¿Qué le ilusiona?

Dejate llevar, huevón.

Versión feminista:

Dejáte llevar, huevona.

Versión feminista 2:

Dejáte llevar, ovariaza.

El debate se prende en las redes. Como ayer. La sociedad ya está consciente de lo que pasa. La actualidad es este debate. Ese debate. Esa sinrazón. Esa histeria. No me queda más remedio que presentarme en medio de esta miseria surrealista.

Eduardo Cadaval: segunda epifanía menorquina

Estoy en un evento de Supercuidadoras. Se organiza una sesión en la que tenemos un asiento. Pero en otro sitio, un colegio de arquitectos, o de médicos, Kai está con un tipo que podría ser el productor de mi película. Y está en esos momentos ahí. Nuestra silla está vacía pero me tengo que mover a aquél otro asunto. Consigo localizar a Alex para que vaya a ese sitio y le digo que me tengo que ir. Me voy.

Salgo caminando. Voy subiendo la calle. En un momento dado estoy dentro de un taxi. Pero yo no me subí nunca. Y de pronto estoy otra vez caminando. Bien. No tengo dinero. Así que no puedo pagar el taxi. Quizás tendría suficiente para pagar a donde voy. Estoy cerca. Me llama Kai y le explico que voy en camino.

De pronto voy por encima de los edificios. Son como azoteas del DF. Me encuentro en una parte de la ciudad que nunca había visto. Es como un oasis en la ciudad. De pronto veo una cascada de camino y me sorprendo. Nunca había visto ese pedazo de naturaleza en Barcelona. El agua filtra por las piedras. Hay más de un riachuelo. Sigo sin creerlo. Vuelvo a ver la imagen de la cascada más grande. Y veo que agua va hacia un sitio en el se canaliza su flujo. Como camino al mar. Y en el van entrando personas, que se desintegran al entrar al agua. O bien se convierten en su caudal. Es una metáfora de las ramblas. Lo que fue. Lo que es.

En ese momento estoy en la parte de atrás de coche. Me lleva Paola, que va con un amigo copiloto. Yo subí intempestivamente. O más bien, transicioné a estar ahí. Mientras recorría el extrarradio de la ciudad. Donde la urbanidad se vuelve naturaleza.

Mientras salto por las azoteas entre edificios pienso en Eduardo Cadaval. Lo quiero invitar a que venga a conocer nuestro nuevo piso. Es un pequeño oasis de algo. Y creo que nuestra pequeña casa es el centro de algo. Un sitio de encuentro. Él hace un chiste como si fuera una especie de catedral pacheca. Lo dice en buena onda. Como si lo que ahí se da es la posibilidad de plantarse en el inicio de un hilo argumental nuevo y de ahí se desenvuelve un multiverso ejemplar. Que bien descrito lo que es. El lo ve como un sitio en el que las cosas trasncurren diferente. Como su propia casa. Sitios de reunión. Sitios que se complementan con el hacer de otras personas. Con la convivencia de la emergencia mexicana.

Lo voy buscando a él. Me doy cuenta en ese momento. Y cuando él me está describiendo así es cuando veo la cascada. Y pienso: es eso exactamente. Un silogismo encadenado a otro. Si eso tiene sentido. Una cadena argumental que puede partir de cualquier lado. De un instante en el que algo se le ocurre a la mente. Y se expresa. Y de ahí se comienza un soliloquio que no está atrapado en ningún trauma de un principe shakespeariano. Es simplemente una broma. Lo que habría descifrado Foster Wallace sin problema. Una vez más. Es la posiblidad de asombrarnos de la nada. Como si un acto de fe se pudiera practicar a partir de un gesto que nos une a todos. De manera ceremonial. De manera desenfadada. De manera espontánea.

