Pedro Sánchez y los ministros en el Palau de Mar

La llotja. La plaza de López López. Ya sin su estatua. Quizás falta encaramar al actual marqués. Entonces, quizás, todo cuadradría. Y lo haría por la parte del surrealismo que permite escribir dicha insolencia. Sólo resguardado por el oportuno derecho a la libertad de expresión desde la perspectiva de los editores de España. No Sextos Pisos ni historias, las editoriales de los grandes de España. Y si no lo son, su majestad, hacedlos.

La petición de que a una familia se le convierta en una grande de España no es sólo de estos tiempos. Ya otrora era una tradición entre las buenas familias intentar introducir a las nuevas familias amigas que se hacían un espacio social en el contexto de crecimiento de poder de los tiempos. En su día: hacer las américas. Y bien que las hicimos. Estamos orgullosos de nuestro legado. Y también nuestras familias. Tan blancas españolas. Siempre con estos apellidos. 99 grandes de España. Y los que tuvieron suerte al irse de España en uno de tantos barcos, y en la Nueva España encontraron su crecimiento social, su afirmación en la socidad local, su ascensor social. Para bien o para mal, nuestras familias hicieron todo lo que pudieron. Y aquí estamos. Seguimos en la lucha. Nuestro país es nuestra cárcel. Salimos a ver mundo. Y nos curamso por completo. Volvimos a ver cómo podríamos repercutir en la proyección del procomún. Aquello que nos pertenece a todos. Que nos hace parte del mismo movimiento. Como si fuéramos negros, moros, gitanos, latinos, pakistanies, indonesio, indios, marines o ticatalanes.

Los nuevos grandes de España. Las grandes familias ya no son aquellas que son grandes de España. Son otras. Muchas. Todas buenas. Toda una familia ejemplar. Una salida a esta mandanga. No se diga más. Síganme los buenos.

Hay quien lo entiende. Hay quien no.

Puedo tener faltas de ortografía. Inclusive gramaticales. Algunos de ellos garrafales. Tendrán que ser anotados a la incapacidad de mis editores por encontrar el defecto de mi obra, y decírmelo con tiempo. No tengo editor. Soy un neófito en el sector. Miento. Vengo de una colla de amigos que son, o bien editores, o bien escritores. Tomaron la responsabilidad de escribir. Y de editar libros. Es decir de leer. Y de fabricar libros que perduren. Que se lean. Que seamos una sociedad más lectora. Más crítica. Más creativa. Más feliz. Sexto piso lleva 18 años haciéndolo. Los mismos que estoy en España.

Voy a proponer esta revolución y la transformación de los retrógradas de nuestro contexto local. Y el mundo así. Se abre un día más. Y se une a todo. Otra vez. ALLS.

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