se esconden para no boicotear una vez más la subsitencia. Parece mentira que siga aquí. Un día más sin haber llegado a morir, ni a ningún sitio especialemente brillante. Más allá de estar aquí. Que no es cosa menor. Pese a no ser ningún viejo anhelo. Ni siquiera una ilusión.

Nunca tuve muy claro cuál había de ser el camino que debía seguir. Sin dudal el seguido era el adecuado. Así que me fui por varias versiones de mi mismo. Con más o menos acierto, las puertas se abrieron y cerraron al son de quién parece que soy. Y las orquestas continuaron con fortuna la canción con la que salimos a bailar. Y pronto nos llevó la vida por más de una pista de baile a altas horas de la noche. Sitios en los que la electrónica y la noción espacial se confundían con la decadencia de persistir en un estado. Y no fueron caminos que consiguieran ensanchar el horizonte tras descubrir el último velo. Siempre había otro, más sutil, con el que nunca me había topado. La noción de que no iba a ningún sitio ya me perseguía entonces, como ahora, pero esta vez con más cintura para bailar las rolas que desentonan con la pauta con que mis piernas obedecen a la cadencia pertinente para mi cerebro, amo y dueño de la situación, pese a no estar nadie a cargo de las riendas.

No se percató la noche de mi engaño. Nunca fui volatil a la idea sutil de convertir la escencia de aquél conjuro en un elixir de manantiales que bajaban cristalinos por los ríos entubados que se precipitaban, río abajo, hasta desembocar, una vez más, en el mar. Este mar mediterráneo tan propio, tan presto, tan listo. No me di cuenta que quizás no pude navegar yo sólo el velero que me conduciría por fin a la isla de mi desembarco. Mi insularidad es pertinente para desistir a la idea plenaria de un esplandor continental. Lo que las ciudades capitales demuestran es qué singularidad se rige por las costas sobre las que se abren las aguas y la tierra, con esa fina piel de arenas milenarias. Ante cualquier situación, la frontera que peina la ola que se funde en la orilla, en una renovada tes tersa recién lavada, cara al sol, a la espera de la próxima ola prestos todos para reconfigurar el ciclo eterno, una vez más, en un solemne abrazo.

Así como un día me fui, otro cualquiera, un primero de septiembre, volví. La naturaleza de un nuevo curso trae consigo una alegría primigenia en el que este año, de alguna manera, nos transformaremos en algo más de lo que venimos siendo. No me quedan más dudas que las que guardé en un saco roto que arrastro desde que me despierto, y por el camino, desperdigo por doquier, con la certeza de que germinarán, algún día, en otro azaroso vaivén de oleaje mediterraneo.

Ricky Gervais and Seinfeld

Two big ones.

What makes them funny?

Theree’s always something happens. Of course, nobody is going to watch a show where nothing happens.

Not two people the same. Where are all the people the same? China, maybe.

I don’t what to do. That’s one the worst things you’ve ever say.

A comedian too cool, or too sexy. Driving in rolls roys.

Celebrities is a new class now. It’s quite american. There al always rockstars. Opera stars. Poets, artists… now it’s us.

Poverty… really low class. You give up on the letters half way you go.

Last time we have a fight. Jane and Ricky don’t fight.

It’s a good LOL.

Joyful you say it, not me. Certain culture are comedian, certain no. English has twice as many words as many other language. Povty. You never went to universtity.

If you don’t care what people. You don’t care who gets upset.

Hendnight. The bridal where they hid the bride widow. Don’t tell them. He should marry me. I’ve got vomit on me hair.

Where are going? Are going to Vermont?

Probably the Chinese. As a racist chinesse. I don’t believe it. Cause we are not racist. And certainly not against the chinese.

And I care… why?

You take the fake documentary away and the office is quite a boring show. A normal person trying to do something he’s not equiped to do. The blind spot. He’s trying to impress the camera. Why is anybody interested in a normal persons life. The comedy is in the impresing the audience of that disguise live. Everone will love me. I’m trying to be discovered. It brings it to life. That’s exactly what Golman needs. The fake documentary deal.

Seinfeld is AHA… that’s right. This guy is brilliant.

Comedy is normal guy, or garl, a normal prsn trying to do something the are not equiped to do. That’s what we laugh about. The bigger the blinspot, the more excited it is.

What does he mean about the blind spot? Looking right into the camera. Breaking the fourth wall. Is that it?

David Brent. Fake documentary format. He says something to the camera, and then, we can see that’s not not true.

But what if it was true. That’s the point in Golman’s selection. That’s why I have to deliver a script that might other wise be all about the bit. And then we deliver the results. The faked ones, with those blind spots in it, and then the obtained ones, as if by chance the office got some big wins. Unió Atletico d’Horta, or FC Barcelona, get to pursue further from this minor character’s ambition to conquest the everest of futbolart: to play again the sport with the local club.