Es como siempre ha intentando conectar con las personas. O ligar. Es la herramienta de los que no somos machos alfas. La herramienta de los que se sienten, o son, guapos. Ellos también tienen sus trucos. Y los despliegan ante las mujeres que consideran que son suyas. O ellas se dejan llevar. O no. Algunos subnormales. Otros no. Los hemos visto todos. Los placidos domingos. La gente que tiene poder y carisma. Y duende. En medio de un endiosamiento de quien todo lo ha consegido. No va a conseguir el deleite de una mujer que le idolatra. Es tomar ventaja de su situación de poder. Que sobrepasa algunas rayas. Una y otra vez. Porque le funciona. Ese ha sido el estandar patriarcal de las relaciones. Los placidos domingos de este mundo lo han tenido fácil para follar. Quizás algunas mujeres buscan follarse un plácido domingo. Y buscan el poder que eso les da. Pero no así las mujeres que fueron acosadas sin ellas decir el sí, sí, sí que no le habría hecho falta a la duquesa. Ella, argentina y marquesa, ya tiene abolengo, doña Cayetana. Ahora sólo le falta querer aceptar el cortejo de un toro. Que no tiene sutiliza al embestir. Está ciego del ojo izquierdo. Por eso mejor con la derecha.

De vuelta al sueño.

Estoy en el coche y pienso que estoy cerca de casa de Eduardo. Pido que me dejen ahí. No tengo dinero para pagar. Pero me han hecho el favor. O pago como puedo. El copiloto me intenta cobrar. Paola, la arquitecta, le dice que ya pagué. El copiloto suelta un billete de cinco euros que de algunas manera cae cerca de mí. Lo pillo y lo meto en la cartera. Me despido y dejo varias cosas en el coche. Voy muy despitado. Pero ya estoy fuera. El coche marcha. Salto a la calle para poder avisar a Paola por el retrovisor que me he dejado algo. De pronto el coche salta por los aires. No he tenido que ver en el asunto. Pero el coche vuela. Como carrero blanco. O no tanto. Pero salen ilesos. Es simplmente un fallo mecánico. El coche vuelve a estar en pie. O volcado en el patio de una claustro de la calle Jorge Juan. Entro a buscar lo que me había dejado. El bolso de Meritxell. Menos mal que lo recupero. De la que me libro. Mi libro. Mi libro era lo que me había dejado que era importante. En los márgentes de ese libro hay un libro mio. No es una pérdida cualquiera. La humanidad se habría quedado si ese libro mío que aun no he escrito. Por desidida. O porque no ha sido todavía su momento. Pero si se pierden esas anotaciones al margen no hay nada. Sólo pérdida. Ya estaba en medio del luto cuando la providencia me solucionó el problema. Lo recupero y me voy.

Paola está consteranada con su coche. Al menos ha pasado en el un barrio en el que hay mecánimos. Y uno de ellos ya se ha puesto manos a la obra. Así que eso queda encaminado. Yo me voy a buscar a Cadaval. De pronto entra en escena. Me saluda. Va con prisa. Saluda a unos colegas. Le llamo por teléfono. Él contesta y comenzamos a hablar. Nos damos cuenta del absurdo de estar hablando por teléfono pero al menos he conseguido captar su atención. Él va con prisas. Pero me atiende. Le propongo que colgemos para hablar en personas. Y nos saludamos. Pero él tienen un clase o seminario. ¿Vienes a la clase? No se lo que se está departiendo. Me ha invitado pero no se si estorbo. La gente, de diferentes edades toma asiento. Comienza a dar su clase. Yo me siento fuera de lugar. Me ha invitado. Estoy parado en la puerta. Pero se que quizás estorbo. Aunque su ofrecimiento fue sincero. Me excluyo. No entro.

Eduardo les dice a los presentes que vamos a iniciar una sesión más. «Lo que no se es cuando vamos a dar por cerrado este proyecto». Se tira las manos a la cara. Es como cerrar una operación cuántica. No sabe en qué momento será el adecuado por dar este experimento social por acabado. Y me doy cuenta de que debería estar ahí dentro. Pero me he quedado fuera. Ya no escucho más. Cuando venía justo a eso. A explorarla posiblidad de expandir mi multiverso particular a uno ejemplar. Y su catedra iba de eso. Un tema universitario que tenía como objetivo la experimentación social de un sistema complejo en emergencia.

Le cuento a Montiel que he venido a eso. Que debería estar ahí dentro. Estoy que me lleva la chingada. Veo un mapa de outputs en el que se iluminan puntos de luz que representan estados, o elementos. Potasio. Cosas medibles que a su vez se asocian a circunstancias, como por ejemplo el nirvana. Es un tablero de control que tienen forma de constelaciones. Puntos que se unen y forman líneas. El nirvana cuando se llega implica tal elemento, tal conexión eléctrica, tal elemento. Como si la experimentación, o el mapeo, de diferentes situaciones nos hubiera dado todo el tablero elemental de los sitios a los que podemos llegar. Como si la vida se pudiera resuimir en esos estados de ánimo, que de alguna manera representan nuestro estar-ahí. Estar-aquí. Nuestro presente. Ahora. La ruta final al despliegue cuántico de un modelo que nos permite proyectar cualquier experiencia humana.

Al ver ese tablero pienso que debería estar en ese grupo. Exponiendo mi proyecto. Que busca a partir de mi experimento social que todos seamos capaces de llegar a ese nirvana. Y que midiéndolo podemos iluminar el tablero cuántico. Es una nueva tabla periódica. Y los estados a los que podemos llegar son los que ahí se proyectan.

Pienso que yo debería organizar ese grupo de experimentación. Pero no compito con Eduardo. Sino que busco que llevemos esta reflexión a otro nivel. Otro estado de la naturaleza. Y debo reproducir este sueño para darle sentido y forma a lo que en mi cabeza se ha ordenada a partir del caos.

Supercuidadoras. Ese es el proyecto que lo sintetiza todo. Porque buscamos ayudar alguien más fuera de nosotros mismos. Y porque a su vez, podemos desplegar quienes somos. Y por qué lo hacemos. Sin pasar por los filtros que otros nos impongan. Porque lo hemos pensado otra vez. Porque esta vez todo está dispuesto. Y sólo nos falta presentarlo en sociedad. Pieza a pieza. Con una narrativa que nos presente a todos frente al tablero cuántico de quienes somos, en este mismo instante. El yo-ahora. Pleno. Puro. Plácido. Como un domingo.

Me levanto de la cama a buscar el ordenador. Está en sala. Roger duerme hoy ahí. No tengo dónde escribir. Me encierro en el baño a hacerlo. Y aquí acaba el sueño.

Debo llamar a Cadaval y quedar con él cuando vuelva a Barcelona.

Epifanía tramuntana

Son las 3:33.

Me acabo de levantar de un sueño epifánico.

He subido a tomar un trago de agua en plena nocturnidad de Son Parc. La tramuntana está programada para entrar por el norte a las cuatro de la madrugada. He salido al balcón con el ordenador a escuchar las olas romper en Arenal de Son Saura. El faro de Cavallería me avisa, primero cada dos segundos, y luego, cada cinco segundos, de su presencia. No hay nadie más despierto en toda la urbanización. Al menos no aquí en la avenida de la playa. Estamos tan solo la mar, el faro, las nubes y yo. A diferencia del resto de los días que hemos estado aquí en Menorca, el cielo no está despejado. Por tanto, es espectáculo habitual de las estrellas en el cielo no está hoy presente, con lo cual me evita desconcentrarme en la búsqueda futil de estrellas fugaces, a pesar de que he leído hoy en una soft news veraniega que las famosas lluvias de estrella ____ se aproximan estos estos días. Ya se sabe cómo son el cosmos y la vida.

El sueño.

Estamos llegando a una celebración típica del sector salud en Barcelona. Me encuentro a Mercè que me recibe como siempre con todo el cariño y sabiendo que en estos días tenemos una cita importante con el destino. Ella lo sabe. Está muy bien informada. Mi próxima reunión será con la que maneja el cotarro del ICS. La cúpula mayor. Hay un puesto de trabajo en juego. Y al parecer están hoy aquí presentes. ¿Las quieres conocer?, me pregunta. Claro que sí, le digo.