Very brilliant.

Why do you like the V shirt. It makes me look like I have a neck.

Comedic trait I’d like to have. The humanity of Laurent Hardy. I pause the show. Nowadays you can do that. That killed cinema according to Peter Greenaway, back in 1983. You mess with continuity. The show’s been paused. I want to know what Ricky Gervais means by giving away one of his big secrets: who’s he stealing his comedy from? So I write what I hear: Laurent Hardy. He must really be funny. Only, right before I pause I hear: those two idiots where trying to prove they were more idiot than the other. Or something like that. Two idiots? Two people. How do you fit two people into one name: Laurent Hardy.

I said I paused it, right? So I did. I google Laurent Hardy. Something weird came up. Some officer from the EU. Nope. So I tried something else: Laurent Hardy comedy. That should do it.

Laurent Hardy comedian images search

Ohhhh…—I said to myself, as I’ve unveiled the secret: «El gordo y el flaco». Never ever in my life had I questioned that the name of these two characters was that one. It was coming from their English name, certainly: «Fatso and skinny», or the like. But it wasn’t the case. Laurel & Hardy, I guess those must be their names, huh. Characters have names. And sometimes the show’s name is the character’s name, right Seinfeld? Of course. I don’t know if in the case of the Spanish version the characters ever call themselves by their names, of if the keep assuming that they relate to each other by calling themselves: Gordo and Flaco.

So Ricky, the fatso, and Jerry, the skinny. They’ve introduced themselves into these dual character bit. It certainly works methaphorically. I don’t know if that was the intention, nor is it my intention to call Mr. Gervay that, as if he wasn’t aware. He’s certainly powerful enough to mitigate such a petty blow, plus he’s got enough cushion to dissipate the energy. And you don’t want to mess with Mr. Gervay by calling him anything cheap, as he might comeback with something that he’ll bury you in front of the world without pitty. The crushing from a Lord from the upper bouroughs. Certainly you don’t want to get under the skin of someone you admire and laugh with. That’s the kind of mistake that get’s you excluded from the pack. But, hey, he’s not really thin skinned, in that way.

Who in the translating committee decided to go for «El gordo y el flaco»?

Ricky’s laugh is a bit itself. It’s hillarious. Like Mozart’s. Or so we think.

As you get to punch line you can’t think about something. Hitting a golf ball. You could be interrupted at the beginning, but not at the end.

Fight for freedom of speech. You don’t understand. I know the holocause was bad. I know aids was bad. So, you agree with Hitler? It’s not so much what he said. Terrybly things. Raw and sensitive. The joking about it you don’t like. It was what he did. If he’d just said… Everyone agrees with freedom of speech until they hear someone they don’t like.

A final ending. Hate crime. Will they leave the China joke. Risking ofending one billion people. All looking the same.

If someone doesn’t like the joke… they are funny enough to make you life. They would love you to laugh at their joke. Can take your apendix out? We are not that important? Aren’t we?

Someone standing in front of the tv.

Hamstead like an oligarc. Try oligarc on your toast.

Smuck. Penis idea. Stupid. I’m going here. I’ve got a new idea. Penis getting slammed. That’s a cartoon idea.

English Tudor crap.

Pastry patronizing. It’s a bad thing in conversation, but not bad in business, or in the arts. As a patron. Interesting?

Idea for a sketch. Auzwitz, 1934. Her commandant. Follow the joys of Christsmas, you may go. I don’t celebrate Xmas. One guy on the back react by taking the hand in his face.

I wrote Auzwitz like that. I forgot how to write it properly. Not proud about it. Nor was that my fault. I was introduced to Holocaust in Karachi. Mrs. Kachmar. I might have misspelled her name too. That’s two ofences. For not knowing right. For learning halfway. How much should we know about the holocaust? When should we start to be introduced about it? About Anne’s age? How is that holocaust story relate to us? As human beings? As member of this society? As our ________ nationality? I felt it was important. Ever since, WWII has been an inconclusive learning experience that cannot be completely understood by films. Or could it?

Auschwitz

Greatest joke ever. A holocaust victim comes to Heaven and meets God. Without hesitating explains a Holocaust joke. God doesn’t like it. He doesn’t laugh. That’s not funny, He says. And the holocaust victim says: «Oh well, I guess you had to be there».

It’s not Ricky’s joke. He’s heard it. Now it’s become a thing that’s been magnified by him remembering it. He goes on about the scenarios of the joke. If God think He was there, why did he just stay still? If He wasn’t there, where is His omnipresence? Where is God’s free will? Since he is there at all times, he’s still there, in the holocaust, as it takes place in another time-space dimension. Must He be judged by that? Should there be a Holly Trial in the Judgement day mirroring Nurember, in a diferent celestial estate? Certainly not, according to Ceasar.

Praying to the God who didn’t stop the holocaust.

The chances of us being us. 1/400.000.000.000. Like a dog in a car.

As long as no one’s hurt, I like the biggest possible disaster.

Pollution warning: stay in your house.

Hot eyeballs.

The Ricky. 400.000€. Have you run out of things to talk about?

Picture of baby Hitler.

There he is… in the bottom right corner: Ricky.

Psi-fi. You go back to strangle baby Hitler.

Surviving 12 minutes after a modern collapse.

Full body cast.

All those things about the Chinese. You can’t help what you think. You can help what you say.

That’s good. Do that again. I can’t.

Acorralado por las deudas

Si pides dinero prestado, un día, vienen a cobrarte. No vienen los mismos. Vendrán otros. Y te ayudarán. Más bien, te «ayudarán». Ya sabes. Siempre hay una manera para resolver cualquier conflicto, más allá de cómo tengamos que ponernos de acuerdo. Pasa el tiempo. Y el cerco se estrecha. Las fuerzas del mal están a la vuelta de la esquina. El mundo te acecha. No quedan más rincones para esconderte. Expuesto ante la esclavitud que viene a pertenecerte. Y en sus manos, caes en el hueco del olvido.

Los esclavos en las galeras tenía sus sueños y su realidad no parecía corresponder con los caminos para establecer otra situación más allá de la subsistencia. La vida a diferentes niveles del estrato en el que fuiste depositado al nacer. La surrealidad de las catacumbas están diseñadas para la subsistencia de sus moradores, y también, de paso, para asustar con el porvenir desbocado de aquellos que caen en desgracia hacia lo más profundo del precipicio, más allá de la superfecie contra la que se estrellaron, en los submundos bajo tierra que rehuyen la luz del sol, el aire puro, y la convivencia con los impolutos.

Las cicatrices de la marginalidad aparece en la epidermis con la doble función de marcar al desgraciado frente a su propia insolvencia, y como mecanismo de alerta para el resto de los mortales, que de entrada deben temer por sus vidas al estar presentes ante una de estas marcas de satanás. El miedo a caer queda simbolizado en el pavor de llevar una de esas marcas imborrables frente al resto de los seres del «bien». La fragilidad dermatológica de nuestra capa protectora nos delata y nos pone frente al riesgo más tenaz que encuentre el porvenir más a la mano para clavar la flecha de cupido. El amor puede ser muy cabrón.

Desasosiego. Qué más da si voy volando y acelerándome cada vez más hacia mi destino con la gravedad que me propulsa a ese último encuentro con la tierra. Gaia y yo nos abocamos nuevamente a fusionarnos en un solo gesto. El impacto final del meteorito que nos borra como humanidad de la faz del multiverso particular que solíamos habitar. Tiempo después, en otro lugar, el espacio se concentró para encontrar en el DNA desperdigado de los restos de la humanidad como conjura desde el polvo estelar de este nuevo big bang, estableciendo una emergencia cámbrica en la reunión de las especies moleculares ensimismadas en una amalgama particular de interacciones post-mortem. Algo de vida, o de información, quedó ahí, latiendo en medio de la fusión nuclear más brillante que el sol habría percibido en su corta vida.

Todavía recordaba el sol aquél otro meteorito que le privó de seguir dorando las pieles de los dinosaurios que tanto placer obtenían aquellas tardes de verano. Los ciclos de la mecánica estelar que condicona nuestra vida, esas 24 horas, esos 365 días y tantito, que ni siquiera percibimos, salvo cada cuatro años. O las 13 lunas. Lo mismo da. Los giros sobre los que nos movemos como Gaia, como quien domina el arte del hula hoop. Los condicionantes de nuestra coexistencia con la luna, en ese juego romántico entre dos amantes que no se tocan. ¿No sería más fácil que la luna se precipitara un día sobre la tierra en un arrebato de amor fatal?

Seguro, pero ese es otro cuento.

Un día dejas de pagar. Lo que debes supera lo ingresas. El trabajo se esfumó hace mucho tiempo. No había más salida que para adelante. No hubo más caminos que seguir. Yo seguí el mío, y me fui encontrando de nuevo con la vida. Pero era Oz. Y no tenía sentido alguno con lo que debía de ser. Percibí la realidad desde las afueras. Como quien se pierde por completo del chiste que ha hecho reír a una multitud entregada. No pude sucumbir en paz ni destapar la farsa. No sólo no tuve las fuerzas, sino que el espíritu me corrigió. No lo hagas; no ahora. Espera. No es el momento justo. Nunca lo es. Salvo cuando estás ahí. Metes la punta del botín, rozas la pelota, cambias la trayectoría del meteorito, y desencadenas las circunstancias del futuro… gol.

ALLS