En el sector gran parte de la partida se juega en el terreno de la pretensión. Yo llevo años sabiendo este tipo de chorradas que en fondo no sirven para nada. Pero he visto cómo juegan las cartas algunas personas que se perfilan para según qué puestos de responsabilidad en el plano de la salud pública. No quiero resultar pedante, pero se muy bien cuáles son los límites de mis conocimientos en la materia. Y también se muy bien cuáles estos mismos límites para el resto de personas que tienen este tipo de responsabilidades. En su día fui uno de los consultores de salud más prominentes del país.

Que feo queda el autobombo. Siempre me ha parecido despreciable. Debería ser alguien más quien hable de mi. Pero el hecho es que nadie está dispuesto a hacerlo. Perdí toda la credibilidad en el sector, en un momento dado. Como Cruyff. Así son los momentos en la vida. Un día estás arriba, y otro estás abajo. Y yo tuve nueve años en el máximo nivel. Y lo fui todo en Barcelona. Y luego, tuve nueve años en el abismo de la nada. Y no fui nadie en Barcelona. Ni en ningún otro sitio. Y de aquí vengo.

Suena a excusa. Cuando se ha estado tan abajo tanto tiempo nada corresponde con lo que es. Ni la autoestima personal, ni la visión distorsionada de la realidad de alguien que lo ve todo desde afuera. En su día la vida me parecía un juego sencillo en el que estaba enrielado en el lado A de la vida. Era un privilegiado con un buen trabajo y una responsabilidad hecha a mi medida. Pero nunca quise sacar provecho de aquello que había conseguido. Como si fuera una responsablidad de una persona que trabaja por el bien común, y que ha recibido un sueldo digno para tal empresa. En cambio, alguien decidió excluirme de aquél prestigioso puesto de trabajo. ¿Por qué? Para enchufar a un amigo suyo.

Yo no era nadie, y como tal, me fue presentada una carta marcada del juego. Los que no somos nadie solemos tener esta herramienta para tocar con tierra. Levanto la cabeza. Uno, dos, tres, cuatro,… luz, uno, dos… luz…

Mi faro está ahí delante. No es solamente poética. También es una manera de saber en donde estoy. A pesar de que no estoy navegando. En el fondo lo estoy: escribiendo esto.

Y lo cierto es que tengo tendencia a perderme. Lo he hecho toda mi vida. Divagar sin tener mayor ambición que la que la exploración al ataque otorga. Mi modelo de jugador es de un nueve puro. Podría defender mi tesis de por qué el Barça, que supuestamente es Mes que un club, debería fichar a un personaje como Golman para completar su equipo para este año visagra. Año nueve. Temporada nueve que acaba en el final del decenio. 9-0. En este caso, 19-20. No se trata de cualquier número. Es uno muy importante.

Alex, mi socio, me dice que siempre me pierdo en una numerología idiota. No tiene caso que resolvamos si esto es así, o si tiene razón él, o yo. Lo cierto es que el juego con los números está ahí. Y yo solo soy uno más jugando su partida, con las cartas que me han tocado. Repito, no soy nadie. Y aquella carta marcada me dejó fuera. Pero todo buen taur sabe que puede recuperarse de la más sonada bancarrota. En el fondo el juego te permite la reivindicación final. Pero hay que asumir el rol que uno sabe que se requiere para enfrentar el más grande de los desafíos: sentarse en esa mesa.

3:58. Ya siento el viento de la tramuntana llegar. No ha sido una metáfora. Estamos aquí todos presentes: el faro, luz, el sonido de las olas, y yo. Las nubes siguen ahí previniendo que me vuelva a distraer.

A las 4:00 empezó a entrar la Tramuntana, tal y como lo había previsto Roger. O su APP meteorológica. O alguien en twitter. Roger está muy conectado con la actualidad que le interesa. Y eso es un activo muy potente. De alguna manera la información me llegó. Y estoy aquí recibiéndola.

4:09. Mi capacidad para someterme al Dios de la procastinación es infinita. Me toma nueve minutos encontrar mi aparato para grabar audio y ponerlo en marcha. Se me ocurrió, en otro momento de epifanía, que debía grabar el sonido de la tramuntana mientras llegaba a Menorca. Estar en esta posición estratégica en el norte de la isla debe tener algún privilegio adiciona. Bien, este es el mio.

Mi herramienta de captura de sonido me permite generar uno de mis formatos favoritos: la ocupación del espacio sónico. Y si bien, ahora mismo no se trata exactamente de una de esas sesiones, el acto en sí de la llegada de la tramuntana no deja de ser uno de los eventos más importantes de mi vida. Es de momento, mi presente.

Mi vocación por documentar mi hoy y ahora ha sido una constante en mi obra. ¿Qué obra? La que he ido labrando con la obsesión de un artista que se vuelve loco. Un tipo que cree que sus ideas lo pueden transportar a un mundo mejor. Un ser humando conectado con el todo. En un momento de reflexión. O en la acción definitiva de una revolución que nos traiga, por fin, al camino que debemos seguir. ¿Quién soy yo para decir por dónde van los tiros? Lo cierto es que no lo se. Y que miento. Que algo se. ¿Pero cuánto?

No tiene sentido explicar los sonidos que se escuchan ahora que llega la tramuntana. Al mismo tiempo que escribo esto lo escucho por el único auricular, el izquierdo, que he sido capaz de desenredar de uno de esos cables blancos que vienen que vienen con un iphone. Tengo Huawai desde hace más de tres años. O menos. O más. Ya tampoco se definir el momento en el que me despredí de aquello. En un momento dado, me pareció inutil formar parte de cualquier tribu. Y me fue a vagar el por el mundo que me permitió ser un punto aislado en la muestra. No represento a nada. Ni a nadie. Quizás tan solo a mi. Y eso es único e irrepetible. Como nos pasa a todos. A todas.

La lengua. Su uso. Su práctica. Lo cierto es que he recorrido todos los debates y he visto todos los puntos de vista. Se cuáles son las fases del juego y el juego en sí que no nos dejan ver. Tenemos la noción de que algo está pasando, y no podemos distinguir claramente quiénes son los que actúan sobre un sistema que también, como yo en su momento, va sobre rieles. No por nada la historia de los Estados Unidos de América es la de sus dos ferrocarriles encontrándose en el medio de la nada. Pero no seré yo el cronista de una historia que no me pertenece. En cambio sí de la única historia que me pertenece: la mía.

En el sueño Mercè, que conoce a todos el sector, me presenta a tres mujeres que están arriba de todo del sector sanitario. Las tres trabajan a su vez para una, más arriba, que es la que me debe entrevistar. Son muy amables, y me advierten: vente preparado. Estúdiate lo que tengas que estudiar. Lo sé, les contesto. Yo me encuentro en esa fase de las situaciones importantes en las que tras un breve romper de hielo entramos en materia. En realidad, en el sueño, me salto el ice breaker. Les digo que estoy preparado y que me he estudiado la situación. Pero en el mismo sueño empiezo a preguntar por la organización, sabiendo que son ellas las que mejor me pueden ayudar a entender las cosas que me faltan para proponer un modelos obre el cuál definir lo hay que hacer. Extraer el know how de las organizaciones se hace a través de hablar con las personas que forman parte de ella. El discurso de lo que hay. Lo tanbible de lo que se puede tocar. Las familias de poder más allá de los discursos. La realidad que sabe palpar quien entiende las claves estratégicas de una organización de salud. Modestia aparte: yo lo se.

Trabajé y estudié en ello. Pero también diseñé un sistema para medirlo. Y también me formé en saber capacitar a un equipo de herramientas para dar con estas claves. No soy un consultor más. Ni siquiera formo parte del grupo de las cuatro consultorías. Me parece una gilipollés, como el juego del dinero. La aparencia del saber está muy sobrevaulada. Lo importante, en el fondo, es el saber construir algo conjuntamente con un equipo de personas. Y eso también lo aprendí en su día. Y lo puse en acción en los proyectos en los que participé en aquellos nueve años de vacas gordas en aquella España: entre 2001 y 2010. Se cierra un ciclo.

El año nueve de nuevo. Hace diez años nos casamos Meri y yo en otra playa, en Manzanill, con el sonido de un oleaje que ahora sí se comienza se a parecer a este. El caribe de Limón es un indicador de lo diverso de nuestra cultura. Los ticos somos así. Y durante años hemos sabido cosas que el resto de la humanidad no tienen en cuenta. Y en cambio nosotros lo vemos claro. De ahí que lo que viene ahora no es tan diferente de lo que ahí ya existe. Y lo mismo podría decir de mi catalanidad. O de mi mexicanidad. O de mi afiliación a una urbanidad Karachiana que no existe, pero que sin embargo, viví.

Uno se asemeja a aquello que dice ser. O a aquello que dice poder construir. Y lo que puede desarrollar con un modelo en el que salud pública esta en el centro lo puedo controlar mejor si los agentes del sistema están preparados para una revolución que permita al sistema responder con un despliegue de voluntades encontradas. Los sistemas complejos sociales son así. Lo entendí hace años. Y ahora me toca poner a esta orquesta a trabajar.

Dos coches se acercan a las 4:33 a la Avinguda de la Platja. Vendrán a trabajar muy temprano, muy temprano. Molt d’hora, molt d’hora. O de fiesta. Las dos opciones contrapuestas: ocio y trabajo.

Estamos frente a una encrucijada monumental. El capitalismo nos trajo aquí. En el parking de Arenal de Son Saura se retira un coche a las 4:35. Hora de volver a casa. O de ir a dormir. Pronto la noche dejará de serlo. De alguna manera esta crónica me representa. Soy un ser nocturno que hasta hoy no había escrito nada en mi blog en Menorca. Dos coches salen de la Avinguada de la Platja a las 4:36. Ignoro si son los mimos. Son cuestiones del relato que quedan como testimonio de un testigo del viento. Ya no hay nubes sobre mi cabeza. La tramuntana se las ha llevado. Las estrellas una vez más están ahí. Se acaban las baterías de mi grabadora de audio. Se escuchan las olas y la tramuntana una vez más, pero ya sin la capacidad magnificada que mi oido izquierdo experimentó durante estos minutos: 4:39.

Miro las estrellas. Casiopea está encima mio. Apenas el otro día nos conocimos. Hablamos un rato mientras yo intentaba descifrar si era ella en realidad. Y nos hicimos amigas.

En el sueño las mujeres que me presentó Mercè me contaron que tenían dos sistemas. En algunos sitios tenían toda la cadena integrada de servicios de salud. Es decir, desde la atención primaria hasta la atención hospitalizada de tercer nivel. O cuarto. Y también carteras de servicios en sitios en donde tenían presencia pero no en todos los niveles. ¿Y cómo se integraban? pregunté. Se me ocurrió entonces que debía saber esas preguntas. Y la siguente: ¿tenéis un modelo de despliegue en uno y otro caso? Lo cierto es que ya están desplegadas. Y ahora lo que hay que buscar es cómo se integran con el resto de los actores. Y entender la realidad regional de todos ellos. Yo puedo diseñar un modelo para poder integrar esas variables. No es fácil, pero puedo hacerlo.

Me desperté. Tuve la noción de que esto lo puedo hacer. Aquí y allá. Y que no sólo es algo que tengo en la cabeza desde hace años, sino que es algo que debo poner sobre la mesa de juego. Soy un taur que vuelve a sentirse poderoso ante la incertidumbre. Nuestra amada incertidumbre. Y esta tramuntana me ha dado las fuerzas necesarias para ello. Supe que debía levantarme, buscar el ordenador, y escribir. ¿Qué? No importaba. El relato de las palabras es la herramienta de quien ha procurado el oficio de escribirlas. Mi literatura no es tal, porque no tengo forma. Mi formato no es más que una concatenación de historias que no tienen final. Porque se acerca el momento de encontrarme otra vez con las estrellas. Ellas están ahí. Son testigos de este rito que aquí se sella.

Vuelvo a levantar la cabeza. No veo la luz… uno, dos, tres, cuatro, cin… luz…


¿Cómo una mujer sublime acaba en tu vida?

Creo que no hay otra pregunta más importante. La mujer como sujeto. La protagonista de una historia de sugestiones mutuas. La seducción como hilo conductor de un enigma que se traza entre miradas y cuerpos que se perciben cerca hasta que de pronto se subliman todas las fronteras. El principio de individuación sucumbe. Nos fundimos en la otra persona. Hablamos siempre de personas. De ahí el femenino para referirme al género global.

La globalidad de todo era masculina. Como regla general. Marías dirá que veo fantasmas. Pero no quiero caer en la misma precaria intelectualidad que los dos bandos de la dualidad española. Izquierda/Derecha. Podría definirme como un extraterrestre de otro lugar lejano que nunca ha tenido que ver con este territorio. Como si su cultura y su lengua me resultaran super lejanos. Como si entendernos nos fuera a costar una eternidad y 99 pateras en la costa ante nuestras rutas marinas para veranear. El eterno contraste de nuestra realidad dual. Lo que vemos según la vara con la que medimos. O cómo ubicamos nuestra familia respecto al resto de familias del reino. No es lo mismo ser familia real que familia plebeya. Ni que familia surreal. O familia supercuidadoras. Todas son familias, ninguna como la monoparental, que debería ser monomarental. La mujer y el hombre. Hay algo en la dualidad es a su vez incluyente de la suma de todas las opciones, como alienante heteropatriarcal y machista, al concevirse, cual Dios Padre, en la única voluntad por encima del resto de las creencias sagradas sobre la mesa virtual de nuestra cultura humana.

Cultura humana desde la capitalidad urbana de un nuevo tiempo postnacional: la república nueva banana. ¿Por qué no una república de este tipo, Puigdemont?

Es una oferta que viene desde una tercera vía hasta ahora inexplorada.

Viene del gótico mismo. Desde la raiz del problema. Desde nuestra propia contradicción. Desde la noción de la insolencia de quién nada debe, y nada teme. Hasta que Dios se ensañe y me mande las plagas que necesite para aniquilarme, por su sanguinaria perspectiva de la muerte que justifica el comercio de armas y la cultura blanqueada de la guerra y la violencia que se nutre del miedo para crear tanto la oferta como la demanda de los mecanismos de protección a los miedos alentados por las campañas de marketing de estas entidades que por su parte externalizan la factura moral a los malos de otras latitudes. Porque los malos locales son muy nuestros. Es nuestro barrio desde el que se vislumbra la cúspide del capitalismo. Los que disfrutan del bienestar de las buenas familias. Las 99 familias privilegiadas de mi ciudad capital.

Uno viene de México. Ahí se interpreta la capitalidad de una aprte del continente. Al norte de México todo cambia. Es otro juego blanco y negro. Es un mix que nunca nos dejarán interpretar como nuestro a no ser que nos pongamos a escribir en inglés como locales venidos a más ante la dinámica creciente de convertirte en un sueño americano guajiro. Como si pudieras ser un autor americano maldito. Esa literatura que dicen tener. Esas ideas convertidas en libros. Esas temáticas que lideran los mercados. Esas empresas que salen a dar lecciones por los resultados de su postulados capitalistas en forma de productos y servicios que nos ofrecen desde su subjetividad tal cual se vierte sobre su misión y su visión, afirmándose en los valores que resaltan la consecusión de los sitemas cíclicos primordiales.